Los dos detectives estaban muy sorprendidos. El cambio que había hecho era enorme¿o era el vestido que le favorecía?

En efecto, quien había llamado a la puerta fue la joven sirena. Ésta llevaba un vestido blanco con estampados de flores negras hawaianas hasta un poco más arriba de las rodillas y atado por el cuello. El pelo lo tenía recogido por atrás y una cascada de su largo cabello le caía por los hombros. La pobre estaba algo cohibida. Era la primera vez que vestía ropa humana… ¿O no?

- R…Ran. – Susurró Shinichi.

- ¡Vaya¿Kazuha tenía ese vestido escondido? Es normal que no se lo haya puesto, no le hubiese quedado nada bien.

- ¿Qué decías detective? – Al lado de Ran apareció la chica.

- ¿Eh¡Era broma mujer!

- Ya… Bueno¿qué os parece¿A que le queda bien? No se lo quería poner la muy tonta…

- Te queda muy bien Ran. – Dijo Shinichi con una sonrisa.

- Gra… Gracias. – Dijo la sirena sonrojada.

- ¡Cuidado! – Se oyó por el pasillo.

Los chicos miraron hacia donde provenía la voz y pudieron ver antes de caer a un chico corriendo. - ¡Ay!

- ¡Tío, mira por donde vas! – Se quejó Kazuha, a la cual atropelló.

- Lo siento… - Dijo el chico con una mano en la cabeza.

- ¡Te encontré! – Dijo una voz triunfadora.

- Mierda… Bueno ha sido un placer… ¡Adiós! – Y salió enfilado hacia el otro lado del pasillo.

- ¡No te escaparás! – Gritaba una chica muy enfurecida. - ¡Kaito Kuroba, estás muerto! – La chica arrancó un extintor de incendios y se lo tiró al joven.

- ¡Ay!

- ¡Pleno! – Gritó eufórica la chica. Le había dado en toda la cabeza al chico.

- ¡Eso ha dolido Aoko!

- ¡Te aguantas por pervertido! Mira que espiarme mientras me estaba cambiando… - Se puso roja.

La discusión se prolongó más y más hasta que llegó el servicio de habitaciones de los detectives.

- ¡Por fin! Tengo un hambre… - Dijo Heiji.

- Vamos a comer…

Entraron en la habitación y se acomodaron para comer, mientras dejaban a los dos jóvenes matándose el uno al otro en el pasillo.

Ran no empezó a comer hasta que vio exactamente cómo lo hacían sus nuevos amigos. Esa comida era muy extraña… Nada comparado con la de su casa. ¡Ésta era mejor! Comió hasta que se hartó. Después de comer…

- Bueno, Ran… - Empezó Shinichi seriamente.

- Creo que deberías explicarnos qué hacías en aquella situación en la orilla de la playa.

Los tres miraron expectantes a la chica.

- "Hay Dios… ¿Y ahora qué les digo? Si les digo la verdad pensarán que estoy loca…"

- ¿Ran? – La llamó Kazuha.

- Pues…

- No te preocupes. – Dijo Shinichi. – Si todavía no te sientes con fuerza para decírnoslo… - Vio una mirada suplicante en ella y sonrió. – Estarás con nosotros. Si te están siguiendo, con nosotros estás a salvo. ¿Verdad chicos?

La pareja de Osaka asintió. – Puedes dormir en mi cuarto, ya ves que la cama es enorme. – Dijo la chica.

- Muchas gracias, no sé cómo agradeceros todo lo que estáis haciendo por mí.

- No te preocupes. ¿Y si salimos a conocer la isla? – Sugirió Heiji.

- ¡Sí! – Saltaron todos muy felices.

Se prepararon y salieron a la parada de guaguas.

- A ver… ¿Vamos a la capital? – Sugirió Shinichi.

- Vale. Pero mañana elijo yo. – Dijo el moreno.

- ¡Que te digo que vamos aquí! – Se oyó cerca.

- ¡Que no, que quiero ir aquí! – Se escuchó contradiciendo.

- ¡Las Palmas! – Dijo la chica.

- ¡Telde! – Dijo el chico.

- Las Palmas.

- Telde.

- Las Palmas.

- Telde.

- Disculpad. – Intervino Ran. - ¿Tú no eres el que se chocó con nosotras en el pasillo?

Los dos miraron a la sirena. La chica miró a su compañero. - ¿Te chocaste contra ellas¿No sería para poder tocarlas, no?

Con ese comentario los chicos miraron al muchacho con cara de asesino.

