~.~...*...*...: Capítulo 10 :...*...*...~.~
—¿Mamá, has visto a B… Marié?
Edward preguntó después de haber entrado a la habitación de sus padres, en la que sólo encontró a su madre. Esme elevó su brazo y miró el reloj que descansaba en su muñeca.
—Mira la hora que es. —Edward revisó también su reloj y vio que eran las diez de la noche.
—No es tan tarde. —Frunció el ceño.
—Vives en otro mundo cariño. —Su madre le sonrió y palmeó un sitio en su cama.
—¿Por qué lo dices?
—Si su vuelo no se ha retrasado me imagino que estará volando ahora mismo.
Edward se puso de pie de un brinco.
—¿Vuelo?, ¿qué vuelo?
—¿No te lo ha dicho?
—¿Decirme qué? —Esme frunció los labios, pensando en la extraña situación que rodeaba a su hijo y a su novia.
—En la tarde vino a despedirse de nosotros, después fue a la playa un poco y más tarde recogió su maleta y se fue en el taxi que tu padre pidió para ella. Su vuelo habrá salido hace diez minutos.
—Pe-pero ella dijo… —Edward se quedó callado abruptamente, recordando las palabras exactas que Bella le había dicho.
—Tengo que regresar ya a Chicago.
—¿Ya?, ¿cuánto tienes de margen?
—Nada. Bueno… Esta tarde… El lunes debo de presentarme en su despacho. No puedo faltar de esa manera a clases o cancelarán mi beca.
—Oh no… mierda… ella…
—¿Edward?, ¿hijo que pasa?
—¿Se ha ido? —Preguntó más para sí mismo que para su madre.
—¿De verdad que no lo sabías?
—Ella me dijo algo al respecto… pero pensé que-que se iría más tarde, que me lo diría para poder acompañarla.
—¿No fuiste con ella al aeropuerto? —Él negó con la cabeza—. ¿Dónde has estado?
—Papá me dijo que saliera a comprar tus medicinas, pero estaban agotadas en la farmacia local, por lo que tuve que ir fuera…
—Hijo no te preocupes, ella se pondrá en contacto contigo en cuanto llegue, estoy segura.
—He sido un idiota… —Susurró.
—¿Qué estás diciendo?
—Ella… Ella quiso salir una última vez y yo…
—No estoy entendiendo nada.
—Ha vuelto a suceder. No he podido hacer nada para que se quedara conmigo.
—No será para tanto hijo. Recuerda que tú también regresarás en un par de días y podrás volver a verla.
—Sólo quiso dar un paseo… un simple paseo por la playa… —Jaló su cabello.
—¿Qué paseo? —Esme se encontraba totalmente desconcertada con las palabras de su hijo.
—Bella me pidió que saliera con ella y yo…
—¿Bella?, ¿quién es Bella?
—Oh mierda… —Edward no dijo nada más. Salió corriendo hacia su habitación a pesar de los gritos de su madre pidiéndole una explicación.
Se olvidó de todo por un momento y se centró en que no se había despedido de ella. De nuevo todo se repetía y por su maldito egoísmo.
Esta vez dudaba mucho que pudiera recuperarla.
Sus ojos vagaron por todos los rincones de su dormitorio hasta que dieron con el pequeño papel blanco que ocupaba la cima de su mesilla de noche.
Se acercó rápidamente y la tomó con delicadeza.
Espero que la salud de tu madre mejore lo más pronto posible. Te deseo de todo corazón que logre recuperarse completamente para que puedas obtener un poco de tranquilidad.
Como siempre, nada entre los dos termina como imagino, pero supongo que ya me he acostumbrado a ello.
No sé cuánto tiempo pasará hasta que nos volvamos a ver, o si lo haremos algún día. Pero, a pesar de todo, quiero agradecerte por los momentos en los que me hiciste creer que podrías llegar a amarme.
Quizás mis palabras signifiquen poco para ti, pero espero que al menos entiendas el valor de esta nota.
Quizás ya no merece la pena que te lo siga diciendo, pero mi alma se alivia un poco cada vez que lo hago: Te amo, más que a nadie.
Un beso. Bella S.
Se sentó bruscamente sobre su cama y sostuvo la nota cerca de su rostro, sintiendo que su mandíbula se tensaba y sus dientes chirriaban unos contra otros por la presión que estaba ejerciendo con su boca.
Rozó los imprecisos trazos escritos sobre el papel, sintiendo como el bolígrafo que ella había utilizado había sido presionado con fuerza pero con velocidad, pues sus letras eran un tanto borrosas y desuniformes.
Miró su reloj y cogió rápidamente su móvil, cruzó los dedos y marcó su número, que ya se sabía de memoria, mientras rezaba para que ella aún no hubiera montado en el avión.
Necesitaba tiempo y un poco de suerte.
Maldijo entre dientes cuando la operado le indicó que su número estaba fuera de línea. A pesar de todo volvió a intentarlo sólo para volver a escuchar la voz robotizada.
Con la nota en su mano izquierda y su móvil en la mano derecha se echó bruscamente hacia atrás en su cama, sintiendo que siempre arruinaba todo lo bueno que tenía.
Dejó que el tiempo pasara mientras observaba el impoluto techo blanco de su habitación.
"Volví a perderla". Susurró para sí mismo, dándose cuenta de la gravedad de sus palabras, y queriendo que el tiempo pasara rápido para volver a llamarla.
—No sabes cuánto te he extrañado. —Antes de poder dejar las maletas en el suelo Bella sintió que era fuertemente apresada entre unos exageradamente musculosos brazos.
—Y yo también. —Sonrió y le devolvió el abrazo.
—Esto no ha sido lo mismo sin ti. He estado muy aburrido. —Él hizo un extraño puchero que fue de todo menos conmovedor.
