Hala, perdón ^^' en el capítulo anterior se me borraron los comentarios porque me hice un lío con lo de guardar los documentos, así que perdón. Básicamente decía que a ver si ese ShawnxCelia era suficiente, que MielConLeche me lo dijo y bueno e.e decidí hacerlo posible. Si alguien más quiere algo, que lo diga y también lo intentaré, al fin y al cabo, para mí el público manda xD Siempre que no me pidáis cosas muy imposibles.

No, Inazuma Eleven y sus personajes no pertenecen a aika-chan20, aunque ella es mucho más feliz con las historias que se inventa que con las lamentables parejas que a veces forma Level-5 u.u

CAPÍTULO 9: "Mi gelatina para siempre"

-No sé qué estáis mirando pero ya podéis largaros de aquí –gruñó el hermano pequeño de Shawn. Aunque a Aiden no le gustaba nada eso de que le llamaran el pequeño.

Estaba yo en casa de los Froste, invitada por el mayor, clarísimamente, y observábamos a su hermano, que miraba en la tele unos videoclips de MTV. We are who we are, de Kesha, en concreto. La chica me daba un poco de grima en ese vídeo, pero no estaba mal.

-¿Cómo vas a empezar la entrevista, si se puede saber? –Susurró Shawn- Ya sé, pregúntale si le pone Kesha.

Risitas de fondo, y el entrecejo de Aiden estaba más fruncido aún. Normal, si alguien viniera a casa a reírse de mí yo también me enfadaría. Estaba empezando a darme pena.

-Vale, tortolitos, iros a dar por culo a otra parte –se hartó el menor. Me dio la ligera pero cierta impresión de que Shawn había vuelto a sonrojarse aunque tampoco presté mucha atención a eso.

-Otro igual –resoplé- Oye, no estoy aquí por Shawn –le miré, encogiéndome de hombros, y me acerqué a Aiden- estoy aquí por ti.

-¿Para qué? –me había sentado a su lado y, demonios, qué buena pinta tenían las patatas con sabor a queso que estaba comiendo. Me las quedé mirando un buen rato. Según me dijo Shawn después, incluso me relamí, aunque juro que yo no me di cuenta de nada.

-Pues… porque nunca hemos hablado a fondo. Y he pensado que si yo te abría mi mente, tú también lo harías.

-Ya. ¿Quieres? –me ofreció la bolsa, yo cogí unas pocas (según Shawn, me abalancé como si no hubiera comido en años)- Ostias –murmuró un poco asustado- Bueno, no sé lo que quieres de mí, sospecho que las patatas aunque no estoy seguro, pero ¿sabes? En el fondo me caes bien. Eres una buena tía.

-Me alegro de oír eso, querido Aiden, porque la verdad es que podrías ayudarme mucho…

Conseguí que Shawn se esfumara de la casa, y sorprendentemente Aiden se volvió mil veces más amable de lo que solía ser siempre. Fue la cosa más extraña y asombrosa del año, creo.

Después de pasar la tarde allí, fui a buscar a Shawn de donde le había mandado: a casa de su abuela. Pobre, no me lo perdonó hasta la semana siguiente, cuando descubrió a quién iba a entrevistar. Pero eso ya lo descubriréis más tarde.

Al día siguiente Lore vino a buscarme (¡y vino pronto, incluso antes de que yo me levantara!), lo que hizo que por consecuencia yo también llegase bastante pronto. Tomé mi modesto desayuno (una taza de café y tres magdalenas para el camino) y salí. No entiendo por qué seguía sorprendiéndome al verla con Jordan, pero el caso es que lo hice.

-¡Hola, Hills! –saludó Greenway. Como siempre, llevaba la mochila colgada de las asas de la silla, y mi lesbiana amiga le empujaba. Me sonrió.

-¿Qué tal?

-Bien –respondí- Bueno. Sí. Bien –acto seguido volví a mirar a la parejita, (eso con mi mejor cara de sueño y unas ojeras interminables que asustarían al coco)- ¿cómo es que venís juntos?

-Mi madre no podía llevarme hoy, y Lore me acompaña –explicó el helado- ¿El resto de días también venís juntas? Porque como las dos llegáis siempre tarde –Lore se rió.

-Ella no llega ni la mitad de tarde que yo, créeme.

-Claro, te creo –respondió él enseguida, como con miedo de que a ella le sentara mal cualquier cosa. ¿Cómo pude estar tan ciega? Ese chaval estaba coladiiiiiito por ella. Yo me limité a pensar que simplemente era algo nervioso, tsk. En realidad no creo que lo pensara mucho… bueno, tenía mis razones, como que eran las ocho de la mañana.

