Purificación.
"El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida."– Oscar Wilde.
Capítulo diez: Culpa.
-¡Ichigo! ¡¿Qué demonios estás haciendo?!- gritó espantada Rukia mientras corrían por el Senkaimon hacia Karakura que su amigo de cabello anaranjado la había obligado a abrir para ellos. -¡Sí vas a arrastrarme al menos dime por qué!- trató de zafar su mano de su fuerte agarre en su muñeca pero no dio frutos. Pese a que no le estaba haciendo daño, la sostenía con fuerza considerable.
-Lo siento.- finalmente la soltó y comenzaron a correr a la par. –Es bastante loco… no creo que pueda explicártelo rápidamente, así que solo te diré que sé que algo realmente malo está pasando o le va a pasar a mi casa en Karakura, así que realmente necesitó llegar allí lo antes posible. Solo confía en mí, ¿de acuerdo?- la miró suplicante.
Rukia estuvo tentada de golpearlo por la explicación tan vaga, sin embargo la mirada desesperada y confusa en sus ojos la detuvo de reaccionar violentamente y en cambio suspiró. Nunca había sido muy buena para rebatir a Ichigo cuando se ponía tan serio, solo le quedaba apoyarlo y esperar que esta no fuera otra de sus estupideces o ahí sí que se encargaría de enseñarle a responder correctamente cuando le hacía alguna pregunta.
Llegaron a Karakura y de inmediato notaron que algo andaba mal. O bueno, más que solo algo todo andaba mal, porque un grupo de veinte Menos Grande estaban paseándose por el parque de la ciudad como si estuvieran en un día de campo familiar. Como si no fueran lo suficientemente malos, el lugar también se estaba llenando de cientos de hollows regulares.
Ichigo tenía razón. Esto era REALMENTE MALO.
Su amigo quiso jalarla en dirección a su casa, pero ella se alejó de él y saltó a un techo sacando su celular.
-¡Ve por tu familia, Ichigo! ¡Yo pediré refuerzos a la Sociedad de Almas!- le gritó en su tono de mando, por lo que él tensó la mandíbula pero la obedeció. Rukia de inmediato marcó a la teniente Ise Nanao, sabiendo que era la verdadera máxima autoridad en el Gotei 13. –Teniente Ise, hay problemas en Karakura.-
-¿Capitana Kuchiki? ¿Cuál es el problema? ¿Más cazadores?-
-No, son hollows, decenas de ellos, y Menos Grande, al menos unos veinte o…- al volver su mirada hacia los menos para volver a contarlos, se sorprendió al ver gente combatiéndolos ya, gente vestida con mayas oscuras y capuchas. –Bueno, en realidad si hay cazadores, por alguna razón están combatiendo a los Menos y hollows.- sus ojos se ampliaron, pero luego se estrecharon con sospecha. –Lo mejor será que averigüé sus intenciones, pero necesitaré apoyo de alto nivel para evitar lo más posible la pérdida de vidas humanas, también necesitó un equipo para controlar el área de la intromisión humana pues los cazadores son visibles para los humanos.- murmuró preocupada.
-Entendido, enviaré un equipó con la mayor rapidez posible, por mientras esfuércese en contener la invasión.- sin más colgó.
Dirigió su vista al lugar de problemas y apretó los puños tensamente, sin saber sí ella sería suficiente para contener todo este problema teniendo en cuenta que estaba sola e Ichigo se había ido a asegurarse de que su familia estuviera bien. Sea cual sea el resultado, no podía retroceder, era una capitana y era su deber como shinigami enfrentarse a la amenaza y proteger a los humanos.
Sin dudarlo más, corrió hacia la zona con su espada ya liberada y saltó sobre un Menos Grande lanzando un ataque que acabó con una docena de hollows de bajo nivel en su camino a quebrar la máscara del hollow gigantesco. Eso claro que llamó la atención de varios cazadores, pero estaban demasiado concentrados en el gran número de espíritus malignos como para tener tiempo de ir tras ella. El número seguía creciendo y después de un par de menos Rukia comenzó a jadear preguntándose cuánto más podrían tardar los refuerzos en llegar.
Justo en medio de ese pensamiento, un gran cubo de energía negra rodeó una de las cabezas de los menos y al deshacerse, la máscara del menos se quebró, luego, un gran hollow de repente se vio rodeado de energía color rosa y desapareció en espiral hacia abajo en el parque, por lo que la capitana del treceavo escuadrón dirigió su vista allí quedándose con la boca abierta al vislumbrar a Dokugamine Riruka, aquella muchacha del grupo fullbring que recordaba más que nada porque la vio en la boda de Ichigo.
Ella se veía mucho mayor a como la recordaba, obviamente, pues debía tener alrededor de la edad de Ichigo. El otro fullbring era el chico rubio de los videojuegos, pero casi no lo reconoce debido a que la última vez que lo vio era un niño alrededor de la edad del capitán Hitsugaya y ahora se veía como un hombre adulto joven.
Se sorprendió en demasía de que ellos aparecieran y no Chad o el shinigami asignado, pero estaba feliz por la ayuda extra así que no lo pensó mucho y simplemente siguió peleando. Sí la situación seguía así y los refuerzos no llegaban pronto, tendría que usar su Bankai y no creía que eso fuera buena idea en el mundo humano y menos sin un equipo que cubriera las repercusiones.
Justo antes de derribar otro Menos, fue cuando los cazadores parecieron dejar de lado la racionalidad y uno saltó hacia ella y trató de perforarle el costado, pero afortunadamente pudo protegerse a tiempo aunque eso le costó que el enorme hollow lanzara un Cero al parque cerca de donde había personas escondiéndose. Entró en pánico, pero el cero fue neutralizado por una caja negra del fullbring de cabello rubio.
Miró con rabia al cazador y la verlo venir por más le lanzó un Hado y luego lo encerró con Bakudo, pensando que eso le daría un poco de tiempo, pero entonces otro cazador vino y tuvo que usar su Tsukishiro para que dejara de fastidiarla. Sin embargo, esta vez apareció una cazadora y no pudo evitar gruñir molesta al chocar espadas.
-¡Rukia!- un suspiro de alivio escapó de sus labios al escuchar la voz de su mejor amigo, pero entonces la cazadora con la que estaba peleando aprovechó su distracción y casi la corta de no ser porque en ese momento un escudo naranja con forma triangular se interpuso en el camino.
-¡Orihime!- sonrió volteando para correr hacia donde el matrimonio estaba con su hijo en una azotea cercana. –Kazui-kun.- revolvió los cabellos del niño sonriente. -¿Todo está bien?- preguntó con la preocupación escrita en el rostro mirando a su amigo.
-Los hollows estaban rodeando nuestra casa y Kazui-kun salió herido peleando contra ellos. Pero lo sané una vez Ichigo-kun vino a salvarnos.- explicó Orihime sonriendo suavemente.
-¡Sí, estoy bien!- aseguró el pequeño.
-Me alegra oír eso.- sonrió aliviada, pero luego vio a la cazadora con la que había estado peleando antes romper el escudo y miró seria hacia el shinigami sustituto. –Ichigo, debemos controlar la situación aquí hasta que lleguen los refuerzos.-
-Uhh, sí.- asintió. –Kazui, cuida a tu madre.- alborotó los cabellos del niño antes de que los dos saltaran hacia la batalla.
