El banquete de Bodas

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Fue un segundo que le tomó reaccionar y quitarle el sombrero para con él quitarle la identidad. No lo podía creer…

-Ginny- apenas susurró audible.

Ella sintió un terrible encogimiento en su estómago… había dicho su nombre…

Su cabello recogido en una cola alta onduló con más elegancia que nunca. Al tiempo que ella se arrodillaba y le entregaba la espada de su abuelo.

-ahora si- dijo ella –bienvenido a casa, sir Harry-

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El Auror de Gryffindor ni siquiera se movió. Ella permanecía de rodillas, sosteniendo la espada de su abuelo, en claro homenaje de caballerosidad que no podía significar otra cosa que la entrega de las tierras y por ende de su corazón a Sir Harry.

Lady Ginny estaba preocupada, él no reaccionaba…

Lentamente, Sir Harry se arrodilló. Y quedó frente a ella, sin siquiera tocar la espada ofrecida. Lady Ginny abrió los ojos para toparse los de él justo sobre ella. Él acercó su mano y la despojó del antifaz negro que llevaba. Lo que provocó que sus mejillas se encendieran.

Sir Harry tenía en entrecejo fruncido al momento de preguntarle a Ginny "Porque"…

-¿Cómo esperabas que una mujer se hiciera cargo de un feudo…?- respondió con simplicidad Lady Ginny. –me respetan por que los ladrones temen a la sombra de James… -

-¿Hace cuanto… tiempo?-

-Tenía 12 cuando mi madre falleció, y cuando mi padre empezó a abandonar Burrow. Primero lo hacía días, luego meses y más tarde años… por lo general su paje Nicolás me mandaba noticias de él…

Un día, no mucho después de eso llegó visitarme el Ilustre Lupín para darme las condolencias. Fue cuando trajo muchos libros con él… y me instruyó en la caballería… esgrima y las ciencias… él fue de gran ayuda… No supe en que momento, pero yo me había convertido en James. Defendiendo al pueblo y protegiendo a la dulce dama de las tierras… a mi.

-Así que llevas más de 10 años protegiéndote- atinó sir Harry.

Ella asintió.

Ése era el gran misterio- pensó sir Harry al momento de tomar la espada de Lady Ginny de sus manos y guardarla en su cinto- todo éste tiempo eras tu… pero ya no tienes que protegerte… yo lo haré por ti.

En silencio tomó la mano de Lady Ginny y ésta se puso de pie. Sus ojos reflejaban incertidumbre y hasta miedo ante la mirada fría de sir Harry.

-mañana se realizará nuestra boda… será mejor que nos vallamos a dormir…-hasta al Auror le impactaron sus propias palabras.

Ella asintió. ¿éste hombre estaba hecho de hielo…??? Ahí estaba ella, vestida de hombre, había librado singular batalla a su futuro esposo, le había confesado el más terrible de sus secretos… ¡y así respondía!.

-Acerca de eso… sir Harry- dijo al fin la pelirroja.

Él sólo la miró.

-nuestro acuerdo sigue en pie… lo hablamos en los acantilados y planeo seguir con ello-

Harry quería contradecirla, pero extrañamente su vos no salía.

-te recibiré en la alcoba nupcial… pero en mi cama hasta que seamos amigos…-

Y esas fueron las últimas palabras de Lady Ginny a Sir Harry. Se retiraron en silencio a sus aposentos. Mañana sería solo el principio.

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La plateada niebla que cubría Burrow la mañana de la boda de Ginny fue entendida como un mal presagio prácticamente por todo el mundo en la isla. Los murmullos de preocupación comenzaron en el pequeño grupo de criadas que ayudaron a Ginny a bañarse y vestirse.

-La anacoreta dijo que el día de hoy estaría oscurecido por el frío humo del fuego del infierno. Tenía razón -aseguró una de las mujeres.

-Sólo es un poco de niebla. A media mañana habrá desaparecido -replicó Ginny mientras esperaba pacientemente de pie a que le metieran por la cabeza su mejor vestido, de un hermoso color verde. Volvieron las largas y anchas mangas para que se viera el brillante forro amarillo. El cuello y el dobladillo estaban bordados con hilo de seda blanco.

-Mi señora tiene razón. –Joanne Kathleen había sido doncella en la casa desde la infancia de Ginny y no vacilaba a la hora de decir lo que pensaba en voz alta. Ajustó una diadema plateada en el pelo de Ginny y con, ella sujetó una delicada redecilla de plata.

-Todo irá bien, Joanne.

-No esté tan segura, señora. Todo el mundo sabe que amenazó al Auror con negarle sus derechos de esposo. Le aseguro que no tolerará semejante desafío. Temo por su vida.

PERO POR TODOS LOS DIABLOS –pensó Lady Ginny- ¡¡¿¿ QUIEN ES EL QUE LLEVA LOS CHISMES A LOS OÍDOS DE TODO EL PUEBLO!!??. Sin embargo, no lo demostró en su tranquilo semblante.

