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−Capítulo VII –
思い出
(Memorias)
−Parte I−
Caminaba por los enormes pasillos que conducían a la sala del trono, lugar donde su padre había solicitado su presencia. No tenía idea alguna del porqué de aquella solicitud, sobre todo cuando debían partir cuanto antes o la claridad del día se perdería y con ella la aparición de los cadentes impediría que viajara hacia Altissia, lugar donde el oráculo la esperaba con impaciencia. No entendía nada de lo que ocurría así mismo los fuertes rumores que día con día se extendían por el castillo aumentaban aquel mal presentimiento que se instaló en su estómago cuando sus padres anunciaron aquel tratado de paz.
No podía preguntar nada acerca del tema sin que sus padres simplemente le dedicaran una suave sonrisa y un "pronto lo comprenderás" fuera su única respuesta. Tenía doce años pero no era tonta, percibía que algo andaba mal, sobre todo por la inusual melancolía que su padre irradiaba cada que sostenía entre sus brazos a su hermano menor.
− "¿Qué estará pasando?" – se preguntó a sí misma, levantando la vista cuando las enormes puertas de la sala del trono se imponían frente ruyo.
Se detuvo frente a la misma, siendo recibida por los guardias que la vigilaban al verla, asintieron con una sonrisa en sus rostros. Uno de ellos le sugirió esperar puesto que la anunciaría, abriendo ligeramente la puerta para entrar en la sala y desaparecer unos minutos de su vista. Cuando finalmente volvió a salir de la sala, le indico que podía pasar, le regalo una tenue sonrisa y procedió a seguir su sugerencia.
La sala del trono era de los pocos lugares que solía visitar, puesto que su padre siempre prefería gobernar el enorme reino que poseía en persona, viajar a cada rincón del mismo, ayudar a los que lo necesitaban, en vez de estar sentado sobre aquel trono u oculto dentro las cuatro paredes de su oficina mientras otros hacían el trabajo. Era un hombre amable y gentil, un amoroso padre y esposo, un determinado rey que hacia todo cuanto creía correcto, aunque en ocasiones como aquellas nunca sabía que ocurría dentro de su cabeza.
Camino con lentitud por aquel enorme pasillo, siendo observada por la pequeña audiencia que se encontraba justo a los pies de la enorme escalinata que conducía al trono donde su padre se encontraba. Conocía a las personas presentes, los mejores amigos de su padre, hombres valientes que juraron lealtad una vez se había vuelto el rey de Nueva Hasetsu.
− ¡Buenos días princesa! – escucho decir a los presentes cuando estuvo cerca de los mismos.
Mary conocía a los tres varones que se encontraban en el lugar, desde pequeña escucho las miles de aventuras que habían tenido a lado de su padre durante su juventud, las noches de acampada aun cuando la amenaza de los cadentes les rodeaba, las enormes montañas que habían escalado por el simple hecho de cumplir un tonto reto, la forma en como le habían aconsejado a su padre para que se le declarase a su madre quien, en aquella época, era una simple plebeya hija de una pareja dueña de un local de aguas termales. Los viajes que solían tener aun cuando su abuelo se negara… Si unos rebeldes sin causa alguna, era difícil imaginar que el responsable rey que ahora les gobernaba era el mismo joven aventurero y desafiante de esas historias.
− Buenos días – contesto con una ligera reverencia − ¿Me llamo padre?
− Así es Mary – contesto − ¿podrían dejarme un momento a solas con mi hija?
− ¿Estás seguro?
− Adalberto, dudo que alguien pueda entrar aquí y atacarme ¿no crees?
− Toshiya, sabes que solo está velando por tu seguridad – aseguro Sunan con una sonrisa – Aunque suele ser muy exagerado debo admitirlo.
− Soy precavido – afirmo el rubio – no suelo dejar todo a la suerte como tu Chulanont.
− No dejo todo a la suerte, solo dejo que las circunstancias tomen su camino.
− No discutan enfrente de su majestad – la voz de Ralf de dejo escuchar – están ante su rey, muestren un poco de decoro por favor.
− Deberías ser menos inflexible Ralf.
− Soy el consejero del rey, mi deber es asegurar que todo se mantenga en orden, eso incluye la etiqueta.
− Lo dice quien hace quince años solía ser el más aventado de nosotros ¿no Adalberto? – mirando de reojo al rubio.
− Si, sobre todo cuando se trataba de "usar" sus encantos para sacar información.
Un suave color carmín apareció en el rostro del nombrado, aclarándose la garganta para evitar seguir con el tema.
− ¿Terminaron? – la suave voz del rey volvió a escucharse en la sala.
− Lo sentimos majestad – haciendo que junto con él, todos hicieran aún reverencia.
− No se preocupen – aseguro – los veré dentro de unos minutos.
Los tres asintieron, dedicándole una suave sonrisa a la joven princesa quien correspondió el gesto. Con paso firme avanzaron hasta bajar por completo la escalinata, dirigiéndose a la salida de la sala y desaparecer por ella segundos después.
− ¿Paso algo malo padre? – pregunto una vez se encontraron solos en el lugar.
− No ha pasado nada malo hija mía, ¿puedo saber el motivo de esa pregunta?
− No es usual que reúnas a tu guarda personal – hablo con firmeza en sus palabras – todo mundo sabe que los guerreros Kingsglaive solo son convocados cuando necesitas que realicen alguna tarea que ningún otro miembro de la guarda real puede hacer.
Su padre guardo silencio por unos instantes, bajando ligeramente su cabeza.
− Espera… ¿Kingsglaive? – pregunto Yuuri, interrumpiendo el relato de su hermana mayor.
− Era la guarda personal de nuestro padre.
− Si, eso lo entendí pero… ¿Quiénes eran? y, ¿Por qué Adalberto y el padre de Phichit pertenecían al mismo?
− Desde tiempos inmemoriales y desde que el primer rey Katsuki tuvo acceso al cristal, siempre ha existido una guarda personal, tres guerreros, los más allegados al rey en turno − contesto Adalberto − son los únicos miembros de la corte capaces de utilizar los poderes propios de la familia real.
− ¿Qué? – pregunto con sorpresa.
− Tal como lo dice Adalberto, recuerdas las extrañas habilidades que posees ¿no?
− ¿Te refieres a la magia?
− No, la magia es algo intransferible, la guarda puede moldearla y crear viales pero no puede usar la magia a su antojo − aseguro Mary − ellos obtienen habilidades propias que el cristal cree oportunas. Por ejemplo, Según recuerdo, Sunan obtuvo una vista muy aguda así como una excelente precisión por lo cual lo volvió un perfecto francotirador además de controlar cualquier tipo de arma blanca o de fuego − contesto Mary.
− Ralf era el consejero real... Pero era un excelente guerrero en combate, sus armas eran las dagas duales si no mal recuerdo, también podía descubrir la debilidad de sus enemigos usando análisis, una extraña habilidad propia de los Katsuki pero por la enorme inteligencia que poseía el cristal le favoreció con ella, además de ser un grandioso cocinero − prosiguió Adalberto.
− ¿Y tú? − pregunto Yuuri − ¿qué habilidades poseías?
− Yo era el escudo − contesto − tenía una enorme resistencia así como golpes devastadores por ello.
− Ósea, eras la fuerza bruta del grupo – soltando una débil risa.
− No tenias por que decirlo de ese modo − desviando la mirada ante la diversión del menor.
− Entonces, ¿el cristal otorgaba esas habilidades dependiendo de las cualidades del guerrero?
− Así es, y las mantenían durante el tiempo que el rey con quienes estaban ligados siguiera en el trono o...
− Muriese − termino la frase su hermano menor.
El silencio los embargo unos segundos antes de que Mary prosiguiera con su relato.
− ¿Tienes alguna otra pregunta?
− Solo una − contesto Yuuri − Si yo deseara tener una guarda como nuestro padre... ¿Simplemente tengo que desearlo o hay ciertas medidas a tomar?
− Interesante cuestión − dijo Adalberto con una sonrisa − Técnicamente no tendría que haber inconvenientes puesto que tu eres el legitimo rey pero...
− ¿Necesitamos el recuperar el cristal?
− No, no se requiere contacto directo con él.
− ¿Entonces?
− Si fueran personas comunes las elegidas, sin ningún rastro de sangre de los Katsuki en sus venas se necesitaría un arma ancestral para hacer funcionar el contrato… Si fueran descendientes Katsuki los elegidos simplemente se deben hacer uso del poder del rey y transferir su propia energía a las armas elegidas por los mismos, aunque no siempre funcionaba ya que la sangre Katsuki a través de las generaciones se fue diluyendo, teniendo que hacer uso de la primera opción.
