Capítulo 10: Hora de continuar

Habían pasado dos días desde el incidente con el hollow y Kaito, los lugares dañados ya habían sido restaurados, también se habían encontrado y eliminado al resto de los hollows parásitos, haciendo que todo quedara en orden nuevamente; además, ahora se comentaba acerca del bankai de Komamura y del de Akio, que habían sido vistos por varios shinigamis, intrigados por el poder de ambos.

Sin embargo, en aquel tiempo, Akio apenas había sido visto en el Gotei, y cuando se le veía, iba muy distraído, muy serio y casi siempre caminando solo.

- Señor, ¿El joven Akio aun no se encuentra bien? – Tetsuzaemon estaba con Sajin en la división.

Era una tarde tranquila, aquel día Sajin había ayudado en el entrenamiento de los miembros de la división, ahora ambos tomaban algo de sake, mientras hablaban de lo ocurrido.

- No, todavía se siente terrible por haber tenido que usar su bankai para tener que purificar el alma de Kaito; he querido poder hablar del tema con él, pero no sé cómo abordarlo – Komamura tomó un poco de sake.

- ¿Y usted como se siente con todo lo que pasó? – Preguntó Tetsuzaemon.

- La verdad, me duele que no haya podido hacer algo más por Kaito, siento que, si hubiera apoyado a Akio desde que empezaba a entrenar con él, en lugar de negarme a la idea, todo esto podría haber terminado de forma diferente – Komamura suspiró – Akio y yo íbamos a adoptar al pequeño y a llevarlo al mundo humano con nosotros.

Tetsuzaemon vio el semblante triste de Komamura, se veía que el trataba de superar lo que había pasado, pero le dolía mucho la perdida de Kaito.

- Creo que debería ir a casa señor, y hablar con el joven Akio de todo lo que sienten el día de hoy, si dejan pasar más tiempo, puede que el dolor que sienten se vuelva una carga para ambos – Dijo Tetsuzaemon repentinamente.

- Tienes razón Tetsuzaemon, Akio y yo tenemos que superar ésta situación – Komamura tomó la última copa de sake – Muchas gracias amigo mío.

Sajin no perdió un minuto, y salió de la división en dirección a su hogar…

Akio regresaba a su hogar después de haber salido a caminar un rato con Gorou, el pequeño perrito aun trataba de alegrar al humano, pero éste apenas sonreía forzadamente. Akio le preparó la cena al perrito, quien comió con entusiasmo, pero él no sentía necesidad de comer algo en ese momento; se dirigió a su habitación, aunque se detuvo un momento, en la que Kaito había dormido días atrás, entró en ella casi de forma inconsciente.

Sajin iba entrando en su hogar, fue recibido de inmediato por Gorou, aquello le alegró al shinigami, pues supo que su pareja estaba en el lugar. Cuando Sajin se acercaba a la habitación principal, escuchó que Akio hablaba con alguien en la habitación que había sido de Kaito. Al acercarse vio que la forma física de la zampakutou de Akio, estaba frente a su maestro.

- ¿De donde viene tu miedo?… ¿Qué es lo que te hace dudar ahora? – Osore hablaba con calma.

- Tengo miedo de volver a fallar – Respondía Akio – Le fallé a Kaito, a mi Sajin… Y te estuve por fallar a ti en la pelea…

Osore se deshizo en ese momento, Akio escondió el rostro entre sus piernas. Sajin no soportó más y entró en la habitación, llegando hasta su pareja, abrazándolo.

- No tienes por qué sentirte así – Komamura comenzó a hablar suavemente – Hiciste todo por Kaito, aun cuando yo no te estaba apoyando y debí hacerlo… No le has fallado a nadie…

Akio al sentir y escuchar a su amado, le tomó de las manos, sollozando y dejando caer algunas lágrimas. Parecía que había pasado mucho que no escuchaba a su Sajin.

Akio se acomodó para quedar frente a Sajin, y abrazarlo fuertemente.

- Perdóname – Dijo de repente Akio – Perdóname, si no hubiera sido tan orgulloso… Si hubiera hablado las cosas contigo, y no me hubiera precipitado en como actué… Kaito estaría aun aquí.

- Perdóname a mí también – Repuso Sajin – Fui cerrado de mente, ni siquiera me puse a reflexionar sobre lo que me dijiste y por intentar ser precavido, más de lo que debía, dejé tu opinión de lado.

Akio levantó la vista, para poder ver a su amado a los ojos.

No hubo más palabras, el shinigami cargó a su pareja, acurrucándolo en su pecho, ambos dejaban caer lágrimas de tristeza, pero estaba bien, el dolor que ambos sentían se disipaba poco a poco; aunque después de un momento, Sajin escuchó como el estómago de Akio producía un extraño ruido.

- No has cenado aun ¿Verdad? – Dedujo Komamura.

Akio se sonrojo de pena, al mismo tiempo que negaba con la cabeza. Sajin sonrió tiernamente y le alborotó el cabello juguetonamente.

- Ven, vayamos a cenar.

En la casa no había mucho que cocinar, así que Sajin pensó en que ambos salieran; Gorou ya estaba completamente dormido, por lo que irían los dos solos. Ambos se lavaron un poco el rostro, y salieron de la casa tomados de la mano. Ya había anochecido, pero aun así el lugar estaba lleno de actividad, la pareja llegó a un restaurante de sukiyaki, ahí, mientras cenaban con avidez, platicaban aun más entre ellos, como antes.

