Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Amor en público de Penny Jordan.


Amor en público

Penny Jordan

Capítulo 8

Sakura había accedido a casarse con Sasuke. Serían marido y mujer. Pero solo de puertas para afuera, se recordó rápidamente, mientras salía de la cama para ver si Imaku ya se había despertado.

La niña todavía estaba dormida plácidamente en su cuna. Por la ventana de la habitación, se veía el cielo azul y el sol brillando sobre los jardines. Era el hogar de Sasuke, y su casa durante los próximos años. Pero habría sido así de cualquier forma, porque después de todo ya había firmado un contrato hasta que Imaku tuviera cinco años.

Solo para trabajar de niñera, y no para casarse con él. Siempre podía cambiar de opinión y marcharse, pero sabía que no los abandonaría.

Sin embargo, no sabía cómo iba a convivir con sus sentimientos secretos hacia Sasuke. ¿Cómo podría esconder lo que sentía? Se decía que la familiaridad daba paso al desprecio, y quizá descubriera, haciendo el papel de esposa de Sasuke, que su amor por él se desvanecía.

Aquel era un argumento tan frágil que Sakura sabía que no serviría de nada.

Iba a casarse con Sasuke solo para proteger a Imaku de Shion. ¿Iría esa mujer a ver a su nieta a la habitación? Sakura estaba llena de dudas.

La niña se despertó y la llevó hasta la ventana, acunándola y abrazándola con ternura, disfrutando de aquel momento que compartía con ella, justo después del despertar.

Un par de horas después, sonó su teléfono móvil, y cuando descolgó, reconoció la voz de su hermana.

-¿Saku? -preguntó Tayuyá con entusiasmo-, ¿Por qué no nos habías dicho nada? ¡Ni siquiera nos has dado una pequeña pista! Karin nos ha contado que no es de extrañar, porque saltaron chispas entre vosotros desde el primer momento en que os visteis. Casi no nos lo podíamos creer esta mañana, cuando papá nos llamó para decirnos que Sasuke lo había llamado para pedirle tu mano. Mamá y papá están aquí, por cierto, y quieren hablar contigo. Estamos deseando llegar y conocer a tu futuro marido. Es muy generoso por su parte que nos invite a todos al palacio. Suena estupendo. Karin dice que es un hombre genial.

A Sakura le daba vueltas la cabeza. Sasuke había telefoneado a su familia y les había contado que iban a casarse, y había pedido su mano formalmente, sin preguntárselo a ella.

Su hermana estaba hablando con otra persona, y Sakura la oía reírse.

-Karin pretende que nos creamos que no está encantada con la idea de ser dama de honor, pero sí lo está. Dice que te diga, de todas formas, que no va a ir de rosa. ¿La familia de Sasuke es muy numerosa? Es todo tan romántico... Evidentemente, no puede esperar para casarse contigo. ¡Cuatro semanas! No es nada. Papá y mamá quieren hablar contigo...

Sakura habló con casi todos los miembros de la familia, que querían felicitarla, aunque después no se acordaba muy bien de la conversación.

Tomó a Imaku en brazos y se dirigió abajo. Tenía que hablar con Sasuke en aquel mismo momento.

En el salón principal, se topó con Shizune, que le dedicó una sonrisa resplandeciente y fue corriendo hacia ella.

-¡El conde nos ha dicho que van ustedes a casarse! Va a ser usted una buena esposa y una buena madre para esta pequeñina -añadió, acariciándole la mejilla a Imaku- Y Dios mediante, pronto le darán hermanitos.

¡Hermanitos! Sakura asimiló el comentario en silencio, rogando que el ama de llaves no se diera cuenta de que se había ruborizado. Por supuesto, era natural que ella pensara que Sasuke querría tener hijos.

-Necesito hablar con Sasuke, Shizune. ¿Sabe dónde está?

-Está en la biblioteca -le dijo, y la miró con una picardía que hizo que Sakura enrojeciera aún más.

