Disclaimer: Ni yo ni CatlynGunn poseemos los derechos de Invader Zim. Sin ánimos de lucro.

Fic original de CatlynGunn~


PARTE PRIMERA DE LA SERIE INTERESTELAR

POLARIS

Capítulo 10

Mientras firmaban el papeleo inicial, introdujeron apropiadamente a Dib y Zim al resto de la tripulación. Dib, por supuesto, era educado y estaba atento, muy interesado en aprender todo lo que no sabía ya de todas esas especies. Zim, por el otro lado, meramente asentía aquí y allá, apenas prestando atención.

El alien con la piel púrpura suave se llamaba Matsuri, y era de un planeta llamado Icthys. Era la Jefa que gestionaba las Comunicaciones más importantes del Equipo Nébula y tenía fluidez en más de veinte idiomas diferentes. Dib estaba extremadamente impresionado. El único otro idioma que sabía hablar era el español, y ese obviamente no iba a ayudarle allí.

Krugg era de Galadon, un planeta enorme que había sido parte de la Alianza Galáctica por años. No era sólo el copiloto de Nazo, sino que además era el Líder Experto en Armas. Dib ya podía decir que no le gustaba demasiado Zim, basado en las miradas ingratas. Una vez más, que el pequeño cabrón verde le cayera bien a alguien no era exactamente algo que pasara con facilidad.

La piloto, Yara, había nacido en el planeta Argyros, un planeta de fuera de la Alianza Galáctica. Sin embargo, su familia huyó durante una guerra civil cuando era muy pequeña. La aceptaron en una de las academias militares a una temprana edad, que fue donde el Equipo Nébula la reclutó después de verla volar una de las naves del campus.

E.J., cuyo nombre real era tan largo que Dib podía hasta entender porque decidió quedarse con dos letras, era uno de los miembros más antiguos. Había servido al anterior capitán del Equipo Nébula, y había hecho algunos comentarios en broma sobre cómo Dek había insistido en usar al Nazo cuando ocupó el puesto. Dek no se veía demasiado irritado, meramente rodando los ojos.

Dib también supo que E.J. y Yara eran pareja oficial, y que habían estado juntos por unos cuantos años ya. Su cejo se frunció cuando vio a Midge, recordando el Orok alrededor de su cuello. Podía de alguna manera adivinar que estaba con Dek, pero no quería hacer suposiciones. Sin embargo, estaba más fascinado por el hecho de que en un periodo tan corto de tiempo había conocido a dos parejas de especies distintas. No podía evitar preguntarse si sería algo común allí en el espacio.

Una vez terminaron de firmar todo, Midge los llevó a un tour real de la nave. Mientras lo hacía, empezó a contarles cosas sobre su pasado –su vida en Lazuroth, cómo había ayudado en una sublevación fallida, conociendo a Dek y después yéndose con él. Dib encontró su historia fascinante. Zim, por el otro lado, meramente dirigía su atención a cualquier otro lado, no pareciendo muy interesado.

-¿Alguna vez piensas en volver? –Preguntó Dib mientras caminaban hasta su siguiente parada.

Midge se encogió de hombros.

-Quizás algún día –dijo mientras entraba a una sala con muchos ordenadores-. Pero ahora mismo, es que hay demasiadas cosas que hacer.

En ese momento, Dek entró en la habitación, llamando la atención de los otros tres.

-Tenemos todos los papeles en orden –les dijo Dek, antes de que sus ojos se posaran en Dib-. Todo lo que queda es llamar a tu familia.

Dib retrocedió ante eso. No podía evitar pensar en la reacción de Gaz, o incluso en lo que le diría a su padre.

-Eh… ¿tengo qué? –Preguntó solo medio-bromeando.

Dek encogió sus hombros.

-No te obligaré. Sólo me imaginé que querrías.

Dib consideró la situación unos instantes. Sabía que cuanto más tiempo dejara a Gaz sin saber nada, peor sería su destino la próxima vez que la viera. Y en cuanto a su padre, bueno, todavía no estaba demasiado seguro de qué hacer, por ahora.

-De acuerdo –dijo con simpleza.

Dek asintió y se giró hacia Midge.

-¿Te importaría llevar a Zim al laboratorio para que nos preparemos?

