Cuestiones

Capítulo 10 – Cuestiones de moral

Ya llevaba un largo rato tirado en el piso cuando escuchó unos golpecitos en la puerta del baño.

─ Harry ¿estás ahí? ─

Era Tonks. Harry gimió sin sonido. Su intención había sido escaparse antes de que se despertaran, pero al parecer había pasado demasiado tiempo revolcándose en el lodo de su miseria, de la culpa y de la náusea. No sabía bien qué hora era. Sabía que era de mañana porque entraba luz por la ventana del baño.

Hizo un esfuerzo para ponerse de pie. ─ Sí, Tonks. Salgo enseguida. ─ gritó.

─ Sale y vale. Te voy a tener listo el desayuno para cuando bajes. ─

En realidad no sabía si su estómago toleraría comida en ese momento. Se miró al espejo, tampoco tenía buena cara, con el alcohol y el sueño perturbador…

Minutos más tarde entró en la cocina, se sentía un poco mejor. Remus y Tonks estaban sentados a la mesa desayunando huevos con panceta. Su estomago protestó, pero pensó que sería conveniente que comiera algo, tenía un largo día por delante.

─ Buenos días, Harry. ─ saludó Tonks. ─ Siéntate, ya te sirvo. ─

Harry se sentó evitando a propósito mirar a Remus. Pero podía sentir la mirada taladrándolo y de soslayo vio que tenía una expresión muy seria.

─ ¿Qué hora es? ─ preguntó.

─ Las ocho pasadas. ─ dijo Remus.

─ Gracias. ─ Tendría tiempo de tomar una ducha pero también para la discusión que indudablemente Remus insistiría en que tuvieran. ¿Qué pensarían si les contara el sueño? ¿Las cosas que había hecho en el sueño? Le dirían que se trataba sólo de un sueño y que no significaba nada. Lo cual era cierto, pero no por eso lo dejaba más tranquilo.

Hubo silencio durante un momento. Ninguno parecía querer comenzar la discusión. Harry sabía que tenía que disculparse por los arranques de la noche anterior, sabía que lo que había dicho Remus era porque se preocupaba por él. Pero la parte rebelde de él seguía sintiéndose molesta por la forma en que había actuado Remus, como si fuera su función indicarle a Harry cómo debía vivir su vida. Tonks le puso enfrente un plato con huevos y panceta. Empezó a comer, no que su estómago se lo pidiera sino que así tenía una excusa para no hablar.

Ahora comprendía que en realidad la culpa no era de Malfoy. Fue él el que había decidido involucrarse en todo el asunto porque consideraba que era lo correcto, lo que debía hacerse. De mala gana, si se quiere, pero por propia voluntad. Y si por un lado haberse dado cuenta de eso lo dejaba más tranquilo por el otro dudaba entre si había sido la culpa por el contenido del sueño o su propio natural innato lo que lo había llevado a reconocer esta conclusión mucho más lógica.

Estuvo haciendo dar vueltas la comida, ocasionalmente comía un bocado pero sin muchas ganas. Remus lo seguía mirando todo el tiempo. Finalmente dejó los cubiertos sobre la mesa.

─ Perdón por la forma en que me comporté anoche ─ dijo suspirando pero con sinceridad. ─ Me dejé llevar por todo lo que había pasado y me la agarré injustamente contigo. ─

─ Te acepto la disculpa, Harry. ─ dijo Remus asintiendo. ─ Yo también me quiero disculpar contigo. Espero que no te moleste pero me tomé la libertad de contarle a Dora y ella me hizo ver que estaba equivocado tratando de convencerte de que hicieras algo que va contra tus principios y tu naturaleza. ─

Harry le dirigió una mirada incisiva, no había esperado que Remus fuera a disculparse. ─ No, no me molesta que le contaras a Tonks lo que había pasado. ─

─ Pero todavía quiero saber por qué estás ayudando a Draco Malfoy. ─ dijo Remus y Tonks asintió.

─ Sí, yo también. Vi el expediente de mi primo. Es un mortífago y tú siempre lo habías detestado. No entiendo por qué te interesas ahora por él. ─

Había sólo cuatro personas vivas que sabían sobre el hechizo que había matado a Voldemort. Ron, Hermione, Malfoy y él mismo. Parecía que no había ninguna razón que impidiera que les contara a Remus y Tonks que Malfoy había ayudado a Snape a descubrir el hechizo. Sin embargo el secreto había permanecido como tal hasta ahora y él tenía la sensación de que era mejor no divulgarlo todavía. Quizá era porque no quería ver las caras de escepticismo que pondrían. Dado que no había pruebas, habrían dudado de su salud mental al creer algo así.

