Hola a todos! Y aquí me tienen, hoy es domingo y apuesto a que varios pensaron que ni me pasaría por estos lares! Ténganme confianza por favor! Jajaaja! Es broma… Los domingos hay actualización y cuando no, es por algún evento fuera de lo normal!..
Bueno hoy me levanté conversadora!... En el último capítulo no pude contestar ciertos reviews interesantes que leí…. Así que…
Ariadnek… Yo igual leí 50 sombras de Grey!... Y no creo que no haya mujer a la que no le haya pegado duro Christian! Jajaja… E igual considero que todos los hombres tienen algo de Grey, sean como sean!... (Ninguno reúne el paquete completo, pero que le vamos a hacer =D)
oOo Dark-yuki oOo, espero que me perdones! Hoy es domingo! Jaja y hay capitulo nuevo!
Veo que el asunto de las cinco novias les pareció IMPACTANTE! Díganme a mí, la idea del disoluto con cinco novias la obtuve de mi novio! SIP! El pendejo cuando andaba en la U tuvo 5 a la vez! Creo que se creía un semental! Ahora anda controlado! =DDDDD!
Buenoooo no me alargo más! Espero les guste el capítulo de hoy, gracias por sus mensajes! Y eso es todo!...
-.-.-.-.-
Capitulo 10: Decisión.
- Hola Inuyasha.
Por primera vez me fijé en la otra persona que estaba en el lugar. Era otra mujer, tenía los cabellos cortos de color negro, en un estilo muy sofisticado.
- Kagura, hola – contestó Inuyasha liberando un poco la tensión de su cuerpo.
- No, nos presentas a tu amiga. – La mujer de nombre Kagura me miró sonriendo y yo le respondí la sonrisa.
- Claro, Kagome, ella es Kagura y ella es Kikyo.
- Mucho gusto. – dije por cortesía, pero estaba a punto de dar media vuelta e irme, esto era demasiado incomodo; la tal Kikyo ni siquiera hablaba solo miraba a Inuyasha como si esperara algo.
- Un gusto – contestó Kagura, pero Kikyo siguió sin hablar, solo miraba a Inuyasha.
- ¿Cómo has estado? – preguntó Kikyo, de nuevo solo a Inuyasha.
- Muy bien, gracias.
- Tu hermano me contó que la agencia estaba yendo de maravillas… - dijo ella sonriéndole.
- Sí, así es. - contestó con tirantez. – Bueno, nosotros vamos a comer… Que estén bien, adiós Kagura.
- Adiós Inuyasha.
- Inuyasha.
¡No!, quise gritar, cuando la mujer volvió a hablar deteniéndonos en el umbral de la puerta. La mano de Inuyasha se tensó alrededor de la mía, casi lastimándome.
- ¿Sí? – preguntó sin volverse.
- Sesshomaru te dijo que…
- Sí, y mi respuesta es no. Adiós.
Y para mi alivio, finalmente entramos al restaurante.
Inuyasha me dirigió entre el grupo de mesas. Era sábado y el restaurante estaba a rebosar, un mesero nos interceptó en el camino y nos llevó a una mesa, apartada del resto de las personas. Nos dejó la carta y se marchó.
- Kagome… - musitó Inuyasha, tomándome la mano por encima de la mesa. – Lamentó mucho eso… yo no…
- Oye, tranquilízate, ¿está bien? – le dije sonriendo. – Acepto que fue un poco incomodo, pero no tienes que sentirlo, no sabíamos que estaría acá.
- Ahhh… odio que hayas tenido que estar ahí. – Se meció los cabellos con una mano y echó la cabeza hacia atrás. - Bueno al menos no paso nada mayor.
- ¿Nada mayor? – pregunté.
- Creo que este ha sido el encuentro más civilizado que hemos tenido. Las otras veces no he salido tan indemne – Se pasó una mano por su mejilla y yo supuse a que se refería.