− Entiendo – dijo no muy convencido – pero solo una cosa…. ¿Qué es un Arma ancestral?
− Bueno son...
− Es un tema complicado Yuuri – aseguro Mary – tener una guarda personal es importante y saber cómo hacerte de una de igual modo pero…
− Creo que este tema también es de importancia.
Mary soltó un largo suspiro ante la insistencia de su hermano menor.
− Las armas ancestrales son poderosas creaciones hechas por los sidéreos.
− Sí, creo que Adalberto dijo algo parecido cuando me mostro la espada de mi padre.
− Así es, su poder es tal que solo los miembros de la familia real pueden hacerse con una… Los sidéreos pueden moldear el arma en Altissia pero, dependerá del poder de su usuario si esta será más poderosa que cualquier otra hecha en el pasado.
− No estoy comprendiendo.
− Veras, toda arma forjada por los sidéreos es única y exclusivamente para el rey en turno – su hermano asintió – todas y cada una son cubiertas con habilidades especificas pero, si el rey es lo bastante poderoso en cuanto a magia se refiere, la arma será aun más poderosa… De cualquier modo, cuando el rey llegue a fallecer o deja el trono, su arma absorberá su poder para que el siguiente rey pueda hacer uso de ella si así lo requiere.
− Como la de nuestro padre.
− Así es, aunque si el poder del rey sobrepasa el de cualquier otro, su arma se volverá excepcional lo cual la hará parte de una habilidad que solo el rey de los Katsuki puede obtener.
− ¿Cuál? – pregunto curioso.
− La bendición de los sidéreos… El coro Ancestral – respondió el rubio sin dudas.
− ¿Eso qué es?
− El llamado de las armas ancestrales más poderosas entre todas en un solo ataque, obviamente no se trata de las armas físicas, tal como su nombre lo indica la forma ancestral es la que aparece, pero es lo bastante poderosa como para destruir a su enemigo, en la medida posible.
− ¿Nuestro padre alguna vez…?
− No que yo recuerde.
− Regis nunca tuvo a necesidad de aprender esa habilidad ya que usualmente los guerreros y los de la guarda éramos quienes estábamos en el campo, tu padre solo lo hizo durante su tiempo como príncipe cuando ascendió lo dejo, a regañadientes si me permites decirlo – agrego Adalberto.
− Entonces se debe aprender, no naces con ella.
− No, para ello tienes que ir al mausoleo de los Katsuki.
− ¿El del cementerio?
− No, ese es el cementerio de los reyes, ahí descansan sus cuerpos mortales.
− Las armas están ocultas lejos del reino por su seguridad Yuuri – prosiguió Mary.
− Entonces, si quiero aprenderla debo ir al mausoleo y…
− Convocarlas, las armas están ahí pero debes convocar su aura, si ellas responden lo harán en combate… teóricamente hablando.
−Supongo que algún Katsuki lo logro.
− Si, al menos en los registros se encontró que solo tres Katsuki lo lograron.
− Eso es muy… Alentador – hundiéndose en el sofá.
− Por ahora no lo necesitas Yuuri.
− Lo sé – inflando sus mejillas ligeramente – retomando el tema… ¿La guarda?
− Cierto, en caso de que desees una, necesitas un arma ancestral, no cualquiera… La propia.
− ¿La que forjan para ti cuando vas a Altissia?
−Exacto, para ello debes ir al mausoleo y convocar el poder de tu arma, de ella se crearan las armas que tu guarda utilizara en combate.
− Por eso están ligados al rey y su poder… Las armas de la guarda nacen de ella y cuando el rey deja el trono o muere su poder se transfiere por completo a su arma, dejando inutilizadas las de su guarda.
− No podía decirlo una mejor forma.
− Entonces, Sunan, Ralf y Adalberto eran los más allegados de nuestro padre, por eso se volvieron su guarda personal ¿no?
− Éramos los mejores amigos Yuuri – dijo Adalberto con una sonrisa – los cuatro nos conocíamos desde niños, corríamos por los jardines del palacio, entrenábamos, íbamos a clases… Siempre juntos – bajo la mirada ante el recuerdo – cuando tu padre ascendió al trono, nos ofrecimos para servirle, ser su protección… Al inicio se reusó ya que no quería arriesgarnos pero, le debíamos tanto a Regis que… No podíamos hacer más que entregar nuestras vidas.
− Aunque al final el…
Con tristeza Adalberto inclino su cabeza, su rostro denotaba la tristeza que aquel tema podía provocar en él. El azabache abrió la boca en varias ocasiones pero no dijo palabra alguna, bajando la mirada al darse cuenta que no tenía palabras para reconfortar al mayor. Mary al notar aquel ambiente se aclaró la garganta para llamar su atención.
− ¿Podemos continuar? – pregunto Mary, tratando de desviar el tema de conversación tan melancólico instalado en la habitación.
− Claro – dijo Yuuri saliendo de su aturdimiento.
− Muy bien… ¿Dónde estaba?
Los ojos del mayor se posaron sobre la frágil silueta de su hija menor, quien solo le devolvía la mirada con aquellos ojos cristalinos y puros tan parecidos a los de su madre. El rey dejo escapar un leve suspiro de cansancio, levantándose de su asiento, bajo los escalones uno a uno hasta que quedo frente a su hija, colocándose en cuclillas para quedar a su altura.
− Tienes razón, la guarda siempre es convocada cuando algo sucede – Mary asintió a sus palabras – pero en esta ocasión no tiene nada que ver con algún ataque o guerra, simplemente una visita entre amigos.
− ¿Seguro?
− Si, te lo aseguro… Además Sunan pidió mi autorización para salir fuera del reino y visitar a su padre que esta grave de salud.
− Pero papá, mañana son las negociaciones, no puede dejarte solo que tal si…
− Prometió volver antes del mediodía de mañana – elevando una de sus manos para acariciar la cabeza de su hija – las negociaciones se realizaran en la noche así que, no te preocupes ¿de acuerdo?
− De acuerdo.
Toshiya le dedico una suave sonrisa, apartado la mano con la cual acariciaba su cabeza.
− ¿Puedo saber el motivo por el cual me llamaste?
− Cierto – inclinando su cabeza ligeramente − ¿ya está todo listo para tu viaje?
− Si, Kioko preparo todo lo necesario – respondió.
− Me alegro escucharlo, el viaje que realizaras es algo largo además de extenuante, lo mejor es ir preparada con todo lo necesario.
Mary podía percibir cierta tristeza proveniente de su padre, una extraña melancolía que no quería admitir, como si supiera algo que ella desconocía.
− ¿Seguro que todo está bien padre?
− Lo está mi pequeña − caminando por su lado para comenzar a bajar los escalones − acompáñame, tu madre y hermano esperan a las a fueras del castillo.
La joven princesa se mordió el labio inferior ante el silencio implícito de su padre, era alguien con poca edad pero, no era alguien con falta de conocimientos, sabía que algo andaba mal cuando este le había llamado sin razón aparente pero, no podía presionarle, mucho menos a unas cuantas horas de que las negociaciones se llevaran a cabo. Tras meditar mucho lo que parecieron horas, bajo con cuidado los escalones para alcanzar al mayor, colocándose a su lado y saliendo juntos de la sala del trono.
Caminaron por los amplios pasillos, siendo acompañados por unos cuantos soldados que se mantenían tras a ellos, algo que aunque en un inicio incomodaba a la princesa, conforme pasaron los años término acostumbrándose después de todo, debían proteger al rey y permanecer a su lado. Tras unos breves instantes donde el mutismo del mayor fue constante para la princesa, esta comenzó a percibir la ansiedad al no comprender del todo lo que sucedía por lo cual, aun cuando sabía que debía mantenerse al margen, decidió preguntar lo que rondaba por su cabeza.
− Padre, ¿puedo hacerte una pregunta?
− Por supuesto − respondió sin regresar a ver el rostro de su hija − ¿que deseas saber?
− ¿Por qué decidiste enviarnos a mi hermano y a mí con el oráculo?
− Altissia siempre te ha gustado, creí que sería un buen momento para que visitaras sus tierras.
− Siempre me ha fascinado la tierra gobernada por la reina Alicia pero...
Mary siempre había admirado la arquitectura de aquel reino flotante sobre el mar, sus enormes edificios, los alegres negocios que poseía, los canales que atravesaban todo el reino y por donde las góndolas solían pasear –puesto que se manejaban a través de ellas y no autos− las bellas fuentes que cada rincón tenia, el hermoso cielo azul de día y el manto estrellado de noche pero, lo que más admiraba sobre todas las cosas eran la enorme biblioteca custodiada por las sacerdotisas que poseía.