-Bueno, ¿qué hiciste ayer, Celia? –respondí con un gruñido y luego mascullé un "nada" casi inaudible. Suficiente para hacerle entender que en ese momento estaba vocalmente indispuesta. Ella siguió a su rollo- Nosotros nos divertimos bastante.

-No lo creo –protestó Jordi- No es divertido caerse como ocho veces por hacer el idiota.

-¡Venga ya, si la idea de jugar con tu silla fue tuya!

-¡Pero no sabía que a ti se te ocurriría subir a la rampa del puente para coger más velocidad! –Negó con la cabeza y los ojos cerrados- Nunca más.

-Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse, ¡nunca más...! -¡reconocí eso! Edgar Allan Poe, el relato corto del Cuervo. Fue mi mayor logro aquella mañana, el resto fueron actos prácticamente inconscientes.

-¡Lore!

-Bah.

Al final no me enteré muy bien de lo que pasó.

-En todo caso, Celia, si hubieras estado ahí te habrías divertido también… ¡deberías venir la próxima vez! Esta tarde íbamos a un buen sitio –se entusiasmó el amigo peli verde, que enrollaba un mechón de pelo en un dedo para entretenerse. Y no sé cómo, pero acabé diciendo que sí.

La primera hora de los miércoles no estaba mal. Tecnología. Pero teníamos taller, que es algo así como pegar palillos de madera para hacer una figura. Luego, creo que para comprobar su sostenibilidad, van poniendo libros encima hasta que te lo chafan, y cae todo el montaje. Entonces tienes que empezar otra vez, y así fue cómo aprobé tecnología aquel año: no haciendo prácticamente nada.

Mi pareja era Silvia, pero ese día cuando llegué a clase (la primera de todos, no os lo perdáis, al verme llegar antes me miraron con cara de "qué hace esta aquí, a estas horas") ella no estaba. Así que obligaron(porque aún estaba enfadado conmigo por lo de su abuela) a Shawn a ayudarme con mi trabajo (que no acabé hasta dos meses después, y eso que solo faltaban cinco piezas por encajar).

-Pásame el pegamento, anda…

-¿Qué?

-Que me pases el pegamento –repetí pacientemente. Muy pacientemente.

-¿Qué?

-¡Oye, qué te pasa! –me quejé, ya harta. Él se volvió hacia mí, indignado.

-Perdona, debe de habérseme contagiado la sordera de mi abuela, ¡ya que estuve horas viendo el maldito canal del tiempo gracias a…! ¡Oh! ¿A quién debo agradecerle ese honor…? ¡Ah, sí! Celia Hills –acabó con una asesina mirada, apuntándome con un destornillador para señalarme como sujeto de su monólogo. Después se giró y no volvió a hablarme en toda la hora.

Aunque no necesité de él para darle emoción al día, ya que la solución a mi aburrimiento (y a mi cordura un poco también) entró por la puerta quince minutos después. Se acercó a nuestra mesa y dejó las cosas en una silla.

-¡Hola, gelatina! –la saludé, sonriente. La única persona que siempre me hacía reír, y va ella y me da la espalda. Pensé que no me había oído- Silvia, ¿qué tal todo? –ni un sonido. Ni siquiera gemidos de dolor o de queja ya que empecé a lanzarle bolitas a la cabeza a ver si se daba la vuelta de una vez y se dejaba de tonterías.

Desistí cuando la profesora me miró con cara de mala uva y me preguntó si pensaba terminar algún día el rectángulo que me había llevado todo el trimestre construir.

Al sonar el timbre intenté seguir a Silvia pero cogió sus cosas a toda prisa y entró en el aula de historia, donde ya nos esperaba el señor Smith, que aparte de lo de sus ojos, era un hombre muy puntual. Entonces fue cuando me di cuenta de que algo no iba del todo bien…

-Oye, Sil, ¿te pasa algo conmigo? Porque me parece que no te he hecho nada como para que te pongas así, sin hablarme y… -ella se dio la vuelta justo cuando llegaba a su pupitre y soltaba la mochila allí. Estaba enfadada, eso seguro. Tenía la típica mirada de "Celia, vas a morir y quiero que lo sepas antes de que te enteres de la razón".

-Tú… ¡tú siempre me dejas tirada! ¡Estoy harta, sabes!

-¿Qué? Pero…

-¡No, cállate! ¡Cállate por una vez en tu vida, porque es que no sabes hacer otra cosa que hablar, hablar y hablar! ¡Y si alguien intenta contarte algo, tú pasas y sigues como si el mundo girase alrededor de tu ombligo, y déjame que te diga que no es así! ¡Y que no tienes ni idea de lo harta que estoy de tus tonterías, porque una cosa es reírse contigo, y otra que no me dejes ni abrir la boca!

