Capítulo 10. El shinigami enamorado del sonido celestial.
A partir de ese extraño suceso, los días se sucedieron con aparente calma, aunque la actividad de esos hollows pareció incrementarse, ya que Ichigo y Rukia, comenzaron a ausentarse continuamente de las clases. No parecía tomarles mucho tiempo ya que regresaban a la escuela con relativa rapidez. Los rumores que habían comenzado en la escuela en torno a que ambos estaban saliendo, continuaban y parecían empeorar.
No solo había escuchado decir a Keigo y Mizuiro que habían sorprendido a Ichigo y Rukia muchas veces en la azotea a la hora del receso, un hecho que en realidad no le molestaba, pues Ichigo había actuado exactamente igual con ella cuando llegó por primera vez; simplemente así era Ichigo. Lo que la incomodaba, la confundía y la hería profundamente era la forma en la que Mizuiro sugería que Ichigo y Rukia pasaban tanto tiempo juntos que ya incluso… habían dormido juntos.
Fue por entonces que Uryuu Ishida despertó un súbito interés en Ichigo. Amane lo había notado casi desde su primer día de clases, ya que al igual que ella, Ishida parecía disfrutar estar solo. Habían intercambiado algunas miradas y cruzado el saludo alguna vez, pero eso había sido todo. Por alguna razón, Ichigo estaba interesado en saber quién era y qué hacía, al grado de espiarlo durante la clase de costura a la que Inoue también asistía.
Ese mismo día, caminando hacia su casa, Amane observó a lo lejos que Ichigo conversaba justamente con Ishida. Le pareció extraño que no se encontrara en compañía de Rukia, aunque no era realmente una sorpresa. Todo en torno a ella y el mundo al que pertenecía era no sólo extraño sino increíble y sobrenatural. Desde donde estaba, se alcanzaba a escuchar la conversación y era evidente el abierto antagonismo entre ambos. Al parecer, Ichigo no sólo había estado espiando a Ishida durante la clase de costura; lo había estado siguiendo una parte del camino, algo que no pasó desapercibido para el chico de negro cabello.
- ¿Cuándo te diste cuenta? – preguntó Ichigo ligeramente sorprendido.
- Cuando me estuviste espiando desde puerta del salón con Inoue-san
- ¡Ohh! Bien, bien. Eso ya es algo – dijo Ichigo en tono burlón.
- Eso se debe a tu tonta habilidad para restringir tu poder espiritual. Hasta un mono lo sabría - dijo en tono despectivo.
- ¿Qué dijiste? – preguntó Ichigo molesto.
- Así eres tú. Parece que careces de la habilidad de percibir gente con una alta fortaleza espiritual. La prueba está en que no notaste mi existencia hasta hoy - aseveró con aire de superioridad.
- Es mi culpa. Soy el colmo recordando caras.
- No es eso - refutó Ishida. - Yo lo noté. Desde que entré a esta escuela noté que tu poder espiritual es inusualmente alto - aseguró. - Cómo, a mediados de mayo, adquiriste el poder de shinigami y la verdadera identidad de Kuchiki Rukia - dijo categórico.
Repentinamente aparecieron alrededor de Ishida emanaciones de energía con la forma de hilos o finos listones.
- ¿Qué se supone que es eso? – se preguntó Amane sorprendida.
- ¿Eso es…? – inquirió Ichigo con asombro.
- Sí, es reiraku, listones espirituales. Algo que comprime y proyecta las auras espirituales en la atmósfera - explicó. - Sólo los shinigamis de alto nivel pueden visualizarlos y solo ellos pueden tocarlos. Como shinigami deberías haber escuchado de eso - dijo en tono burlón. - Sin embargo, ¿sabías…? El color del reiraku de un shinigami es diferente. Es rojo - dijo mirando a Ichigo fijamente. - Yo soy un Quincy. Uno que tiene el poder de matar hollows. ¿No pelearás conmigo, Kurosaki Ichigo? Entre un shinigami como tú y un Quincy como yo, ¿quién superaría al otro? Te haré entender que los shinigami son innecesarios en este mundo - expresó con desprecio.
