SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.

Capítulo 04,
Una estrella caída del cielo.

Megamente estaba llevando una sesión de entrenamiento bastante mejor con la policía. Ya no lo molestaban y al parecer, estaban un poco cortados, porque un tipo con su físico hubiera realizado tales proezas heroicas.

Su puntería mejoraba, y los preparadores físicos estaban sorprendidos del ligero aumento en su masa muscular. Le recomendaron al menos veinte minutos de pesas diarias, y lo había estado haciendo a rajatabla, como también otros ejercicios, nuevos en su vida, pero que no les podía mencionar…

Repasaba con deleite la jornada anterior mientras estaba en las duchas. Todo habría sido perfecto si Roxanne no hubiera tenido aquél problema estomacal.
Nunca había sido tan golosa, ¿Porqué había comido tanto? Hoy temprano, a pesar de su sigilo, la había escuchado vomitando de nuevo.

Cuando sólo una toalla envolvía su codiciable y azul anatomía, sacó su celular del locker que le habían asignado y llamó al doctor, para consultarle su preocupación.

-Eh, entiendo, dijo Edile, le echaré un vistazo, pero también quiero pedirte un favor, sé que no es la gran cosa, pero me gustaría que me ayudaras a arreglar y mejorar un aparato…

-¿Y qué se supone que es? Dijo el alienígena, ya en el laboratorio. No podía dejar de mirar con amor e interés cuanta máquina se le ponía por delante. Recordaba con vergüenza cuanto lo había intrigado en su adolescencia un "Vendomático" hasta que robó uno y lo desarmó para ver como funcionaba… por fuera parecía casi mágico.

-Es un "ecógrafo". Para sacar ecografías. Son fotos producidas por el rebote de ondas en el interior del cuerpo humano, y traducidas a imagen en tres dimensiones.

-¿Y porqué está en desuso?

-El laboratorio se dividió en División de Investigación y Clínica de Fertilidad por separado, y en el proceso, dejaron tirado aquí este trasto, manifestó el científico.

-¡Vamos a llevarlo a la Guarida! Así los cerebots nos llevarán lo que necesitemos y tendremos todas la herramientas a mano.

Al llegar, vieron que Bernard, el literato, se encontraba de visita.
Servil lo había llamado, recordando la invitación que le hicieran, y recorría la Guarida de Megamente de cabo a rabo con sus enormes ojos más abiertos que nunca, su carácter taciturno le impedía al resto de la humanidad apreciar esta característica.
La biblioteca lo dejó sin aliento.

-¿De donde han sacado tantos libros?

-Comprados, rematados, algunos donados por un "Benefactor anónimo", y otros, je,je,je… robados en la época de villanía, dijo el agorilado pez.
Cuando había despertado esa mañana, Marla ya no estaba a su lado. Había salido a estirar las alas, lo que era loable, pero de todas maneras, se preocupaba de que le pudiera ocurrir algo.

Después de las presentaciones de rigor, Megamente y Edile se pusieron de cabeza a trabajar en el ecógrafo.
-¡Cuidado con su ropa nueva, señorita!

-¡Bah! Esto es más importante…dijo el doctor, amostazado…

-¡Oops, ese aceite de máquina no se quita con nada!, dijo el extraterrestre, juguetón…

-Me molestaría si no estuviera hablando con el Sr. Walking Clóset tamaño container…

-Bah, solo envidias lo bien que me queda cualquier cosa que me pongo…

-Uso apenas dos tallas más que tú, flacucho…

Estuvieron trabajando varias horas, mientras Bernard observaba embobado todo lo que hacía Servil. Con una pequeña video cámara documentaba cada recoveco y analizaba cada objeto que pillaba en su camino.

-¡Oh, que interesante! ¿Qué es esto?

-El canasto con la ropa sucia del señor… dijo el pez, algo agotado, mientras el literato abría la tapa y filmaba el interior.

-¿Qué, acaso va a hacer una película?

-Un documental. "Megamente al desnudo".

-Ah, por eso esté filmando su ropa interior, entonces…

-Y ahora, ¿qué haces?