- ¡Pero qué dices bruta! Me choqué con ellas porque huía de ti. – Se exculpó el muchacho. - ¿No les pedí perdón?

- ¡Sí! Lo que pasa es que me he fijado en que hablamos el mismo idioma, así que me preguntaba si os gustaría venir con nosotros. ¿Verdad? – Preguntó a su grupo.

- ¡Claro! Cuanto más seamos mejor. – Dijo Kazuha.

- Bueno… Vale. – Dijo contenta la chica. – Me llamo Aoko Nakamori, y éste pervertido por desgracia es mi amigo de la infancia, Kaito Kuroba. – El chico bufó.

- ¿Nakamori¿Eres la hija del inspector Nakamori? – Preguntó Shinichi.

- Sí. ¿Le conoces?

- Nos hemos topado un par de veces.

- Encantada. – Dijo Kazuha. – Él es Heiji Hattori, Shinichi Kudo, Ran y yo soy Kazuha Toyama.

- Heiji Hattori… Shinichi Kudo… ¿Sois los detectives de Osaka y Tokio? – Preguntó Aoko. – Ellos afirmaron. – Es un placer.

- He escuchado que Kudo después de volver a la normalidad no ha parado de trabajar… ¿Qué haces aquí? – Inquirió Kaito.

- Decidí tomarme un respiro.

- Allí viene la guagua. ¿Subimos? – Dijo Kazuha.

- ¿A dónde va? – Preguntó Kaito.

- A Las Palmas. – Dijo Ran.

El chico gruñó. – Vale, pero mañana vamos a Telde.

- ¡Vale! – Afirmaron todos. Subieron a la guagua y se dirigieron a un día agotador visitando la capital de la provincia de Las Palmas. Todos habían ganado a amigos, pero dos ganaron más que eso, pero ellos todavía no lo sabían.


Después de un día agotador en la capital, viendo los parques, la zona de Triana, para disgusto de los chicos (NA: Vale, me he visto obligada a poner una nota de autora por si no tenían ni idea de lo que es Triana, explico, -aclaración de garganta- Triana es una zona peatonal muy larga que está a rebosar de tiendas de ropa y zapatos. ¡Disfrutad del capi!); el paseo marítimo de Las Canteras, el museo canario, que un poco más y los detectives descubrían de qué murieron las momias; y por último, y por petición de Kaito, fueron a donde estaba expuesto el collar "la garganta de la sirena" (NA: si, le he cambiado el nombre, me gusta más "garganta" que repetir "collar"), una obra de arte valorada en mil millones de euros, que rodea el cuello y cae en forma de pico con centenares de diminutos diamantes con forma de gota y conchas, y en su final tenía tallada una sirena de oro blanco.

Cuando llegaron al hotel, decidieron irse a dar una ducha y quedar luego para cenar fuera.

Quedaron todos en la recepción del hotel y salieron a disfrutar de la noche en el sur de la isla.

Ran no había olvidado un comentario que había hecho Kaito, por lo que cuando vio que caminaba solo, se acercó a él y empezó a hablar. – Hola Kaito.

- ¿Mm¡Ah! Hola Ran¿qué tal te ha parecido el día?

- ¡Fantástico! No recuerdo la última vez que me divertía tanto.

Se quedaron un tiempo en silencio.

- Esto… - Empezó de nuevo Ran. – Desde ésta mañana no me he quitado de la cabeza algo que dijiste…

- ¿El qué? – Inquirió el chico.

- Pues algo relacionado con Shinichi… algo de volver a la normalidad.

- ¡No me digas que no sabes nada de lo que pasó hace más de medio año! – Se sorprendió Kaito. - ¡Pero si no se habló de otra cosa, y aún se sigue comentando¿Dónde has vivido todo este tiempo¿En el agua?

Ran puso una sonrisa nerviosa. – Digamos que sí. ¿Qué pasó?

- Pues Kudo, que era un detective muy metuso ya desde hace años, hace dos se encontró con una organización y las pasó canutas. – La cara de Ran se ensombreció. – Le dieron un veneno y le abandonaron creyendo que ese veneno le mataría, pero en realidad encogió hasta tener la edad de siete años. Se hizo pasar todo el tiempo por un crío, fue al colegio como si tal cosa, pero todo el tiempo estaba tras la pista de esos que le encogieron, todo sin que la policía se diese cuenta de nada.

- ¿Y a la policía no les parecería extraño que Shinichi desapareció¿Y su familia?