- ¿Una pelea… entre tú… y yo? - inquirió Ichigo desconcertado.
- Así es. En este mundo, los shinigami son innecesarios - afirmó con desdén.
- ¡Esto es… ridículo!
- ¿… qué dijiste? – espetó Ishida con molestia.
- ¿Yo competir contra ti? ¿Por qué tengo que hacer eso? ¡Suena estúpido! - respondió Ichigo con su característica sonrisa burlona.
- ¡Qué inesperado! ¿Saldrás corriendo? – dijo Ishida sarcástico.
- No lograrás provocarme. Solo estoy diciendo que no eres competencia para mí – dijo Ichigo dando media vuelta para irse.
- Si, ya veo. Ya recuerdo. Eres un shinigami cuyo poder te fue concedido por Kuchiki-san. En otras palabras, eres un shinigami temporal. Sin su permiso, no puedes siquiera mover un dedo – espetó Ishida en tono retador. Al escuchar esas palabras, Ichigo se detuvo.
- ¿Qué dijiste? Quincy…- inquirió Ichigo irritado, giró sobre sus talones y regresó hasta quedar frente a frente con Ishida. - De acuerdo. Démosle una oportunidad a esta competencia – dijo con arrogancia al tiempo que metía una mano al bolsillo de su camisa, llevó algo a su boca y casi de inmediato apareció en su forma de shinigami. Unos instantes después, su cuerpo cobró vida y se levantó.
- Kon, observa la competencia desde aquí. Obsérvame mientras muelo a este tipo contra el suelo – exclamó con petulancia. – Ahora, aprésurate y explica las reglas de esta pelea – dijo volviéndose hacia Ishida, quien sacó entonces algo del bolsillo de su camisa y lo sostuvo en la mano.
- Así que utilizarás a Kon para cuidar de tu cuerpo mientras te prestas a este absurdo juego - pensó Amane con cierta irritación.
- Comenzaremos la batalla con esto - exclamó Ishida.
- ¿Uhh? ¿Qué es eso? – preguntó Ichigo desconcertado.
- Un anzuelo de hollow. Si rompo y disperso esto, entonces los hollows se reunirán en esta ciudad. El que derrote la mayoría de los hollows reunidos dentro de 24 horas gana - explicó con altanería. - ¿Qué te parece? Simple y fácil entender las reglas.
- ¿Qué es eso? ¡Deja de hacer estupideces! ¿Estás tratando de exponer al peligro a la gente de la ciudad para beneficio de nuestra pelea? ¿Quién demonios piensas que eres? – espetó Ichigo furioso.
- ¡Guarda tu moral para ti! – respondió Ishida con sarcasmo y rompió el anzuelo. – Preocuparse por las demás personas es innecesario. Mataré a los hollows reunidos sin dejar un solo sobreviviente - aseveró con altanería. - Tú también, si tienes la confianza para proteger a las personas de los hollows... ¡deberías ser capaz de hacerte cargo de este desafío!
Repentinamente comenzó a sentirse algo denso y pesado en el aire. Amane empezó a sentir una fuerte y enrarecida presión de energía en todo su cuerpo. Fue cuando vio a Ishida empuñando un brillante arco de energía mientras disparaba una flecha. Siguió con la vista su trayectoria y entonces los vio. Esos monstruos o hollows que Ichigo había comentado otras veces con ella, emergían de una clase de abertura en el cielo. Eran simplemente enormes y horripilantes.
- ¡Por todos los cielos! ¿Qué... qué clase de criaturas son esas? - se preguntó completamente asustada.
En ese momento Ishida comenzó a disparar a uno, y a otro más, haciendo un conteo en voz alta. Ichigo enfurecido lo tomó por el cuello.
- ¿Qué con esa mirada, Kurosaki Ichigo? – dijo Ishida desafiante.
- Regresa todo a la normalidad. Lleva de regreso a los hollows – advirtió Ichigo en tono sombrío.