-¡Ehh, sí, papá!-
Se enfrentó a la molesta cazadora mientras Ichigo iba tras los Menos. Rápidamente la derrotó y siguió peleando contra los hollows aparentemente interminables. Afortunadamente, fue entonces cuando los refuerzos aparecieron avisando que ya habían creado un perímetro para proteger a los humanos.
Suspiró aliviada y avisó a Ichigo, que de inmediato no tuvo reparos en comenzar a lanzar Getsuga Tenshou a diestra y siniestra. Los refuerzos resultaron ser el capitán Hirako, su teniente y un par de sus oficiales, y Renji junto con el teniente Madarame Ikkaku y el tercer oficial Ayasegawa, aunque podía sentir que por ahí también se sentía el reiatsu de los miembros del equipo de contención y un par de reiatsus débiles que seguramente debían pertenecer a algunos miembros del cuarto escuadrón.
Los cazadores rápidamente perdieron interés en los hollows al ver más shinigamis llegar y la batalla se convirtió más difícil al ser básicamente un todos contra todos. Por desgracia como los cazadores habían dejado de pelear contra los hollows ahora tenían más problemas para contenerlos y algunos ceros especialmente poderosos, combinados o simplemente muy cargados, lograron atravesar la barrera de contención.
La Kuchiki jadeó cuando reconoció la dirección en la que uno de esos poderosos ceros se había dirigido. De inmediato corrió hasta el de cabellos anaranjados y lo jaló del hombro para que volteara a ver lo mismo que la tenía horrorizada. La clínica Kurosaki comenzando a arder en llamas.
-¡Ichigo, tu casa!- lo jaloneó para que reaccionara al notarlo paralizarse. -¡Rápido, hay que ir a contener el fuego!- rápidamente uso shunpo para desaparecer en dirección hacia allá abandonando la batalla por un momento y traspasando la barrera fácilmente.
Su zanpakuto era de hielo, así que le sería fácil apagar las llamas incluso si las llamas eran muy potentes. Aterrizó suavemente en la casa junto a la clínica Kurosaki y comenzó a preparar una versión más suave de su segunda danza, pero entonces sintió una mano en su muñeca.
-¡Rukia, espera!- el Kurosaki jadeaba con dificultad por haber corrido tan rápido para alcanzarla a tiempo luego de quedarse varios segundos en shock. El agarre de su gran mano alrededor de su pequeña muñeca delgada era firme pero sin hacerle daño. –Espera…-
-¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir con que esperé? ¡Tu casa se está incendiando!- se zafó de su agarre y miró hacia el lugar que por un tiempo fue su hogar hace muchos años venirse abajo. De pronto, una sección del techo de la clínica colapsó y un destello de naranja brillante llamó su atención en medio de las llamas que comenzaban a extenderse dentro de la habitación de la clínica. Sobre una de las camillas, el cuerpo vacío de Ichigo reposaba tranquilamente en medio del humo, los escombros y el fuego. -¡Ichigo, es tu cuerpo!- de nuevo trató de usar su zanpakuto para apagar las llamas, pero él sujetó sus muñecas. -¡¿Qué diablos estás haciendo, Ichigo?! ¡Hay que salvar tu cuerpo! ¡Debemos salvar tu cuerpo humano o tú…!...- calló al encontrar sus ojos violetas con los mieles.
No podía creerlo, pero lograba ver en esos ojos su ansiedad y nerviosismo, y muy en el fondo un destello de culpabilidad, pero más que nada veía la súplica en su mirada porque no interviniera. Él le estaba rogando porque dejara que esto pasará.
Sin apartar sus miradas una de la otra, muy lentamente ambos voltearon y muy despacio comenzaron a caminar por el borde de la casa vecina alejándose de la clínica Kurosaki, dejándola arder con el cuerpo humano de Ichigo dentro. Apartaron sus miradas del otro solo para mirar nerviosamente a los costados, como si estuvieran haciendo algo ilícito que no debía ser visto por nadie más, y en cierto modo así era, ambos lo sabían pero ninguno decía nada.
Diez segundos. Veinte segundos. Treinta. Cuarenta, cincuenta, un minuto.
-Tenemos que volver a ayudar a los demás con los hollows y cazadores, Rukia.- dijo él con voz suave, muy suave.
-Sí…- tragó saliva, sin saber porque de repente una ola de culpa la golpeó. ¿Por qué estaba dejando que esto pasara? Oh, ella lo sabía. Sin cuerpo humano al que regresar, Ichigo técnicamente… -Pero antes… tengo que apagar ese fuego. Ya quemó casi por completo la clínica y se está extendiendo a la casa.- susurró.
-Sí… hazlo.- estuvo de acuerdo con una voz mucho más lenta de lo necesario.
Era obvio que ambos estaban retrasando el momento, y eso solo los hacía sentirse peor. Compartieron una mirada, y en un lento movimiento Rukia agitó su espada y de una tenue ráfaga helada extinguió las llamas que habían devorado la mitad del edificio.
Mientras volvían dentro de la barrera de contención para seguir peleando contra hollows y cazadores, no volvieron a cruzar miradas ni una sola vez.
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Uryuu no estaba muy seguro de cuánto tiempo llevaba parado en la oficina del capitán comandante escuchándolo hablar con los guerreros, el príncipe y la princesa de Tamirity una vez las cosas dentro del Seireitei se calmaron. La líder de los guerreros había logrado capturar un cazador con vida y lo estaban interrogando respecto al ataque hollow y cazador en Karakura.
Enterarse de que su ciudad estaba siendo atacada no le gustó nada, ya habría exigido un Senkaimon para marcharse de no ser porque estaba demasiado curioso respecto a la conversación y aún tenía que cargar con Jigen Izara inconsciente y herida en sus brazos luego de que la halló así y regresó al primer escuadrón encontrándose con que la batalla ya se había calmado y Urahara seguía allí ahora hablando con el príncipe Reiv de quién sabe qué cosas de aficionados a la ciencia o algo así.
-¡Ya les dije que yo no sé nada!- lloriqueó el cazador al ser expuesto ante los crueles métodos de tortura del niño pelirrojo con rulos que estaba con los guerreros: hablar incesantemente casi sin respirar con ingeniosos insultos. -¡Las Siete Hermanas son las encargadas de esa basura! ¡Yo solo soy un peón, no sé nada! ¡Ya díganle que se callé!- lloriqueó señalando al mocoso pelirrojo.
-En verdad no creo que esta basura sea de más utilidad, majestades.- dijo Anami, líder de los guerreros, a los de la realeza tamiritiana.
-Bien, entonces habría que ejecutarlo.- dijo la princesa sin siquiera pestañear sacando una pequeña daga.
-¡Espera!- la teniente Ise se alarmó. -¿No es un poco extremista, Tamirity-sama?- ajustó sus lentes con incomodidad.
-Tienes razón, querida, no querría manchar sus pisos con la sangre de esta basura.- guardó su daga. –Enciérrenlo entonces.- mandó a sus guerreros, a lo que uno lo dejó inconsciente con un golpe en la nuca y otros dos lo llevaron hasta los shinigamis que resguardaban la puerta para que lo trasportaran a las celdas del escuadrón.