− ¿Pero?
− ¿Por qué ahora? ¿Porque cuando faltan solo unas horas para que las negociaciones se lleven a cabo? − pregunto deteniéndose de golpe.
− Solo queríamos que estuvieran sin ningún tipo de problemas es todo.
− ¿Problemas?
− Tanto tu madre como yo estaremos ocupados durante el tiempo que se lleven a cabo las negociaciones − deteniéndose solo unos pasos delante de su hija, girándose solo lo suficiente − por cual no tendremos tiempo para estar contigo o con tu hermano.
− Papá.
− Por eso, decidimos que durante el evento deben estar en Altissia, ahí estarán bajo el cuidado de las sacerdotisas del oráculo además, Yuko quiere ver a Yuuri y en ese lugar hay muchos libros antiguos que estoy seguro anhelas terminar de leer ¿no es así?
Los ojos de la menor contemplaban el rostro de su padre, buscando algún indicio de que sus palabras eran ciertas y no hubiese rastro de duda en la misma. Soltó un suspiro al darse cuenta de la paranoia que estaba sintiendo, eran sus padres, solo hacían lo que creían correcto para su persona y la de su hermano menor, no podía haber nada malo en ello.
− Tienes razón − respondió regalándole una suave sonrisa − lo siento es solo que... Nervios.
− Tranquila, comparto el sentimiento, no es fácil aceptar todo lo que está sucediendo − aseguro el rey− pronto se firmara un tratado que pondrá fin a un aguerra que lleva siglos entre nuestras familias.
− ¿Crees que será para bien?
− Es lo esperado − bajando un poco la mirada − es mejor seguir nuestro camino, nos están esperando en las puertas del castillo.
Girándose nuevamente para retomar su camino, siendo seguido muy de cerca por su hija.
Las enormes puertas se abrieron ante ellos, dejando que la fría brisa del exterior rozara sus rostros. Sus miradas se detuvieron sobre las siluetas de las personas que estaban al final de la enorme escalera frente a ellos, personas que Mary reconocía sin siquiera pensarlo. Su madre se encontraba hablando animadamente con Sunan mientras sostenía con fuerza a su pequeño hermano quien, simplemente dormitaba sobre el hombro de la misma. Adalberto y Ralf hablaban con Cor, el encargado de llevarlos hacia el muelle, donde zarparían en dirección a Altissia.
Con cuidado fueron bajando uno a uno los escalones, acercándose con lentitud hacia los presentes, quienes sonrieron con suavidad una vez estuvieron a escasos centímetros de los mismos.
− Mary, cariño − la voz de su madre capto su atención − ¿estás lista?
− Lo estoy − respondió.
− Veo que Yuuri sigue durmiendo − hablo el rey, acercándose para frotar con suavidad la cabeza del menor.
− Más bien se cansó, estaba corriendo por todo el lugar − la reina emitió una suave risa.
− Siempre ha sido un dormilón − aseguro Mary mientras se cruzaba de brazos.
− Es normal que lo sea − declaro el rey − aún es muy pequeño y necesita dormir pero, es hora de que partan o perderán la luz del día − aseguro.
− Tienes razón −le contesto la reían − Yuuri, cariño − le llamo − es hora de despertar.
El pequeño lentamente comenzó a abrir sus ojos, emitiendo ligeros gemidos de enfado por ser despertado de aquella forma, sobre todo cuando el cálido hombro de madre lo reconfortaba con suavidad.
− No, quiero seguir durmiendo − contesto sin ánimos.
− Lo sé mi amor, pero debes partir junto a tu hermana ¿recuerdas?
El azabache asintió con pesar, dejando que su madre lo bajara y quedara sobre sus pies.
− Cuando lleguen a Altissia podrás dormir Hijo − escucho la voz de su padre y giro su rostro para verle.
− Papá − sonrió acercándose al mayor para abrazar su pierna.
− Mi pequeño − separándose del mismo para colocarse en cuclillas para quedar a la altura del menor − ¿cuidaras a tu hermana mientras mamá y papá trabajan?
− Si − contesto con aquella suave voz.
− No te escuche.
− ¡Sí!
− Ese es mi pequeño gran valiente − acariciando la cabeza de su hijo, levantándose segundos después.
− Más bien yo lo terminare cuidando − afirmo Mary con una sonrisa.
− ¡No! yo te cuidare hermana.
− Aun eres un bebe.
− ¡No soy un bebe, ya soy grande!
− Claro que lo eres... Dormilón − jugando con la cabellera del menor mientras este trataba de alejarla.
Los reyes Katsuki simplemente sonrieron ante la escena, disfrutando de aquel par de minutos donde su familia estaba completa, sin ningún rastro de angustia o dolor. La mirada del rey, tras pasar unos instantes, retomo aquel semblante melancólico, pidiéndole en voz baja a su esposa que le dejara hablar con sus hijos, la reina asintió, alejándose solo un poco, para colocarse a lado de Sunan y los demás. Algo que no paso desapercibido por Mary.
− ¿Padre?
− Hijos míos, ahora que parten hacia Altissia, un lugar lejano y fuera de las fronteras de nuestro reino debo decirles esto, quizás... No pueda hacerlo después.
− ¿Por qué parece que te estás despidiendo?
− No, no me despido Mary, lo digo porque quizás cuando vuelvan este muy ocupado y en escasas ocasiones podre estar con ustedes así que, aprovechare estar oportunidad para decirles lo que pasa por mi mente.
−... − asintió no muy convencida por las palabras dichas.
− Como rey, mi deber es guiar a nuestro pueblo, protegerles, asegurarme que nunca sufran y que todos tengan los mismos derechos por el simple hecho de haber nacido en Hasetsu − colocándose nuevamente en cuclillas − como un Katsuki, mi deber es derrotar la oscuridad que se cierne sobre nosotros y acabar con la amenaza cadente que día a día nos sofoca, una labor que desde nuestros antepasados ha sido llevada a cabo − soltando un largo suspiro − como padre... Mi deber es educarlos, guiarlos por el camino y mantener la llama de nuestra dinastía viva por lo cual, les pido que nunca miren atrás, nunca dejen que alguien destruya sus sueños o ideales... Nunca claudiquen aun cuando la más negra oscuridad los persiga
Dos pares de ojos color café, le observaron con detenimiento, analizando con cuidado cada palabra dicha. Yuuri se mordió el labio inferior al no comprender del todo lo dicho por su padre, tomando la tela del vestido de su hermana para jalarle ligeramente y llamar su atención.
− ¿Que sucede?
− ¿Que significa clau... clau... clau...?
− Claudicar − indico.
− Eso.
− Significa que nunca debes rendirte, hijo mío − respondió el rey.
− Padre – dijo Mary.
− Sé que quizás no comprendan mis palabras pero, llegara el día en el que sabrán el porqué de ellas − sonrió ligeramente provocando un mal presentimiento dentro del pecho de su hija − Mary, cuida a tu hermano, el es aún muy pequeño y necesita de ti ¿me lo prometes?
−... − bajo la mirada ante el pedido − Si, lo hare.
− Cuídense mucho − levantándose nuevamente − es hora de partir.
Mary asintió tomando la pequeña mano de su hermano menor, caminando a lado de su padre hasta llegar a lado de su madre y la guarda del primero.
− Buena suerte princesa − dijo Sunan con una sonrisa.
− Estaremos esperándoles − Hablo Adalberto.
− Les llamare en la noche mis amores − afirmo la reina, tomando en brazos a su hijo menor, besando su mejilla − pórtate bien Yuuri, nada de travesuras ¿entendiste?
− Si − contesto con alegría, abrazándose fuertemente a su madre.
− Mary saluda de mi parte a todos en Altissia y cuídense mucho − acercándose a su hija para besar su frente.
− Lo hare madre.
− Muy bien − bajando a su hijo − entren al auto.
Adalberto abrió la puerta del auto, dejando que Mary y su hermano menor entraran en el. Un sonido hueco se escuchó cuando la puerta nuevamente fue cerrada. La joven princesa abrió la ventana para admirar por última vez el rostro de las personas que le despedían.
− Madre − le llamo.
− ¿Dime? − contesto la reina.
− Minako−Sensei ¿no vendrá a despedirnos?
− Ella salió fuera del reino, volverá dentro de unas horas pero, le daré tus saludos cuando regrese.
− Dile que volveremos pronto ¿sí?
− Lo hare – sonriéndole ligeramente.
− Princesa, colóquense el cinturón de seguridad – sugirió Cor, entrando al auto mientras se colocaba su cinturón de seguridad.
− Nos vemos Papá, Mamá… Chicos.