─ A ese respecto, nada ha cambiado desde anoche, todavía hay cosas que no puedo contarles. Les pido que confíen en mí. Él no es lo que parece. ─ dijo, pero sabía que le harían más preguntas.

Se quedaron en silencio, sin embargo, e intercambiaron miradas durante unos instantes como si hubieran entablado una conversación mental. Tonks endureció la mirada al final, Remus pareció ceder y suspiró.

─ Esta bien, Harry. Tú sabes que confiamos en ti, pero si necesitas ayuda es preciso que nos la pidas. No tienes por qué hacerlo solo. Seguramente Dora podrá ayudarte. ─

Tonks asintió. ─ Draco es mi primo, no por eso me merece mayor estima, pero es de la familia. Si hay algo que yo pueda hacer para ayudar, lo haré con gusto. ─

─ En realidad, sí hay algo que podrías hacer para ayudarme. ¿Qué piensas del uso forzado de Veritaserum en los prisioneros? ─ antes de pedirle la colaboración, quería saber su opinión, su opinión "no oficial".

Tonks y Lupin intercambiaron una rápida mirada, ella se mordió el labio como dudando. ─ No se lo voy a decir a nadie. ─ se apresuró a agregar Harry. ─ Van a usarlo con Draco en el juicio, y a mí no me parece correcto, quiero hacer lo posible para impedírselo de alguna forma. ─

Harry no notó que había dicho Draco en lugar de Malfoy.

Tonks hizo un gesto de alivio. ─ Yo estoy de acuerdo contigo, Harry. Remus tiene sus dudas, pero yo creo que eso es porque se ha pasado buena parte de su vida tratando de demostrarles a los del Ministerio que él no constituye un peligro ni una amenaza. Haría cualquier cosa para probarlo. ─

─ No se trata de eso, Dora, no pongas palabras en mi boca. ─ exclamó Remus. ─ No veo nada de malo en que quieran asegurarse de que una determinada persona no constituye un peligro para la sociedad. Pero debería ser algo optativo. No creo que deba ser forzado, excepto en circunstancias extremas. ─

─ ¿Y crees que en el caso de Draco serían circunstancias extremas? ─

─ No estoy seguro, Harry. Quizá. ─

─ Era un chico, Remus. Un chico asustado tratando de salvar a su familia de un monstruo. Si te hubiera tocado la situación a ti, Voldemort amenazando la vida de Tonks, ¿no habrías acaso hecho lo mismo? Y el sólo tenía 16 años. ¿Acaso un chico de 16 años podía hacerle frente a Voldemort? ─

─ Tú lo enfrentaste. ─ respondió Remus en voz muy suave. Harry negó sacudiendo la cabeza.

─ No es lo mismo. Yo tuve ayuda, él no tenía a nadie. Es más, tenía que oponérseles también a los de su propia familia. En la misma situación que él, yo creo que habría actuado igual. ¿Te acuerdas de Wormtail? ¿Qué edad tenía cuando traicionó a mis padres? ─

─ No nos desviemos del tema. ─ dijo Remus con expresión seria. ─ Si Malfoy no tiene nada que ocultar, ¿por qué habría de importarle que usaran Veritaserum? ─

─ Tiene derecho a su privacidad, Remus. ─ objetó Harry. Era justo de lo que habían estado hablando con Kingsley la noche anterior. Mucha gente pensaba como Remus.

─ Pero acaso no lo ves, Harry, la gente tiene miedo de que surja otro Señor Oscuro, quieren estar seguros de que si alguien queda exonerado, es porque es realmente inocente y no porque sabe mentir. ─

─ Permíteme preguntarte algo, Remus. ─ Harry trataba de explicar sus razones. ─ Cuándo hacías de espía, con Greyback y su jauría, ¿hiciste alguna vez algo ilegal? ─

─ ¿Qué? ─ gritó Remus con el shock dibujado en el rostro que se le había puesto pálido. ─ Harry, no tienes derecho a preguntarme una cosa así. Lo que sea que haya hecho era parte de la estrategia de la Orden y era necesario por la guerra. ─