-Majestades.- el mocoso pelirrojo llamado Yoshiu se acercó al príncipe y princesa. –Estaba pensando que podríamos tratar de infiltrarnos al archivo de las Siete Hermanas a través del Cristal de Luz en Belia, sí el archivo es reciente puede que aún no le hayan instalado la seguridad suficiente como para evitarnos el acceso a la información de porqué hicieron ese escándalo en el "Mundo Humano" como lo llaman.- recomendó de modo muy inteligente para un niño que no parecía mucho más grande que Kazui.
-¿Puedo preguntar a qué se refiere el pequeño camarón?- Kyoraku miró divertido al niño pelirrojo.
-Belia es otro de los mundos de nuestro universo, y es el más avanzado tecnológicamente… Al menos desde que nos robaron nuestro noveno mundo…- el príncipe dio una rápida explicación con los puños apretados. –Enviaré un mensaje para que traten de infiltrarse en los archivos más recientes de las Siete Hermanas, pero sí realmente lo logran ellas lo sabrán y tendremos que ir allí para brindarles protección al Cristal de Luz y a la información de los cazadores que envíen para vengarse por habernos metido en sus computadoras.- suspiró frustrado. –Es lo que siempre hacen, por eso solo dejamos esto como última opción.- negó tristemente colocándose dos cosas parecidas a anillos en sus dedos índices de las dos manos que luego unió para después separar abriendo así una pequeña pantalla en la que comenzó a teclear, probablemente enviando ese mensaje del que estaba hablando a ese planeta Belia.
-Solo nos queda esperar a que respondan y sí la respuesta es afirmativa, tendremos que partir de inmediato.- informó la princesa. –La respuesta puede tardar un rato, por mientras… ¿tendrán algo para comer?- preguntó tímidamente con las manos juntas y una mirada ansiosa en sus ojos tan azules como su cabello.
-Es gracioso que lo mencione, princesa.- el capitán comandante se levantó de su lugar y estiró sus brazos para desperezarse. –Estaba a punto de asistir a un banquete en la casa de unos amigos. ¿Le apetecería acompañarme?- preguntó extendiendo su brazo como para que se enganchara a él, solo recibiendo un librazo en la cabeza por parte de su teniente.
-¿Un banquete? ¡Claro que me encantaría!- chilló extasiada. -¡Vamos, hermano!- comenzó a jalar al príncipe Reiv con ella, que se dejó arrastrar con una risa nerviosa ante el comportamiento tan entusiasta de su hermana de aspecto casi idéntico.
-¿Oh? Creo que iré también.- comentó Urahara de la nada detrás de su abanico.
-¿Qué?- Uryuu volteó a verlo con el ceño fruncido. –Pero ya deberíamos volver, sobre todo por el ataque hollow y cazador, ¡no hay tiempo para cenar! Al menos abre un portal para que yo regrese.- exigió molesto siguiéndolo cuando salió de la habitación junto con los herederos reales y el capitán comandante dejando a los tenientes solos pues el resto de guerreros también decidieron seguir a su príncipe y princesa.
-No hay necesidad de estar tan preocupado, Ishida-san.- comentó tranquilamente el rubio desesperante. –Kurosaki-san y Kuchiki-san deben estar manejando muy bien la situación con los refuerzos que ya le enviaron, cuando llegues probablemente ya no habrá batalla que pelear.- agitó una mano restándole importancia.
-Sí, pero podrían haber personas que necesiten atención médica, y como doctor necesito estar ahí para ayudar a mi ciudad.- argumentó comenzando a perder la paciencia.
-Olvidas que también enviaron personal del cuarto escuadrón, aparte de que Kurosaki-san y Orihime-san probablemente puedan manejar cualquier herida de humanos inocentes.- eso… en realidad era un buen punto. Siempre olvidaba que Kurosaki también era un doctor, y Orihime por sí sola probablemente podría encargarse de todo.
Suspiró resignado y simplemente siguió a Urahara porque ya estaba siguiéndolo mientras discutían y ahora no veía ninguna razón para regresarse. Solo seguiría la corriente de ese estúpido banquete y luego exigiría regresar a Karakura para ayudar en lo que pueda.
El capitán comandante liderando el camino comenzó a correr usando un leve shunpo al que sin problemas le siguió el paso, al igual que el príncipe y la princesa que aunque no tuvieran sus técnicas igual eran rápidos, los hermanos guerreros cargaron al más pequeño y también le siguieron el paso junto a los demás. Urahara hizo una llamada mientras corría por delante de él, así que no pudo captar qué decía ni a quién estaba llamando, pero aun así estuvo atento a sus expresiones… lo cual con este tipo no era de mucha utilidad.
Se sorprendió cuando salieron del Seireitei hasta el Rukongai, y su boca cayó cuando vio el familiar paisaje de brazos gigantes sosteniendo un cartel, solo que las manos estaban unidas formando un corazón y los codos eran los encargados de sostener el cartel para que se apreciara bien.
Hizo una mueca y maldijo mentalmente el no haberse regresado cuando tuvo la oportunidad. Suspiró y volvió a caminar normalmente para entrar junto con los demás cuando los dos hermanos sirvientes se inclinaron ante el capitán comandante y los dejaron pasar fácilmente guiándolos hasta el comedor de la mansión Shiba. Allí, Shiba Kukaku los esperaba sonriente, con Ganju a su lado y otras personas más que se le hicieron levemente familiares a Ishida.
-Vaya, capitán comandante.- Kukaku apartó su pipa de su boca por un momento para hablar. –No creí que me trajera tantos visitantes para el almuerzo.- paseó sus ojos verdes por todos los llegados, deteniéndose en Uryuu, o eso pensó él. -¿Quién es la desmayada, Ishida-kun?- preguntó divertida.
Solo en ese momento él se dio cuenta de que había estado cargando a Jigen Izara en sus brazos todo este tiempo y ni siquiera se dio cuenta. Tal vez se había acostumbrado después de horas de cargarla escuchando por mientras al capitán comandante y los tamiritianos esperando que alguien le dijera qué hacer con la cazadora capturada.
-Ella es Jigen Izara-chan, una cazadora que ha aceptado colaborar con nosotros a cambio de un favor.- explicó alegremente Kyoraku. -¿Podrían traerle un Futon para que descanse aquí hasta que despierte? Acaba de ser sanada por mi Nanao-chan de heridas que le dejó la reciente batalla contra los cazadores.-
-Claro.- se encogió de hombros. -¡Ganju! ¡Ve a conseguir un Futon para la muchacha!- mandó.
-¡S-sí, Nee-chan!- el menor de los hermanos casi se tropieza con sus propios pies para cumplir con la orden de su hermana mayor. Regresó a los pocos minutos con un Futon y lo colocó a unos metros de la mesa, por lo que el Quincy simplemente se encogió de hombros y fue a colocar a la cazadora allí pues aparentemente a nadie le importaba tenerla inconsciente en el medio del comedor, no es que se quejara pues al menos así podría vigilarla. No importaba lo que haya dicho la shinigami Hinata, aun no podía confiarse del todo de esta mujer. -¡Listo, Nee-chan!- exclamó Ganju cuando ambos tomaron asiento.
-Bien.- la mujer asintió. –Entonces supongo que podemos empezar con el banquete. El resto de invitado seguramente llegara pronto.- sonrió dando la orden a los hermanos para que comenzaran a traer los platillos a la larga mesa.