-Cocinaré el almuerzo. ¿Supongo que va a quedarse a comer con nosotros, no?

-¿No será mucha molestia?

-No, siempre que le guste la pizza de pollo a la crema con nueces y manzana…

-Suena exótico y delicioso… ¿No será un abuso?

-No hay problema, de todas formas el Señor come por dos, y cuando está nervioso por tres, siempre debo multiplicar exponencialmente las raciones…

-Vaya otro dato interesante… dijo anotando en su pequeña libreta, mientras el pececillo ponía los ojos en blanco y suspiraba.

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Charlie observaba a su amiga con una gran sonrisa en su rostro.

-Te ves muy feliz hoy, cariño, ¿Pasó algo especial anoche?, dijo Roxanne, no se sentía del todo bien, pero siempre era divertido fastidiar a su terapeuta.

-Puede ser, dijo la psicóloga sin soltar prenda, pero estamos aquí para hablar de ti, ¿cierto? Añadió con malignidad. Estoy empezando a simpatizar con el individuo que puso ese collar en tu cuello, pero aún tenemos que terminar con tus mementos.

-Ah, sí… de seguro quieres saber qué pasó la siguiente vez que vi a mi príncipe azul:
Había pasado un tiempito, yo había crecido bastante y había conseguido una modesta columna en el diario escolar. Decidí volver a husmear en la cárcel…

Me encontré con la sorpresa de que lo habían expulsado del colegio, y volvía a vegetar en la cárcel.
Usé todo mi poder de prensa para convencer al Sr. Warden que había indagado más de lo que en realidad sabía. La verdad era impactante. Había adoptado al chico azul, porqué los federales querían llevárselo para analizarlo.
Una vez conseguida esta valiosísima información, me encontraba en forma para pedir lo que quisiera.

El hombre me quedó mirando con una sonrisa en labios.

-¿Qué desea la niñita? ¿Una bicicleta, o el auto de Barbie?

Debo haber puesto una cara aterradora, porque a pesar de enfrentarse a los peores criminales, el alcaide parecía espantado y retrocedió dos pasos.

-Quiero, Señor, que le siga dando acceso a la cultura al menos, que me permita traerle textos escolares, libros, útiles etc…

-Bien, si solo es eso…

-No he terminado. Quiero que le ponga un buen televisor también, para que vea caricaturas y noticias…

-¿Eso no será demasiado pedir? Sólo es un pequeño delincuente juvenil…

-Y… como última petición, quiero que mejore su entorno, para que sea apto para un niño…

-¿Y cómo diablos se supone que voy a hacer eso, chiquilla del diablo?

-Pintando su celda. Me ofrezco para hacerlo voluntariamente. Vendré el fin de semana a la hora del almuerzo, así no me verá cuando trabajo y no tendré problemas en casa.

-Eres una pequeña diablesa, solo espero que cumplas lo que has prometido. Esta conversación nunca ha tenido lugar, dijo el alcaide dándole la mano, que fue apretada con fuerza.

-Cumpliré señor, pero si Ud. no cumple su parte, ya sabe que publicaré la historia de cabo a rabo en el periódico escolar. Piense en el escándalo.

-Deberías estudiar para Abogado de Derechos Alienígenas…

Así, Un mes después, Megamente y Servil veían como su entorno había cambiado. El "Bienefactor Anónimo" según el decir del chico azul, se encargaba de traer semanalmente libros para ellos, y de retirar los que ya habían sido leídos.
El mural estaba casi terminado, y el pez lo miraba con sus redondos ojillos.

-¿No es lindo, Señor?

-Si tú lo dices, Servil…

Mamá estaba preocupada por mí:
-Pides demasiados libros, Wendy de la biblioteca me ha comentado que pediste 20 para este fin de semana… ¿Cómo vas a leerlos todos?