-¿Eh? –Gruñó Zim- ¿De qué hablas?

-Tu rastreador –explicó Midge-. Necesitamos desactivarlo antes de llegar a Polaris.

Dib alzó una ceja.

-¿Qué es Polaris?

-Es la estación espacial a la que nos dirigimos –respondió Dek-. El Nazo tiene un codificador que bloquea la frecuencia de los rastreadores, pero una Estación Espacial Intergaláctica es demasiado grande para una cosa así.

Midge asintió.

-Así que, Dek va a hackear ahí dentro y apagarlo –dijo son una sonrisa.

Zim frunció el ceño en su dirección.

-Sois conscientes de que una vez accedáis a mi rastreador tendréis tres minutos para desactivarlo antes de que mi PAK se autodestruya, ¿verdad?

Eso hizo que Dib mirara boquiabierto a Midge y a Dek. Estaba muy molesto porque no parecieran preocupados.

-¿¡Qué!? –Jadeó.

-Dek ya lo ha hecho un par de veces antes –les dijo Midge-. No os preocupéis.

Aun así Dib no podía evitar sentirse algo inquieto.

Una vez Midge logró arrastrar a Zim fuera de la habitación, Dib y Dek se miraron el uno al otro. Dib lo admitía, se sentía algo avergonzado teniendo al híbrido allí. No se habían comunicado mucho cuando estuvieron en la Tierra, así que no se sentía tan cómodo con el como con Midge.

-Eh… ¿tienes qué… estar aquí?

Dek se encogió de hombros.

-Si quieres que me vaya, puedo irme –declaró-. Simplemente asumí que me quedaría en caso de que necesitaras explicar algo. Sé que hay mucho que contar.

Dib asintió. Ahora que pensaba en ello apreciaba la idea. Explicarle las cosas a su hermana no sería un gran problema. Sin embargo su padre…

Dek se quedó detrás mientras Dib tomaba asiento en una de las estaciones de comunicación. Era capaz de establecer una línea con el ordenador de Gaz muy fácilmente. Sinceramente esperaba no estar interrumpiendo una partida. Eso no presagiaría nada bueno.

En cuestión de segundos la imagen de Gaz apareció en la pantalla, frunciendo el ceño con dureza.

-¿Dónde has estado? –Preguntó de manera amenazante.

Bueno, por el lado bueno, por ahora no sonaba enfadada.

-Eh… es una especie de larga historia –replicó, frotándose la nuca.

Gaz suspiró y apretó la mandíbula.

-Empieza a hablar.

Dib obedeció, contándole a Gaz todo lo que había ocurrido desde coger la nave de Tak para seguir a Midge la noche antes, todo el camino hasta lo que sabía del Equipo Nébula. Cuando terminó, Gaz reiteró:

-Así que, déjame aclarar esto. Midge es en verdad una alienígena, estás a años luz de la Tierra, tú y Zim os habéis unido a unas raras Fuerzas Especiales secretas de aliens, que están ahora mismo ayudando a un grupo de la resistencia a ir en contra del Imperio Irken. ¿Me olvido de algo?

Dib se encogió de hombros.

-¿Quizás la parte que habla de cómo aparentemente la misión de Zim había sido una mentira todo este tiempo? Pero, ya sabes, detalles.

Gaz resopló y sacudió la cabeza.

-Ya sabes, te diría que estoy sorprendida, pero no lo estoy –dijo-. ¿Por qué se unió Zim, de todos modos? Quiero decir, pillo que sus líderes fueran unos cabrones con él pero aún así…

-Creo que de alguna manera lo incité a unirse –respondió Dib, aunque honestamente no estaba realmente seguro.

La expresión de Gaz se convirtió en muy divertida.

-Eso tampoco me sorprende –se colocó un mechón rebelde de su largo pelo púrpura tras la oreja-. Así que… ¿Qué vas a decirle a papá?

Dib se tensó.

-Yo, eh, no había pensado en ello…

-¿Ese es Dib? –llamó la voz del Profesor Membrana. Dib podía ver en la pantalla asomando la cabeza por la puerta del cuarto de Gaz.

Los hermanos intercambiaron miradas, Dib intentando suplicar a su hermana silenciosamente. Pero sabía que no serviría para nada cuando su padre entró en la habitación.

