La costumbre manda y de bien nacida es ser agradecida, así que... ¡Gracias por seguir el fic y por supuesto miles de abrazos a los que dejan sus reviews! Ya sabéis lo que tenéis que hacer si queréis uno de mis súper abrazos recargantes. Y yo abrazo genial, que lo sepáis.
Después de mi natural ida de pinza, decir que... hoy, día mensual del sorato a falta de ¡2meses!, ¡Solo 2 meses para el día anual del sorato! wow fans, espero que me hicieseis caso y estéis haciendo muchos regalitos, sino pondréis tristes a Yama, Sora y a servidora y nadie quiere entristecernos, ¿verdad? Por fin me tomé tiempo para publicar, Noviembre también lo publicaré en 24 (espero) y Diciembre of course. Así que, ya sabéis las fechas exactas de cuando este fic llegará a su fin. No sigo que sino lloraré y lloraré y mi teclado inundaré.
Si aún lo desean, lean.
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Octubre, Soledad
El décimo mes del año ya había llegado a Odaiba, por como acabó el mes de Septiembre todo hacía indicar que este mes iba a ser un poco confuso para la pareja y con muchos sentimientos encontrados. Pero para un miembro de la pareja, Yamato, ya no existía confusión alguna, ya había estado demasiado tiempo confundido y pensando. Ahora lo tenía claro, a pesar de todo, su mayor deseo era volver con Sora, pero a veces tus mayores deseos pueden transformarse en tus mayores temores, y eso es lo que le pasaría a Ishida, que volvería a sentir en sus propias carnes el sentimiento de la soledad.
Lo que más le gustaba a Sora Takenouchi del centro comercial era que después de pasarse una tarde entera de compras de un lado a otro, podía descansar y relajarse en una de sus cafeterías favoritas, donde disfrutaba de uno de sus mayores placeres, los batidos de chocolate con nata y trocitos de chocolate.
Entró y de forma automática se dirigió a la barra, dejó algunas de las bolsas de sus compras apoyadas en una banqueta y cuando vino el camarero hizo su habitual pedido, lo que no sabía es que hoy, no era la única persona que había pedido eso.
Desde la mesa, él la contemplaba, simplemente se había quedado ensimismado con ella, con sus movimientos, con su elegancia a la hora de hacer el pedido y con su sonrisa golosa al verlo sobre la barra. No sabía por qué había venido a esta cafetería, solo sabía que era una de las favoritas de Sora, tal vez había aterrizado ahí de forma inconsciente, sus pasos le habían llevado solos esperando encontrarse con ella. Yamato no decía nada, solo la observaba, rió cuando la pudo ver un poco de lado y vio como tenía manchado de nata sobre el labio. Tan perdido estaba mirándola, que ni se dio cuenta de que cuando apoyó el codo en la mesa, deslizó sin querer el paquete que llevaba, que al impactar contra el suelo, hizo que toda la cafetería se volviese para ver lo que pasaba.
Sora se volvió asustada por el ruido y lo que vio le resultó familiar, una melena rubia asomaba por debajo de la mesa, cuando Ishida recogió el paquete del suelo, salió de ahí y Sora se dio cuenta de que estaba en lo cierto, esa melena pertenecía a Yamato Ishida.
Nada más volver a tomar asiento, llevó la mirada hacia Sora, deseando que no se hubiese dado cuenta del escandaloso golpe, claro, se equivocó, ella lo había oído y sus miradas se encontraron. Tuvieron un pequeño duelo de sonrisas nerviosas, hasta que la joven armándose de valor cogió las riendas, representadas por sus bolsas y batido de chocolate y fue hasta la mesa.
La veía acercándose irremediablemente, no sabía que hacer, estaba demasiado nervioso, y es que, desde que la besó en el parque no habían vuelto a hablar y teniendo en cuenta como acabó ese beso, tenía miedo a cual sería la reacción de Sora.
"Adorable, como siempre" pensó haciendo que todos sus temores se alejasen, porque la pelirroja ya había tomado asiento frente a él con una radiante sonrisa.
-Espero que no fuese delicado.- dijo señalando el paquete que se le había caído a Yamato tan torpemente.
-Eh… no, no… no.- estaba tan nervioso, su corazón palpitaba tan violentamente que tenía miedo a que Sora lo escuchase desde su posición.-… Takeru… es un regalo para su cumpleaños.
-¡Yo también le estaba comprando el regalo a Takeru!.- exclamó Takenouchi agarrando una de sus bolsas.- ¿crees que le gustará?
-Eh… eh… no sé… yo… no sé…
Al ver el enrojecimiento en la cara de Yamato, Sora se extrañó y al meter la cabeza en la bolsa que le estaba enseñando obtuvo la respuesta y el rojo de la vergüenza también se adueñó de su rostro. Por lo que guardando rápidamente la bolsa de las braguitas que se había comprado, sacó otra de las bolsas, y esta vez sí, asegurándose antes que fuese lo correcto, se lo enseñó a Yamato.
-¿A que es bonito?.- preguntó mientras extendía por la mesa el jersey verde que le había comprado.- ¡mira cuantos bolsillos!
-Seguro que le gusta, el verde es un valor seguro con mi hermano.
-Y mira, le he comprado una gorra a juego, ¡también tiene bolsillos!.- seguía la pelirroja entusiasmada con su regalo.- ¿y tú?, ¿Qué le has comprado?
-Eh… ah… bueno…- cogió la bolsa y la dejó sobre la mesa.- es un juego de consola, supongo que le gustará porque me dejó el catálogo sobre mi mesilla, abierto en la pagina en la que sale el juego y subrayado con 3 rotuladores fosforitos de diferentes colores.- explicó con una risilla, por ver lo hábil que es su hermanito pequeño.
-Genial.- contestó la portadora del amor, por contestar algo.
El ambiente no era tenso, no estaban del todo incómodos, pero lo que sí estaban eran nerviosos, Yamato más que Sora, pero Sora tampoco sabía que tema de conversación sacar para romper el silencio, lo que sí sabía es que tema de conversación no quería sacar y ese era el beso del otro día.
-El martes vuelves a clase, ¿verdad?.- preguntó la pelirroja, creyendo que había encontrado un gran tema de conversación.
-Sí, se acaba la expulsión.- respondió Yamato, sin extenderse demasiado, Sora que esperaba que se explayase más, se decepcionó, pero no se dio por vencida.
-Que bien que al final no te hayan abierto un expediente disciplinario, ¿verdad?
-Eh, sí tuve suerte, el director me dijo que intercedieron por mi muchos alumnos.
-Es que tienes muchos amigos que te querem… que te quieren.- se auto corrigió antes de terminar, bajando la vista apurada deseando que su amigo no se hubiese dado cuenta.
-Parece…
De nuevo silencio sepulcral, la conversación de la vuelta al instituto de Yamato no daba más de sí, y Sora cohibida por su casi metedura de pata ya no se atrevía a sacar más temas, fue Yamato el que esta vez habló.
-Bonito gorro, hacía tiempo que no te ponías un gorro.- indicó con el dedo el gorro que lucía la pelirroja.
-Me lo he comprado hoy.- explicó con alegría, mientras se pasaba la mano por el gorro.- ¿te gusta?
-Sí.- asintió ligeramente.
-Me gustan los gorros, creo que voy a empezar a volver a llevarlos.- siguió, desde su mundo, mientras Yamato la escuchaba con una sonrisa bobalicona.-… voy a cambiar todo, necesito nuevos aires, un nuevo gorro, concentrarme en los estudios, en el tenis y por su puesto, ¡nada de chicos!
Yamato no sabía que responder, y al ver su cara de desconcierto, Sora empezó a maldecir su ataque de parloteo sin sentido, encontrando en su batido la evasiva perfecta.
Más minutos, más silencio, desde que Sora había dicho eso de "nada de chicos", Yamato estaba serio, ¿eso le incluía a él? Aunque tampoco tenía derecho a pensar que el pudiese ser una excepción, tal vez si después de besarla en el parque le hubiese dicho algo coherente… pero no, hizo lo único que sabía hacer, huir. Le dijo que la amaba, la besó, para que segundos después se fuese corriendo a casa, sin ni siquiera disculparse y por supuesto dejándola abandonada en los columpios y con el sabor de su beso todavía en los labios. Cuanto se arrepentía de haberse ido, pero es que, ¿Qué podía haber hecho?, ¿pedirle de nuevo que fuese su novia y declararle ahí mismo amor eterno?, eso habría sido ruin y rastrero, acababa de cortar, o lo que fuese, con Kazama, no podía aprovecharse de ella. Pero lo que estaba claro es que no debería haberla abandonado y mucho menos después de besarla. Ya habían pasado un par de días desde eso, tal vez ahora tuviese valor de decírselo, debía decírselo o por lo menos disculparse por haberse ido.
Respirando fuertemente, intentando así que le entrase valor por medio del aire, Yamato abrió la boca.
-Sora, respecto a lo que pasó… el otro día en el parque.- comenzó con dificultad, Sora le miró mordiéndose el labio inferior con nerviosismo, sabía que tarde o temprano este tema saldría.- yo…
-¡Ya sé!, ¡no pasa nada!.- interrumpió la pelirroja, incapaz de escuchar un rechazo más por parte de Ishida.-… yo estaba mal y tú me consolaste, no pasa nada, ese beso no significo nada, no te preocupes, no me he hecho ilusiones ni nada, yo tampoco quiero volver contigo, estoy muy bien sola.
Eso le destrozó, en un arranque de valentía Sora se le había adelantado y como la mejor defensa es un buen ataque, que mejor que antes de ser rechazada, rechazar ella. Entonces, ¿ese beso no significo nada para ella?, se preguntaba Yamato abatido, ahora sentía como había sufrido Sora en estos meses, cuando se ilusionada para ser rechazada por él, igual había esperado mucho tiempo y ella ya no estaba dispuesta a sufrir más.
-Tengo que irme… nos vemos en clase.- se despidió la chica no sintiéndose capaz de seguir en esa misma mesa con Yamato.
...
Yamato estaba en casa, pensando en su fatídico y desilusionante encuentro con Sora, mientras trataba de envolver lo mejor posible el regalo para su hermano. Y para que engañarnos, Yamato Ishida era un completo desastre a la hora de envolver regalos, en momentos así no podía evitar pensar de nuevo en su pelirroja, ella tenía un arte innato manejando sus manos y sus envoltorios quedaban siempre perfectos.
-La mierda del papel.- gruñó el rubio al sentir como se le pegaba el dichosos papel en el pelo.
Y mientras se lo intentaba quitar, sin dañar mucho su amada melena, alguien llamó a la puerta. Al abrir palideció y trató de cerrarla rápidamente, pero el joven que estaba al otro lado era demasiado espabilado y metiendo el pie para que Yamato no pudiese cerrarla, saludó con alegría.
-¡Hermano que haces!
-Takeru… no es buen momento.- trataba de cerrar la puerta Ishida, pero finalmente el duelo lo ganó su hermano y este pudo adentrarse al hogar.
-¿Por qué llevas papel de regalo en el pelo?… y ¿Por qué…- se detuvo cuando sus ojos se encontraron con lo que había en la mesa.- ¡me lo has comprado!
Al darse cuenta de donde tenía los ojos puestos Takeru, Yamato corrió tirándose a la mesa para que no viese su regalo, pero era tarde, Takaishi ya lo tenía entre sus manos.
-Es tan genial.- decía entusiasmado, mientras lo contemplaba.- ¡gracias!.- dijo abrazando a su abatido hermano.
-Sí… bueno, pero dámelo y recuerda que cuando te lo dé en tu cumpleaños tienes que hacerte el sorprendido.- dijo Yamato tratando de arrebatar el juego de manos de su hermano.
Lo que pasa es que Takeru, ya se había hecho ilusiones y no estaba por la labor de devolver ese juego y esperar los diez días que faltaban para su cumpleaños, por lo que abrazándolo con fuerza contra su pecho, suplicó como un perrito abandonado.
-Dámelo ya anda, porfa… prometo que no juego mucho… porfa…
-¡Ni hablar!.- gritó Ishida, tratando de echar mano nuevamente a ese juego.
-¡Por favor!.- volvió a suplicar volteándose y protegiendo el juego con su vida.
Tras un pequeño forcejeo que acabó con los dos hermanos en el suelo, Takeru bocabajo protegiendo el juego con su cuerpo y Yamato encima suya tratando de quitárselo inútilmente, el mayor terminó resignándose.
-Haz lo que quieras, pero si para tu cumpleaños ya te has cansado de jugar y te has aburrido de él, no me pidas que te regale nada más.- accedió el músico molesto, mientras se levantaba y se sacudía los ropajes.
-Gracias, eres el mejor.- fue lo único que dijo Takeru desde su mundo de felicidad porque esa misma noche podría empezar su matanza de zombis con la play station.
Su hermano mayor, ya estaba a años luz de él, su única preocupación ahora era salvar su amada melena. Mirándose en el espejo trataba de quitarse ese papel de envoltorio pegado, pero Takaishi se le acercó por detrás.