—No seas exagerado. —Bella golpeó su hombro con su puño.
—Es enserio, pero luego hablaremos de eso. Dime cómo te fue en Grecia.
Él supo que había abierto demás la boca cuando ella entristeció su rostro.
—¿La he cagado?
—Oh no, no te preocupes. Sólo, ya sabes, esta vez todo volvió a dañarse y no creo que tenga solución.
—¿Quieres contármelo?
—Supongo que sí, pero primero debo de ir a la oficina del rector.
Él se despidió de ella y Bella se dirigió, muy nerviosa, a encontrarse con su rector para intentar, y si hacía falta suplicar, que no le quitaran su beca. Si perdía su sitio en la universidad no sabría qué haría.
—¿Te ha ido bien? —Preguntó él en cuanto la vio entrar por la puerta con una enorme sonrisa en los labios.
—Al principio pensé que iban a expulsarme, pero después le he explicado qué ha sucedido y lo ha comprendido, aunque me ha dicho que no volviera a suceder y menos sin informarles.
—Al menos tienes tu sitio permanente.
Bella asintió y se dirigió hacia la cama, colocándose al estilo indio frente a él.
—¿Quieres contármelo ahora?
—Está bien.
Bella empezó a contarle todo, desde el principio. No escatimó en detalles, pues sabía que cuanto más conociera del tema mejor sabría aconsejarla.
Lo único que no le contó fue que habían vuelto a hacer el amor. No entraría en detalles sobre eso. Ese recuerdo era únicamente de su propiedad y lo guardaría para recordar los momentos en los que él se dejó amar por ella aunque únicamente fuera de manera física, al menos de parte de Edward, porque ella entregaba su corazón en cada segundo que compartía con él. Tanto dentro como fuera del dormitorio.
—¿Qué opinas?
Preguntó Bella nerviosa cuando acabó de contarle todo lo que había hecho con Edward, como él se había comportado y lo mal que habían terminado. Se puso nerviosa cuando vio su ceño fruncido.
—¿Me dejas expresarme libremente? —Asintió—. ¿De verdad estás enamorada de ese idiota?
Bella gimió y, echándose para atrás, aplastó un cojín en su cara mientras susurraba un suave "sí". Él se acercó hacia ella y quitó el cojín de su cara.
—No puedo evitarlo… No es algo que yo pueda decidir.
Él jaló su mano para que ella pudiera reincorporarse.
—Sé que no puedes decidir de quien enamorarte cielo, pero tienes que pensar en ti, en hacia dónde te lleva esta relación…
—Espera, espera. No te precipites. No existe ninguna relación, nunca ha existido ninguna relación.
—Me he perdido.
—Con Edward no he tenido más que encuentros casuales que han terminado siempre en desastre. El hecho de que yo lo ame a él no parece significarle nada.
—Pues no sabe lo que se está perdiendo.
Él apretó su mano con cariño.
—Sea como sea ya no tiene sentido que hablemos de esto. Ya no volveré a verlo. No sé si seguirá en Grecia o si ha regresado, y tampoco quiero saberlo. Ahora lo único en lo que quiero pensar es en estudiar y en aprobar todos los cursos.
—¿No volverás a comunicarte con él?
—¿Para qué? No tiene sentido. La verdad es que quiero olvidarlo y cuanto menos contacto tenga con él más fácil me será.
—¿No te ha llamado?
—Ni siquiera se despidió de mí. La última "conversación" que tuvimos volvió a acabar en desastre. —Suspiró.
—¿No te acompañó al aeropuerto?
—No. Creo que ni siquiera recordó que le había dicho que mi vuelo salía ese mismo día. En fin… ya no tiene importancia. —Frunció los labios.
—Vamos a tomar un café. Te ayudará.
Bella sonrió y se puso de pie a la par que su amigo, dispuesta a no volver a mencionar más el nombre de su mayor fracaso amoroso.
—¿Puedo pasar?
Edward se sobresaltó ante los golpes de su puerta y susurró un suave "adelante" mientras se sentaba en la cama. Su aspecto era descuidado y dejado. Su ropa arrugada era la clara evidencia de que había dormido con ella puesta y sus ojos enrojecidos declaraban lo poco que en realidad había logrado descansar.
—¿Te encuentras bien cariño? —Asintió ante las palabras de su madre.
—¿Cómo has amanecido? —Le preguntó para que ella dejara de lado su situación.
—Muy bien, las nuevas pastillas han sido un milagro para mí.
Edward observó el rostro de su madre, que ya no se veía cansado ni ojeroso, sus pasos eran firmes y sus piernas no temblaban. Definitivamente volvía a ser la misma Esme de siempre.
—Me alegro mucho mamá, ya era hora de que pudieras levantarte de la cama.
—Sí, extrañaba poder salir a dar un paseo. —Él sonrió—. ¿No vas a contármelo? —Preguntó su madre de manera directa mientras se sentaba junto a él en su cama.
—¿El qué?
—Te conozco desde que naciste hijo, a mí no puedes engañarme. —Edward rodó los ojos.
—No hay nada que contar en realidad.
—¿Y esto? —Esme tomó la nota que él había dejado por algún lado de la cama.
—No es nada. —A pesar de sus palabras le quitó la nota a su madre.
—¿Quién es Bella S? —Edward suspiró hondamente.
—Bella es Marie.
—¿Qué? —Esme se encontraba totalmente perdida.
—La chica con la que vine… bueno su nombre verdadero es Bella, no Marie.
—¿Pero tu novia no se llamaba Marie? Cuando tú me la presentaste en casa dijiste que…
—Aquella chica sí era Marie.
—Okey, okey hijo, no estoy entendiendo nada. —Edward frotó sus ojos.
—Bella y Marie son hermanas gemelas.