-¡Hijo! ¿Dónde has estado? ¡Nos diste un buen susto cuando no pudimos encontrarte esta mañana!

Dib abrió y cerró la boca varias veces, intentando pensar en cómo lidiar con esto. Podría intentar elaborar alguna mentira, pero honestamente no confiaba en poder hacerlo. Lo que sí podía admitir, era que apestaba cuando mentía. Sin embargo, la verdad sólo llevaría a Dib a estar enfadado y frustrado, porque sin importar lo que pasara su padre simplemente estaba tan ciego.

-¿Profesor Membrana? –dijo Dek de repente, colocando una silla junto a Dib. Dib abrió mucho los ojos, mirando a Dek y a su padre.

¿Qué estaba haciendo Dek?

-Mi nombre es Capitán Dek. ¿Cómo le va hoy?

Parecía que el Profesor Membrana no emitía reacción alguna.

-Erm… estoy bien –respondió-. ¿Puedo preguntarle de qué conoce a mi hijo?

-Curioso que lo pregunte –dijo Dek-. Pertenezco a una organización que se conoce como Equipo Nébula. Ahora bien, normalmente, no se supone que vaya revelando este tipo de información, pero veo que esto son circunstancias especiales.

Colocó una mano en el hombro de Dib.

-Tiene un hijo tremendo, Profesor. Espero que sepa eso.

-Oh, um, gracias –replicó el Profesor Membrana. Sus ojos se entrecerraron ligeramente-. Lamento preguntar, pero ¿por casualidad conoces al amigo de Dib, Zim? Tiene una condición de piel similar a la tuya.

Dek entornó un ojo y sus antenas sufrieron una sacudida. Dib miró como el híbrido sacaba un cuchillo de su bolsillo.

-Nos conocemos –dijo Dek rápidamente-. Pero no se preocupe por él. Estamos hablando de Dib –le sonrió a Dib-. Venga. Dile qué ocurre aquí.

Dib se quedó mirando fijamente a Dek por un instante, asimilando la expresión segura del híbrido. Obviamente, tenía un plan. Después de vacilar un poco, Dib encontró su convicción. O, incluso más, encontró la convicción del Dib de once años.

-Papá –dijo con valentía-, me uní a una organización alienígena secreta que está ayudando a una resistencia clandestina a enfrentarse a un Imperio alienígena gigante.

Fue tan repentino el silencio tras aquello que uno podía oír un alfiler caer a kilómetros de distancia. Pareció que duraba para siempre. Dib sintió a su corazón golpeando erráticamente y a su estómago girando, mientras se preguntaba si debería haber mantenido la boca cerrada.

Finalmente, el Profesor Membrana reaccionó, pellizcándose el puente de la nariz y sacudiendo la cabeza-.

-Y yo aquí pensando que habíamos pasado por todo esto –dijo, decepción tiñendo sus palabras-. Mi pobre y demente-,

No llegó a terminar al mismo tiempo que Dek usaba el cuchillo de su mano para causar una raja por su brazo. Dib jadeó, mirando cómo la sangre púrpura oscura fluía de la herida. Miró de vuelta a su padre, encontrando al hombre viéndose bastante estupefacto.

-Recuérdemelo de nuevo –dijo Dek, dándole al Profesor una mirada incisiva-, ¿de qué color es la sangre humana?

El Profesor Membrana seguía pareciendo impactado.

-Es… roja… -dijo.

Dek entrecerró los ojos.

-Ja. Interesante.

Se arrancó una parte de su camisa y se envolvió la herida.

-La mía es púrpura y la de Zim es verde. Qué curioso.

El Profesor Membrana simplemente se quedó allí mirando unos instantes antes de lentamente poner una cara estrictamente seria. Sin ninguna otra palabra, el hombre dejó la habitación de Gaz, dejándola a ella, a Dib y a Dek intercambiando miradas.

-Creo que lo habéis roto –mencionó Gaz, sonando divertida.

Dek se encogió de hombros mientras limpiaba su cuchillo y lo volvió a poner en su bolsillo.

-Midge mencionó que era un individuo con una mente muy cerrada –explicó-. Usé medidas extremas.

-¿Tú crees? –Preguntó Dib, todavía en shock por lo que Dek acaba de haber.