-¿Te ayudo?.- se ofreció y sin esperar respuesta sus manos ya estaban en el pelo de su hermano.
-¡Quita!, ¿te has vuelto loco?, ¡nadie toca mi pelo salvo yo!.- gritó el portador de la amistad mientras daba un brinco para apartarse de las manos de su hermano.
-Venga, en serio, te ayudo.- insistió el menor de los dos.
-No sé…
A Yamato no le hacía ninguna gracia que alguien le toquetease el pelo, bueno solo existía una persona que le gustaba que lo hiciese, su Sora, de nuevo algo le llevaba a pensar otra vez en ella.
-Mira, lo ves no te hago daño…- decía Takeru, a la vez que despegaba el celo del cabello de su hermano.- confía en mi…
-¿Confiar en ti?, sí claro y luego…
-… dejaré que Al capone haga mi declaración de hacienda, no te digo…- continuó Takaishi divertido.- hermano, deberías empezar a cambiar de frases, resultas previsible… ¡ya esta!
El papel de envoltorio ya estaba en manos de Takeru, mientras Yamato se examinaba cuidadosamente su rubia melena en el espejo para cerciorarse de que no había ningún desperfecto grave.
-Eres un presumido.- dijo Takeru que en un acto de valentía se abalanzó sobre la cabellera de su hermano despeinándola por completo.
-¡Takeru!.- gritó este con un monumental enfado.
Tras peinarse durante mínimo 20 minutos mientras Takeru saqueaba su nevera, Yamato quedó pensativo. Aún tenía la mente en Sora y su encuentro con ella, deseaba hablar de ello con alguien, con Takeru sería ideal, pero por otro lado hacía tiempo que nadie le preguntaba por su relación con Sora, ya la habían dado por finalizada, tampoco quería remover las cosas.
El compañero de Patamon miraba a su hermano, lo conocía demasiado bien para saber que quería hablar de algo, que necesitaba desahogarse, pero también sabía que su orgullo y terquedad le impedían iniciar cualquier tipo de conversación, por eso, una vez más, fue Takeru el que rompió el hielo.
-Hermano, ¿estás bien?
Yamato se sorprendió por los poderes adivinatorios de su hermano pequeño y dejando por fin el peine fue hasta la mesa donde comía su hermano y tomó asiento en una de las sillas.
-Sí… claro…
-¿Quieres contarme algo?.- volvió a preguntar Takeru con naturalidad, puesto que había reconocido el tono de su hermano, sabía que estaba a deseo de hablar.
El rubio mayor miró a Takeru fugazmente, para que luego sus ojos fuesen hasta sus manos que jugueteaban nerviosamente con una de las galletitas que había sacado Takaishi. Finalmente se armó de valor, necesitaba pedir consejo a alguien, aunque ese alguien fuese su hermanito pequeño cuyo mayor problema sentimental que había sufrido era cuando Hikari estuvo dos horas sin hablarle por haberle perdido un clip de Sailor Moon.
-Es que… yo…
-¿Sí?.- dijo el joven mientras trataba de hacer un castillito de galletas.
-Me encontré con Sora en el centro comercial.
-¿Sí?.- repitió Takeru inmerso en su gran obra arquitectónica.
Yamato se empezó a mosquear al ver que su hermanito le ignoraba.
-Que nos pusimos cariñosos, fuimos a los baños, nos pusimos mucho más cariñosos y ¡wala!, ¡vas a ser tío de gemelos!.- gritó Ishida con efusividad, esperando la nueva ignorada de su hermano.
Pero Takeru sí le había escuchado y lejos de alarmarse paró por un momento su castillo de galletas y dijo con una sonrisa.
-Me alegro mucho Yamato, ya es hora de que sentaras la cabeza y creo que con esta paternidad verás el mundo de diferente manera, ¿has pensado en los nombres?, yo creo que sería divertido llamarlos Momo y Taro… así seguimos la tradición de nuestros padres de llamar a los hijos por el nombre de personajes de leyenda, ¿no te parece?
-¡Deja de decir tonterías!.- cortó Yamato levantándose de golpe de la silla, había perdido la poca paciencia que le caracterizaba.
Sin embargo Takeru no podía contener la risa, era divertido hacer rabiar a Yamato y sobre todo fácil. Pero al ver la furia que emanaba de sus ojos decidió ser un poquito más considerado.
-Vale, perdona hermano, sino te gusta Momo, también podemos llamarlos Kin y Taro jeje…
-¡Takeru!
-Perdona.- se apresuró el rubio menor, esta vez había sentido miedo de verdad.-… venga, si te estaba escuchando, relájate y cuéntame lo que ha pasado.
-¡Déjame en paz!.- bufó el bajista de los Teen-Age Wolves, su hermano le había quitado todas las ganas de sincerarse.
Aunque el enfado le duró poco rato, Takaishi en seguida le devolvió la confianza y los ánimos, prometiéndole que no haría ningún chiste más sobre los nombres de sus futuros, inexistentes de momento, sobrinos.
-Nos quedamos en que hoy has estado con Sora, te escucho…
-Bueno yo, es que, yo la… el otro día en el parque… yo le, la… le dije que la amaba y la besé.- logró decir al fin el apurado Ishida, mientras echaba un largo trago de agua para evitar responder a las preguntas incomodas que Takeru estaría a punto de formular.
Extrañado al no escuchar ninguna tontería, bajó el vaso y frente a él, mirándole con una sonrisa de oreja a oreja estaba Takeru, pero no estuvo demasiado rato parado, en un repentino movimiento ya estaba abalanzado sobre su hermano.
-Me alegro mucho Yamato, sabía que te darías cuenta del error que cometiste y volverías con ella, ¡es genial!
Al portador de la amistad le fue imposible contener una pequeña sonrisa, deseaba que lo que había descrito Takeru fuese real, pero no lo era, por culpa de su cobardía había dejado pasar esa oportunidad de decirle lo que sentía cuando la besó.
-Takeru, no… no estamos juntos.
El portador de la esperanza le miró extrañado.
-Pero… si la has besado, ¿la has besado y no le has pedido volver?
-Es complicado, en ese momento tuve miedo y me fui.- Yamato se levantó de la silla y empezó a deambular por la cocina mientras pasaba sus manos de forma repetitiva por su cabello.- y hoy me la he encontrado, y… y yo iba a decírselo, pero… no me dio tiempo, me dijo que estaba bien sola y que no quería saber nada de chicos.
-Hermano, igual lo dijo para protegerse, tal vez pensase que la ibas a rechazar de nuevo.- explicó Takeru su acertada visión de la mente de su hermana adoptiva.
-¿Y que se supone que tengo que hacer?.- empezó a alterarse de nuevo Yamato.-… soy un idiota, toda mi relación con Sora ha sido un caos desde el principio, nunca supe como llevarla. Primero pensaba que lo mejor era ir haciendo las cosas bien, como se debe, creí que si desde el principio tenía una relación consolidada no lo estropearía, tal vez, me apresuré en muchas cosas y luego pensé que igual ella no quería ir tan rápido e intenté que las cosas siguiesen su curso, pero también lo estropeé y le hice daño. Hasta que llegué a la conclusión de que yo no estaba hecho para tener pareja, no sabía que hacer para que ella estuviese bien, sentía que todas mis decisiones eran erróneas y me era imposible controlar mis celos y mis enfados, le hacía sentir siempre tan mal… y por eso tenía miedo a que, ella acabase aburrida de mí y sufriésemos los dos… porque siempre tuve la sensación de que… ella no era para mí… pero es que yo la quiero tanto, no puedo evitarlo, puede que sea egoísta por mi parte, pero deseo estar con ella y que ella este conmigo, es lo que más quiero ahora, pero pienso en el futuro y en el pasado y tengo la sensación de que todo volverá a salir mal.
-Yamato…- susurró Takaishi conmovido, su hermano nunca se había abierto tanto a nadie.
-¿Crees que algunas personas estamos hechas para estar solas?.- preguntó con tristeza, por pensar que ese fuese su destino.
-Sí claro.- respondió Takaishi convencido, asombrando a su hermano y llenándolo aún más de tristeza.- pero todas esas personas que deben estar solas están o deben estar en la cárcel, porque son basura humana… tú no, tú eres mi hermano, la mejor persona que conozco, tienes derecho a disfrutar de las personas que amas y que te aman.
Ese discurso llegó al corazón de Yamato demostrando que no lo tenía de hielo como a veces intentaba aparentar. Tras abrazar a su hermanito con cariño, preguntó aún con síntomas de emoción.
-¿Y si me dice que no?, ¿o si volvemos y discutimos de nuevo?… no soy capaz de enfrentarme a una relación, me da miedo.
-Hermano, si no haces nada por miedo, no vives, a veces tienes que abrirte e intentarlo, si no funciona, no funciona pero al menos sabrás que tu lo intentaste y viviste, no fuiste espectador sino protagonista. Es como si Jack no hubiese subido a ese barco por miedo a que se hundiese, vale sí, no habría muerto congelado y puede que hubiese encontrado una chica, se casase y tuviese hijitos pero… ¿Qué pasa con Rose?, nunca la habría salvado de su destino y lo más probable es que se habría tirado del barco y ninguno de los dos hubiese conocido ese amor tan profundo… y lo más triste es que nos habrían privado de una de las historias de amor más bonitas del cine.
-¿El otro día echaron Titanic verdad?.- preguntó el músico divertido por la pasión con la que hablaba Takeru.
-Eh… eh… sí, un poco.- intentó disimular el chico empezando a sonrojarse, le habían descubierto.
-Creo… que tienes razón, ¡quiero subir a ese barco!.- anunció Yamato más animado.
Estaba decidido y dispuesto, si sufría, sufriría, ya le daba igual, había desterrado sus miedos, porque no podía pasar ni un día más así, Sora tenía derecho a saber que seguía completamente enamorado de ella y que estaba dispuesto a intentarlo de nuevo.
De esa forma comenzó la: "Gran odisea de Yamato para conseguir sincerarse con Sora".
...
Primer intento:
En las clases de la señora Fukuoka reinaba siempre el silencio, nadie se atrevía a abrir la boca porque de todos eran conocidos los severos castigos de la profesora. Como el del chico que tosió una vez, la señora Fukuoka pensó que era un alborotador y lo tuvo durante toda la clase limpiando los pasillos del instituto, o cuando a una joven se le cayó el bolígrafo y al recogerlo se le levantó un poquito la falda, fue juzgada y sentenciada por Fukuoka como una libertina que iba provocando a sus compañeros varones, ese mismo día la señora Fukuoka le tejió una falda especial para ella que le cubría hasta los tobillos.
Por todas estas razones y más, nadie osaba ni pestañear en las clases de Fukuoka-san, por eso mientras la mujer explicaba como se producen las reacciones ácido-base, los alumnos habían ideado un sistema de comunicación alternativo: las notitas de papel.
Yamato llevaba rato observando esos diminutos correos y lo que más le enfurecía era que; Sora escribía, pasaba por su compañero de mesa del laboratorio, este se lo pasaba al de la otra fila de mesas y finalmente el papel llegaba a su compañero, que no era otro que Taichi Yagami. Él lo abría, contenía su risa, buscaba a Sora con la mirada, intercambiaban un par de gestos y llevaba el bolígrafo hacia la notita, contestaba y hacía el camino de vuelta a manos de la pelirroja. ¿Qué habría tan interesante en esas notas? El rubio hacía lo posible para no montar en cólera, pero la furia que contenía la pagaba con su inocente lápiz que sujetaba con fuerza entre sus dedos, tanta, que cuando vio a Sora abrir la última nota y taparse rápidamente para que sus risas no fuesen descubiertas, se oyó un "clack", el lapicero estaba en dos.
-¡Ishida!.- se volvió la profesora como una exhalación, Yamato se puso en pie con temor.- ¿vuelve a clase después de su expulsión y sigue alborotando?
-Eh… en…
-¡Salga de mi clase ahora mismo!, ¡no quiero alborotadores!
Yamato sabía que no era bueno tratar de razonar con esa mujer, por eso cabizbajo tomó sus cosas y emprendió el camino hacia la puerta, pero al pasar por al lado de Sora, notó como esta le tomaba la mano y le depositaba algo. La miró sorprendido pero Takenouchi ya estaba con los ojos clavados en la pizarra, ya que si la Sra. Fukuoka veía que algún alumno no miraba a la pizarra, era considerado alborotador.
Al salir abrió el papelito y lo que vio le dejó desconcertado, lo único que había era una caricaturita de la Sra. Fukuoka en la que salía gritando su palabra favorita "¡Alborotador!", extrañado, le dio la vuelta para ver si había algo de más interés en ese nota y ahí lo encontró, era la inconfundible, para Yamato, letra de Sora: "Comemos juntos ¿te parece bien?"
-Por supuesto que me parece bien.- se contestó ya con la sonrisa en el rostro.
Sería el momento, en la comida, Yamato le pediría volver a Sora.
