Los personajes le pertenecen a la gran autora de Koisuru boukun, Hinako Takanaga. Yo solo los tomo prestados sin fines de lucro.

¡AVISO! esta historia es la segunda parte de ENCUENTROS CASUALES, si no la has leído...¡léela!

CAPITULO 9- NUEVA VIDA

Por: Hana Kei

La bilis seguía en su garganta y sus puños aun cosquilleaban por el rose de su piel contra la de Morinaga, pero por una vez se mordió la lengua y guardo silencio. Se tragó su resentimiento como pudo, repitiéndose que debía entender a Morinaga aunque fuera imposible, después de todo, él mismo se había prometido insistir en su perdón.

–Si, a eso vine.

En el rostro de Morinaga no se asomó una sonrisa como Souichi esperaba, en lugar de eso sus ojos cambiaron de dirección para evadir su mirada, admitía que Morinaga se había vuelto más duro de corazón, pero solo lograba actuar indiferente por lo cobarde que era.

Souichi se tensó al escuchar la respiración agitada de Morinaga a pocos centímetros junto a él y compartiendo un paraguas de tamaño individual. No quiso voltear a ver lo poco que eso parecía importarle a Morinaga, aún menos cuando parecía que cada cosa que esperaba no iba como él quería. Y aunque las cosas no marchaba tal y como creyó, estaba logrando su objetivo.

Abrió la boca para cerrarla casi al instante, las acciones de Morinaga le entorpecían la mente cada vez más, haciéndose irracional. Desde esa perspectiva noto más cambios de los que en un principio le habían dejado sorprendido, Morinaga era más alto y la sensación en su estómago al tener el pensamiento pasajero de que era más atractivo le dibujo un leve rubor en su rostro. Con las manos temblorosas tomo por el mango el paraguas sobre el puño de Morinaga. No debía estarse denigrando de esa forma solo por estar deseoso del contacto físico, como si aquello lo fuera todo.

No quería pensar en toda esa conversación que acababa de terminar, evitar llenarse la cabeza de preguntas que arruinarían el momento pero que escarbaban en su corazón.

Una mejor idea que quedarnos bajo la lluvia es ir a hablar a otro lugar, aunque no pueda quedarme por mucho tiempo–dijo al tiempo en que retiraba la mano, siguiendo el mismo patrón evasivo– ¿te parece bien?

Souichi cerró los ojos resignado a guardar la calma, realmente trataba de controlar las respuestas que se le acumulaban en la cabeza

– ¿Tengo alguna otra opción?

–Tienes razón, para que pregunto lo que está claro–se pasó los dedos por el cabello húmedo para despeinarlo, por minutos se sentía un viejo quien trataba con un adolescente.

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El tiempo trascurría con su mente desconcertada por cada imagen de Morinaga que nunca había apreciado en el tiempo que habían vivido juntos. E incluso le sorprendía la poca capacidad que tenia de hacer conversación, Morinaga siempre había sido su único amigo de verdad, por ello fue más difícil desentenderse de todo lo que había echado al caño después de haberlo obligado a tener una relación basada en sexo, y que prácticamente lo hiciera desarrollar sentimientos antinaturales hacia otro hombre. Eso sí fue una traición a la amistad, igual que inventarse una familia. Souichi trago saliva, lo que él había hecho no merecía un desprecio tan denigrante, pero aunque se justificara a si mismo cada acción un millón de veces no cambiaría nada.

Por el retrovisor echo un pequeño vistazo a la parte trasera del auto encontrándose la desagradable sorpresa de un porta bebes, quiso girarse al instante pero se detuvo al notar la insistente mirada de Morinaga sobre él, como si le interesara su reacción. Furioso levanto una ceja alejando la mirada del retrovisor, decidido en actuar con familiaridad hasta parecer descarado.

Al encender el auto las luces delanteras iluminaron la ventana de la casa, por una rendija la cara de una mujer se asomó entre las cortinas, su mirada insistente en el ellos le dio a entender a Souichi que esperaría a que Morinaga volviera.

Cruzo las manos sobre su regazo incomodo por no decidirse en donde poner los ojos y a la vez incapaz de mantenerlos fijos en un solo lugar por mucho tiempo.