- Bueno, menos mal porque no voy a pelear por un hombre… - dije mientras volvía mi vista de nuevo al menú.
- ¿Ni siquiera por mi?
- Tonto… - dije al ver que se estaba riendo. – Sabes a lo que me refiero, no voy a montar un espectáculo, y mientras no me agredan no sacaré las uñas.
- Mmmm… Aún no es por mí. – Soltó un suspiro y yo sacudí mi cabeza sonriendo, Inuyasha era imposible, en ese momento, recordé algo importante.
- Oye… No sé muy bien como es este asunto. Pero tu ex no le dirá a Sesshomaru que te vio conmigo, ¿verdad?, no sea que haga alguna conexión y…
- Mmm no lo sé. – Me miró un tanto preocupado y yo igual me asusté. – Mañana que vaya a casa, veré si me dice algo.
- ¿Crees que te dirá algo, si se entera?
- Bueno, pues lo negaré todo, no puede hacer nada si digo no; además él se irá y ni siquiera le interesa lo que suceda en la agencia – Eso fue lo que dijo, pero aún así yo lo vi preocupado.
- ¿Y qué si alguien más se entera? – No pensé mucho al momento de hablar, era como si una duda de mi subconsciente se hubiera escapado. – Seamos realistas Inuyasha, cada vez que salimos a algún lugar público, corremos el riegos de que alguien nos vea, Miroku, Jakotsu, Eri, Midori, cualquier otro, ¿y qué haremos entonces?, no creo que negarlo sea muy factible.
- Lo sé, pero… No podemos quedarnos encerrados como si estuviéramos haciendo algo malo.
- No, no estamos haciendo nada malo. Pero eres mi jefe. – Le recordé en un suave murmullo cuando el mesero pasó por nuestro lado, ya hasta ordenar la comida se nos había olvidado. – Tu mismo lo has dicho, esto no es nada ético y…
- ¿Quieres qué dejemos así? ¿Todo esto es por Kikyo?
- ¿Qué?, no, Inuyasha, esto es de nosotros. – Ni siquiera se me había pasado esa mujer por la cabeza. – En serio no quiero meterte en problemas y tampoco quiero arruinar mi pasantía.
- Miroku tiene sospechas y Midori creo que también. – No pude hablar, porque en ese instante el mesero se acercó y ambos pedimos nuestros platos e Inuyasha pidió algo para beber, yo agradecí que fuera cerveza, la comida alemana iba con cerveza, pero más importante los grados de alcohol me ayudarían con la bomba que acababa de soltarme.
- ¿Qué demonios dijiste? – pregunté una vez estuvimos solos.
- No saben nada, pero Miroku me ha dicho un par de veces que te miró de manera extraña.
- ¿Lo haces? – pregunté.
La mesa en que estábamos sentados era cuadrada y con cuatro puestos, Inuyasha estaba sentado a mi lado derecho, y cuando le hice la pregunta corrió su silla más cerca de la esquina.
- No es mi culpa que andes contoneándote por ahí en la oficina. – Yo abrí mis ojos sorprendida ante su insolencia y él me dio un pequeño pellizco en la mejilla. – Es la verdad, vives provocándome. Y bueno Miroku es muy observador, pero eso no es un problema, soy hombre y miró a las mujeres bonitas, Miroku es más observador que yo en eso… - bromeó y yo le di un golpe en el antebrazo, no era momento de bromear.
- ¿Y Midori?
- Bueno, ella no me ha dicho nada, pero sé que sospecha algo. Ella siempre me ha vigilado, cuando hablo por el mensajero sé que trata de mirar lo que escribo, además esta que cada vez que entras en mi oficina está espiando.
- ¿Es broma verdad?, lo de el mensajero creo que es con todos, cuando se acerca a mi puesto trata de ver igual, pero no había notado lo otro.
- No nos preocupemos por eso. – Sus dedos acariciaron mi mejilla y yo sonreí mientras le daba un beso. – La otra semana voy a estar fuera de la oficina.