Ambos volvieron a su hogar bastante noche, Sajin cargaba a Akio en su espalda ya que además de haber cenado, habían bebido algo de sake, aunque el humano no resistía mucho el alcohol. Al llegar a su hogar, Sajin pasó directamente a la habitación principal y puso el futón, desvistiendo a Akio primero para recostarlo, luego él se quito la ropa, decidió dormir así, semidesnudo junto a su pareja, pues la única prenda que les cubría era un simple fundoshi blanco. Sajin sostuvo lo más cerca de sí el cuerpo de Akio.

El sonido de los pájaros cantando hizo que Akio abriera los ojos, la luz del sol entraba en la habitación, la puerta del cuarto que daba al jardín estaba entreabierta, el humano se levantó dándose cuenta de que se encontraba semidesnudo, se preguntaba si Sajin se había aprovechado que él había bebido de más.

- Aunque no me duele la cadera – susurró Akio.

Poniéndose la primera ligera bata que encontró, mirando la puerta del jardín, se dirigió allí, Komamura se encontraba sentado miraba hacia el jardín, parecía pensativo.

Akio se sentó a su lado.

- Ya despertaste dormilón – Le saludó Sajin.

- ¿Qué haces aquí Sajin? – Preguntó Akio – ¿Está todo bien?

Sajin no contestó de inmediato, rodeó con su brazo a Akio y le acercó a hacía si mismo. Aquello se le hizo familiar al humano.

- Estaba meditando sobre todo lo que ha pasado desde que nos conocimos – Dijo repentinamente Komamura – Parece que han pasado más de siete años desde que estuvimos buscando la forma de permanecer uno al lado del otro. A veces pienso en que, si cambiaría algo de aquella vez; pero luego viendo como vamos creciendo, de lo mucho que aprendemos uno del otro, me doy cuenta de que no quiero que nada en nuestra historia cambie.

Sajin sintió como Akio le abrazaba y se acurrucaba mas a su lado.

- A veces pienso que no te merezco, dudo si realmente eres feliz a mi lado, si es que soy capaz de hacerte feliz – Comenzaba a decir Akio – Siempre creo que tengo demasiada suerte por haberte conocido, de que seas mi pareja. Por que cada día que estoy a tu lado, me doy cuenta de lo valioso que eres para mí, pero también dudo de mis habilidades si son suficientes para protegerte… Yo no sé si podré a ser tan fuerte como para nunca perderte…

Komamura abrazó fuertemente a Akio. Tomándole del mentón y acercándose a él para besarle tiernamente; el humano disfrutó de aquel beso, sentía la calidez del aliento de Sajin, parecía que no necesitaban decirse nada más respecto a lo que sentían uno por el otro.

El beso que le daba Komamura a Akio se hacia cada vez más intenso, el humano llevo su mano al pecho de Sajin, acariciando su pelaje de lobo que tenía ahí, mientras que Sajin deslizaba su mano a la parte baja de la espalda de Akio, desatando gentilmente el fundoshi de éste, sintiendo como se estremecía mientras continuaba estimulándolo con su mano. No pasó mucho tiempo antes de que se escuchara el gemir de ambos; Sajin sostenía a Akio contra su pecho, mientras el movimiento de su cadera era continuo, el joven se perdía en el aroma del lobo, lamiendo su pecho, excitándolo más a cada minuto, al final, la cadera de Sajin elevó por completo la de Akio, llenándolo por completo, el humano no pudo reprimir un fuerte jadeo de placer.

- Eso fue maravilloso… – Akio recuperaba el aliento.

- Aun no hemos terminado – Dijo Sajin con una sonrisa.

Sajin separó su cadera de la de Akio gentilmente, esta vez, ambos se recostaron de lado, el humano abrió las piernas al tiempo que Sajin juntaba su cadera con la suya de nuevo.

- Siempre eres tan fuerte… Sajin, no te detengas… ¡Más por favor!…

Sajin aceptó aquella orden, sonriendo y poniendo toda su energía en los movimientos de su cadera con más intensidad… La pareja continuó entregándose de esa manera por largo tiempo, aun cuando entraron a la ducha para limpiarse, no se detuvieron, y la cadera de Sajin embestía la de Akio continuamente, solamente al terminar de ducharse, fue que detuvieron aquel acto prolongado de amor, tras el cual, Akio apenas podía mantenerse bien en pie.

- Perdón por ser tan brusco – Dijo Sajin, mientras ambos se vestían – No pude contenerme.

- Descuida, amo cuando eso pasa – Repuso Akio pícaramente.

Sajin sonrió sonrojándose. Cuando se vistieron y hubieron preparado algo de comer, para recuperar energías, Sajin le dijo a su pareja que salieran un momento, llevando a Gorou con ellos también; en principio, Akio no sabía a donde se dirigían, ni que era lo que Sajin planeaba, pues lo veía llevar un paquete envuelto. Después de andar por algo de tiempo, en las afueras del Gotei, los tres llegaron al lugar donde Akio había peleado con Kaito, pese a que el incidente había sucedido hacía poco, el lugar ahora estaba en completa calma.

- ¿Por qué estamos aquí? – Preguntó Akio.

- Pensé en venir a despedirnos de nuestro pequeño Kaito – Dijo Sajin.

Del paquete que llevaba, Sajin extrajo un poco de incienso ceremonial, y unos recipientes de bambú para colocar flores en ellos. A la sombra del árbol más cercano al lugar, Komamura comenzó a poner el incienso, pidiéndole a Akio que buscará algunas flores para poner en los recipientes, el humano así lo hizo, mirando por los alrededores no tardó en encontrar algunas flores para poner en los bambús, llevando aquello de nuevo a donde Sajin ya había encendido el incienso. Al terminar de poner el adorno funerario, se pusieron en rodillas, juntando las manos y rezando en silencio, mientras hacían aquello, una pequeña mariposa negra pasó frente a ellos, volando un poco sobre sus cabezas, para después alejarse y perderse de vista.