─ Sigue mi razonamiento, Remus. ¿Querrías que se hiciera público? ─

─ ¡Por supuesto que no! ─

─ ¿Qué pasaría si tuvieras que comparecer ante el Wizengamot por alguna falta menor? Según las leyes vigentes, el tribunal podría, y seguramente lo haría dado el clima actual, usar Veritaserum contigo. Y no harían nada fuera de lo legal si te preguntaran por cualquier cosa que se les ocurriera. ─

Los dos estaban muy pálidos ahora, pero Harry continuó: ─ El Veritaserum no es el verdadero problema. Es la discreción que ostentan para hacer cualquier pregunta que se les antoje, sea o no relevante a los cargos. Ahora bien, tú y yo sabemos que había razones que justificaban tus acciones, y que probablemente gracias a ellas salvaste muchas vidas, pero la moralidad de las mismas cae en una zona gris, puesto que eran ilegales y no contaban con la aprobación ministerial. ─

Remus había quedado en silencio y por un momento Harry pensó que iría a replicar. Pero repentinamente se puso de pie haciendo caer la silla en la que había estado sentado y salió de la cocina. Harry lo siguió con la vista y luego se volvió hacia Tonks que mostraba gran angustia en la cara.

─ Lo siento, ¿debería ir a hablarle? ─

─ No, Harry. Empieza a comprender tus razones. Lleva una gran carga de culpa por las cosas que se vio forzado a hacer durante la guerra. Primero por orden de Dumbledore y después cuando tu te hiciste cargo siguió. No creo que nunca te haya contado las cosas que le tocó ver… y hacer. ─

─ No, nunca me lo dijo. ─

─ Greyback era… era despreciable. Deberían darle una medalla a Remus por lo que hizo, las vidas que salvó, para disuadir a ese monstruo de que matara a los chicos. Pero si se llegara a descubrir, lo perseguirían y lo meterían preso o algo peor. ─ Tonks dio un golpe sobre la mesa, luego se puso de pie y empezó a juntar los platos. Estaba muy trastornada, los arrojó con fuerza en el agua jabonosa que llenaba la pileta.

Luego se dio vuelta volvió a la mesa y se sentó. ─ ¿Qué es lo que necesitas que haga, Harry? Ayudaré de cualquier forma que pueda. ─

oOoOo

Alrededor de las nueve y media Harry llegó a St. Mungo con Hermione y Ron para la inauguración del nuevo pabellón. Los había puesto al tanto de todo lo que había pasado excepto de lo que Draco había tenido que hacer para sobrevivir. Se habían comunicado por la chimenea con Kingsley, le contaron del asalto al departamento y de la información que los mellizos habían obtenido de Coghill, Kingsley les confirmó que ya había recibido la grabación. Acordaron encontrarse en St. Mungo, Kingsley llevaría a un grupo de aurores con él por si a Coghill se le ocurría aparecer. Harry también le dijo que había hablado con Tonks y que ella estaba dispuesta a ayudar para obtener información sobre los casos de personas que habían sufrido daños mentales como consecuencia del uso forzado de Veritaserum. Hermione, a su vez, había hablado con Peter Sully y le pidió que asistiera a la inauguración para que pudieran conversar después del acto. Con tantas llamadas por la chimenea Harry no pudo sino pensar que en la parte comunicaciones el mundo mágico dejaba muchísimo que desear.

Harry sonrió interiormente, le gustaba mucho este grupo de gente trabajando con él en equipo. Durante la guerra le habían ahorrado mucho estrés. Eran muy eficientes y solían entenderse casi sin intercambiar palabras. Lo cual no quería decir que no discutieran. Ni Ron ni Hermione tenían reparos en objetar si algo no les parecía del todo bien, y eso era quizá el mejor cumplido y la mejor demostración de confianza. Puesto que cuando mostraban su acuerdo, sabía que podía contar con todo su apoyo y todo su esfuerzo para llevar a cabo sus tareas.

Llegó Scrimgeour rodeado de periodistas y de cámaras. Harry lo miró con cierto desdén. Esto no era más que una farsa, una especie de actuación para engañar a la opinión pública. Entendía que era positivo que hubiera una buena imagen de la autoridad ante el público. Pero tapar u ocultar los hechos y mentir no era la forma de sentar las bases para que una sociedad aprendiera a vivir nuevamente en paz. ¿Acaso el ministro no había aprendido nada?