Error. Y es que cuando Yamato entró con la bandeja en el comedor, no tardó en encontrar a Sora en una de las mesas, pero lo malo es que no estaba sola, Taichi, Koushiro y hasta Miyako estaban con ella. Intentando que su rostro no delatase la tremenda decepción que se había llevado se acercó hasta ellos.
-Que bien que ya estemos todos.- anunció Sora eufórica.- os he citado para ver quien se apunta a ir este fin de semana al Digimundo.
-¿Digimundo?, Sora, yo lo tengo imposible, mis padres no me van a dejar salir del supermercado.- se excusó Inoue desganada por pensar en su horroroso fin de semana.
-Y yo tengo partido.- dijo Yagami.- ¿Por qué no lo dejamos para otro día?, además si es por reunirnos el cumpleaños de Takeru es dentro de poco, nos veremos todos ahí.
-Es que… no es por eso.- empezó Takenouchi.- veréis es que a un vecino mío, le acaba de aparecer su compañero digimon y está tan ilusionado, le prometí que este fin de semana le llevaría al Digimundo y le enseñaría todo.
-Bueno Sora-san, yo no puedo ir, pero me encantaría conocer a ese chico.- añadió Koushiro con su habitual curiosidad.
-Es un encanto, siempre le hago de canguro cuando no están sus padres, ¡y por mi cumpleaños me regalo un collage maravilloso!.- hablaba la pelirroja con orgullo de pseudo madre.
Pero ese detalle hizo que Yamato se pusiese alerta, no podía tratarse de…
-¿Es Ryota?.- inquirió el rubio con sospechas.
Sora le miró velozmente y afirmó con la cabeza.
-¡Me encanta ese niño!, ¡es genial!, ¿como va de los remates de cabeza?, me acuerdo que la última vez que estuve en tu casa no paramos de practicarlos.- dijo el moreno con alegría.
Y esa alegría, desanimó de nuevo al bajista de los "Wolves" y es que el chico que le odiaba sin conocerle era íntimo amigo de Yagami, ¿Por qué? Hundido en su propia miseria, no se dio cuenta de cuando dejaron de hablar de futbol y de lo maravilloso que es ese niño y le hablaban a él.
-¡Yamato-san!.- llamaba Miyako mientras le pasaba la mano por los ojos, este al fin reaccionó y revolvió la cabeza como despertando de su sueño.
-Que… ¿Qué pasa?
-Que si tu puedes ir.- preguntó Inoue.
¿Ir?, eso quería decir que, ¿estaría a solas con Sora?, pensando en eso la sonrisa se adueñó por completo de su rostro.
-Sí, creo, que sí puedo.- afirmó intentando no aparentar demasiada efusividad.
-Bueno, pues ya estáis dos.- explicó Izumi, lo evidente.- pero podéis llamar a los demás, igual alguno puede.
-Mi hermana no puede.- se apresuró a decir Yagami.
-¿Por qué?.- pregunto extrañada Miyako, ya que hablaba a menudo con Hikari y los fines de semana no es que tuviese demasiadas cosas que hacer.
-Pues porque no puede.- repitió el moreno con autoridad, para luego guiñarle un ojo cómplice a Yamato, que solo vio él claro.- y Daisuke tampoco, tiene partido.
Ishida fue entendiendo lo que pasaba, Taichi le allanaba el terreno para que tuviese esa excursión a solas con Sora. Al principio no lo entendió bien, ¿Cómo es posible que Yagami le hubiese leído la mente con tanta facilidad? No le dio importancia y agradeciéndoselo con una sonrisa continuó con el plan del moreno.
-Mi hermano tampoco puede, estará ocupado preparando su fiesta.
-Pues con Jyou-senpai ni lo intentamos, siempre nos dice que a no ser que sea una emergencia que nadie le moleste en sábado.- añadió el portador del valor encogiendo los hombros.
-Igual Ken…- comenzó Miyako, pero fue interrumpida de nuevo por Yagami
-Está ocupado, me lo encontré ayer y me dijo que estaba ocupado.
-¿Y Iori?.- preguntó Sora extrañada.
-Kendo, si kendo, seguro que tiene kendo.- contestó Ishida con naturalidad.
-Pues yo creo que…- empezó de nuevo Miyako, pero Yagami esta vez le hizo callar pisándole el pie.- ¡Au!.- se quejó la chica molesta.
-Entonces os habéis quedado solos.- anunció algo evidente otra vez, Koushiro, mientras miraba a Sora y Yamato.
La pelirroja se incomodó considerablemente, este era el último resultado que habría esperado cuando propuso su excursión por el Digimundo. No queriendo mirar demasiado a Ishida, que estaba en frente suya, musitó:
-No hace falta que vengas sino quieres, ya voy yo con Ryota.
-Tranquila me apetece, tengo ganas de ver al pequeño Ryota.- contestó el músico, cuya sonrisa no desaparecía de su rostro, mientras agarraba un trozo de pollo y se lo metía entero a la boca. Esta comida, no había sido tan decepcionante como había pensado.
Al tener una cita con Sora en el Digimundo, dejó que los días pasasen, porque… ¿Qué mejor lugar para declararse de nuevo que el Mundo Digital?
...
Segundo intento:
-¡Ala!, es mucho más bonito de lo que me habías dicho Sora-san.- hablaba el pequeño Ryota mirando maravillado hacia todos lados.- Pabumon tu mundo es genial.- añadió dirigiéndose a su pequeño digimon bebé que descansaba en sus brazos.
Unos metros más atrás caminaban Sora y Yamato, para Ishida esta cita estaba siendo genial, el niño no les daba demasiada guerra, había despachado con facilidad a Piyomon y Gabumon con la excusa de que fuesen a recoger fruta y hacía un tiempo maravilloso, eso era lo bueno del Digimundo, que aunque en la Tierra empezase a hacer frío en el Mundo Digital siempre encontrabas algún lugar cálido donde pudieses ir a pasar una agradable tarde.
La conversación entre los dos era inexistente, Sora no apartaba la vista ni un segundo de su pequeño amigo y los únicos comentarios que hacía eran los típicos que se pueden escuchar de una madre cuando va al parque con su hijo: "cuidado con eso", "ve más despacio", "no toques eso", "no te alejes tanto", "quédate siempre en algún lugar donde yo te vea". Evidentemente que Ishida tampoco decía nada, le bastaba con contemplarla completamente anonadado. Y viendo lo buena que era con ese niño, no pudo evitar pensar en la genial madre que sería, y claro, si ella algún día era madre a él le gustaría ser el padre de esos niños y pensando en eso el rubor llegó a sus mejillas y una risa nerviosa se escapó de su boca.
-¿Qué ocurre?.- preguntó Sora, aún sin despegar la vista del niño que correteaba eufórico.
-Eh… yo… ah…
Tartamudeo incoherente de Ishida, ¿Cómo le explicaba que se estaba imaginando lo maravilloso que sería tener hijos con ella? Por suerte o por desgracia, se libró de responder cuando sintió como un brazo le rodeaba por el hombro y una chillona voz en su oído.
-Vaya si parecéis una familia feliz con el niño y todo.- dijo la joven que se había puesto entre los dos rodeándoles a ambos por el cuello para alucine de estos, que cuando se giraron y la vieron gritaron al unísono su nombre.
-¡Jun!
-Hacía un montón que no te veía Yamato-kun, sigues tan guapo como siempre.- saludó mientras lo estrujaba hacia ella, luego volviéndose a Sora.- sabía que no debía hacer caso al bocas de mi hermanito, me dijo que habías roto, bueno y en el insti también me llegaron rumores de que habíais roto, menos mal que no les hice caso y no dejé a mi novio para volver a intentarlo con Yamato…- Sora ni pestañeó de lo flipada que se estaba quedando debido al parloteo de Motomiya.
-Esto Jun, ¿Qué haces aquí?.- preguntó el rubio apurado a la vez que quitaba el brazo que ella mantenía alrededor de su cuello.
La chica se separó de ellos y apuntando hacia unos arbustos, de donde se asomaba un Elecmon, dijo con entusiasmo.
-Ese es mi compañero digimon, ¿el idiota de mi hermano no os dijo que tengo un compañero?
-Sí algo nos comento…- apuntó Sora pensativa, algo había oído pero tampoco era que prestase mucha atención cuando salía el nombre de Jun en las conversaciones.
-Y… y ¿has venido sola?.- preguntó Ishida, rezando porque la respuesta fuese que no, de lo contrario seguro que se les acoplaba.
-No, he venido con…
-¡Jun!, ven rápido, no te pierdas esto.- se oyó a lo lejos la voz de un chico.
-¡Voy!.- contestó Motomiya con desgana, para luego dirigirse de nuevo a la pareja.- es Shuu, está grabando todo entusiasmado no sé que de unos digimons para una especie de documental que quiere hacer… un rollo, pero esta tan mono… bueno, hasta otra… y cuidado que se os escapa el hijo.- dijo divertida apuntando a Ryota que cada vez estaba más lejos.
-¡No es nuestro hijo!.- gritó Yamato completamente rojo.
Sora estaba más avergonzada todavía, por lo que no dijo nada, solo se limitó a despedirse con un gesto con la cabeza. Una vez que Jun se hubiese marchado, empezó a hacer sus propias reflexiones.
-Jun en el Digimundo… oh no, se acabo la tranquilidad de este lugar.
-Sí, sería preferible una docena de Devimons antes que ella.- siguió el compañero de Gabumon totalmente abatido.
Al poco rato, los dos jóvenes ya se habían olvidado por completo del inesperado encuentro y de nuevo volvían a lo de antes, Sora observando con detenimiento a Ryota, Yamato haciendo lo mismo pero con Sora y ni una palabra cruzada entre ellos.
Para el rubio era un paseo agradable, pero no olvidaba para que había ido hasta ahí, su misión era sincerarse de una vez por todas con Sora. Lo malo era que a cada segundo que pasaba lo encontraba más difícil y su decisión y valor se extinguía como ocurre con una llama si no se le aviva.
Entonces, el cielo le dio una pequeña respuesta, un Kuwagamon volaba bastante cerca, la verdad no tenía pintas de que fuese a hacerles nada, pero para Yamato eso daba igual, sería el momento de acercarse más a Sora. Por eso, en cuanto empezó a volar más raso pasando cerca de ellos (según Yamato a escasos centímetros, en realidad a más de 20 metros) el apuesto músico aprovechó para "salvarle" la vida a Sora y en un acto completamente improvisto para la pelirroja, se abalanzó hacia ella empujándola levemente a un árbol para protegerla.
Cuando Sora se recuperó del shock inicial por el hecho de ser incrustada en un árbol sin motivo aparente, trató de pedirle explicaciones a su acompañante, aunque todo quedó en voluntad ya que cuando vio esos ojos azules a escasos milímetros de ella, se quedó completamente sin habla.
-El Kuwagamon… pensé que nos iba a atacar.- dijo Yamato con dulzura.
Estaban separados por milímetros, Takenouchi se encontraba literalmente atrapada, puesto que su espalda estaba apoyada en el árbol y Yamato delante suya medio abrazándola para que no tuviese escapatoria. La tenista no comprendía lo que pasaba, pero estar así tan cerca de Ishida le hizo recordar cuando todavía eran novios, o más lejos aún, cuando quería confesarle sus sentimientos y no se atrevía, y es que su cuerpo estaba teniendo la misma reacción que entonces. Pánico, su corazón latía velozmente, las palabras no le salían, sentía ese cosquilleo en el estómago, e instintivamente las manos le comenzaron a temblar.
El causante de esto, no estaba mejor que ella, aún no sabía por qué había echo eso, ¿esta era una forma de declarase?, bueno, Yamato nunca fue bueno con las palabras, por eso pensó que un gesto sería mucho más significativo que cualquier otra cosa.
Sora se dio cuenta de cuando Yamato dejó de mirarla a los ojos y esos dos zafiros se posaron sobre sus labios, estudiándolos, deseándolos y supo que no tardaría en llegar, y así fue, Yamato levantó de nuevo la vista, perdiéndose en los rubís de la confusa joven y sin dejar de mirarla fue acercándose aún más a ella. Cuando sintió como le rozaban los labios, Sora cerró los ojos y sus manos se apoyaron por inercia en el pecho del chico, este le rodeó aún más por la cintura, todavía no se atrevía a besarla demasiado, solamente se dedicaba a tocar sus labios por encima, como una caricia. Y es que no podía hacerlo, no podía besarla de nuevo sin decirle nada, ¿Qué pensaría ella? Con todo el dolor de su corazón separó sus labios de los de la portadora del amor, esta abrió los ojos al darse cuenta de que el beso no se producía, encontrándose de nuevo con Yamato, pero esta vez no con esos ojos que tanto la hipnotizaban, porque él tenía la cabeza gacha.
-Sora… tengo… que…- empezó en un susurro.
-¡Onee-san!.- gritó el pequeño, interrumpiendo cualquier tipo de declaración que fuese a hacer Yamato.
Porque al escuchar ese grito, Sora se volvió rápidamente buscando el niño con la mirada e Ishida también, diciendo adiós a esta gran oportunidad. Cuando lo vieron llorando desconsolado a escasos metros de ellos, corrieron velozmente hacia él.