Sin música se sentía igual que en una escena tétrica, Morinaga piso el acelerador permitiéndose ser imprudente y derrapar en el pavimento mojado. Lamento su torpe intento de impresionar solo para complacer su ego, a esas alturas la opinión de alguien como Souichi era lo que menos debería importarle, en el pasado le había demostrado que es una persona superficial y susceptible a la opinión de la sociedad. Y para la desgracia de ambos, una persona así nunca podrá ser ni hacer feliz a su pareja.

Pero ahora eso era lo que menos debía importar en sus pensamientos, gracias a sus impulsos se había metido en una curiosa situación con Souichi dentro de su auto camino a ningún lugar en específico. Apretó sus puños ceñidos sobre el volante, con la vista en el semáforo en rojo.

– ¿Cómo te fue tan fácil encontrar el lugar en donde vivo?–se aventuró a preguntar, creyó que una pregunta echa sin mucho interés le animaría a responder con más sinceridad.

Después de unos segundos Souichi se giró a verle, pero para su desgracia no pudo ver su reacción. La pregunta no pareció agradarle. Morinaga tosió para interrumpir el silencio, dudando de las intenciones de Souichi para acosarlo, junto con su ideal de reconciliación, a sus ojos no tenia pinta de querer arreglar las cosas con él.

– ¿No responderás?–pregunto con ligera agresividad, ya tenía suficiente de jugar al silencio incómodo.

Souichi negó con la cabeza.

– ¿Eso se supone que debo tomarlo como "deja de preguntar lo que debería responderte pero que de todas formas no lo haré"?–bufó irónico, la luz había cambiado de un momento a otro sin darse cuenta–tan sumiso–se burló–que impropio de ti Souichi.

Sus labios se cerraron formando una línea recta, con las manos en puños. Vio los diferentes escenarios que su siguiente reacción podría desencadenar permitiéndose el darse cuenta de las pocas posibilidades que le daría el contestar a las insistentes provocaciones de Morinaga.

–No tienes por qué ser hostil cada vez que abras la boca–deshizo los puños sobre sus rodillas, sintiéndose capaz de concentrarse en su objetivo y lograr ser más inteligente que Morinaga–ya sabes, por más imbécil que te comportes no recibirás ningún reconocimiento.

Tienes razón aquello estuvo fuera de lugar–mintió, sin ánimos de dejar su hostilidad– ¿Qué te parece sin en lugar de recriminarte por irrumpir en mi vida me das una respuesta?–buscó dolor en el rostro de Souichi, el cual no encontró–pero déjame felicitarte, realmente eres bueno localizando gente por el mundo ¿un talento oculto, tal vez?

–No puedo decírtelo Morinaga–soltó un suspiro en resignación, tomo fuerza para obligarse a enfrentarlo sin que su orgullo lo arruinara todo–es como la frase "querer es poder" y yo realmente quería encontrarte.

Morinaga sonrió con amargura, deseó poseer la fuerza para girarse o aparcar el auto en una esquina pero no se sentía libre de tomar una decisión todavía, no con todo lo que podía perder a lado de Souichi, no después de todo lo que ya había ganado. Era demasiado pronto para dejar de sentir que todo lo que estaba sucediendo no era una simple ilusión.

– ¿En dónde queda el hotel donde te hospedas?–ladeo la barbilla, con la imagen de Souichi llenándole por el retrovisor, dejo de respirar al ver su reacción.

Souchi se sobresaltó, dándose cuenta de cual trasparente se había mostrado, dejando caer la pared que se levantaba cada que abría la boca. Dos vibraciones seguidas contra su pantorrilla le hicieron soltar un extraño suspiro que llamo la atención de Morinaga, la cual se fue de su rostro hacia la pantalla de su celular. Su expresión helo a Souichi, quien se maldigo dentro de su cabeza, no solo por el pavor que le causaban los repentinos cambios en el humor de Morinaga, también por esa sensación constante de esperanza al ver sus reacciones. Le era imposible reprimir esa calidez enfermiza que le causaba ver los celos de Morinaga, cuando antes solo eran una molestia.

Atiende la llamada–le reto con una ceja levantada, en ese instante cerró la boca, estaba actuando como un adolescente ardido con su expareja, justo lo que estaba demostrando que era.

Como Morinaga esperaba, Souichi apago la pantalla. La lluvia se convertía en llovizna, más liviana a cada cuadra, y contrario a lo que aparentaba, Morinaga no tenía un rumbo fijo. Giro de improvisto camino a la empresa donde trabajaba, en el lugar donde se habían encontrado por primera vez, aunque Souichi le asegurara que había ido intencionalmente no se sentía convencido del todo.