-Sólo no le digas a Midge sobre esto –dijo Dek. Miró de vuelta a Gaz-. Ha sido un placer conocerte, por cierto.

Gaz elevó una ceja, mirando a Dek de arriba abajo.

-¿Te vas a asegurar de que mi hermano no muera?

Dek titubeó.

-Er…

-Porque si muere te tomaré como el principal responsable –le dijo con tono amenazante.

-Gaz, no será su culpa si muero –interrumpió Dib-. No voy a morir.

-Más te vale que no –agregó Gaz de forma amenazante-. Porque si mueres, desenterraré tu viejo Grimorio y te resucitaré y te usaré como un perrito guardián.

Dib hizo una mueca. Gaz sabía que odiaba la idea de ser un zombi.

-Ni siquiera sabes dónde enterré esa cosa.

-Bajo el sicomoro del patio de nuestra vieja eskuela –respondió sin dudar Gaz-. Enterrado a unos buenos cinco pies en una caja fuerte metálica. La combinación es trece, tres, uno.

Dib estaba con la boca abierta.

-¿¡Cómo sabes todo eso!?

-Porque si hay algo que tú y yo tengamos en común, es nuestro amor por el fisgoneo –le contó Gaz con una sonrisa.

-Gaz-,

-Debo irme, Dib. ¡Dile a Zim que se asegure de traer de vuelta tu cuerpo!

Y entonces la comunicación se cortó.

Dib suspiró, encontrándose la mirada de Dek de nuevo. El híbrido tenía una mirada indecisa en el rostro.

-Tu hermana es un personaje interesante –le dijo.

Dib le dedicó una mirada solidaria.

-Está bien. Sé que es terrorífica.

Dek frunció el ceño.

-No me asusta tu hermana.

-Dek, a todo el mundo le asusta mi hermana.

Dek soltó una burla sin palabras que a Dib le recordó a Zim. Se preguntó si sería simplemente algo de Irkens. Mientras se levantaban de la consola, Dib se frotó la nuca.

-Em… gracias por ayudarme con mi padre.

-No es problema –replicó Dek-. ¿Ha sido siempre así?

Dib asintió.

-Desafortunadamente –murmuró amargamente-. O está diciéndome que estoy loco o está dándome la lata para que me una a su empresa. Siempre es sobre lo que él quiere. No lo que yo quiero.

Dib pudo sentir la mirada de Dek en su persona, y miró hacia arriba para encontrarse con el híbrido estudiándole intensamente. Dek le dirigió una mirada de empatía.

-Es una pena que tu padre no vea más allá de vuestros distintos intereses –le dijo-. Mi padre murió cuando yo era muy joven, pero aun así nunca trató de presionarme para que hiciera nada.

Dib cruzó sus brazos alrededor de su pecho.

-Tienes suerte –espetó. Cuando se dio cuenta de cómo podía haber sonado eso, se retractó-. Quiero decir… no estoy diciendo que-,

Dek movió su mano desdeñosamente.

-Está bien. Entiendo que quisiste decir –le apaciguó-. Por cierto, ¿qué es un Grimorio?

Dib rió.

-Te diré todo sobre eso.

Dek dejó que Dib conversara hasta que encontraron el laboratorio, viendo a Midge pulsando un botón o dos en una consola que estaba contra la pared de atrás. Zim estaba sentado un par de pasos más allá, con un grueso cable negro ya unido al interior de su PAK. Había un par de los asistentes de Milgor sentados en una mesa pequeña de laboratorio por la habitación, trabajando en algún otro experimento.

-Bueno, ya era hora –dijo Zim impacientemente, fulminando con la mirada a Dek y a Dib-. ¡Midge y yo llevamos esperando LA ETERNIDAD! ¡Hablas mucho, Dib-peste!

Dib le mandó una mirada punzante.

-Sí, porque tú eres tan callado –le dijo pronunciando lentamente.

-¡Callaré tu cara! –retrucó Zim.

-¿¡Qué significa eso si quiera!? –Dijo Dib frustrado.

-Ya está, vosotros dos –anunció Dek con un tono autoritario. Se acercó a la consola y se posicionó junto a Midge-. Parece que todo está en orden.