-Ryo-chan, ¿Qué pasa?.- preguntó Takenouchi maternalmente, mientras se arrodillaba hacia el niño.
-Pa… Pa… Pabumon… él… - trataba de articular el niño entre sollozos.
-¿Qué le ha pasado?.- preguntó Yamato, arrodillándose al otro lado de este.
-Él… se ha caído… onee-san.- logró decir, señalando un pequeño hoyo delante suya, mientras incrustaba la cabeza contra el pecho de Sora llorando desconsolado.
Ishida se levantó para inspeccionar dicho hoyo, no era muy profundo y pudo vislumbrar la pequeña figura del digimon bebé que gimoteaba asustado.
-No te preocupes, voy a buscarlo.- dijo con determinación.
-¡Yamato no hagas tonterías!.- gritó Sora haciendo gala de su preocupación y sentido común.- mejor voy a buscar a Piyomon, ella lo sacará sin dificultad.
-No te molestes, ya voy…
Y antes de que Sora pudiese alcanzarle, el rubio ya estaba descendiendo por ese hoyo, para desesperación de la pelirroja.
Sin demasiada dificultad, logró ir bajando ayudándose de las rocas de la pared y de un saltó llegó hasta el fondo del foso.
-Ey pequeñín, ¿estás bien?.- preguntó con ternura, mientras tomaba entre sus brazos al pequeño Pabumon.
-¡Pabumon!.- se oyó el grito de Ryota asomándose al agujero.
-¡No te preocupes está bien!.- tranquilizó el rubio.- voy a sacarlo ¿vale?, ¡prepárate!.- dirigiéndose al pequeño Pabumon.- no te preocupes, no te va a pasar nada.
-¡Yamato estoy lista, lánzamelo!.- gritó Sora, en posición para cazarlo al vuelo.
-¡Bien!, ¡ahí va!
Con cuidado, lanzó al pequeño digimon hacia arriba, justo donde estaba Sora y fue atrapado sin el menor rasguño por la pelirroja.
-¡Pabumon!.- gritó Ryota contento, mientras el digimon más contento aún saltaba a sus brazos.
En ese instante, el valiente digimon comenzó a brillar.
-¿Qué le pasa?.- preguntó asustado, Sora lo miraba confusa y sonrió al ver que lo que ahora Ryota tenía entre sus brazos era un Motimon para mayor alegría de este.- ¡has digievolucionado!
Con esta alegría digital, era de esperar quien fue olvidado en el fondo del hoyo. Yamato estaba en un apuro, ya que una cosa era bajar y otra muy distinta era subir, pero por encima de todo tenía orgullo, que le hacía imposible que la palabra "Socorro", saliese de su boca. Además que, este acto de heroísmo lo había hecho en gran medida para impresionar a Sora, si ahora le pedía ayuda para subir, perdería toda su dignidad.
Hacía varios minutos que no escuchaba nada, ni los gritos de júbilo de Ryota, ni las risas de Sora, definitivamente se habían olvidado de él, pero en ese instante vio una sombra al pie del socavón, no pudo distinguir quien era, pero supuso que Sora estaría de nuevo ahí.
-¿Sora eres tú?.- preguntó sin demasiado convencimiento.
No hubo respuesta pero ¿Quién más podía ser?, los únicos que sabían que estaba ahí eran Ryota y ella y puesto que el primero seguro que se habría asomado y se habría reído de él, solo podía quedar Sora. Entonces empezó a darle vueltas a la cabeza, tal vez no le contestaba porque estaba enfadada con él o avergonzada por el casi beso que le dio, tal vez le dejaba ahí para darle un escarmiento. No podía más con esto, debía sincerarse de una vez y en esta posición sería mucho más fácil, de ese modo evitaba mirarla a los ojos y no empezaría con sus incoherencias.
-¡Sora tengo que decirte algo!.- comenzó con autoridad.- es mejor así… porque sabes que no tengo mucho valor para expresarme… pero, siento lo del beso y… a la vez no lo siento… porque yo, te quiero.
Esperó un segundo haber si existía alguna respuesta, nada en absoluto, por lo que continuó hablando.
-… quiero decir que… ¡no quiero quedarme en tierra y si se hunde el barco mala suerte, pero al menos habré embarcado! Sé que nuestra relación no fue la mejor del mundo, sé que tengo muchos fallos, pero quiero mejorar y de la única forma que mejoro es estando a tu lado. Sé que te hice mucho daño cuando lo dejamos y que no tengo derecho a pedírtelo pero… quiero intentarlo de nuevo. Debo decirte que siempre me dio pánico una relación, tenía miedo a que saliese mal y que tú me acabases dejando, por eso acabé con lo nuestro, sentí que no iba bien… me daba miedo sufrir y sobre todo hacerte sufrir a ti, pero ¡con miedo no se vive! y haré todo lo posible para que esta vez funcione y que los buenos ratos que pasemos juntos superen con mucho los malos ratos y no volveré a hacerte llorar, es difícil, pero estoy dispuesto a intentarlo, si tú aún quieres, bueno… ¿quieres?.- preguntó con una voz nerviosa pero a la vez decidida.
-¡No quiero!.- gritó lo que imitaba una voz de chica, que extrañó a Yamato.
-¿Quién es…?.- no pudo terminar de preguntar debido a que una asquerosa caca le impactó en la frente.
Y antes de que entrase en un ataque de histerismo, pudo ver a quien se había declarado, ya que dos simpáticos digimons le saludaban divertidos.
-¡Sukamon y Chuumon!, ¡¿Qué hacéis ahí?.- gritó incrédulo, mientras trataba de quitarse la caca de su pelo.- ¡QUE ASCO!
Yamato perdió los nervios.
-¡Malditos digimons apestosos cuando salga os voy estrangular con mis propias manos!
Mientras Yamato seguía gritando improperios, los digimons no dudaban en hacerle la burla y reírse viendo como trataba de escalar y saltar para atraparlos y siempre acababa con el trasero en el suelo.
Pero de repente los dos digimons salieron disparados.
-¡Volved aquí malditos!.- gritó Yamato como un poseso.
Tan concentrado estaba en acabar con la vida de esos dos digimons que ni se percató de quien era el causante de que se hubiesen ido y que por supuesto estaba a su lado.
-Yamato, ¿quieres que te saque de aquí o prefieres seguir jugando a tirarte cacas con Sukamon y Chuumon?.- preguntó Piyomon que volaba a la altura del rubio.
Entonces es cuando empezó a comprender las cosas y aún aturdido por el hecho de tener restos de caca en su amado cabello, se sujetó a la afectuosa ave, que le sacó volando del hoyo.
-Yamato estás muy gordo.- se quejó la digimon rosácea, jadeando en el suelo por el esfuerzo que acababa de hacer.
Obviamente el aludido ignoró ese comentario y adecentándose la ropa y el pelo, miró a su alrededor; Gabumon abanicaba a la agotada Piyomon que agonizaba en el suelo, Ryota jugaba entusiasmado con su Motimon y Sora le miraba con una divertida sonrisa.
-Fui a buscar a Piyomon, siento que te acosasen esos dos.- explicó Takenouchi refiriéndose a Sukamon y Chuumon.
-Entonces acabas de venir… quiero decir que no… escuchaste… lo que dije.- logró articular Yamato empezando a desesperarse de nuevo.
-No, estaba con Piyomon, ¿Qué dijiste?.- preguntó la pelirroja confusa.
-Ou… eh… yo… um… nada importante.- balbuceó tratando de disimular su desolación.
Y así más o menos terminó la excursión en el Digimundo, con un beso inconcluso, una declaración errónea, una digievolución y con Yamato depresivo pensando que debía empezar a ponerse a dieta y también, por supuesto, por este nuevo fracaso en su odisea de sincerarse con Sora.
...
Último intento:
Como era de esperar, el casi beso en el Digimundo y la declaración con el corazón en la mano que solo fue escuchada por Sukamon y Chuumon hicieron que Yamato muriese de vergüenza cada vez que estaba cerca de Sora y por supuesto la pelirroja tenía una reacción similar, y por ello desde el día que estuvieron en el Digimundo no fueron capaces de volverse a mirar a la cara.
Yamato estaba a punto de desistir con su plan de conseguir de nuevo a Sora, pero existía una última esperanza, ¡el cumpleaños de Takeru! Estaba decido, no lo pospondría más, el cumpleaños de Takeru sería el día y si todo salía bien esa fecha sería memorable para la joven pareja.
Con estos pensamientos en su mente, el joven Ishida terminaba de arreglarse para asistir a la fiesta de su hermano, por suerte, ya había conseguido eliminar todos los restos de cacas de su pelo sin tener que acudir a las tijeras. Se miraba y remiraba en el espejo, viendo lo bien que le sentaba la cazadora que su madre le regaló por su cumpleaños, peinándose una y otra vez, quería estar impoluto para impresionar de nuevo a Sora.
-Yamato, venga, ya vamos a llegar tarde, como siempre.- se quejó Gabumon asomándose a la habitación de su amigo.
-Sí, ya voy.- le hizo aspavientos con la mano y entonces se dio cuenta de que la llevaba desnuda y quería estar coqueto para el cumple de su hermanito y sobre todo para la futura reconciliación con Sora.
Abrió el cajón de su escritorio y empezó a rebuscar entre ese desorden, al fin encontró alguno de sus anillos. Se los solía poner en los conciertos para dar una imagen más "cool", pero pensó que hoy también era un día especial para ponérselos. Tenía uno para el dedo índice, otro para el pulgar, para el corazón… hasta para el meñique y entre tantos anillos encontró uno que le trajo muchos recuerdos.
Ahí estaba, ese resplandeciente anillo de plata, con una especie de sello francés que nunca se preocupo en saber que quería decir exactamente, le daba igual, ese anillo era importante por otros motivos. Es el que le regaló su madre cuando era pequeño, para que años después él se lo regalase a Sora por su cumpleaños, cuando cortaron esta se lo devolvió, pero pensó que quizá era hora de devolvérselo. En ese momento lo tuvo claro, en cuanto Sora viese ese anillo entendería perfectamente lo que trataba de decirle. Olvidándose por completo de los demás anillos, tomó ese y se lo guardó en el bolsillo, esta vez nada podría salir mal.
Llegó a casa de su hermano y aguardó unos minutos en la puerta, le incomodaba un poco entrar en esa casa, en el año y medio que llevaba Takeru viviendo en Odaiba, Yamato había estado en su casa en muy contadas ocasiones. Y es que a diferencia de su hermano, que consideraba la casa de su padre como su hogar, a Yamato no le resultaba fácil considerar esa casa un hogar. Era demasiado diferente a la suya, además que la relación que Takeru mantenía con su padre también era muy diferente a la que él mantenía con su madre.
Mientras Yamato reflexionaba sobre esta nueva encrucijada en su vida y Gabumon se impacientaba puesto que ya tenía bastante hambre, una chica le hizo volver a tierra firme.
-Yamato, ¿me ayudas?.- pidió Miyako, que venía cargada de bolsas de su supermercado.- debí haberme imaginado que con Daisuke, Taichi y esos comelotodo llamados digimons, una docena de bolsas de aperitivos no bastaría.
El rubio salió de su nuevo trance y con amabilidad, se ofreció a llevarle esas pesadas bolsas. Cuando entró, lo primero que quería hacer era saludar a Takeru pero le fue difícil, el homenajeado estaba con los ojos pegados a su dichosa consola, al lado se encontraba Daisuke tratando de arrebatarle el mando mientras señalaba como un histérico los diferentes zombis que iban apareciendo en pantalla. La mayoría de los digimons comían o contaban chistes digitales que ninguno de los humanos llegaba a entender, Ken, Iori y Koushiro mantenían un apasionada debate sobre el Digimundo y los diferentes mundos que conocían, representados cada uno por emanems de colores que Chibimon iba comiendo disimuladamente para desesperación de los eruditos, Hikari se divertía haciendo fotos a todo bicho viviente y Taichi trataba de arruinarle toda las fotos metiéndose en su objetivo a traición y poniendo caritas raras, y por último Jyou estudiaba, para variar, tenía un examen esa misma semana y se había llevado los libros al cumpleaños de Takeru. Por lo que con este panorama era de esperar que nadie se diese cuenta de los recién llegados, Miyako se hizo presente en seguida tirándose como loca hacia la consola de Takeru, según ella, ya era su turno y Yamato discretamente se adentró a la cocina a dejar esas dichosas bolsas.
Quedó completamente paralizado en la puerta y no solo porque la cocina oliese bien y estuviese impoluta, sino también por las personas que estaban ahí. Sora hablaba animadamente con Natsuko mientras le ayudaba a preparar unos sándwich. Esa imagen le desconcertó, ¿desde cuando Sora se llevaba tan bien con su madre? y lo más inquietante, ¿de que hablaban con tanta efusividad? Poco a poco la furia fue llegando a su cuerpo por el hecho de que parecía que Sora tenía muchas cosas que hablar con su madre, mientras las conversaciones que mantenía él se limitaban siempre a monosílabos y frases simples del estilo "hola cuanto tiempo, que alto estás". Eso le llenó de rabia y decidió cortarlo por lo sano, por eso se hizo presente dejando las bolsas sobre la mesa con un brusco golpe.
