Desnúdate
Esta es una adaptación
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
ARGUMENTO:
Como directora de una galería de arte de Boston, Isabella Swan ha hecho tratos importantes en el pasado, pero ninguno como aquel. Para poder firmar con el increíblemente atractivo, brillante y exitoso artista Edward Cullen, para que exhiba sus celebradas esculturas eróticas en una exposición, Isabella debe cumplir una curiosa pero absolutamente no negociable demanda...
Debe posar para él desnuda, día tras día, o no firmará. No está dispuesta a retroceder ante un desafío, e Isabella acepta. Ardiendo bajo la intensa mirada del hombre más sensual que nunca ha conocido, mirando sus manos trabajar, Isabella se siente vulnerable, aunque liberada y totalmente excitada, y desesperada por la satisfacción que solo un maestro como Edward puede proporcionarle.
De hecho, le suplicaría para que cruzara esa línea. Y cuando lo hace, compasión es lo último que ella desea...
CAPÍTULO 10
Para expresarlo claramente, no tenía tiempo para un desastre. Pero la vida tiene la costumbre de esperar hasta ese momento en el que no puedes cargar con una sola viruta de paja más, y justo entonces, te tira encima cien kilos adicionales. Desde la parte superior de las escaleras, observé sorprendida a Lauren Mallory frente a Mike Newton, apuñalando su pecho repetidamente con un dedo. Le hablaba con vehemencia y convicción, con un vocabulario que yo normalmente reservaba para los atascos de tráfico. Si maldecir a alguien tuviera categoría olímpica, estoy segura de que Lauren hubiera estado en el podio. Incliné la cabeza y miré a Alice. Era parte de los ávidos espectadores y, por una vez, no podía culparla. Mike y Lauren formaban una excitante y dinámica pareja.
Me recoloqué el bolso en el hombro y caminé hacia ellos con lo que esperaba que fuera una sonrisa tolerante en el rostro.
—¡Buenos días!
Ambos se giraron para mirarme, preparados para morder, y después miraron el suelo. Afortunadamente, recordando que ya habían dado a catorce personas suficiente entretenimiento, se quedaron en silencio. Me aclaré la garganta e hice una señal hacia mi despacho.
—¿Por qué no continuamos esa conversación en mi oficina?
Eché una mirada a Alice por encima de mi hombro, con la expresión universal de necesito cafeína a la voz de ya. Supongo que se sentía aliviada por estar fuera de la línea de fuego. Entré en mi despacho y cerré la puerta. Lauren y Mike se sentaron frente a mi escritorio, cada uno en un extremo. Me tomé mi tiempo para acomodarme.
—Bien —Me eché hacia atrás en la butaca y los miré a los dos. —Como ni siquiera sabía que vosotros dos os conocíais, puedo garantizaros que no tengo ni idea de por qué estabais discutiendo. Sin usar la frase "él empezó", Lauren, cuéntame qué ha pasado.
Lauren cruzó los brazos y me miró durante un largo momento. Entonces aspiró aire profundamente, se mordió el labio inferior, y estalló.
—¡Pero empezó él!
—¡Y una mierda!
—Señor Newton —murmuré. —No es tu turno de hablar.
Mike se desplomó en su silla.
—Esto no es justo.
Era como hablar con niños de cinco años.
—¿Es un conflicto profesional o personal?
—Profesional —soltó Lauren.
—Personal —la corrigió Mike con los dientes apretados.
Lauren se sonrojó y yo comencé a reírme.
—Entiendo, ¿entonces el espectáculo que le habéis dado a los trabajadores hace un par de minuto eran juegos preliminares?
Lauren se levantó.
—¡No tienes que ser ofensiva!
—Tú eres la única que está siendo ofensiva aquí —le espetó Mike en respuesta.
—Oh, que te den por el culo. —Lauren salió de la oficina apresuradamente, con un portazo tan fuerte que la pared de cristal tembló.
Miré a Mike.
—Newton, ¿estás intentando alejar a todos los artistas con los que actualmente trabaja esta galería, o solo pretendes sacar de quicio a Lauren?
—Esto no es asunto tuyo, Isabella.
—Lo sé.
Mike se frotó la cara y se levantó.
—Esa mujer es irracional. ¡A la mayoría de las mujeres no les importa que las invites a cenar!
Golpeé la superficie de mi escritorio con una uña.