- No hables precipitadamente. ¿Lo viste, no? Lo que hice justo ahora - dijo inexpresivo. - Pronto los hollows atraídos por el anzuelo fluirán a esta ciudad. En lugar de sujetarte de mí, pienso que deberías correr. Si deseas proteger de los hollows a tanta gente como sea posible - expresó con sarcasmo.
- ¿Hollows? ¿Esos son... hollows? - pensó desencajada. - ¡Pero... son demasiados...! ¿Por qué... cómo puede haber tantos? - se preguntó mientras, inmóvil, con ojos desorbitados por el asombro y el pánico, observaba cómo decenas de monstruos continuaban apareciendo por la abertura.
- Bastardo… - escuchó decir a Ichigo.
- Y sé cuidadoso. Ya deberías saber a estas alturas que los hollows tienen una tendencia a preferir como blancos a los humanos con alto poder espiritual - concluyó Ishida con tono de superioridad.
- ¡Mierda…! - gritó Ichigo con exasperación iniciando una veloz carrera. Al escuchar ese grito, Amane reaccionó.
- Tengo... tengo que salir de aquí - pensó confundida cuando sintió que la presión sobre su cuerpo comenzaba a hacerse insoportable. Ichigo llegó al lugar donde se encontraba ella justo en el momento en que desapareció. Amane corrió sin detenerse y sin voltear atrás, tan rápido como sus piernas le permitieron hasta llegar a su casa prácticamente sin aliento. Esa presión era sofocante y los hollows comtinuaban apareciendo por todas partes.
- ¿Ishida un... Quincy? ¿Qué... qué se supone que significa eso? ¿Quién o qué se supone que es Ishida? – se preguntó confundida. - ¿Pero qué, por todos los cielos... qué es lo que ambos están tratando de hacer? ¿Cómo es posible que Ichigo se haya prestado tan fácilmente a algo tan absurdo y peligroso? – pensó sumamente contrariada.
Si como Ichigo le había dicho, esas cosas se alimentaban de almas, tal vez lo mejor sería permanecer dentro de la casa. Sólo esperaba que las demás personas no estuvieran en peligro.
- ¡La familia de Ichigo! –exclamó alarmada cuando recordó que ya antes habían sido atacados por esas cosas. - ¿En qué rayos se supone que estabas pensando, para aceptar algo así, Ichigo? - vociferó completamente alterada. - No. Ellos estarán bien. Ichigo los protegerá - pensó tratando de calmarse. De cualquier manera, no había nada que ella pudiera hacer.
Durante unas horas esa sofocante presión continuó hasta que pareció aligerarse. Después de unos momentos subió de intensidad de forma tan repentina que pensó que se ahogaría. Minutos después esa sensación desapareció. Amane inhaló y exhaló profundamente un par de veces para recuperar el aliento, hasta que su respiración se normalizó.
- ¿Qué... qué fue eso? – se preguntó completamente asustada. En ese momento, sin ningún aviso, la presión regresó con tal fuerza que le impidió respirar. Antes de perder el conocimiento supo de quién era.
Al día siguiente, Ishida llegó retrasado a la escuela, con ambas manos y un brazo vendados. Entró al salón y se dirigió en silencio a su asiento.
- Ishida, ¿por qué estás lastimado? –preguntó la sorprendida sensei.
- Me caí de las escaleras – fue su única respuesta y tomó asiento en su lugar.
- A decir verdad, nadie podría creer eso – murmuró Amane mientras observaba a Ishida con aire pensativo.
Al parecer, el "inofensivo" encuentro entre Ichigo e Ishida no había terminado bien. Todo era tan extraño como lo que le había ocurrido a ella. No supo en qué momento quedó inconsciente. Sólo supo que había sido la energía de Ichigo lo que sintió con una brutal fuerza antes de desvanecerse. Volteó ligeramente y pudo ver con el rabillo del ojo que Ichigo parecía confundido mientras observaba discretamente a Ishida.
- No le prestes atención a eso – comentó Rukia en voz baja con indiferencia. – No fue tu culpa. El se causó esas heridas.
- No lo hice – respondió Ichigo desviando la mirada hacia otro lado. - No voy a preocuparme por esa clase de heridas – añadió frunciendo el entrecejo.
