Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo la trama es mía.

Capítulo 10

"Amnesia y celos"

Bella POV

— Yo…yo lo siento Bella— murmuró ruborizado y solté una pequeña risilla mientras me seguía moviendo realmente borracha. Me quedé de pie sin atinar a entrar, sabía que si daba un paso…me caería por lo que me limité a sonreír como idiota. Edward me observó y alzó una ceja pero no me moví.

Suspiró y me levantó en sus brazos, tenía un sueño horrible ahora que lo pensaba.

Enrollé mis brazos en su cuello y me acurruqué contra su cuerpo. Su calidez me hacía sentir confortada. Suspiré sobre su piel y él profirió algo como un gruñido que me produjo una sensación placentera indescriptible.

— ¿Bella? — Murmuró con voz ligeramente más ronca, mis párpados pesaban de forma asombrosa y me costaba estar despierta, más aún si tomamos en cuenta que estoy en brazos de un chico que está para violárselo…

— Mmm— fue mi grandiosa respuesta, respiraba sobre su piel y sentí cuando tragó en seco. Sonreí y me acomodé mejor.

— ¿Tu madre?... no creo que le agrade verte borracha y menos si yo te traigo en brazos y las cosas que imaginará— explicó un tanto incómodo.

— Hmm…ella, ella está en una happy hour— expliqué recordando la nota que vi en el refrigerador. Sentí que asintió y empezó a subir las escaleras conmigo suspendida por sus fuertes músculos.

Llegamos a mi habitación en cuestión de segundos pero fueron los mejores segundos de mi vida. Sonreí acurrucándome más, sintiendo su fuerza y aroma.

Me dejó en el umbral y eché de menos su calor y miré hacia mi cama.

Claro, antes de salir dejé todo el desorden de mi ropa desparramada sobre el lecho. Bufé y caminé sin ánimos. Ganas de ordenar no tenía así es que tomé todo en una gran bola y la tiré bajo el catre. Me quedé sentada jugueteando con la orilla del cubrecama y Edward se rió

— Vamos Bella, la cama está un poco más arriba— dijo antes de alzarme como un bebé entre sus grandes y cálidos brazos. Me enrosqué a su cuerpo y me obligó a soltarle cuando me dejó bajo las mantas

Aproveché que estaba cerca de mí y apresé su cuello, ahora sus labios se encontraban a merced de lo que yo quisiera hacer.

Me miró sorprendido y yo me mordí el labio traviesa. Lo atraje un poco más hacia mí y tuvo que recargar su peso en sus manos las cuales apoyó en el colchón.

— ¿Bella…qué haces? — Murmuró a escasos centímetros de mi boca, sonreí por su expresión contrariada aunque sus ojos brillaban de forma especial. — No creo que sea lo co— antes que pudiera proseguir lo interrumpí besando ligeramente su labio superior y miles de descargas eléctricas me recorrieron el cuerpo y fui en busca de más sensaciones. Hice que mi boca encajara a la suya, como dos piezas de un rompecabezas entonces noté que él estaba algo tenso e indeciso, así que me aparté.

— Bueno, si no quieres…— le solté el cuello y quedó confundido. Me observó a través de sus largas pestañas con un gesto molesto no así sus ojos parecían arder. Volteé el rostro hacia la ventana y no previne cuando sujetó con su otra mano mi cara, le dio un breve beso a la hondonada detrás de mi oreja y suspiré en satisfacción a pesar de estar algo sorprendida…sin embargo esto se fue al caño cuando me besó en serio, moviendo sus labios sobre los míos casi con rudeza. Esto era diferente y me hacía sentir de lo mejor.

Enredé mis dedos en su pelo y jalé de ellos cuando sentí lo húmedo de la otra vez juguetear con mi labio inferior. Le di acceso y me deleité con su sabor dulce de nuevo, jamás me cansaría de probarlo.

Llevó una de sus manos a mi cintura y la estrujo de forma deliciosa dejándome percibir su peso sin lastimarme en lo absoluto.

Subió un poco más sus manos cálidas y acarició mis costados. Gemí sin querer cuando redondeo la forma de mi cuerpo.

Me aventuré a deslizar una de mis manos por su cuello hacia abajo… recorrí su cuello acariciándolo ligeramente con las uñas hasta llegar a su pecho.

Gimió sobre mi boca cuando paseé mis uñas por ahí, y no me detuve y llegué hasta el borde de su camisa. Estaba enfebrecida…no sabía en qué podía terminar esto pero no iba a detenerme, no ahora. Entendió mi idea mas solo tomó mi mano y la entrelazó a la suya. Con dificultad se separó de mis labios que sentía calientes por sus posesivos besos y detuvo su recorrido en mi piel dejando reposar su mano en el colchón.

Me hallaba confundida y tenía algo de sueño.