-Si te refieres a nuestra pequeña discusión, no te preocupes. Lo amenacé llevada por la cólera. Tengo intención de aceptar a sir Harry como marido, al igual que lo he aceptado como señor de esta casa. Ya se lo he comunicado.

-¡Alabado sea el cielo! -suspiró Muriel desde la otra habitación -. Todos los habitantes de la isla se alegrarán al saberlo, señora. Ya verá cómo es lo mejor.

-Es lo mismo que opina él…

-Ahora. -Joanne se aclaró la garganta. Miró rápidamente a izquierda y derecha, al parecer para asegurarse de que el resto de criadas estaban ocupadas rebuscando en el cofre tallado que estaba en la otra punta de la habitación. Se inclinó y bajó la voz para susurrarle-: Quiero que coja esto, por si tiene algún problema esta noche.

Ginny miró el pequeño objeto envuelto en tela que le había puesto en la mano.

-¿Qué es?

-No tan alto. Es un frasquito con sangre de pollo.

-No,… tú también, no.-exclamó Lady Ginny-

-Cójalo y no diga nada. En lo que a mí respecta, me trae sin cuidado. Lo hecho, hecho está y no fue culpa suya si el hombre fue sir Draco o aquel caballero del que se enamoró el año pasado.

-Pero Joanne...

-Lo que pasa es que los hombres tan orgullosos como el Auror Vengativo suelen preocuparse por estas cosas. Un hombre como él querrá asegurarse de que el honor de su esposa está tan inmaculado como el suyo.

-Un interesante pensamiento. Puede que deba dar un discurso en el banquete para asegurarle a todo el mundo que voy al lecho nupcial tan virginal como mi marido.

-No es algo de lo que burlarse. Prométame que tendrá el frasco a mano esta noche. Eche un poco en las sábanas antes de que amanezca y todo irá bien.

-Tengo que acordarme de preguntarle a sir Harry cómo me va a demostrar su virginidad…

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Por desgracia, la gris niebla no había desaparecido cuando se celebró la ceremonia. Ginny sintió su frío a través de la capa de lana que llevaba mientras avanzaba despacio, a caballo, a través de la abarrotada calle del pueblo.

Oyó murmullos por todas partes y se dio cuenta de que la predicción de Parvati sobre un inminente desastre se había propagado rápidamente. Todos los aldeanos, todos los campesinos y todos los miembros del convento la habían oído.

«Humo de los fuegos que arden en el infierno...»

«Dicen que la niebla tiene el color del cristal de roca que hay en el Canto del Fenix

«Tiene el mismo color que los ojos del Auror. Es un mal presagio.»

-Nuestra señora no tendría que haberlo desafiado -dijo Rosmerta la tabernera santiguándose a su paso-. Rezo por que no la asesine en la cama esta noche.

Ginny no hizo caso de los comentarios y mantuvo la vista fija en las puertas de la iglesia, en donde la esperaba Harry. Él había ido a caballo delante de ella, acompañado por todos los hombres en un desfile que había impresionado a los habitantes del pueblo.

Ginny pensó que ese tipo de cosas sabía hacerlas muy bien. Sabía cómo hacer notar su presencia. Harry podía causar alarma, intimidar o sorprender cuando quería. Le gustaba hacer alarde de gestos extravagantes y muy meditados cuando le convenían.

Lo que ella no imaginaba y Luego se enteró es que la anacoreta pasó también el chisme que Saeta tenía las herraduras de oro, entonces todos los habitantes le habían hecho séquito pero para comprobar la información de la anacoreta.

A pesar del frío, a Ginny le sudaban las manos mientras sujetaba las riendas de su viejo caballo. Alcanzó a ver la solemne y vigilante mirada de Harry y rezó por que hubiera tomado la decisión acertada al elegirlo como señor de Burrow. Su futuro y el de su pueblo pendían de un hilo.

Harry no le quitó la vista de encima mientras avanzaba hacia él. Cuando detuvo el caballo, desmontó y se acercó a ella.

Sintió que sus manos la sujetaban con fuerza y firmeza al ayudarla a bajar de la silla. Sin decir una palabra, la llevó hacia la puerta de la iglesia, en la que esperaba el monje Longbottom.

Ginny inspiró profundamente y se preparó para hacer las promesas que unirían para siempre su fortuna y la de Burrow con la del Auror Sanguinario.

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La iglesia del pueblo estaba a más no poder. Los invitados de Sir Harry llegados desde Gryffindor, los aldeanos y muchos más de Borguin.

No lo podía negar, estaba nerviosísima. Solo recordó toparse con la cara de felicidad de Neville y unas serpentinas rojas y doradas lanzadas por los hermanos pelirrojos que ayer habían llegado en el barco de lord Sirius. Y luego empezó a sentirse más relajada al escuchar las palabras del monje:

Matrimonio… es la unión que venimos a presenciar hoy lunes 3 de abril de 1350, año del señor y beneficiado a Santa Hermione, para estas dos almas.