- La policía creía que Kudo estaba fuera de la ciudad resolviendo casos. Y su familia lo sabía, pero por él no metían las narices, ya que según él era un asunto personal. En fin, al final, no se sabe cómo, la organización fue atrapada, y esa misma noche, asegura despertarse no siendo Conan Edogawa, su tapadera, sino como el detective Shinichi Kudo.

- Todo fue un misterio esa noche hace más de medio año. – se escuchó detrás de ellos, sorprendiéndolos.

- ¡Kazuha¿Tú estabas allí? – Preguntó la sirena.

- ¡Claro! Habíamos ido Heiji y yo a una casita de campo. También nos llevamos al pequeño Conan, que yo no sabía quién era en realidad, sólo lo sabía Heiji. Quién iba a imaginar que el pequeño, listo y dulce Conan era en realidad el cacho burro de Shinichi… Pero ese día no me lo pudieron ocultar. – Dijo con una sonrisa. – Recuerdo que había dejado de llover, y estaba todo embarranoso…

- ¿Lluvia? – Se sorprendió Ran.

- ¡Eh chicos! – Les llamaron los que estaban más adelante. - ¿Entramos aquí?

Se pusieron de acuerdo y entraron a comer. Casi los echan, ya que Aoko y Kaito empezaron una de sus broncas, pero pudieron arreglarlo.

Mientras los chicos se divertían, una criaturita roja estuvo todo el tiempo vigilándolos. Siguió a una chica hasta el baño.

- Pss… pss…

La chica miró por todos lados, pero no localizaba a quien la llamaba.

- ¡Ran! – Consiguió subirse al lavamanos.

- ¡Sebastián! – Se sorprendió la chica. Le cogió y le abrazó como pudo, cabe decir que casi lo asfixia. - ¡OH Sebastián! El mundo de los humanos es maravilloso, y las personas que lo habitan son igual de maravillosas.

- Me alegra que te guste pequeña. – Dijo feliz. – Eh…

Calló porque apareció alguien en el servicio.

- Ran, como tardabas… - Era Aoko. – Kudo está muy preocupado, no para de mirar hacia aquí.

La aludida se sonrojó. - ¿En… en serio?

Aoko la miró con picardía. – Vaya, vaya… - Se acercó a ella. – Así que… ¿te gusta Kudo?

Sebastián, quien se había escondido tras el pelo de Ran, agudizó el oído.

La chica más roja no podía estar. - ¿Q… qué…¿A… m… mí? No… qué va.

- Ya… ¿Te crees que me chupo el dedo¡Se te ve a la legua! Y es normal que te guste, es muy atractivo. En las revistas japonesas para chicas le tienen en un pedestal. Es rico, guapo y listo, con futuro asegurado. Nunca ha cedido a las peticiones de conceder entrevistas si no es de algún caso que lleve o haya resuelto, pero que se sepa, no se le conoce ninguna chica en su vida. – Miró a Ran. – Y tal y como te mira, creo que tienes posibilidades. – Terminó sonriendo.

- Que yo sepa… en esas revistas también aparecen artículos sobre Kaito Kid¿no? – Dijo Kazuha. Aoko puso cara de mosqueo. – Venga Aoko, no me digas que no te interesa ni un poquito, en todo el día no has parado de hablar de él cuando Kaito no miraba. – Puso cara pillina. – Tú di lo que quieras, pero no se me escapa que has venido con tu padre por la amenaza de Kid. Tienes muchas ganas de verlo, aunque digas que lo odias.

Aoko se sonrojó. – Vale, lo admito. Me atrae, y no sé porqué, debería odiarlo con toda mi alma, y le odio de cierta forma.

- ¿Será porque te hace pensar en él más de lo que deberías pensar en Kaito?

- ¡Muy buena Ran! – La felicitó la de Osaka.

- Será mejor que nos marchemos ya. Los chicos estarán impacientes por irnos. – Dijo Aoko más roja todavía.

- Id delante, ya os alcanzo. – Dijo la sirena.

Cuando se quedó de nuevo sola en el baño, Sebastián salió por detrás de su nuca. - ¿Es cierto eso Ran?

- ¿El qué?

- ¿Te gusta ese detective?

Ella viró la cabeza sonrojada. - ¿Y qué si es así?

- Ran… si se enterara tu padre…

- ¡No! Por favor Sebastián. – Le suplicó. – No se lo digas a papá. Si se enterase… le matará… He oído las historias sobre sirenas y humanos, y nunca terminan bien. El humano siempre muere ahogado. – Su rostro se volvió pálido de repente.

- Está bien. – Se resignó el cangrejo.

- ¡Gracias! – Le agradeció la sirena. – Escóndete, voy a salir, si no se preocuparán.