-¿Qué le pasó a tu brazo? –Preguntó Midge con desconfianza, mirando fijamente donde su corte estaba vendado. La venda mostraba un poco de púrpura filtrándose por la tela.

Dek le restó importancia.

-No es nada.

Midge frunció el ceño y miró a Dib.

-¿Qué le pasó a su brazo?

-No es importante –insistió Dek-. Ahora concéntrate, Cuppari.

Midge hizo una mueca muy similar a un puchero, pero no discutió más. Dib se tomó un instante para observarlo todo. Podía ver que el PAK de Zim estaba abierto, revelando un servidor complejo con cientos de minúsculas luces brillando. El cable negro estaba conectado a uno de los muchos puertos que alcanzaba a ver.

-Esto es increíble –dijo Dib en admiración.

-Por supuesto que lo es –presumió Zim-. La tecnología Irken es la más avanzada en el universo.

Dib rodó los ojos, continuando el estudio del interior del PAK de Zim. Entonces miró a la pantalla, encontrando a Dek manejando una ventana con un manojo de símbolos Irken.

-Así que, ¿cómo va a funcionar esto? –preguntó curioso.

-Midge va a presionar esos tres botones –explicó Dek-. Una vez hagamos eso el temporizador comenzará. Ahora, normalmente, el personal de mantenimiento de Irk pondría una serie de contraseñas para llegar hasta el rastreador. Ya que no tenemos esas contraseñas, tendré que encontrar una manera dando vueltas a los bloqueos antes de que el tiempo llegue a cero.

Se tomó un momento para tronarse los nudillos.

-No debería ser muy difícil –observó-. Las dos últimas veces incluso batí la mitad de tiempo.

Zim entrecerró un ojo.

-¿A quién pertenecen los rastreadores desactivados?

-A un par de Irkens que se unieron a la Resisty –respondió Dek-. Quizás les conozcas. ¿Tenn y Skoodge?

Los ojos de Zim se abrieron de par en par.

-¿¡Se unieron a la Resisty?

-Sip.

-¿Así que nunca llegasteis a desactivar el rastreador de Tak? –Preguntó Dib curioso.

-Nunca llegó tan lejos –respondió Midge con el ceño fruncido-. La trajimos con nosotros porque sabía cosas sobre la Tierra y sobre vosotros dos. Pero siempre pensé que sonaba un poco demasiado entusiasta.

Dib rodó los ojos.

-Bueno, probablemente no hubiera importado de todos modos. Ella lo hubiera reactivado el minuto en el que hubiera retornado a Irk. Pero, por suerte, nunca llegó a Polaris.

-¿Por qué? –Preguntó Dib- ¿Qué hay en Polaris?

-El cuartel general del Equipo Nébula –replicó Midge-. Bueno, lo que usamos por cuartel general, de todos modos. La estación espacial tiene la Academia Polaris, una de las escuelas militares más prestigiosas de todo el universo conocido. Todos nosotros en verdad somos también personal de allí.

-Vosotros dos, sin embardo, os uniréis al Programa de Entrenamiento Acelerado durante vuestro periodo de prueba –añadió Dek-. Pero hablaremos de eso más tarde.

Miró hacia Midge.

-¿Lista?

-Como nunca –dijo indecisa. Les echó un vistazo a los asistentes de Milgor, quienes habían dejado de hacer lo que estaban haciendo para mirar fijamente-. Mejor disfrutar del show, ¿eh?

Los científicos salieron corriendo de la sala.

-Cobardes –gruñó Zim.

-No sé qué es lo que creen que conseguirán –añadió Midge-. Si esto se va a pique toda la nave está jodida.

Dib sintió a su estómago desplomarse ante eso, sintiéndose de pronto nervioso. Se fijó en cómo Dek le dedicaba a Midge una mirada significativa.

-Tu confianza es asombrosa –arrastró las palabras el híbrido.

Midge abrió la boca para responder sólo para ser interrumpida cuando Gir apareció de repente de debajo de la consola para bailar y vitorear.

-¡Hippie, Hippie, él es nuestro hombre! ¡Si no puede hacerlo TODOS VAMOS A MORIR!

Los cuatro miraron al pequeño robot. Después de un instante, Midge miró a Dek.

-Ahí está tu voto de confianza.