Al escucharlo las dos mujeres pararon de hablar al instante y se giraron para ver quien era el causante de ese ruido. La sonrisa de la cara de Sora se borró al mirar a Yamato, había reconocido esa expresión de su ex-novio y lo que quería decir, sin embargo Natsuko no se percató o hizo como sino se percatase y le saludó aún sonriente.
-Hola hijo, que bien que ya hayas llegado…
-Sí….- contestó este mientras se acercaba hacia ellas con esa sonrisa irónica que tanto temía Takenouchi.- ¿de que hablabais?
-Nada importante hijo…- trató de excusarse Takaishi, pero fue interrumpida por Yamato.
-¿Qué le contabas Sora?.- preguntó volviéndose hacia la aludida.- ¿Qué era tan interesante?
-No, nada…
-¿Te ha contado que me expulsaron del instituto?.- le preguntó a su madre sin perder su sonrisa.- seguro que si, ¿verdad Sora?
La Sra. Takaishi se había quedado blanca, no solo por la noticia que obviamente la desconocía sino por el tono que empleaba su hijo, era bastante hiriente. Sora estaba tremendamente seria y también dolida, ¿Por qué Yamato pensaba eso?, ¿en serio creía que iba a ir contando sus fallos y miserias a su madre?
-Hijo, no, no hablábamos de eso.- logró decir Natsuko e intentando sonar amable preguntó.- pero, ¿Por qué te expulsaron hijo?
-Ah, eso.- dijo Ishida, escapándosele una pequeña risa.- le rompí la nariz a un tipo, deberías habérsela visto toda ensangrentada, estarías orgullosa de mí, de tu hijo mayor, dime ¿estás orgullosa de mí?
-Yamato…- trató de razonar con él la pelirroja, pero la mirada que le dedicó hizo que callase en el momento.
-Yamato, yo no sé que decir, tu padre no me comentó nada…
-A papá solo le preocupa que hiciese la colada, además ¿Por qué iba a comentarte algo?, tú ya tienes a Takeru, tú te ocupas de él e Hiroaki se ocupa de mí, ¿ese era el trato no?, ¡saliste ganando!.- exclamó con diversión dándole un pequeño toque en el brazo.
Natsuko lo estaba pasando realmente mal, Yamato nunca se había comportado de una forma tan grosera con ella, si bien no era demasiado expresivo si que era de lo más educado. Entonces descubrió la verdad, era una máscara, le guardaba rencor por el divorcio, por no criarle, por no conseguir comunicarse nunca con él, pero es que Ishida tampoco lo ponía fácil, desde pequeño se cerró y ya nunca más volvió a poder abrirse con su madre.
-Tengo que irme.- se excusó Takaishi bajando la cabeza para que no viesen lo afectada que estaba.- pasarlo bien…
-Adiós madre.- se despidió el rubio con una sonrisa.
-Hasta luego Sra. Takaishi.- susurró Sora, aún no creyéndose lo que acababa de pasar.
Cuando Natsuko se fue, Sora le dedicó una mirada mortal a Ishida y negando con la cabeza decepcionada iba a salir también de la cocina pero Yamato la detuvo del brazo.
-¿De que hablabas con ella?.- le preguntó con una voz medio amenazante.
-Yamato suéltame.- ordenó la chica, el rubio aflojó su agarre pero no la dejó escapar.
-Dime de que mierdas hablabas con mi madre, ¿hablabas de mí?, ¡tú no tienes nada que hablar con mi madre!
El portador de la amistad estaba completamente fuera de sí y es que uno de esos temas que nunca supo como tratar y le hacían perder la razón era su madre. Ya había olvidado lo feliz que estaba en este día y por supuesto sus intenciones de declarase a Sora, ahora lo único que deseaba era una explicación.
-¡Por supuesto que no hablaba de ti!.- gritó la chica, también furiosa.- hablábamos de digimons, por sino lo sabes suele trabajar muy a menudo con mi padre en reportajes sobre los digimons. ¿Te crees que le iba a contar algo de ti?, ¿de tus tonterías?, ¿de tu expulsión?
Los gritos de Sora incomodaban cada vez más a Yamato, se empezaba a sentir ridículo por la escena que había montado, pero las siguientes palabras que le dedicó hicieron que la ira le volviese a controlar por completo.
-No necesito decirle a tu madre que eres idiota, creo que ya lo sabe.
Le tomó de los brazos tan bruscamente que la incrustó contra la pared, evidentemente esa acción tan violenta asustó por completo a Takenouchi, y al mirar a Yamato a los ojos sintió por primera vez temor por pensar que le pudiese hacer algo. Esta mirada nada tenía que ver con la que tan solo unos días atrás le dedicó en el Digimundo cuando casi se besan, esta mirada emanaba auténtico odio y resentimiento. Eso le partió el corazón a Sora, ¿Cómo era posible que su amado Yamato la mirase de esa forma?, inconscientemente las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
-¿Quién eres tú?.- preguntó casi en un susurró mientras se dejaba caer por la pared.
Ver esas lágrimas y escuchar esa voz quebrada hicieron que Yamato la soltase en el acto, ¿Qué le estaba pasando?, ¿acaso se había vuelto completamente loco?, ¿Qué pretendía?. Llevándose las manos a la cabeza trató de susurrar unas disculpas, pero ya no había disculpas que pudiese decir, su comportamiento de hoy había sido lamentable. Rápidamente salió de la cocina y acto seguido abandonó el hogar, sin que nadie se diese cuenta ni de su entrada, ni de su salida, había sido completamente invisible para todos.
...
Habían transcurrido varios minutos desde que Ishida hubiese abandonado la fiesta, minutos en los que Sora no había podido ni reaccionar, estaba completamente bloqueada, sentada en el suelo de la cocina, pensando en lo que acababa de pasar. Lentamente logró ir reponiéndose, se levantó del suelo, se secó las lágrimas que habían corrido por sus mejillas y salió de la cocina. Definitivamente nadie tenía ni idea de lo que acababa de pasar en ese lugar, todos seguían inmersos en sus propios mundos pasando un divertido cumpleaños. Fue Takeru, quien después de un rato y extrañado al ver a Gabumon ahí y no a su hermano, preguntó por este.
Tanto Miyako y Gabumon se sorprendieron al no encontrar ni rastro de él, y es que eran los únicos que lo habían visto, pero antes de que se empezasen a alarmar, Sora se explicó.
-Lo siento Takeru, pero se encontró mal y se fue.- dijo sorprendiendo a todos.
-¿Cómo que se fue?, ¿sin ni siquiera felicitarme?.- preguntó incrédulo y enfadado.
-Que raro, si estaba perfectamente cuando vinimos.- apuntó Gabumon sorprendido.
-No puedo creerlo, ha estado aquí y no me ha dicho nada, se va, ¡sin decirme nada!.- gritó el rubio empezando a alterarse.
-Takeru, tranquilízate, tendría alguna razón.- trató de poner el punto de cordura el pequeño Patamon.
-¿Qué razón puede tener para irse sin ni siquiera felicitarme?, con lo perfecto que estaba siendo, siempre lo tiene que fastidiar todo….- murmuraba Takaishi asombrando a todos por su monumental enfado, mientras se dirigía de nuevo a la consola, daba la impresión de que ya no quería saber nada de su hermano.
Para no perder la costumbre en las fiestas de cumpleaños de los digielegidos la tensión se cortaba con un cuchillo, y claro esta, Sora se sentía bastante culpable por haber arruinado la perfecta fiesta de Takeru. Pero no tardó en reaparecer la calma, Takeru continuó sin despegar la vista de la consola, pero esta vez matando los zombis con una rabia increíble, los chicos volvieron a sus charlas, los digimons a su comida, y Taichi, tras dedicarle a Sora una mirada de desaprobación de "típico de Yamato" volvió también a divertirse junto a sus amigos. Daba la impresión de que todos se hubiesen olvidado del rubio y a Sora eso le empezó a molestar, se sentía como en una burbuja aparte, ¿era ella la única que quería que Yamato estuviese ahí?, igual estaba tan mal porque era la única que conocía el motivo por el que Yamato se había ido y no se lo contó a nadie. Empezaba a sentirse muy sola, no podía disfrutar de esa fiesta sabiendo como se había ido Yamato. Fraguando un gran enfado por la actitud de sus amigos, decidió que ya no quería estar más ahí y tras despedirse de Piyomon, solo de ella, se encaminó a la salida, pero le sorprendió el digimon que encontró ahí, al parecer no era la única que echaba de menos a Yamato.
-¿Vas a ir a buscarle?, voy contigo.- se ofreció Gabumon convencido.
-Lo siento Gabumon pero creo que es mejor que te quedes aquí, ¿de acuerdo?, tengo que ir yo.- explicó la pelirroja con amabilidad, sentía que era la única que podía conectar con Yamato en este momento.
-De acuerdo, pero si le ha pasado algo, dímelo.- exigió el digimon con firmeza.
-No te preocupes, yo me encargo.
No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, iba todo convencida a su encuentro y era más que probable que ella fuese la última persona que desease ver Yamato, pero necesitaba verlo. Ya había olvidado lo de la cocina, ese cinismo con el que habló, esa brusquedad con la que le trató y esa mirada que le dedicó, ya nada de eso tenía importancia. Para Sora lo único importante es que ahora Yamato le necesitaba más que nunca, ese comportamiento había sido un grito de socorro, no podía darle la espalda, era el momento de demostrarle que ella estaba ahí para él.
Llegó hasta la puerta de su casa, desconocía si Yamato estaba ahí, pero era el primer sitio al que le habían conducido sus piernas y su instinto. Tras un momento de titubeo inicial, tocó el timbre, con cierto miedo por encontrarse con Yamato y su posible reacción al verla, pero con más miedo aún por no encontrarlo y que tuviese que buscarlo por toda Odaiba.
Pasaron varios segundos que a Sora se le hicieron como eternas horas, después se empezaron a oír extraños ruidos del interior, como si alguien ándase hacia la puerta, pero muy torpemente, como si tuviese una bola de presidiario en la pierna, finalmente, la puerta comenzó a abrirse con lentitud.
En cuanto le vio, Sora bajó la cabeza por inercia, tenía miedo a volver a encontrarse con esa mirada, pero al escuchar su risa la levantó de nuevo.
-¿Qué haces aquí?, ¿te han echado de la súper fiesta de mi querido hermanito?.- preguntó en tono burlón, pero con cierta dificultad. Había algo raro en él, esa risa descontrolada y esos ojos entrecerrados, pero Sora no supo adivinar que era.
-Yamato, estás… ¿estás bien?
-Mejor que nunca.- respondió con diversión y abriendo la puerta al máximo dijo.- venga pasa…
Sora siguió a Yamato al interior de su hogar, no le quitaba la vista de encima porque su comportamiento era bastante extraño. Andaba como si estuviese saltando entre obstáculos, decía comentarios estúpidos que apenas lograba entender ya que no vocalizaba bien, y de vez en cuando soltaba alguna risa. Al llegar a la mesa de la cocina, se sentó en una silla e hizo un gesto a Sora para que se sentase en la de al lado. Esta lo hizo y entonces fue consciente de lo que le pasaba a Yamato, cuando vio por encima de esa mesa varias botellas de cerveza vacías y como el chico cogía una que aún iba por la mitad y le daba un nuevo sorbo.
-Yamato, estás borracho.- susurró la joven incrédula y confusa, esto era lo último que había imaginado.
El músico contuvo una carcajada, para después ofrecerle la cerveza que tenía en su mano.
-¿Quieres?, aún hay más en la despensa, a mi padre le encantan… puedo compartirlas contigo, al principio te sabe un poco amarga, pero para la tercera ya es como agua, es genial siento que me he quitado un yunque de encima. No sé porque siempre me preocupo por todo, tendría que haber descubierto las cervezas hace años, habría sido un niño mucho más alegre y así te habría gustado desde el principio, como Taichi… porque también jugaría al futbol y… y… puede que me hiciese su mismo peinado… ¿crees que estaría guapo?…
-Yamato anda, déjalo ya.- pidió la chica, tratando de quitarle con suavidad la cerveza e ignorando el parloteo del joven.
El portador de la amistad no hizo nada para retener su cerveza en la mano, simplemente se quedó mirando los movimientos que hacía Sora.
-Te pones muy guapa cuando haces eso…- susurró con coquetería.
-Venga, ve a la cama a descansar, ¿de acuerdo?.- siguió la portadora del amor con amabilidad, mientras se ponía de pie al lado de Yamato y le agarraba de la mano para ayudarle a ir hasta su habitación.
Pero le pilló desprevenida la reacción de Yamato, y es que, al sentir la mano de Sora tirando de la suya, fue este el que tiró de la de ella y agarrándola por la cintura hizo que se sentase en sus piernas.