Cuando salieron del baño, se topó con una mirada azul. Sonrió. Esa mirada le hacía experimentar cosas que nunca había sentido. Se sentía cálida y llena, como nunca antes lo había estado.

Sebastián lo notó. – ¿Te importa demasiado como para arriesgar tu vida por él?

- Así es. – Dijo ella en un susurro.

- ¡Pero si sólo lo conoces desde hace menos de un día!

- Lo sé. Pero siento como si le conociese desde siempre. Es una locura¿verdad? – No esperó respuesta y se fue con sus amigos que la esperaban en la salida del local.

El cangrejo se escondió entre el pelo de la sirena. La vigilaría todo el tiempo. Velaría por su seguridad. – "No… no creo que sea una locura…" – Se dijo para sí el pequeño crustáceo. – "Espero que todo salga bien."

Iban de camino al hotel por el paseo marítimo. Kazuha se dirigió a todos.

- Oigan¿y si vamos a la orilla?

A todos les pareció una buena idea, por los que se descalzaron y fueron corriendo hasta la línea de costa.

- ¡Vamos Ran! – Le apremió Aoko.

- ¡Ya voy!

Se descalzó y fue corriendo hacia sus amigos.

- ¡Ran! – La llamó el cangrejo. - ¡Ran¡No vallas¡Detente!

- ¿Por qué no he de poder ir? – Se extrañó la joven, pero sin parar de correr.

- Si no quieres que tus nuevos amigos se enteren de tu condición, te aconsejo que no te mojes con agua del mar. – Dijo con un deje de indeferencia.

- ¿Qué quieres decir?

- Que si te mojas… te saldrán las escamas. No te convertirás en sirena si no te mojas entera, pero te saldrán algo de escamitas.

La joven se detuvo en seco a pocos metros del agua, con la cara pálida. – En… entiendo. – Respiró hondo y vio cómo sus amigos se divertían chapoteando en el agua. – Así que si no quiero que sepan lo que soy, no podré divertirme con ellos en el agua.

- No exactamente. Es sólo en el agua salada, en el agua dulce si puedes meterte sin problemas.

- Bien…

- ¡Ran! – Kazuha se acercó a ella. La sirena se alejó un poco. - ¿Qué te pasa?

- No… no me pasa nada. Tranquila. – Fingió una sonrisa. – Ve, no te preocupes.

Kazuha se alejó algo mosqueada.

La joven suspiró asolada. - ¿Qué te ocurre?

La pobre dio un brinco y vio tras de ella a Shinichi, quien había visto su conversación con la de Osaka. - ¿A mí? Nada… - Sonrió algo nerviosa.

- ¿No te sientes cómoda con nosotros?

- ¡Claro que me siento cómoda! – Bajó un poco la voz. – Ni siquiera con mi padre me he sentido tan a gusto como con vosotros…

- Ven. – La cogió la mano y la hizo sentarse con él en la arena. – Por favor, cuéntame.

- No… no es nada. – Giró la cabeza para que el chico no viera su desolación.

- No creo que eso sea cierto. – La cogió por el mentón y la hizo mirarle. – Veo preocupación en tus ojos. Puedes confiar en mí.

El corazón de ella bebió de la luz de sus ojos. Al lado de él se sentía la mujer más feliz de la tierra. – No quiero estropearte el día con mis problemas.

- No me lo estropearás. ¿No confías en mí?

- Sí. Confío en ti. – Suspiró. - Verás…

De repente, alguien por detrás les llenó de arena.

- ¡Heiji! – Gritó enfadado el detective.

- Venga Shinichi, no seas tan soso.

- ¡Estaban hablando pedazo de animal! – Apareció Kazuha y se metió a pelear con su novio.

C- reo que será mejor ir a algún sitio más apartado de estos. – Sugirió el chico. Agarró a la chica y se alejaron de la playa.

Al poco rato, llegaron a un parque, donde había aves enjauladas. Dieron un paseo.

- Bueno… ¿Me lo contarás? – Pidió el chico.

Ella asintió. – Verás, yo vivo muy lejos de aquí.

- ¿Viniste de vacaciones a la isla con tu familia?