Buen remplazo–soltó Morinaga por lo bajo, erizándole los cabellos de la nuca a Souichi.

–Morinaga, escucha…

–Te dejo aquí–exclamo para interrumpirlo, aparcando el auto frente una cafetería–tengo que regresar, y ya he perdido mucho tiempo.

Una media sonrisa agria apareció en el rostro de Souchi, resentido por lo que escuchaba.

–«Encontrarnos es ahora perder el tiempo»–Sin pensarlo dirijo los dedos a la manija de la puerta para jalar de ella, ni siquiera estaba seguro de traer el dinero suficiente para tomar un taxi, aun así no soportaba estar un minuto más escuchando el veneno que Morinaga le escupía–me bajare, solo espero que no me hayas hecho subir a tu auto solo para asegurarte de que me fuera, si no me hubieras detenido ya estaría en mi habitación.

Frunció los labios, se lo pensó un puco antes de decidir sacar su billetera. Las cejas de Souichi se juntaron en el momento en que Morinaga le extendía dos billetes verdes.

Es suficiente Morinaga–jaló de la manija y salió del auto, de inmediato el viento le soplo frio en el rostro–No aceptare tu dinero, no me importa si es para compensar tu rudeza al dejarme aquí, o si es un soborno para que no vuelva a tu casa. Pero ni a tu amigo, él que se acostaba contigo solo porque le hacías recordar a tu hermano, lo trataste así. Esperaba que pudiéramos hablar, y hacerlo de verdad, no solo tener que aguantar tu palabrería recriminatoria–dejó de hablar para darle oportunidad de responder a Morinaga que se había quedado con la vista fija en los billetes–no tienes que recriminarme nada de lo que hice estos años, yo me he tragado todos mis reclamos para no pedirte explicaciones que se no me darás.

Sin decirle nada bajo la mirada y dejo caer la billetera en el asiento. Respiro hondo y busco su mirada, era la primera vez en mucho tiempo que buscaba ver algo más en sus ojos.

–No hoy–resopló pasándose los dedos por el cabello–mi cabeza necesita meditar, tengo el triple de responsabilidades de las que cargaba cuando era tu asistente en el laboratorio, espero me entiendas.

Supongo que debo hacerlo.

Morinaga puso los ojos en blanco sin evitar mostrar su incomodidad, decidió ya no preguntar más que lo necesario. Souichi dejó caer la puerta con suavidad, poniendo fin a su única conversación real del día.

De inmediato volvió a encenderse el automóvil y el motor rujió entre el ruido de la ciudad.

Por cierto Morinaga, ¿cuál es tu número de celular?–intentó ocultar el rostro dejandó que el flequillo le cayera sobre los pómulos, prácticamente le estaba rogando a Morinaga y aquello lo llenaba de abominación hacia sí mismo.

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Quitó el freno de mano, y con la vista en la próxima esquina a la derecha, piso el acelerador. A tientas saco del compartimento de la puerta el estuche de sus lentes. Le dolía la cabeza y sentía los ojos secos, usarlos frente a Souichi de alguna forma le hacía sentirse incómodo. Esa noche era la viva prueba de que las situaciones van cambiando, y que su vida se le estaba yendo de las manos, ya no le agradaba el pensamiento libre de estar dispuesto a esperar lo que venga. Quería mantenerlo todo en un estado quieto, marchando en línea recta y sin contratiempos.

Dejó el auto en el único lugar disponible en la acera, se despeino un poco el cabello para lucir más joven, aunque decidió dejarse los lentes. Con las mangas arremangadas y dos botones desabrochados debajo del cuello de la camisa, se adentró en el bar gay al que había dicho no volvería, apenas unos días atrás.

Ese día el ambiente estaba más animado, algunos cuerpos estaban pegados por completo en las zonas oscuras del bar, como siempre la barra estaba llena de hombres en traje.

Se dejó caer en una de las mesas redondas para dos personas, cerca de la barra pero alejada de las esquinas con suficiente oscuridad para incluir más que besos.