- ¿Qué? – Alejé mi rostro un poco del suyo. - ¿Por qué no dijiste nada en la oficina?
- Ayer me llamaron en la noche, voy a viajar a la capital, pero no tardaré más de dos días, ¿estarás bien, no?
- Sí, claro. ¿Qué haré sin mi jefe?
- Tienes el trabajo cubierto y lo sabes, todo estará bien.
-.-.-.-.-
Inuyasha tuvo razón, tenía todo lo del trabajo cubierto, pero solo hasta ahí, nada me había preparado para el resto, porque definitivamente el "todo estará bien", bueno no se dio.
Era el primer día de ausencia de Inuyasha. Había asistido el lunes a la oficina en la mañana, para avisar de su viaje y dejar algunas cosas organizadas, no regresaría hasta el miércoles, y fue con eso que llegó el primer problema.
- Juro que nunca me había sentido más incomodo en toda mi vida. – Jakotsu soltó un suspiro mientras nos sentábamos en una mesa del restaurante italiano.
- No eres el único, puedo apostar que sentía su mirada en mi nuca cada vez que me levantaba de mi puesto. – dijo Eri mientras se dejaba caer sobre la silla. - ¡No por ir al baño estoy perdiendo tiempo! ¡Tenemos necesidades!
- La verdad es que sí es muy incomodo, no pensé que con la ausencia de Inuyasha, Sesshomaru instalaría puesto de mando en la oficina de él.
Sí, Sesshomaru se había metido en la oficina de Inuyasha desde la mañana, al parecer había llegado antes que nadie porque a todos nos tocó la sorpresa de verlo en el escritorio de Inuyasha. Lo peor no era eso, lo más malo era que nadie podía hablar sin sentirse vigilado, había una tensión constante y el ambiente era simplemente abrumador.
- Extraño a Inuyasha, ¿no creen que regrese mañana? – Rogó Jakotsu mientras daba un sorbo a su bebida. – Sesshomaru estará tan bello como quiera, pero no se lo aguanta nadie.
- Yo solo quiero que este día acabé. – dijo Eri y yo asentí, este día no podía ir tan malo.
Pero la verdad era que sí podía. Después de una extensa jornada, en la que nadie despegaba la mirada de sus computadoras, nadie soltaba un chiste, nadie murmuraba ni una silaba; me marché más que contenta de la oficina.
- Creo que mañana me enfermaré. – Jakotsu bromeó cuando salíamos de la agencia.
- No digas bobadas. – Se rió Eri y yo lo imité. - ¿Vas para algún lado Kagome?
- Eh… sí, voy al centro comercial de aquí cerca con una amiga, cambiaré de teléfono celular, aprovecharé que los precios no han subido por la temporada navideña que viene.
- Buena idea, yo haría lo mismo, pero no tengo ni un centavo.
Estábamos de pie fuera de la oficina y el claxon de un carro no hizo pegar un brinco a los tres.
- ¿Aprovechando para hablar? – Se burló Miroku, él era de los pocos que se había salvado de la presencia de Sesshomaru, pues su oficina estaba en el segundo piso. - ¿Necesitan un aventón? Voy hacia la interestatal.
- No, a nosotros no nos sirve, pero Kagome sí, llévala. – Jakotsu me cogió del brazo y casi me subió al auto de Miroku, nunca antes había visto su auto, sabía que era un BMW, y eso por el logo, si me preguntan diría que era un auto estilo James Bond.
- ¿Gracias? – pregunté/dije cuando me vi obligada a meterme al auto de Miroku.
- Es un placer. – Puso su auto en marcha y yo me coloqué el cinturón. Era un viaje corto, de menos de cinco minutos, había un centro comercial muy cerca de la agencia, pero el tráfico en la zona era nefasto. - ¿Y cómo estuvo el día? Debo decir que no escuché ni una mosca.
- Fue extenuante, no creo que sea culpa del señor Sesshomaru, pero vuelve el ambiente un poco tenso.