—¿Tuviste en cuenta de algún modo que su posición en esta galería se vería afectado por la cena contigo?
—Gracias —murmuró Mike. —No tenía ni idea de que pensaras que fuera un bastardo sexista.
—No he dicho eso.
Con excesiva lentitud, tomó aliento y dijo:
—No, Isabella, no impliqué el que su posición en la galería fuera a verse afectada por salir o no conmigo —Me miró como si pensara que yo no lo creía. —Alice nos presentó, y yo le dije que me gustaba el trabajo que había visto de ella hasta ahora. Lauren estaba aquí para hablar sobre el proyecto de los institutos con Alice. Me entrometí en su reunión porque me sentía atraído por ella. Al final de la reunión, Alice usó su instrumento de tele-transportación súper secreto para desaparecer —Agitó la cabeza y miró a Alice, que acababa de volver con el café, lo dejó en mi escritorio, y se marchó. —Tiene un increíble talento para eso.
Me reí, entendía lo que quería decir.
—Es bastante sigilosa. Entonces, ¿qué pasó cuando Alice dejó la habitación?
—Le pedí a Lauren que saliera a cenar conmigo, y le dije que estaba interesado en descubrir más sobre la fuente de su inspiración Nunca había conocido a una escultura con ese tipo de pasión y violencia tranquila. Me miró, y supe que lo que pensaba se me reflejaba en la cara. —¿Qué?
Suspiré.
—Lauren valora su privacidad.
—Lo entiendo.
—No —Negué con la cabeza. —Lauren es compulsiva sobre su intimidad. Tendrás que traspasar su coraza, y sinceramente, no sé si podrás hacerlo —Miré la zona de trabajo y suspiré. —Si quieres puedes pedirle consejo a Edward.
—Pensaba que él y tú...
—Sí, pero tuvo una relación con Lauren en el pasado. La conoce mucho mejor que cualquiera de nosotros. —Mike se levantó y se metió las manos en los bolsillos. —Y Mike, no te aconsejo que llames a Lauren irracional a la cara. Esa mujer tiene un soplete.
Mike asintió y, con una pequeña sonrisa, dejó mi despacho. Alice esperó hasta que Mike bajó las escaleras antes de levantarse de su silla y correr hasta la puerta de mi oficina.
Cerró la puerta, caminó tranquilamente hasta mi escritorio y me susurró:
—Lauren le dijo de todo menos chupapollas. Y no repitió insulto ni una sola vez.
Miré mi escritorio e intenté mantener un rostro serio, pero al final, perdí la batalla y solté una carcajada. Alice se sentó en la silla que Mike acababa de abandonar. Esperó hasta que hube terminado de reírme antes de continuar.
Se cepilló los pantalones como si hubiera encontrado pelusas en ellos y me miró.
—Son tal para cual.
Asentí y suspiré.
—Sí, me he dado cuenta.
Ahora que sus planes para contratar a Jasper Whitlock se habían desbaratado, Jacob había comenzado su labor con el resto de la galería. Le llevó unas cuatro horas alienar a todo el equipo de administración, y el día entero para hacerse con el equipo de ventas. El personal de ventas está acostumbrado a tratar con gente difícil, y tienen una gran tolerancia a las gilipolleces. Las mujeres de la zona de trabajo se escondían en el baño en grupos de dos o tres. Los dos hombres que trabajaban en la galería no eran objetivo de Jacob, así que la mayor parte del tiempo obstaculizaba a los demás.
Jacob llegó a mi despacho casi a mediodía. Cerró la puerta, esforzándose por mirarme fijamente. Siempre me había parecido un malvado duende de talla grande, aunque la idea de Lauren del gnomo de jardín tenía gracia. Jacob era un hombre enorme... Era su personalidad lo que lo hacía parecer tan pequeño e inútil.
—¿Qué puedo hacer por ti, Jacob?
—¿Vas a poner a Alice Brandon en tu puesto?
—Sí.
—No está preparada para ese trabajo.
—La señorita Brandon está licenciada tanto en Empresariales como en Historia del Arte. Es perfecta para el puesto.
—Sería mejor que contrataras a Jasper Whitlock.
—No.
—Yo todavía tengo poder aquí.
—No me parece que la habilidad para acosar y reprender a los demás sea poder —Su rostro se puso rojo de furia, y me sorprendió ver una pequeña mueca de culpabilidad en su rostro. Después de todo, parece que era un ser humano.