— No Bella…tú estás borracha y no quiero que mañana al despertar te arrepientas de esto— besó la unión de nuestros dedos y suspiró al mismo instante que intentaba calmar sus respiraciones. Yo hacía lo propio pero no era capaz de analizar muy bien…creo que después de todo si estaba muy bebida.

La vergüenza me atacó de golpe al igual que el sueño, por lo que escondí mi cabeza en su pecho. Se giró para quedar de costado y mi nariz enterrada en su cuerpo.

— Lo siento— dije avergonzada a más no poder. Quizá creía que era una puta que se le regalaba al primer chico que veía, me ruboricé de mis pensamientos.

Rió y sentí su respiración en el tope de mi cabeza.

— No te preocupes… yo solo te quiero y no deseo que te arrepientas de nada— me levantó la mirada y acarició mi mejilla.

— No te vayas… ¿sí? — Los párpados volvían a pesarme y lo cierto era que no tenía ganas de luchar más contra el llamado del sueño.

Advertí que sonrió mientras asentía con la cabeza y me acomodé de mejor manera, amoldando mi cuerpo al suyo. Me envolvió con sus brazos y me cubrió con las mantas. Así en medio de sus delicadas caricias me sumí en la inconsciencia…

-o-

Cuando desperté por la mañana el débil sol de invierno se colaba por el visillo, con mucha pereza abrí los ojos… uhg, me dolía la cabeza otra vez.

Entonces todos los sucesos de ayer me cayeron encima, ¡Dios! Había estado a punto de perder la virginidad con Edward… y él… miré hacia el lugar que recordaba anoche estuvo, ya no se encontraba junto a mí y sentí una extraña y desagradable sensación de vacío que no me gustó para nada.

Él me había dicho que me quería y yo le respondí con una afirmativa. ¡Qué vergüenza! Me cubrí con las mantas el rostro sonrojado…aunque había también otra emoción.

Tenía miedo.

Nunca me involucré en una relación por esa simple razón, tenía pavor de salir lastimada y con el corazón roto en una mano. Con Edward me sentía bien, completa y feliz…pero, el temor estaba ahí… él era respetuoso como me lo demostró anoche, caballero y gustaba de molestarme… y yo lo quería sin embargo no me apetecía sufrir por amor. No, no iba a hacerlo.

Extrañamente mi corazón se estrujó de pena por la decisión que había adquirido en conjunto a mi mente. Siempre es mejor mantener el cerebro en primera instancia. No me odies corazón pero quizá te evito un dolor mayor…solo esperaba no equivocarme con mi elección.

En eso sonó mi celular, no tenía ganas de hablar con nadie y me sentí enferma de un momento a otro y aunque no quiera reconocerlo me embargó una sensación de expectación al pensar que a lo mejor un chico de cabello cobrizo y ojos esmeralda era quien llamaba a mi teléfono. Me negué a esa turbación de mi paz.

Era Alice. No, no, yo no me sentí triste. No.

— Hola querida Bella— canturreó desde la otra línea, rodé los ojos

— Hola Alice— quizás soné un poco pesada…

— Qué ánimo…parece que a alguien no le tocó anoche— rió sola con su chiste y sin quererlo me ruboricé.

— Ay solo cállate Alice— el dolor en mi sien no era muy amigable que digamos.

— Bueno, bueno. Solo te llamo para decirte que hoy hay una junta en el colegio…algo de unas actividades extra programáticas… ya sabes— perfecto lo que me faltaba…tendría que verlo hoy, ash.

— Gracias, pero no creo que vaya… estoy con una resaca horrible— expliqué acariciando mi frente.

— Hm… ¿qué pasó entre ustedes anoche? — Pude imaginar sus cejas moverse de forma sugerente.

— Nada Alice, nada. Adiós— y colgué. Mi ánimo era un asco, esperaba que al ducharme mejorará un poco.

Pues no lo hizo, me instó a recordar las manos de Edward sobre mi cuerpo. Ash, no me voy a enamorar, querer y amar son cosas diferentes…no, no.

Me desenredaba el cabello cuando sonó mi celular y apuré mis pies para ver el identificador.

Mierda, era él. Tragué en seco y como la cobarde que soy corté la llamada. Me mordí el labio una vez hube colgado sin contestar. Necesitaba sacarme de la cabeza sus labios, su aroma… ¡su todo!

Bajé a comer algo, y adrede dejé mi móvil encima del velador.

Mamá como siempre sonreía y compartió conmigo lo bien que la pasó anoche con sus amigas. Asentía con una sonrisa cuando era necesario. No estaba comunicativa así es que subí a ordenar mi ropa. Era un gran montón.

Vi mi celular….

Tenía diez llamadas perdidas y tres mensajes. Mordí mi labio inferior indecisa entre contestarle o dejarlo ahí.

Iba a abrir uno de los mensajes cuando decidí dejarlo así nada más.