− ¡Adiós Mamá! ¡Adiós Papá! – secundo Yuuri con emoción en su voz.
La joven princesa dejo escapar un largo suspiro antes de girar un poco y ver por la ventana trasera del auto, como sus padres se perdían lentamente en el horizonte.
− Espera…− detuvo nuevamente el relato − ¿Nuestros padres nos sacaron fuera del reino?
− Así es, en ese momento no sabía la razón de ello pero… Tras lo sucedido, me di cuenta del por qué.
− ¿Alguien más lo sabía?
− ¿Si te refieres a si alguien más sabia de los planes de nuestro padre? Me temo que no. Padre orquesto todo aquello como si fuera una simple visita diplomática que… Nadie fuera de la familia real de Nueva Hasetsu o Altissia supiera, aunque no me sorprendería saber que mamá lo sabía.
− ¿Crees que sabían algo? – Pregunto con temor − ¿Sobre lo que el rey Nikiforov planeaba?
− No lo sé – respondió Mary en un débil susurro – Nuestro padre no solía hablar de política cuando estaba con la familia o de lo que planeaba hacer, quizás intuía que algo malo sucedería, sobre todo porque después de siglos de guerra que culminaran de aquella forma era algo cuestionable.
− Papá nos salvó – aseguro con tristeza.
− Si, lo hizo.
− ¿Prefirió salvar a sus hijos y no al reino entero de las manos de ese…?
− Yuuri – le llamo tratando de tranquilizar al menor – Nuestro padre vio más allá de lo que crees.
− ¿Así? Pues yo no logro comprenderlo.
− Terminaras comprendiéndolo, ¿quieres que continué?
Yuuri no emitió palabra alguna, simplemente se limitó a asentir mientras su hermana retomaba su relato.
− Muy bien… Recuerdo que pasaron alrededor de Seis largas horas, lo que fue salir del reino, cruzar las fronteras, tomar el yate que nos llevaría a Altissia y ser recibidos por Freya en el muelle del mismo.
− Es un placer volver a verla Princesa Mary – la suave voz de Freya se escuchó una vez estuvieron en el puerto de Altissia.
− El gusto es mío, Lady Freya – haciendo una leve reverencia al estar frente a la mayor − ¿Y la reina Alicia? – dijo buscándola en los alrededores del lugar.
− La reina acaba de partir hacia Nueva Hasetsu.
− ¿A Nueva Hasetsu? – Pregunto con sorpresa – Pensé que ella nos estaría esperando.
− La Reina decidió ir a visitar a la reina Hiroko y estar con ella durante las negociaciones.
− "¿Por qué lo haría?, Pensé que ella había solicitado nuestra presencia aquí"− pensó, perdiéndose unos segundos dentro de sus pensamientos.
− ¿Princesa?
− No, nada… La reina Alicia siempre ha sido muy buena amiga de mi madre, supongo que deseaba estar a su lado en este gran evento – sonrió ligeramente.
La mujer de cabellos oscuros sonrió ligeramente ante las palabras de la menor, su vista se dirigió a la silueta de la persona que llegaba tras la misma, quien solo asintió al verle.
− Es bueno verle nuevamente joven Cor – sonriendo ligeramente al percatarse de lo que el mayor cargaba en brazos – veo que el príncipe termino rindiéndose durante el viaje.
− Es algo inevitable, Yuuri no está acostumbrado a viajar con demasiada frecuencia por lo cual termina aburriéndose y soñando – encogiéndose de hombros, mirando de reojo a su hermano menor.
− Los niños pequeños suelen tomar siestas, es algo normal para su crecimiento y el príncipe aún está en ese proceso aunque, un poco de ejercicio no le vendría mal.
Mary dibujo una sonrisa en su rostro, aun cuando le era algo incierto la forma en como Freya lograba ver su alrededor –ya que siempre mantenía cerrados sus ojos – no podía evitar sentir una extraña sensación de paz y cobijo, como si se tratara de un hogar que le esperaba con los brazos abiertos. Muchos siempre habían comentado que Freya era algo distante, frío incluso orgullosa pero, las pocas veces que le había tratado en persona, no encontraba las razones de aquellas descripciones.
− Mi madre cree que se encuentra dentro del peso normal para su edad – observando la silueta algo rechoncha de su hermano.
− Cuando crezca cambiara eso.
− Eso espero, no me imagino teniendo a un príncipe como pelota rodando por el castillo.
Una ligera risa se escuchó proveniente de Freya, tras la declaración de la más joven.
− Lo mejor es ir a palacio joven princesa – sugirió Freya – la princesa Yuko espera impacientemente la llegada del príncipe.
− Yuuri de igual forma, cuando supo que vendríamos a Altissia se alegró ya que podría verla.
− Entonces no hagamos que el encuentro se alargue… Por aquí – indicándole el camino que debían seguir.
− ¿Ya conocía a Yuko cuando niño?
− Si, la conocías, era tu mejor amiga o al menos eso solías decir cuando pequeño – riendo ligeramente.
− Por eso fue que se me hacía familiar.
− ¿Familiar? ¿Acaso la viste?
− Bueno es que… Siempre la había visto en fotos y noticias pero, cuando la vi en palacio, sentí esa sensación de familiaridad – aseguro – ahora veo que el motivo era porque ya lo conocía.
− No me dijiste que la viste Yuuri.
− Fueron escasos minutos, tropecé con ella sin querer – excusándose.
− La oráculo asistió al baile por pedido de la reina Anora, no es de sorprenderse que Yuuri la llegase a ver, era una posibilidad Mary – argumento Adalberto al ver nerviosismo del azabache.
− Lo sé, pero pudo habernos dicho… Aunque han pasado tantos años desde que tuvimos alguna comunicación con Freya que quizás Yuko ni le reconoció.
− ¿Reconocerme? –Pregunto Intrigado – ¿Dejaron de verla?
− Tras el ataque y tomar la decisión de protegerte, nos desligamos totalmente de Altissia, ya que sería el primer lugar donde Demian buscaría información en caso de que se enterara de que estábamos vivos.
− Si la conocía, ¿Por qué no lo recordaba?
− …
− ¿Mary?
− La razón del por qué… Es justamente nuestra estadía en Altissia.
El auto se detuvo frente al enorme castillo, las puertas emitieron un sonido hueco al abrirse, el auto emprendió su camino, por la ventana se apreciaban los hermosos arbustos así como las diferentes flores que adornaban el lugar. Mary aun con aquel bello paisaje no podía evitar sentirse inquieta, olvidar aquel mal presentimiento que aún le recorría cada parte de su alma, ¿que había querido decir su padre con aquellas palabras? ¿Por qué sonaban como una triste despedida?
Apretó con fuerza la tela de su vestido hasta que, una cálida mano se posó sobre el dorso de la misma, haciéndole girar su cabeza para encontrarse con el rostro de la mayor.
− ¿Sucede algo princesa?
− No, nada − respondió.
− ¿Segura de ello?
− Lo estoy Lady Freya, solo es el cansancio del viaje.
Freya guardo silencio, retirando su mano de la contraria, sabía que la princesa tenia miles de cosas en las que pensar, sobre todo por la situación actual que vivía su reino por lo cual, decidió terminar el tema y no volver a preguntar.
Tras unos cuantos minutos donde el silencio se instaló en el ambiente, el auto redujo la velocidad hasta que finalmente se detuvo frente a las enormes puertas color blancas del palacio. El chofer bajo rápidamente del auto, abriendo la puerta para que Mary seguida de Freya, abandonaran el mismo, por su parte, Cor bajaba por el lado contrario llevando a un adormilado Yuuri entre sus brazos.
− Veo que aún no se despierta – indico Mary al ver a su hermano sobre el hombro del mayor.
− Ya despertara princesa por ahora, debemos entrar a palacio, la princesa Yuko nos espera – dando la vuelta para comenzar a subir los escalones.
− Cor – le llamo.
− No se preocupe princesa, iré tras de usted.
Mary asintió levemente y comenzó a seguir a Freya.
El interior del palacio era tal como lo recordaba, un blanco inmaculado adornaba sus paredes, cuadros de bellos paisajes adornaban las paredes, esculturas de diferentes figuras se encontraban en los diferentes puntos que su vista lograba alcanzar, en el centro del techo, un hermoso candelabro de cristal se encontraba colgado, emitiendo pequeños destellos de luz que se filtraban por el enorme ventanal ubicado a varios metros por encima del mismo. El suelo se encontraba tapizado con losetas brillantes que formaban entre sí, la figura del rey de los sidéreos.
− Bahamut –susurro mientras admiraba el suelo.
− Me alegra saber que reconoce su nombre princesa – hablo Freya a poco menos de un metro frente suyo.