- ¿Eh? Algo parecido. – Sonrió nerviosamente. - Mi padre viaja mucho. Casi no tiene tiempo para mí. Y siempre que llegaba me hablaba de sus viajes, y hasta me traía recuerdos, pero la última vez fue diferente. – Se detuvo un momento para ver si hablaba su compañero, pero seguía caminando a su lado, escuchando atentamente lo que ella le decía, sin intención de intervenir hasta que ella terminase. Estaban pasando por un pequeño puente de madera, debajo había un pequeño lago con peces de colores. Ella se detuvo y se apoyó en el borde– Mi padre y yo nos reunimos en la sala y… allí… - Suspiró. – Me dijo que me había encontrado novio. – Shinichi giró la cabeza, sorprendido. - ¿Te lo puedes creer¡Una boda concertada! Me negué en rotundo. Discutimos y me fui de casa.

- Y… ¿Cómo terminaste con aquél aspecto en la playa?

- No lo sé. – Mintió.

- Ran… Lo que hiciste fue una locura. Podría haberte sucedido algo malo. Imagínate, sólo por un segundo, que no hubiese sido yo quien te encontrase anoche. ¿Qué te hubiese pasado¿Y si hubieran sido unos desalmados?

- Pero fuiste tú. – Le miró fijamente. – Y me alegro mucho que no hubiese sido otro.

Se quedaron un tiempo viendo su reflejo a través del otro.

Shinichi se aclaró la garganta. – Bueno… ¿Y ahora?

- ¿Qué?

- ¿Qué vas a hacer?

- Yo… no lo sé. – Se viró y miró hacia los peces. – Yo… yo… - Comenzó a sollozar.

- Shhh… tranquila. – Se acercó a ella y la abrazó.

Ella apoyó su cabeza en el pecho de él. Sentía calidez.

El detective la giró y la hizo mirarle a los ojos. – No llores Ran. Me mata verte así.

Se quedaron así un buen rato.

Sebastián lo estaba viendo todo desde una prudente distancia. Veía que sus labios se acercaban poco a poco. – Venga… ¡Venga! – Vio que el detective se alejaba de ella sonrojado. - ¡No! Venga hombre… - Vio al lado suyo a las aves en las jaulas y apareció en su rostro una sonrisa muy amplia. (NA: quien haya visto Fullmetal Alchemist, la sonrisa que se le pone a Ed cuando planea algo. Quien no la haya visto… ¡La aconsejo!)

- Creo… creo que debemos ir al hotel. – Dijo el joven.

- Sí. – Asintió la sirena decepcionada y sonrojada.

De repente, las aves que estaban en las jaulas salieron de ellas, con el crustáceo encima de una. - ¡A la carga¡Ya sabéis lo que tenéis que hacer!

Las aves cogieron unas lianas y rodearon a los jóvenes, uno enfrente del otro.

- Pero qué… - Calló de repente. La luna había salido de detrás de las nubes, y su luz caía sobre ellos. Quedó como hipnotizado con los ojos de la chica, su piel, su boca…

- Si uno quiere que algo salga bien, tiene que hacerlo él mismo… - Dijo el cangrejo.

Carraspeó y se dirigió a las aves y peces del lugar.

- Percusión, cuerdas, viento, letra.

Ella está

Ahí sentada frente a ti

No te ha dicho nada aún

Pero algo te atrae

Sin saber porqué te mueres por tratar de darle un beso ya

Si (la quieres)

(Si la quieres mírala)

Mírala y ya verás no hay que preguntarle

No hay que decirlo

No hay nada que decir

Ahora (bésala)

- Canten conmigo.

Shalalala ¿Qué pasó?

Él no se atrevió y no la besará

Shalalala ¡Qué horror!

Que lástima me da ya que la perderá

El momento es

En esta laguna azul

Pero no esperes más

Mañana no puedes

No ha dicho nada y no lo hará

Si no la besas ya

Shalalala no hay porqué temer

No te va a comer

Ahora bésala

Shalalala sin dudar

No lo evites más

Ahora bésala

Shalalala por favor

Escucha la canción

Ahora bésala

Shalalala es mejor que te decidas ya

Ahora bésala

Bésala

Bésala

Bésala

BÉSALA

- Disculpad… - Alguien habló tras ellos. Estaban tan cerca sus labios que se sonrojaron más a no poder y se separaron, rompiéndose las lianas. – Pero vamos a cerrar el parque.

- Sí… sí claro. – Dijeron. Se marcharon dejando al segurita detrás con la mano en la cabeza sorprendido, al ver que los pájaros estaban todos en las ramas de los árboles mirándole con cara asesina.

- ¡Qué oportuno! – Se quejó el cangrejo con una pinza apoyada en la mejilla. – Bueno… es el primer día… esto mejora por momentos… jijiji – Otra vez puso cara de haber planeado algo perversamente malvado…

Mientras, las aves atacaban al pobre segurita por chafarles la escena romántica.