¿El resto de invitados? Uryuu hubiera preguntado de no ser porque a nadie más parecía importarle, demasiados absortos en los variados y grandes platillos que fueron colocados frente a ellos. Su estómago gruñó vergonzosamente ante toda la comida y tuvo que carraspear y comenzar a comer en un intento de ignorar las miradas burlonas.
-¡Tiempo sin verte, Uryuu!- señaló alegremente Ganju enredando un brazo alrededor de sus hombros. -¡No has cambiado casi nada!- ese comentario lo detuvo de apartarlo groseramente. ¡Al fin alguien reconocía que él se había conservado bien a sus treinta y dos!
-Es bueno volver a verte, Ganju-kun.- asintió ajustando sus gafas, permitiéndose una pequeña sonrisa.
-¿Y cómo has estado? ¿Te casaste y tuviste hijos como el perdedor de Ichigo?- murmuró su nombre con rencor.
-No, de hecho.- suspiró. –Yo sí apreció mi juventud.- no es que juzgara su decisión de casarse y tener un hijo a los veinte años cuando aún estaba en medio de sus estudios prácticamente obligando a Orihime a abandonar sus propios estudios para ocuparse de su familia, pero…
-Oh, vamos. ¿Ni siquiera una novia?- lo miró curioso.
-No por el momento.- se encogió de hombros comiendo un bocadillo. -¿Qué hay de ti?- rápidamente cambió de tema.
-Mi Nee-chan me comprometió con una mujer delgaducha y fea.- refunfuñó en voz baja, muy baja. –Es una pesada y adelantó la boda para dentro de un año.- bufó. –Mi gloriosa época de soltero está llegando a su fin.- lloriqueó con mocos bajando por su nariz.
-Estoy seguro de que muchas chicas estarán destrozadas.- comentó burlonamente.
-¡Por supuesto que sí! ¡Habrán miles de corazones rotos cuando me casé!- exclamó alegremente Ganju, sin notar en lo absoluto el sarcasmo en las palabras del doctor, que solo pudo negar divertido con la cabeza y tomar otro bocado de su comida.
Mientras Ganju seguía desvariando sobre su matrimonio indeseado, Ishida comenzó a desviar su vista por el comedor. Urahara estaba hablando con el príncipe Reiv, con su bolso alargado reposando seguro cerca de él. La princesa parecía estarse llevando de maravilla con Kukaku. Los demás guerreros tamiritianos hablaban alegremente entre sí. El capitán comandante estaba ocupado bajándose todo el suministro de sake por sí mismo. Al dar un vistazo de reojo a donde estaba Jigen Izara, se sorprendió al hallarla despierta, sentada con las rodillas abrazadas a su pecho mientras los miraba atentamente con sus grandes ojos celestes, como sí nunca antes hubiera visto nada igual a una cena entre amigos o aliados divirtiéndose, también, estaba mirando mucho la comida.
Suspirando pesadamente, tomó un plato limpio de una pila cercana y lo llenó de alimentos muy variados por las dudas de que algo no le gustara, entonces se levantó de su asiento con su propio plato a medio comer e ignoró a Ganju para acercarse a la chica que lo observó con desconfianza desde su lugar. Se sentó junto a ella y le tendió el plato lleno, a lo que lo miró con duda.
-Ten.- insistió empujando el plato hacia ella. –Debes recuperar fuerzas, te ayude a deshacerte del otro cazador pero luego te desmayaste. La teniente Ise te curó y accidentalmente te traje aquí porque no me dijeron que debía hacer contigo. Pareces hambrienta, así que come.-
-Umm… de acuerdo.- tomó el plato con vacilación pero rápidamente comenzó a comer. Se detuvo por un instante, sin embargo. –Oh, eh… gracias.- asintió tímidamente hacia él en señal de reconocimiento. –Pero, debó preguntar. ¿Por qué tanta amabilidad?- alzó las cejas antes de llenarse la boca con todo lo que fuera capaz de caberle.
-No me agradas, Jigen Izara, créeme que no confió en ti ni un poco.- la miró de reojo mientras picaba de su propia comida. –Pero supongo que es solo mi sentido de la caballerosidad, no puedo permitirme tratar con demasiada crueldad a una mujer no importa cómo sea, ni siquiera aunque la odie o quiera matarme.-
-¿Caballerosidad?- pestañeó perpleja, antes de reír. –En mi planeta siempre dicen que eso es solo un rasgo patético de cazadores débiles y arrogantes. Las mujeres debemos ser tratadas como las basuras inferiores que somos.- aseguró con una sonrisa.
-¿Cómo puedes hablar así de tu propio género?- hizo una mueca de asco.
-Es la verdad. El rey siempre dice que lo más alto a lo que puede aspirar una mujer es a ser una segunda esposa para él, los primeros esposos del rey siempre son hombres, y todas las cazadoras estamos obligadas a complacer a nuestros líderes, en especial las clones como yo.- se señaló. –Al principio es asqueroso, pero te acostumbras con el tiempo.- se encogió de hombros, una mirada vacía en sus ojos normalmente brillantes.
Uryuu no pudo evitar que sus cejas se curvaran con compasión por la chica. ¿A caso todas las mujeres tenían implantada esa mentalidad de inferioridad en su universo? ¿Todas tenían que soportar simplemente someterse a violaciones y aceptarlo como algo normal e instalado en su sociedad? Era como en la antigüedad en la Tierra y aun en ciertas partes del mundo, y era tan triste.
-No deberías pensar así.- murmuró con suavidad, sabiendo lo difícil que era cambiar la mentalidad de alguien que había crecido toda su vida con algo instalado en la mente. –Al menos, ya no deberías. Ya no estás con los cazadores, ellos te abandonaron aquí y tú accediste a unirte a nosotros. Aquí hombres y mujeres tienen los mismos derechos y se merecen el mismo respeto. Es verdad que aún hay más hombres que mujeres en cargos importantes, pero seguimos progresando y nadie puede obligarte a hacer nada que no quieras.- la miró con decisión.
Ella lo miró con los ojos muy abiertos, antes de reír y mirarlo con ojos brillantes y una sonrisa coqueta.
-No eres tan malo, después de todo. ¿Ishida Uryuu te llamabas? Creo que me gustas.- él se sonrojó, más por la sorpresa que otra cosa. –Aunque, tus ideales se parecen mucho a los de esas molestas Libertadoras, pero no estás tan mal.- le guiñó un ojo con coquetería.
-¿Libertadoras?- pestañeó.
-¿No has oído de ellas? Eso es bueno. Son muy molestas. Me sorprende que aún no hayan tratado de ir a su universo a robar chicas.-
-¿Son un grupo que roban mujeres?- palideció.
-Más bien las "reclutan" tratando de sumarlas a su estúpida causa. El grupo comenzó primero como un par de cazadoras rebeldes que se levantaron contra el gran rey Jigen llamándolo machista y convencieron a más cazadoras de dejar al rey y unirse a ellas, luego fueron de mundo en mundo, ciudad en ciudad, continente en continente, reclutando mujeres para derrocar el "gobierno de los hombres" y poner a las mujeres a gobernar en cada universo, mundo, continente y ciudad. Nunca atacan a las mujeres, pero odian con pasión a cualquier hombre excepto a los niños, incluso a inocentes han matado sin reparo.- negó con la cabeza. –Los cazadores seremos asesinos corta cabezas, pero al menos la mayoría evitamos matar civiles que no sean buenos guerreros a menos que tengamos un motivo o sean órdenes, incluso los clones sabemos eso.- chasqueó la lengua con disgusto.