—Oh…
—Cuando tú confundiste a Bella con Marie yo le pedí que no dijera nada. Sabía que tu salud era muy delicada y no quería preocuparte o que estaras pensando en otras cosas. Tuve que insistir mucho para que ella aceptara y bueno… al final todo tuvo desastrosas consecuencias.
—¿Por qué has venido con su hermana y no con tu novia?
—Corté con Marie hace algún tiempo… Ella… bueno había estado engañándome.
—Oh hijo, cuanto lo siento.
—Ya no importa. —Edward elevó los hombros con indiferencia.
—¿Entonces ella te acompañó por que sois amigos?
—Han ocurrido tantas cosas mamá…
—Puedes contármelas cariño. —Apretó su mano con dulzura.
—Yo nunca supe que Marie tenía una hermana y mucho menos una gemela… un día las confundí y… nosotros…
—Sé lo que quieres decir. —Edward le agradeció a su madre con la mirada.
—Luego me enteré de que Bella había estado enamorada de mí desde hace al menos dos años pero que siempre permaneció oculta. No tiene una buena relación con Marie…
—¿Qué es lo que tú sientes por Bella?
Edward mordisqueó su mejilla interna.
—No lo sé… Esto es tan confuso.
—¿No tienes ningún sentimiento por ella?
—Siento que la necesito, que necesito que esté junto a mí a cada momento, pero siempre termino hiriéndola. Tal vez por algo que digo o por mi forma de comportarme… No puedo controlarme con ella… No sé por qué pero siempre digo o hago algo que le hace daño. Cuando estoy bien con ella, cuando siento que incluso me estoy enamorando de ella, recuerdo todo lo que me hizo Marie y es como si me desquitara con Bella… Son tan idénticas.
—¿No has pensando en decirle todo esto a Bella?
—¿Qué sentido tendría? —Se echó para atrás en su cama.
—Ella puede intentar comprenderte.
—Ya lo hace. Ella lo da todo y yo nada.
—Ta vez si te alejas de ella por un tiempo y meditas bien que es lo que sientes…
—Ese es el problema, que cada vez que está lejos de mí no soy el mismo, pero cuando consigo tenerla a mi lado acabo jodiéndola siempre. —Esme lo miró mal por su vocabulario. —Es cierto mamá. Con ella todo es tan complicado… Con Marie las cosas eran más fáciles. Yo tenía mi lado, ella el suyo y lo compartíamos de vez en cuando. Con Bella todo es diferente. Ella es una chica enamorada, que le gusta el romanticismo, que se entrega… No soy capaz de ser igual que ella. Lo intento, pero siempre fracaso.
—¿Y qué harás ahora?
—Se ha ido y la última vez que hablamos terminamos discutiendo. Ella quería dar un paseo por la playa porque me veía cansado y pensó que un poco de distracción me vendría bien, pero yo no quería dejarte y arriesgarme a que te pasara algo malo en mi ausencia.
—Eso es muy dulce de tu parte cielo, pero debiste intentar entenderla. Ha estado junto a ti, encerrada en casa, desde que llegasteis. Es normal que esté aburrida y quiera salir. Por un par de horas no hubiera pasado nada.
—Ahora es cuando me doy cuenta de eso, cuando ya es demasiado tarde.
Esme tomó la mano de su hijo.
—Intenta hablar con ella cuando regreses a casa.
—No podré.
—¿Por qué?
—Ella no está en Forks. Hace poco me enteré de que se fue a estudiar su segundo año de universidad a Chicago. —Edward gimoteó con frustración.
—¿Has intentado llamándola?
—He colapsado su móvil, pero está claro que ya no quiere saber más de mí.
—Dale tiempo cariño, deja que se tranquilice y seguro que contestará a tus llamadas. —Edward asintió.
—Tenemos que ir haciendo el equipaje.
—¿Tenemos?
—Ahora que estoy mejor regresaremos junto a ti a Forks. Me hará bien un poco de aire fresco. Necesito olvidarme de este calor. Estaré mucho más cómoda en casa y terminaré de recuperarme completamente.
—Genial mamá. Podré estar con vosotros en breve. Pronto me darán las vacaciones en la universidad y pasaré con vosotros las navidades.
—Estupendo cielo. —Dejó un beso en el tope de su cabeza y salió de su dormitorio, dejando a su hijo con las ideas dentro de su cabeza renovadas.
Edward tomó la nota de nuevo y decidió darle el tiempo que, inconscientemente, ella le estaba pidiendo.
—¿Sí? —Bella contestó a la llamada de su móvil segundos después de haber escuchado el tono.
—Hola nena. —Sonrió al escuchar la voz de su madre.
—¿Cómo estás mami? —Por un momento se sintió una niña de cinco años, pero no le dio importancia.
—Muy bien nena, ¿cómo te ha ido con los estudios?
—Genial, las notas están siendo buenas, por lo que la beca aún es mía.
—Eso es fantástico.
Se enfrascaron en una larga conversación en la que su madre preguntaba sobre su salud y las notas y Bella le contaba lo maravillosa que era la universidad de Chicago.
—¿Cuándo tendrás tus vacaciones de navidad?
—Aún queda mucho para eso, recién comenzó noviembre.
—¿No lo sabes todavía?
Bella se vio obligada a abordar ese tema, a pesar de que no quería hablar sobre ello.
—Supongo que entre el quince y veinte de diciembre.
—Tu padre y yo estaremos este año en casa, podremos cenar todos juntos.
—Sobre eso…
—¿Qué sucede? —Su madre se alarmó en seguida.
—Nada grave… pero… tal vez no vaya a casa en estas navidades.
—¡¿Qué?!
—Mamá tranquilízate…
—¿Por qué no vas a venir?