Tuvo que estrechar muchas manos y le sacaron montones de fotos junto al ministro en diferentes poses durante la ceremonia inaugural. Hizo su discurso manteniendo siempre un ojo atento sobre la audiencia, Coghill podría haberse colado. En la parte posterior del salón divisó a Peter Sully, se saludaron con un corto gesto. Harry reiteró lo que ya había dicho en otras ocasiones, la persecución no era la forma de lograr una paz duradera.

Luego que se cumplieron las formalidades y se cortó la cinta, Harry se escabulló y fue a reunirse con Ron y Hermione que estaban charlando con Peter Sully.

─ Señor Sully, es un placer conocerlo. ─ dijo Harry extendiéndole la mano. Recibió un fuerte apretón, los ojos azules le sonrieron al mismo tiempo que lo evaluaban. Era un hombre de estatura y complexión normal con cabellos negros cortos.

─ Señor Potter, el placer es todo mío. Llámeme Peter, por favor. ─ Harry notó con placer que el tono no era de exagerada complacencia, como solía escuchar con frecuencia, pero sonaba sincero. Le sonrió a su vez.

─ Yo soy sólo, Harry. ─

─ Harry. ─ dijo Peter asintiendo. ─ Tus amigos aquí me estaban diciendo que podríamos ayudarnos mutuamente. ─ Eso le agradó a Harry, Peter parecía ser de los que iban directamente al asunto, sin rodeos.

─ Hermione tiene muy buena impresión de la revista para la que trabajas ─ dijo Harry volviéndose a ella con una sonrisa. Hermione tenía esa expresión tan suya cuando tenía un nuevo problema que resolver o una nueva investigación que encarar, se la veía muy entusiasmada con el prospecto.

Hermione asintió. ─ Ciertamente, muy bien impresionada. Y quisiera aprovechar para comentarte sobre una sector de la comunidad que hace mucho tiempo que ha venido siendo dejado de lado, como esclavos… ─

Pero Ron y Harry la pararon antes de que se embalara con la cruzada por los elfos domésticos. ─ Creo que ya tenemos más que suficiente con el asunto que nos ocupa. ─ dijo Ron con tacto, algo sorprendente puesto que tacto no era precisamente lo que Ron tenía a montones. ─ Mejor una cosa por vez, ¿no te parece? ─

Harry les sonrió, realmente se complementaban muy bien. Hermione era la que llevaba la voz, la que analizaba las situaciones y elaboraba las ideas. Ron era la roca, el apoyo, siempre presto a sostenerla si en algún momento tambaleaba. Hermione se avino algo renuente, Harry se volvió hacia Peter que había estado observando el intercambio con interés.

─ En la conferencia de prensa me preguntaste sobre el uso forzado de Veritaserum, quiero hacer todo lo posible para frenarlo. ─ Harry consideró que debía también ir directamente al punto. Las formalidades parecían estar de más.

Sully los estudió durante algunos momentos más y finalmente pareció decidirse. ─ Hace dos años, mi hermano fue obligado a tomar Veritaserum durante un interrogatorio por tráfico de pociones ilegales. Él ya había admitido su culpa y estaba dispuesto a cumplir con el castigo correspondiente, que en ese momento era de tres meses en Azkaban. El Ministerio dijo que era necesario que proporcionara los nombres de los que preparaban las pociones, algo a lo que él se negó. Temía serias represalias si lo hacía. ─

Sully hizo una pausa, su mirada se había endurecido a medida que avanzaba con el relato, fijó la vista en los ojos de Harry. ─ El Ministerio usó por la fuerza l poción y le extrajeron los nombres. No había pasado una semana de su estancia en Azkaban cuando lo encontraron muerto en su celda. Lo habían estrangulado. Mi hermano murió porque las leyes lo permitieron y por la ineficiencia del Ministerio para hacer investigaciones legítimas que les permitieran obtener la información necesaria para detener a los criminales. ─

La sensación de injusticia debe de ser espantosa, pensó Harry, mirando a los ojos de Sully. A Harry, la injusticia no le era ajena, y éste era un caso claro. ─ Lo siento. ─ fue todo lo que atinó a decir. En verdad no había mucho más para decir, no conocía bien a Sully todavía, y no había conocido a su hermano, pero le causaba tristeza la pérdida de Sully.