-No te preocupes, Ma, leeré los que pueda, nada más…

-Está bien… dijo dudosa.
Menos mal que no curioseaba en los títulos. Se habría sorprendido viendo que pensaba leer sobre Física Cuántica, Química Avanzada, Biología Aplicada, Biomecánica…

Por casualidad, mientras daba los últimos toques a mi obra, vi un trozo de papel olvidado en el suelo. Era el recorte de una revista que anunciaba el último modelo de DREMEL. ¿Sería esto lo que quería pedirle al viejito pascuero?

Indagué, pero era algo carísimo. Una de segunda mano era más accesible, pero aún así estaba fuera de mi presupuesto. Aunque tal vez, podía sumar a mis ahorros algún dinero si vendía las muñecas de porcelana que había heredado de mi abuelita… no era mal plan.

Dije adiós a mi niñez junto con mis tres bellas muñecas antiguas. Anais, Sofía, Carmel, al menos, las compraría una coleccionista, ya que las vendí a través de un anuncio en el periódico.

Cuando llegué a la tienda de Artículos de Segunda Mano, el hombre me miró algo extrañado, pero luego sonrió,
-Ah… ¿es un regalo de navidad para tu papá?

-Claro, asentí con aire ausente. Si al menos supiera adonde se ha ido papá, pensé. Mamá dice que de viaje, pero tarda tanto en volver…
El señor fue muy amable al darme la herramienta en una caja de cartón. Así pude comprar papel y envolverla.

El Alcaide no estuvo tan feliz con la idea…

-Está bien, es una irregularidad, pero estoy convencido que no la usará como un arma. Puedes dejar la caja en la celda.

Juntos nos asomamos, para ver la cara del chico azul cuando volvía de la Comida Navideña de la cárcel, a través de la cámara de vigilancia.

-Mira Servil, un paquete… ¿será de Papá Noel?

-Tal vez… pero también puede ser de su Benefactor, Señor.

-¿Y si Papá Noel es mi "Bienefactor"?

-¿Quién sabe? Dijo algo confundido el pez espacial.

-¡Como sea, vamos a probarla de inmediato, mi fantástico pez!

El Sr. Warden y yo, nos sonreímos, por un brevísimo instante nuestras almas comulgaron la misma alegría, la alegría de compartir un brillito de felicidad en el corazón del pequeño alienígena que se transformaría en mi Megamente".

-Bueno, qué extraño, ya no siento tantas náuseas con tus recuerdos, dijo Char…

-Oh, creo que necesito pasar al sanitario, ¿me disculpas? La palabra náusea y sus asociaciones habían hecho saltar a la reportera como un resorte.

La psicóloga se asomó al pasillo. Esto no me gusta ni una pizca, se dijo. En eso sonó su teléfono, había recibido un mensaje de texto:

-" Juntémonos donde siempre, necesito hablar, WS"
-"OK. Almorcemos donde siempre, CS"

La reportera, sintiéndose enferma y mareada, también sintió unos pitidos que emanaba de su cartera:

-"Espero que esta noche te sientas mejor, conejita y terminemos lo que habíamos empezado…MM"

-"Estamos arreglando una sorpresa para ti, aunque el chico azul me está ayudando sin sospechar nada aún, ¿no es divertido?, EW"

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Una vez engullido el almuerzo, Edile le pidió a su amigo que lo fuera a dejar de vuelta al trabajo.
-Me ha entusiasmado esta maquinita, creo que le daré unos últimos retoques antes de llevártela, expresó el extraterrestre con fruición.
Servil, voy a llevar a Edile, ¿Vienes con nosotros, Bernard?

-Creo que me quedaré un rato más si no les molesta…

-¡No hay problema!

El auto del héroe se movilizaba raudo por las calles de Metrociudad, cuando el bioquímico vio algo que lo dejó helado…

-¡Para por favor!… había visto a Charlie entrar sigilosamente, al Pub de la noche anterior. Ambos concertaron que iban a echar un vistazo, al principio Ed no quería, no era su estilo espiar a la gente, pero el blue boy lo convenció de que no tenia nada de malo y sería divertido.

Prácticamente reptaron entre las mesas, y se escondieron bajo una, vecina a la que ocupaba la psicóloga.