—Preferiría quedarme estudiando, adelantando materias, tú sabes…
—Pero hija…
—Aún no es seguro mamá. —Mintió a pesar de que lo tenía completamente claro. —Cuando se acerque la fecha te avisaré.
—Espero que cambies de idea.
Su conversación acabó poco después y Bella se sintió mal por haber disgustado a su madre.
No pasaron más de cinco minutos cuando su móvil volvió a sonar. Bella, pensando que sería nuevamente su madre, contestó sin mirar de quién era la llamada entrante. Su cuerpo se paralizó cuando reconoció su voz.
—Hola Bella… —La profundidad en su tono de voz, cada letra entrando lentamente por sus oídos, el martilleo de su corazón, el temblor de sus manos; todo enfocaba a que su cuerpo reconoció automáticamente al dueño de aquella voz que sonaba tan delicada y cuidadosa.
—¿Estás ahí? —Bella se vio obligada a parpadear furiosamente y a tomar profundas bocanadas de aire.
—Sí… —Susurró tan débilmente que ni ella misma escuchó su propia voz.
—¿Cómo has estado?
Bella tardó más de la cuenta en procesar su pregunta.
—Bien, supongo. —Odió su tono de voz, tembloroso y susurrante. Lo odió a él por llamarla cuando ya ella había conseguido no pensarlo noche y día.
—¿Supones?
—¿Qué es lo que pasa Edward?
Su tono fue brusco a pesar de que su nombre supo a miel entre sus labios.
—Sólo quería hablar contigo.
—Estoy ocupada ahora.
Se odió a sí misma por no poder mostrar toda la firmeza que quería. Mordisqueó su uña y apretó con fuerza el aparato entre sus manos.
—¿Puedes darme al menos cinco minutos?
—¿Para qué?
—Tú sabes —él se rio incómodamente—, tenemos un asunto pendiente.
—¿Lo tenemos?
—Sí. Leí la nota que me dejaste y bueno… no he podido hablar contigo sobre eso.
—Ha pasado más de un mes ahora Edward, creo que ya no tiene importancia.
—Sí la tiene. Yo no te llamé antes porque quería dejarte un poco de espacio.
—Bueno, te lo agradezco entonces, pero realmente estoy ocupada ahora.
Él se quedó completamente callado. Si Bella no escuchara el sonido de su agitada respiración pensaría que se había ido.
—Bella lo siento… —Susurró con la voz levemente rota.
"No hagas eso". Se dijo mentalmente al borde de las lágrimas.
—Ya no tiene importancia.
—Yo… necesito decírtelo, necesito que sepas que lo siento de verdad. He sido un cretino todo el tiempo y tú no mereces ser tratada así.
—Realmente no importa ahora. —Ella no sabía qué más decir.
—¿Sabes?, al final le dije toda la verdad sobre ti a mi madre.
—¿To-toda?
—Ella ya sabe quien eres, que Marie es tu hermana gemela y que yo fui un idiota por obligarte a hacer algo que no querías.
Bella cerró los ojos con fuerza, maldiciéndolo por las lágrimas en vano que derramó en su momento.
—¿No dirás nada al respecto?
—¿Qué quieres que diga Edward?, ¿quieres que te felicite por haberlo hecho? —Ella sintió el sabor amargo de la ira en su garganta, bullendo como si una cerilla la estara quemando por dentro. Toda la rabia contenida estaba saliendo al exterior y ella no sabía, ni quería, detenerla.
—No yo sólo… quería que lo supieras, eso es todo.
—A estas alturas ya da igual si tu madre sabe quien soy realmente.
—Lo sé pero… Supongo que tienes razón, que ya da igual.
—Bien, ahora que ya lo hemos hablado tengo que colgar.
—No, espera. —Él sonaba desesperado y Bella quiso perdonarlo enseguida.
—¿Qué es ahora?
—Realmente necesitaba decirte que… —Bella escuchó como Edward tragaba saliva con fuerza—. He odiado cada segundo sin ti.
Su respiración se cortó a medio camino, su corazón latió con tanta fuerza que dolió en su pecho. Cerró los ojos con fuerza e intentó mantener la calma.
—No sigas por favor. —Murmuró—. No lo digas.
—Es la verdad. No sé por qué no puedo valorarte cuando estás conmigo. Siempre hago algo que acaba hiriéndote y cuando la he cagado del todo comprendo que realmente te necesito.
Bella sintió la primera lágrima rodar por su mejilla izquierda. Pasó el dorso de su mano por ella y la limpió con rabia. Miró hacia arriba para evitar que las demás imitaran su trayectoria.
—Es demasiado tarde Edward.
—No, no tiene por qué serlo. No te pido que me perdones ahora mismo, pero al menos quiero que intentes hacerlo.
—Han sido demasiadas cosas… ¿Qué importancia tiene que lo haga?
—Sé que aún me amas. —Su voz, a pesar de sonar firme, mostró un rastro de inseguridad—. Y no quiero que termines odiando el amor por mis estupideces.
—Eso no tiene sentido. —Bella medio sonrió.
—Nada tiene sentido ahora, pero por favor sólo piénsalo.
Ella contó hasta diez mentalmente, intentando elaborar una respuesta.
—No creo que pueda volver a hacerlo nuevamente Edward.
—Por favor… Te pediré perdón de la forma que quieras, cuantas veces desees.
—No se trata de que me pidas perdón. Ya lo has hecho, demasiadas veces, pero no significan nada si tú no lo sientes de corazón.
—Sé que he jodido cada momento que tuvimos, pero ahora, después de un mes, anhelo volver a verte, a tenerte junto a mí…
—Lo pensaré, ¿de acuerdo? —Ella cortó sus palabras abruptamente.
—Está bien. Esperaré tu respuesta.
—Bien, hasta entonces.