-¿Vienes conmigo a la cama?.- preguntó sonriéndole con picardía.
La chica no respondió nada, simplemente apartó su cara cuando Yamato se acercaba para besarle y quitando los brazos de alrededor de su cintura se levantó arduamente.
-Sabía que no sería tan fácil.- exclamó el rubio echando la cabeza para atrás de su silla y luego mirándola de nuevo volvió a sonreír.- por eso me gustas tanto y me vuelves tan loco.
Takenouchi se estaba empezando a enfadar, no sabía como debía actuar en una situación así, pero lo que sí sabía era que no quería volver a enfadar a Yamato como pasó en casa de Takeru, así borracho no quería ni imaginar cual podría ser su reacción, por eso armándose de paciencia intentó continuar con su tono amable y cordial.
-Yamato, venga… quieres… ¿quieres que te prepare algo de comer?.- preguntó dirigiéndose al frigorífico.
Rápidamente, el rubio se levantó de su silla y apoyó los brazos en la nevera, uno a cada lado de donde se encontraba Sora, dejándola a esta sin escapatoria alguna.
-Quiero comerte a ti.- dijo con diversión, a la vez que volvía a llevar los labios hacia los de Sora.
Pero de nuevo se quedó sin catarlos, ya que esta le paró deteniéndole del pecho y en un tono extremadamente serio pero sin perder la calma y la serenidad, le advirtió:
-No hagas eso, no hagas que me enfade contigo Yamato.
Ishida entendió a la perfección esas palabras, Sora no bromeaba, ya conocía de sobra cuando hablaba en serio, por lo que apartando sus brazos y cruzándolos, compartió la seriedad de la pelirroja.
-¿Para que has venido?.- preguntó de forma despectiva.
-Estaba preocupada por ti.- respondió la chica, haciéndose a un lado para evitar volver a ser atrapada.
-Vete.- sentenció dándose la vuelta.
-Yamato…
-¡¿Vas a enrollarte conmigo?.- interrumpió dando un gritó que empezó a asustar a Sora.- no, ¿verdad?, entonces vete, no me sirves para nada, no quiero que estés aquí.
Tragó saliva, no sabía de donde estaba sacando las fuerzas para aguantar ahí sin desplomarse, pero no se movió ni un milímetro, no debía tener en cuenta todo esto, Yamato estaba borracho, el Yamato que ella conocía nunca le hablaría así. Eso era lo que le hacía permanecer en ese lugar, la esperanza de poder hablar, aunque solo fuese por un segundo, con el Yamato de siempre.
-¡Quería pedirte disculpas!.- dijo de repente, haciendo que el portador de la amistad se voltease y le empezase a mostrar un poquito de atención.- ¡por todo!, nunca fui una buena novia para ti, me enfadaba contigo sin razón y te hacía sentir mal pero yo no me daba cuenta, entiendo porque me dejaste, siento lo mal que te traté entonces y también lo de Kazama, siento que te expulsasen por mi culpa, y siento lo de hoy, lo que te dije y haber hablado con tu madre, entiendo que te sentase mal, lo siento de veras, siento haberte arruinado el cumpleaños de tu hermano, sé que tenías muchas ganas de pasarlo bien, no debería haber ido, tú eras el que deberías haber estado ahí, no yo… lo siento Yamato, nunca debí haber querido ser parte de tu vida, lo siento mucho.
Acabó la joven buscando la reacción de Yamato y si había surgido efecto, deseaba conmoverlo, que se abriese de una vez por todas a ella. Al principio pareció que el discurso le había resultado indiferente, no mostraba ningún tipo de sentimiento, proseguía con su mirada desconfiada y despreciativa. Luego bajó la vista, pareció que meditaba algo, cuando la levantó su mirada ya era mucho más humana, ya se empezaba a parecer al Yamato que Sora amaba.
-Has… has… ¿has visto su casa?, está limpia y ordenada, la cocina olía genial… y… y ¿has visto el pastel que le había preparado?… cuando era pequeño a mí también me preparaba uno así… luego ya no, se olvido de mí. El primer año fui a verla por mi cumpleaños, pero no había hecho pastel, estaba muy triste parecía que no se alegrase de verme… me regaló un jersey, me iba grande y los colores no me gustaban, parecía más el estilo de Takeru, mi color favorito era el azul, ¿se había olvidado ya de mi color favorito?.- la voz de Yamato comenzó a quebrarse y sus ojos tornaron un aspecto vidrioso.-… el siguiente año me llamó por teléfono, pero no sabía que decirle, me dijo que la próxima vez que me viese me daría mi regalo pero no volví a verla en mucho tiempo, así que al siguiente año volvió a llamar, pero yo no contesté, me hacía daño… no quería que me llamase yo quería estar con ella y que me hiciese el pastel que tanto me gustaba. Al siguiente año ya no llamó, solo me envió una carta que nunca he abierto, luego después de lo que pasó con los digimons y todo eso, pensé que tal vez pudiese empezar a tener una mayor relación con ella, quería cambiar, no quería estar solo pero no es lo mismo… no sé que decirle porque la veo y… y… y me acuerdo de mi pastel y que nunca se molestó en volvérmelo a hacer, dime, ¿Cómo te puedes olvidar de un hijo tan fácilmente?, ¿Qué tengo de malo?, ¿Por qué le quiere a Takeru más que a mí?
Se echó las manos a la cara, por primera vez en años, Yamato Ishida lloraba como un niño indefenso. Sora, que tampoco había podido aguantar sus lágrimas, le abrazó con fuerza hacia ella, al principio Yamato se revolvió, no quería mostrarse tan vulnerable, pero finalmente aceptó el abrazo de la pelirroja y lloró desconsolado en su pecho, por fin el muro de hielo de su corazón se estaba derritiendo.
No sabían ni cuantos minutos llevaban así, tirados en el suelo, el impasible Yamato llorando y gimoteando como un bebé, mientras Sora le mecía de un lado a otro, susurrándole palabras bonitas y acariciando su pelo con dulzura, quería que se desahogase por completo, necesitaba esto desde hace demasiados años. Al cabo de un rato, ya no emitía ruidos, pero no se despegaba de ella, había deseado estar tantas veces así y que Sora le consolará de esa forma, ya no le importaba ser débil y vulnerable, no ante ella, quería que le viese como es, que le amase como es.
Lentamente, Sora despegó la cara de Yamato de su pecho, este ni la miraba, permanecía con la cabeza agachada, pero ella le levantó la cara con las manos y él se encontró con sus ojos. También estaban humedecidos, ella era así, lloraba y sentía las cosas como si fuesen suyas propias, pero su mirada era tierna, dulce y muy amorosa, con esa mirada se sentía realmente amado. Intentó recordar cuando fue la última vez que otra persona le miró así, pero no pudo hacerlo, Sora era la única que le había mirado así, entonces ¿Sora era la única persona que le amaba?, eso le hizo volver a ponerse triste y su mente le llevó de nuevo a su madre, ¿miraría ella a Takeru de esa forma?, y a él, ¿Por qué no?
-¿Por qué no me qui-quiere?.- preguntó entrecortado y haciendo esfuerzos para no volver a derrumbarse.
-Shh..- siseó la chica suavemente, mientras con las yemas de los dedos le limpiaba las lágrimas.-… Yamato, los padres siempre quieren a sus hijos, aunque a veces no nos demos cuenta.
-¡Eso es mentira!.- comenzó a alterarse de nuevo Ishida, pero Sora ni se inmutó continuó acariciándole el rostro con dulzura.
-Sabes que te quiere, igual es que en eso os parecéis mucho y ambos tenéis dificultades para llegar a expresaros, ¿no crees?
El chico no dijo nada, tampoco sabía que decir, estaba cansado y con un dolor de cabeza tremendo, pero no quería irse a la cama a descansar, si lo hacía, Sora se iría y en estos momentos lo único que deseaba era no estar solo. Estuvieron un rato así, la portadora del amor se colocó al lado de Yamato, dejando que este apoyase la cabeza en su hombro, mientras ella le removía el pelo, tratando de relajarle, igual que como hacía cuando estaban juntos. Pero el chico no quería que esto acabase, era la primera vez que se sinceraba con alguien y aún tenía demasiados pesos en su corazón.
-Sora, quiero contarte algo…
-Dime.
-Nunca se lo he contado a nadie es, sobre el divorcio de mis padres.- Yamato alzó la vista y Sora le correspondió mirándole con máxima atención.- es, bueno, es una tontería pero… sabes, cuando se separaron, no sabían como… dividirnos y yo le dije un día a mi padre que… que… quería irme con él, me acuerdo de la mirada que me dedicó mamá… era muy triste, igual ella se pensó que yo no la quería, pero no era cierto yo la quiero.
-Lo sé…
-Y quería estar con ella, pero pensé que Takeru la necesitaba más en ese momento, mi padre es muy descuidado, no hubiese podido criar a un niño como Takeru, necesitaba a su madre.
-Yamato, fue un gesto muy bonito, eso dice que ya eras una gran persona desde pequeño.- comentó la tenista sonriéndole con dulzura.
-¡Fue una tontería!.- bufó Ishida, empezando otra vez a acumular rabia.- debería haberme quedado yo con mamá o por lo menos obligar a ellos a decidir, así, al menos se sentirían culpables de haberme separado de mi hermano, pero no… soy un imbécil, siempre lo he sido, preocupándome por Takeru para que él me rechace, igual que todos por los que me preocupo, al final nadie se preocupa por mi.
Mientras hablaba, se iba levantando del suelo, con los puños completamente cerrados, tanto que hasta se hacía daño. Era gesto de que empezaba a emanar ira y rencor, y Sora comenzó a preocuparse nuevamente, ahora que parecía que ya se había calmado volvía a enfurecerse. Se levantó con él, pensando en que podría decirle para tranquilizarlo y sosegarlo otra vez, pero no le dio demasiado tiempo a pensar y es que en ese momento alguien llegó a la casa.
Sora se quedó paralizada al oír al Sr. Ishida entrando y temerosa por pensar en su enfado cuando descubriese que Yamato estaba ebrio, pero empezó a preocuparse más por la reacción del chico, sus ojos volvían a estar dominados por la ira.
-Hola hijo, ¿ya has vuelto del cumple de tu hermano?.- saludaba, mientras se quitaba la chaqueta y entonces se percató de que su hijo no estaba solo.- oh, Sora-chan, hacía tiempo que no te pasabas por aquí… y… ou, no habré interrumpido… eh… um… algo importante.
Takenouchi tenía tanto pánico en el cuerpo que ni se sonrojó por ese inesperado comentario y Yamato ya estaba a años luz de todo lo que pasase en esa sala.
-¡Tú tienes la culpa!.- gritó señalando a su padre.
-¿Qué dices?.- preguntó Hiroaki extrañado, entonces fue cuando vio las botellas de cerveza por la mesa y empezó a ponerse serio.-… ¿Qué pasa aquí?
-¡Nada señor Ishida!.- trató de excusarse rápidamente Sora, pero Yamato la apartó hacia un lado y se dirigió a su padre.
-La culpa es tuya, tú lo estropeaste todo y yo tuve que irme contigo, ¡nunca quise irme contigo!
Sora se llevó las manos a la cabeza, estaba apurada y asustada, parecía que Yamato tenía ganas de bronca e Hiroaki no iba a ser menos.
-¡¿Estás borracho?, ¿te has emborrachado?… como se te ocurre… vete a la cama y deja de decir tonterías y ya hablaremos mañana.- sentenció señalando hacia el dormitorio con autoridad, pero tratando de no perder la calma.
Aunque el rubio no estaba dispuesto a recibir ordenes y comenzó a reír descontrolado.
-¿Crees que te voy a hacer caso?, eres un fracasado, no supiste hacer nada bien, pero lo malo es que me llevaste a mí a tu mierda de vida, ojala te hubiese largado solo, mejor, ojala nunca hubieses sido mi padre, me das pena…
Antes de terminar, Yamato cayó al suelo debido a la dura bofetada que le dio su progenitor, al verlo Sora se llevó las manos a la boca asustada, esto era un espectáculo nada agradable de presenciar. El músico se pasó la mano por la boca para descubrir que estaba sangrando y de nuevo volvió a reír.
-Esto lo último que haces en tu vida desgraciado.- dijo mientras se levantaba y tras dirigirle a su padre una mirada de desprecio, se fue.
Esto era una auténtica pesadilla, Sora deseaba ir tras Yamato pero estaba completamente paralizada, al igual que Hiroaki, este último no decía nada, mantenía su mirada fija en su mano, con la que había abofeteado a su hijo, era la primera vez que hacía algo así en su vida. La joven, al ver al Sr. Ishida tan afectado se empezó a inquietar.
-Se… señor Ishida, está, ¿está bien?
Parece ser que eso hizo que el hombre volviese en sí y levantase la mirada encontrándose con Sora, que le miraba con preocupación.
-Em… eh… sí, yo… ve a buscarle, anda.- dijo mientras se sentaba en una silla y su mirada se quedaba de nuevo perdida entre los azulejos de la cocina.