- Oh… Créeme es su culpa. – Soltó una risa y prosiguió. – Lo conozco desde hace años, y siempre que está en una habitación, como que el ambiente se pone un poco tenso, es bastante serio, pero inofensivo.
- ¿Seguro?, pensé que iba estallar sin poder hablar por casi diez horas.
- Mmmm y mañana es otro día. Esperemos que no se quiera quedar fijo en la agencia.
- No bromees con eso. - Miroku soltó una carcajada y yo igual me reí.
Hablar con él era muy sencillo, tenía un genial sentido del humor, aparte de que era un excelente conversador. Por lo que a pesar de que el tráfico nos tuvo quince minutos en lugar de los dos que duraba el viaje, nos reímos bastante a costa del hermano de Inuyasha.
- Ya llegamos, ¿te molesta si entró al parqueadero?, voy a aprovechar para comprar algo de comer en el piso de comidas.
- No, no hay problema.
Una vez entró en el parqueadero del centro comercial. Nos bajamos del auto y decidimos tomar las escaleras eléctricas, ya que había tantas personas en el ascensor.
- Allí esta mi amiga. ¡Sango! – la llamé y ella se dio media vuelta y al ubicarme sonrió y se acercó.
- Pensé que no llegarías nunca. – me dijo soltando un suspiro.
- Lo siento, había un poco de tráfico y casi que me subieron al auto de Miroku.
- Yo soy Miroku.
Recordé que él se encontraba a mi lado, y lo miré apenada al no haberlo presentado.
- Lo siento. Sango, él es Miroku un compañero de la agencia; Miroku, ella es Sango una amiga.
- Es un placer.
En ese momento vi otra faceta de Miroku, era un coqueto, había escuchado aquello muchas veces, pero jamás había visto nada. Ahora, cuando recibió la mano de mi amiga en un apretón y se inclinó para darle un beso en la mejilla como saludo, comprendí que lo era, el brillo y la sonrisa traviesa lo delataban. Y para rematar, Sango se había sonrojado y sonreído como una tonta. ¡Increíble!
- Gracias por traerme, adiós. – Me despedí de Miroku, después de que este se hubiera despedido de mi amiga una vez más y antes de que se perdiera por las escaleras eléctricas hacia el tercer piso. - ¿Qué fue eso? – pregunté a Sango cuando estuvimos solas.
- ¿Qué?
- ¿Cómo que qué?, le coqueteaste en menos de un minuto, no pensé que fueras así Sango. – Me reí, la verdad era que Sango era una coqueta disimulada.
- ¡No hice eso! – me contestó sonrojada.
- Claro que sí, ambos lo hicieron. – Continué riendo, mientras caminábamos hacía el punto de venta de teléfonos celulares.
- Bueno, ¿quién es él exactamente?
- Es uno de los jefes de la agencia, director de cuentas. – Expliqué y Sango soltó un sonidito de asentimiento. – Es el mejor amigo de uno de los dueños y bueno… No sé nada más.
- No suena nada mal, aparte esta guapo, ¿no?
- No contestaré eso… Mejor ayúdame a elegir un teléfono para que nos larguemos a casa.
- ¡¿Qué?!... No, yo quiero hacer unas compras también.
Nunca pensé que elegir un teléfono celular fuera tan complicado, al menos lo era para mí. Los celulares que había tenido los había comprado mi mamá, ella los había elegido, a mi no me interesaba cuantas aplicaciones tenía o no. Solo me fijaba en los detalles cuando se trataban de computadoras, lectores de libros, no los teléfonos, al fin y al cabo mientras pudiera llamar estaba bien.
- Vamos Kagome, compra uno de estos, podemos estar hablando todo el día.
- Querrás decir chateando todo el día.
- Es lo de ahora.
- ¿Acaso los vegetarianos no están en contra de estas cosas? – Ella entrecerró los ojos y me hizo una mueca.