-¿Y... Shion? -preguntó rápidamente. Estaba sorprendida de que la mujer no hubiera subido a la habitación de Imaku a verla. Shizune la miró muy seria y respondió:

-Esa se ha ido. Mejor, a nadie le gusta.

¡Se había ido! Sin hacer ningún intento por ver a su nieta, ni asegurarse de que estaba bien atendida y sana. Aquel comportamiento intensificó el sentimiento de desagrado que Sakura tenía hacia ella. En su opinión, Shion no podía cuidar de un niño. Estaba claro que no tenía otra opción que proteger a Imaku, incluso si aquello significaba casarse con Sasuke.

Él tenía razón cuando decía que el único interés que tenía aquella mujer por la niña estaba basado en el dinero, pero a Sakura le dolía que no tuviera ningún cariño por Imaku. Ningún abuelo o abuela que se mereciera ese nombre se habría ido sin ver a alguien que tenía su misma sangre.

Estaba en mitad del salón, cuando apareció Sasuke.

-Iba hacia la habitación de la niña -le dijo.

-Y yo estaba buscándolo -Sakura se puso nerviosa con solo verlo acercarse-. Mi hermana acaba de telefonearme. Perdone, pero usted no tenía ningún derecho a llamar a mi familia y contarles todo sin preguntarme primero. Ahora piensan que...

-¿Qué piensan? -la presionó Sasuke.

Imaku se había dormido contra el hombro de Sakura y pesaba mucho. Sasuke notó que estaba incómoda, y le dijo:

-Démela. ¿Se encuentra bien? ¿Le duele la cabeza?

-Estoy bien -le aseguró Sakura-. Pero de verdad habría preferido que me hubiera preguntado antes de llamar a mi familia.

-¿Qué piensan?

Sakura notó que su cara volvía a enrojecer. Él tenía la culpa de que su familia creyera que su matrimonio era por amor, así que ¿por qué se sentía culpable e insegura a la hora de explicarle el malentendido?

-Creen que nosotros... que nuestro matrimonio va a ser normal. Sobre todo, por el hecho de que usted haya hablado con mi padre en términos tan formales, y les haya invitado a todos a la boda. ¿Por qué lo ha hecho? -le preguntó en tono acusador.

-Porque es la manera correcta de hacer las cosas -le respondió Sasuke rápidamente-. Usted es su hija, y yo seré su yerno.

-¿Pero es que no lo entiende? Ahora piensan que... nosotros estamos enamorados -dijo, cada vez más incómoda.

Sasuke se encogió de hombros.

-Y ¿hay algún problema?

-Pues sí lo hay.

Sakura se interrumpió, y sin querer tuvo la imagen mental de lo que su familia estaría esperando encontrarse cuando llegaran para la boda. Seguramente, una pareja enamorada que no podría quitarse los ojos el uno del otro, intercambiando besos y susurros, y demostrando sin tapujos su amor. En resumen, una pareja enamorada y a punto de casarse.

-Nuestro matrimonio es una cuestión de negocios y...

-¿Usted se lo iba a contar? -le preguntó Sasuke con incredulidad.

La verdad era que Sakura no había pensado todavía lo que iba a decirle a su familia.

-No iba a decirles nada.

-¿Nada?

Ella percibió un tono de reproche en su voz.

-No quería complicar las cosas -se defendió Sakura- Después de todo, nuestra boda es solo una prolongación de mi contrato de trabajo. Mi familia no lo habría entendido, son muy tradicionales, y mi hermana... -se quedó en silencio.

-Para que esto funcione, tenemos que ser capaces de convencer a un tribunal de que es un matrimonio normal -le dijo él seriamente- ¿Cómo cree que reaccionaría Shion si se enterara que hemos guardado nuestro matrimonio en secreto, y de que su familia piensa que usted está solo trabajando aquí? Utilizaría la información sin escrúpulos en el juicio para quedarse con Imaku.

Sakura no podía responder nada. Sabía que lo que él decía era verdad, y también sabía que era imposible explicarle cómo se sentía en realidad.

