Capitulo X: Desastres "Tercermundistas".

Frontera Colombo-Venezolana 2019.

Se encontraba completamente agotado. No comprendía la orden que les habían impuesto. Pese a la enorme provisión de armas y material que, según los rumores, habían ingresado en los stocks del ejército, les indicaron que debían movilizarse a pie desde Maracaibo hasta la frontera con Cúcuta y llegados allí esperar nuevas instrucciones. Lo más extraño es que estaban siendo guiados por una chusma mutante que parecían poseer atributos sobre el clima y habían tenido que viajar constantemente bajo una lluvia tormentosa y que más parecía un diluvio. Según las instrucciones de los comandantes era para entorpecer y posiblemente anular la capacidad de acción de los satélites del Imperialismo Yanqui.

Los mutantes debían ser muy poderosos o los Altos Mandos muy torpes. Evitar que los satélites ubicaran una impresionante movilización, en la zona fronteriza, de más de cien mil hombres, por más que estos fueran a pata le parecía una labor imposible que ni los famosos X-Men yanquis podrían lograr.

Además no comprendía la razón para la movilización de tantas fuerzas. Cierto que los rumores de una posible campaña militar a gran escala contra los colombianos se habían estado propagando con una rapidez pasmosa pero nunca llego a imaginarse que de las palabras los gobernantes se atrevieran a pasar a la vía de los hechos. Los únicos eventos que acontecieron en las últimas semanas dignas de consideración en la frontera fueron una agresión de la guerrilla contra un puesto de la Guardia Nacional cerca de Puerto Ayacucho que termino con la muerte de cinco guerrilleros y tres guardias y una operación comando del ejército cerca de Cúcuta que se saldo con la muerte de cuatro paramilitares y el secuestro y violación de dos campesinas de la zona. Nada del otro mundo y que ya aconteciera en múltiples oportunidades en los últimos cincuenta o cien años. Nada que motivara una guerra a amplia escala. Era ridículo.

Sobre todo porque era más que evidente que una confrontación armada entre Venezuela y Colombia no traería beneficios de ningún tipo para ninguno de los dos países. Ambas naciones contaban con recursos muy escasos para librar una confrontación armada de largo aliento y mucho menos para lograr obtener beneficios perdurables de una hipotética victoria. Brasil, Estados Unidos, incluso Europa, Rusia y China podrían sacar dividendos de la venta de armas, medicinas, provisiones de todo tipo para los factores en disputa. Y, sobre todo, podían llegar a apoderarse de los destinos de las fuerzas en conflicto e imponerles su voluntad una vez que se hubieran desgastado en la sangrienta contienda.

Un sin sentido absoluto. A menos claro que los agitadores anarquistas, que simpatizaban con los acontecimientos catastróficos que sacudían Estados Unidos, tuvieran razón y esta confrontación tuviera su origen en los juegos de intereses que enfrentaban a las Grandes Potencias Imperiales del mundo actual. Pero, por lo menos el, no podía ver qué beneficios obtendrían (apartando las ganancias económicas producto de las ventas masivas de re militares) los yanquis, europeos, asiáticos o rusos de un enfrentamiento armado a gran escala entre dos países de poderío militar apenas mediano en la América Latina. No le resultaba convincente la conspirativa teoría que proponía que los grandes conglomerados petroleros estarían detrás de los eventos, con el objetivo específico de apoderarse de las reservas de petróleo y gas natural que yacían en el subsuelo de ambas naciones. Con los recientes descubrimientos de vastas extensiones de petróleo en los territorios del país norteamericano y la utilización progresiva y masiva de la nueva tecnología limpia, los yacimientos petroleros sudamericanos perdían su preeminencia e importancia mundiales. Y con la recuperación generalizada y planetaria de la población mutante era inimaginable que las potencias siguieran utilizando métodos tan arcaicos como el transporte basado en la gasolina y otros combustibles de origen fósil para lograr movilizarse. Conocía los planteamientos de una variedad importante de científicos, algunos de ellos venezolanos, que demostraban que los cuerpos de muchos mutantes eran básicamente baterías caminantes, con el poder de darle energía a una provincia del tamaño de Texas por décadas. Lo único que los gobiernos y las empresas debían hacer era convencer a la clase mutante de su intervención en beneficio de la sociedad en la cual vivían. Y, si se negaban a cooperar, lo único necesario era tomar posesión de su persona y ponerlos a servir a las naciones en las que se desempeñaban. Todos tenemos obligaciones en la vida y no veía por qué los mutantes debían ser tratados de modo diferente al resto de los mortales. Si además oponían resistencia encarnizada, pues para ello existían los Centinelas y los Homo Superior que comprendieran sus deberes para con la sociedad en la que vivían.

Según los rumores que circulaban por el ejército de campaña José Félix Ribas, aunque las tropas se iban a contener en la frontera con Colombia, el objetivo final de la operación sería apoderarse de la ciudad de Cúcuta y después penetrar, por la carretera 55 que unía esta urbe con el centro del país, hasta la misma Bogotá. Antes de llegar a la capital colombiana los objetivos más duros de tomar, apartando la propia Cúcuta, serian Pamplona y Tunja. Según algunas informaciones, una segunda fuerza expedicionaria partiría de la ciudad fronteriza unida con las tropas en las que él estaba hasta llegar a Pamplona donde se separaría para internarse por otra vía contra la capital enemiga. Los puntos más álgidos contra los que se batirían constituirían las guarniciones de Puerto Boyacá y La Dorada. La caída de las cuatro posiciones ubicadas en el camino de ambas expediciones permitiría coger a Bogotá entre dos pinzas y daría comienzo al asedio. Para contener la fuerza militar apostada en Medellín se sabía de una fuerza de más de ciento cincuenta mil hombres que se lanzaría inmediatamente después de la partida de los expedicionarios contra Bogotá. Tenía por objetivos Barrancabermeja, Puerto Berrio y la misma Medellín.

Mientras tres poderosas fuerzas expedicionarias, que sumaban entre sí unos impresionantes quinientos mil hombres, penetraban hasta las zonas más importantes del centro del país enemigo, dos expediciones igual de imponentes y con objetivos idénticamente vitales partirían de Maracaibo. Una de las expediciones, compuesta aproximadamente por doscientos mil hombres y atravesando la zona de los Guajiros, tendría por objetivos Maicao, Riohacha, Santa Marta y Barranquilla. El golpe final lo propinaría contra la guarnición de la enorme y poderosa Cartagena de Indias. Como apoyo para tan difícil misión se concentraría una expedición de ciento cincuenta mil hombres que tras acompañar al cuerpo principal hasta Maicao cogería rumbo hacía Barrancas, Valledupar, El Carmen de Bolívar y Cartagena de Indias. Casi ochocientos mil hombres lanzados contra las tres ciudades que constituían el corazón económico, político y militar de Colombia y su Régimen pro americano. Nunca en la historia militar de América Latina se habían concentrado y movilizado una cantidad tan impresionante de efectivos para una contienda. Y todo era posible gracias a los enormes stocks de armas que provenientes del Bloque Oriental y, al parecer, de Genosha habían estado almacenándose en los bastiones militares de la República Bolivariana de Venezuela.

El trabajo que los mutantes del ejército venezolano estaban realizando debía ser realmente bueno. Por encima de las cabezas de los hombres habían pasado varias decenas de aeronaves de la Aviación Colombiana y ni uno solo de ellos había desencadenado la lluvia de balas y bombas que debían tener preparada para sabotear las concentraciones de la Fuerza Armada Bolivariana. Concentraciones parecidas habían sido despedazadas por los aviadores colombianos en la frontera con Ecuador y se comentaba el feroz bombardeo que padecieron Quito y Guayaquil a manos de los aviones de Bogotá. Aproximadamente unas dos a cinco mil personas habían fallecido durante los ataques, lanzados en represalia por la estúpida incursión terrestre de los ecuatorianos contra las bases de la zona fronteriza. Se decía que los diez o veinte mil hombres que logro concentrar Ecuador en la zona fronteriza sorprendieron tanto a los colombianos que lograron atacar Ipiales, Puerto Asís y lograron penetrar hasta la propia Pasto, ubicada a más de trescientos kilómetros de la ciudad de Quito. La sorpresa por la llegada inesperada de los invasores ecuatorianos fue tan grande que, pese a que la ciudad contaba con casi cuatrocientos mil habitantes y los invasores no superaban la cifra de los quince mil soldados, Pasto fue tomada por los agresores y mantenida bajo régimen de ocupación por una semana. Pero los ecuatorianos se descuidaron y actuaron con una prepotencia demasiado rigurosa. Se produjeron centenares de asesinatos de líderes comunitarios de la población, se suprimieron todos los partidos políticos y sindicatos y se decreto la Ley Marcial. Por lo menos unas cinco o diez mil mujeres padecieron violaciones sexuales. Pasada la semana de ocupación, los ecuatorianos eran sumamente odiados y se desencadeno una masiva sublevaciónm, apoyada por la oportuna llegada de vastas cantidades de tropas oficiales. Cada uno de los soldados ecuatorianos fue asesinado, herido o capturado y la contraofensiva colombiana tomo la forma de los bombardeos aéreos masivos que desangraban a la nación ecuatoriana y habían obligado a Quito a hacer retornar a sus hombres supervivientes a su lado de la frontera.