Apenas 3 de abril-pensó Ginny- si él apenas llegó el 29 de marzo… el miércoles pasado… santa Hermione me ayude… no lo conozco ni hace una semana… Mejor escuchaba a Neville…

-donde los secretos no los aten y donde puedan confiar plenamente en el otro-

¡fui un estúpido! ¡ayer ella se acercó a mí…! Y yo fui un idiota!!! Bien Potter!!! Al paso que vas no serán amigos nunca… mejor pongo atención.

-Solo así habrán conseguido el verdadero matrimonio; El verdadero amor"

¿COMO? –Pensaron ambos- ¿Cómo lo COSEGUIREMOS?.

Neville sonrió. -y ahora: Harry Potter de Gryffindor…

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Una hora más tarde, frente a la gran multitud que se había congregado en el salón el castillo, Ron abrió un enorme cofre. Sacó su contenido con gran ceremonia. Un reluciente arco iris de seda cayó de sus manos.

La muchedumbre se quedó con la boca abierta.

-Los regalos de mi señor a su estimada novia -anunció en tono grandilocuente.

Uno a uno sujetó en alto relucientes trozos de ricas telas de Oriente. Soltó y mostró rollos de seda carmesí veteada de oro y plata.

Enseñó cortes de seda verde tan oscura como esmeraldas; amarillos y naranjas con el tono de brillantes puestas del sol salieron a raudales del cofre. La variedad y colorido de aquellos exquisitos materiales parecían no tener fin. Los aldeanos mostraron su completa admiración ante los suntuosos regalos para la novia del Auror Sanguinario, mientras él solo esperaba que ella lo perdonase un poco por ser tan idiota y no tomar en cuenta a James como se lo merecía..

Como era de esperar, todo el mundo se quedó impresionado. Las exclamaciones de admiración se sucedían en el salón. Todos cuchicheaban en tono de satisfacción con el que tenían al lado.

-dicen que las telas casi igual de caras que el barco de Lord Draco- Gred, el bufón de Lord Sirius hablaba tranquilamente con su hermano, mientras le sostenía una escalera.

-si, ya lo escuché- dijo desde lo alto Freorge –y que también el Auror no reparó en gastos para este banquete.-

-Era evidente que la señora había elegido a un rico caballero.-dijo con orgullo Sirius Black mientras tomaba asiento entre las monjas del convento de Santa Hermione, las cuales estaban invitadas-

-Y, al parecer, generoso.- terminó Zacarías Smith que se había sumado a la conversación "disimulada" que mantenían los hombres.

A las sedas siguieron toneles de valiosas especias: azafrán, clavo, nuez moscada, canela, jengibre, comino y pimienta.

-y usted Lord Sirius- inició la pregunta la priora Lavender –no ha pensado en dedicarse más a la iglesia???-

-mi querida Señora- repuso Lord Sirius con galantes propia que lo caracterizaban –Mi contribución será cuantiosa para Santa Hermione, no lo dude-. Todas las monjas rieron con Lord Sirius y cuando este vio que se encontraba en un nido de…. Mojas… se levantó con el propósito de tomar vino, no lo dejaron y la superiora MacGonnagall hizo que los criados trajeran todos los lujos para lord Sirius, eliminando la posibilidad de escape del caballero.

De nuevo, la multitud manifestó su reconocimiento del respeto que su nuevo señor mostraba a su amada señora.

Ginny escuchó los comentarios de su pueblo. Estaban contentos. Todos sabían que la riqueza de su señor tendría una repercusión directa en isla de Burrow. Sus habitantes quedarían impregnados de la aureola de su prestigio y poder.

A nivel más práctico, la riqueza de Harry aseguraba que el pueblo continuaría prosperando bajo su gobierno.

-A pesar de ser adoptado ha conseguido grandes riquezas. Es una buena señal-dijo Zacarías Smith a un campesino.

-Sí, cuidará bien de estas tierras. Lady Ginevra ha elegido bien -contestó éste sacudiendo la cabeza.

-No está tan claro quién eligió a quién. Para mí que lord Harry intervino y tomó la decisión por ella -se rió Zacarías.

De lo alto de la escalera, Feorge dejó caer un martillo que por milímetros no le dio en la cabeza a Smith, sin embargo (y pese a estar prácticamente encerrado en algún tipo de cárcel de hábito) Lord Sirius Black lo miró solo un segundo el cual bastó para dejar callado al boquiflojo de Smith toda la tarde.

Ginny frunció la nariz, pero no dio más indicaciones de que había oído el comentario de Zacarías. No estaba muy segura de poder refutado. Sin embargo algo captó su atención: el otro regalo de Sir Harry la había dejado sin habla.