-¿Dónde has estado, de todos modos? –Exigió saber Zim a Gir.

-Oh, E.J. se tomó la libertad de arreglarlo un poquito –explicó Midge mientras veían a Gir bailando la Macarena-. Sólo un par de actualizaciones. Ya que es una unidad SIR con fallos técnicos, no tuvimos que preocuparnos porque estuviera conectado a Irk.

Zim frunció el ceño.

-Quizás hubiera sido mejor que lo hubierais desactivado.

-No me tientes –se quejó Dek.

Midge le dio un empujón.

-No –insistió, girándose hacia Zim-. Es tu unidad SIR. Además, E.J. solo jugueteó con algunas de sus cosas… ordenarias. Aunque, su personalidad es hilarante.

Dek sacudió su cabeza.

-Receptores de órdenes –le dijo exasperado-. ¿En serio no te he enseñado nada?

-Soy doctora, no ingeniera –replicó Midge con una sonrisa de suficiencia.

-Oh dios mío, Midge –dijo Dib, cubriendo su rostro con una de sus manos, incluso mientras fallaba en su intento de no sonreír.

Gir pasaba por encima del cable que conectaba el PAK de Zim a la consola.

-¡Amo hay una serpiente en tu bota!

-¡No la toques, Gir! –Ordenó Zim.

De inmediato, Gir retrajo su mano y saltó atendiendo completamente.

-¡Sí, señor!

Zim parpadeó. Dib parpadeó. Dek rodó los ojos. Midge se veía como si estuviera intentando no reír.

Zim entornó un ojo.

-¡GIR! ¡Modo suspensión!

-¡Okie dokie! –Respondió Gir. Entonces calló al suelo y se acurrucó de lado antes de caer dormido. Incluso hacía pequeños sonidos de ronquidos. Zim miró a Midge y le dedicó una mirada a regañadientes.

-Le dejaré saber a E.J. que le das las gracias –dijo ella burlonamente.

Dek suspiró duramente.

-¿Podemos ponernos con esto, por favor?

Midge rodó sus ojos, pero volvió a su posición anterior. Ella y Dek compartieron una mirada antes de que el híbrido asintiera. Inmediatamente Midge pulsó los tres botones que habían indicado antes. Dib observó mientras el PAK de Zim se iluminaba en rojo, y la pantalla dejaba ver un mensaje Irken parpadeante una y otra vez.

Accediendo a Rastreador. Tres minutos antes de detonación.

Dek inmediatamente se puso a trabajar, sus dedos tecleando rápidamente sobre el teclado. Sus ojos esmeralda estaban entrecerrados en pura concentración. Dib estaba encantado de haber insistido obsesivamente en aprender el idioma Irken. Sino, no sería capaz de seguirle el ritmo a lo que estaba ocurriendo. Miraba como Dek daba un rodeo a un bloqueo tras otro, encontrándose bastante impresionado.

Entonces, el mensaje de la pantalla empezó a parpadear más rápidamente, y el PAK de Zim empezó a hacer un sonido estridente de pitidos.

-Mierda –siseó Dek.

Inmediatamente, Zim entró en pánico.

-¿¡Qué es eso!?

-Eso significa que ya estamos en la mitad del tiempo –explicó Midge. De repente parecía muy preocupada-. Dek, ¿qué está pasando?

-Nunca he visto esta clase de corrupción –dijo Dek, sonando frustrado-. No consigo descifrarlo.

-¿¡Qué!? –Chilló Zim.

-No hay que entrar en pánico –dijo Midge, aunque un toque de miedo se abrió paso por su tono. Dib la escuchó murmurar con claridad-. Aún.

Los ojos de Dib volaron por la habitación, intentando analizar la situación. Sin ningún otro pensamiento, dio un paso adelante.

-Déjame –dijo, empujando a Dek fuera del camino.

La boca de Dek se convirtió en una línea recta pero no dijo nada contra la petición de Dib. Los dedos de Dib empezaron a volar en los botones a la rapidez del relámpago, pasando los bloqueos a un radio mucho más rápido. La corrupción de la que hablaba Dek definitivamente era un bache, pero con una elección de palabras en código, fue fácilmente frustrada.

-¡Veinticinco segundos! –Gritó Midge.