Era más que evidente que la política de saqueo continuado que practicaron los ecuatorianos conllevo la posterior derrota. Resultaba imbécil poner en acción políticas devastadoras contra la población civil enemiga cuando se suponía que los países bolivarianos estaban librando esta guerra con la intención de liberar a los pueblos explotados y oprimidos de las acciones traicioneras y vandálicas de los gobiernos esbirros de Washington. Comportarse al comienzo mismo de la guerra liberadora como las hordas llaneras de Boves, o los soviéticos de Stalin solo traería aparejada la tragedia y la derrota.

Los informes preliminares advertían que las ofensivas colombianas no se habían limitado al bombardeo aéreo masivo y que sus efectivos terrestres después de recuperar Pasto, Ipiales y Puerto Asís habían desencadenado una operación de envergadura importante contra las bases fronterizas, y no tan fronterizas de Ecuador, y penetraron profundamente en territorio bolivariano. La penetración había resultado ser tan profunda que los colombianos avanzaron desde Ipiales hasta Ibarra, pese a que estas localidades se encontraban a ciento veintinueve kilómetros una de la otra. Las defensas ecuatorianas se evaporaron como aire ante el empuje colombiano y más de cincuenta mil hombres del ejército de ese país se encontraban en las prisiones militares enemigas. Intensos bombardeos aéreos y masivas descargas de artillería arrasaban las líneas ecuatorianas con el fin de pulverizar las barreras militares entre Ibarra y Quito y cruzar los ciento quince kilómetros que las separaban. Colombia poseía la intención clara y determinada de no contener su contraofensiva hasta haber capturado la capital ecuatoriana. La actual concentración masiva de tropas por parte de Venezuela debía tener por objetivo primario y real salvar a Ecuador del desastre y terminar con el poderío neogranadino permanentemente.

-Carlos. ¡Carlos!

-¿Qué coño haces gritándome en plena oreja Manuel? Aparte de tener que calarnos la presencia de estos piojosos mutantes y vernos obligados a avanzar por estas malditas vías alternas hacía Cúcuta, ahora también tengo que calarme tus histéricos gritos en mis oídos.

-Te encontrabas tan ensimismado que no respondías. Tenía casi media hora llamándote y tú como si nada. Tenias una cara de exacerbada concentración que no te la brincaba un venado. ¿Qué coño de la madre sucede contigo?

-Estaba pensando en la guerra en la que pronto estaremos involucrados y en la locura que creo que es combatir contra un país como Colombia, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos, cuando nosotros solo contamos con una alianza con un país tan evidentemente débil y mediocre como Ecuador.

-Creo que estas subestimando a nuestros aliados. Y más importante, nos subestimas a nosotros.

-¿Subestimar a los ecuatorianos? ¿Acaso has estado viendo los mismos noticieros que he mirado yo? Cierto que se apoderaron de Ipiales, Puerto Asís y Pasto con facilidad pasmosa y que tuvieron la capacidad de mantener la conquista de una ciudad tan grande como Pasto por una semana entera. Pero, desde que los colombianos contraatacaron masivamente, el Ejército de Ecuador no ha tenido nada que hacer. Los colombianos no tardaron ni dos semanas en cubrir la distancia que existe entre Pasto e Ibarra, capturando en el proceso más de cincuenta mil ecuatorianos. Y la ciudad ecuatoriana ya tiene un mes en poder de los bogotanos. Los colombianos se han sentido tan seguros de su victoria y poderío que se han limitado a saturar las vías entre Ibarra y Quito con toneladas de bombas y proyectiles, recibiendo refuerzos y preparando el asalto final contra Quito. Los ecuatorianos en todo ese tiempo no han intentado contraatacar ni tan siquiera con guerra de guerrillas y han permitido que los neogranadinos campen a sus anchas.

-Y han concentrado frente a Quito a más de ciento cincuenta mil hombres. Según algunos la cifra exacta es de ciento setenta y nueve mil quinientos hombres. Bastante cantidad de fuerzas para una nación tan pequeña como Ecuador.

-¿Y qué han hecho con semejante capacidad movilizadora? Concentrar todos los efectivos dentro o en torno a Quito, dejando el resto del país a expensas de Colombia. Solo se han salvado porque los colombianos están realizando la guerra pensando en la toma de Quito y restando importancia a cualquier otro pueblo, villa o ciudad existente en Ecuador. Lo más que ven, apartando Quito, es Guayaquil que encuentra su puerto bloqueado por la marina neogranadina y soporta desde hace dos semanas un salvaje bombardeo de parte de la artillería naval enemiga. Todos los chismes indican que los ecuatorianos están tan concentrados en torno a Quito, que en Guayaquil la suma total de los defensores no asciende a los treinta mil hombres. Y Guayaquil es más rico e importante que la capital. Con creces.

-Tienes la razón en parte. Pero no puedes desconocer la aportación que los ecuatorianos pueden ofrecer a nuestra alianza solo por la incompetencia del actual comando de campaña. Si sigues los mismos chismes que yo debes saber que el Mando Central acaba de ser defenestrado muy violentamente y que los nuevos líderes poseen una mayor iniciativa que sus liquidados predecesores.

-Lo único que me estas ofreciendo como consuelo es que los ecuatorianos son tan estúpidos que en medio de una enorme invasión extranjera se dedican a perpetrar golpes de estado y desmontar las estructuras políticas y militares que les deben dar la solidez para contener los desmanes del enemigo y de su propia masa poblacional.

-No, te estoy entregando el dato que dice que los ecuatorianos han sido lo suficientemente inteligentes como para desembarazarse de los elementos dentro de su cadena de mando que no poseen las habilidades para liderarlos y han colocado en su lugar a los líderes idóneos para enseñarles a los bogotanos una lección que nunca olvidaran. En estos precisos instantes, si lo que escuche de refilón en el Centro de Mando es verdadero, se encuentran los ecuatorianos movilizando a la población masculina adulta de Guayaquil para defender adecuadamente la plaza. Pretenden triplicar el número de defensores para las próximas dos semanas.

-Y así seguimos en los mismos errores de juicio que tienen a los colombianos a tan solo un poco más de cien kilómetros de la capital ecuatoriana. En vez de organizar esas fuerzas nuevas para lanzar una contraofensiva decidida que rompa el frente neogranadino y permita a nuestros aliados volver a tocar la frontera rival, los nuevos comandantes organizan una estática estrategia defensiva para proteger el puerto de Guayaquil. Cuando es evidente que proteger una ciudad como esa de un desembarco contrario es imposible si no cuentan con su propia flota.

-¿Y qué piensas entonces que deberían hacer nuestros aliados?

-Fácil. Abandonar Guayaquil dejando encargada de su defensa a una milicia partisana resuelta y dispuesta a utilizar los métodos más brutales, para disuadir a los colombianos de emplear métodos coercitivos contra la población y lanzar a los efectivos regulares concentrados contra los elementos amontonados por Colombia en Ibarra. Acompañando la ofensiva de las huestes de Guayaquil estarían por supuesto las tropas de la guarnición de la capital. Ni siquiera Colombia podría resistir la embestida de trescientos mil hombres. Y, con una leva masiva, los bogotanos la tendrían imposible para atacar la retaguardia de esas tropas por la emergencia de guerrillas en cada localidad que pisaran. Quito resultaría inexpugnable.

-Interesante en principio. Pero imposible de realizar en la realidad practica. Ni los mestizos de las ciudades, ni los indígenas del campo estarían dispuestos a engrosar las filas de semejante ejército contra los colombianos. El llamado patriótico esta capa caída en ese país. Los rencores de clase y raza están ardiendo desde las traiciones constantes de las que han sido víctimas tanto los trabajadores urbanos como las masas rurales.

-¿Me quieres indicar que los estúpidos plebeyos de Ecuador son tan imbéciles que no pueden dejar a un lado sus diferencias y combinar sus esfuerzos para confrontar a un enemigo común?