Sora le obedeció y salió rápidamente de la casa. No le llevaba mucha ventaja, pero aparte daba igual la ventaja que le llevase, ella estaba completamente convencida de a donde habría ido. No se equivocó, cuando llegó al embarque, bajo el Rainbow Bridge, no tardó en vislumbrar la inconfundible figura de Yamato. Estaba de pie en la orilla, observando el precioso mar que se expandía hasta la otra punta del puente.
No dijo nada, tampoco sabía que decir, se acercó hasta él y entonces es cuando se dio cuenta de que no miraba al horizonte sino a su mano que jugueteaba con un pequeño objeto que no pudo distinguir que era.
-Te iba a pedir que volvieses conmigo.- dijo, sorprendiendo a Sora, porque se hubiese percatado de su presencia.
-¿Cómo dices?
-¡Llevaba desde lo que paso en los columpios intentándolo!, ¡no te diste cuenta!.- gritó, volviéndose hacia la atónita mujer.- ¿o es que ya no me quieres?
-Yamato…
¿Cómo se habría imaginado que Yamato quisiese volver con ella?, desde que cortaron le había rechazado una y otra vez de forma automática, ¿Cómo iba a saber que había cambiado de opinión?
-Ya da igual.- susurró abatido volviendo la vista al objeto.- me lo devolviste aquí…- explicó y entonces es cuando Sora por fin reconoció ese anillo.-… pero te equivocaste, no deberías habérmelo tirado a mí, deberías haberlo tirado aquí…
Y mientras lo decía arrojó con fuerza el anillo al mar, para sorpresa y desconcierto de la muchacha. Esa acción le llenó de tristeza ya que se trataba del anillo de su cumpleaños, en ese momento recordó lo especial que se sintió cuando su por aquel entonces novio se lo regaló. Ahora, la misma persona que se lo dio como muestra de su amor, lo arrojaba al mar con esa frialdad y no pudo evitar sentirse culpable por eso. Nunca debió devolverle el anillo, era suyo, era su regalo, por fin comprendió como se sintió Yamato cuando ella se lo arrojó a la cara.
-Ya está, todo ha acabado.- dijo con una irónica sonrisa, mirándola.- soy un monstruo… no te equivocaste, tenías razón.
-Yamato, venga deja de hablar.- suplicó la portadora del amor incapaz de aguantar sus lágrimas, mientras que por inercia ya había sacado un pañuelo del bolsillo para limpiar el hilillo de sangre que aún emanaba de su labio.
El chico dejó que Sora le limpiase, que acariciase suavemente su labio. Pronto la sangre dejó de salir, pero Sora se había quedado ahí sin apartarse, mirando al joven que tanto amaba con ternura y este sin pensarlo dos veces la abrazó contra su pecho.
-¿Lo oyes?.- le preguntó con una dulzura, que a Sora sorprendió, era la primera vez que escuchaba esa dulzura en este horroroso día.
-¿El que?.- musitó la chica tratando de limpiar las lágrimas contra su pecho.
-Mi corazón, también te equivocaste en eso, sí tengo, ¿lo oyes?.- insistió el chico.
-Sí, claro que sí… siento lo que te dije.- dijo Takenouchi, nunca pensó que las palabras que le dijo cuando cortaron le hubiesen afectado tanto.
-No importa, ahora lo sabes, me gusta que ahora lo sepas.- susurró él, cerrando los ojos y perfilando una sonrisa de satisfacción.
Pasaron varios minutos abrazados, Sora concentrándose en los latidos del chico que la mantenía abrazada y Yamato tratando de relajarse aspirando ese aroma del pelo de la pelirroja que tanto le entusiasmaba. Yamato tenía razón cuando quiso compartir ese lugar con Sora, porque ese lugar era mágico, tenía la capacidad de transportarlos a un mundo aparte, fuera de la ciudad, de los ojos de la gente, de todo. Cuando estaban ahí, abrazados, sentían que nada más existía, que nada más importaba. El compañero de Gabumon hubiese deseado quedarse toda la noche en esa posición, pero no le fue posible, porque ya no podía contener por más tiempo su malestar, y con un gran dolor en su corazón, se separó de la chica.
-Yamato, venga vamos a casa… necesitas descansar.- pidió la chica tratando de tomar su mano, pero este la rechazó.
-No quiero ir a casa, nunca más.- dijo mientras se llevaba las manos al estómago.
Su cuerpo empezaba a sufrir los desagradables síntomas de su monumental borrachera, es decir, náuseas, incomodidad, escalofríos, mareos…
-Yamato, ¿estás bien?
-Sí… déjame…- se excusó el chico apartándose un poco. Segundos después, estaba vomitando hasta su primera papilla.
-Venga, necesitas descansar.- insistió Sora, tratando de tomarle del brazo.
Pero Yamato se revolvió de nuevo del agarre, a la vez que comenzaba a temblar y sentía como el sudor frío recorría su cuerpo.
-¡Te he dicho que no quiero ir a casa!, ¡es que no hablas mi idioma!, ¡déjame en paz!.- gritó con brusquedad, no deseaba que Sora le viese en estas condiciones tan lamentables.
Obviamente la mujer no se rindió y una vez más aguantó los desplantes de Yamato estoicamente y haciendo gala de su paciencia, le volvió a agarrar del brazo.
-Mira vamos a hacer una cosa.- sonó tan amable, que esta vez Ishida no la rechazó y empezó a prestarle atención.- te vienes a mi casa, duermes tranquilamente y mañana… bueno, ya pensaremos mañana lo que hacemos, ¿de acuerdo?, los dos juntos.
-¿Tu casa?.- preguntó confuso el chico.-… no creo que a tu madre le haga gracia.
-Ya verás que sí, no te preocupas por eso, yo me ocupo de todo, confía en mi.
Hablaba de una manera tan dulce, que Yamato quedó hechizado dejándose guiar por Sora, por su ternura, por esa seguridad que le transmitía y ese infinito amor que perduraba a pesar de todo lo que había visto hoy. Ese día había cambiado todo entre los dos, Sora había descubierto al chico debajo de la coraza y lejos de repudiarlo, lo acogía y le daba ese cariño que llevaba años necesitando.
Con cierta dificultad, sobre todo por parte de Yamato, que iba dando tumbos, al fin consiguieron llegar a casa de la pelirroja. Una vez ahí, lo condujo a su habitación, lo tumbó en su cama, lo acomodó y lo tapó como si fuese un bebé, todo esto ante la desaprobadora mirada de su madre.
En cuanto se tumbó en la cama, cerró los ojos, a Sora le hubiese gustado quedarse contemplándolo un rato, pero no era una gran idea, aún debía ocuparse de dar varias explicaciones a su madre y también llamar al padre de Yamato. Dio las gracias al cielo de que por lo menos su padre no estuviese ese día en la ciudad, de lo contrario habría sido imposible traer a un chico completamente ebrio a dormir a su cama.
Antes de despedirse, le acarició suavemente la cara, así dormido parecía un angelito, se acercó y le besó dulcemente en la frente, Yamato notó esa caricia y se revolvió murmurando algo.
-Huele muy bien, huele a ti…
Sora no pudo evitar que una melancólica sonrisa se adueñase de su rostro, y tras verlo una vez más, salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Al ver a su madre empezaron las preocupaciones, estaba como si nada, preparándole el futon en el salón para que durmiese, sin decir absolutamente nada, aunque no hacía falta que dijese nada, su expresión de decepción lo decía todo.
-Mamá…- llamó la chica en voz baja.
Su madre no pudo guardar más la calma y al fin estalló.
-¿Borracho?, ¿lo traes borracho?, ¿se puede saber en que demonios está pensando ese chico?, ¿no estarás tu también borracha?, ¡y bien jovencita vas a darme una explicación o no!…- gritaba a la par que su furia iba en aumento, había hablado tan rápido que Sora no se había enterado de la mitad de las cosas que le había preguntado.
-Mamá… él… está… solo...- tartamudeó con nerviosismo, ¿que clase de explicación le podía dar?.-… discutió con su padre y también con su madre y… él… no estaba bien y lo traje, no te enfades, por favor.
Toshiko quedó un momento callada, estaba con un gran enfado, pero al fin y al cabo, ¿Qué le podía decir a su hija?, había hecho lo correcto, traerlo aquí era la mejor opción, de lo contrario a saber donde habría acabado Yamato esta noche. Tras un segundo de meditación, suspiró con resignación.
-Está bien, ya hablaremos mañana, por cierto dile a Piyomon que estás bien y estás aquí, llegó hace un rato con Gau… gatu…
-¿Gabumon?
-¡Sí, eso!, Gabumon, os estaban buscando, ni te puedes imaginar que susto me he llevado, pensaba que te había pasado algo, haz el favor y diles que estáis los dos bien.- dijo bastante más calmada.
-Sí mamá, gracias.- asintió la joven obediente.
-Por cierto, su padre sabrá que está aquí, ¿verdad?
-Eh… ah… ¡le llamó ahora!.- exclamó la chica apurada, ya lo había olvidado por completo.
-Dame el número anda, ya le llamó yo, tu haz lo que te he dicho y después vete a dormir, ¿has entendido?.- dijo la maestra de Ikebana agotada, a la vez que tomaba el teléfono entre sus manos.
-De acuerdo, gracias.
...
El sol entró por la ventana, dándole por completo en los ojos y haciendo que los abriese. No pudo distinguir nada, era una luz demasiado cegadora, se extrañó, su habitación estaba orientada al oeste, por lo que nunca le despertaban los rayos del sol de una forma tan brusca. Empezó a revolverse de un lado a otro, pero la cabeza iba a parte, parecía como si fuese otro ente ajeno a su cuerpo. Permaneció sentado sobre la cama, completamente estático esperando que todo dejase de moverse, pero no fue así, sentía como si alguien estuviese jugando al fútbol con su cerebro, era un dolor insoportable. Luego estaba esa sensación en su boca, completamente pastosa y desagradable, sentía que tendría que estar lavándosela un día entero para que dejase de notarla tan nauseabunda. Se agarró la cabeza con fuerza y rodó para salir por fin de esa cama, con lo que no contaba es que iba en dirección al suelo. Desde esa nueva perspectiva empezó a notar más cosas extrañas en su habitación; ese suelo estaba limpio, sin calcetines, ni camisetas esparcidas y entonces es cuando al fin fue consciente de donde estaba. Estaba en la habitación de Sora Takenouchi, hubiese reconocido ese olor a flores entre un millón, y es que ese era el olor característico de la habitación de Sora debido a las flores frescas que esta ponía en su ventana.
Se levantó, no sabía como había llegado hasta ahí, no recordaba prácticamente nada del día anterior, solo flases incoherentes y sin sentido, lo último que recordaba nítidamente era estar en el cumpleaños de Takeru y hablar con crueldad a su madre y a Sora, luego estaba todo borroso, confuso, pero entre tanta confusión la única persona que estaba presente en todos sus flases era Sora. Y ahora estaba en su habitación, más concretamente en su… miró rápidamente hacia la cama, rezando porque no estuviese ella ahí como se la había imaginado. Respiró de alivio al ver que estaba completamente vacía y más aún cuando se miró en el espejo y vio que estaba con todo su ropa, arrugada, manchada y desastrosa, pero al menos conservaba su ropa, no había hecho algo que lamentaría toda la vida, no por el hecho de hacerlo, sino por el hecho de no poder recordarlo.
Y al verse en el espejo se asqueó, estaba terriblemente horrible y entonces una irónica sonrisa se dibujó en su cara y se sintió estúpido por su pensamiento de hace unos segundos, ¿en serio pensó que Sora se hubiese acostado con él?, además, conocía a Sora, sabía que ella nunca haría algo así con él en estas condiciones. Con cierta nostalgia sus ojos empezaron a recorrer toda la habitación y recordó cuando fue la última vez que había estado ahí, en su cumpleaños, como Sora se preocupó de él, como él le derramó la infusión hirviendo por su vestido nuevo, como se quedó hipnotizado contemplando su escote empapado y como al salir se peleó con Taichi y fue el principio del fin de su relación con Sora, sus últimos minutos como pareja.
Pero ahora había muchas cosas diferentes, tenía un cojín nuevo, o por lo menos él no lo recordaba, era rosa muy chillón y con una margarita en medio, pensó que tal vez fuese un regalo de Mimi de cuando estuvo de vacaciones aquí. Sonrió al ver el escritorio, eso sí que no había cambiado, tan ordenado como siempre, con los bolígrafos y lápices en sus correspondientes botes, sus post-its de colores haciendo ángulo recto con su libreta de plannings y sus rotuladores perfectamente ordenados de colores fríos a cálidos, pero también había una cosa nueva, ¿un bote de comida para peces? Lo tomó extrañado, buscando con la mirada alguna pecera y la encontró, estaba cerca de la ventana, al lado de las flores frescas.