El estómago de Dib se contrajo y podía sentir el sudor formándose en su frente. Su respirar era apresurado. Un pequeño temblor de pánico entró en erupción por un único segundo, diciéndole que no lo conseguiría.

Le dijo a ese pensamiento que se fuera al infierno.

-¡Si estallo por tu culpa, Dib, juro que te atormentaré en el más allá! –Gritó Zim.

-¡No ayudas, lagartija! –espetó Dib.

-Diez segundos –observó Dek en voz alta.

Por favor sé el último, suplicó Dib mentalmente.

-Tres.

Vamos. Vamos.

-Dos.

¿Deseas desactivar este rastreador?

-¡Y tanto que sí! –Gritó Dib, pulsando el botón apropiado para hacer justo eso.

Rastreador satisfactoriamente desactivado.

La alarma del PAK de Zim se detuvo, dejando al laboratorio extremadamente silencioso. Dib tomó una gran bocanada de aire y la dejó salir, echándole un vistazo a Midge y a Dek. Los ojos de ambos estaban abiertos de la conmoción, pero también llenos de orgullo. Dib no pudo evitar el sentir a su pecho aumentar de emoción. Esa no era una mirada que conseguía ver muy a menudo.

-Eso –dijo Midge, acercándose y desconectando a Zim de la consola-, fue impresionante.

-Diré que –añadió Dek-, eres aún mejor de lo que pensábamos.

Dib se frotó la nuca.

-Gracias.

-No dejes que te llegue a tu gigantesca cabeza, Dib-peste –le dijo Zim mientras Midge cerraba su PAK-. Se va a necesitar mucho más que tus poderes de cerebro-hackeador para derrocar a los Cerebros de Control.

Le dio un golpecito en la cabeza a Dib para enfatizar.

Dib rodó los ojos y le golpeó la mano lejos-

-Venga. Admítelo. Estás un poco impresionado.

-¡Zim no admite NADA!

Sim embargo, Dib no perdió de vista el brillo de orgullo de los ojos de Zim, ni la pequeña curva de sus labios.

Dek estiró la mano y le dio una palmada a Dib en el hombro con una pequeña sonrisa.

-Buen trabajo, Membrana –le dijo con orgullo.

Dib sonrió de vuelta, aún no acostumbrado a los elogios. Entonces Dek se giró hacia Zim.

-Y felicidades, Zim. Oficialmente has cortado tus ataduras con Irk.

La expresión de Zim era difícil de leer mientras miraba fijamente a la pantalla, su boca vuelta una línea fina. Dib resistió el ansia de acercarse a él, suponiendo que cualquier clase de confort que estuviera dispuesto a ofrecer probablemente no sería demasiado apreciado ahora mismo. No obstante, Dib se preguntó qué debía estar sintiendo Zim. Quizás antes había la más pequeña probabilidad de que pudiera haberse redimido ante sus líderes, pero ahora ese puente tambaleante había sido diezmado.

Por el otro lado, Zim lo había destrozado por su cuenta. Nadie le había forzado a hacerlo, lo había hecho tan voluntariamente, por una razón u otra. Dib todavía no estaba del todo seguro de qué estaba motivando a Zim para hacer todo eso, pero se preguntaba de verdad si valía la pena preguntarlo. Recordaba cómo fue cuando le preguntó sobre su misión. El Irken era incorregible cuando no quería divulgar información.

-Vamos, Dek –dijo Midge, tirando del híbrido por su brazo herido-. Nos vamos al compartimento médico.

Dek frunció el ceño.

-Te lo dije, estoy bien.

-Nos vamos al compartimento médico –repitió Midge más insistentemente. Miró a Dib y a Zim-. La cena debería estar lista pronto. Os veo allí.

Mientras Midge y Dek dejaban la habitación, el estómago de Dib soltó un altamente ofensivo rugido. Sintió a sus mejillas colorearse.

-Cállate, estómago –se quejó.

-Tu estómago es insaciable, Dib-gusano –dijo Zim con una risita-. ¿Dónde si quiera pones toda las sustancias de los alimentos que comes?

Dib lo fulminó con la mirada.

-¡No como tanto!

-Sí. ¡Debe irse a tu gigantesca cabeza!