Terminaron de despedirse y Bella maldijo cada segundo en el que Edward se mostró reticente a cortar la llamada. Maldijo cada segundo que él le demostró que no quería dejar de hablar con ella, que le dijo que la extrañaría.
Había logrado derribar sus barreras nuevamente y, aunque seguiría firme en su decisión de no volverlo a ver y de intentar olvidarlo, ya le había picado nuevamente la espinita del amor y sus manos ardían por teclear su número y simplemente escuchar su voz diciéndole que la extrañaba.
Era una tonta, pero era una tonta enamorada.
—¡Devuélveme mi libro! —Bella gritó en cuanto vio su libro desaparecer de entre sus manos.
—Tranquila cerebrito, podrás sobrevivir sin él por unos minutos.
Se tranquilizó cuando vio a su amigo doblándose de la risa delante de ella.
—No es gracioso.
—Sí que lo es. ¿Qué estudias?
—Análisis de datos y neurociencia. —Él se estremeció.
—Deberías divertirte un poco más.
—No estoy aquí para divertirme, sino para estudiar. —Volvió a arrebatarle el libro y dejó su marcapáginas en el sitio correcto.
—No seas así cerebrito. Ha pasado más de un mes desde tu viaje clandestino y no has hecho más que centrarte en estudiar. Desde que ingresaste en esta universidad te has perdido las mejores fiestas. No digo que dejes de estudiar, sino que te diviertas un poco…
—Lo haré cuando tenga tiempo.
—Tienes tiempo ahora.
—No me apetece.
—Sosa. —Le dijo entre dientes.
—Cállate y déjame estudiar.
—No, quiero que me acompañes esta noche.
—¿A qué? —Él rodó sus ojos.
—Ya te lo he dicho. Hay una fiesta. Un poco de alcohol, música alta y desmadre… No te hará ningún daño.
—No sé… —Ella lo meditó.
—Porfa Bellita…
—No sirves para convencer. —Bella se rio de sus pucheros.
—¿Me dejarás solo?
—Sobrevivirás.
—No será hasta muy tarde. Te prometo que no más de las cuatro.
—Las dos.
—Las tres.
—Dos y media y es mi última palabra.
Él elevó los brazos al cielo y blanqueó los ojos.
—Está bien. A las dos y media te dejaré en tu habitación sana y salva y espero que un poco ebria.
—No voy a beber.
—Está bien como sea.
—Sólo por esta noche.
—Sí mamá. —Ambos se rieron—. Pasaré por ti a las diez. Ponte guapa y deslúmbralos un poco.
Le guiñó un ojo, acarició la cima de su cabeza, a pesar de sus protestas, y salió corriendo cuando ella le tiró una bola de papel.
Bella negó con la cabeza y volvió a centrarse en su libro.
—¡Bella!
—¡Voy! —Gritó de vuelta ante el llamado en su puerta y los fuertes golpes consecutivos—. Ya estoy lista.
—Ya era hora, llevo años esperando.
—No seas exagerado.
Él lanzó un silbido al aire e hizo que ella girara.
—Así me gusta Bellita, que aproveches tus atributos. —Ella rodó los ojos y golpeó su hombro.
—Vámonos antes de que me arrepienta.
Él colocó su mano sobre su brazo y marcharon hacia la fiesta.
—Oh no sé cómo puedes odiar esto. —Él habló prácticamente a gritos para que Bella pudiera escuchar sus palabras por sobre la estridente música.
—Apreciaría no quedarme sorda tan joven y tampoco ciega. —Bella parpadeó con fuerza hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad del lugar y a las destellantes luces de colores que resplandecían a cada minuto.
—Acabarás amándolo.
Ella decidió ignorar sus palabras y se dejó arrastrar por él hacia el centro de la sala donde se había montado la fiesta.
—¿Qué te apetece beber?
—¿Una coca-cola?
—Oh no, nada de santerías esta noche. Yo traeré algo bueno para ti.
Se fue, dejándola totalmente sola en medio de un montón de gente que no conocía de nada y que lo único que hacían era beber de manera descontrolada, reír con entusiasmo y bailar como si no hubiera un mañana.
—Esto quitará esa cara de muerta que llevas. —Bella quiso insultarlo, pero sabía que sería en vano. Tomó la copa que él le entregaba y, sin preguntar que era, la bebió con pequeños sorbitos. Reconoció el sabor del ron y la coca-cola y automáticamente su mente vagó a aquella noche en la que se encontró con Edward en el pub al que había decidido ir para conseguir un poco de distracción. Sin pensárselo dos veces agarró con fuerza y vaso y en un solo movimiento se bebió todo su contenido. Cerró los ojos con fuerza ante la amargura de la bebida y gruñó cuando sintió su garganta arder como fuego.
—Oh Bellita, así me gusta.
Él desapareció de su campo de visión, seguramente fue a por más copas, y la dejó nuevamente sola. La diferencia fue que esta vez ella apreció esa soledad y, aunque estaba rodeada de gente, se absortó tanto en su propio mundo que toda la estancia se quedó en silencio.
Recordó a Edward, recordó la forma en que había bebido para olvidarse de Marié, para olvidarse de ella misma. Recordó esa noche, la primera que durmieron juntos. Recordó el desastre ocurrido la mañana siguiente y como él había logrado convencerla nuevamente.
Se dio cuenta de que ella era como plastilina en sus manos, tan fácilmente moldeable que hacía con ella lo que se le antojaba.
Cuando él le entregó otra bebida ella no dudó en llevarla a sus labios y vaciar de un solo trago la mitad de su contenido.
—Ves, te dije que te ibas a animar fácilmente.
Bella le mostró la mejor de sus falsas sonrisas y, mientras seguía bebiendo con rapidez, intentó olvidarse de Edward y de sus sentimientos hacia él.