Es lo mejor, repetía como mantra en mi cabeza.

Eran las cinco de la tarde cuando me acosté de espaldas en mi cama con el reproductor de sonido a todo volumen. La música siempre me ayudaba a pensar y reflexionar.

Cada canción lenta que llegaba a sonar era como recordar a cierta persona, soy una idiota. Cambié mi repertorio por electro pop, no tenía que pensar en nada con esas melodías.

Así pasé mi súper fin de semana, como ya había hecho todos mis deberes para la semana no tenía absolutamente nada que hacer más que rechazar llamadas de Edward ambos días.

Para cuando el lunes llegó estaba nerviosa de ver su rostro otra vez, sabía que sería difícil mirar sus ojos y recordar los besos. Por ahí no iba bien…

Me levanté lentamente y de la misma forma caminé hacia mi sala.

Antes de llegar una mano sujetó mi brazo y me llevó a una salida de emergencia. Agitada intenté escapar, tenía el corazón en la garganta del susto. Era temprano así es que nadie había llegado aún.

Me sentí apresada entre la muralla fría y un cuerpo grande…por el aroma supe que era Edward y lo tenía a cinco escasos centímetros de mi rostro. Maldito corazón se aceleró tanto que lo percibía en todas partes.

— Ed-Edward…— dije con la respiración entrecortada, estaba demasiado cerca. Sonrió de lado y se acercó más y me alejé dentro de lo que podía

— No me contestaste el teléfono— murmuró mientras tomaba un mechón de mi cabello entre sus dedos, Dios…tengo que salir de aquí antes de que muera por combustión espontánea

— Yo…yo…— bajó su cabeza hasta la curvatura de mi hombro y aspiró mi aroma. Me mordí el labio para acallar el sonido comprometedor que quería escapar y contuve el impulso de acariciar sus cabellos.

— ¿No te acuerdas de esto? — Murmuró peligrosamente cerca de mis labios… lo detuve con mis manos.

— Edward…yo estaba borracha y…no me acuerdo de nada, todo lo que pasó si es que pasó algo fue un error, lo siento— dije y se me estrujo el corazón al ver sus ojos tristes y sorprendidos…

— No te creo, sé que lo recuerdas— se alejó

— No…— me interrumpió poniendo sus dedos sobre mis labios

— Haré que lo recuerdes— susurró y juro que creí que iba a besarme, pero no, se acercó lo suficiente como para hacerme sentir su aliento dulce y su respiración cálida, lo suficiente para hacerme sentir gelatina.

Luego me dejó con una confusión enorme de pensamientos y sobre todo de sentimientos.

Caminé con la cabeza gacha el resto que me faltaba para llegar a la sala.

Saludé a los chicos que aún comentaban lo del viernes lo cual no me ayudaba en nada.

El resto de las clases me las pasé meditando y evitando con todas mis fuerzas mirar su rostro, claro que fallé muchas veces. Él me dijo que me haría recordar…me ruboricé por los pensamientos para nada decorosos que acudieron a mi mente.

— Señorita Swan…podría por favor responder— la profesora de matemáticas me miraba con el ceño fruncido y recién ahí noté que todos me observaban. Me ruboricé a más no poder y lo peor es que no sabía qué diablos me había preguntado la viejuja.

— Yo…eh, ¿me podría repetir la pregunta? — Bufó y rodó los ojos con exasperación.

— ¿Cuál es el valor que le asignamo en este ejercicio? — Señaló un gran cálculo y no entendí un carajo y justo cuando iba a responder que no sabía nada, él me tocó la pierna ligeramente y desvié la mirada hacia un papel que extendía por debajo de la mesa

A= 20 y X= 13

— A es veinte y equis trece— respondí temblorosamente e internamente rogué porque fuera cierto. La profesora asintió con el ceño fruncido y prosiguió con su perorata. Le agradecí con la mirada pero él pareció ignorarme. Sí, no voy a negarlo me dolió su indiferencia.

Me encogí en mi lugar repentinamente avergonzada y procuré mantener mi atención en la clase.

-o-

El resto de la semana no fue diferente, él me ignoraba pero igualmente generaba ocasiones en las que rozaba su piel cálida y electrizante a la mía. Sé que lo hacía a propósito. Y fuera de eso no había ningún suceso digno de mención… bueno, hasta hoy, viernes…

Salíamos de clases cuando los vi y mierda, jamás se me había estrujado de tal manera el corazón. Él estaba con Tanya, apoyados en el Volvo…en el mismo que casi había sido mi primer beso la otra vez, sus manos estaban entrelazadas… quizá no se había percatado de mi presencia, medité esperanzada…

Pero, oh, él si me había visto. Y aún así siguió riéndose y acariciando a esa puta. Me hirvió la sangre por lanzarle el libro que leía, en cambio me di la vuelta y largué de ahí.