Me quedé estática, no podía mirarla a los ojos.

-Yo no… no sabía…

-Oh, claro que no, no lo sabías, ¿verdad? ¡No sabías lo jodida que estoy por tu culpa, porque últimamente a la única a la que prestas atención, escuchas y dedicas tiempo, es a esa novia lesbiana tuya, de la que no sé, sinceramente, cómo cojones no te has dado cuenta de que te come con los ojos cada vez que te ve! ¡Por cierto, gracias por largarte sin mí esta mañana, he quedado como una idiota delante de tus padres! ¡Ni se te ocurra volver a hablarme! ¡Estúpida! –luego tuvo el detalle de escupir al suelo y, al ver que todo el mundo la miraba (acojonado), irse corriendo a llorar a los baños.

Smith no me dejó ir a hablar con ella y hacerla entrar en razón, así que conseguí que Mark me hiciese un favor, distrayendo al profe fingiendo que Nathan Swift le había tirado una pelota de papel con escupitajo incluido (una excelente maniobra de distracción. "Nota mental", pensé, "felicitar a míster balones por su inmediata eficacia"). Sin que el profe se diera cuenta, me levanté de mi sitio aprovechando la coyuntura y fui corriendo tras la gelatina.

Un profesor que estaba de guardia en los pasillos me vio correr como alma que lleva el diablo y seguramente de preguntaría la razón… no, de hecho, ¡me lo preguntó a mí! Sin embargo hice como si nada y me metí al baño. Fui dando patadas a todas las puertas hasta que llegué a la que no se abría. Allí tenía que estar Silvia.

-¿Hola? ¿Estás ahí, Sil?

-¡VETE! –se escuchó, seguido de sollozos (exagerados y teatrales, si queréis mi opinión).

-Pero Silvia, tú sabes que eres mi mejor amiga, ¡desde que nos comíamos los mocos! Y eso nadie puede cambiarlo. ¡Yo te amo! –arrugué la nariz- Espera, no, eso es para declaraciones… ¡Yo te quiero! Sí, eso está mejor –murmuré medio para mí misma. En eso creí oír una pequeña risa, lo que me dio fuerzas para seguir- Ya sé que a lo mejor Dolley está conmigo mucho tiempo últimamente, pero solo tenías que decírmelo, tú eres mi prioridad. De verdad, Sil. Lo siento mucho, no sabía que te había sentado tan mal.

Cogió aire desde el otro lado de la puerta y la abrió.

-Mira, Celia…

-¡Es que yo soy así! De naturaleza sociable, ¿extremadamente? ¡Bueno! Puede que a veces me pase dejando por el camino a mis verdaderos amigos, y parlanchina, ¡ja! Te lo reconozco, lo soy un rato, pero…

-¡CELIA, JODER, ESCUCHA! –me callé, claro, cuando se pone así es difícil ignorarla- Te perdono, ¿vale? A lo mejor tienes razón, tú eres así y yo no soy quién para cambiarte. Aunque me tranquiliza eso de que… vas a hacerme más caso a partir de ahora.

-Sí. Lo juro.

-Bien…

-¡Ay, Sil, qué susto me has dado, creí que no querrías volver a hablar conmigo! Y no te preocupes, que pase lo que pase, ¡tú serás mi gelatina para siempre! –anuncié, orgullosa. Ahí fue cuando el profesor del pasillo decidió hacer su ronda por el baño y nos sacó de ahí casi a empujones.

-¿Que soy qué?

-Que te quiero, tonta.

-Supongo que viniendo de ti, debería tomarlo como un cumplido –comentó.

Yo solo digo una cosa, la bronca que nos echó Smith después (y el castigo de escribir cien veces: "no me escaparé de clase cuando el profesor no mira") mereció la pena por recuperar a Silvia. Una no es nada sin su gelatina.

O_o

¡Listo! ¿Ha estado bien? ¿Cosas que se puedan mejorar? ¡Y sugerencias, no lo olvidéis! Por cierto, muchos habéis hablado de cómo puede ser que a Lore le gusta Jordan. Bueno, no quiero adelantar nada, ¡pero yo jamás dije tal cosa! No es lo mismo chico-gusta-chica que chica-gusta-chico XD Este fic es raro, lo sé, siento eso, pero se aclarará todo (o al menos el lío entre Greenway y Dolley) en unos cuantos capítulos más (:

¡Kiseeeeeeeeees!