Después de al menos dos copas más y de que se sintiera muy animada gracias al alcohol se dejó arrastrar por él al centro de la pista donde ambos bailaron contagios por la enérgica música.
Bella bailó hasta que sus pies dolieron, hasta que el cansancio y sed pudieron con ella y la hicieron tener que detenerse para ir a por algo de beber.
—¡Isa! —A pesar del potente sonido de la música ella escuchó alguien llamándola—. Aquí. —Se giró y sonrió levemente cuando vio a Melanie unos metros más allá. Elevó su mano para saludarla y esperó hasta que ella llegara a su lado.
—¿Cómo has estado?
—Genial. Esto realmente tiene muy buen ambiente. —Bella vio como Melanie terminaba de beber su copa y la tiraba al suelo sin importancia alguna.
—Déjame ir a por algo de beber y después seguimos hablando.
—Oh espera, esa mesa ya no tiene nada bueno. Ven, vamos a la de la otra sala, ahí están repartiendo shots a raudales.
Bella la siguió sin rechistar y pronto se hicieron camino hacia la mesa repleta de shots.
—Tienes que probar este, es tequila. —Melanie le tendió el diminuto vaso, la rodaja de lima y extendió un poco de sal en su mano.
—Está increíble. —Pronunció después de morder el limón.
Siguieron probando todos los shots que encontraron hasta que ambas sintieron que necesitan de una pared para poder mantenerse rectas.
—Oh, realmente necesito un servicio.
—Ven, es por aquí. —Melanie la guió hacia los aseos mientras reían descontroladamente por nada en particular.
—Sujétame esto. —Bella le tendió su móvil y su americana—. Gracias. —Le dijo cuando salió del pequeño cubículo.
—Tu móvil se ha iluminado antes, tienes unas cuantas llamadas perdidas.
Bella miró el pequeño aparato y maldijo entre dientes cuando vio las llamadas; diez en total.
—Si, no tiene importancia.
—Creo que deberías devolver la llamada. Si ha insistido tanto es porque es realmente importante.
Bella entrecerró los ojos sabiendo que ella había estado curioseando en sus cosas.
—Lo haré es un rato.
—Eso será lo mejor. —Le sonrió y después salió del baño, dejándola a ella sola con las ideas revueltas.
Miró las llamadas que confirmaron que quien la había estado llamando había sido Edward.
Escuchó sus mensajes de voz donde le pedía que le devolviera la llamada. En los primeros su voz era tranquila, pero a medida que había pasado el tiempo se tornaba más preocupada, hasta que en la última le pedía de manera prácticamente histérica que lo llamara urgentemente.
Decidió ignorarlo y regresó a la mesa de shots donde brindó con gente que ni siquiera conocía.
Dejó de beber cuando supo que había llegado a su límite, pues ya no podía tenerse firme de pie y su visión se emborronaba cada poco.
—¿Fue importante la llamada? —Preguntó Melanie, quien apareció de la nada, y se notaba que estaba de todo menos sobria.
Bella meditó qué decir.
—No has devuelto la llamada, ¿verdad?
—Emm… no…
—Bueno no sé quién es el que te llamó así que no me involucraré más, sólo considera lo que te dije antes. —Bella admiró su cordura a pesar del grado de alcohol que había en su grande. Asintió y se tomó lo que quedaba en su copa, después agarró su móvil y se dirigió hacia algún sitio un poco solitario. A medio camino se encontró con su compañero, quien no estaba en mejores condiciones que ella, y que sólo la saludó, olvidándose por completo de su promesa de llevarla a su habitación. No le dio importancia en ese momento. Encontró el sitio ansiado y se apoyó en una pared.
Marcó su número sin darle importancia a que eran ya las cuatro de la madrugada.
—¿Quién? —Bella amó su tono de voz, desorientado y dulzón.
—Ho-hola Edw-ard… —El alcohol no ayudó para nada a que su frase fuera en un tono normal.
—¿Bella? —Ella escuchó como él bostezaba y rio para sus adentros.
—La misma.
—¿Qué le pasa a tu voz?
—Oh nada supongo. —Intentó que su garganta no emitiera sonidos tan graves.
—¿Está todo bien?
—Claro que sí. Sólo quería llamarte para… —Cortó sus palabras cuando sintió un mareo por todo su cuerpo.
—¿Bella? —Él pareció despabilarse enseguida.
—Te amo Edward. —Dijo ella sin juicio alguno, sin importarle nada en ese momento—. Oh dios te amo tanto… pero tú no lo haces, tú no puedes amarme, a ti sólo te gusta herirme, tenerme a tu disposición y herirme sin reparo.
—Eso no es cierto.
—¡Sí que lo es! —Prácticamente gritó—. No te importa lo que yo sienta pero ya da igual, ya me da igual. Déjame decírtelo hasta que me canse, hasta que algún día recupere la coherencia y me dé cuenta de que te amé en vano.
—No digas eso. —Él dijo con fuerza.
—¿Y qué si lo hago?, ¿qué importancia tiene?
—No quiero que dejes de amarme.
Bella se rio con frivolidad.
—Eres un ser egoísta Edward. Sabes que soy la única que perdió su corazón por el camino, la única capaz de entregártelo todo y eso te gusta, te gusta saber que me tienes ahí para cuando chasquees los dedos… Supongo que no me importa ahora, dejó de importarme hace mucho. Ahora sólo lucho para que llegue el día en que te vea y sólo te recuerde como el chico al que amé y que nunca fue capaz de amarme.
Bella cortó la llamada abruptamente y se echó a llorar sin reparo.
Edward miró atónito su móvil y en ese preciso momento quiso romper cuanto objeto se le pusiera de por medio. Era tan jodidamente incapaz de ser racional con ella que se asqueó de sí mismo por las palabras que había dicho. Ella tenía toda la razón, era un ser egoísta, demasiado egoísta, que sólo quería creer que ella lo amaría por siempre y que su amor sería suficiente para los dos.