De un cofre delgado y alargado Sir Harry sacó la espada del abuelo de Ginny, hermosamente lustrada y colocada en un baño de plata; el Auror se acercó a ella y la dejó en sus regazos. La miró a los ojos y susurró apenas audible "para James".

Entonces ella se dio cuenta que Sir Harry no estaba enojado con ella por aparentar ser James, eso alejó de ella un poco los nervios que la acompañaban desde la mañana.

Cuando todos los regalos de Harry quedaron debidamente expuestos y adecuadamente admirados, apareció otro cofre. Nuevos murmullos de emoción se elevaron entre la multitud. Cuando lo abrieron, su interior dejó ver gran cantidad de monedas. Los gritos de admiración se transformaron en un auténtico alboroto de alegría cuando los aldeanos se dieron cuenta de que iban a repartidas entre ellos.

-Parece que tu marido no ha llegado pobre al matrimonio -comentó en voz baja la priora Lavender, que estaba al lado de Ginny luego de hablar con Lord Sirius e ir a tomar aire; realmente era un hombre muy guapo. Lady Ginny observaba cómo los hombres de Harry daban una moneda a cada uno de los presentes.

-Sí, aporta la riqueza que ganó como Auror Sanguinario de Gryffindor y no le importa hacer gala de ello -apuntó Ginny.

-Un gran señor debe mostrar su riqueza y su poder. ¿Cómo iba a saberlo la gente si no?

-Antes de casarse conmigo tenía dinero, pero no tierras.

-Ahora también las tiene. ¿Estás contenta con tu matrimonio?

-Ya está hecho. No merece la pena tratar esa cuestión ahora.- a quien engañaba, estaba contentísima. Sir Harry estaba demostrando ser un gran caballero.

-Todavía no. Aún falta la noche de bodas.-sentenció la priora-

-Respecto a eso, le aseguro que lo tengo todo bajo control.

-Me han comentado que ayer perdiste los nervios con tu nuevo señor y lo amenazaste con negarle sus privilegios esta noche -dijo tras aclararse la garganta.

¡CUANDO ME DE CUENTA DE QUIEN HACE ESTOS CHISMES….!- pensó Lady Ginny-

-Dije cosas de las que ya me he retractado.-afirmó con cautela-

-Me alegra oírlo. Eres una mujer apasionada y no siempre dominas tus emociones tan bien como tus tierras. Ahora que eres una mujer casada, debes controlarte más.

-Sí, señora -aceptó, pensando que no le hacía falta que le diera una charla amenazante sobre el autocontrol, precisamente ese día. Ya tenía bastante en qué pensar.

-Cuando estés en presencia de tu marido has de controlar tu genio -continuó Lavender-. Es evidente que Harry no es un hombre que acepte desafíos de su esposa.

-Ya he oído eso antes. ¿Por qué todo el mundo piensa que sabe cómo manejar a lord Harry mejor que yo?

-Puede que porque somos mayores y más sabios. Hazme caso. Si quieres dominar a tu señor, deberás hacerlo con buenas palabras y recursos de mujer.

-Muy bien, señora. Seguiré sus consejos. No tiene por qué preocuparse por mi seguridad esta noche. Cuando llegue el momento, daré la bienvenida a mi señor en mi dormitorio.

Lavender sonrió complacida. (Más te vale, niña… porque a un hombre como el Auror se le trata bien…)

-El matrimonio ya es lo bastante complicado sin que haga falta empezarlo ofendiendo a tu señor en la noche de bodas. Y hablando de empezar bien, ¿me permites que te dé esto antes de que se me olvide?

Ginny vio que Lavender cogía un pequeño envoltorio de una bolsa que le colgaba del cinturón de su hábito.

-¿Un regalo? ¡Qué amable! ¿Qué es? –preguntó con emoción Ginny-

-Un frasquito con sangre de pollo.

Ginny casi se ahoga con la risa.

-Le juro que me vaya ahogar con tanta sangre.

-¿A qué te refieres?

-No es la primera que me hace un regalo tan bien pensado. Gracias señora, lo añadiré a mi colección -dijo Ginny metiéndolo en la bolsa tejida que llevaba en su cinturón.

-Ten uno a mano esta noche. Rocía con él las sábanas antes de que se despierte tu señor y todo irá bien.

-¿Qué me diría si le asegurara que esa precaución es innecesaria?-explicó Ginny-

-No tengo nada que decir al respecto. Eres una mujer, no una jovencita. Has cumplido con los deberes y responsabilidades de una mujer en esta casa señorial desde que tenías doce años. Conozco bien tus sentimientos por Tom Riddle y, en lo que a mí respecta, lo que sucediera entre vosotros dos es asunto vuestro.

-Gracias, pero la verdad es que Tom era todo un caballero y...

Lavender levantó una mano para que no siguiera hablando.

