Siguiente capítulo, y os digo una cosa a las personas que me quieren en el tártaro, no puedo escribir allí abajo, no quiero encontrarme con Cronos y Gea.
PD: Estos personajes son de Rick Riordan yo solo los utilizo en mi historia.
10 Lápices escondidos
Entre en matemáticas avanzadas y todos los alumnos se giraron a verme y el profesor siguió su mirada hasta a mí.
-Disculpe, soy nueva y me he perdido, me disculpé.
-Da igual, preséntese y luego siéntese, ordenó.
-Buenos días, soy Annabeth Chase, sonreí a mis nuevos compañeros.
Me senté junto a un chico, este tenía el pelo rizado café y parecía un duende de origen latino.
-Soy el sexy Leo Valdez, me sonrió.
Empezamos a dar la clase y observe que Leo no dejaba de equivocarse de respuesta y la curiosidad ganó la batalla.
-¿Por qué estás en matemáticas avanzadas si no eres bueno en las matemáticas? Pregunte.
-Porque de mayor quiero ser inventor y para ello necesito las matemáticas avanzadas, explico.
-Perdona mi curiosidad, me disculpe.
-No, si da igual, la gente normalmente cuando se da cuenta, y esa gente es poca, me dicen que soy un tonto y no preguntan el motivo pero tú sí, dijo observándome con interés.
-Soy diferente al resto, me encogí de hombros.
-A esa conclusión ya llegue cuando entraste por la puerta, dijo.
-Pensé que en apariencia era igual, murmure pero mi compañero con esas orejas de elfo que tenía me oyó.
-De igual nada, eres más bonita que todas las chicas de este instituto juntas, me sonrió y se centro en la explicación del maestro.
Si digo la verdad no me sorprendí por ese comentario durante toda mi vida llevan diciéndome que soy la mujer más bella que han tenido el placer de conocer, cuando era una humana siempre me recordaban que era la más guapa del lugar aunque yo creía que había mujer más guapa que yo, y cuando me convertí en vampira, bueno, las cualidades de un humano aumentan muchísimo y como ya era bella en mi antigua vida lo que hizo la "vampirización" fue hacerme todavía más guapa de lo que ya era, y los vampiros me lo recordaban invitándome a salir, mi vida siempre la envolvía mi belleza.
-Leo Valdez ¿Cuál es el resultado? Pregunto el profesor, mi compañero de mesa trago saliva.
-1540, le susurre.
-1540 profesor, dijo Leo y el maestro se quedo atónito al ver que él acertaba.
-Leo…has…has ¿Acertado? El profesor parecía estar en estado de shock y supe que no se le pasaría en buen rato.
-Gracias, dijo Leo mirándome a los ojos.
-De nada.
-Encima de bonita eres lista y amable, ¿Hay algo que no seas? Me pregunto sonriéndome.
-No soy muchas cosas Leo Valdez, son las demás personas que se empeñan en mirarme así, le respondí enigmática.
Leo quiso hablar pero la campana sonó y yo me encamine por el pasillo, no quería llegar tarde de nuevo.
Mire mi horario y ahora me tocaba… Inglés.
Resultaba que me tocaba con Piper en esa clase, y ella estaba encantada de que yo fuera su compañera.
-Menos mal que te tocó conmigo, no estaba segura si resistiría estar junto a un humano, tan san rosadito, tan apetecible… Piper estaba babeando.
-Piper se te cae la baba, ella me dio un suave golpe en el hombro.
Mire a la puerta y vi como Percy llegaba tarde otra vez a la clase, se sentó detrás de nosotras y sentí su mirada en mi espalda.
La clase fue normal y en cuanto toco la sirena todos salieron corriendo hacia la cafetería a excepción de Piper y yo, que estábamos buscando mi lápiz perdido.
-Annabeth tengo hambre, se quejo Piper.
-No me iré hasta que encuentre mi lápiz.
-Pero Thalía nos estará esperando, siguió con su queja.
-Pues vete a la cafetería cuando lo encuentre voy para allá.
-¿Segura?
-Sabes que no necesito comer como tú y Thalía, y Piper se marchó dejándome a mi sola en la búsqueda del lápiz.
-¿Buscabas esto? Pregunto una voz conocida.
Me levante y encontré a Percy con mi lápiz.
-¿Dónde lo has encontrado? Pregunte mientras lo cogía sin tocar a Percy.
-En el suelo.
-Pero si yo busque por ahí antes, fruncí el ceño.
-Te lo iba a dar pero esa amiga tuya a la que no le caigo bien estaba contigo y esperaba a que se fuera, explico.
-¿No te crees un poco mayor para andar escondiendo lápices? Pregunte alzando la ceja.
Él se sonrojo.
-No… no lo escondí… simplemente lo guarde hasta que tu amiga se fue, tartamudeo.
Yo negué con la cabeza y me encamine a la cafetería.
Encontré a mis amigas en una mesa con unas bandejas con comida delante para disimular, ellas estaban bebiendo de una cantimplora.
Cogí mi comida y me senté en la mesa.
-Chicas, ¡Comed! Les ordené.
-¿Por qué? Preguntaron ambas.
-Porque se nota que sois raras, comenté y después empecé a masticar una papa frita.
-Tú lo notas porque sabes que no somos normales, dijo Piper quitándole importancia.
-Annabeth te preocupas demasiado, se encogió de hombros Thalía.
-Si os descubren no va a ser mi problema, dije firme.
Las caras de las chicas se tornaron serias.
-Hola, me gire y vi a Leo Valdez y a Percy Jackson parados detrás de mí
-Hola chicos ¿puedo hacer algo por vosotros? Pregunte sonriendo.
-Yo solo quería darte otra vez las gracias por lo de matemáticas y decirte que mañana hay una prueba por parejas y me preguntaba ¿si querías ser mí compañera? Pregunto frotándose la cabeza.
-Claro que sí, le sonreí.
-Gra…Gracias, dijo emocionado.
-¿Sois amigos? Los señale.
-Sí, y los mejores, dijo Leo abrazando a Percy.
-Annabeth el trabajo…
Le di un papel a Percy.
-¿Es tú número de teléfono? Pregunto emocionado.
-Sí, para que podamos contactar para hacer el trabajo.
-Pues estaremos en contacto, sonrió.
Yo asentí.
Leo miraba mal a Percy.
-Yo creo que deberíamos irnos, dijo en un tono seco que, por lo que había conocido hoy de él, no era normal.
-La belleza de Annabeth ya está haciendo mella en las amistades masculinas, rió Thalía.
-¿Cómo? Pregunte.
-Annabeth el duende esta colado por ti, dijo Piper.
-Eso lo sé, pero ¿Percy? No.
-Annabeth Percy es el más obvio pero seguro que no lo notas por el hecho de que es un Jackson y te causa muchos recuerdos, dijo Thalía.
No hable más en lo que quedaba de comida, si era mí Percy estaba enamorado de mí y si no, no era él y aunque lo negara en el fondo de mí ser quería que fuera él.
Unos ojos verdes no apartaron su vista de mí en el almuerzo.