Él la apreciaba, la necesitaba, la extraña, de cierta forma la quería, pero no era capaz de utilizar el término amar. No podía. Sencillamente no podía. Había amado en el pasado y todas esas veces le enseñaron que amar a alguien no merece la pena, que enamorarse sólo era un tonto juego del que se salía herido y del que costaba mucho recobrarse.
Tal vez amaba a Bella Swan, tal vez la amó desde el primero momento en que la vio, tal vez hubiera podido decirle lo que ella tanto anhelaba si su historia no se hubiera mezclado con Marie.
Él no estaba seguro de lo que sentía, pero se odiaba un poco más cada vez que ella lloraba por su culpa, cada vez que el dolor se reflejaba en su mirada y a pesar de todo no hacía nada para remediarlo más que agrandar la herida.
Necesitaba verla urgentemente, en ese preciso momento, pero los separaban demasiados kilómetros que impedían su cometido.
Él la amaba, realmente la amaba, pero se negaba en bando a admitirlo.
Tecleó nuevamente su número y cruzó los dedos para que ella contestara. No tuvo suerte la primera vez pero no desistió, seguiría insistiendo hasta que alguno de los dos explotara.
—¿No puedes simplemente olvidarte de mí? —Fue lo que ella contestó después de al menos siete llamadas.
—Por supuesto que no puedo.
—¿Qué es lo que quieres ahora? —A pesar de sus esfuerzos Edward pudo notar su voz diferente y rápidamente llegó a la conclusión de que ella había bebido.
—¿Por qué has estado bebiendo?
—Es lo normal en una fiesta.
—No es necesario que te emborraches.
Bella suspiró profundamente.
—¿Has vuelto a llamarme para darme una charla sobre el alcohol?
—No pero…
—Voy a colgar Edward, y quiero que dejes de seguir llamándome.
—No dejaré de hacerlo Bella.
—Entonces me veré obligada a cambiar de número. —Ella escuchó su exclamación de asombro.
—¿Tanto me repeles ahora?
—Yo sólo… Esto es lo mejor para los dos, entiéndelo por favor…
—No es lo mejor ni mucho menos. —Ella suspiró.
—Empecemos de nuevo Bella, empecemos desde cero.
—No tendría sentido.
—Claro que lo tendría. Hagamos como si no nos hubiéramos conocido antes, como si no hubiera pasado nada entre nosotros. ¿Borrón y cuenta nueva?
Bella cerró con fuerza los ojos para disipar sus lágrimas.
—Lo haces ver tan sencillo…
—Puede serlo si lo intentamos.
—¡No! —Ella explotó—. Definitivamente no. Será sencillo para ti, porque tú no has perdido nada, tú no has tenido ningún sentimiento implicado. Soy yo la única perjudicada de todo esto. —Recobró la cordura instantáneamente.
—Yo no quería que tú lo vieras así.
—Estás mirando sólo por tu propio bien Edward, preocupándote únicamente por ti. —Bella recordó lo que él le había dicho en Grecia sobre su egoísmo—. Y estoy cansada de sólo pensar en los demás y olvidarme de mí misma. ¿Qué ganamos empezando de cero?, ¿qué intención tienes realmente con eso?
—Que podamos construir una relación desde los cimientos, sin malos entendidos, sin nadie más que nosotros mismos.
—¿Y qué si tú te cansas a medio camino?, ¿y qué si descubres que nunca podrás llegar a sentir nada por mí?, ¿qué es lo que tengo que hacer?, ¿resignarme y continuar mi camino? —Bella sintió sus uñas clavarse en la palma de su mano.
—No lo haré, estoy seguro de que no lo haré.
—No quiero ser una rata de laboratorio Edward. No participaré en tu absurdo experimento de ver a dónde nos lleva empezar desde cero. He dado demasiado de mí y no quiero salir lastimada de nuevo.
—¿Y si yo te aseguro que esto no saldrá mal?
—No se trata de que tú me prometas que vas a lograr enamorarte de mí. El amor no se planea, sólo llega en el momento oportuno. Quiero hacerte entender que no puedes obligarte a sentir nada por mí por el sólo hecho de querer convencerte de que debes estar enamorado de mí. No es tu obligación Edward. Que yo te ame no significa que tú debas hacerlo.
Para ella ya no significaba nada aceptar sus sentimientos.
—Yo no puedo dejar pasar esto Bella, sinceramente no puedo. Me conozco, y sé que te estoy perdiendo por mi terquedad y mi irracionalidad. Sé que eres la indicada. Puedo sentirlo.
—Estás viviendo un espejismo Edward, una ilusión.
—Yo te aprecio Bella…
—No es suficiente, entiende que no es suficiente.
—Pero…
—Te estoy dejando libre Edward. No pienses en lo que yo siento por ti, en mi amor hacia ti, olvídalo, olvídalo todo. —Tragó el nudo que había en su garganta.
—No Bella, no puedo.
—Conoce nuevas chicas, sal, diviértete, encontrarás a alguien que realmente despierte tus sentimientos y sea la verdadera indicada.
—No quiero olvidarte, no quiero alejarme de ti. Tu amor es puro, es hermoso, es envolvente… No quiero perderlo, no quiero perderte.
—No lo perderás, porque permanecerá ahí, pero no creo que puedas tenerme, no como un capricho pasajero.
—No eres un capricho.
—No vuelvas a llamarme. —Dijo firme—. No volveremos a hablar.
Colgó la llamada a pesar de sus palabras de protesta y, en cuanto vio que él volvía a llamarla, apagó su móvil y decidió irse a su dormitorio antes de que terminara de derrumbarse e hiciera el ridículo delante de decenas de estudiantes que la verían al día siguiente.