-Interesante…- solo al quedarse sin algo que decir y darse cuenta de que realmente estaba buscando algo más que decir para seguir con la conversación, fue cuando, de hecho, se dio cuenta de que estaba teniendo una conversación normal con su prisionera a la que tanto había despreciado. ¿Qué curiosos los giros del destino, no?
-¿Y qué cuentas tú? ¿Ya tienes dueño o dueña?- lo miró interesada.
-Estoy soltero, sí eso es lo que quieres saber.- contestó desinteresadamente, luego se arrepintió al ver su sonrisa coqueta crecer. –Y planeó seguir así.- recalcó con dureza.
-Oh, está bien.- se encogió de hombros. –Tampoco buscó un compromiso serio.- se pegó más a su cuerpo.
Uryuu decidió que ya tuvo suficiente.
-Creo que volveré a la mesa. También puedes ir a sentarte y obtener algo de beber si quieres.- carraspeó incómodo apartándola y huyendo de allí rápidamente a la seguridad de estar junto a Ganju y Urahara sin posibilidad de que ella se siente a su lado.
De reojo la notó hacer pucheros, pero siguió su consejo y se unió a la mesa sentándose junto a Kyoraku que de inmediato palmeó su cabeza como si fuera un cachorrito y le tendió una botella de sake de las pocas que no había vaciado aún.
Justo cuando todo volvía a calmarse, la puerta de repente se abrió de un estallido y una figura saltarina se apareció en el comedor rebotando por doquier. Le tomó un momento darse cuenta de que era Kurosaki Isshin, y solo lo notó al ver a sus hijas Yuzu y Karin en la puerta mirándolo con pena y fastidio respectivamente. Por alguna extraña razón, el capitán Hitsugaya, su teniente y dos oficiales más también estaban allí. Ururu, Jinta e Ikami Kouzu también estaban allí.
-¡Primas!- Ganju saltó de su asiento para ir a abrazar a las jóvenes, solo logrando abrazar a la rubia pues la pelinegra de inmediato se apartó, y, ahora que la veía bien, se veía como recién salida del cuarto escuadrón. ¿Habría luchado en la batalla más reciente contra los cazadores?
-Ya era hora de que llegaras, tío Isshin.- Kukaku sonrió a su pariente barbón. –La comida comenzaba a enfriarse y el sake a acabarse.-
-¡No se preocupen por el sake!- exclamó de pronto la teniente Matsumoto. -¡Traje más!- sacó ocho pares de botellas de quién sabe dónde entre sus dedos.
-¡Matsumoto!- la regañó su capitán pero fue ignorado por el grito de júbilo del capitán comandante e Izara.
Más sake y platos fueron traídos a la mesa por los hermanos sirvientes de la familia Shiba en lo que los recién llegados se acomodaban en la mesa. Izara, completamente borracha, volvió a acercarse a él para acosarlo colgándose de su cuello, por lo que Isshin tomó el asiento junto al capitán comandante.
-¡Ha pasado tiempo desde que pudimos sentarnos a beber sake juntos, Shunsui!- rió afablemente el padre del idiota de pelo naranja.
-En efecto, ha pasado mucho tiempo.- rió acomodando su sombrero. –Sin embargo, me apena confesar que beber sake con un viejo amigo no es el único motivo por el que te solicité reunirnos.- las demás conversaciones cesaron al escuchar las serias palabras del hombre más poderoso del Gotei 13.
-Oh, debería haberlo sabido. ¡Solo me buscas cuando quieres algo! O al revés.- rió tontamente, pero luego también enserió su rostro.
-Isshin, sabes que todos nos sorprendimos mucho cuando volviste a la Sociedad de Almas, y más para tratar de restaurar el honor del clan Shiba y volver a ser las cinco grandes casas nobles.- ajustó su sombrero para mirar a los ojos a su interlocutor.
-Bueno, fue mi culpa en primer lugar que haya caído en desgracia.- se encogió de hombros frotándose la nuca nerviosamente.
-Sin embargo, tu retorno no ha ayudado a restaurar el honor del clan, porque ya no posees ningún rango alto que te haga merecedor del reconocimiento de las otras casas nobles.- carraspeó. –Bueno, estoy aquí para darte ese puesto. Como sabrás, acabamos de perder a uno de nuestros nuevos capitanes… Me siento mal pidiéndote esto cuando ni siquiera pudimos organizar su funeral aun, pero estamos en épocas de crisis y no puedo permitirme tener un escuadrón nadando en el caos sin su capitán, más porque nunca escogió un teniente. Y para el plan que estamos trazando con los reyes de Tamirity, necesito todos los puestos llenos.- su seriedad ahora era mortal, igual que la del mayor de los Kurosaki. –Por supuesto tendremos un periodo de luto de unos días por el capitán Iba, pero el puesto necesita ser llenado inmediatamente y aunque hay otros jóvenes talentos en nuestras filas que esperan convertirse en capitanes algún día, creo que sería un golpe menos duro para el escuadrón sí los guía un capitán ya experimentado.- argumentó. –Esto sería suficiente para restaurar al clan Shiba como una de las grandes casas nobles. Sé que es muy repentino, pero… ¿qué dices?- todos miraron expectantes al hombre padre de tres hijos.
Isshin cerró los ojos solemnemente y se cruzó de brazos, pensando por un momento. Luego suspiró y miró seriamente a Kyoraku.
-Entiendo tus puntos, Shunsui. Ya estoy bastante viejo… mis años humanos me cobraron factura.- frotó con cariño su barba donde las canas comenzaban a asomarse. –Mis hijos ya crecieron y ya no quieren necesitarme.- miró a sus hijas a lo que Yuzu le sonrió para apoyarlo mientras que Karin solo lo miraba con el ceño fruncido. –No creo ser el mejor para el trabajo, pero… lo tomaré.- finalmente decidió. –Aceptó convertirme en capitán del séptimo escuadrón.- sonrió confiado.
El capitán comandante sonrió complacido y alzó su taza de sake.
-Brindó por eso.-
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Escuchar el llanto de su esposa y las miles de preguntas de su hijo no estaban ayudando mucho a que Ichigo se sintiera mejor consigo mismo por lo que hizo, por la decisión que tomó. Había estado convencido de que no iba a hacerlo, de que no seguiría con el plan de Fortuna, pero al cómo, de hecho, estaba sucediendo, y el que Rukia estuviera allí, algo simplemente lo obligó a no intervenir en la muerte de su cuerpo humano.
Habían acabado con todos los hollows y los cazadores eventualmente terminaron huyendo. De eso había pasado media hora y en esa media hora Orihime no paró de llorar mientras intentaba con todo su poder salvar su cuerpo calcinado con la piel ennegrecida e incinerada hasta al punto de que realmente podía ver asomarse los huesos. Era una suerte que Rukia hubiera alcanzado a cubrir los ojos de Kazui antes de que viera algo que lo traumatizaría de por vida.