Estando dispuesto a aceptar un poco de compañía espero hasta terminarse cinco copas pequeñas de whisky, a pesar de que esa noche nadie llegó a ocupar la silla frente a él. Con la mirada pendiente de las manecillas del reloj en su muñequera levanto la mano izquierda para pedir la cuenta. Tomar solo no era exactamente reconfortante, y ya no era un jovencito que podía perder el juicio y amanecer al día siguiente en su habitación. Los billetes que le ofreció a Souichi estaban arrugados y mal puestos dentro de la cartera, tomo ambos y los estampo en la mesa.

Antes de cruzar la puerta un chico se acercó a él, venia corriendo desde los vestidores detrás de la barra del bar, con una bolsa de naranjas sujeta en una mano. Dann al escuchar el estruendoso sonido que hizo la mesa, volteo enseguida, sorprendido de que se tratara de Morinaga, y lo conveniente que le resultaba que estuviera ahí.

Tetsu, toma esto como disculpa–grito haciéndose oír entre la música–eran para mi hermano, pero me ha dicho que pensaba dártelas de cualquier forma, y como estas aquí me ha parecido conveniente que te las lleves.

Morinaga fingió una sonrisa y desvió la mirada de los ojos furiosos que observaban la escena desde la barra de bebidas.

No es necesario Dann–dijo dando un paso fuera del local, con intención de esquivarlo–Fuwa ya se ha disculpado, no fue gran cosa lo del auto, así que esta bien.

Una sonrisa se formó en el rostro de Dann quien empujo la bolsa hacia Morinaga sin darle más opción más que tomarla, no se hizo preguntas del porque estaba recibiendo naranjas o si solo era una excusa para deshacerse de estas. Se inclinó un poco para agradecerle, olvidando que a los residentes del país parecía extrañarles dicho agradecimiento. Como era de esperarse el rostro de Dann se apeno, sin tomarle importancia Morinaga salió del bar, a pesar de desear con todas sus fuerzas no tener que regresar a la realidad de su nueva vida.

Dio una gran inhalación y se metió en el automóvil, debía pasar a una tienda de conveniencia antes de dirigirse a su hogar, comprar unas mentas e ir en contra de toda su rutina y llevar unas cuantas cervezas. Se froto la frente con el pulgar y el índice, estaba molesto consigo mismo por tomarle tanta importancia a una persona que la tenía enterrada en el pasado, y además de eso, le molestaba lo sensible e impulsivo que se comportaba estando con Souichi. Él le seguía provocando todo aquello que se había propuesto desechar, las malas costumbres que tenía en su juventud y le hacía dudar de todo lo que se había esforzado en aceptar, a vivir sin amor y ser feliz con lo que la vida le había dado, una familia.

Su fondo de pantalla era una foto reciente de Miyori y el sobre el césped, un día de salida familiar junto con Zahi, quien le había propuesto tomarles un par de fotografías con su nueva cámara. Con una extraña sensación en el estómago bajo del auto y compro unas cuantas cosas, desechando la idea de llevar cervezas, que solo serían una tentación.

Disminuyo la velocidad al entrar en la colonia, con un par de mentas en la boca y un dolor de estómago por tenerlo vacío, dio un salto al escuchar que gritaron su nombre.

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Souichi se cruzó de brazos, dio un gran suspiro como si le diera igual ser tan insistente. Frunció los labios y saco su celular.

Dame el tuyo–respondió Morinaga con los puños alrededor del volante.

No me llamaras–dijo Souichi a secas, con la mirada en la cafetería–además yo también necesito, como tu dijiste, meditar–cerró los parpados con fuerza, pensándose dos veces sus siguientes palabras–te mandare un mensaje cuando crea que es correcto, estaré en esta ciudad el tiempo suficiente para encontrar una solución.

Morinaga arrugo los labios, no quería seguir escuchándolo sin sentir la necesidad de sollozar, mantuvo los ojos abiertos como precaución.

Hasta cierto punto no estoy seguro si mis intenciones son desinteresadas, pero una de las razones por las que estoy aquí, posiblemente la más importante, has sido tú.

Separó los labios pero no pudo decir nada más, esperaba una respuesta, alguna señal de que Morinaga se había conmovido. En lugar de decir algo reconfortante, Morinaga empezó a dictarle su número de celular, sin titubear lo registro en su celular. No espero a que Morinaga le dijera algo más, con la palma levantada se despidió y entro en la cafetería. Ya había sido suficiente humillación por ese día, y estaba exhausto.

Marcó el número de Isogai apenas tomo asiento, la cafetería estaba por cerrar y no se fiaba mucho de la seguridad de tomar un taxi por la noche. Isogai tardo dos timbrazos en contestar.