Murmuró algo entre dientes y dejó mi oficina. Miré hacia la mesa de Alice y la encontré al teléfono. Suspiré, y cuando me miró, le hice una señal para que entrara. Creía que tenía derecho a conocer la irritación de Jacob y su conocimiento de su futuro en la galería.
Me olvidé de Mike Newton hasta que entré en la galería de Ed. Entré con la llave que había colocado en mi llavero y, tras subir las escaleras corriendo, encontré a Mike sentado en mi butaca roja, con una cerveza en la mano. Agitaba su mano libre mientras hablaba. Fruncí el ceño; no me gustaba verlo sentado en mi butaca.
—Esa maldita mujer no tiene derecho a ser tan cruel —Su tono era prepotente.
Ed se rió.
—Las mujeres son, posiblemente, las criaturas más crueles del mundo. Tienen demasiado carácter, pero como también son las únicas que tienen coño, tendremos que aguantarnos.
Si no hubiera llevado mi bolso grande, se lo hubiera tirado a la cara.
—Señor Cullen.
Miró hacia mí, se quitó las gafas de seguridad, y se metió la herramienta en el bolsillo de los vaqueros.
—Dulce Bella, precisamente ahora estábamos hablando de ti.
Me reí y negué con la cabeza.
—¡Cómo he podido acabar estando contigo!
—Pregúntame eso un poco más tarde otra vez. Será un placer recordártelo.
—Lo haré —Levanté una ceja y lo miré de arriba abajo.
Empecé a subir el segundo tramo de escaleras, pero me detuve para quitarme los zapatos.
—¿Estáis bebiéndoos la cena?
—Él está bebiendo —Ed se rió y señaló a Mike, que miraba lastimeramente una botella de cerveza vacía. —Yo estoy trabajando. He pedido comida. Llegará pronto.
Asentí y me detuve a los pies de la escalera.
—Mike.
Me miró y me ofreció una sonrisa.
—¿Sí, Isabella?
—No vas a encontrar la respuesta a tu pregunta en el fondo de una botella.
—Esta noche estoy ahogando mis penas. Mañana voy a practicar la postración y el ruego. Después lo haré de verdad en el porche delantero de Lauren.
Chasqueé la lengua.
—Deberías conseguir una armadura.
—¡Disculpa?
—Como mínimo, un casco sería una buena inversión.
Mientras comenzaba a subir las escaleras, Mike preguntó a Ed a qué me refería, y Ed se rió.
—A Lauren le gusta disparar a sus visitas no invitadas con una pistola de pintura.
—¿Estás segura de que quieres irte a casa?
Me reí y solté la mano de Ed mientras bajábamos las escaleras y entrábamos en la galería. Me recoloqué el bolso y asentí.
—Sí, tengo que ocuparme de algunas cosas, y preparar la reunión con Eliezer Denali. Estará aquí por la mañana.
Ed me acercó a él y cogió mi rostro con sus manos. Su boca era suave y tierna. Podría haberme perdido en ella con facilidad, pero después de un momento me aparté y salí por la puerta, hacia la noche. Eché un vistazo por encima de mi hombro, le sonreí y entré en mi coche. No cerró la puerta hasta que estuve en el coche con las puertas cerradas.
Pasé la mayor parte del viaje de vuelta a mi apartamento arrepintiéndome de no haberme acostado con él antes de marcharme. En mi apartamento, encontré un pósit del servicio de mantenimiento de mi edificio. Habían arreglado mi puerta y reemplazado mi cadena con una mucho más fuerte. Después de entrar en mi apartamento y cerrar por dentro, fui hasta mi contestador automático, por costumbre, y pulsé el botón.
Había un mensaje de mi madre. Suspiré y la escuché hablar de sus compras recientes. No dejó de parlotear hasta que mi contestador la cortó.
—Así que si quieres venir sólo tienes que llamarme, y te enseñaré mi nuevo sombrero... Es de color púrpura intenso y tiene...
En el contestador sonó un clic, y agité la cabeza. No podía imaginarme qué era lo que tenía aquel sombrero, y una parte de mí no quería descubrirlo. Me aparté el cabello mientras comenzaba el siguiente mensaje. Se escuchó un sonoro suspiro, y miré el contestador, esperando a que Lauren continuara. Era la única que me suspiraba en el contestador.