Estúpido Edward Cullen, esta me las pagas porque me las pagas. Mi cara ardía de furia y mis manos picaban por jalar de los cabellos a esa tipa, arrastrarla por el piso para que sus implantes se rayaran con el asfalto… y luego lenta y dolorosamente sacarle cada cabello y dedo y finalmente lanzarla por el alcantarillado… ¡ash! ¡Qué rabia!

Subí al auto de mamá, no saludé y de un fuerte portazo cerré la puerta. Jamás en la vida había sentido tantas iras asesinas…esa extraña sensación de defender lo que es mío con dientes si era necesario… ¿Pero qué diablos estoy diciendo? ¡Edward no es mío! Aunque lo quisieras, susurró algún lugar de mi mente. Me dediqué a intentar calmar el fuego que bullía en mi interior.

Al cabo de darle algunas vueltas, deduje que estaba celosa. Mierda, sí que lo estaba… mejor no quería ni imaginar lo que estarían haciendo.

— Bella…Bella… ¡Bella! — Escuché a mi mamá y salí de mis pensamientos. La miré, por lo menos me hallaba algo…no, mentira me encontraba igual de molesta. — ¿Entendiste algo de lo que te dije? — Preguntó y negué con la cabeza mientras pensamientos de gente pelirroja muerta pasaban ante mis ojos. Suspiró antes de hablar— no sé qué diablos sucede contigo…estás ida y pareces muy enojada— lo que me faltaba…

— No me pasa nada, ¿me dirás lo que tengas que decir o me puedo bajar ya? — Ugh, sí estaba irritable. Sonrió y luego rió. Bufé e iba a bajarme, pero tomó mi brazo

— Celos, celos— cambió el tema al ver mi mirada asesina— te digo que me voy este fin de semana a Temuco por un asunto de trabajo— explicó ¿cómo? ¿Me iba a dejar sola?

— Ah… ¿Me abandonarás? — En el fondo lo prefería, si no…iba a descargar mi ira con la pobre de Renée. Acarició mi mejilla y sonrió de forma maternal y me relajé un poco.

— Ya estás grande y confío en ti lo suficiente como para dejarte a cargo de la casa estos dos días— murmuró y asentí mientras esbozaba una sonrisa.

Nos bajamos del auto y caminamos juntas a la casa. Le ayudé con la maleta y de a poco la furia se fue, dejando algo agrio a su paso. Prefería los celos que está sensación desagradable.

— Te cuidas mucho, abrígate, creo que hará bastante frío estos días. Te quiero mi Bells— y así mi madre me dejó sola, triste y abandonada.

Ahora que lo pensaba y analizaba…mi furia, ese fuego que ardía de rabia al verlos juntos se evaporó en el transcurso del día…ahora me sentía insignificante, triste y totalmente sola. Sí, muy sola, y estúpida por sentir lo que siento por ese patán.

— ¡Soy una idiota! ¡Te odio Edward Cullen! Te odio…— murmuré resbalándome por la puerta y sin saber, sin querer comencé a derramar lágrimas. Me llevé las manos al rostro y restregué mis ojos para borrarlas de mi piel, mas seguían brotando como un caudaloso río. — Te odio Cullen…te odio— seguí repitiendo entre hipidos.

Luego de estar como una verdadera idiota llorando por un hombre, bufé, un hombre no valdrá nunca mis lágrimas, eso decía de niña. ¡Y mírenme! Llorando como un bebé por uno.

Subí las escaleras y me quité toda la ropa para ponerme un pequeño short y un chaleco de lana negro largo. Hoy era día de películas románticas, clichés y depresivas. Allá vamos por la buena noche de viernes para Bella la idiota.

Encendí el calefactor y rebusqué en la nevera hasta que di con un enorme bote de helado de chocolate, muy bien. Mi nariz estaba roja, mis ojos hinchados y tenía una cara de culo insoportable, en fin, qué se le va a hacer.

Partí mi noche de películas con el más enorme de todos los romances, "Titanic" nunca he sido de llorar con las películas, pero lo hice con el final. Odiaba a Edward por hacerme esto, aunque sé que yo tenía la mayor de las culpas por fingir que no recordaba nada, ¡por favor! ¿Cómo iba a olvidar los besos? Su calor junto al mío…su aroma… algo me dice que otra ronda de lágrimas viene para mí.

Para cuando terminó esa cinta, mi pelo estaba revuelto, pañuelos por todos lados y yo sorbiendo mi nariz comiendo helado…

Corrí a poner "A walk to remember".

Y cuando ella le revela lo de su enfermedad, tocaron a la puerta. Me puse de pie tallándome los ojos y sorbiendo mi nariz.

Abrí y solo me fijé en el rostro de la persona, que llovía copiosamente…

Y cerré de un portazo…