Sully sacudió la cabeza. ─ No es tu culpa, Harry. Mi hermano estaba dispuesto a aceptar una pena más larga por no cooperar con tal de que no lo obligaran a revelar los nombres. Tenía miedo de lo que le harían los de la mafia si hablaba. Pero no le dieron opción y eso le costó la vida. Si hay alguien al que podamos salvar, oponiéndonos, quiero ayudar. ─

Harry asintió. ─ Para serte sincero, todavía no he tenido la oportunidad de leer la revista, pero he oído buenas referencias. ─ Miró alrededor para confirmar que no hubiera nadie que pudiera escucharlos, quedaba muy poca gente en la antesala, avistó sí a dos figuras conocidas. ─ ¿Estarías interesado en una historia exclusiva sobre casos de personas que están internadas en St. Mungo con severísimos daños mentales como consecuencia del uso forzado de Veritaserum? ─

Notó con satisfacción que los ojos de Peter se encendían de interés. ─ Claro que sí, y mucho. Le daría gran credibilidad a la campaña. Rumores hay muchos y hemos tratado en muchas ocasiones de encontrar pruebas sólidas pero no hemos podido descubrirlas. ─

Las dos figuras conocidas se aproximaron, Harry se hizo un poco a un lado para admitir a Tonks y Kingsley en el círculo. Se los presentó a Sully. El periodista conocía ya a Kingsley, les estrechó la mano a los dos.

─ Harry, encontramos la información que querías. Pero ni siquiera yo podría hacerlos entrar, tuve suerte de que me permitieran a mí el ingreso. ─ dijo Kingsley una vez cumplidas las formalidades.

─ Ya me lo suponía. ─ dijo Harry. ─ Les pedí a Ron y Hermione que vinieran, por si acaso, ellos querían visitar a Dean de todas formas. Tonks, me pregunto si podrías ir con ellos y tomarle a Dean declaración sobré el que lo salvó para el ju… ─ hizo una pausa, no quería revelar el nombre de Draco delante de Peter Sully. ─ …para los registros. ─ concluyó.

Tonks se mostró de acuerdo, pero Kingsley interpuso: ─ Eso no soluciona nuestro problema. ─

Harry se dio unas palmaditas en el bolsillo. ─ No te preocupes por eso, tengo aquí algo que nos permitirá desplazarnos por el hospital sin que nos detecten. ─

─ Es sabido que los encantamientos de ilusión para ocultarse no funcionan en el hospital, ¿qué es lo que tienes ahí? ─ preguntó Peter.

─ Vamos a un lugar menos público y te muestro. ─

─ Confía en él, funciona. Nosotros vamos ahora a ver a Dean. ¿Harry, nos encontramos más tarde en La Madriguera? ─ dijo Ron.

Harry negó con la cabeza. ─ Probablemente no, cuando termine aquí hay otra cosa que tengo que ir a buscar. ─ replicó, le dirigió a Ron una mirada intencionada. Spinner's End parecía todavía tan lejos y lo que más quería era ir allí para encontrar el diario que aportaría las pruebas para exonerar a Draco. Les dio a Hermione y Ron un abrazo de despedida y se volvió hacia Kingsley. ─ Pongámonos en marcha. ─ dijo y enfiló a los ascensores, los otros dos hombres lo siguieron.

A Harry, Peter le había causado muy buena impresión. Obviamente el hombre había seguido con mucha atención los intercambios algo crípticos de la conversación previa, pero sabía cuándo quedarse callado y actuar como si no estuviera presente. La observación silenciosa muchas veces proporciona más información que las preguntas directas.

Cuando las puertas del ascensor se hubieron cerrado, Kingsley apretó el botón del quinto piso. ─ ¿Vamos al pabellón Janus Thickey? ─ preguntó Harry.

Kingsley asintió. ─ Es un área que está en la parte posterior del pabellón Janus Thickey. ─ dijo. ─ Es el lugar más lógico. Si algún paciente, en algún descuido, pudiera alejarse del recinto, pasaría por uno de los casos irrecuperables que están en el pabellón… al menos para un observador casual. ─

─ ¿Cuántos de estas víctimas hay internadas? ─

─ Aquí, una docena más o menos. ─ hizo una pausa como considerando cuanta más información iba a dar. ─ Son los pacientes ambulatorios. Hay un hospicio en Cornualles en donde están internados los pacientes que están postrados. Creo que son unos veinticinco los que están allí. ─

─ Está mal, Kingsley. ─ susurró Harry, escandalizado de que los efectos sobre estas personas fueran tan trágicos y permanentes. Eran víctimas, no importa de qué crímenes se los acusara, eran víctimas, tratadas cruelmente.

