¡Hola, hola, hola!

Este capítulo no me ha quedado tan bien como quería... es más corto, porque la última parte la he añadido al capítulo siguiente porque no quería demorarme tanto en actualizar, y espero que no tarde tanto con el que viene.

Aquí pasan algunas cosas.. siento decir que a los fans de Ginny y Harry no les va a gustar este capítulo... y creo que tampoco a los Ronmione...

Pero no os preocupéis, que esto aún no ha acabado :)


10. Más lágrimas, menos sonrisas

Harry resopló. Fred había olvidado por completo de su existencia al conocer a una chica familiar lejana de los Chang, y algo mayor que él. Esta había insistido en presentarle a su hermana pequeña, que no le quitaba los ojos de encima, pero Harry no estaba de humor para esas cosas y se había excusado alegando que tenía que buscar a Ron, aunque era mentira. No le apetecía ir donde Ginny, no se sentía capaz aún de mantener una conversación con ella a pesar de que ya hacía mucho tiempo de lo ocurrido entre ambos y que ella le había pedido perdón innumerables veces, por lo que cogió un atajo para ir al jardín. Ya había oscurecido, y le gustaba observar las estrellas.

-¿Dónde vas, Harry? –le preguntó un sorprendido Charlie Weasley, que se encontraba en un pasadizo hablando por teléfono- ¿no lo pasas bien?

-Sí, es sólo que necesito tomar un poco el aire, ya sabes… -dijo, intentando sonar seguro. Charlie frunció el ceño, y sonrió.

-Ron ya te ha dejado tirado por esa chica, ¿no? –Harry no pudo evitar sonreír, y se encogió de hombros para seguir su camino.

Salió al jardín de la mansión de los Chang. A pesar de que la mansión era más grande que La Madriguera, no podía decirse lo mismo del jardín. Eso se debía, seguramente, a que La Madriguera se encontraba rodeada de un enorme y precioso bosque. Suspiró y se dirigió a un gran árbol, con intención de sentarse bajo él, sin darse cuenta de que no estaba solo.

-¿Abrumado? –dijo una voz femenina. Harry se giró y no pudo evitar ponerse nervioso al ver que se trataba de Luna, que se acercaba a él sonriendo con esa mirada soñadora suya. El chico no pudo más que asentir, sorprendido al divisar el cigarro que la Luna aguantaba en una mano, que posteriormente llevó a su boca para darle una calada. Esta se dio cuenta enseguida- me relaja cuando estoy nerviosa.

-¿Y por qué estás nerviosa? –dijo Harry dubitativamente, tras meditar si atreverse a preguntar algo a Luna cuando apenas habían mantenido una conversación. Esta, por respuesta, sacó su móvil y lo puso en los ojos de Harry, que pudo ver en la pantalla un pequeño aviso de las llamadas perdidas y los mensajes que tenía. Antes de poder preguntarle de quién se trataba, ella habló:

-Rolf Scamander –suspiró- es amigo mío de toda la vida, y cuando teníamos catorce años empezamos a salir. Pero yo, a lo largo de estos dos años que hemos estado juntos, me he dado cuenta de que el cariño que le tengo es sólo eso, cariño, porque hemos sido siempre mejores amigos y lo que yo creía que era amor era sólo una ilusión infantil. Además, me estresaba mucho, porque se enfadaba si quería estar con mis amigas y no con él. Así que le dejé poco antes de venir aquí y desde entonces no deja de llamarme insistiendo en que volvamos a estar juntos. Y yo no sé qué hacer, porque si vuelvo con él seré infeliz, pero me niego a perder su amistad, son demasiados años. Nunca debí acceder a salir con él, ¿no crees?

Harry miró a Luna, sin saber qué decirle. No sabía por qué pero desde el momento en que la había visto, no le salían las palabras ni sabía cómo entablar una conversación con ella, algo que no le sucedía con Lavender, o con Hermione.

-Quizá sonará duro eso que digo pero… no se puede tener todo, Luna –dijo Harry- si vuelves con él, sólo te estarás engañando, tú mereces estar con alguien que te llene, alguien a quien verdad quieras. Debes hacérselo entender, y si no lo entiende, él se lo pierde, se pierde tu amistad.

Luna observó detenidamente al chico pelinegro.

-Hablas con la voz de la experiencia, Harry.

Este se limitó a encogerse de hombros y mirar a sus pies. Sí, la experiencia: una chica a la que había amado con toda su alma sólo le había utilizado, y otra a la que empezaba a querer, estaba con él sólo por no poder estar con otro.

-No tengo un bonito historial, precisamente –dijo finalmente.

-Ya –dijo Luna, comprensivamente. Y Harry supo que sabía lo de Ginny, y cuando la miró, vio que había tirado el cigarro al suelo y que se acercaba a él con una sonrisa en la cara.


Ron estaba nervioso. Encerrado en el gran cuarto de Cho, que ya había visto, y mejor no recordar en qué situaciones anteriormente, junto a ella, que estaba sentada en su cama mirando a Ron sin entender por qué se negaba a acercarse y se quedaba sentado en un sillón que tenía delante.

En otras circunstancias, ya estaría junto a ella. No estaba enamorado de Cho, ni mucho menos, pero la encontraba atractiva y si tenía la oportunidad… ¿por qué no? Pero su cabeza sólo tenía un pensamiento, y era Hermione Granger. No, no le salía estar con otra chica cuando sólo hacía veinticuatro horas que la había besado.

Sin embargo, ella tenía novio, nada más ni nada menos que su enemigo Draco Malfoy. ¿Por qué le había besado, entonces? No lo sabía, y no sabía si quería tener la respuesta. Entonces, ¿por qué no lo hacía?