- Muy graciosa, ¡pues no!... Bueno no sé. No importa, compra uno de esos.
- ¡Ok!... Deme este.
Al final me decidí por un equipo táctil, de color negro. Tenía más cosas de las que quizá usaría y valía una astronómica cantidad de dinero. Pero no estaba mal darse un gusto una que otra vez.
- Voy a realizar el registro y activar el equipo. Mientras pasamos los datos y se procesan puede tardar unos minutos, si quieren pueden dar una vuelta y volver en un momento.
Mientras hacíamos tiempo salimos a tomarnos un café y a aprovecha a que Sango hiciera algunas compras. Estábamos en eso, cuando el acontecimiento que cerraría el horrible día, hizo entrada triunfal.
- Ni con un mes de salario compraría este vestido. – susurró Sango mientras tomaba el vestido en sus manos y lo ponía delante de su cuerpo.
- Entonces, ¿qué haces con él en la mano? – pregunté mientras miraba las prendas. – Es más, ¿qué hacemos en esta tienda?, no vamos a comprar vestidos de fiesta, ni de coctel ni de nada.
- Está permitido ver, ¿no? – me dijo mientras tomaba otro vestido. – Además en mi agencia van hacer una pequeña celebración cuando lleguen las fiestas navideñas y debo lucir uno de estos.
- Para eso falta.
- Pero no está mal ver opciones.
- Sí, pues tendrías que haber ahorrado desde el mes pasado para comprar uno de estos. – dije al mirar el precio de uno de los vestidos. – Mejor vamos que ya debe estar listo lo del teléfono. – Colgué el vestido en su puesto y me di media vuelta para irme. – Además tengo ham… - Me tragué las palabras cuando me di de frente con la espalda de un persona. – Lo siento mucho.
Para mi gran sorpresa o desgracia, como lo quieras mirar, me topé con la estilizada figura de Kikyo.
- Dos veces en menos de una semana.
Y con esa frase se había ido por el trasto mi idea de que no me reconociera, o de que simplemente dijera un "no te preocupes" y siguiera cada uno con lo suyo.
- Casualidades de la vida. Sango… - Me giré a buscar a mi amiga, pero no estaba por ningún lado.
- Kagome, ¿verdad? – Lo que si sorprendía era que recordara mi nombre, la última vez que la había visto, sólo había mirado a Inuyasha.
- Sí, ¿y tú?... – Si recordaba su nombre, solo fingí no hacerlo, porque de verdad duele cuando alguien a quien consideras tu "rival" no lo recuerda. Y no era que yo me hubiera dado el puesto de rival, no señor, ella me lo había dado en ese instante.
Estaba de pie frente a mí, en sus tacones negros de doce centímetros, con un bolso del mismo color colgando de su brazo, y un vestido gris ceñido hasta un par de dedos más arriba de su cintura. Pero ese no era el lío, aunque debía admitir que daba ira que se viera tan bien, sin embargo aquí la cosa era su mirada, no veía nada de la chica babeante de la última vez, su ceja alzada y su mirada retadora lo decía todo.
- Kikyo.
- Oh sí. Bueno, fue un gusto, adiós. – Di media vuelta en los tacos de mis zapatos, lo de doce centímetros podía ir de parte y parte, y estaba lista para marcharme cuando ella habló.
- ¿Te dijo quién soy yo?
- ¿Perdón?
- ¿Te dijo que soy su ex?
- No veo en que te afecte eso, pero sí lo hizo. ¿Algo más?
¿Han visto esos especiales de Animal Planet sobre las cobras que comienzan arrastrándose lentamente por el suelo, pero cuando se irritan o se sienten amenazada, levantan sus cabezas del suelo, y se desplieguen unas especies de alerones a los lados de su cabeza?, pues esa es la manera más simple de explicar cómo se puso Kikyo, quién en menos de dos pasos se me acercó quedando a menos de treinta centímetros de mi rostro y escupió su veneno.