—Isabella, llámame cuando puedas. Ya tengo lista la última obra para la galería, y estoy cavando un agujero para un cuerpo. Dile a ese imbécil de Newton que se quede en Boston, o acabará en ese hoyo.
Me froté la cara y me senté, debatiéndome entre reírme o llorar. Dios, odiaba la hostilidad que sentía Lauren por los hombres. La odiaba, la entendía, y quería desesperadamente ayudarla a curarse. Instintivamente, comprendía que el pasado de Lauren había sido horrible, y no quería conocer todos los detalles. Sin embargo, como amiga suya, creía que tenía la responsabilidad de ayudarla con su nueva vida.
El tercer mensaje comenzó.
—Ey, Bella. Soy Alice. Mira, cuando llegué a casa esta tarde Jasper Whitlock estaba esperándome en mi puerta. Ya se ha ido.
Escuché cómo se detenía el contestador mientras abría la puerta delantera y me ponía apresuradamente un par de zapatillas que encontré en la entrada. Una vez dentro de mi coche, me obligué a calmarme y a concentrarme en conducir. Alice solo vivía a diez minutos en coche de mi casa, pero fueron los diez minutos más largos de mi vida. Odiaba pensar que él podía estar cerca de Alice.
Su risa y su despreocupada sonrisa me parecieron muy frágiles en ese momento. Aparqué frente a su edificio y corrí al interior como si el diablo estuviera a mi espalda.
Su apartamento estaba en la primera planta; llamé a su puerta y después probé el pomo.
—¿Alice?
Se oyó la cerradura, y Alice abrió la puerta. Por un momento, me limité a mirarla. Llevaba un camisón en el que ponía QUE TE DEN, NO TE HE PEDIDO TU OPINIÓN. Me hizo un gesto para que pasara, y sus zapatillas de estar por casa con forma de bebé foca se agitaron mientras se apartaba de la puerta.
—No había visto unos calentadores rosas como esos desde... bueno, desde hacía muchísimo tiempo.
Me echó una mirada y bostezó.
—¿Qué pasa, Bella?
Tragué saliva y agité la cabeza.
—¿Jasper estuvo aquí?
—Sí —Se desperezó y se sentó en el sofá. —No sé qué quería.
—¿Cómo conseguiste que se fuera?
Alice resopló.
—Lo apunté con mi 9mm.
Me senté con la boca abierta de par en par, y me sentí aliviada cuando mi culo conectó con la silla.
—¿Tienes un arma?
—Sí —Se encogió de hombros. —Mi padre y mis hermanos son policías. De hecho, yo estuve en la academia y me gradué.
—¿Podrías ser poli?
—No, por eso es por lo que visto ropa demasiado cara y miro cosas hermosas todo el día. No podría ser policía —Se tumbó en el sofá. —Bella, me has despertado —Bostezando de nuevo, me miró. —¿Qué pasa?
—Que Jasper vino aquí.
Alice se sentó bruscamente.
—¿Estabas preocupada por mí?
Asentí y después negué con la cabeza.
—Sí. Estaba preocupada. Pensaba que te había hecho daño, o que podría hacértelo. Hubiera sido culpa mía, Alice. Si te hiciera daño. —Respiré profundamente.
Me levanté y le di la espalda. El suspiro se convirtió en un sollozo. No me di cuenta de que Alice había abandonado el sofá hasta que sus brazos me rodearon y me abrazó con fuerza. Acepté su abrazo y dejé que me guiara de vuelta a la butaca.
—Todo este tiempo consideré que lo que me había pasado era personal.
—Lo era.
—Sí—asentí. —Pero era algo más. ¿Cómo pude pensar que su castigo era menos importante que mi dignidad? —Mi demanda solo recibió silencio como respuesta. —En mi interior sabía que tenía que hacer un esfuerzo para proteger a otras mujeres de él. Al menos, si lo etiquetaran como agresor sexual, sería algo.
—¿Es demasiado tarde?
Negué con la cabeza.
—No lo creo —La miré, y vi preocupación en su rostro. —Lo siento mucho, Alice. Siento que te veas expuesta a él, y que él pensara que podía venir aquí y amenazarte porque no puede llegar hasta mí.
—Llegó hasta ti —Alice se levantó y se alejó de mí. —En el momento en el que dejé aquel mensaje en tu contestador me di cuenta de que había hecho exactamente lo que Jasper esperaba. No había venido a hacerme daño, Bella; solo estaba usándome a mí, y a tu cariño por mí, como un arma.