-Te digo que las cosas están tan mal entre los ecuatorianos que la misma lucha de clases ha retrocedido décadas. Las masas explotadas están más divididas que nunca y los viejísimos y aparentemente desterrados odios entre la población mestiza y la población indígena han resurgido con bríos renovados y salvajes. La gente de las grandes ciudades ven con desconfianza y mal disimulado desprecio a los pobladores de las zonas campesinas y de los pueblos pequeños y los pobladores de las zonas periféricas solo desearían ver arder a las metrópolis con saña criminal. Pareciera que regresamos a los últimos años del siglo XIX y a los primeros cincuenta años del siglo XX.

-No puedo creer que los amigos nuestros sean tan poco inteligentes y tan escasos de disciplina como para no comprender que la amenaza neogranadina es tan vasta que pone en peligro a mestizos, indígenas y blancos por igual. Según algunas informaciones y chismes, entre los generales americanos que se encuentran asesorando a los colombianos están presentes fanáticos militantes del partido de Apocalipsis y sus Supremacistas.

-La cosa es más grave que algunas disensiones particulares y que simple ceguera. Ibarra no se encuentra en realidad ocupada por las tropas colombianas invasoras. Estas se encuentran en su totalidad en las áreas cercanas que rodean la ciudad. La guarnición de la ciudad se encuentra compuesta por tropas de procedencia indígena a las que se les prometió la aceptación de las reivindicaciones que vienen exigiendo desde hace siglos. Parece que los que realizaron las promesas fueron tan elocuentes que los indígenas olvidaron el origen extranjero de los invasores y aceptaron formar una masiva quinta columna que socave al ejército ecuatoriano desde adentro.

-¿Y qué promesa puede ser tan importante como para que los indios traicionen a su propio país y lo entreguen a los invasores colombianos? ¿Qué puede justificar tan cochina y mugrienta traición? ¿Oro, joyas, riquezas sin parangón?

-Algo mucho mejor que ello mi amigo Carlos. Venganza y retribución a niveles descomunales. Seguros de contar con la protección de Estados Unidos y Europa y con la presencia de las hordas del Alto Señor en sus suelos para garantizar la supresión de cualquier posible extensión del incendio que su demagogia pueda desencadenar, los Altos Mandos Colombianos han prometido lo impensable y lo indecible.

-Te crees por lo visto alguna especie de autor experto en las tramas de suspenso. Termina de explicar a qué carajo es a lo que te estás refiriendo y por qué es tan importante y trascendental la promesa neogranadina.

-¡Ecuador!

-¡No comprendo que significa Ecuador!

-Eso es lo que Bogotá le ha ofrecido a los indígenas si se unían a la invasión y cooperaban en la destrucción de la resistencia que los ecuatorianos podrían ofrecer. Les ofreció otorgarles la dirección; es más el dominio absoluto, de todo el Ecuador desde las montañas, selvas, campos hasta las ciudades y centros industriales.

-Tal cosa no posee ningún sentido. Todos los gobiernos de América Latina se han enfrentado alguna vez contra las tribus indígenas que pueblan sus naciones. Las guerras contra los pueblos indígenas han alcanzado en algunas ocasiones autenticas dimensiones épicas. Y para redondear el panorama sabemos que detrás de Bogotá se encuentra el, aun, largo brazo de Estados Unidos. Nunca los yanquis apoyarían una rebelión indígena masiva y menos si En Sabah Nur se encuentra detrás de su política internacional actual. Pese a su origen egipcio el demente de Apocalipsis es un racista de extrema catadura. Cree que los Homo Superior son infinitamente superiores al Homo Sapiens y cree que en los Homo Sapiens existen categorías jerárquicas muy bien definidas y que nada es mejor que los blancos de origen nórdico. De hecho cree que no hay nada mejor que un mutante rubio de las tierras nórdicas.

-Y también es el hombre que tiene entre sus principales comandantes a mutantes de todas las razas y naciones existentes. Posee una capacidad demagógica solo comparable con la labia de Magneto y posee sobre este una notable capacidad de montarse escenarios hipócritas como nadie. Si le conviene entregarle Ecuador a las razas indígenas para asegurarse la supremacía en las guerras continentales lo hará. Hasta que tenga el poder para aniquilar por sus propios medios a sus contrarios y deshacerse de cualquier aliado incomodo que se vea forzado a buscar en el proceso. La alianza con los indios es un mal menor en una estrategia de proporciones globales que busca el control absoluto y solitario del planeta.

-Aunque pudieras tener algo de razón en la capacidad de adaptación de las estrategias y tácticas políticas y militares de Apocalipsis eso no implica que ya hayan sido puestas en funcionamiento y que la coalición con los elementos autóctonos sea una realidad concretada. ¿Qué pruebas posees para aducir que esta supuesta e impía alianza haya llegado a puerto de una manera definitiva?

-El comportamiento de los indígenas en Ibarra, los decretos que acaban de dictar e intentan ejecutar en la práctica y la tolerancia con la que las tropas de ocupación colombianas han aceptado las acciones indígenas. Y por si todo ello fuera poco nos encontramos con la presencia del embajador estadounidense en Ibarra, acompañado por los representantes diplomáticos de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y España. Occidente en pleno está dándole la bendición a los bestiales apetitos de desquite de los pueblos originarios; después de haber estado siglos aplastándolos. Demagogia a nivel mundial en estado puro.

-He estado escuchando rumores de hechos brutales en Ibarra desde que cayó en manos de los colombianos pero nada me indica que esos hechos sean la concreción de la venganza indígena y de la alianza occidental con los originarios para destruir el movimiento bolivariano. Creo que estás viendo bestias donde no existen.

-La prueba que demuestra que estos hechos son el posible comienzo de la Gran Rebelión Indígena contra los extraños estriba en que todos los decretos, todos los rumores y todas las medidas que han azotado Ibarra fueron promovidas y realizadas por los indígenas. La creencia que decía e insistía que los colombianos estaban detrás de todo e intentaban inculpar a los indios es una patraña. Todos los rumores que has escuchado son verídicos y han sido puestos en acción por los estamentos indígenas en una espiral de odio que ni las Guerras de 1814 o de 1859 en Venezuela o la Guerra de Castas en Yucatán.

Y todo ello para la eterna consternación de la izquierda, tanto la reformista como la marxista. Todos ellos mostraban a los indígenas como unas pobres y desvalidas criaturas, víctimas de la maldad europea y yanqui incapaces de hacer daño a persona alguna sin motivos poderosos. Desde Perú y Ecuador, pasando por Colombia, cruzando Centroamérica hasta llegar a México todos los novelistas y ensayistas de la izquierda se hicieron eco del lamento indigenista y hasta los expertos de la izquierda europea, quizá motivados por la abrumadora culpa que los embarga frente a los masivos horrores del genocidio colonial, se tragaron la monserga de la bondad natural del nativo americano.

Y ahora se encuentran con la brutalidad generalizada practicada por los oprimidos y desafortunados nativos de las Américas. No encaja esta aberración en el marco del discurso que transforma a los originarios en las únicas víctimas de la brutalidad y en unos lindos pececitos de colores completamente inofensivos. Están viendo transformados a sus queridos indígenas en unas bestias sedientas de sangre y poder y sus imágenes de los rebeldes indígenas que en justa venganza queman las haciendas de sus amos se ha transformado en el escenario de pesadilla de los nativos quemando, no las haciendas de los señores, sino las ciudades enteras de un país.

-Solo Ibarra se encuentra padeciendo el accionar de los colombianos o, según tu, de los aborígenes.

-Te equivocas mi querido Carlos. Si bien es cierto que el accionar de los colombianos ha sido tan lineal que su avance parece una de las flechas que representa el avance de los ejércitos en los mapas históricos de los Atlas; el accionar de los indígenas no se limita a Ibarra ni mucho menos. Todo el norte de Ecuador se encuentra tomado por los aborígenes y las poblaciones que no se encuentran bajo su férula están siendo sitiadas o sometidas a intensa campaña terrorista. Atacames, Santo Domingo y Ambato han sido atacadas por columnas de indios fuertemente armados y, aunque las guarniciones lograron repeler los asaltos, se sabe que la mitad de los soldados oficialistas cayó muerta o herida de gravedad. Riobamba fue tomada por los batallones nativos por tres semanas y solo una columna de socorro procedente de Quito logro recuperar la localidad. Nueva Loja, Francisco de Orellana, Otavalo y Cayambe se encuentran sometidas por los indígenas. Y todo ello pese a que los indígenas no llegan a ser el diez por ciento del total de los ecuatorianos. Pero son los únicos de entre ellos que demuestran ferocidad combativa y están siendo armados por Colombia y Occidente.

Además que, pese (o quizá gracias) a sus desmanes contra los pobladores de los centros urbanos que logran conquistar o los que someten a asedio, han logrado, al parecer de modo más importante de lo previsible, conseguir el apoyo de una parte importante de la población mestiza rural. Y debe considerarse que la población no urbana de Ecuador ronda el 37, 5% del total de habitantes del país. Ni Quito ni Guayaquil se encuentran en condiciones de ofrecer una resistencia organizada contra semejante levantamiento social, orquestado irónicamente por la más retrograda de las derechas neonazis del mundo actual.