- No sé de qué colegio te habrá sacado Inuyasha, pero él y yo hemos estado juntos por años y hemos pasado por miles de cosas y va terminar volviendo a mí, así que no…
- No me interesa nada de lo que haya sucedido entre ustedes dos. – La paré antes de que pudiera hablar, ella me miró airada y yo juré que la cobra atacaría de nuevo, pero mi teléfono celular comenzó a vibrar y yo decidí cerrar el tema. – Si van a volver, pues vuelvan, no me importa, de nuevo es su problema no el mío.
- Solo te estaba advirtiendo, no falta mucho para que Inuyasha me llamé y las cosas vuelvan a ser como antes.
Finalmente logré sacar el teléfono celular de mi desordenada bolsa y no pude evitar sonreír. Es más hasta me sentí como una arpía con las siguientes palabras que dije.
- Pues creo que se equivocó de numero, porque a quién está llamando es a mí. – Sonreí y le mostré la pantalla de mi celular. – Que estés muy bien… Kikyo.
- Oye, ¿dónde estabas? – Me atajó Sango casi en la entrada del almacén.
- ¿Yo?, me dejaste ahí.
- Lo siento, pero mira lo que encontré. – Sonrió emocionada mientras me enseñaba unos lentes de sol. - ¿No vas a contestar?
Si no hubiera sido por mi amiga ni cuenta me hubiera dado de que el teléfono había vuelto a timbrar.
- Sí claro.
- Yo voy a pagar esto. – dijo Sango dándome privacidad.
- Hola.
- Hola preciosa, ¿por qué no contestabas?
- Lo siento, andaba un poco distraída. – Miré hacía un lado y reconocí la figura de Kikyo saliendo por otra de las puertas del almacén. - ¿Cómo estás? – pregunté, no vi necesidad de contarle el reciente encuentro.
- Bien preciosa, pero un poco cansado, ahora tengo una comida y bueno… te imaginarás. ¿Y tú? ¿Qué tal el día?, Miroku me contó de la presencia de Sesshomaru en la agencia, lo siento.
- Bueno todos estamos un poco tensos, pero hemos sobrevivido. – le dije y él soltó una risita. – Ahorita estoy en el centro comercial cerca de la agencia, voy a comprar un nuevo celular.
- ¿En serio?, ¿qué teléfono? – le comenté que equipo iba a comprar y en ese momento Sango terminaba de pagar los lentes. – Cuando tengas el número me lo pasas, ¿sí?
- Claro, - le dije. – Te tengo que dejar, ya viene mi amiga y todavía debo ir por el teléfono.
- Ahh yo igual debo alistarme para salir… de nuevo… - Soltó un suspiró. – Nos vemos el miércoles, cuídate, te mando un beso.
- También yo. Nos vemos.
- ¡Uy! ¿Con quién hablabas que estás tan sonriente?
- Nadie, vamos por el teléfono.
- Mmm… Por cierto Kouga me preguntó de nuevo por ti.
- ¿Qué preguntó?
- ¿Dónde trabajabas y eso?
- ¿Le dijiste?
- No, pero de seguro lo averigua, así que no te sorprendas si lo ves fuera de tu agencia con un ramo de rosas y toda la cosa.
- No exageres, estás loca.
-.-.-.-.-.-
- ¡No inventes!, yo quiero este teléfono, te lo robaré. – me dijo Jakotsu tomando el aparato en sus manos. – Me gastaré el sueldo de este mes en uno de estos, anota eso Eri.
- ¿Eso junto al resto de cosas? – Bromeó Eri y Jakotsu le sacó la lengua.
- Shhh… Ya se terminó la reunión. – Nos avisó Miroku bajando desde el tercer piso y casi corriendo hacia el primero, eso solo quería decir una cosa, Sesshomaru, por lo que rápidamente todos volvimos a nuestros puestos.
- Menos mal mañana es miércoles y vuelve el queridísimo Inuyasha.