No podía mirarlos a los ojos, no podía tolerarlos oírlos lamentarse. Dejó que aquello pasara. Impidió a su amiga detener la trágica situación, no solo dejó que pasara, sino que deliberadamente impidió que fuera remediado, y por consecuencia arrastró a la mujer Kuchiki a toda su maraña de confusión y sabía que tarde o temprano tendría que contarle todo lo que habló con Fortuna.
En algún momento que no registró, Yukio y Riruka se unieron a ellos observando la escena con mirada crítica. Decir que estaba sorprendido era poco. No veía a Riruka desde el séptimo cumpleaños de Kazui y a Yukio desde hace más de trece años, excepto en la televisión donde lo aclamaban como si fuera mejor que el helado de chocolate por la increíble fortuna que acumulaba con los años. Sabía que Riruka al igual que otros Fullbring estaba trabajando con el rubio multimillonario, pero nunca pensó que los vería salvando la ciudad de Karakura pues tenía entendido que desde hace años sus empresas se mudaron mayormente a Tokio.
Para alejar a Kazui de la escena de su madre llorando tratando de sanar el cadáver de su padre, la capitana del treceavo escuadrón se había alejado de ellos para comenzar a poner a los dos usuarios de Fullbring al tanto de la situación de los cazadores, aunque creyó escuchar a Riruka decir que Orihime ya les había contado bastante por teléfono.
Abrió la boca para tratar de consolar a su esposa, pero pensó que sería muy hipócrita de su parte así que solo apretó los puños y la dejó un momento a solas esperando que así pudiera tranquilizarse un poco y darse cuenta de que no había nada que pudiera hacer.
-¡Ichigo!- Riruka le sonrió al verlo. -¡Ha pasado tiempo!- ella era un año menor que él, pero se veía incluso más joven que alguien de treinta y un años. Ahora su cabello estaba atado en dos trenzas bajas y su flequillo era ladeado y en punta en vez de recto dejando la mayor parte de su frente al descubierto, ahora vestía una falda lisa rosa y una camisa blanca con botones de corazones también rosas con un chaleco esponjoso y una moño como su corbata repleta de bordado. –Lamento tu ¿muerte humana?- se llevó una mano a la barbilla mientras pensaba en el término correcto.
-Lamento tu muerte también.- comentó Yukio sin apartar la vista de su celular. –Podríamos haberla evitado de llegar antes pero Riruka nos retrasó con su estúpida búsqueda de una corbata "linda".- hizo una mueca de desagrado. –Y ahora por tu linda corbata Kurosaki está muerto. ¿Satisfecha?- ambos se fulminaron con la mirada.
Yukio también había cambiado, sin duda ya no era un mocoso. Ahora era solo un par de centímetros más bajo que Ichigo, su flequillo todavía cubría parcialmente su ojo pero ya no tan exageradamente como antes y el resto de su cabello también estaba más corto, seguía vestido con una gabardina negra y un elegante pañuelo anudado a su cuello pero ahora la gabardina estaba abierta dejando ver una camisa con chaleco y corbata negra probablemente más costosa que su casa incluso antes de que se incendiara.
-Uhh… no se preocupen por eso.- se rascó la nuca compartiendo una rápida e incómoda mirada con su mejor amiga rodeada por su esposo y los otros shinigamis que llegaron a apoyarlos. -¿Y qué hay de ustedes? ¿Ya se casaron o algo?- preguntó despreocupadamente sin pensar.
-¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS INSINUANDO?!- gritaron ambos completamente indignados casi dejándolo sordo en el proceso.
-Oigan, tranquilos, solo era una pregunta inocente. Cielos.- rodó los ojos. –No necesitan ponerse tan a la defensiva.- se llevó una mano a la nuca. –Como sea, agradezco mucho la ayuda que nos dieron hoy pero estoy algo preocupado. ¿Rukia les habló de la Lista de Cabezas?- ellos asintieron seriamente. –Es muy probable que sí los cazadores los vieron o pelearon contra ustedes los coloquen en esa cosa.- comentó angustiado.
-Bueno, Yukio acabó con uno de esos raritos que estaba tratando de matarme, así que creo que sí nos habrán visto.- murmuró Riruka nerviosamente jugueteando con la punta de una de sus trenzas.
-Debemos averiguar sí ya están en la lista y luego consultar con el comandante qué hacer Ichigo.- intervino Rukia. –Sabemos que Ishida está en la lista pero él constantemente interactúa con nosotros los shinigamis, debemos sopesar cómo llevar la situación de otros humanos en peligro de la amenaza cazadora.- suspiró.
-Demonios, de haber sabido esto antes me habría asegurado de permanecer ocultos de la vista de esos maniáticos.- comentó Yukio entre dientes. –Kurosaki, ¿cómo podemos averiguar sí ya estamos en esa lista? Quiero saberlo de inmediato para tomar medidas.- por fin dejó de lado su celular.
-Tendremos que ir con alguno de esos tipos de Tamirity o con Kurotsuchi del doceavo escuadrón, y la verdad prefiero a los tamiritianos. Están en la Sociedad de Almas. ¿Quieren venir o esperaran a que los llame?-
-¿Podemos ir a la Sociedad de Almas?- los ojos de Riruka brillaron. –Orihime dijo que Ginjo y los otros están allá, ¿podremos visitarlos de paso?- juntó las manos suplicante.
-Uhh…- Ichigo frunció el ceño. –Rukia es la capitana aquí, hablen con ella.- la señaló y Riruka de inmediato la tomó de los hombros y comenzó a sacudirla rogándole por su permiso que él sabía ella terminaría dando por los juguetitos de conejo que la fullbring estaba sacando de su bolso para sobornarla.
La verdad él aun no sabía cómo sentirse respecto a los fullbring que habían sido acogidos por los Shiba en la Sociedad de Almas. Se decía a sí mismo que no guardaba rencor y apreciaba la ayuda que le prestaron en la guerra contra los Quincy pero todavía era la razón por la cual no iba a visitar muy seguido a su padre y a sus primos… aparte de que Ganju y su padre eran unos idiotas y Kukaku era aterradora.
En algún momento mientras su tercera tía favorita discutía con los súper-humanos, Kazui se acercó a él y tiró de las mangas de su shihakusho para llamar su atención. Ichigo tuvo problemas para mirar a sus grandes ojos tristes, pero finalmente juntó valor y le sonrió con dificultad tratando de no preocuparlo ni entristecerlo más.
-Papá… ¿es verdad qué estás… muerto?- las lágrimas comenzaron a asomarse en la comisura de sus ojos.
-Yo…- su voz tembló. –Sí.- admitió dejando caer sus hombros, cediendo ante el peso de la culpa. -¡Pero mira! Sigo aquí. No es como si ya no volvieras a verme.- se frotó la nuca con una sonrisa dudosa. –Vamos, no llores.- suplicó al verlo cubrirse los ojos con un brazo. –Todo estará bien.- colocó una mano suavemente en su cabello.
-Ichigo-kun…- se congeló al oír la voz llorosa de su esposa detrás de él, y lentamente volteó sabiendo que no le iba a gustar lo que vería. Efectivamente, la visión de Orihime con el rostro cubierto de lágrimas y los ojos rojos e hinchados lo devastó. ¿Qué había hecho? ¿Cómo pudo hacerlo? –No pude… no pude salvar tu cuerpo, yo… ¡lo siento mucho!- se derrumbó sobre sus rodillas llorando.