-Aceptando que tus informaciones se encuentren adecuadamente documentadas y soportadas por pruebas ubicadas sobre el terreno de los acontecimientos, no estamos en condiciones de oponer un frente solido contra los embates de los neogranadinos y sus socios internacionales. Si las poblaciones indígenas y rurales de nuestros aliados van a caer bajo el embrujo de la demagogia de los populistas de la Derecha más salvaje tenemos asegurada una quinta columna masiva y poderosísima en casi todo el mundo bolivariano. Nicaragua, Bolivia, Honduras y Argentina poseen poblaciones campesinas, indígenas y/o marginales tan o más grandes y resentidas que los ecuatorianos y por ende tan susceptibles de caer bajo los engaños y las promesas revanchistas de los colombianos y Occidente.

-Te encuentras en lo correcto mi amigo Carlos. Nunca estuve entre los que creyeron que esta campaña sería un juego de niños. Siempre creí que nos estábamos introduciendo en una conflagración que superaba nuestras fuerzas con rotundidad. Y los acontecimientos en Ecuador me están otorgando la razón y ofreciéndole absoluta validez a mis planteamientos.

-Sin embargo no puedo ser tan pesimista como tú. Nuestros arsenales rebosan de armamento de última generación. El Bloque Oriental y Genosha han demostrado un genuino interés en que resultemos victoriosos de este conflicto. Y Estados Unidos y Europa se encuentran en medio de tremendas guerras civiles clasistas y racistas que tienen a sus ciudades transformadas en enormes hervideros.

-Las mismas llamas que prenden en Ecuador y que amenazan con prender en cada país del Bloque Bolivariano. ¿No encuentras la ironía de todo el asunto? Mientras en el Imperio Yanqui y Europa los trabajadores, los negros, los inmigrantes y los Homo Superior se encuentran en plena Insurrección para derrocar el Sistema, liderados por grupos y partidos claramente identificados con la Concepción Comunista y/o Anarquista del mundo y se cree posible que el levantamiento se contagie a cada región en la que los occidentales tengan influencia; los explotados y oprimidos de América Latina apelan a las armas para destruir a sus opresores guiados por la propaganda de un sector importante del mismísimo Bloque opresor.

No pudo menos que quedarse mirando el rostro de su amigo y camarada de armas por un largo tiempo. Tenía toda la razón del mundo. La incompetencia de la izquierda a nivel mundial había sido tan descomunal, su traición a los principios que decía defender había sido tan profunda y definitiva que, cuando al fin organizaciones y personas en los grandes países desarrollados hacían gala de un autentico espíritu revolucionario y lograban lanzar a grandes masas de los trabajadores y explotados de sus países a la Rebelión contra el Sistema Capitalista; en los países más explotados y oprimidos del mundo: América Latina, África y Medio Oriente se realizaban insurrecciones y levantamientos masivos bajo la egida terrorífica de las alimañas más rastreras, racistas y criminales de la historia de estos pueblos. Maldita mierda.

Ibarra, Ecuador.

La ferocidad de la batalla tenía cogidos por sorpresa a los milicianos indígenas que defendían Ibarra. Después de la rápida caída de la ciudad en manos de los colombianos y las huestes tribales y el dominio acerado que la Alianza de Consejos Nativos logro imponer sobre cada esquina de la importante metrópoli norteña, les resultaba inesperado e incomprensible la repentina aparición de esa brigada o división ecuatoriana atacante que, de alguna manera, había burlado las líneas de defensa del ejército invasor y asaltaba la ciudad con determinación y notable potencia de fuego. Lo más pasmoso es que los agresores poseían el número y el armamento suficiente como para combatir contra dos enemigos al mismo tiempo. Por lo menos treinta mil hombres mantenían un intenso bombardeo y un constante asalto contra las calles y edificios de la ciudad. Mientras, una fuerza que no debía bajar de los cuarenta mil hombres sostenía un salvaje duelo de artillería y vehículos blindados contra los neogranadinos.

De donde habían los agresores sacado las armas y los hombres para desafiar al ejército combinado de las tropas colombianas y los nativos indígenas ecuatorianos constituía un misterio difícil de dilucidar. No se veía posible que las tropas regulares que protegían Quito hubieran logrado movilizarse en tan apreciables cantidades y con tantos recursos sin que fueran descubiertos por las maquinarias espaciales de los yanquis. Se sabía que los americanos hasta podían detectar las traslaciones y trasportaciones ejecutadas mediante el uso de poderes mutantes y los yanquis habían asegurado que cada mutante poseedor de ese tipo de cualidades y que vivía entre Quito y Guayaquil se encontraba adecuadamente registrado y vigilado. Eso sin contar que el timorato mando de Quito era tan cobarde e incapaz que, ni aun contando con los recursos materiales y biológicos para burlar la tecnología occidental tendría las bolas para utilizarlos.

Rumores salían de todas partes intentando explicar el origen de las huestes sitiadoras. Algunos afirmaban que eran divisiones especiales entrenadas por los ejércitos del Bloque Oriental para socavar la retaguardia de los occidentales y desencadenar cuestionamientos bélicos a la hegemonía estadounidense y europea en el Tercer Mundo. Otros le echaban la culpa igualmente a la intervención de una potencia extranjera pero apuntaban su dedo acusador contra la Dinastía Magnus y su Imperio Mutante en Genosha. Aducían que Magneto poseía más interés en destruir el poderío occidental Homo Sapiens que los rusos o los chinos y que cualquier resistencia armada contra los intereses de los americanos y sus aliados sería más que bienvenida. Si había armado a los revolucionarios de Markson no le costaría nada proteger a los apestosos matones bolivarianos.

Pero, fuera correcta la versión que fuera, lo cierto y verídico estribaba en que los mestizos y blancos ecuatorianos habían logrado constituir una fuerza de campaña lo suficientemente bien armada y lo adecuadamente bien comandada como para representar una amenaza para los intereses de los ejércitos colombianos e indígenas en el seno de sus propias bases y puntos fuertes. Los reportes que circulaban por la Comandancia hacían hincapié en las embestidas de guerrillas anti colombianas por toda la zona invadida y que, considerando a los indígenas parte del ejército invasor, asolaban todo la zona nórdica del país.

Las molestias causadas por estos nuevos e inesperados grupos guerrilleros contrarios a la ocupación colombiana y a la acción de los ejércitos indigenistas eran tan graves que incluso habían repercutido en el territorio neogranadino. Una sucesión de atentados terroristas asolo la increíble cantidad de mil quinientas vidas de militares colombianos en la ciudad de Pasto y destruyo por completo las instalaciones militares de Ipiales, incluyendo los inmensos almacenes provisionales donde se guardaban las provisiones que abastecían al ejército de ocupación.

El atrevimiento se acrecentó a unos niveles tan impensables que los ecuatorianos infiltraron a una docena de personas en la misma Bogotá y desencadenaron una cadena de atentados por una semana que se saldo con más de dos mil soldados y policías muertos y una cantidad que se aproximaba al doble de mutilados y heridos. Cada uno de los terroristas fue capturado y ejecutado pero no antes que lograran concretar el ataque final que se saldo con la muerte de media docena de generales y cuatro almirantes, entre ellos los subcomandantes principales del bloqueo naval de Guayaquil y de las tropas terrestres aposentadas en Ibarra.

Lo único positivo del sorpresivo enjambre de ataques hilvanado por los ecuatorianos es que daba margen para la toma de severas represalias, a la discreción de los comandantes de las fuerzas de ocupación, permitiendo que los asaltos contra los elementos enemigos fueran más efectivos gracias al carácter proactivo de los mismos. Represalias que además de permitir aplastar la resistencia enemiga permitía tomarse ciertas libertades a la hora de emprender operaciones y lograr adquirir un poco de entretenimiento eficaz.

Las redadas por cada barrio y calle de Ibarra se vieron notablemente intensificadas y prácticamente no existía manzana de casas en la que por lo menos una vivienda no hubiera sido allanada a punta de ametralladora y fusil de asalto. Lo extasiaban los gritos de impotencia, furia, ira y dolor de los mestizos y blancos que veían sus hogares profanados y sus pertenencias saqueadas y destrozadas. Lo sumían en un hondo placer los gemidos y sollozos de miedo y terror que soltaban las mujeres cuando veían a las hordas indias entrando en sus casas y llevándose a sus hombres a las cárceles o al cementerio. Aunque por supuesto lo que más lo encendía de gozo era el miedo que las mujeres demostraban cuando comprendían o por lo menos presentían las intenciones que él y sus hombres tenían para ellas y sus hijas.

