El transcurso de la mañana no ha mejorado, aunque tampoco tenía esperanza de que lo hiciera. No me desvestí anoche, así que me limito a lavarme la cara, peinarme y volverme a trenzar el pelo. La imagen que veo en el espejo me desconcierta: veo una chica raquítica, con los pómulos hundidos y la mirada perdida. Tengo los labios cortados, pero no encuentro ningún ungüento que pueda solucionarlo. No debería haber descargado mi ira contra los muebles, ahora no encuentro nada. Estoy buscando un par de calcetines limpios cuando oigo a alguien llamar a la puerta. Es muy temprano, solo puede ser Peeta. Mis pies descalzos casi echan a volar hacia la puerta al deducir que es él, pero intento serenarme y no parecer desesperada cuando abro la puerta. Intento sonreírle, pero de nuevo esa mueca extraña me traiciona, y su seria mirada tampoco ayuda a reducir la tensión.

- Ho…hola.- estoy tan nerviosa que hasta me sorprendo pensando si no debería haberme hecho la trenza mejor para estar más presentable. Espera, Katniss Everdeen nunca ha sido coqueta.

- Buenos días, pensé que no estarías despierta, aún no ha amanecido del todo.- me responde con distancia pero sin dejar de lado ese toque cálido que caracteriza su voz.

Mientras habla, me fijo en sus facciones: mis rápidas pupilas de cazadora circulan por sus profundas ojeras (es evidente que no ha pegado ojo en varios días), pero se posan con curiosidad sobre su angulosa mandíbula, siempre me ha resultado atractiva. Observo sus mejillas sonrojadas por el frío, o quizá por la incomodidad que se respira, y no puedo evitar pensar que está muy guapo con su rubio pelo peinado hacia atrás, como cuando lo subieron al estrado en los primeros Juegos.

- ¿Quieres pasar?- lo invito. ¿Katniss Everdeen, me oyes? Tierra llamando a Katniss. ¿Desde cuándo invito yo a la gente a mi casa a las seis de la mañana?

- Venía a traerte el arco, te lo dejaste ayer en mi casa.- me lo tiende pero entra.- Estoy horneando unas galletas, no puedo quedarme mucho tiempo. ¿Ibas a salir? - observa que voy con la ropa de caza mientras se sienta en una de las sillas de la cocina.

- ¿Vas a decorarlas con flores como la última vez? - intento mostrarme interesada, pero él se limita a encogerse de hombros diciendo que aún no había pensado en el glaseado pero que lo hará con flores. - Si quieres, puedo pasarme más tarde por tu casa a robarte unas cuantas.

La manera en la que me está mirando me informa que estoy sonriéndole más de lo habitual.

- No hace falta. Cuando estén listas te traeré, a lo mejor traigo panecillos también.- siempre tan caballeroso.- ¿Vas a salir a cazar tan temprano?- es su manera de insinuar si tengo planes con Gale.

- Iba a dar un paseo por la Veta. No tengo muchas ganas de salir hoy a cazar…

Me resulta fascinante cómo ambos eludimos expresar nuestras inquietudes abiertamente y nos dedicamos a mandarnos indirectas que solo entendemos nosotros.

- Respecto a lo de ayer…

- Lo siento.- mi voz suena tan serena pero a la vez tan frágil que sus ojos se posan en mí y me abrasan.- Siento cómo me comporte ayer contigo, estaba muy enfadada y debería de haberme calmado. Tú no tienes la culpa de nada.

- Nadie tiene la culpa de nada.- intenta animarme.

- Me da rabia que…, no sé…, es raro…, que tú y Gale habléis…

- Estoy celoso, pero es solo es problema mío.

Mi corazón parece salírseme del pecho cuando escucho esas palabras, empieza a latirme violentamente y no tiene intención de parar. Trago saliva, nerviosa, y maldigo los rayos de sol que entran sin compasión por las ventanas, ya que no puedo esconder lo ruborizada que estoy.

- Que esté celoso no quita que pueda mantener una relación cordial con Gale si es necesario.- parece que nota mi vergüenza porque deja de mirarme con tanta intensidad, como si él también sintiera algo de pudor.

- Gale es mi amigo, no mantengo ninguna relación sentimental con él, y no creo que la mantenga después de lo que ocurrió.- por primera vez sueno convincente.- Me importa porque lo aprecio, y eso no va a cambiar, y me sentí algo abandonada por él y debemos aclarar muchas cosas si queremos que la amistad funcione.

- No soy quién para juzgar tus sentimientos, tampoco tengo el derecho de controlarlos, pero él sigue enamorado de ti, independientemente de lo que tú quieras que pase.- tan franco como siempre.- Debería sentirme identificado con él pero…

Peeta Mellark, te odio tanto. ¿Por qué tienes esa capacidad de decir con tanta claridad y sin tapujos que estás enamorado de mí? Te odio pero mi corazón está tan agitado que sería ilógico creer que no está vibrando de felicidad. ¡Cuánto había necesitado esas palabras! Me sentía tan insegura después de todo lo ocurrido desde que lo trajeron de vuelta del Capitolio.

- ¿Te molesta que sea tan directo?- se interrumpe, probablemente porque piensa que no me hace ningún favor reiterándome unos sentimientos que no correspondo.

- No.

Quiero que siga, que me abrace, que me bese, que no me deje ir, pero aún no estoy preparada para afrontarlo. Katniss Everdeen está marchita, pero no puede vivir sin el chico del pan, uno de los pocos aspectos que le recuerda que merece la pena seguir adelante.