-Y ya que estamos hablando del tema de la boda -continuó Sasuke-, para eso era para lo que iba a verla. Ya lo he arreglado casi todo. La ceremonia se celebrará en la iglesia del pueblo, dentro de cuatro se manas. Hay otras formalidades con las que hay que cumplir, pero no son complicadas. Sin embargo, hay mucho que hacer aquí, en el palacio. Ya le he dicho a Shizune que contrate a todo el personal necesario. Mi familia tiene muchas ramas y hay muchos individuos, cómo lo diría, excéntricos y ancianos, a los que hay que invitar para que sean testigos de nuestro matrimonio y que lo celebren con nosotros. No se preocupe -le dijo a Sakura cuando ella emitió un sonido de aprensión-. Se agarrarán a su cuello y llorarán lágrimas de gratitud, porque todos opinan que debería haberme casado hace unos años. Tengo tres tías abuelas a las que es especialmente difícil complacer.

-Entonces ¿por qué no se ha casado antes? -Sakura no pudo reprimir la pregunta.

La miraba con el ceño fruncido, y ella recordó la primera vez que lo había visto. Una vez más, la estaba observando con arrogancia, y a ella la estaba molestando.

-Hasta ahora no había sido necesario -dijo él secamente.

-¿Necesario? -Sakura no daba crédito-. La gente no se casa porque sea necesario. Se casan porque se quieren, y necesitan estar juntos.

-Ya me lo había contado Sai -respondió él.

-¿Está diciendo que el amor no es importante? -no sabía por qué continuaba con aquella conversación.

-Para mí, el matrimonio es algo más que el deseo sexual -la informó él con altanería-. Tiene que ver con compartir objetivos e ideales, educación y creencias. Tiene que basarse en algo que durará toda la vida, y no se desvanecerá cuando se sacie la lujuria. En mi opinión, demasiada gente confunde el deseo con el amor.

Aquel desprecio irónico que tenía por el amor advirtió a Sakura del destino que la esperaba si él llegaba a enterarse de sus sentimientos. Pero antes de que pudiera contenerse, explotó:

-¡No estoy de acuerdo con usted! Yo creo que el amor es más importante que cualquier otra cosa, y siempre lo creeré. Me horrorizaría pensar que no es vital. Pero me imagino que alguien como usted...

-¿A qué se refiere cuando dice «alguien como yo»? -le preguntó al instante. No le había gustado nada su crítica, pero le gustó aún menos la fiereza con la que había reaccionado ante esa crítica.

Sakura se asustó un poco con su salida de tono. Intentó aplacarlo:

-Es evidente que un hombre como usted, con su posición, con una familia tan antigua, tiene otra idea del matrimonio. Supongo que está más acostumbrado a los matrimonios de conveniencia, por posición y riqueza, que por amor. Creo que son valores diferentes.

Por la forma en que hablaba y lo miraba, Sasuke pensó que ella consideraba sus valores mucho más elevados que los de él. Le enfureció aquel pensamiento y estuvo a punto de decirle que el matrimonio de sus padres había sido de cuento de hadas, pero en vez de eso buscó otros medios de vengarse.

-Por supuesto que lo son -convino suavemente-. Y según tengo entendido, sus valores, a diferencia de los míos, son muy modernos.

Sakura frunció el ceño sin comprender a qué se refería.

-¿Qué quiere decir?

Él la atravesó con la mirada.

-Como usted bien ha dicho, pertenecemos a dos culturas diferentes, y yo sé que, aunque se compromete completamente con su trabajo y con los pequeños a los que cuida, sus valores morales dejan mucho que desear.

-¿A qué se refiere? -lo interrumpió Sakura agresivamente.

Sasuke desvió la mirada y le dijo:

-Sé que tuvo una aventura con su jefe anterior.

Sakura se quedó sin habla. ¿De qué estaba hablando?

Ella jamás tendría una aventura con un hombre casado, ni con un hombre que estuviera unido de cualquier forma con otra persona. Solo pensarlo hacía que se le revolviera el estómago.