Aunque, lo que en realidad lo lograba colocar en el sumun del placer, en el éxtasis por antonomasia, en las cumbres olímpicas y/o divinas de la gloria era el llanto y los gemidos que las mismas mujeres, a las que momentos antes había aterrorizado, no podían impedir proferir cuando las embestía y poseía una y otra vez, frente a la tropa que comandaba y, lo mejor de todo, frente a sus propios familiares varones. Demostrarles a los castrados hombres blancos y mestizos que los indígenas eran los verdaderos machos del lugar y que a partir de ahora sus mujeres eran una pertenencia de los alzados. Durante las largas semanas que llevaba dominando Ibarra había posado sus manos y metido su polla en no menos de una docena de hembras de la mejor calidad. La mitad de ellas mestizas de la Clase Media Alta y la otra mitad bellas blancas de la misma Oligarquía local que no pudieron huir a tiempo de la invasión colombiano-indígena.

Y, para él, las mejores para someter eran las hembras blancas. Su arrogancia, su porte, su posición en la jerarquía social, su color de piel contrastaban con todo lo que él era, representaba y constituía. Aunque su altura era superior al promedio indígena y llegaba fácilmente al metro ochenta de estatura, poseía una piel evidentemente cobriza, cuerpo de una tosquedad que lo delataban como representante de las clases bajas, un lenguaje barriobajero, una cultura que no superaba el bachillerato y una docilidad propia de las castas menos favorecidas de la sociedad. Solo la inesperada confrontación entre los bogotanos y los bolivarianos le dieron la posibilidad de imaginar que podía salir del desastre patético que era su existencia y cuando los esbirros de Bogotá llegaron hasta su comercio en Ibarra y le informaron que lo consideraban un hombre capacitado para liderar a sus paisanos y que conocían sus hazañas de hacía quince años determino que ya era la hora de culminar con su miseria.

Y tomar lo que le había sido negado durante años por su apariencia de campesino indio ignaro representaba la máxima hazaña que la guerra actual le había dado. Y lo que siempre quiso fue meterse entre las piernas de las rubias y pelirrojas que cruzaban las calles de su ciudad sin siquiera dignarse dirigirle una mirada, aunque fuera de reconocimiento. Siempre esas perras lo habían mirado con desprecio y altanería y más de una vez las había observado mientras lo señalaban y le dirigían sonrisas burlonas. En la escuela, en el liceo, en las calles de la ciudad, en los pueblos cuando se dignaban a meterse entre los barrizales de los mugrientos puebluchos nativos y las apestosas zonas rurales. En todas partes, lo único que recibió de esas rameras, eran miradas, sonrisas, y gestos llenos de desprecio, burla y superioridad.

Pero ahora el que sonreía con desprecio, superioridad, altanería e imponía su voluntad y su poder era él. Ahora eran ellas las que tenían que bajar la cabeza ante su presencia, las que tenían que rendirle pleitesía y demostrarle su respeto y obediencia. Las que no tenían más remedio que suplicar su misericordia para una eventual salvación de los hombres de su familia. Hasta ahora la mejor de las mujeres conquistadas había sido la hija del más poderoso empresario de Ibarra. El hombre poseía inversiones considerables en las industrias de la cebada, la remolacha, la caña de azúcar, la patata, las legumbres, los cítricos, los viñedos y las aceitunas, el sector artesano y la moda, la cal y la gastronomía, el Banco Pichincha, el Banco del Guayaquil y el Banco Capital. Tenía viviendas y propiedades en prácticamente todos los sectores burgueses de la ciudad: El Empedrado, La Florida, Ajaví, El Ejido de Ibarra y era prácticamente poseedor del Condominio Ámsterdam, el Condominio Cascadas de Chorlavi, el Condominio La Coruña, el Condominio Villa del Retorno #1, Condominio Villa del Retorno #2, Condominio Versalles, Condominio Vistas del Lago, Condominio Paseo del Castellán, Condominio La Veraniega, Torre Residencial Éxtramis, Condominio Villa de Europa. Con semejantes posesiones era comprensible que la única heredera de semejante imperio, Carolina Buitriago Jaramiyo, destilara arrogancia por los cuatro costados.

Y, conjuntamente con las propiedades, posesiones y riquezas que la transformaban en una de las más ricas y poderosas herederas de toda la zona norte del país, se encontraban las otras características que adornaban de prestancia a la joven burguesa. Una altura no menor a los ciento setenta y cinco centímetros, una blancura digna de las europeas nórdicas, un pelo rubio refulgente como el Sol, unos ojos azules intensos como la mar embravecida, unos pechos firmes y resistentes, unas nalgas redondas y con una palpable resistencia, debido al constante ejercicio físico, modales exquisitos para con las personas de su grupo social y la adecuada arrogancia y la buena dosis de desprecio al dirigirse a los integrantes de los demás grupos sociales. Educada en las mejores instituciones educativas del país y graduada con honores en Economía, Historia y Ciencias Políticas en las Universidades de Oxford y Harvard. La burguesa perfecta. Incluso poseía esos rasgos europeos nórdicos, pese a que, en Ecuador y América Latina en general, hasta los magnates tenían el pellejo oscuro por motivos del constante mestizaje.

Y, en comunión con las cualidades físicas e intelectuales de las que hacía gala la joven heredera, debía contarse entre sus atributos una determinación y un coraje notables. Cuando los colombianos e indígenas atacaron Ibarra y la conquistaron, Carolina Buitriago Jaramiyo estuvo entre las pocas personas que intentaron organizar una resistencia contra los agresores. Estuvo a la vanguardia de las guerrillas que importunaron a los ocupantes desde el comienzo y se sabía que coordino los atentados que provocaron la destrucción de los almacenes provisiónales de alimentos de las fuerzas ocupantes en Ibarra. Dirigió los ataques que trajeron por resultado la emboscada y asesinato de una docena de los principales chamanes ecuatorianos y más de una veintena de caciques de alto nivel. Y como joya de la corona estuvo implicada en los ataques que trajeron la muerte del Almirante Sanabria y el General Silva, los principales comandantes de los Servicios de Espionaje colombianos en Ecuador.

Pero fueron precisamente esos talentos y esas cualidades las que trajeron su ruina. Llena de arrogancia por sus éxitos y por su posición en la jerarquía clasista se había demostrado brutal en exceso son sus propios compañeros de combate y con los demás integrantes de su misma clase. Les obligo a aceptar una tiranía bestial en la que imponía sus decisiones a placer y llego a los extremos de expulsar y hacer asesinar a cuatro miembros prominentes de su grupo por disentir de ella en la discusión de los planes de campaña. Y no fue una rebelión abierta sino una simple discusión en la que le fueron propuestas acciones alternativas a las planeadas, que la joven chica tomo como una rebelión a su comando. Les ordeno salir de las edificaciones que ocupaban y dos días después les hizo matar en una operación que intento hacer parecer como propia de los comandos americanos. La trampa quizá hubiera sido exitosa si no fuera porque uno de los integrantes de la banda de forajidos estaba tan encumbrado en las instancias del poder económico y social ecuatoriano que mantenía conversaciones constantes con la dirigencia colombiana, la cual desconocía su papel en la resistencia, cosa que este aprovechaba para obtener información. Comprendió, gracias al estupor de los generales colombianos cuando los felicito por la muerte de tan altos comandantes guerrilleros, que estos no tenían nada que ver con la acción. Y cuando la sorpresa se dejo traslucir en las caras de los americanos e indígenas que apoyaban la invasión al repetirles la lisonja, no tuvo dudas que todo había sido un trabajo interno y no dudo tampoco quien había sido la responsable.

El odio más grande se apodero del poderoso rebelde. Dos de los asesinados por las órdenes de Jaramiyo eran sus hermanos: un hermano de treinta y cinco años y una joven de no más de veinticuatro años. Solo podía pensar en vengarse de la maldita perra y tomar un despiadado desquite que la anulara por siempre como referencia para futuras operaciones de envergadura. Y la oportunidad le llego como caída del cielo. Todos los triunfos obtenidos por la joven burguesa de Ibarra los había conseguido en apenas unas cuantas semanas, lo que había llevado el egocentrismo y la confianza ciega de la chica a niveles extremos. Esta egolatría de la Jaramiyo le permitió montarle una trampa mortal y al mismo tiempo continuar con su patriotismo intacto.