-Como te he dicho, el tema de tu virginidad es algo que sólo te incumbe a ti. Pero los maridos, especialmente los caballeros tan orgullosos como sir Harry, no suelen ver esos asuntos con tanta ligereza.

-No estoy de acuerdo. Creo que son capaces de pasar por alto esos pequeños detalles cuando la dote es cuantiosa.

-Créeme. Los hombres, incluso los más inteligentes, como creo lo es lord Harry, son criaturas muy sencillas.

-¿Y?

-Pues que mientras crean que su honor está a salvo, suelen ser generosos y caballerosos, sobre todo con su mujer. Yo le daría el regalo que más le va a contentar en su noche de bodas para que tú, a tu vez, estés satisfecha con tu matrimonio al día siguiente.

Ginny tocó el frasquito que guardaba en su bolsa.

-Tengo que acordarme de rezar una oración por todos estos nobles pollos que han matado hoy por mi honor. –dijo con ironía-

-Algunos los comerás en el banquete.

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La fiesta empezó poco después de mediodía y continuó sin pausa toda la tarde y parte de la noche. Todo el mundo en la isla estaba invitado, desde el más pobre trabajador hasta el campesino más rico. Incluso las monjas de Santa Hermione compartieron la extraordinaria abundancia de comida y cerveza con todo el mundo.

A pesar de que había dado órdenes de no reparar en gastos, Ginny estaba sorprendida de que Hagrid y los criados hubieran preparado todo aquello en tan poco tiempo. En las mesas había elaboradas conservas de nabo y zanahoria (color morado, como indicaba la costumbre en Burrow), y condimentadas con mostaza. Patos rellenos, olorosos potajes, pescado hervido, pollo con miel y pasteles de cerdo llegaban al salón desde la cocina en un interminable ir y venir de bandejas.

-Entonces –inició Lord Sirius en tono calmado hacia Sir Harry –me han terminado de confirmar que tu señora no es… virgen-

Harry casi había olvidado ese detalle. No le importaba hasta hace poco. Pero ahora era diferente. Ahora sentía terribles celos con solo imaginarse a algún otro hombre tocando a lady Ginny.

-Me tiene sin cuidado- respondió Sir Harry.

-Espero que así sea, hijo, después de todo tu esposa es muy hermosa-

Sir Harry levantó una ceja y miró a su padrastro, que ahogó una sonrisa.

-Tanquilo- dijo entre risas –no para mí, por supuesto, yo ya tengo una esposa, dos amantes y prontamente una linda cortesana…-

Sir Harry casi sonrió.

-Es mi deber como padre- prosiguió Sirius- darte unos buenos consejos maritales-

-te informo que tu charla llega un poco tarde… más de diez años para ser exacto- dijo el Auror.

-y por esa temprana inclusión tuya al mundo del amor me siento MUY orgulloso- dijo lord Sirius tomando de su copa.

-Sé que de sexo no hablaremos, ya sabes mucho… pero te recomendaré solo algo para tu vida de hombre casado-

-Ser benévolo con las monjas del convento- preguntó con picardía Sir Harry.

Lord Sirius casi se atraganta con su vino. Miró en todas direcciones con cautela y continuó aclarándose la voz:

-no, no que va, estas monjas lo que necesitan es un esposo… no dinero ni libros-

Los gemelos que pasaban tras ellos rieron a más no poder. La sinceridad de Lord Sirius no tenía límites.

-mi consejo es que… abras tu corazón, hijo-

Lady Ginny observaba la escena desde la otra cabecera de la mesa. Sirius y los gemelos pelirrojos le hablaban a Harry y este, por increíble que pareciera, sonrió un par de veces y se sonrojó unas cuantas más.

Son su familia, después de todo- atinó a pensar Lady Ginny- por lo menos está feliz.

Uno de los bufones le entregó una nota a Sir Harry, éste la leyó, y asintió. Entonces los gemelos sonrieron abiertamente y se perdieron entre la multitud.

Luego lord Sirius entregó otra nota a Sir Harry, el brindis de boda, pensó Lady Ginny, después de todo era deber del padre entregárselo a sir Harry.

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¡PUM! ¡PUM!

Nuevamente los cañonazos resonaron a lo lejos, lo que anunció la locura de los bufones en la ceremonia. La celebración se convirtió en una bulliciosa fiesta. Los niños jugaban en el patio, los hombres contaban chistes subidos de tono y Colin divertía a todo el mundo con el tamborín, la flauta y el arpa.

Los hermanos pelirrojos lanzaban maderos con fuego entre ellos mientras hacían malabares sobre unas esferas muy grandes. Dennis se sirvió un poco de todos los platos que tenía delante.

La amenazadora niebla que se había apoderado de la isla fue pronto olvidada. El salón principal estaba a rebosar de gente que bebía y hacía brindis continuamente por el novio y la novia. En el patio se habían puesto mesas para dar de comer a quienes no cabían dentro. Algunas hogueras protegían del frío.