─ Lo sé. ─ replicó Kingsley muy sobrio. ─ Al menos podemos dar gracias de que debido a los peligros potenciales, la mayoría de la gente se aviene a que usen el suero. ─

─ Pero en casos como el de mi hermano la cosa era distinta, el peligro venía por otro lado. ─ dijo Sully sombrío.

Kingsley lo miró un instante y asintió. Harry se preguntó si Kingsley estaría al tanto de los detalles del caso del hermano de Sully.

─ Espero que treinta y siete casos sean suficientes para lograr que la opinión pública cambie. ─

─ Y a propósito, ¿cómo vamos a colarnos? ─

─ ¡Oh! ─ respondió Harry sonriendo. ─ Con esto… ─ metió la mano en un bolsillo, sacó el manto de invisibilidad y lo sacudió para desplegarlo.

Sully sonrió. ─ Hacía mucho que no veía uno, son muy raros. ─

─ Si mal no recuerdo, Harry, tu padre tenía uno. Supongo que es este mismo. ─ comentó Kingsley.

Harry asintió. ─ Me salvó el pellejo en más de una ocasión. ─ dijo Harry sonriendo. ─ Y debería alcanzar para cubrirnos a los dos. Ron, Hermione y yo solíamos ocultarnos los tres. Eso sí, vamos a tener que ir un poco agachados. ─

─ Bien, ya pónganselo, estamos llegando. Y quédense siempre cerca, detrás de mí.

Rápidamente Harry lo puso encima de Sully y él. ─ Asombroso. ─ comentó Sully tocando el material. Harry no pudo sino asentir.

Fueron hasta una puerta que estaba semioculta en el fondo del pabellón. La enfermera que se acercó a Kingsley no parecía muy bien dispuesta. Lo guió hacia la sala, al parecer esta sección, si bien era semisecreta, no tenía barreras especiales.

Harry creía que venía preparado para ver a estas víctimas, ya conocía el pabellón Janus Thickey donde estaban internados los padres de Neville, en general estos pacientes eran atendidos con muchos cuidados, como si fueran chicos, supuso que en esta área escondida vería algo similar.

Pero no, esto era distinto. Completamente.

Lo primero que le llamó la atención fue el silencio. En la otra parte del pabellón se oía la charla de los empleados, ruidos de gente caminando y murmullos de los pacientes que hablaban consigo mismos o con personas imaginarias. Aquí, en cambio, el silencio era absoluto, Harry pensó que si llegaba a respirar demasiado fuerte lo descubrirían. El ambiente era opresivo y le hacía parar los pelos de la nuca. Sully tenía puesta toda su atención en las camas.

Había once. Los pacientes estaban atados con correas de cuero. Dos para las muñecas, dos para los tobillos, una que les cruzaba el pecho y otra que les cruzaba las caderas. Harry se detuvo horrorizado, ¡cómo podían tenerlos amarrados de esa forma! Sintió un leve tironeo en el codo, Sully le hizo un gesto para que se mantuvieran cerca de Kingsley. La enfermera estaba hablando.

─ … contentos de tenerlo aquí para inspeccionar nuestra eficiencia ─ decía, era una mujer de mediana edad, bastante corpulenta. Harry apenas si pudo contenerse de increparla en voz alta. Esto no era eficiente, esto era inhumano. De pensar que esto le podía pasar a Malfoy le producía una desagradable sensación en el estómago. Trató de serenarse y de concentrarse en la conversación y en todos los detalles que veía.

─ ¿Por qué están atados? ─ preguntó Kingsley, había tensión en su voz, debía de estar tan horrorizado como Harry.

─ Es más manejable así, disponemos de muy poco personal. Si los dejáramos deambular podrían intentar escaparse. ─ La voz de la enfermera sonaba despreocupada. ¿Acaso no le importaba que fueran seres humanos? Harry miró a una paciente en la cama cercana, era una mujer joven de unos veinticinco años, se preguntó qué habría hecho para venir a terminar allí. Murmuraba algo, movía la cabeza de un lado al otro, tenía los ojos bien abiertos y la mirada como perdida, miraba algo… o nada… en el techo.