Trasmitió una serie de códigos decodificados informando de la ubicación exacta del Comando de Misiles y Artillería del Ejército Colombiano. Las baterías colombianas habían sido un dolor de cabeza espantoso para las fuerzas ecuatorianas, al impedirles, con un constante bombardeo cualquier posibilidad de concentrar fuerzas y lanzar una operación ofensiva coordinada contra las zonas ocupadas. Miles de ecuatoriano habían quedado muertos, heridos, mutilados e inutilizados de por vida gracias al sistemático empleo de los proyectiles y misiles colombianos. Quien destruyera los centros de comando de semejantes armatostes le daría un respiro enorme a la causa ecuatoriana y adquiriría poder e influencia a nivel nacional y fama internacional. Demasiado atractivo el premio como para que una mujer como Jaramiyo no intentara alcanzarlo.

El único problema para Carolina Buitriago Jaramiyo era que, aunque la información obtenida era real, la cantidad y calidad de las defensas de la base habían sido completamente subestimadas adrede para hacer que los agresores movilizaran fuerzas menores a las realmente necesarias. Cuando las treinta columnas guerrilleras con un total de dos mil hombres y mujeres y encabezadas por Carolina atacaron la fortaleza a unos cincuenta kilómetros de Ibarra se encontraron con que la base no estaba protegida por mil quinientos soldados como les habían hecho creer sino por cinco mil miembros de las fuerzas especiales americanas, colombianas e indígenas. El magnate deseoso de venganza preparo todo lo suficientemente bien como para que las armas de largo alcance fueran lo suficientemente masivas y eficaces como para provocar un daño terrible a todo el sistema artillero computarizado de los invasores. Así se aseguraba de servir a la patria a la cual pertenecía. Pero la diferencia de números y armas permitió a los asaltados contragolpear y destruir a los agresores, matando o capturando a casi todos los involucrados, incluida la Jaramiyo. Así lograba su venganza.

Había estado presente cuando la joven fue capturada y cuando el magnate se presento a la prisión militar de los invasores y se regodeo con la victoria obtenida. Vio como el magnate le hizo saber a Jaramiyo que él había sido el creador de la trampa y que ella era la única culpable de su caída por atreverse a matar a sus hermanos. Y le deseo que padeciera la mayor de las humillaciones en manos de sus captores. Y él por supuesto se dispuso a hacer realidad los deseos del magnate que coincidían perfectamente con los suyos.

Gracias a su posición como comandante de las huestes indígenas a nivel nacional poseía la potestad de imponer su voluntad sobre la suerte de los prisioneros de guerra y además, el que la mitad de los defensores de la base pertenecieran a su ejército indígena constituía una baza más en su posición como determinador de la suerte de las presas. Logro adquirir a la notable prisionera por una suma más o menos elevada pero aceptable y aseguro su docilidad con dos métodos muy eficaces: en primer lugar la dejo conocer que sabían a la perfección la ubicación de los refugios donde se encontraban sus familiares y amigos y que podían aniquilarlos en cualquier momento si no acataba las directrices impuestas y por otra parte adquirió uno de esos hermosos y útiles collares de esclavitud con la que los genoshanos y otras naciones habían logrado imponer su voluntad a la población mutante antes de la aparición de las hordas armadas de Magneto. Modificado adecuadamente para ser empleado con los genomas de los encefaloplanos, podía asegurar la sumisión de cualquier persona por métodos brutales. Masivas, pero no letales, descargas eléctricas, inyección de virus mortales que asolaban en horas y muy dolorosamente el organismo de la persona inoculada a menos que le inyectaran el antídoto en las primeras cinco horas de la introducción de la enfermedad, descargas de energía que imponían la inmovilidad de la persona al imposibilitar el control de sus músculos y huesos. En fin, una hermosa prenda esclavizadora.

Gracias a ello la antiguamente arrogante burguesita de Ibarra se encontraba en el lugar donde se hallaba sin poderlo impedir. Por ello la joven aristócrata estaba absolutamente desnuda, de rodillas, con lágrimas de impotencia recorriéndole las mejillas, el pelo alborotado y la cabeza moviéndose arriba y abajo mientras tenía la boca abierta chupándole el miembro y tragándose con asco y resignación las emanaciones seminales que salían de su excitado y duro pene. Mientras él se dedicaba a gozar de la mamada y de vez en cuando explorar el cuerpo de su esclava pellizcándole los pezones o introduciéndole con rudeza y energía de Amo y Señor los dedos entre sus piernas para explorar la abertura de la mujer y deleitarse con los jadeos de sorpresa y dolor que lanzaba la chica cada vez que sentía la violenta e indeseada intrusión en sus genitales.

Deseoso de demostrarle a la burguesita quien mandaba, una vez más, la forzó a detener la chupada que le estaba prodigando y cogiéndola por las caderas la levanto y la obligo a sentarse a horcajadas sobre él. Completamente expuesta a los ojos y manos de él observo con deleite como se sonrojaba por la vergüenza que la abrumaba y no paro de manosear cada centímetro de su blanca piel. Toco con crudeza sus pechos y mordió rudamente sus pezones, beso su boca y metió su lengua en ella forzándola a responder a su acción, no paro de llenar su cuello de lengüetazos imperiosos y manoseo con impudicia sus nalgas. La forzó a cabalgarlo y la penetro con violencia mientras la sostenía por la cintura y besaba, lamia y mordía sus senos. Y la hizo jadear de dolor, indignación e impotencia cuando, al mismo tiempo que profundizaba su penetración por sus ultrajados genitales, introducía dos dedos por su orificio anal sin contemplaciones ni cuidados de ningún tipo.

Sostuvo un mete y saca intenso tanto con su miembro viril como con sus dedos por ambas entradas del profanado cuerpo de la chica y no se detuvo hasta que hubo terminado profusamente dentro de su cautiva. Aunque la humillación no termino allí. La sostuvo con fuerza por la cintura y la llevo hasta la cama de la habitación en la que se encontraban, la lanzo con brusquedad sobre el colchón y se le tiro encima. Sin pausa ni descanso y mucho menos piedad, volvió a embestir contra su vagina y la penetro rudamente volviendo a desencadenar un mete y saca intenso y doloroso que lo llenaba de cruel placer, aumentado por los sollozos incontrolables de su víctima. Solo cuando hubo terminado nuevamente dentro de ella y pensaba feliz que quizá la hubiera logrado preñar decidió poner finiquito al suplicio del día de su prisionera. Mientras se levantaba de la cama, dejando tirada por el dolor y la vergüenza a la chica, pensaba que el posible hecho que un bebe cobrizo saliera del vientre de su rubia esclava representaría la venganza definitiva y más hermosa contra quienes lo habían humillado toda su vida. Pero se detendría en los pormenores de tan hermosa posibilidad en otro momento. Ahora los rugidos de los cañonazos sonaban demasiado cercanos del centro de Ibarra para dejarlos pasar desapercibidos. No iba a permitir que le arrebataran su más bello trofeo con tanta rapidez, se dijo, pensando por igual tanto en la ciudad de Ibarra como en Carolina Buitriago Jaramiyo, su prisionera, su propiedad, su esclava de por vida.

Maracay, Aragua, Venezuela.

Se sentía como si la gritería de los manifestantes estremeciera las calles por la que pasaban los enfurecidos protestatarios. Parecía que las vidrieras de los negocios y los tarantines de los buhoneros fueran a ser despedazados por la arrechera que se escapaba de las gargantas de los que marchaban a todo lo largo de la avenida con rabia muy mal contenida. Nadie ponía en duda que de un momento a otro las calles de la ciudad empezarían a arder debido al calor que despedía el odio acumulado en los cuerpos de millares de personas que por fin habían desarrollado el deseo de exigir al poder lo que les correspondía por derecho jugándose el todo por el todo. Nadie apostaba un ápice por las pretendidas negociaciones que se emprenderían dentro de una hora entre los enviados por el Gobierno Nacional y los representantes de la muchedumbre rebelde.

Con franqueza, nadie esperaba, ni siquiera las más radicales corrientes opositoras al Régimen, que pudiera conformarse semejante masa exigente. Ni en los sectores de la más dura ultraderecha fascista, ni en los partidos tradicionales que construyeron el fracasado proyecto puntofijista, ni en la izquierda sistémica ni siquiera en los grupos más radicalizados y combativos de la izquierda revolucionaria se considero que la oleada de chauvinismo construida por el Gobierno aprovechando la guerra contra Colombia y la grave crisis estadounidense pudiera ser repelida con tanto vigor por sectores tan amplios de la población del país. Jamás creyeron posible que lo que quedaba de Clase Obrera en este desindustrializado Estado concibiera la idea de levantarse enérgicamente contra los poderes del Stablishment exigiendo a voz en cuello y con los puños en alto, adecuados puestos de trabajo, el fin del desempleo, subida general de salarios, supresión del alza inflacionaria, reindustrialización, combate contra la corrupción, destitución de todos los miembros del Ejecutivo, del Congreso y del Tribunal Supremo, fin de la guerra contra Colombia, rompimiento de los pactos político-militares con el Bloque Oriental y solidaridad pública y notoria con los Insurrectos de Estados Unidos y los Huelguistas de Europa. Incluso existían grupos muy minoritarios pero bastante activos que exigían la supresión de la propiedad privada, la socialización de los Medios de Producción e Intercambio, la liquidación del Ejército de la Burguesía y la instauración de un nuevo sistema social y político claramente definido como socialista y/o comunista y que exigía más que una simple muestra de solidaridad con los revoltosos del Norte; exigía una alianza formal con Markson y el resto de personas y agrupaciones que alentaban por la Revolución Social en las potencias nórdicas.