-Yo le había escrito una carta a su esposa para pedirle referencias, y ella me contestó y lo mencionó. Decía que usted era la mejor niñera que había tenido, pero que su marido había confesado que se había acostado con usted. También insinuaba que podría haber ocurrido con otros de los maridos de sus jefas.

Sakura siempre había tenido la sospecha de que Anko Mitarashi tenía un resentimiento irracional contra ella por el hecho de que hubiera logrado estar más cerca de sus hijos que ella misma. Pero no se esperaba algo así.

Recordaba perfectamente el día en que había hablado con Anko para decirle que no iba a ir a Nueva York con ellos porque había decidido cambiar de trabajo. La misma Anko había sacado el tema de su marido, Izumo, y le había preguntado directamente si él era la razón por la que se despedía. Ella admitió que estaba cada vez más incómoda porque Izumo había tomado una actitud muy posesiva y hacía constantes referencias a su frustrante vida sexual. Anko acabó pidiéndole disculpas y Sakura se lo agradeció sinceramente.

¿Cómo podía haberle hecho aquello? Se sentía humillada y dolida al darse cuenta de cuál era la ver dadera opinión que tenía Sasuke sobre ella. Cuando, finalmente pudo hablar, todo lo que pudo decir fue:

-¿Cree algo así de mí, y sin embargo quiere que nos casemos?

Sasuke entrecerró los ojos y la observó fijamente. Su reacción no era la que él había esperado. No hizo ningún intento por explicar ni negar la acusación, pero la mirada dura que le lanzó lo sorprendió.

-Imaku es mi preocupación principal -respondió Sasuke con frialdad-. Y en lo que respecta a nuestro matrimonio, es simplemente de conveniencia. Si estuviera buscando realmente una esposa...

-¿Nunca me elegiría a mí? Yo tampoco me casaría con usted -le mintió-. Cuando me case de verdad, quiero que sea alguien sin el cual no pueda vivir, en quien crea y a quien adore, y que él sienta lo mismo por mí-le dijo apasionadamente.

Lo que acababa de confesarle le había hecho mucho daño y se había defendido instintivamente. El juicio cínico y erróneo que había emitido sobre ella le confería un matiz muy diferente al hecho de que la hubiera besado. ¿Pensaba que ella era una mujer que se acostaba con cualquiera, incluso con hombres casados?

Supo que, de no haber sido por Imaku, habría reservado un billete para el primer vuelo a casa. Pero no podía hacerlo.

De repente, otra pregunta más se abrió paso en su mente. Tenía que formularla.

-Si usted pensaba eso de mí ¿por qué me contrató? -su voz sonó ronca.

Sasuke la observó detenidamente.

Tanto como para castigarla a ella, como para castigarse a sí mismo, le dijo;

-No fue para gozar de sus favores.

La furia con la que lo miró hizo que sintiera remordimientos. ¿Es que todas las mujeres eran buenas actrices por naturaleza?

-Al principio, usted era la mejor candidata de todas. Si hubiera recibido la carta de Anko Mitarashi antes de que hubiera empezado a trabajar para mí, y antes de que Imaku estuviera tan unida a usted, no la habría contratado, sin duda. Sin embargo, su predilección por los maridos de otras mujeres aquí no re presenta un problema, ya que yo no tengo esposa. Y para cuando Imaku necesite un modelo en quien fijarse...

-Yo ya no formaré parte de su vida -terminó Sakura con amargura. ¿En qué se había metido?

-Ahora -Sasuke continuó como si todo lo que había dicho no tuviera ninguna importancia-, volvamos al asunto que teníamos entre manos. Por supuesto, tendrá que ir a Milán para elegir un diseñador que confeccione su traje de novia y los de sus damas de honor. Creo que mi joven amiga, la ladrona de coches, será una de ellas, y ha dicho que no quiere ir de rosa.

Sakura lo miró fijamente. ¿Cómo era posible que se permitiera hacer bromas después de lo que acababa de decir? Si necesitaba pruebas de que no tenía ningún interés personal en ella, le había proporcionado una. Y además, saber aquello le había dolido mucho más que enterarse de que él pensaba que era el tipo de mujer que se acostaba con cualquiera.