─ ¿Los tienen así todo el tiempo? ─ preguntó Kingsley en voz baja. Harry se alegró por la profesionalidad de Kingsley. Necesitaban conocer todos los detalles. Mantenerse calmo y hacer las preguntas apropiadas les proporcionaría las respuestas que necesitaban.

─ La mayor parte del tiempo. ─ dijo con un gesto displicente de la mano, como si los pacientes no fueran importantes. ─ Una vez al día los levantamos para que caminen unos minutos alrededor de la sala. ─

─ ¿Y en cuanto a las comidas y la higiene? ─ preguntó Kingsley.

─ Se los limpia con encantamientos dos veces por semana. Mediante la dieta se controlan sus funciones corporales. Hemos descubierto una poción proteica que minimiza la cantidad de excretas y que al mismo tiempo asegura que la condición física no se deteriore demasiado. ─

Kingsley tenía una expresión de desamparada tristeza en el rostro por lo que escuchaba.

─ ¿Por qué no hacen ningún ruido? ─

─ Encantamientos silenciadores alrededor de las camas. De lo contrario esto sería un alboroto constante y afectaría la eficiencia del trabajo de los empleados. Y además, ¿quién querría escuchar los desvaríos de estos criminales enfermos? ─

Harry apretó los puños, estaba furioso. Los trataban peor que a animales. No quería escuchar más. Sully lo hizo detener tocándole el codo, Kingsley y la enfermera siguieron caminando. Sully quería ver más de cerca a la mujer joven.

Era una suerte que la temperatura de la sala fuera cálida, aunque algo húmeda. La mujer sólo estaba cubierta con una enagua de algodón. Tenía los brazos y las piernas desnudos, Harry trató de no mirarle el cuerpo por pudor, algunas zonas íntimas quedaban expuestas. Le miró la cabeza. El pelo era opaco y sin vida, en mechones enredados. Los labios estaban agrietados y se movían murmurando algo que obviamente no se podía oír. Harry pensó que alguna vez debió de haber sido bonita.

Sobre la pared, encima de la cama se veía una hoja con los datos Sally McGregor. 24:348-JTS-SOL. Harry no sabía lo que significarían las letras y los números, pero supuso que 24 sería la edad, pero parecía más vieja.

Desvió la mirada. Le parecía que estaba violando la poca dignidad que le quedaba a la pobre mujer, inspeccionándola como a un animal del zoológico. Era impotente para hacer algo por esta gente excepto tratar de conseguir que pasaran el resto de sus vidas en mejores condiciones, con buenos cuidados, con trato humano y no esta degradación institucionalizada a la que estaban sujetos ahora. Le provocaba gran frustración que después de todo por lo que había pasado, todavía le quedaran batallas como ésta por librar.

Pero cada vez más se convencía que tenía que pelear estas batallas. Era ciertamente una batalla política, pero que pondría su seguridad física en riesgo. Aun si hubiera querido que Draco se arreglara por su cuenta, ahora sabía que no podría dejarlo que se defendiera solo. No iba a permitir que Draco tuviera que sufrir esto, después de los horrores que ya había soportado. Y no importaba cuántas veces se dijera a sí mismo lo mal que le caía Draco, cada vez sonaba menos convincente.

No había otra opción sino presentar pelea. Por todos, no sólo por Draco. Esto estaba mal, ésta no era forma de administrar justicia. Era una suerte que tuviera alrededor tan buena gente, porque no tenía idea de cómo se libraban batallas como ésta. Aunque, ¿qué de tan nuevo resultaba eso? ¿cuándo había sabido bien lo que estaba haciendo? Le surgieron entonces algunas dudas. ¿Y si no tenía éxito? ¿Qué si Draco se viera forzado a tomar el Veritaserum y terminaba como estos pacientes? ¿o peor?. Harry no quería ni pensar en los pacientes postrados del hospicio de Cornualles.

Si no tenía éxito, Draco se iba a pasar las dos próximas semanas en la celda del Ministerio para terminar internado en este pabellón, o en el hospicio, para ser tratado peor que un animal. No sabía qué iba a pasar al final, pero sobre las dos próximas semanas, sí que podía tener control.

La voz de Kingsley interrumpió sus pensamientos. Se estaba despidiendo de la enfermera, Sully y él lo siguieron.