La chispa que prendió la llamarada de furia entre los manifestantes fue la decisión gubernamental de acrecentar el I.V.A desde un doce y medio por ciento hasta un cincuenta y cinco por ciento, implementar el servicio militar obligatorio, suprimir los derechos a la manifestación, protesta, huelga, organización política y desobediencia civil, eliminar los derechos sindicales, erradicar las horas extras, elevar la jornada laborar tres horas, y quizá lo más grave de todo aunque empatado a la perfección con semejantes desafueros; la creación y puesta en práctica de la Ley de Seguridad y Defensa Integral de la Patria Bolivariana que decía, entre otras cosas, que el Estado poseía la potestad de vigilar y detener a cualquier individuo que se considerase peligroso para los intereses de la Seguridad de la Patria, sin necesidad de permitirle obtener los servicios de un abogado y con la potestad de mantenerlo detenido en aislamiento, sin notificar de su arresto a familiares, amigos o defensores legales por hasta seis meses. Y, como si semejante exabrupto no fuera suficiente demostración de barbarie, se le permitía a las fuerzas policiaco-militares de la nación el suprimir físicamente, sin orden judicial, sin aviso previo, sin responsabilidades legales ni penales, a cualquier persona o grupo de personas que fuera considerado una amenaza para los intereses de los poderes establecidos de la Patria Bolivariana. Era prácticamente la legalización del exterminio de toda oposición política, la legitimación leguleya del genocidio contra los enemigos del Régimen y del Sistema Imperante.

Sin embargo, si el propósito de estas medidas; tomadas desde que comenzaron los violentos disturbios en la Gran Nación Norteamericana y agravadas y consolidadas con el estallido de la guerra contra Colombia; era imponer un estado de miedo, zozobra e inmovilismo entre los habitantes del país, la equivocación de los factores de poder y la subestimación de la capacidad combativa de los venezolanos de las clases subordinadas, por parte del Gobierno y sus asesores políticos había sido descomunal. Desde el primer día en que los decretos y artículos de la nueva legislación fueron dados a conocer al público en general, comenzaron los disturbios sociales, que eran comparados por las autoridades como motines contrarrevolucionarios. Ciudad Guayana, Ciudad Bolívar, Ciudad Piar, Upata, centros de la actividad siderúrgica, metalúrgica, e industrial en general de la Venezuela Bolivariana y de una nada menospreciable actividad agrícola y ganadera fueron las primeras metrópolis venezolanas en estallar. Cada una de las empresas importantes del Estado Bolívar se declararon en huelga indefinida: SIDOR, VENALUM, ALCASA, FERROMINERA, BAUXILUM, los trabajadores de las Represas del Gurí, Caruachi y Macagua, los mineros explotadores de oro y demás piedras preciosas al interior de las zonas selváticas, prácticamente todas las tribus indígenas, en general cada uno de los grupos sociales que se veían afectados en sus derechos y conquistas sociales por el articulado de la nueva Ley se levantaron en Rebelión.

La respuesta gubernamental no pudo ser más salvaje. Batallones completos de la Guardia Nacional inundaron las calles de las grandes ciudades del Estado y se dedicaron a abarrotar de tanquetas las avenidas más importantes. Grupos de asalto tomaron a la fuerza las fábricas y talleres de las zonas industriales sin ahorrar en niveles de fuerza. Corrió la sangre a raudales y tras tres semanas de enfrentamientos feroces se manejaba la cifra de cuatrocientos obreros, trescientos ciudadanos y doscientos militares muertos en los rudos enfrentamientos callejeros. Las malas lenguas afirmaban que el número de personas fallecidas en realidad quintuplicaba semejantes cifras. Se destinaron patrullas fuertemente armadas del Ejército y de la Guardia Nacional para imponer control sobre el Aeropuerto Internacional Manuel Piar. Cada una de las avenidas importantes de Ciudad Guayana estaba tomada por no menos de cinco tanquetas y dos tanques de guerra junto con gruesos grupos de asalto de infantería: la Av. Guayana. La Av. Atlántico. La Av. Paseo Caroní. La Av. las Américas. La Av. Expresa 01. La Av. Principal de Castillito. La Av. Norte-Sur 01. La Av. Fuerzas Armadas. La Av. Norte-Sur 6. La Av. Libertador. Todas ellas eran transitadas día y noche por columnas que no bajaban de los trescientos hombres armados con todos los implementos bélicos requeridos para situaciones de conflicto militar contra naciones extranjeras y se encontraban apoyadas por los blindados.

Las Zonas Industriales de Matanzas, Chirica, Matanzas Sur, Los Pinos, Cambalache, Unare I, Unare II y Unare III se convirtieron en zonas ocupadas como si de territorio de país hostil se tratase. Toque de queda y Ley Marcial se convirtieron en las normas del día a día de los guayaneses. Y pese a las cifras oficiales y extraoficiales de muertos, heridos y detenidos, a pesar de las tanquetas y tanques de guerra, no obstante los miles de soldados de la Guardia Nacional y del Ejército que repletaron las Avenidas del Estado Bolívar, pese a la represión desmesurada impuesta por los factores del Poder Político y Económico Nacional contra las masas obreras e indígenas levantadas en protesta airada; pese a todo ello y quizá motivado precisamente por ello los obreros de las grandes empresas y las tribus indígenas redoblaron las protestas y aumentaron la frecuencia, intensidad y masividad de las mismas. Luego de las tres semanas de represión continuada lo único que los poderes establecidos habían conseguido era que ningún trabajador de las empresas básicas, los sectores de la administración pública, las empresas privadas (incluyendo a los trabajadores extranjeros de las Grandes Transnacionales europeas, asiáticas, rusas y yanquis) permaneciera dentro de sus casas o cumpliendo sus labores y los llevo a apoyar masivamente la huelga general e indefinida.

Cuando empezaron a difundirse por todo el país las imágenes de la magnitud de la represión desmedida y la feroz determinación de la Clase Trabajadora Guayanesa de no rendirse y de combatir a las directrices empresariales y del Estado hasta el último suspiro del último de sus integrantes, el ánimo de resistencia se propago con rapidez de incendio. Pronto se vieron abocados a la huelga los trabajadores de las zonas petrolíferas de Anzoátegui, Monagas, Sucre y Delta Amacuro. Cumana, Barcelona, Puerto La Cruz, Carúpano vieron su actividad portuaria y aeroportuaria completamente paralizadas por la acción de sus trabajadores. El Zulia contemplo entre sorprendido y esperanzado la súbita explosión de huelgas en cada una de las actividades económicas que existía dentro de sus fronteras. No hubo pozo petrolero, refinería, taller mecánico, centro de enseñanza, metalúrgica, almacén, mercado, terminal, puerto y aeropuerto en Maracaibo, Cabimas, San Carlos y cualquier otra localidad del Zulia que no paralizara sus actividades en solidaridad con los guayaneses y los orientales.

Pero el sector geográfico donde la expresión de solidaridad con los trabajadores del Estado Bolívar fue más intensa, determinada y masiva fue el Centro de la República, con especial énfasis en los estados Carabobo y Aragua. Valencia y Maracay se convirtieron en auténticos hervideros humanos por la acción diaria de las manifestaciones callejeras de los trabajadores de prácticamente cada empresa aun existente en sus zonas industriales. Trabajadores de la Industria Textil (o lo que quedaba de ella), obreros de la construcción, trabajadores de la Gran Misión Vivienda Venezuela, obreros de las ensambladoras de automóviles Ford, General Motors y Chrysler, obreros y empleados de las industrias de productos alimenticios como Alfonso Rivas y la Polar, los trabajadores de Centros Comerciales como el Sambil, o Las Américas, los obreros de la Nestlé y Remavenca, la Clase Obrera de Pepsicola, trabajadores de plantas industriales alimentarias como Kellogg, maestros y profesores de las instituciones universitarias y los centros de educación secundaria, terminales y aeropuertos, supermercados y abastos. En fin, prácticamente cada actividad económica o laboral existente en ambos estados paralizaron sus actividades apoyando la Huelga Indefinida y casi insurreccional del Estado Bolívar.