-Estoy segura de que puedo encontrar un traje de confección sencillo -le contestó sin ningún ánimo-. Como bien ha dicho, nuestro matrimonio es de conveniencia. Nosotros no nos queremos.

-Pero sigue siendo una celebración, y para nuestras familias, es algo real. No tengo intención de defraudarlos.

Afortunadamente, antes de que la conversación pudiera continuar, Imaku se despertó y empezó a llorar.

-Shizune me ha dicho que Shion se ha ido -Sakura intentó que no le temblara la voz mientras tomaba a la niña de los brazos de Sasuke, poniendo especial cuidado en no rozarle. Después de lo que le había dicho, no debía permitir que él supiera lo que sentía.

Acunó a la niña con ternura hasta que dejó de llorar.

-Sí, se ha ido.

-¿Cree que todavía quiere llevarse a la niña? -Sakura se estremeció de aprensión.

-No importa lo que quiera si estamos casados. Eso garantizará que Imaku permanezca donde tiene que estar, aquí, con la gente que la quiere -respondió Sasuke con firmeza- Y ahora tenemos que hablar de otras cosas. Por supuesto, tenemos que organizar una cena para recibir a la familia antes de la boda. Y hay otra tradición familiar: cuando uno de los herederos de la familia se casa, se ofrece una fiesta para los trabajadores, pero yo me ocuparé de todo eso. He invitado a toda su familia para que venga una semana antes de la boda; en ese tiempo. la pequeña ladrona de Ferraris tendrá tiempo para arreglar el asunto de su traje. Por descontado, su hermana será la dama de honor principal. Mis tías son muy tradicionales, así que tenemos que dormir en habitaciones separadas hasta que nos casemos, así que en ese sentido no tendremos que pasarlo mal. Pero sí que tendremos que hacer alguna demostración pública de cariño.

-¡No! -se quedó blanca como el papel-. No. No voy a hacer eso.

La intensidad de su negativa hizo que a Sasuke le brillasen los ojos de ira.

-Está exagerando la cuestión. Después de todo, no es nada que no haya hecho muchas veces antes, y en una intimidad mayor.

Era más de lo que Sakura podía soportar, e intentó vengarse ciegamente.

-Aquellas otras veces era diferente, porque no tenía que fingir nada. Lo deseaba... Los deseaba -se corrigió, al ver que le brillaban aún más los ojos.

Dio un pequeño grito de miedo cuando Sasuke la atrajo hacia sí con fuerza y atrapó sus labios en un beso salvaje. Aunque Sakura no tenía experiencia, sabía que era un error desafiar sexualmente a un hombre, y todavía más peligroso insinuar que era inferior a otros en ese terreno. Por esa razón, indudablemente, Sasuke la estaba besando de aquella manera, obligándola a separar los labios para que su lengua se hundiera profundamente en su boca, haciendo que su cuerpo temblara de deseo.

Aquel era el beso que un hombre daría a una mujer que supiera lo que era el sexo, un beso que anticipaba un goce sensual inimaginable.

Notó que le acariciaba el pecho sin rodeos, tomando el pezón entre las puntas de los dedos y haciendo que ansiara frenéticamente ir más allá. Sakura supo que iba a odiarse por sentirse de aquella forma, pero no tenía la experiencia necesaria para defenderse del erotismo que desprendían sus caricias. Sin poder evitarlo, se apoyó en Sasuke y acarició su mandíbula, demostrándole que necesitaba que el beso se prolongara. Pero en cuanto lo hizo, él la apartó, agarró sus muñecas para separarla de él y le dijo:

-Ahora dime que estabas fingiendo.

Sakura no fue capaz de decir nada. No podía disimular la vergüenza que sentía.

-No podremos hacerlo -susurró, angustiada.

-No podemos permitirnos el lujo de no hacerlo -la corrigió Sasuke con dureza-. Es demasiado tarde para que cambies de opinión.

Su propio comportamiento le había asombrado. ¡Había actuado como un amante celoso!


Elaine Haruno de Uchiha