- ¿Qué es lo que está sucediendo? –se preguntó Amane. ¿Acaso Ichigo había tenido algo que ver con las heridas de Ishida? Por alguna razón, el ambiente en el salón era tenso y molesto. Lo más sorprendente fue que, a la hora del almuerzo, Ichigo se acercó a Ishida para pedirle que lo acompañara y almorzaran juntos. Después de cruzar algunas palabras, Ishida aceptó.
- Esto... sí que es verdaderamente extraño - pensó Amane.
En ese momento se dio cuenta de que Rukia también actuaba de manera poco habitual. Parecía distraída y distante, como si algo la tuviera realmente preocupada.
- Debo estar imaginando cosas - se dijo Amane tratando de desechar las preguntas que rondaban por su mente. - Será mejor que me ocupe de las mías - se reprendió mientras guardaba sus libros en la mochila y se dirigía a la puerta. Salió al pasillo y caminó tranquilamente hasta una de las jardineras cercanas a la pista de carreras, se sentó y comenzó a tomar su almuerzo. Por alguna razón tenía la sensación de que algo estaba a punto de ocurrir, pero no lograba entender el motivo. Podía sentir la molestia de Ichigo y eso la tenía realmente sorprendida.
- ¿Qué se supone que está ocurriendo? ¿Por qué... por qué puedo percibir las emociones de Ichigo con tanta fuerza? Es como si... como si yo las experimentara en su lugar - se preguntó desconcertada. - ¿Qué es lo que está pasando conmigo? ¿Acaso estaré enfermando? - murmuró preocupada. -No... no lo creo. Yo me siento perfectamente pero... jamás me había ocurrido algo como lo de ayer - reflexionó asustada mientras su mirada se perdía en la distancia. - ¡Por todos los cielos, Amane! ¡Es suficiente! - se reprendió moviendo enérgicamente la cabeza de un lado a otro. - ¡Lo que sea que haya sucedido no es de mi incumbencia! ¡Por supuesto que no! - reconoció con una expresión de impotencia y cansancio. - ¡Se acabó! Me ocuparé sólo de mis asuntos de ahora en adelante y me olvidaré de almas, hollows, quincys, shinigamis y mundos espirituales - murmuró irritada. - Quizá soy yo la que está comenzando a alucinar con todo esto y debe terminar ahora - se dijo con determinación al tiempo que cerraba los ojos. - Sí... será lo mejor - concluyó después de unos minutos. Permaneció unos momentos inmóvil en el lugar donde se encontraba, inhalando y exhalando profundamente buscando tranquilizarse. Después de unos minutos, escuchó la campana que anunciaba el fin del receso. Se levantó sin prisa, recogió sus cosas y se encaminó lentamente al salón de clase.
Al concluir las clases, Amane se dirigió rápidamente a la salida de la escuela. Había pensado que lograría salir antes de encontrarlo pero se equivocó. Ichigo ya se encontraba afuera. Pasó a su lado sonriendo y haciendo un movimiento con la mano a manera de saludo pero Ichigo la detuvo.
- ¡Hey! Amane…
- ¡Hai, Ichigo! –respondió con timidez.
- ¿Acaso estás tratando de evitarme? – le preguntó incrédulo.
- No… por supuesto que no, Ichigo. Yo… es solo que… debo llegar pronto a casa - le respondió.
- ¿Y desde cuando te preocupa llegar pronto a casa? – preguntó Ichigo frunciendo el ceño.
- Yo… tengo algunas cosas… que hacer – dijo casi en un murmullo.
- ¿Como estar sola? – espetó con sarcasmo.
- Ichigo, por favor… debo irme. Es... es obvio que no me esperas a mí – dijo desviando la mirada. Justo en el momento de terminar esa oración, apareció Rukia.
- ¡Ichigo! - lo llamó a manera de saludo.
- ¡Oi, Rukia! - respondió Ichigo. - Ella es Amane. La amiga de quien te hablé - explicó dirigiéndose a la recién llegada.
- ¡Amane-san! Es un placer conocerte. Mi nombre es Rukia... Kuchiki Rukia –dijo con amabilidad.