Fue lo último que musitó Jakotsu, antes de que todos volviéramos los ojos al trabajo y nada más. Y yo no podía estar más de acuerdo, aunque había hablado con él la noche anterior, o más bien chateado por el nuevo teléfono, e igual esta misma mañana. Lo estaba extrañando demasiado y no era lindo extrañar a nadie. Sí… es lindo que te digan "te extraño", pero ser quien extrañaba no era tan bueno, estaba esa sensación de que algo faltaba, aparte de que tu cabeza no se concentra sino en esa persona. Extrañar es un asco.
"Jaja, ¿Jakotsu dijo eso?"
Mi teléfono trinó como un pajarito cuando el mensaje de Inuyasha llegó.
"Te llamó queridísimo, lo juro."
"Nunca pensé que me extrañarían tanto. ¿Tú me extrañaste?"
Me sonrojé un poco al leer su mensaje, pero igual no pude evitar sonreír. Aquí venía la parte bonita de extrañar.
"Sip. Creo que te extrañé un poco, haces falta en la oficina."
"Yo también te extrañé, no solo verte en la oficina, sino robarte besos en los puntos ciegos de las cámaras."
"Jaja, quedamos que nada de besos."
"Ok! Entonces nalguearte."
"Eres un atrevido."
"Pero eso te encanta, ¿no?"
Estaba atrapada. Inuyasha no podía estar más acertado, me fascinaba que Inuyasha fuera un atrevido. Sus palabras calientes, sus acciones simplemente me atraían cada vez más a él.
"Sabes que sí."
"Dímelo."
"Me encanta que seas un atrevido."
"¡Lo sabia!... Tu también me encantas, no solo porque seas una atrevida"
"No soy atrevida."
"NO? ¿Qué me dices de tu asalto en el auto?, no me puedo subir a mi auto sin imaginarte sobre mí."
"Jaja, ni siquiera sé porqué hice eso"
"Porque querías, a mi me encantó, me puedes asaltar en mi auto cuando quieras… En el auto, en el sofá, en la oficina, en donde quieras."
"¿Eso es una invitación?"
"Es una provocación. Pero si quieres que sea una invitación, lo es"
"No me tientes, podría aceptarla."
"Es lo que intento."
"Pues vas bien, un poco más y la chica cede."
"Kagome, no te estoy presionando, esto es broma…"
Pude haberme reído por lo que dijo y lo hice un poco, pero aunque sabía que era un broma, Inuyasha no me presionaba en ningún momento, aunque la tensión sexual entre nosotros crecía con el tiempo y nuestros encuentros cada vez aumentaban de intensidad, él nunca había intentado más de lo que yo le permitía. Y tenía que admitir que estaba a nada de ceder, tal y como le había dicho.
"Lo sé, no te preocupes. Pero todo lo que viene pasando entre nosotros… Simplemente creo que…
"¿Qué?"
"Aún estoy asustada, me dan bastante nervios, pero a veces es bastante difícil controlarse cuando te tengo cerca. Me encantas…"
"Tú igual preciosa. Pero haremos las cosas a tú manera, no soy impaciente, además quiero que todo sea perfecto, si decides que quieres que yo sea tu primera vez, pues deseo que lo disfrutes, de eso se trata, ¿no?"
"Creo que puedes dejar de intentar."
"¿Intentar qué?"
"He decidido que quiero estar contigo…"
-.-.-.-.-.-
¡QUE LE DEN A KIKYO!... Jajaja!... Yo sé que más de una la hubiera golpeado o algo, pero nuestro odio viene de hace rato! Así que, qué opinan de la respuesta de Kag?... Pero más importante!... ¿Qué piensan de la decisión de Kag?! Se nos calentó el asunto! Pero no diré que pasara… Tendrán que leerlo!
Espero les haya gustado el capítulo de hoy!... Dejen sus comentarios, mensajes y demás! Les mando un abrazo a todos! Besos y nos leemos el próximo finde! Que tengan un bonito inicio de semana! =D