Tomó una decisión. Sonrió a Cho y se levantó del sillón para dirigirse hacia su cama, mientras la chica sonreía triunfalmente.


-Pareces algo preocupada, Hermione. ¿Qué te sucede?

-No me pasa nada, Hannah, deja ya de decírmelo –respondió esta, aunque sabía que no era verdad.

En su camino por perseguir a Ron, había recibido una llamada. Su prima Hannah, para anunciarle de que en pocas horas cogería un avión hacia Londres. Aunque había mostrado su contento por la noticia, Hannah, que la conocía bien, sabía que algo pasaba. Y es que Hermione había perdido la vista de los dos muchachos, y aunque en su cabeza agradecía esa llamada porque había evitado que hiciera algo que sabía que luego lamentaría, su corazón no podía evitar, tímidamente, maldecirla. Se encontraba en un pasillo del primer piso, sola.

-¿No tendrá algo que ver con Ron Weasley? –preguntó su prima, al interfono. Hermione se sobresaltó.

-No, ¿por qué dices eso? –esperaba la respuesta, expectante. ¿Cómo era posible que lo supiera, si estaba al otro lado del mundo…?

-Ah no, por nada, pero le recuerdo del colegio y era algo… bruto. Y me preocupaba que te llevaras mal con él, o algo. Pero supongo que habrá cambiado, ya hace mucho de eso. –explicó, y Hermione suspiró aliviada.

De repente oyó el ruido de una puerta y se sobresaltó. Al final del pasadizo, vio cómo una figura de pelo rojo salía de una habitación mientras se ponía bien las ropas. Se giró y se dirigió de camino hacia donde estaba recostada Hermione, y paró en seco en cuanto la vio.

-¿Se puede saber que haces aquí? –dijo Ron Weasley.

-Luego hablamos, Hannah –dijo Hermione, colgando el teléfono antes de que su prima pudiera preguntar qué pasaba.

Se quedaron mirando fijamente. Hermione le repasó sin pudor: sus ropas estaban mal puestas, cosa que la hizo resoplar. Ron la fulminó.

-Te he hecho una pregunta.

-Lo has hecho, ¿verdad? –las palabras habían salido de su boca sin pensarlo.

-¿Hacer qué? –preguntó Ron, aunque ya sabía la respuesta. Supongo que su hermana ya la había puesto al corriente acerca de Cho Chang. Hermione empezó a dar vueltas sobre sí misma, sobresaltada.

-No sé qué me está pasando… yo… yo no soy así…

Ron se acercó a ella para tomarla del brazo, pero esta se separó inmediatamente para evitar contacto con él.

-No me toques –gruñó. Ron dio un paso atrás, sorprendido- ayer antes de besarme… insinuaste que te gustaba… ahora vas y ¿te enrollas con esa… con esa… ramera?

El chico miró a Hermione, sorprendido. Instantes después, se echó a reír, a lo que Hermione hizo aún más mala cara.

-¿Ramera? Venga ya, Hermione… -pasaron unos segundos antes de que pudiera sofocar la risa- para empezar: en ningún momento te dije que me gustaras. Sólo dije que besabas bien…

-Dijiste que…

-Y para acabar –interrumpió, ahogando las palabras de Hermione- no sé con qué derecho me reprochas nada. Estoy soltero, algo que no se puede decir de ti precisamente, y no fui yo quien te exigió explicaciones después de que me besaras, porque supongo que recordarás que fuiste tú la que me besó, cuando tienes novio. Así que creo, y no me equivoco al decirlo, que puedo hacer lo que me venga en gana y tú no puedes decirme nada. Y, no es que quiera añadir más leña al fuego pero… ¿sabes que en pocos meses nuestros padres se darán el "sí, quiero"? ¿Qué tú y yo somos hermanastros? ¿Eres consciente de ello?

A Hermione se le negaban los ojos de lágrimas, y eso no pasó desapercibido para Ron. Él tenía razón: había sido ella quien el día anterior le había besado y quien ahora le reprochaba acostarse con otra chica cuando no estaban juntos y tampoco tenía el derecho de hacerlo. Sí, él estaba en lo cierto, y ella… no. Pero no podía evitar que el pecho se le oprimiera cada vez que imaginaba a Ron acariciando a Cho, y que fuera ella la que recibiera el contacto de sus labios.

-Entonces supongo que no tengo nada más que decirte. –fue lo único que salió de su boca antes de que se volteara y dejara a Ron solo en el pasillo mientras ella desaparecía buscando un lugar tranquilo.

Ron se quedó parado, observando cómo Hermione desaparecía de su vista. No sabía de dónde había sacado la fuerza para decirle todo aquello, le parecía una criatura tan frágil y hermosa… Pero era lo que debía hacer, y de ello no le cabía ninguna duda…

Aunque no le hubiera contado toda la verdad sobre lo sucedido.

Hermione corrió al patio y fue a esconderse en el primer lugar que encontró. Había evitado a su madre, o a cualquier miembro de la familia porque no quería que nadie notara su tristeza.

Escuchó unos sonidos y se giró, sigilosamente, para ver de dónde provenían. Vio dos figuras, besándose. "Genial" pensó. "Lo que me faltaba por ver".

Entonces se percató de algo, de un detalle. El largo pelo rubio de la chica y las gafas del chico. Sofocó un grito, no se esperaba aquello, y sabía que haría mucho daño a Ginny. Harry y Luna estaban besándose.

¿Cuándo se acabaría aquel infierno de semana?