- El placer es mío, Kuchiki-san –respondió Amane haciendo una leve inclinación. - Mi nombre es Amane... Koizumi Amane - continuó con formalidad. - Pero puedes decirme simplemente Amane - dijo mientras sonreía.
- ¡Oye! No es necesario ser tan formal, Amane. Solo dime Rukia, ¿de acuerdo? – pidió con una cálida sonrisa.
- Yo... está bien… Rukia – respondió Amane levantando el rostro. En el momento que Rukia la miró no pudo evitar una expresión de sorpresa. -¿Nos hemos visto antes, Amane? - inquirió con interés.
- Seguramente – intervino Ichigo. – Estamos en el mismo grupo.
- Me refiero a algún otro lugar – aclaró Rukia dirigiéndose a Amane.
- Yo… no lo creo - respondió Amane nerviosa. - Si me disculpan, debo irme. Ha sido un placer, Kuch... quiero decir, Rukia - corrigió. - Ichigo, nos vemos - dijo Amane despidiéndose de ambos.
- Hasta pronto, Amane - se despidió Rukia, sin poder apartar su mirada del rostro de Amane. Algo en ella, quizá el color de su cabello o sus ojos, le resultaba de alguna forma familiar pero no lograba encontrar la razón.
- De acuerdo, Amane. Entonces te veré después - anunció Ichigo.
- Sí... claro – respondió ella.
Ichigo y Rukia permanecieron un momento en silencio, observándo a Amane mientras se alejaba.
- Tu amiga es muy bella... ¿hace mucho que la conoces? –preguntó Rukia extrañada después de unos minutos.
- No. La conocí hace unos meses, cuando llegó a Karakura - dijo a manera de explicación. - En octubre, para ser exactos – respondió sonriendo.
- Ah... - murmuró pensativa - y entonces ¿de dónde es? - inquirió Rukia con interés.
- Amane nació en Kyoto, dejó ese lugar desde muy pequeña y ha vivido en diferentes lugares - aclaró.
- ¿Conoces la razón? - preguntó Rukia con más interés.
- Lo único que sé, por lo que Amane me ha dicho, es que su madre se dedica a pintar paisajes, Rukia... pinta paisajes y es además catedrática de arte.
- Y ¿qué sabes de su familia?
- Sólo tiene a su madre. A su padre... nunca lo conoció - explicó con cierto pesar. - Pero ¿por qué ese repentino interés en Amane? - dijo volviéndose a mirar a Rukia.
- No me di cuenta antes, pero su rostro me resulta familiar, Ichigo - respondió pensativa.
- ¿Familiar? - preguntó intrigado.
- Sí, pero no puedo recordar en dónde la he visto - reconoció con frustración.
- Probablemente en mi casa o quizá la estés confundiendo con alguien, Rukia - añadió Ichigo con sencillez.
- No lo creo. A una chica así no la confundes fácilmente, Ichigo. Sobre todo porque es una chica enigmática y especial.
- Sí… demasiado especial ¿no crees? – murmuró con su típica sonrisa.
- ¡Oye! Parece que te agrada – dijo con una pícara sonrisa.
- ¡Eso es algo privado, Rukia! – exclamó Ichigo ligeramente sonrojado.
- ¡Oh, vamos! ¡Admítelo! ¡Es obvio que te agrada! – declaró dándole un ligero codazo en el brazo.
- Anda, vámonos – pidió Ichigo sonriendo.
- Está bien, vamos - respondió Rukia mientras comenzaban a caminar.
En cuanto llegaron a casa, Rukia subió por la ventana como acostumbraba mientras Ichigo saludaba a su padre y sus hermanas. Una vez en su habitación corrió al baño y se cambió el uniforme tan rápido como pudo. Al salir, Rukia se encontraba de pie, recargada en la puerta del closet.
- Ichigo ¿por qué tanta prisa? – preguntó curiosa.
- Parece ser una tarde bastante tranquila y como aparentemente no tenemos que salir a perseguir hollows, hay algo que debo hacer - respondió esbozando su típica sonrisa.