− Por supuesto que lo reconozco, aquellos que profesan la fe sobre los sidéreos conocen cada uno de sus nombres… Los Katsuki siempre han creído en su poder y les han sido fieles desde tiempos inmemoriales.
− La reina debe estar orgullosa de cuan inteligente es su hija.
No contesto ante aquella declaración, simplemente sonrió por el pequeño destello de orgullo que se instalaba en su pecho.
Ambas se detuvieron una vez estuvieron a los pies de la enorme escalinata que estaba en el fondo del lugar, donde dos mujeres ataviadas con antiguas túnicas les observaban, sirviendo como escoltas de la pequeña niña que estaba en medio de ambas.
− Princesa Yuko – Freya hizo una suave reverencia.
− Es un placer volver a verla Princesa Yuko – Maru imito el gesto de la mayor.
− No – negó con su cabeza – el gusto es mío, princesa Mary.
Ambas se sonrieron cuando sus ojos enfocaron el rostro de la contraria.
− ¿Y el príncipe Yuri? – pregunto con algo de emoción.
− Me temo que se quedó dormido durante el trayecto – la voz de Cor les hizo girar ligeramente sus cabezas – despertara en unas horas – bajando la mirada para ver al pequeño príncipe que dormía entre sus brazos.
− Yu−chan siempre tan dormilón – dejando escapar una pequeña risa, la cual fue reprendida por las mujeres al aclararse la voz.
− Princesa Mary – hablo una de las mujeres a lado de Yuko − ¿le gustaría descansar un poco? Hemos preparado una habitación para su uso. Personal.
− Tomare la palabra, el viaje ha sido largo y tanto mi hermano como yo debemos descansar – indico – Princesa Yuko debo retirarme.
− Espero que su estancia en palacio sea de su agrado Princesa.
−Siempre lo es – resalto con una sonrisa – Con su permiso, me retiro – haciendo una reverencia – Cor – le llamo quien solo asintió.
− Síganme – la misma mujer hablo nuevamente, girándose sobre sus pies para comenzar a subir la escalinata.
Una última mirada entre ambas princesas y comenzaron a seguir a la joven mujer, quien los dirigió al ala oeste del castillo, donde dos habitaciones los esperaban.
Abrió lentamente sus ojos, los rayos del sol hacia mucho que se habían apagado, con pesar se levantó de su lecho, recorrió la enorme habitación con la mirada encontrándose con su pequeño hermano, viendo el cielo estrellado desde la ventana del lugar. Se desperezo, estirando sus huesos, sintiendo como cada uno de ellos se resentían por la acción. Bajo de la cama para acercarse a su hermano, quien le devolvió la mirada y una suave sonrisa al sentir los brazos de la mayor rodearle.
− Pensé que seguirías durmiendo, oso panda.
− No soy un oso – contesto con un puchero.
− Lo eres, te duermes por horas y solo despiertas por comida… Eres un oso dormilón.
− ¡No es cierto!
− Vale, Vale… ¿Qué hacías mientras dormía?
− Solo miraba el cielo, en casa es muy extraño que se pueda ver un cielo tan estrellado como aquí.
Mary asintió ante la declaración. En Hasetsu el cielo siempre estaba cubierto por enorme nubes oscuras, muy pocas veces el cielo se despejaba para poder contemplar el manto estrellado, todo gracias a los cadentes que gracias a su aura oscura y destructiva, hacían que el clima siempre fuera nublado, por mucho que el sol saliera.
− ¿Encontraste alguna estrella que te guste?
− ¡Todas me gustan! – elevando ambos brazos al cielo.
− Ya veo – riendo por la acción del menor.
− ¿A ti te gusta alguna?
− Pues…− llevándose el dedo índice hacia su mentón – todas las estrellas que brillan en el cielo son de mi gusto pero…la estrella que más me gusta y me importa no se encuentra entre ellas.
− ¿No? ¿Y cuál es? – pregunto con curiosidad.
− ¿Quieres saber?
− ¡Sí! ¡Sí!
− Mi estrellas más importante, la que más me gusta… Es un niño regordete, dormilón y que siempre me molesta.
Yuuri parpadeo un par de veces antes de sonreír ampliamente al descubrir de quien se trataba. Abrazo con fuerza el cuerpo de su hermana menor.
− Yuuri – llevando su mano hacia su cabeza para acariciarla.
Un sonido proveniente de la puerta les hizo separarse ligeramente.
− ¡Adelante!
La puerta se abrió, dejando pasar a una joven de no más de dieciséis años, vestida con el traje de la servidumbre de Altissia.
− Princesa Mary – le hizo una suave reverencia – La cena esta por servirse, la princesa Yuko y los demás bajaran en seguida, por lo cual esperaran su llegada en el comedor principal.
− ¿La cena? – Llevando su vista hacia el pequeño reloj sobre la mesita de noche – No me había dado cuenta que dormimos tanto – percatándose que el mismo marcaba casi las siete de la noche.
− Puedo prepararles el baño si gusta – sugirió con amabilidad.
− Por favor.
La joven asintió, encaminándose hacia el cuarto de baño que poseía la habitación.
− ¿Quieres bañarte conmigo o prefieres que la joven te bañe? – le pregunto a su hermano, bajando su vista para ver su rostro.
− Me baño contigo – ocultando su rostro entre las ropas de su hermana.
− De acuerdo.
Levantándose de su lugar para caminar hacia el mueble donde sus pertenencias habían sido ordenadas, y se dispuso a sacar la ropa que debían usar. La joven sirvienta salió del baño para indicarles que ya estaba listo, parpadeando un par de veces por la sorpresa.
− Princesa, no se preocupe, yo puedo encargarme de su vestimenta – índico con preocupación.
− No te preocupes, puedo hacerlo – contesto sin regresar a verle.
− ¿Está segura?
− Claro que si, seré de la realeza pero no siempre dependeré de los empleados de palacio – dejando la ropa sobre la cama − ¿está listo el baño?
− Puede usarlo en cuanto usted lo requiera.
− Muchas gracias – sonrió – Yuuri, es hora del baño.
− ¡Sí! – salió corriendo hacia el baño.
− ¡Yuuri! – le llamo pero su hermano ya había entrado al cuarto de baño – este niño… Puedes retirarte – le ordeno a la sirvienta – enseguida bajamos para tomar la cena.
− Como diga princesa.
La sirvienta hizo una reverencia y salió de la habitación por su parte, Mary terminaba de acomodar todo sobre la cama para encaminarse al cuarto de baño segundos después.
La cena había transcurrido con calma, el aroma de suaves rosas que adornaban el enorme comedor embriagaba el ambiente, las copas de vino y vasos de jugo tintineaban cada que eran colocados nuevamente sobre la mesa, las risas de los presentes se escuchaban cada que uno de ellos contaba alguna anécdota divertida. Aquella escena era algo que le recordaba a la joven princesa su tierra natal, pero por sobre todo, a sus padres. Cerró sus ojos un momento, para tratar de ocultar el mal estar que aun le seguía perturbando más, al percibir la intensa mirada de un tercero se vio obligada a volver a abrirlos.
− ¿Le sucede algo princesa? – nuevamente Freya volvía a hacerle la misma pregunta.
− Lo estoy, solo… me excedí un poco con la cena.
− Ya veo, ¿no está acostumbrada?
− Siempre mido mi alimentación, aunque… − mirando de reojo a su hermano quien estaba degustando su tercera copa de mantecado – no todos lo hacen.
− Aun es pequeño, comenzara a comer sanamente cuando sea mayor.
− Debería hacerlo ahora, cuando crezca será una bolita de carne viviente y no querrá salir de palacio por la pena.
− Aun es un niño, creo que… Lo mejor es que disfrute su niñez, cuando crezca ya no podrá tener ese lujo.
− ¿Por qué lo dice?
Freya cayo unos momentos antes de retomar la palabra.
− Cuando sea rey le será imposible salir de la oficina.
− Tienes razón, es la tradición… Solo un varón puede ascender al trono – mirando con cariño a su hermano menor.
− Princesa Mary.
La voz de la pequeña Yuko interrumpió momentáneamente la conversación.
− ¿Dígame Princesa Yuko?
− Mañana temprano Iremos a patinar un rato, ¿puede venir Yuuri con nosotros?
− ¿Patinar?
− Mary ¿puedo ir? – pregunto Yuuri al escuchar la propuesta de la menor.
− Bueno…
− No se preocupe princesa Mary, yo iré con ellos y me asegurare que estén bien – intervino Freya al percatarse de la preocupación de la más joven.
− Si es así, no veo por qué no puedas ir.
− ¡Sí!