Conforme avanzaba la noche, el fuego del salón iba confiriendo un brillo cálido y dorado sobre la concurrencia.

De repente Lady Ginny sintió a los hermanos pelirrojos uno a cada lado de ella.

-querida señora de Burrow-

-estimada señora-

Ella sonrió abiertamente.

-somos Gred y Feorge- dijeron al tiempo que se señalaban

-venimos por usted- indicó uno de ellos haciendo una floritura para presentarse.

-nuestro amigo, el poderoso Auror de Gryffindor, desea estar más cerca suyo-

Y sin más que decir levantaron a Lady Ginny con todo y silla, la trasladaron por el gran salón y la sentaron junto a su esposo; él cual solo la miraba fijamente.

Lady Ginny siguió sonriendo cuando la bajaron y la colocaron nuevamente en tierra firme. Los hermanos hicieron otra floritura y dijeron –travesura realizada-

A pesar de estar sentada a su lado, el ruido y la alegría hizo imposible que Ginny hablara con su marido. Sin embargo, observó que de vez en cuando le lanzaba miradas.

La clepsidra (3) del fondo del salón acababa de marcar las once cuando Luna miró a los ojos a Ginny. Había llegado el momento de ir escaleras arriba, a la habitación nupcial.

Los dedos de Ginny empezaron a temblar sin razón aparente cuando cogió su copa. Dejó el vino sin acabar y miró a Harry.

Éste se inclinó hacia ella para que pudiera oírlo.

-¿Es ya la hora de que mi bella esposa abandone el salón?

-Sí, eso parece -contestó sin hacer caso del inexplicable ataque de inquietud que le acababa de acometer. No había nada que temer, no había razón para temblar anticipadamente o por miedo. No iba a pasar nada. Había dejado clara su postura a Harry el día anterior y éste no había protestado ni puesto objeciones.

Habían llegado a un acuerdo. Serían amigos antes de ser amantes.

«Amantes.» La palabra resonó en su cabeza. Recordó el beso que le había dado días atrás y sintió que entraba en calor.

Harry se puso de pie. Las risas y las conversaciones en voz alta cesaron de inmediato, no podía creer lo que estaba a punto de decir, pero eran las palabras que Lord Sirius para el banquete. El silencio se impuso entre la multitud al tiempo que todos los ojos se volvían hacia la mesa principal.

Ginny sabía que todos esperaban ver lo que iba a suceder. Había llegado el momento de llevar a cabo la última parte del trato que había hecho con sir Harry. Debía ir a la cámara nupcial aparentando ser una esposa dispuesta y cordial.

Harry elevó su copa de oro y la miró con ojos brillantes y penetrantes.

Ginny tragó saliva con sonrisa temblorosa.

«Primero amigos, después amantes.»

Podía confiar en el Auror Sanguinario. Ella cumpliría su parte del trato.

-Quiero proponer un brindis por mi hermosa y encantadora mujer -dijo Harry en medio del tenso silencio, y tomó un buen trago, necesitaba un poco de valor.

Los vítores inundaron el salón y la bulliciosa muchedumbre empezó a golpear las mesas con sus jarras.

Harry dejó su copa y sacó El canto del Fenix de su funda. El acero brilló con la luz de la chimenea cuando la alzó, tal como había hecho el día de su llegada. Un murmullo de admiración recorrió toda la sala.

-Soy un hombre afortunado, ya que he desposado a una hermosa mujer -resonó la voz de Harry hasta en el rincón más alejado del espacioso salón.

La multitud demostró su acuerdo con un grito unánime. Ginny solo sonrió.

-Oídme, buen pueblo de Burrow. Escuchadme bien, porque quiero que todos los presentes seáis testigos de que entrego esta espada, sobre la que nunca ha caído la mancha de la deshonra, una vez más a mi señora. Lo hago como símbolo de respeto. Ahora es mi esposa y tiene mi honor en sus manos, al igual que mi espada.

-¡Sí! ¡Sí! –gritó Lord Sirius seguido de todos los presentes-

Una nueva ola de gritos entusiastas rebotó en las paredes de piedra y los que continuaban la algarabía golpearon la mesa con sus jarras y los mangos de los cuchillos.

Harry le dio la vuelta a la espada y se la ofreció por la empuñadura a Ginny.

-Sabed que estoy muy complacido con mi esposa.-tomo aire luego de decir eso. Lo necesitaba para ver la reacción de su dama-

Los atronadores gritos hicieron imposible que Ginny dijera una sola palabra, pero no supo si habría sido capaz de decirla aunque el salón hubiera estado vacío.

Por alguna razón, la caballerosidad de Harry, a pesar de que ella sabía que estaba cuidadosamente calculada para influir en la multitud, le había llenado los ojos de lágrimas.