Una vez en el ascensor, Harry se sacó de golpe el manto de encima. ─ No puedo ni siquiera empezar a decir lo furioso que me puso eso, Kingsley. ─ dijo indignado.

─ Lo sé. ─ respondió Kingsley frotándose el puente de la nariz. ─ Nunca imaginé que sería tan malo como esto. ─ miró a Sully. ─ ¿Esto saldrá en la primera plana, no? ─

Sully asintió. ─ Obviamente. Y puedo asegurarles que los otros periódicos reproducirán la historia. Una noticia como ésta no puede pasar inadvertida. ─

─ Voy a arreglar para que alguien le "filtre" los expedientes de estos pacientes. No quiero que mencione mi nombre, por ahora, me sacarían de mi puesto y ya no podría prestarles ayuda. ─

Sully asintió. Era evidente que estaba ansioso por escribir y publicar la noticia. ─ Puedo dar a entender que mi fuente es alguien del hospital. ─ dijo.

─ Mi nombre sí puedes mencionarlo. ─ dijo Harry. ─ Para lo que pueda servir, puedes mencionar que fui yo el que te permitió colarte en el pabellón para ser testigo directo de las condiciones de los pacientes y de la pésima atención y cuidados que reciben. Aunque el problema es que quizá a nadie le importe. ─ agregó.

─ Yo creo que sí les va a importar. ─ dijo Sully. ─ Cuando les cuente las historias de estas personas y los presente humanos ante los lectores y no como individuos anónimos, les importará. ─

─ Realmente así lo espero. ─ dijo cuando salían del ascensor. Harry le extendió la mano a Sully. ─ En otro tipo de circunstancias diría que ha sido un placer conocerte, esperemos que podamos encontrarnos en otra ocasión no tan nefasta como ésta. ─ dijo.

─ Nos mantendremos en contacto, Harry. ─ replicó Sully estrechando y sacudiéndole la mano. ─ Te tendré informado sobre la noticia, si todo va bien se publicará dentro de pocos días. Pero ha sido un placer conocerte. Quizá algún día me harás el honor de permitirme contar tu historia. ─

Harry se sonrojó y puso reparos. Prefería que no se publicara nada que pudiera perpetuar la publicidad, salvo que fuera imprescindible. Pero prometió pensarlo. Quién sabe, quizá contarla una vez y después lo dejarían en paz para siempre, quizá algún día.

Sully estrechó manos con Kingsley, le aseguró también que se mantendría en contacto y se retiró. Harry observó cuando el periodista se marchaba, ¿había hecho bien en autorizarlo a mencionar su nombre? Se contestó que sí, estaban haciendo algo que estaba bien, no tenía que avergonzarse de que se supiera.

─ ¿Ahora qué planes tienes, Harry? Deberías tener una escolta, Coghill anda tras de ti. ─

─ Gracias, pero no. Hay algo que tengo que hacer en un lugar que está bien protegido, a resguardo de individuos como Coghill. Y tengo a los mellizos para protegerme, y a Ron y Hermione, por supuesto. ─

─ Siempre que te sientas seguro. Coghill es un tipo muy duro, era muy bueno en su trabajo, no es para tomárselo a la ligera.

─ Pierde cuidado. Seré muy prudente, no te preocupes. Y prometo que si necesito ayuda, te llamaré. ─

─ Muy bien. Tengo que volver a la oficina, tengo que arreglar que alguno del personal se encargue de filtrar unos documentos importantes. ─ dijo con una sonrisa irónica. ─ Ya me había hecho a la idea de que todos estos subterfugios contra el ministro habían terminado después de la muerte de Voldemort. ─

─ Así también lo creía yo, Kingsley. ─ respondió Harry.

Minutos después, Harry estaba frente a la celda de Draco, mirándolo por la pequeña ventana de la puerta. Draco estaba tirado de espaldas sobre la cama, con los brazos debajo de la cabeza, mirando el techo. Harry frunció el ceño y volvió a sentir esa sensación desagradable en el estómago. No se detuvo a analizarla, quizá era culpa, quizá lástima, quizá algo que todavía no alcanzaba a definir. Draco parecía sentirse solo y aburrido. Y le recordaba demasiado a los pacientes que acababa de ver.

Tomó su decisión. Entró en la celda, le arrojó el manto de invisibilidad a Draco y le dijo: ─ Póntelo, te voy a sacar de aquí. ─