Había sido efectivo. Miré a Alice, vi su control y su siempre presente actitud de puedo-con-todo, y supe que ya no podía permitirme el lujo de esconderme tras mi dignidad. Había otras mujeres en alguna parte; podrían ponerse en el camino de Jasper Whitlock, y él les haría daño si yo no haría nada para impedirlo.
Me levanté.
—Tengo que irme.
—¿Bella?
La miré.
—No puedo seguir guardándome esto durante más tiempo.
No me siguió inmediatamente, así que esperé tras la puerta de su apartamento hasta que escuché que cerraba con llave. Volvía mi coche, y busqué mi cartera en el bolso. Había una tarjeta en mi cartera. La llevaba desde ese primer día en el hospital. La miré, estaba destrozada y gastada por haber sido transferida de cartera a cartera al cambiar de bolso.
Durante un momento, miré el nombre de la mujer. Tanya Moore. Era la detective que había intentado interrogarme. Me pregunté qué rango tendría ahora, cuánto habría avanzado en su carrera. En ese tiempo había pensado mucho en cómo me miró en la puerta de la sala de examen al girarse. Me pareció que pensaba que podía hacer que le contara lo que necesitaba saber. Cogí mi teléfono móvil y marqué el número que había garabateado en el reverso antes de cambiar de idea. Sonó varias veces, y entonces una somnolienta voz de mujer contestó. Tragué saliva y bajé la cabeza mientras ella decía "diga" por cuarta vez.
—Me llamo Isabella Swan.
Se produjo un largo momento de silencio, y entonces la detective se aclaró la garganta. Podía escuchar cómo se movía, como si estuviera dejando la cama.
—¿Qué puedo hacer por ti, Isabella?
—Puedes decirme que no es demasiado tarde para hacer que el hombre que me violó pague por ello.
—¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Dos años.
—¿Rellenaste un informe entonces? —Sí, hice una declaración y me sometí a un examen médico, pero al final no presenté cargos —Cerré los ojos y bajé la cabeza basta que descansó sobre el volante. —Pensaba que si intentaba olvidarlo, se iría. Pensaba que él no importaba.
—Lo comprendo.
—¿Esto cambiará algo?
—Es un paso hacia la justicia, Isabella. Cuando des ese paso, comenzarás a sanar. Sé que has pasado mucho tiempo reconstruyendo lo que has perdido —suspiró. —¿Qué te ha ayudado a tomar esta decisión?
—Está invadiendo mi vida. Entró en mi apartamento, y esta noche ha visitado a una amiga íntima.
—¿Dónde estás?
—¿En este momento, o geográficamente?
Se rió; su risa era un suave y hermoso sonido, y disfruté de él. Sentí que mi cuerpo se relajaba, y mi estómago, lentamente, comenzó a deshacer el nudo que llevaba allí más de una hora.
—Estoy en Boston. Dentro de mi coche, hablando por el móvil.
—Vete a casa.
—No me siento segura allí.
—¿Hay algún lugar donde te sientas segura?
—Sí.
—Vete allí, Isabella. Busca un lugar donde apartarte de esto y, por la mañana, quiero que vengas a Nueva York. Comenzaremos el papeleo, y haremos que esto termine. Afortunadamente, yo soy de las que nunca se rinden. Tengo una carpeta con todas las pruebas que he podido conseguir de cada violación que se me asigna, incluso aquellas que más tarde eligen no presentar una denuncia.
—¿Cómo lo haces, sin rendirte?
—Me recuerdo que hacerlo puede mantener a una víctima lejos de su agresor.
—Sacaré un billete de avión para Nueva York, y te llamaré tan pronto como esté allí.
Cuando salí del coche, la puerta de la galería estaba abierta. Me detuve y miré a Ed, que estaba mirando alrededor, y me localizó. Se metió las llaves en el bolsillo y caminó hacia mí. Ya no me preguntaba por qué acudía a él cuando estaba disgustada, por qué me parecía lo correcto; simplemente, era así.
—¿Dónde has estado?
Señalé el coche.
—Sentada en mi coche.
Me ofreció la mano, y sonrió cuando yo la tomé.
—Alice me llamó hace más de una hora. ¿Por qué no cogiste el móvil?
—La última llamada que hice me dejó sin batería.