-Ey, tú eres nuevo, ¿no?.- dijo con una sonrisa acercándose al pececillo mientras le echaba un poco de comida.- espera, te conozco… ¡eres el pez de la feria!, el que el yankee regaló a Sora. Vaya, que suerte tuviste de que te regalase a Sora, ella te cuida muy bien, ¿verdad?, claro que sí, ella cuida muy bien a todos.
Levantó la vista con melancolía y preocupación, aún no sabía que hacíaa ahí, ni donde estaba Sora y claro tenía miedo a lo que pudiese haber dicho o hecho en su fatídica borrachera del día anterior.
Sus piernas le condujeron hasta la cama, quería adecentarla un poco, por lo menos estirar las sábanas o algo, aunque sabía que tendrían que cambiarlas, porque al acercarse le repugnó un olor a vomitona y cerveza, aunque lo que más le asqueó fue el hecho de que proviniese de él. Entonces desvió su mirada hasta la pared lateral donde estaba apoyada la cama, esa pared era como el mausoleo social de Sora, siempre estaba llena de fotos y cosas significativas. Había muchas fotos; desde ella cuando estaba en el equipo de futbol, hasta ahora que estaba en el equipo de tenis, también estaba la que se hicieron al volver del Digimundo en 1999, varias con los niños elegidos de todo el mundo que se hicieron cuando derrotaron a MalonMyotismon, se mosqueó un poco porque, según él, había demasiadas con Yuri y las demás chicas de Rusia, pero sobre todo con Yuri. Luego había alguna haciendo el tonto, la mayoría con Taichi, Takeru, Piyomon… la típica foto que todo chica se hace imitando la pose de los Ángeles de Charly junto a Hikari y Miyako, también tenía dos muy curiosas, una junto a la otra, en la primera Sora y Mimi estaban junto a la réplica en miniatura de la Estatua de la Libertad que hay en Odaiba y en la segunda las protagonistas eran igualmente las dos amigas, pero esta vez la estatua que se veía al fondo era la de New York, tenía fotos con casi todos sus amigos, digielegidos y no digielegidos, se podía decir que todo el mundo que tenía un hueco en el corazón de Sora estaba en ese mural. Por eso le extrañó el hecho de que no encontrase ninguna foto suya, a excepción de las fotos de grupo de digielegidos. Estaba completamente seguro de que la última vez que estuvo en esa casa había visto más de una foto suya, se giró rápidamente hacia la mesilla, ahí debía haber una enmarcada en la que salían los dos abrazados, pero ya no estaba, había sido completamente borrado del mausoleo sentimental de Sora. Lo entendió, le había causado demasiado dolor.
No sabía que hora era, pero debía ser pronto porque cuando se adentró al salón encontró que Sora aún dormía y a ella no es que se le pegasen demasiado las sábanas. Caminó directamente hacia ella, dormía placidamente en su futon, se sintió un poco culpable, le había echado de su cama, aunque pensándolo mejor, no dudo en que seguro que habría sido ella la que le había cedido gustosa su cama, siempre hacia eso, las visitas dormían en su cama, quería que todo el mundo estuviese lo más cómodo posible.
Quedó contemplándola en silencio y acercándose le susurró algo al oído.
-Lo siento mucho, no estoy seguro de que pasó ayer, pero de lo que sí estoy seguro es de que tú no me abandonaste, muchas gracias por todo, te amo con toda mi alma. Ojala pudiese ser el chico que te mereces, pero no lo soy, me falta mucho para ser digno de ti y de tu amor, espero que puedas perdonarme todo el daño que te he hecho, adiós mi amor.- finalizó proporcionándole un beso en la frente, de la misma forma que ella lo hiciese anoche e igual que entonces, Sora también se revolvió, pero no se despertó.
Se pasó la mano por la cara, limpiándose esas rebeldes lágrimas que brotaban de sus ojos, no podía permanecer más ahí, ya había tomado una decisión, pero antes de llegar a la puerta de salida, se encontró con un inesperado obstáculo, la madre de Sora.
-¿Te vas sin ni siquiera despedirte?.- preguntó apareciendo de la cocina con los brazos cruzados.- anda pasa, desayuna al menos.
Tragó saliva apurado, pero le siguió, al fin y al cabo ella le había acogido en su casa, no podía ser descortés.
-¿Que quieres?, ¿leche?, ¿cereales?, ¿fruta?, ¿un zumo?
-No tengo mucho apetito.- se excusó el chico incomodo.
-Supongo que es lo que tiene las resacas, ¿no?, te dejan sin apetito…- habló la mujer irónicamente.-… toma bébete un zumo.
El joven lo aceptó sin rechistar, no le apetecía discutir con más adultos en lo que le quedaba de vida y mucho menos con la madre de Sora. Al cabo de unos segundos la mirada penetrante de Toshiko, le empezó a incomodar.
-Hablé con tu padre ayer, le dije que te quedabas a dormir aquí, no me contó muy bien lo que había pasado, pero sé que algo ha pasado, ¿por eso te emborrachaste?
-Sra. Takenouchi, muchas gracias por todo, pero de verdad, no me apetece hablar de esto.- contestó el músico dejando el zumo.
-Yamato, solo quiero…
-¡No se preocupe más!.- cortó, comenzando a alterase.- yo, no voy a molestar a su hija más, tranquila, pronto se olvidará de mí y todo estará bien, no se preocupe.
Se iba a ir, pero se detuvo al sentir la mano de la mujer sobre su hombro y de nuevo se volteó.
-Yamato, no me preocupo por Sora, me preocupo por ti.
Sonaba sincera, pero Ishida no le creyó, hacía tiempo que había perdido la fe en los padres.
-Sí, claro, oiga sé que nunca le guste para su hija, no hace falta que finja, ¿de acuerdo?, ya no voy a molestarla más.
-¡Claro que me gustas!.- exclamó la Sra. Takenouchi con diversión, tanta que desconcertó a Yamato.-… eras muy gracioso cuando estabas con Sora y se supone que yo no lo sabía y entrabas a la tienda esperando verla y me veías a mí, se te cambiaba la cara, comenzabas a tartamudear y me comprabas cualquier flor que vieses. Me parecías un chico muy mono, bueno no siempre, debo admitir que cuando sin previo aviso Sora se quedó a dormir en tu casa pensé que eras un degenerado y aprovechado, pero cuando viniste a hablar conmigo, pidiéndome permiso para salir con ella, vi que no lo eras, que estabas completamente enamorado de ella, y pensé, ¿con quien mejor va a estar mi hija que con alguien que la quiere tanto? No sé que pasó entre vosotros exactamente para que rompieseis, Sora no me cuenta esas cosas. Lo pasó muy mal, supongo que tu también, pero sois muy jóvenes, los jóvenes rompen y vuelven mil veces. No creo que haya que dramatizar tanto, aunque claro aún recuerdo un poco cuando yo era adolescente y que cualquier cosa que te pasase era el mayor dramón del mundo y por supuesto, ¡ningún adulto nos comprendía!, creo que necesitas pensar un poco y darte cuenta de que las cosas no son tan dramáticas como parecen, ¿no crees?
Finalizó la mujer, dejando a Yamato consternado y conmovido, siempre pensó que esa mujer estaba esperando el día que rompiese con Sora para hacer una fiesta, y no era así, confiaba en él para que cuidase de su mayor tesoro, de su única hija.
-Oiga, no sé, tengo que…
-Sí claro, tienes que irte.- interrumpió de nuevo, había sentido un deja vu, igual que cuando intentaba establecer una conversación profunda con Sora y ella siempre tenía cosas de vital transcendencia que hacer.- espero verte pronto por aquí, ¿de acuerdo? y si necesitas ayuda, pídela, no es malo necesitar ayuda, lo malo es no pedirla, ¿has entendido?
El joven medio asintió con la cabeza y salió al fin del hogar de los Takenouchi, habían sido muy bonitas las palabras que le había dedicado Toshiko, lástima que en estos momentos Yamato ya no confiase en nadie, y la decisión que había tomado era irrevocable.
...
Pasaron un par de días desde entonces y Yamato no dio ninguna señal de vida, no apareció por el instituto, pero tampoco le dieron importancia a eso, Sora pensó que estaría medio deprimido en su casa, y para los demás bastó con la excusa de "está enfermo". Por otro lado Takeru esperaba que él le llamase para disculparse, tal llamada no se había producido, pero el portador de la esperanza tenía claro que él no iba dar el primer paso, así que tampoco había tenido noticias de él. Sora le llamó en alguna ocasión, pero su teléfono siempre daba como desconectado, lo que le convenció más de su idea de que estuviese deprimido sin querer hablar con nadie.
Pero ese día al fin iba a descubrir la verdad, era muy temprano, tanto que aún estaba acabándose el desayuno, cuando tocaron el timbre de su puerta. Al abrir, empezó a enrojecer de vergüenza y es que estaba con un pijama cursi delante del padre de Yamato.
-Sr. Ishida… eh… ah… pase.- le invitó a entrar amablemente, esta visita le había desperezado por completo.
El hombre parecía bastante intranquilo, se frotaba las manos reiteradamente, combinando ese gesto con el de pasar la mano por su cabello, cosa que le hizo sonreír un poco a Sora, Yamato hacía siempre ese mismo gesto cuando estaba preocupado.
-¿Está Yamato aquí?.- preguntó sin mas rodeos Hiroaki.
Sora se sorprendió por completo.
-No… no, no entiendo.
-Me llamó tu madre, el día que se emborrachó, pasó la noche aquí, ¿verdad?.- la joven asintió con la cabeza expectante.-… es que… no, no se donde está, no ha vuelto a casa.
-¿Qué?.- dijo la muchacha incrédula y preocupada.
-Pensé que estaría enfadado, no le di importancia, creí que se le pasaría, pensé que estaría aquí o con algún amigo, pero he tratado de llamarle y no sé nada de él y hoy me encontré su habitación un poco revuelta, más de lo normal y me di cuenta de que faltaban cosas, como ropa y así… se, se ha ido.- finalizó apurado y temeroso.- ¿sabes algo?, ¿te ha dicho algo?
A Takenouchi le costó reaccionar, ¿se ha ido?, ¿Cómo que se ha ido?, ¿A dónde?, pero al escuchar la voz del Sr. Ishida llamándola, al fin volvió en sí. Sacando una calma que no tenía ni para ella, trató de tranquilizar al apurado hombre.
-No se preocupe seguro que, ¿ha hablado con Gabumon?
Hiroaki negó con la cabeza.
-La primera persona que he venido a ver es a ti.
-Pues igual esta con él, hablaré con Gabumon, ¿de acuerdo?, ya vera como aparece, no se preocupe.
-Sí, yo hablaré con sus amigos y con Takeru… oh y Natsuko, igual ella… oh, bueno….- ya hablaba para sí mismo, pero antes de salir, tenía aún una petición que hacer.- Sora-chan, si habla contigo, dímelo, ¿vale?
-Claro.
Al salir el Sr. Ishida la pelirroja tomó su teléfono y sus dedos marcaron casi sin pensar el número de Yamato, era el único que conocía de memoria.
-Venga Yamato, contesta, no nos hagas esto…- susurraba con nerviosismo, mientras se ponía el auricular en la oreja.
Pero lo que escuchó le hizo enfurecerse tanto que tiró el teléfono contra el suelo "el teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". La misma respuesta que las otras veces que llamó, solo que al contrario de las anteriores, esta vez le preocupó, ¿Dónde demonios se había metido Yamato?
Fue corriendo a su habitación a vestirse, a hablar con Gabumon, con alguien que le dijese donde estaba Ishida. Se encontraba demasiado alterada, asustada, y sobre todo sola, ya no concebía su vida sin Yamato, ¿que haría si había decidido desaparecer y no volver nunca más? A causa de este horrible pensamiento, lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, se las limpió con violencia, no quería llorar, no era el momento de llorar, ahora debía ser fuerte, ahora debía encontrar a Yamato, salvarle de su soledad, para que él pudiese salvarle a ella de la suya.
Con esta inesperada y preocupante noticia de la desaparición de Yamato, Octubre finalizó. Había sido un mes muy duro para Ishida, duro y decepcionante ya que no se cumplieron ninguna de las ilusiones que había depositado en él y una vez más se hizo presente su mayor miedo, el miedo a la soledad. Pero por fin dejó de huir de ella, aceptó su propio destino, seguiría su vida en solitario, tal vez, él fuese una de esas personas que habían nacido para estar solas.
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N/A: waa… si al final este fic me va a quedar dramático y todo… buf. Bueno solo decir que me encanta que Yamato tenga esa parte antisocial y traumado por la difícil relación con sus padres tras el divorcio y que Sora sea la luz a lal que se aferra para salir de todo eso… jeje… que cursi soy, por cierto lo de Yama que eligió quedarse con su padre lo saque del CD Drama "Historia original de 2 años y medio", él lo decía… que mono. Jejeje.
El próximo mes más, que ya será el penúltimo ¡Noviembre!…prometo que Yama pronto volverá a ser el de siempre y logrará salir de su cueva de oscuridad y soledad en la que se esta metiendo… No digo más… y por favor, no me matéis por dejarlo así.
Gracias por leer!