Gred le dio un codazo a Feorge quien levantó los pulgares en señal de victoria a Hagrid.

Lady Ginny cogió la pesada espada con pomo de cristal de sus manos y se puso de pie.

Una vez más, el salón se quedó en silencio.

Ginny inspiró profundamente y se dispuso a hacer un gesto solemne también.

Hizo un gesto con la cabeza a Dennis, que inmediatamente avanzó por el pasillo que había entre las mesas de caballetes con un enorme ramo de flores y hierbas secas.

-Milord, a cambio del honor y fuerza que nos brinda hoy, pongo bajo su custodia la fuente de prosperidad de nuestra hermosa isla -dijo Ginny.

Dennis dobló una rodilla y le entregó el fragante manojo de romero, rosas y lirios (Lilis) a Ginny. Ésta lo cogió y puso el haz atado con una cinta en las manos de Harry.

Éste miró las hierbas y flores, que eran el símbolo de la perfumada isla. Cuando levantó la vista, Ginny se sorprendió de la intensidad que reflejaba su mirada.

-Protegeré esta isla, a su pueblo y a su señora con más cuidado del que suelo poner en defender mi vida -dijo en voz alta para que todos lo pudieran oír.

Ginny vio en su severo rostro que aquella promesa era inquebrantable para él. Supo que la había hecho en serio. Su relación personal todavía no estaba del todo solucionada, pero estaba segura de que la isla estaba en buenas manos.

Sonrió temblorosa.

-He elegido bien.

-Así te lo demostraré.

Ginny casi no podía respirar. Por un momento era como si ella y Harry estuvieran solos en el salón. Sentía los lazos invisibles e indestructibles que los ligaban.

«Primero amigos», recordó. Era demasiado pronto para que fueran amantes.

Demasiado.

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Luna se levantó y fue corriendo hacia Ginny, liberándola del hechizo. Había llegado el momento de abandonar el salón.

Consciente de la creciente curiosidad y expectación de los presentes, Ginny cogió la pesada espada y miró a Harry.

-Voy a prepararme para dar la bienvenida a mi marido en la cámara nupcial -dijo claramente.

La multitud vitoreó y levantó sus jarras.

Harry cogió de nuevo su copa.

-Le ruego que no se retrase más, señora –sinceramente si resultaban mal sus palabras su padre las pagaría muy caro, pero igual las iba a decir- Como jardinera sabe muy bien que algunas hierbas son más potentes cuando se marchitan y se secan. Sin embargo, hay otras que funcionan mejor cuando el tallo está fuerte y erecto. Ésta es la variedad que le llevaré esta noche.

El lugar se llenó de risas. Bueno –pensó Harry, los bufones tenían razón, causó risas-

Los ojos de Ginny se abrieron de par en par cuando acabó de entender las palabras.

-Para ser un hombre que presume de no bromear nunca, -dijo casi en un susurro, solo para él- tiene una forma muy poco habitual de expresarse.

-Sí, pero una boda es algo poco habitual, señora. Luna la cogió por el brazo.

-Vamos, tenemos que apresuramos -le pidió tirándole de la manga.

Ginny lanzó a Harry una mirada muy elocuente mientras se la llevaba.

-Tenga cuidado con mi espada. Es la única que tengo. La sala volvió a llenarse de risas.

-Le prometo que haré buen uso de ella -dijo Ginny apretando firmemente la empuñadura mientras Luna la arrastraba hacia la escalera-.

Gritos de ánimo acompañaron a Ginny y a Luna cuando levantaron sus faldas y subieron las gradas.

-Toma esto -le susurró Luna cuando llegaron a sus aposentos-. Escóndelo entre tu ropa y no dejes que Harry ni nadie lo vea.

Los dedos de Ginny apretaron otro pequeño objeto.

-Déjame adivinar. ¿Sangre de pollo?

-¿de pollo…? ¡No!- es esencia de luciérnagas diurnas, rocía un poco en las sábanas antes de que amanezca y todo irá bien.

Lady Ginny no sabía si reir o llorar…

Otras mujeres entraron en la habitación riéndose y se dispusieron a preparar a la novia.

En pocos minutos le habían quitado el vestido. Le pasaron por la cabeza un hermoso camisón de lino bordado y la acostaron en la perfumada cama.

-Estás muy hermosa -dijo Joanne mientras le pasaba un peine por el suelto pelo. Se inclinó un poco más y le susurró-: No te olvides de la sangre de pollo.

-Créeme, no lo haré.-respondió la pelirroja-

Luna fue hacia la puerta y aplicó a ella el oído.

-Oigo a Harry y sus hombres en las escaleras.

-Los novios siempre son unos impacientes -aseguró Joanne mientras se abría paso hasta llegar al lateral de la cama-. Como antigua niñera, tengo derecho a darle las buenas noches a la niña que ayudé a educar. Por la mañana, saludaré a la mujer que se levante de esta cama.