- ¿Con la amiga de hace un rato? – inquirió Rukia con una traviesa sonrisa.
- Mmm... tal vez – respondió él en tono enigmático.
- ¡Anda, puedes decirme!
- Bueno… es que… - comenzó a decir pero súbitamente se contuvo - ¡Eso es algo privado! Y si sigues preguntando, harás que me retrase - le dijo en tono de reclamo.
- ¡Buena suerte, Ichigo! Tal vez no tengas que esforzarte demasiado para que acepte – expresó Rukia con una sonrisa de complicidad.
- Te veo después – dijo sonriendo mientras salía de la habitación. Una vez en la calle, se dirigió a casa de Amane.
- ¿Qué rayos está sucediendo con Amane? - pensó con cierto malestar. - ¿Acaso está tratando de evitarme? – se cuestionó confundido.
No, definitivamente eso no estaba bien y lo iba a solucionar en ese momento. Podrían no haber tenido una cita y quizá no se lo había pedido literalmente, pero le había confesado sus sentimientos y ella a él, así que, formalmente o no, ella era su novia y no iba a aceptar que simplemente lo evitara como si no pasara nada.
Una vez frente a la puerta principal, tocó el timbre. Solo esperaba que no hubiera tenido la brillante idea de salir a algún lado. Después de unos minutos, escuchó cómo quitaban el seguro de la puerta. La puerta se abrió y apareció Amane, con un delgado vestido de algodón, el suéter holgado que usaba el día de su cumpleaños, descalza y con el cabello recogido en una cola de caballo.
- ¿Qué pasa Ichigo? ¿Ocurre algo? – preguntó sorprendida.
- ¡Sí, Amane, ocurre esto! – exclamó mientras se inclinaba para besarla. La empujó cuidadosa pero firmemente hacia el interior y cerró la puerta.
La besó suavemente mientras sus manos subían a sus mejillas. Ella deslizó las manos sobre su anaranjado cabello y su rostro en tanto Ichigo presionaba firmemente sus labios contra los de ella, hasta separarlos. Sin dejar de besarla con sumo cuidado la levantó en sus brazos y se dirigió a uno de los sillones de la estancia al tiempo que Amane entrelazaba los suyos alrededor del cuello de él. Ichigo continuó besándola con ternura mientras se sentaba y la colocaba gentilmente sobre su regazo. Acarició lentamente su hermoso y sedoso cabello al tiempo que aspiraba profundamente ese maravilloso aroma que llenaba por completo sus sentidos; besó casi con devoción las tersas mejillas de Amane para después, estrecharla fuertemente. Lentamente se separaron y se miraron fijamente, perdiéndose uno en la mirada del otro.
- Amane… ¿acaso no lo entiendes? ¡Estoy enamorado de ti! ¡No necesito una cita para pedirte que seas mi novia! Para mí lo eres desde ese día en mi habitación, cuando confesamos por primera vez nuestros sentimientos – dijo con franqueza, sin dejar de mirarla.
Ella abrió los ojos sorprendida al escuchar esas palabras mientras un intenso rubor cubría su rostro. Su corazón latía tan aceleradamente que por unos instantes pensó que se saldría de su pecho. Ichigo continuó.
– ¡No puedes andar por ahí tratando de ignorarme como si no te importara! Así que, ¿por qué no dejamos de actuar de manera absurda mientras toda esta historia de shinigamis y hollows termina? Después tendremos todo el tiempo para nosotros y todo este loco asunto no será más que un simple recuerdo ¿de acuerdo Amane? – exclamó con firmeza.
- De acuerdo, Ichigo – respondió ella con una radiante sonrisa.
- ¡Quiero que seas mi novia, Amane! – exclamó con suavidad, mientras la miraba y acariciaba su blanco cabello.
- ¿Lo dices en serio, Ichigo? – inquirió con cierta incredulidad.
- ¡Nunca hablé más en serio, princesa! – respondió mirándola con ternura.
- ¡Sí, Ichigo! ¡Por supuesto que quiero ser tu novia! – susurró suavemente mientras recargaba la cabeza en el hombro de él y una radiante sonrisa iluminaba su rostro.