− ¡Qué bien, Nishigori estará feliz de verte! – expreso Yuko con alegría.
−¿Nishigori? – el rostro del menor se ensombreció.
¿Qué pasa Yuuri?
− Nada – le contesto a su hermana.
Mary frunció ligeramente el ceño, dirigiendo su vista hacia el rostro de Freya.
− Cosa de niños – encogiéndose de hombros.
− Supongo – secundo – Bien, es hora de que nos retiremos, ya es algo tarde y Yuuri debe dormir si quiere levantarse temprano.
Se levanto con calma de su asiento, Yuuri le imito segundos después tomando su mano. Una reverencia hacia los presentes y ambos comenzaron a alejarse del lugar.
−¡Mami, mañana iré a patinar! – dijo emocionado.
La reina solo reía mientras observaba el rostro de su pequeño a través de la imagen. Gracias a las video llamadas holográficas podía visualizar a su pequeño como si estuviera en aquel sitio, a su lado en aquella amplia cama. Mary por su parte terminaba de cepillar su cabello mientras escuchaba los gritos emocionados de su hermano menor.
− Ya veo, ¿iras con la pequeña Yuko? – pregunto la reina.
− Si, Freya nos acompañara.
− Señorita Freya – corrigió su hermana – debes recordar los modales – sentándose a su lado.
− …− Yuuri inflo sus mejillas en un puchero.
− No hagas esa cara o te pondrás feo – tocándole en medio de sus cejas con uno de sus dedos.
− ¡No estoy feo! – Exclamo − ¿verdad que no mami?
−Claro que no, eres el príncipe más bonito en este mundo.
− ¿Ya ves? – sacándole la lengua.
Mary solo rodo los ojos por aquella actitud infantil de su hermano.
− Deberías entrar en la cama y dormir.
− No… tengo seño – soltando un largo bostezo – quiero seguir viendo a mama.
− Debes ir a dormir mi amor, mañana hablaremos, te lo prometo.
− ¿lo prometes?
− Lo prometo – aseguro.
Yuuri sonrió ampliamente, metiéndose bajo las enormes sabanas, sintiendo como sus parpados comenzaban a cerrarse.
− Mami.
− ¿Qué sucede cariño?
− ¿Cuándo volveremos a casa?
La reina cayó por unos segundos, dibujando una suave sonrisa tras aquel inusual silencio.
− Pronto, por ahora debes descansar, hablaremos mañana.
− Si… Te quiero.
− Yo también.
Mary contemplo el rostro de su hermano menor, percibiendo como su respiración comenzaba a volverse lenta y regular, asegurándole que este ya había caído en los brazos de Morfeo.
− Madre – le llamo.
− ¿Dime?
− ¿Todo está bien con papá?
− Claro, ¿Por qué preguntas eso?
− No lo sé – contesto, preguntándose si debía exponerle a su madre sus inquietudes – es solo que…
− ¿Solo que...?
− Papá parecía que estaba despidiéndose… Como si no volveríamos a verle.
− Tu padre solo está algo nervioso e inquieto por las negociaciones, es un evento de suma importancia que cambiara no solo la vida del reino, sino del mundo entero.
− Lo sé y lo entiendo pero…
− Pero crees que hay algo mas, ¿no es así?
Asintió ligeramente.
− No te preocupes – sonriéndole ligeramente – cuando todo termine, volveremos a vernos en casa.
− ¿Lo prometes?
− Lo prometo – aseguro con determinación.
− De acuerdo.
− Ahora debes ir a dormir, ya es tarde y estoy segura que Yuuri no te dejara dormir más de lo necesario si despierta emocionado.
Mary rodo los ojos, acomodándose dentro de las sabanas, a lado de su hermano menor.
−Buenas noches mis angelitos.
− Buenas noches Mamá, saluda a papá de nuestra parte.
− Lo hare, que descansen.
Una última sonrisa fue lo que sus ojos percibieron y el holograma desapareció. Aplaudió una vez y las luces se apagaron, solo la tenue luz de la lámpara sobre la mesita alumbraba el lugar, sus parpados cada vez se volvían pesados, hasta que finalmente, acompaño a su hermano menor hacia el reino de los sueños, mientras el reloj sobre la mesita marcaba las diez en punto.
− Esa fue… − trago con dificultad – ¿Fue la última vez que le vimos?
− Así es, fue la última conversación que tuvimos antes de que...
− ¿Esa noche fue cuando…?
− Si, esa noche fue cuando atacaron el castillo.
− ¿Lo supieron esa misma noche?
− No, no… No supimos nada de ello hasta la mañana siguiente, de hecho, todo transcurrió como cualquier día.
− Es imposible, los reyes murieron…
− Pero lo fue… La mañana transcurrió con normalidad, te deje ir con Freya quien te llevo hacia la pequeña pista que el castillo tenia al aire libre.
− ¿Una pista de hielo al aire libre? ¿Eso es posible siquiera? – pregunto con incredulidad.
− La Sidéreo de los etéreos mora y vela por Altissia, así que su clima es algo frio durante todo el año, a comparación de Nueva Hasetsu o Nueva Crisis, donde el clima cambia con cada estación del año.
− Oh, entiendo.
− Como iba diciendo, mientras tú te divertías a lado de Yuko y Nishigori yo me dispuse a leer un par de minutos en la biblioteca.
− ¿Te encantaba leer?
− Aun lo hago.
− Nunca te he visto leer algún libro.
− No soy de novelas rosa, suelo leer pergaminos antiguos, leyendas o mitos que pudiesen servir al entronado, la creencia de los sidéreos…
− Esta bien, ya entendí, te gusta lo viejo y antiguo.
Mary solo sonrió.
− Después de eso ¿Qué paso? ¿Cómo supimos de lo que ocurrió en nuestro reino?
− Aquel día…
Cientos de libros se encontraban a en fila frente de su persona, pergaminos cuyo rollo el tiempo había vuelto de color amarillo se encontraban a su lado. Sacerdotisas iban y venían en el lugar, llevando consigo documentos y viejos libros sobre sus manos, custodiando la información que estos poseían. Mary las había visto en cuantiosas ocasiones, en nacimientos, bodas o incluso en funerales, siendo las que oraban y presidian las ceremonias oficiales. Jóvenes, mujeres adultas e incluso de edad avanzada, pertenecían a la orden.
La jerarquía de las mismas era de conocimiento público, el oráculo era la líder de todas ellas, independientemente de su lugar de asentamiento, visitando cada rincón del mundo –incluso nueva crisis− para verificar que cada orden estuviera cumpliendo su labor, de ella seguían las divinas o mejor conocidas como sacerdotisas superiores, mujeres entre treinta a cuarenta años de edad, se le conocían como divinas puesto que la oráculo y los sidéreos las habían escogido para liderar cada orden asentada en cada estado del mundo, las ultimas en la cadena eran las sacerdotisas comunes, que usualmente eran jóvenes entre veinte y treinta años.
Sus ojos dejaron las letras de los escritos para concentrarse sobre las siluetas de las sacerdotisas, sus largos cabellos estaban peinados en trenzas, agarrados en forma de corona alrededor de su cabeza. En sus frentes se podían apreciar delgadas tiaras –parecidas a cadenas− con figuras de pequeñas esferas y en el centro se encontraba el símbolo del oráculo, una figura parecida a una lagrima pero hecha de varias líneas entrelazadas entre sí. Su vestimenta consistía en un largo vestido que llegaba hasta sus pies así como largas mangas que llegaban hasta sus muñecas, el color blanco marfil era su distintivo. La diferencia entre las sacerdotisas comunes –como las que caminaban a su alrededor− y las superiores en cuanto vestimenta, eran que ellas llevaban el cabello suelto, su vestido poseía una capucha del mismo color del vestido que cubría parte de su cabeza y un hermoso collar con el símbolo de la oráculo pendía de su cuello.
Mientras las observaba caminar de un lugar a otro, Mary siempre se había preguntado, ¿qué papel ejercía Freya en Altissia?, puesto que ella no vestía, actuaba ni adoraba a los sidéreos como las sacerdotisas, incluso las mismas hasta las divinas le hacían reverencia como si se tratara de la misma oráculo, siempre que le había pedido información a su madre le contestaba que Freya era alguien importante para el oráculo, fuera de ahí… No conocía nada más.
Si bien el ambiente cerrado e inflexible con la que la mayoría de ellas se manejaban –en cuanto a seguir las enseñanzas de los viejos dioses−, el vasto conocimiento que poseían referente al pasado de su mundo, la voluntad de los dioses, a guerra que Vivian y el poder que la misma oráculo poseía, eran suficientes para alimentar su curiosidad y acatar las reglas que imponían a quien entrara en aquella vieja biblioteca.