No dijo nada mientras me guiaba a la galería tras él. Cuando entramos, cerró la puerta y se giró hacia mí. Temblando, dejé que me abrazara, y su boca acarició mi mandíbula antes de deslizarse desde mi cuello hasta mi hombro. Clavé los dedos en sus brazos mientras lo abrazaba con más fuerza. Una desesperada necesidad parecía haberse deslizado entre ambos. Clavé los dientes en la carne de su cuello, mis manos cayeron hasta su cintura, y las metí en los vaqueros que no se había molestado en abrochar con un cinturón. Ed tiró de mi blusa, revelando la piel de mi hombro. Sentí sus dientes acariciando la carne, y apreté los dedos sobre su piel. Una caliente y desesperada lujuria reemplazó mi voluntad.
El botón y la cremallera de sus vaqueros cedieron, y deslicé mi mano en el interior. Su polla se endureció contra mi mano, cálida y dura. Me aparté de Edward a desgana cuando se zafó de mí para sacar mi camisa de la cinturilla de mis pantalones. Me quité los zapatos y la camiseta por la cabeza, la tiré al suelo, y lo miré con los ojos entornados mientras seguía mi ejemplo.
Con manos cuidadosas, me atrajo hasta él y caminamos hacia las escaleras. Sabía que no íbamos a conseguir llegar al final de ellas. Conteniendo el aliento con aprobación, asentí mientras se sentaba y me atraía hasta su regazo. Presioné mis pechos contra su torso y tomé su boca con el tipo de beso que demandaba un centenar de cosas. Sabía que me daría todo lo que necesitaba, y exactamente como lo quería.
Acaricié su polla y la presioné contra mi estómago mientras sus manos se movían desde mi espalda hasta mi culo. Pensé brevemente en un condón, pero sabía que no íbamos a ponernos a buscar uno en ese momento. Me levantó, y me arqueé en sus brazos mientras me deslizaba sobre su polla. La sensación de acogerlo en mi interior era el mayor placer que hubiera conocido nunca. Como siempre, la presión de su pene en mi interior me recordó lo vacía que había estado sin él. Rodeé su cuello con mis brazos, y me moví encima suyo.
—Tranquila —susurró contra mi cuello. —Relájate, Bella.
Comencé a cabalgarlo, y enterré mi rostro en su cuello.
—No puedo.
Se rió suavemente, arrastrando sus manos por mi espalda de un modo que debería haber sido relajante, pero no lo era. Sus manos eran rudas e inexpertas. Entonces comprendí lo que pretendía. Finalmente había conseguido llevarlo al mismo estado en el que él me dejaba a menudo. Agarré sus hombros, lo miré, y vi su cruda excitación. La violencia de nuestra necesidad estaba apartando cualquier velo de civilización que hubiéramos tenido antes.
Se levantó, agarrándome con fuerza. Me aferré a él y jadeé cuando me bajó hasta el brillante suelo de madera de su galería. La madera estaba dura bajo mi cuerpo, y, sin darme tregua, se colocó sobre mí. Con las manos colocadas a cada lado de mi cabeza, empujó con fuerza el resto de su cuerpo contra el mío.
—Ed.
—Déjate llevar, Bella.
Era lo único que podía hacer. Me aferré a él y dejé escapar todo lo demás. El dolor me embriagó, cada embiste de su verga era un recordatorio de la unión que tanto había ansiado. La luz de las escaleras caía sobre nosotros, destacando la palidez de mi piel contra la palidez de la suya. Adoraba sentirlo y mirarlo. Era tan hermoso que en aquel caliente e inenarrable momento comprendí que, realmente, había estado esperándolo a él toda la vida.
Un orgasmo recorrió mi clítoris, y me arqueé con fuerza levantándome del suelo. Mis uñas se clavaron en su espalda, y las lágrimas corrieron por mis mejillas, mientras repetía su nombre una y otra vez como una letanía en mis labios. Resbaladizos por el sudor, nuestros cuerpos siguieron deslizándose el uno contra el otro. Sentí el cálido torrente de su semen, y cerré los ojos ante la sensación primitiva que despertó en mí.
bueno aki les dejo el capi
espero ke les haya gustado
chikas solo keda el epilogo =C
gracias a todas por sus reviews =)
me regalan review? *** a las ke dejen review les daré un adelanto***
los kiero se kuidan =D