¿Qué pensaría ella sí supiera que esto fue su decisión? ¿Cómo reaccionaría al saber que deliberadamente dejó que su cuerpo se quemara lo más posible para que llegara al punto en el que ella ya no pudiera hacer nada para regresarlo a su estado original? Ella podría odiarlo para siempre y no tendría derecho a quejarse. Lo peor de todo es que sabía que sí volvieran a darle la oportunidad, lo haría de nuevo. Se odiaba a sí mismo por ello pero las palabras de Fortuna le daban más miedo que el desprecio de su esposa. ¿Sucumbir ante los cazadores o dejar su vida humana? Sentía una gran responsabilidad por su esposa e hijo, pero sentía una inmensa responsabilidad sobre proteger la Sociedad de Almas y el mundo humano. Tal vez sufrirían, pero era mejor que caer en las manos de unos sádicos y asesinos tiranos.
Bueno… al menos sabía que la mayoría eran así, pero después de conocer a Shamus ya no estaba muy seguro respecto a nada de los cazadores. Aun así no iba a arriesgarse, no después de lo que dijo Fortuna. Simplemente no podía.
-N-no te disculpes, Orihime.- se acercó a ella y tomó sus manos para ayudarla a levantarse. –Está bien. Yo…- tragó saliva cuando ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas. –Escucha. Llama a Chad y pídele quedarse en su casa por un tiempo. Tienen una mansión y a menudo están de gira así que no creo que tengan problema con eso.- hizo a un lado la culpa y comenzó a pensar en formas de resolver la situación actual. –Yo ahora tengo que acompañar a Rukia a la Sociedad de Almas para asegurarnos de que Yukio y Riruka no estén en peligro, pero volveré pronto y veremos qué hacer. ¿De acuerdo?- lo mejor ahora era estar un tiempo alejado para pensar bien en qué haría o diría ante la situación de su esposa e hijo.
-Yo…- miró con tristeza la casa quemada parcialmente junto a la clínica casi totalmente destruida. –Está bien. Entiendo que es más importante la seguridad de Riruka-chan y Yukio-kun.- se enjuagó sus lágrimas, alejándose un poco de él. –Pero por favor… vuelve pronto.- rogó juntando las manos.
-Lo haré.- asintió antes de volver la vista a su hijo cabizbajo que ahora se agarraba a las faldas de su madre. –Escucha, Kazui… Ahora debes ir con tu tío Chad, la tía Lok-san y tu primo Jota. Ellos te agradan, ¿verdad?- él lo miró con sus grandes ojos dudosos, antes de asentir con una pequeña sonrisa. –Eso es. Se quedaran allá por un tiempo y yo volveré pronto, ¿protegerías a tu madre por mí mientras no esté?- eso finalmente animó al pequeño, que asintió entusiasmado.
Les sonrió una última vez antes de correr de vuelta con Rukia y los demás que habían estado escuchando su conversación en silencio.
-Deberíamos salir de aquí pronto, la policía no tardará en llegar.- comentó Yukio sacando su celular nuevamente. –Y lo último que necesito es verme involucrado en otro escándalo desde mi última ruptura con esa actriz europea.- murmuró oscuramente. Riruka se cruzó de brazos y bufó.
-Yukio, sí no tuvieras al menos un escándalo por mes no serías tú.- dijo venenosamente. –Como sea. ¿Cuándo iremos a ver a Ginjo y los otros? Oh, y a asegurarnos de que unos dementes de otro universo no quieran cortar nuestras cabezas, claro.- se llevó las manos a las caderas.
-Nos iremos ahora mismo.- dijo Renji sacando su espada y abriendo un senkaimon del que surgieron varias mariposas. –Parte del equipo todavía tiene que quedarse a cubrir los daños hechos por los Menos y redactar un informe, pero los demás ya podemos irnos.-
-Un minuto. Solo debo realizar una llamada.- Yukio alzó un dedo llevando su celular a su oreja. –Hola, Jackie… Sé que estás ocupada haciéndome más rico, pero necesito que le hagas un favor a Kurosaki Ichigo… Sí, sé que no te agrada pero el tipo está tratando de salvar el mundo y necesitamos el mundo para seguir aumentando nuestras ganancias… Ok, necesito que hagas los preparativos e inviertas lo necesario para una remodelación completa de su casa y su clínica.- la boca de Ichigo cayó a la par que sus ojos se ampliaban. –Puedes investigar esas cosas, Jackie. ¿Entonces hay trato?- hizo una pausa. –Bien, adiós. Saludos a tu esposo.- colgó.
-¿Qué demonios fue eso, Yukio?- el de cabellos anaranjados frunció el ceño al rubio de menor edad. -¿Por qué de repente quieres pagar por la reparación de mi casa?- ese mocoso siempre se le había hecho raro y retorcido, pero esto era sospechosamente demasiado amable.
-El dinero me sobra. Créeme que reparar una choza como la tuya no afectara en nada a mi cuenta.- presumió con arrogancia. –Además, tú y tu esposa son amigos de Riruka, y ella también siente aprecio por tu hijo así que sé que de no haberlo hecho me habría insistido para que lo hiciera de todos modos.- susurró volviendo a teclear en su celular.
-¡E-eso no es cierto!- chilló mortificada la mujer con dos trenzas. –Este mocoso solo no quiere admitir que no es tan bastardo como parece.- rebatió mirándolo acusadora con los brazos cruzados y las mejillas rojas de indignación.
-Ichigo. ¡Debemos irnos ya!- gritó autoritaria Rukia con las mariposas del infierno revoloteando a su alrededor.
-¡Ahh, sí!- volteó hacia los dos más jóvenes que seguían fulminándose con la mirada, o bueno, ella lo hacía y él la ignoraba. –Vamos, ustedes dos.- apuntó con impaciencia al portal. –Es una suerte que el loco del doceavo escuadrón haya modificado esta cosa para que los humanos puedan pasar sin tener que usar siempre el portal del sótano de Urahara-san.- murmuró por lo bajo mientras entraba al Senkaimon. La rivalidad entre científicos locos traía sus beneficios.
Al llegar a la Sociedad de Almas, aunque fuera en el Seireitei, Riruka se quedó con la boca abierta, Yukio no parecía tan impresionado pero aun así estaba mirando. La mayoría de shinigamis que estaban con ellos se dispersaron, él se despidió de Ikkaku y Yumichika pero Shinji y Momo decidieron acompañarlos por alguna extraña razón, quedando solo ellos, él, Rukia, Renji, Yukio y Riruka para ir hacia el primer escuadrón y así averiguar lo de la lista.
No hubo tiempo para hacerle de guía turístico a los fullbring que visitaban la Sociedad de Almas por primera vez, así que directamente se apresuraron a llegar al primer escuadrón. Desgraciadamente, al llegar a la oficina del comandante sus tenientes le informaron irritados que él solo se fue con todos los tamiritianos a asistir a un banquete con los Shiba.
-Eso es… una coincidencia muy afortunada.- murmuró Rukia. –Bien, así podrán preguntar sí están en la lista y reunirse con sus amigos de una vez.- se encogió de hombros. Volvieron a partir todos, incluso los dos altos mandos del quinto escuadrón puesto que les había llamado la atención eso del banquete.