-Dense prisa, casi han llegado -le pidió Luna.

En el pasillo se oían voces y risas masculinas. Las sirvientas pusieron rápidamente vino en las copas que había en una mesa cerca del fuego. Joanne se enjugó una lágrima y sonrió.

Toda la atención se había concentrado en la puerta, a la espera de que se abriera. Joanne Kathleen se inclinó sobre la cama.

-Coja esto, milady -le pidió poniéndole un pequeño objeto en la mano.

Resignada, Ginny vio que le había dado otro frasquito.

-Gracias, Joanne, no sabes lo importante que es para mí tu amabilidad.

-Calle -le indicó echando una rápida mirada para asegurarse de que nadie la veía-. Asegúrese de echar unas gotas en las sábanas por la mañana y todo irá bien.

-Pero Joanne...

-Es sólo por precaución -dijo ajustando la ropa de la cama-. Cuando hayas vivido tanto como yo, aprenderás que vale la pena ayudar a la naturaleza de vez en cuando. Especialmente cuando el honor de un hombre está en juego.

La puerta se abrió antes de que Ginny pudiera replicar. Ron y el resto de los hombres empujaron a Harry dentro de la habitación. Las criadas dieron un grito.

-Ahí tiene a su nuevo señor, milady -le ofreció Ron haciendo una reverencia en broma. Cuando levantó la cabeza dejo ver una sonrisa picarona-. Ha venido a practicar con su espada. Estoy seguro de que hará que se ejercite mucho con ella. No queremos que el Auror Sanguinario se vuelva un blando.

Los hombres volvieron a sumirse en estrepitosas risas. Luna y el resto de mujeres los echaron de la habitación.

Despejar el cuarto costó un par de minutos, pero finalmente se cerró la puerta.

Ginny y Harry estaban por fin solos.

Ginny mantuvo las sábanas de lino fuertemente apretadas contra su pecho y miró a Harry.

Él le devolvió la mirada mientras permanecía recostada sobre las perfumadas almohadas de lino. La expresión de posesión de sus ojos hizo que Ginny enmudeciera.

Finalmente, Harry rompió el corto y tenso silencio, y pasó la vista por la habitación con mirada interrogante, era la primera vez que estaba ahí y ya sentía sus nervios desquiciados.

-¿Y mi espada?

-Allí -le indicó Ginny mojándose los labios con la punta de la lengua-. En el alféizar de la ventana.

-Muy bien, sana y salva -dijo, pero no se acercó a cogerla.

En vez de eso, cruzó la habitación para ir hacia una mesa que había cerca de la chimenea. Cogió las copas llenas de vino y las llevó a la cama.

Ginny se dio cuenta de que sujetaba las sábanas con tanta fuerza que tenía blancos los nudillos. Se obligó a soltar los dedos uno por uno y pensó frenéticamente en algo adecuadamente despreocupado que decir.

Después de todo no era una noche de bodas de verdad…

-Bueno, me alegro de que todo haya acabado -dijo Ginny apartando la ropa de la cama y levantándose del enorme lecho con dosel.

Harry la observó impasible mientras cogía una bata y se la ponía sobre los hombros. Apretándola firmemente en el cuello con una mano logró esbozar lo que creyó que sería una sonrisa de camaradería.

-Supongo que las bodas son siempre asuntos molestos, ¿no cree, mi señor?

-¿Cómo podría saberlo? Es la primera vez que me caso -contestó mirándola fijamente y ofreciéndole una de las copas.

Ginny se ruborizó.

-Sí, por supuesto. No quería decir que lo hubiera hecho. -cogió el vino y tomó un largo trago. Casi no había comido ni bebido en todo el día. Por alguna razón había estado demasiado tensa como para participar en el banquete-. No sé por qué me siento tan extraña esta noche. No sé si estaré enferma…

-Puede que esté sintiendo lo mismo que yo -aseguró Harry tomando un sorbo de su copa. Después le quitó a Ginny la suya y dejó las dos en la mesa.

-¿Milord? -Ginny se dio cuenta de que su voz había adquirido el tono de un gritito- ¿También se siente intranquilo?

-Sí.

-¿A lo mejor deberíamos tomamos una taza de manzanilla con té de menta? Es muy bueno para el estómago. Llamaré a una de las sirvientas.

-No, conozco una cura mejor.

Harry la atrajo hacia sus brazos suave, pero firmemente. Cuando se encontró temblando frente a él, agarrando la bata como si fuera un talismán, Harry se inclinó y reclamó su boca con la suya.

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NA: sinceramente no se si usaban sangre de pollo. Pero no se me ocurrió otro animal.

Con respecto al año, es 1350, creo que al principio escribí otro año. Pero el año es 1350, no hay duda de ello.

3. es un tipo de reloj antiguo.

4. pd. Si mi querida Katryna13, yo también vi "La princesa Caballero".