Pese a la conmoción que la conflictividad en la Guayana había generado entre los trabajadores de los Estados Orientales y entre los proletarios del Zulia, el Gobierno Bolivariano y prácticamente toda la Clase Empresarial pusieron en duda que la explosión lograra influenciar a los trabajadores de las regiones centrales del país. Chávez y sus sucesores siempre habían poseído sus principales bastiones en Aragua y Caracas y habían logrado penetrar profundamente en el entramado social de Carabobo y Miranda. Esta deslealtad les parecía inconcebible e imposible. A eso se debe agregar que la desindustrialización masiva que esos estados habían padecido por décadas había erradicado a los sectores más combativos del de la Clase Trabajadora del Centro de la República. Y los sectores no industriales del de esta clase, es decir los trabajadores de la industria de servicios, los miembros de la comunidad laboral de los centros de enseñanza media y superior, los trabajadores de los centros de salud, sufrían de una serie de debilidades que hicieron pensar a las autoridades y a los empresarios que su involucramiento en los grandes combates de clase estaba fuera de cualquier discusión. Los trabajadores de los servicios estaban dispersos en multitud de negocios y empresas diferentes que impedían una conexión masiva entre ellos; los maestros y profesores por su arrogancia, incompetencia e incomprensión de la realidad que vivían se habían aislado de las comunidades a las que enseñaban y la fuerza laboral de los centros hospitalarios y clínicas de salud se habían alienado tanto la confianza y apoyo de sus clientes debido a su jactancia, su desprecio, sus precios que estaban aun más aislados y eran más despreciados que los empleados de la enseñanza. Y, pese a ello, estaban en las calles, combatiendo hombro con hombro junto a los trabajadores de las industrias aun existentes y a la masa popular de los barrios.

Pero el combatir hombro con hombro en jornadas épicas no eliminaba la necesidad de refrescar un poco el gaznate que poseían por instinto todos los hombre y mujeres que vivían en las zonas plebeyas de las grandes ciudades y pueblos de Venezuela, siempre que participaban en una protesta, manifestación, lucha, marcha o lo que carajo los motivara a estar en la calle más tiempo de lo ordinario o de lo deseado.

-Vamos, María, tienes que reconocer que ningún gobierno posee la capacidad para aguantar el aluvión de protestas que está sacudiendo nuestro país. Tenemos completamente puestos contra la pared a los matarifes que administran los recursos de nuestra nación y falta poco para que caigan en la ruina y podamos reemplazarlos en su totalidad.

-Nunca he sido de las que creen en cuentos de hadas. Los sapos que se transforman en príncipes, las bestias que se vuelven hombres guapos, las princesas que caen dormidas cien años, son violadas, despiertan por los dolores del parto y se casan con el príncipe que las ultrajo. Todos esos relatos con finales felices representan los deseos desesperados de gente que buscaba sacar moralizantes lecciones de los desastres de la vida. Así pasa con la potestad de las personas para sacar a los mandos del trono. Solo una lucha denodada y cruel puede destruir el predominio de la burguesía. Lo contrario es creer en pajaritos preñados. Y Estados Unidos es el mejor ejemplo.

-La Oligarquía Yanqui es sádica y brutal hasta los extremos más ridículos. La extensión y violencia de los combates en la América del Norte solo obedece a la voluntad criminal de la Burguesía del Imperio que no comprende que su tiempo pasó y es hora del relevo. Y por ello y pese a la monumentalidad de la insurgencia norteamericana continúan ejerciendo su poderío retrogrado sobre la población nórdica y contra sus dependencias neocoloniales.

-¿Y eres uno de los que creen que la burguesía de nuestros países posee una voluntad menos criminal que la de los Grandes Imperios? ¿Consideras que los oligarcas del "Tercer Mundo" son menos brutales y genocidas porque no comandan la vida de poderosas naciones sino de países considerados de segunda o tercera categoría? Si es así déjame decirte que te equivocas. De hecho la determinación criminal de las burguesías sureñas puede llegar a ser mayor que la de las potencias primordiales. Y eso se debe a una razón principal. El comandar naciones de bajo rango en el escenario internacional las hace querer ser merecedoras de la consideración de sus hermanas mayores y las impulsa a demostrar una vesania criminal muy superior a la de sus patrones. Además, que saben que al no contar con los inmensos recursos estratégicos y tácticos de los Imperialismos de primera, son relativamente más débiles que estos y pueden ser afectados con mayor facilidad por los movimientos insurgentes de las masas. Por lo que toman medidas de una criminalidad atroz para preservarse en el poder a cualquier costo. Mira si no a Argentina, Chile, Brasil y un largo etc.

-Tienes razón. Pero los ejemplos que me has dado eran naciones con una burguesía con voluntad de poder y capacidad creativa y productiva. Y los personajes que buscaron para representar sus intereses como Pinochet y Videla poseían clara conciencia de donde estaban sus intereses. La burguesía nacional siempre ha basado su riqueza y poderío en los dividendos que le regala el Estado y en una vida completamente parasitaria. No poseen, salvo excepciones muy escasas, autentica voluntad de Clase Hegemónica.

-Pero sus instintos de supervivencia son tan elevados como entre cualquier clase dominante. Ni siquiera necesitamos estudiar enjundiosos ensayos teóricos para comprobar hasta dónde es capaz de llegar nuestra oligarquía con el fin de conservar los usufructos de sus trapacerías. Léete los Amos del Valle y la Casa del Pez que Escupe el Agua y veras hasta donde pueden llegar nuestros Señores por conservar sus cochinos privilegios. Y si bien nuestra burguesía no construyo al Estado a su imagen y semejanza ha contado con guardias pretorianos que no tienen nada que envidiarle a Pinochet o a Franco. Gómez y Pérez Jiménez no eran ninguna belleza. Y los crímenes de Betancourt, Leoni y Carlos Andrés Pérez no tienen nada que envidiarle a los de las grandes tiranías sureñas.

Dejaron de conversar por un momento extasiados por el espectáculo de la magnitud de la manifestación que pasaba por delante del bar-restaurant donde se habían establecido para calmar la sed de sus gargantas. Persona tras persona, grupo tras grupo, movimientos, partidos, sindicatos, individuos. Toda una marea protestataria inundando las calles de Maracay, exigiendo un mínimo de respeto para su Clase en el Estado Aragua y en toda la Nación. Un respeto que fuera más allá del discurso fácil y populista de las autoridades chavistas y alcanzara a las más profundas necesidades materiales y espirituales del proletariado y demás capas explotadas de la sociedad venezolana. Según los cálculos que habían realizado por todas las avenidas primordiales de Maracay: Bolívar, Constitución, Delicias, Aragua, Casanova Godoy, Intercomunal; se encontraban participando en la manifestación no menos de ciento ochenta y cinco mil personas. En su mayoría de procedencia proletaria y del resto de las clases bajas. Hasta los elementos más conscientes y radicalizados políticamente de lo que los marxistas denominaban Lumpen proletariado se encontraba participando de la enorme marcha de protesta.

Esta masividad sin embargo representaba a la vez la fortaleza y la debilidad del movimiento protestatario venezolano. Por lo menos en las regiones centrales del país. El liderazgo proletario de la insurgencia antigubernamental no había logrado sacar de la ecuación a los líderes de una Clase Media política con ansias de recuperar los espacios perdidos en las casi dos décadas de hegemonía de la chusma chavista. El empresariado había logrado ingresar en el levantamiento bajo el pretexto de la lucha por la democracia y en la importancia estratégica de su clase para la reactivación del aparato productivo. Y entre la misma Clase Obrera existía una profunda división basada en lealtades partidistas que la imposibilitaban de actuar como un poderío unificado.

Las feroces discusiones y los enfrentamientos entre los diferentes grupúsculos obreros demostraban la dificultad para constituirse como poder masivo y homogéneo contra sus opresores. La gravedad de la situación se demostraba en que estos enfrentamientos habían tomado un carácter incluso físico y los medios de comunicación se habían estado cebando en las imágenes de obreros comunistas entrándose a puñetazos contra obreros anarquistas y obreros leales a la vieja socialdemocracia adeca enfrentándose a punta de cabillas contra los defensores del anarco-comunismo. Y todo ello al mismo tiempo que los aparatos represivos del Estado Lumpen Burgués desataban jornadas de represión indistinta contra todos los elementos del proletariado por igual y jugaban a la carta de la separación religiosa, racial, y/o partidista. Aunque a decir verdad las cosas no habían llegado a los extremos del horror y de la estupidez antinatural que tomaron las cosas en Ecuador, donde se veía a los indígenas combatiendo hombro con hombro junto al invasor colombiano y podía verse al movimiento obrero girando en torno a posturas patrioteras, o al neutralismo más infame y algunos pocos ligados al radicalismo terrorista. En definitiva puro Caos.