– ¿Ya están en un hotel?

–Eres tan desagradable–espetó–estoy en la cafetería a una cuadra del trabajo del idiota, me dejo a mi suerte.

Isogai se quedó callado, no sabía que decirle a Souichi, o si había algo que pudiera animarlo. No le dio tiempo a contestar antes de que Souichi le dijera la razón por la que le llamaba, quería que fuera por él. Arrepentido por su infinita gracia, tomo las llaves del automóvil y se dirigió a la cafetería.

No tardo mucho tiempo en llegar, pero los empleados le habían pedido que saliera del establecimiento porque debían cerrar para poder terminar su turno laboral. Se limitó a entrar al auto y recostarse en el asiento trasero.

– ¿A dónde lo llevo señorito Souichi?–bufó Isogai, con la imagen clara de que ese día había sido el chofer de Souichi.

–No te voy a contar nada.

– ¿En serio tan mal te fue, aun después de esa increíble y romántica escena bajo la lluvia, al estilo drama de televisión abierta?

–Sí, incluso después de enterarme que metió a una mujer y a su hija en su casa para fingir ser una familia feliz, y que al parecer no sabe que es gay, ¿eso también lo sabias, cierto? Viene en esas páginas que le quitaste al folder que me diste, en esas hojas no venía su estado civil.

–No creo que sea como lo dices Souichi, además te dije que sería complicado–dijo en voz baja, sintiéndose culpable por no ahorrarle una sorpresa desagradable, y por seguirle mintiendo a pesar de ver cuánto le dolía– ¿Te has dado por vencido? Creí que tu desaparición era buena señal.

–Quizá se me podía salir información si permanecíamos en la entrada de su casa, o por precaución a que volviera y hablara de más con su familiase burló–y por eso fue a buscarme, no lo sé, pero me dio su número de celular.

Los ojos de Isogai se encorvaron al igual que sus labios, busco la mirada de Souichi, pero este estaba fingiendo dormir en el asiento trasero.

– ¿Ya tienes pensado cuando le llamaras, mañana?

Souichi arrugo el ceño.

Cuando tenga tiempo, no estoy aquí por diversión–renegó, se dejó caer por completo hasta que se quedó dormido.

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– ¡Tetsuhiro!–gritó Fuwa, sosteniendo con una mano una bolsa de plástico y la otra agitándola sobre su cabeza–que extraño que salieras tan noche.

Morinaga abrió los ojos en sorpresa, lo que causo que Fuwa se sonrojara y titubeara, sonrió sin ganas y se acercó a la ventana del auto.

–Es que Dann me dijo que te vio en el bar, y bueno salí a comprar unas cervezas porque se me antojaron, así que cuando te vi solo te llame.

El rostro de Morinaga se oscureció.

–Realmente solo fui por…

–Oh no me lo digas–se apresuró a interrumpirlo, negando con las palmas–quieres ir a mi casa a tomar estas conmigo–balbuceó nervioso mientras señalaba la bolsa en su mano, seguro de que Morinaga lo rechazaría–necesito hablar con alguien nuevo.

Fuwa dio un paso atrás, alternando la mirada entre Morinaga y la calle para aparentar que estaba siendo casual. Sonrió desanimado y se dispuso a caminar antes de ser rechazado.

–Claro, súbete al auto–dijo señalando la parte trasera–aquí enfrente están unas enormes naranjas que me dio tu hermano.

–No te las comas–respondió con una carcajada–son peligrosas, a todo el mundo se las regala.

...

!Muchas gracias por haber llegado hasta aquí!Al fin nueva actualización y un gran respiro para mi poder volver a traerles una continuación, me esforzare para que la próxima actualización sea en pocos días, mientras tanto...¡¿Les ha gustado el capitulo?! Espero que tuvieran una que otra emoción desconcertante.Y no puede faltar agradecerle a todos los mis lectores, muchas gracias por el apoyo en sus comentarios, por hacerme saber que están ahí, leyendo este fic que llevo meses trabajando en el, así como ustedes siguiéndolo. ¡Disculpen la tardanza!

Visiten mi perfil en donde esta la pagina de avisos sobre mi poco constante e inesperada fecha de actualización, dejen sus bellos reviews que me animan demasiado a continuar esta historia, nos leemos luego! y como ya saben.. hasta el siguiente capitulo. CONTINUARA...