− "pues su gracia habría de elegir al Entronado por cuya mano alcanzaría el mundo la salvación" – susurro.
− Veo que la leyenda del Entronado capto su atención princesa.
Mary levanto su vista hacia el lugar donde se escucho la voz, encontrándose con el rostro de Freya.
− Es una leyenda de conocimiento popular.
− Ciertamente, pero la mayoría solo conoce parte de la leyenda, no cualquiera tiene acceso al libro de Cosmogonía, se le permitió leerlo porque usted pertenece a la realeza de los Katsuki cuyo legado esta estrictamente ligado a esa leyenda.
− Lo sé, algo me comento mi padre alguna vez.
Cerró el libro al escucharla hablar, dejando ver la portada de aquel viejo libro, donde la palabra "COSMOGONIA" resaltaba en enormes letras doradas.
− ¿Y Yuuri?
− Esta con la princesa Yuko y el pequeño Nishigori, la sacerdotisa Abigail les está cuidando – aseguro, jalando una de las sillas para sentarse frente a la princesa – Vine a cerciorarme que estuviese bien.
− Estoy muy bien, las sacerdotisas me permiten leer sin negarse, siempre y cuando no interrumpa sus labores.
− Lamento que las reglas de la orden sean tan estrictas pero, son reglas impuestas por los viejos dioses, el conocimiento es algo bendito que puede causar la evolución en nuestro mundo pero, a la vez puede llevarlo a su perdición en caso de caer en manos incorrectas.
− Hablas como si algo así ya hubiese pasado antes – inclino su cabeza al ver como la mayor bajaba un poco su cabeza.
− No… Es solo algo lógico princesa – se relamió los labios antes de sonreírle – pero, dígame ¿encontró algo interesante en el libro?
− Si, hay muchas cosas que mi padre jamás me conto, solo me había dicho que de nuestra familia algún día nacería el elegido, el entronado, quien terminaría con la oscuridad y los cadentes pero… El libro es más…
− ¿Es más?
− Complejo.
− ¿Por qué lo dice?
− Ya que habla de los Sidéreos, lo que representan, el pacto dado con el oráculo, el poder que le dio a nuestra familia y lo que este hará cuando llegue el elegido pero… No dice nada de cómo lo lograra o que debe hacer el mismo.
− Solo el destino está marcado, pero no la senda que te llevara a él – dijo con una breve sonrisa – Creo que es momento de tomar un receso de la lectura, el príncipe Yuuri querrá verla.
− Tienes razón.
Ambas se levantaron de sus respectivos asientos, Freya tomo el libro entre sus manos, entregándoselo a una sacerdotisa de cabello oscuro y ojos marrones. Le dedicaron una última sonrisa y emprendieron su camino fuera de la biblioteca.
El viento helado del exterior golpeo su piel una vez salió fuera del castillo, el roció aún se podía percibir sobre las flores, el trinar de las aves captaron su atención, dejándole ver un hermoso cielo azul. Los gritos de tres menores le hicieron parpadear un par de veces, arrugando el ceño al centrar su vista sobre la regordeta figura de su hermano menor, quien se deslizaba con torpeza por el hielo, mientras tanto la princesa Yuko le animaba a seguir desde su sitio.
Avanzaron los metros que le distanciaba de la enorme pista de hielo. Una suave sonrisa apareció en su rostro al ver a su hermanito patinar y reír sobre el hielo. Tomaron asiento, a lado de la pequeña mesa junto a la piscina, donde una canasta de pan, mermelada y tazas de chocolate les esperaban. Ambas dieron un sorbo a su taza de chocolate antes de seguir con su conversación.
− Lady Freya.
− ¿Si, Princesa?
− ¿Puedo hacerle una pregunta?
− Por supuesto, si poseo la información que busca con gusto se la proporcionare, ¿que desea saber?
− Hace un tiempo escuche sin querer una conversación entre mis padres, respecto a cierto compromiso.
− ¿Compromiso?
− Yuuri y Yuko... Ellos...
− Oh, se trata de eso − dejando su tasa sobre la mesa − Ciertamente la reina Alicia ha discutido el tema con los reyes Katsuki, aun no es nada oficial puesto que desean observar el desarrollo de las negociaciones, en caso de ser fructíferas no necesitaran del mismo.
− Pero, ¿por qué ahora? ¿Qué beneficio tendrán? Yuuri aun es muy pequeño al igual que Yuko, no creo que sea justo imponerles algo así.
− Aun no está decidido, ellos creen que una alianza más que hecha con amistad podría ser útil, ambos reinos se volverían uno, así tendrían oportunidades a un mayores de terminar con la guerra.
Mary bajo ligeramente su cabeza.
− No se preocupe princesa, todo saldrá bien, su padre hora lo que sea para que las negociaciones se realicen.
− Lo sé − soltando un suspiro − si tan solo hubiese sido un niño, Yuuri no tendría que cargar con todo esto − regresando a ver a su pequeño hermano.
− ¿Compromiso? − pregunto con incredulidad.
− Solo fueron pláticas que sostuvieron pero si, así como lo escuchaste, si las negociaciones no hubiesen concluido en buenos términos y nuestros padres no hubiesen muerto esa noche... Ahora mismo estarías casado con Yuko.
Yuuri abrió sus ojos a su máxima expresión, ya que nunca se había imaginado estando casado mucho menos con alguien como el oráculo.
− ¿Y quién sabe? Quizás en este instante estarías anunciando el nacimiento de tu primogénito −secundo Adalberto en forma de burla.
− No ayudes – dijo entre dientes el moreno, negando con su cabeza para alejar las imágenes que se había imaginado por el simple hecho de insinuar aquel compromiso inexistente – Supongo que Freya y tu siguieron conversando.
Mary dejo escapar una pequeña risa al percatarse que su hermano trataba de cambiar de tema por la incomodidad.
− Si, seguimos hablando de otros temas.
Freya dirigió su vista hacia el pequeño príncipe, soltando un largo suspiro por aquel incomodo tema. Paso saliva, dibujo una sonrisa y volteo a ver a la princesa.
− El rey regis, ¿le conto alguna vez a cerca de la reina Aysha?
− ¿Aysha? − girando su cabeza para enfocar el rostro de la mayor − Si, se que fue una reina muy poderosa de los Katsuki.
− Fue la única mujer capaz de controlar el cristal.
− Pero eso sucedió porque no tuvo más hermanos.
− Así es, aunque tuvo primos varones que pudieron ocupar el lugar.
−...
− Aysha fue escogida por el cristal al cumplir los dieciocho años, no porque fuera mujer, no porque no hubiese habido alguien más, sino porque ella tenía la fuerza que el cristal demandaba.
− ¿Qué significa eso?
− Ser hombre o mujer no significa nada, si tu destino es ser rey o reina... Lo serás.
− Lady Freya.
− Yuuri es el próximo rey, no por ser Varón, sino porque el cristal así lo demando... Princesa − tomando su mano− reina o no, usted será un pilar muy importante para el príncipe, sin usted, el no podrá cumplir su destino.
− ¿Como cual?
− Proteger al mundo.
−...
− Como todos los Katsuki a través del tiempo lo han hecho − termino de explicar.
− Gracias, Lady Freya − sonrió ligeramente.
− Por nada.
Ambas se sonrieron por unos segundos.
− Lady Freya.
Ambas giraron su rostro, encontrándose con una joven de la servidumbre que, por la expresión de sorpresa y miedo que reflejaba su rostro, lo que fuera que viniese a decir, no era nada agradable.
− ¿Sucede algo? − pregunto con preocupación.
− Necesito hablar con usted urgentemente − mirando de reojo a la princesa − en privado.
− Por supuesto – asintió con su cabeza− princesa, en un momento regreso, si necesita algo comuníqueselo a la doncella.
− Lo hare.
− Me retiro entonces.
Se levantó de su asiento y se alejó del lugar a lado de la doncella.
− ¡Mary, mira!
Su hermano menor trataba de hacer un salto sobre el hielo, logrando caer sentado sobre del mismo. Observo como Yuuko se acercaba al pequeño y le ayudaba a levantarse.
− No te preocupes Yuuri, lo lograras – indico Yuuko.
− Con ese cuerpo, lo único que va a lograr es romper el hielo – contradijo Nishigōri quien bromeo acerca del peso del menor.
− ¡Cállate!
− Nishigōri, no pelees con Yuuri – pidió la princesa, arrugando el ceño.
− ¡Gordo, Gordo!
− ¡No lo estoy! – Levantándose con dificultad del suelo, para írsele encima al mayor.