Después de conversar por un rato sobre las cosas que harían cuando todo volviera a la normalidad, Ichigo se despidió de Amane. Se sentía profundamente feliz mientras caminaba lentamente por la calle; por fin había resuelto los problemas con Amane y esta vez, podría decir abiertamente a todos que ella era su novia sin importar los rumores. Hubiera querido quedarse más tiempo, pero tenía que llegar a casa para subirle la cena a Rukia. Jamás habría podido imaginar lo que ocurriría esa noche.
Una vez en casa, Ichigo entró a su habitación y llamó a la puerta del guardarropa que servía de dormitorio para Rukia, avisándole que estaba ahí su cena. Nadie respondió. Enfurruñado, llamó nuevamente a la puerta pero nadie contestó. Abrió la puerta de golpe pero el clóset estaba vacío, así que colocó los platos en su escritorio y se dirigió al tocador, pensando que al menos esa noche dormiría tranquilamente. Cuando se preparaba para regresar a la habitación, escuchó unos sonidos extraños.
Sobresaltado, comenzó a buscar el origen del ruido hasta encontrar a Kon, el alma mod dentro del muñeco de peluche, atado con cinta adhesiva detrás del inodoro. Lo desató y Kon comenzó a armar todo un alboroto.
-Ichigo, Onee-sama, está en grandes problemas – gritó Kon. – Mira esto – dijo señalando un papel adherido al escritorio. - Lo dejó donde es fácil de encontrar y ¿aún no te habías dado cuenta?
- ¿Qué es esto? – preguntó Ichigo intrigado.
- ¡Es una nota! - vociferó. - ¡Ella nos dejó! – exclamó ansioso.
- ¿Dejarnos? ¿Por qué? ¿Sin decirme nada? - expresó confundido. Tomó la nota y comenzó a leer. – ¿Qué demonios escribió? - se preguntó mientras trataba de descifrar el mensaje escrito en una especie de código. Después de unos minutos, lo consiguió.
"Tengo que irme. No me busques ni te preocupes por mí. Quema esta carta cuando termines de leerla y si puedes, ocúltate."
– ¿De qué se trata todo esto? Al final, no explica porque se fue - comentó desconcertado.
- ¿No lo entiendes? Algo malo debe haber ocurrido – expresó Kon desesperado. - Quema la carta, ocúltate, ¿por qué otra razón estaría preocupada por nosotros? Es demasiado obvio. Algo malo ha sucedido - clamó con impaciencia. - ¡Ella está en problemas con la Sociedad de Almas! No quería que algo nos pasara. Por eso se fue. Podría estar…. muer... - comenzó a balbucear.
- ¡Es suficiente! - lo interrumpió Ichigo abruptamente. - Una cosa es segura, no vamos a resolver nada si solo nos quedamos aquí y hablamos. Me convertiré en shinigami y encontraré a Rukia – exclamó decidido. Pero, ¿cómo se suponía que iba a hacerlo?
Mientras discutía con Kon la forma de convertirse en shinigami, un hombre sentado en su ventana saludó Ichigo.
- Buenas noches… Veo que están en un predicamento aquí – dijo tranquilamente. Ichigo y Kon se volvieron al mismo tiempo hacia la ventana.
- ¿Y tú eres…? - preguntó Ichigo sorprendido mientras lo observaba. Era el hombre del extraño sombrero a rayas que había visto un par de veces. El tipo raro que se encargaría del alma mod que le vendió por error a Rukia. El que estuvo presente en el parque cuando apareció aquél hollow gigantesco... Menos Grande. El proveedor de los extraños artefactos relacionados con las tareas de shinigami. - ¿Qué rayos se supone que hace aquí este tipo? - se preguntó Ichigo completamente confundido.
- ¿Podría ser de alguna ayuda? - inquirió el hombre sonriendo. - No te preocupes. Rukia-san es un valioso cliente frecuente, así que por esta vez te ayudaré a crédito – dijo con mirada sombría y una extraña sonrisa, mientras apuntaba hacia Ichigo un singular bastón con una calavera en la punta.