Pasó como una sombra fugaz y agradeció no haber visto a su amigo o a Melanie. Necesitaba absoluta soledad en ese momento.
En cuanto llegó a su dormitorio cerró la puerta con firmeza y se tumbó en la cama mirando el oscuro techo que no se veía debido a la poca luz que había. Esperó las lágrimas, pero estas nunca llegaron. Simplemente se había habituado al dolor persistente.
*¬*…*¬*…*¬*…Meses después…*¬*…*¬*…*¬*
—¿Qué prefieres que lleve el pavo Edward, piña o manzana?
—¿Qué pavo?
—El de la cena de navidad hijo. ¿No sabes qué día es hoy?
—Umm… ¿No solías rellenarlo con champiñones?
—Quiero variar un poco la receta, ¿crees que les gustará?
—¿Qué es lo que vamos a hacer y con quién?
—Te lo dije ya hijo, hace algunas semanas. —Esme suspiró por el despiste de Edward—. Cenaremos en casa de los Swan.
—¡¿Qué?! —Dejó todo lo que estaba haciendo y se centró en su madre.
—¿Dónde tienes la cabeza cielo?
—¿Cuándo me lo dijiste?
—Hará dos semanas.
—No lo recuerdo.
—Iremos a cenar esta noche a casa de los Swan. Marié llamó para decirlo, pensé que había hablado antes contigo.
—Ella no me ha dicho nada.
—Supongo que vendrás. —Bella y la idea de verla se atravesó por su cabeza.
—Por supuesto mamá y —sonrió sintiéndose muy feliz— ponle piña.
—¿Tienes todo listo?
—Ujum… —Pronunció Edward al casi no poder hablar por llevar tantas cajas de regalos sobre sus brazos. Su madre realmente había exagerado.
—Vámonos entonces.
No tardaron más de quince minutos de llegaran a la casa Swan donde una muy risueña Renne les abrió enseguida. Después de los infinitos saludos pasaron a la sala, donde Edward buscó rápidamente a Bella. Se desilusionó un poco al no verla. Había intentado contactar con ella, la había llamado cientos de veces desde su última conversación y finalmente había desistido pensando en que la vería en las vacaciones de navidad. Pensó en quedarse en su universidad en un principio, pero decidió ir a casa y rezar por un poco de suerte.
Marie apareció cinco minutos después de que ellos legaran, la saludó con cordialidad y se alegró de que ella vistiera como siempre: con ropas ajustadas y de tallas inferiores a la suya, aunque el vestido que llevaba era elegante en vez de vulgar, su maquillaje llamativo y sus lentillas de color verde.
El tiempo siguió pasando y a cada segundo que trascurría el se sentía mucho más desesperado. Le agradeció el licor que le tendió Charlie que ayudó a disipar mínimamente sus nervios.
Observaba cada rincón de la casa minuciosamente, pero no había ni rastro de Bella.
Una media hora después, cuando ya todos estaban en la sala charlando animadamente y bebiendo licor suave, Marie se acercó hacia él para poder hablarle con discreción.
—No ha venido. —Le dijo sin rodeos.
—¿Qué?, ¿por qué?
—Ha decidido quedarse en Chicago a pasar las navidades en la universidad. Dijo que tenía mucho que estudiar y que no podía perder estos valiosos días de vacaciones.
—Yo pensé que…
—Todos lo creíamos. Había dicho que vendría, pero llamó en el último momento para decirnos que no. —Edward gruñó.
—Genial. —Pronunció entre dientes.
—Sé que deseabas verla. —Se sintió mal en ese momento, a pesar de que Marie no mostraba estar molesta o dolida—. No estoy enfadada por ello. Sinceramente puedo decirte con confianza que ya no veo nada más en ti que un amigo.
—Después de todo.
—Si me prometes que de verdad te interesa mi hermana y que no la herirás más haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte.
—Moría de ganas por verla. —Aceptó un poco cohibido.
—No tengas vergüenza de aceptar tus sentimientos Edward, no cometas ese error. A mí no me importa que quieras a mi hermana, me alegraría mucho de hecho.
—¿Cómo has cambiado tanto de opinión?
—He estado reflexionando y sé que me comporté muy injustamente con ella sin ninguna razón. Ella no tiene la culpa de todo lo que me ha sucedido a mí. —Edward asintió.
—La quiero de verdad Marie. He intentado por todos los medios acercarme a ella, pero no me lo permite.
—¿La amas sinceramente?
—Sí. —Afirmó con absoluta convicción.
—Entonces tengo una idea.
Hello people! :)
¡Ya estoy aquí de nuevo!
Tardé años en actualizar capítulo, es la primera vez que dejo que pase tanto tiempo, pero realmente no he sido consciente de ello. He pasado súper poco por fanfiction, blog y demás que ni me di cuenta del paso del tiempo.
No quiero enrollarme, ustedes ya conocen mi "excusa" de siempre: Los estudios y bueno mi pc que se malogró. Sí, otra vez se dañó. Se me fundió el disco duro y pues perdí todo :'(
No me centré en escribir porque realmente no tenía cabeza más que para estudiar.
Hoy justo recogí mis notas. Salieron "bien". Se me atascaron las matemáticas, pero podré con ellas en la recuperación y pasaré felizmente a 2º de bach (creo que por allá es octavo) y después a la universidad (que alegría).
Espero les guste el capítulo y la espera realmente les merezca la pena.
Vuelvo a repetir nenas: ¡Jamás abandonaré mis historias! Nunca lo piensen aunque esté mucho tiempo ausente. Las acabaré toditas.
No digo nada más, si lo desean déjenme un RR y encantada les respondo.
Kisses.
By: Crazy Cullen.
PD: Visiten a menudo mi face, por ahí es más fácil comunicarnos.