− ¡Oigan! – les grito Yuuko, viendo como ambos caían al suelo y rodaban por el mismo.
Mary solo atino a soltar un suspiro por la escena que presenciaba, Yuko trataba en vano de separarlos y cuando al fin lo logro, Nishigōri le hizo un gesto con la lengua antes de deslizarse por el hielo, siendo seguido por Yuuri y la princesa entre gritos.
− A veces olvido lo infantiles que pueden llegar a ser ese par de tontos – negó con su cabeza.
− Princesa Mary.
− …− Giro su cabeza para encontrarse nuevamente con la doncella que minutos antes había pedido hablar con Freya.
− Lady Freya solicita su presencia en la sala principal… Es importante que acuda inmediatamente.
− ¿Sucede algo?
− Me temo que no tengo esa información princesa.
− De acuerdo, no le hagamos esperar − levantándose de su lugar − ¿podrías quedarte con ellos? − girando un poco su cabeza para enfocar a su hermano.
− Por supuesto princesa, yo me encargare de todo... Mi compañera la espera en la puerta para llevarla con Lady Freya.
− Gracias.
Le dedico una última mirada a su hermano y dio media vuelta, dirigiéndose hacia le entrada del castillo.
Las puertas de la sala principal se abrieron ante ella, las paredes mantenían aquel blanco inmaculado, cuadros de paisajes lejanos colgaban de las mismas, hermosos sofás de terciopelo se encontraban en el centro, del techo colgaba un pequeño candelabro de cristal con bordes dorados y plateados, que formaban una hermosa rosa. Alrededor de se encontraban dos estanterías con viejos libros de poesía, economía, derechos civiles y geografía, mientras que a unos cuantos metros frente al soga, se encontraba una enorme televisión de plasma.
Freya se encontraba sentada en el sofá de enfrente, mientras dos jóvenes sacerdotisas se encontraban a cada lado del mismo, como si se encontraran custodiando a la mayor. Una vez Freya se percato de su presencia en la sala, hizo un ademan con su mano derecha, indicándole que podía pasar.
− Cierren la puerta por favor, que nadie entre a menos que lo indique − le susurro a una de las sacerdotisas.
− En seguida mi señora.
Mary solo giro su cabeza para ver como la sacerdotisa acataba la orden.
− Princesa Mary por favor, acérquese.
− ¿Sucede algo malo?
− Es un tema delicado así que, tome asiento − palmeando la superficie del sofá a lado suyo.
Asintió y tomo asiento.
− No sé cómo decir esto...
− Lady Freya, ¿qué sucede?
− Como sabe el día de hoy se iban a realizar las negociaciones en Nueva Hasetsu.
− Si, padre estuvo todo este tiempo preparando el castillo para la ocasión.
− Pero... Me temo que eso... No podrá ser.
− ¿De qué habla?
− En la madrugada del día de hoy... Hubo un problema dentro de la ciudadela y el castillo.
− ¿Un problema?
− No saben quien lo cometió pero...
− Lady Freya, ¿podría decirme que sucede?
Freya respiro profundamente, se relamió los labios y continúo.
− Hubo un ataque.
− ¿Ataque?
− Al parecer un golpe de estado... O eso quiere creer...
− ¿Golpe de estado? ¿De qué habla?
− Parte de la ciudadanía de Nueva Hasetsu se alzo en contra del rey, no saben porque medios lograron derribar las puertas de la ciudadela, entraron al castillo, los guardas trataron de repeler el ataque pero... Hay muchos heridos.
La respiración de Mary comenzó a agitarse por la noticia, las lágrimas comenzaron a acumularse, amenazando con caer en cualquier minuto.
− Y... ¿Mis padres? – Pregunto en un susurro − ¿ellos están bien?
Freya guardo silencio y bajo la cabeza.
− La guarda personal del rey hizo lo que pudo para detener el ataque pero... Llegaron hasta la sala del trono.
− No es posible...− trago con fuerza− Mi padre puede protegerse, el anillo...
− El poder del rey había mermado a través de los años, tu padre uso la mayoría de su poder para contrarrestar el avance de la guerra... Así que se encontraba muy debilitado.
− ¿Que me estas tratando de decir?
− El rey y la reina... Ellos...
− No... No me dirás que mis padres...
− Lo lamento tanta princesa.
− ¡No!
− Princesa – la tomo de los brazos para tranquilizarla− Tranquilícese por favor.
−¡No! – Se levanto de su asiento, dejando que las lagrimas cayeran por sus mejillas − ¡Ellos no están muertos!
− Desearía que fuera una mentira.
− No es verdad, ellos están vivos, están esperándonos.
− Princesa.
− No, no es verdad... Tiene que ser una broma.
Apretó con fuerza la tela de su vestido, giro su rostro hasta enfocar a la sacerdotisa a su lado izquierdo, asintió con su cabeza y la joven encendió la televisión, donde las noticias comenzaban a emitirse.
"Todo el reino está conmocionado por el ataque que aconteció en la madrugada, el castillo fue saltado por un tumulto de personas enfurecidas por las negociaciones que se llevarían acabo en la noche del día de hoy, Varias partes del castillo así como sus alrededores se encuentran destruidos y derrumbados, las perdidas aun no han sido estimadas.
Hay miles de heridos dentro y fuera del lugar, incontables muertos están siendo identificados en estos momentos.
Pero de todas las perdidas sin duda, la que más nos conmociono e hirió profundamente, fue el asesinato de toda la familia real, los cuerpos sin vida el rey regis y su esposa, la reina Hiroko, fueron hallados esta mañana en la alcoba real.
Los jóvenes príncipes, la princesa Mary y su hermano, el príncipe Yuuri, murieron calcinados cuando las alcobas que ocupaban se vieron envueltas por un incendio provocado por el tumulto.
Sin duda, hoy ha sido un día oscuro para nuestro reino... En otras noticias el rey Nikiforov…"
El ruido desapareció por completo, su vista comenzó a volverse borrosa, cayo de rodillas al suelo por la conmoción, las lágrimas que había estado reteniendo comenzaron a caer por sus mejillas, su respiración se agito con más fuerza, llevo su mano derecha hacia su pecho, donde apretó con fuerza la tela de su vestido, tratando con aquel acto que el aire llegase de manera correcta hacia sus pulmones.
− Princesa – escucho el llamado de Freya como un lejano susurro.
Sintió las cálidas manos de la mayor sobre sus hombros, levanto con esfuerzos su rostro que ahora se encontraba bañado en lágrimas. Freya la observaba con tristeza y desolación, un sentimiento que ahora embargaba la sala, leves gemidos comenzaron a salir de su garganta, productos por el llanto y el dolor.
− Princesa, debe ser fuerte.
− No, no puede ser – contesto en un murmullo – mis padres no pueden estar muertos, ellos… Quizás escaparon, quizás las noticias están mal, ellos…
− Están muertos, princesa.
Una voz grave y gruesa le contesto, una voz que concia perfectamente, se giró sobre su lugar, abriendo sus ojos a su máxima expresión cuando reconoció a la persona que se encontraba a menos de dos metros de ambas.
− ¿Adalberto?
El nombrado bajo la mirada. Su cuerpo estaba vendado, múltiples heridas se podían notar en su piel, cortes profundos aún se mantenían en su rostro, una venda envolvía su cabeza y su brazo izquierdo se encontraba suspendido a la altura de su corazón con una tela sujeta a su cuello. Observo como respiro profundamente antes de volver a levantar la cabeza y encararla.
− ¿Qué haces aquí? ¿Cómo fue que…? ¿Qué sucedió con mis padres?
− Fue una trampa – aseguro apretando con fuerza su mano sana hasta volverla un puño – Las negociaciones siempre lo fueron.
− Adalberto – hablo Freya, levantándose de su sitio – ¿No estarás insinuando que…?
− El rey Nikiforov siempre estuvo detrás de esto.
− Entonces, ¿él fue quien…?
− El rey Nikiforov planeo este golpe de estado, uso las negociaciones como una tapadera… Demian Nikiforov fue quien mato al rey Regis y a la reina Hiroko.
Su cabeza comenzó a dar vueltas, el sonido comenzó a perder sentido, sintió como poco a poco caí y un par de brazos la sujetaban antes de caer al suelo… Lo último que Mary escucho fue la voz de Adalberto y Freya llamándole.
つづく/ Continuara...
Al fin después de mucho tiempo actualice, el próximo lo relatara Adalberto… Creo que es obvio. Agradezco a esas personitas que todo el tiempo dejan sus hermosos comentarios, ustedes son quien me dan ánimo para seguir. Tratare de actualizar en este mes, pero mis múltiples actividades a veces me lo impiden.
Nos vemos.