Una canción de amor en español era la encargada de languidecer el ambiente:

Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir una mentira
di que vienes de alla de un mundo raro
que no sabes llorar
que no entiendes de amor
y que nunca has amado

porque yo adonde voy
hablare de tu amor
como un sueño dorado
y olvidando el rencor
no dire que tu adios
me volvio desgraciado

y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira
les dire que llegue de un mundo raro
que no se del dolor
que triunfe en el amor
y que nunca he llorado...

(Letra y música de Pedro Fernández)

-Entonces, esto es un Adiós oficial, ¿no? Decía el desconocido que se sentaba junto a Char.

-Definitivo, cariño.

-¿Pero seguiremos siendo amigos, cierto?.

-Amiga y terapeuta. De todos modos, ¿no fuimos siempre sólo eso? Dijo la chica, desligando su mano de la de él.

Los nóveles espías se asomaron por debajo del mantel para ver mejor.

-Yo he visto antes a ese tipo, se quejó Edile, enojado como nunca antes…

-¡Pero si es Metroman! Dijo Megamente, soltando el gato del saco de la pura sorpresa.

-¿Metroman? ¿Qué no lo mataste tú?... El científico empalideció y luego enrojeció violentamente. Una furibunda impotencia y punzada de celos asaeteaban su inexperto corazón.

-Eh… Al parecer, era más invulnerable de lo que parecía, resultó ser qué…

-¡Shhh! Déjame escuchar…

Un par de camareras cuchicheaban, les parecía insólito, y se pasaban películas sobre lo que hacían ese par de chicos bajo la mesa.

-¿No es el mismo que vino anoche con aquella mujer?
-Acostúmbrate Alexandra, en este club verás de todo, ¡DE TODO! Pero no puedes decir esta boca es mía…

Char se había puesto de pie para besar la frente de su amigo y retirarse con dignidad, pero se volvió al escuchar un siseo en aquella voz conocida, grave y ronroneante, que le paralizaba el corazón…

Edile y Megamente estaban forcejeando e intentando retirarse a gatas de la escena, cuando el bioquímico vio un par de tacones frente a él.

-Así es como confías en mí… le dijo sorprendida y dolida.

-¿Adonde crees que vas, amiguito? Los bototos de MusicMan se encontraban frente a la alongada nariz del héroe de la ciudad… prometiste no decir a nadie mi secreto.

-Lo siento se me escapó, dijo tardíamente el héroe tapándose la boca.

-Bueno, ya estuvo suave, dijo Char, aprovechemos la moción de aclarar las cosas, entonces y terminar la charada. Wayne y yo no tenemos absolutamente nada, a excepción de que es mi paciente. Siempre lo hemos mantenido en secreto, porque no quiero mi consulta tapizada de fans, ¿ok?.
Y Uds. dos no le dirán a nadie más que el ex héroe de la ciudad está vivo, ok?

-¡Vaya! Eso es lo que me encanta de ti, nena, eres la pequeña sargento, siempre sabes poner los puntos sobre las íes… dijo el Metrocantante.

-Me siento avergonzado… musitó el científico, rascándose la cabeza.

-Tendrás que volver a ganarte mi aprobación, dijo la psicóloga haciéndole un guiño. Puede que un desfile de ropa interior privado pudiera convencerme, dijo bajando la voz, con sus labios carnosos a la altura de sus sensibles orejas, mientras su aliento tibio encendía la temperatura de él y sus insinuaciones eróticas lo hacían echarse a temblar.

Metroman, que había escuchado eso, obviamente, se dio cuenta cuanto echaría de menos la agudeza sensual de ella, esa capacidad picante de subirle la temperatura al comentario más inocente… mientras elucubraba, hacía mutis junto a su ex enemigo.

Todas esas feromonas en el aire, provocaron que nuestro héroe azul levantara la vista hacia el cielo, pensando en su querida, para ver horrorizado la Metroseñal…

-¡Servil, emergencia! Le dijo a su comunicador.

-¡Voy para allá, Señor! Usaré la moto…