Rukia tuvo que desviarlos de su camino a la mansión Shiba para pasar por su escuadrón diciendo que debía darle instrucciones a su tercer oficial por haber estado ausente todo el día. Tardó solo unos pocos minutos y sorpresivamente volvió hacia ellos con una nerviosa shinigami rubia y alta de ojos verdes que seguramente era su subordinada chillando excusas acerca de cómo no le parecía buena idea invitarla a un banquete con personas que no conocía. Todos se extrañaron por esto pero la noble parecía bastante decidida en arrastrar a su subordinada rubia con ellos.
Esta vez el viaje fue más largo pues tuvieron que salir del Seireitei llegando hasta el Rukongai en el distrito Junrinan y una vez allí tuvieron que ir hasta las afueras debido que usualmente Kukaku por allí se instalaba hasta que finalmente vislumbraron la casa extravagante del clan Shiba.
Riruka hizo un comentario sobre como el corazón le parecía lindo pese a su rareza, mientras que Yukio solo hizo una mueca de disgusto pero entró con ellos de todas formas cuando los gemelos sirvientes les permitieron el paso al reconocer a Ichigo.
Sin embargo, apenas avanzaron unos cuantos metros antes de que de pronto se oyeran pasos y todos se vieran obligados a retroceder al ser empujados por una masa de cuerpos apresurándose a la salida de modo que tuvieron que caminar de espaldas tratando de no tropezar, caer y ser aplastados. Ichigo logró sobrevivir hasta que volvieron a estar fuera de la casa, pero finalmente terminó cayéndose sobre su espalda acabando con un par de cuerpos encima de él.
-¡¿Qué demonios?!- gritó molesto y dolorido.
-¡Onii-chan!- esa era… ¿Yuzu?
-¡Hijo mío!- oh, genial… el viejo.
-¡Kurosaki!- ¿Ishida también?
-¡El loco de cabello naranja!- ¿por qué esa cazadora Izara lo llamaba así?
-¡QUÍTENSE DE ENCIMA!- gritó fuera de sí.
Una vez la pequeña multitud lo dejó respirar y ponerse en pie, finalmente notó que habían muchas más personas allí. Su otra hermana que se suponía debería haber estado descansando aún, su amigo ridículamente alto cuyo nombre nunca lograba recordar, Ururu y Jinta, todos los tamiritianos incluyendo el príncipe y la princesa, Toshiro, Rangiku-san y sus dos subordinados que últimamente siempre estaban con ellos y Urahara. El capitán comandante no era una sorpresa, pero sí su expresión seria mientras hablaba con los herederos al trono de Tamirity.
-Capitán comandante.- Rukia y Renji se inclinaron ante su superior. -¿Pasa algo malo?- preguntó preocupada la Kuchiki.
Antes de que el capitán del primer escuadrón pudiera contestar, el príncipe Reiv atrajo la atención de todos al sacar otra de esas cosas parecidas a patas de arañas mecánicas, solo que esta vez sacó tres en vez de dos y las enterró más profundamente en el suelo, rociando un líquido color anaranjado para darle forma de triángulo a las tres patas.
-¡No hay tiempo de detenerse a dar explicaciones!- exclamó seriamente el príncipe de cabello y ojos azules. –Podemos ponerlos al tanto de la situación una vez allá, ahora necesitamos que vengan. ¡Requerimos de toda la ayuda posible para defender el Cristal de Luz ahora que pudo robar información tan valiosa sobre los planes de los cazadores! ¡Todo el que sepa luchar debe venir!- gritó viéndose histérico, ya no más con su buen humor habitual.
-Yo no puedo ir, debo quedarme a administrar el Seireitei.- suspiró tristemente Kyoraku. –Isshin, debo pedirte que te quedes conmigo para terminar nuestro asunto.- compartieron una mirada y su padre accedió a su petición con un suspiro. –Todos los demás, les pediré que por favor vayan.- ajustó su sombrero con solemnidad. –El futuro del mundo humano podría estar en juego aquí.- eso de inmediato captó la atención de Ichigo.
-¿Pero a dónde vamos?- preguntó confuso el shinigami sustituto al ver el portal triangular color anaranjado comenzar a abrirse.
-Belia. Es otro de los nueve mundos de nuestro universo.- explicó la princesa Tamirity. –Es el más avanzado en tecnología que actualmente tenemos bajo nuestro liderazgo. Se infiltraron en uno de los sistemas más clasificados e importantes de los cazadores y descubrieron información importante acerca de los planes que tienen para apoderarse de los mundos de su universo, pero los cazadores se dieron cuenta de su presencia y ya están en camino a atacar a nuestros científicos. ¡Debemos apresurarnos!- explicó mientras su hermano y los guerreros pasaban por el portal. -¡Todo el que pueda pelear, venga!- gritó antes de saltar también al portal.
El primero en saltar por el portal fue Urahara, seguido de un suspicaz Ishida con Jigen Izara pegada a su brazo, entonces todos comenzaron a pasar también, incluso Riruka arrastró a Yukio. Rukia le dedicó una última mirada antes de jalar a su esposo y a su subordinada para desaparecer por el portal también.
Al ver como sus hermanas iban también, Ichigo no tuvo más opción que unirse a la nueva aventura. No sabía cuánto tiempo esto lo mantendría alejado de Karakura y su familia, el peso de la culpa lo obligaba a tener muy presente la promesa que hizo de regresar pronto. Solo esperaba poder cumplirla.
Por ahora, solo se dedicaría a la promesa que tenía consigo mismo de proteger a todo aquel que lo necesitase, la Sociedad de Almas y el mundo humano. No importaba cuál fuera su hogar o dónde quisiera realmente estar, sentía una responsabilidad muy fuerte sobre esto incluso antes de escuchar a Fortuna.
Sacrificaría lo que fuera necesario sacrificar por el bien del mundo tanto humano como espiritual, simplemente porque sentía que era su deber.
Continuara...
Holaaaa! :D
Lamento la tardanza, este mes resultó ser más ocupado para mí de lo que pensé nwnU
Voy a tratar de actualizar en dos semanas para compensar pero creo q tendré q sacrificar un poco el largo :P Este fue más corto q los ultimos pero sigue siendo largo así q espero q esté bien n.n
El proximo cap ya trae algunas cosas interesantes q vendrían a ser uno de los puntos más planeados q tengo en la historia y muero por escribirlo *w*
Este cap tambien trajo algunos avances mas q nada en el caso de Ichigo pero la mayor parte debo admitir q fue solo introducción para cosas futuras xD
Muchas gracias por sus reviews a...
Natsumivat: Como siempre es un placer leer tus reviews y tus comentarios que amo muchisimo :3 Solo quería aclararte una pequeña cosa q creo q no entendiste bien xP No quiero darte spoilers de lo q se viene así q solo te dire esto: se tomaron muestras de Orihime, Rukia, Ichigo y Uryuu ;D
Serrae: Me alegra mucho q el fic te esté gustando! n_n
Kyria21: En verdad gracias por tu review! Lo de Fortuna... tomara un tiempo q sepan a que se refiere con exactitud, pero ire tirando más pistas pronto owo En cuanto al largo de los caps, tratare de mantenerlo en menos de 10.000 palabras y actualizar más seguido desde ahora XP
Ojala este cap les haya gustado y espero me perdonen por tardar u3n Los personajes de Tite!
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