Dib gruñó, pero decidió no morder el anzuelo esa vez. Obviamente algo estaba molestando a Zim, y por alguna razón que Dib no podía comprender, quería ayudar de alguna manera.

-¿Debería tomar esa conducta molesta como una señal de que estás perfectamente bien?

-¿Eh? –Refunfuñó Zim, todavía mirando a la pantalla de vez en cuando- ¿De qué hablas? ¡Estoy maravillosamente!

Dib le miró fijamente, poniendo una expresión lo más incrédula que pudiera. Sabía que era completamente mentira. Esperó en silencio bastante tiempo, casi decidiendo dejar todo el tema. Entonces, Zim levantó sus manos un poco y miró hacia ellas. Flexionó sus dedos un par de veces.

-Me siento… indeciso –confesó lentamente Zim-. La libertad… es lo más cercano a lo que obtuve cuando me hice Invasor. Pero… incluso en ese entonces sólo debía hacer supuestamente lo que me ordenaban mis líderes.

Frunció el ceño severamente, sus manos cerrándose en puños.

-Ser desterrado… fui un paria para el Imperio, aun estando dentro de su control. Ahora, sin embargo… -hizo una pausa, mirando a la nada por un momento. Bajó sus manos con fuerza y miró hacia Dib con irritación-. ¡Esto es tú culpa! Me haces sentir repulsivo y… ¡SENTIMENTAL! ¡Deja de infectarme con tus sentimientos!

Dib suspiró. Bueno, no podía mucho. Rodó los ojos mientras decía:

-Ya sabes, no puedes culparme siempre por tus problemas.

-¡Por supuesto que puedo! –Retrucó Zim- ¡Eres mi cruz!

-Sí, ya, a la primera oportunidad que tenga te voy a tirar por la compuerta de aire (esclusa a presión) –refunfuñó Dib, saliendo del laboratorio.

Zim le pisaba los talones.

-¡No harás tal cosa!

-¿Quieres apostar? –retó Dib.

-No seas estúpido –desdeñó Zim-. Eres el que me convenció para que me quedara. Los dos sabemos cuánto me extrañarías.

Dib le miró con odio, su rostro ardiendo.

-¡No te extrañaré cuando te pegue en la cara!

-Está bien, Dib –continuó Zim con burla-. Sé que soy increíble, y estoy encantado porque hayas llegado a darte cuenta también.

Dib le dio un empujón al Irken como represalia.

-¡Eres tan molesto!

Zim le empujó de vuelta.

-¡Tu cara es molesta!

En cuestión de minutos ambos estaban peleándose en el suelo, completamente decididos a destrozar todo lo que pudieran del otro. Cuatro miembros de la tripulación, incluyendo a Krugg y a E.J. tuvieron que separarlos. Dib sufrió algunos moretones y muchos arañazos. Después de sentarse en el compartimento médico para que les atendieran las heridas, Zim y él se encontraron aguantando un sermón exasperado de Dek.

-¿En serio? –Gruñó Dek. Dib se dio cuenta de que ya tenía un vendaje en el brazo y que la herida estaba curada y cerrada-. ¿No podemos dejaros solos por cinco minutos?

-¡Él empezó! –Dijeron ambos al mismo tiempo. Se fulminaron con la mirada enfadados mutuamente.

-No me importa –dijo Dek severamente-. Sé que vosotros dos tenéis una historia dura, pero sois camaradas ahora. No podéis estar constantemente peleando a puños todo el tiempo. Especialmente una vez lleguemos a Polaris.

Dib siguió mirando a Zim mordazmente, lo que el Irken devolvía con entusiasmo. Honestamente no podía imaginarse el no pelear con Zim, especialmente ya que compartían una habitación.

Dek suspiró bruscamente.

-Mirad, vamos a hacer otro salto warp pronto, entonces sólo serán un par de días hasta que alcancemos Polaris. Sólo… intentad llevaros bien hasta entonces. ¿Lo pilláis?

Dib resistió las ganas de burlarse, queriendo discutir. Sin embargo, una parte de él sabía que Zim y él eran capaces de ser civilizados. Era solo cuestión de mantenerse civilizados. Gruñó. ¿Por qué no había querido que Zim viniera, de nuevo?

Sin embargo, queriendo evitar más confrontaciones de momento, Dib simplemente murmuró:

-Sí, señor.


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