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Epílogo

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Jean-Jacques Leroy paseaba por la ciudad de Vancouver llevando a su prometida del brazo.

Se habían mudado hacía poco y aún no terminaban de acostumbrarse al clima. Canadá era un país que a ambos les había parecido hermoso desde que su jefe les había hablado de él y de cómo sería recomendable trasladarse junto a la nueva sede de la empresa para la que trabajaban. Sin embargo, para las serpientes el frío era un tema que aún no controlaban muy bien, por lo que Isabella y él trataban de mantener todo en orden comprando gruesos ropajes especialmente diseñados para su especie (aunque sus precios eran un poco altos).

La mudanza, por otra parte, aún estaba en proceso de terminar. Todavía quedaban varias cajas sin abrir y muebles que comprar, lo cuál sumado a sus intereses de poner fechas para la boda la próxima primavera les estaba haciendo la vida un tanto ajetreada. De todas formas, no se quejaban, Jean se veía optimista al respecto, estaba seguro de que si lograba terminar los trámites antes de que llegara el pleno invierno no tendrían de qué preocuparse.

—¿Recuerdas el baúl que no sabíamos cuándo habíamos comprado? Traté de abrirlo esta mañana, encontré algunas cosas extrañas —comentó Isabella con cierta preocupación en la voz.

—¿Qué quieres decir con "cosas extrañas"? —preguntó su prometido alzando una ceja.

—Una cámara y un teléfono que no funcionaban, y unos libros viejos. Mira, cuando intenté colocarlos esta foto se cayó de uno de ellos.

La mujer sacó el objeto del bolsillo de su abrigo y lo extendió hacia Jean, éste tomó la fotografía impresa con cierto aire de curiosidad. Hasta que tras unos momentos pareció recordar algo.

—¡Ah! Ya sé, ya sé. La tenía el viejo Plisetsky.

—¿Nikolai? —preguntó confundida.

—Sí, debieron meter ese baúl en las cosas de la mudanza por error. El señor me contó una vez que esos libros se los había dado su abuelo, Yuri. Parece que pertenecieron a unos amigos del anciano y los conservó como recuerdo. Estos deben ser ellos —señaló.

La fotografía no era algo espectacular. De hecho, se veía algo dañada por el tiempo. En ella, podía distinguirse a dos hombres con rasgos bastante diferentes, del casual marrón al rubio platino y los ojos azules había un mundo entero. Aunque por alguna razón ambos tenían la misma expresión de espanto y la imagen se veía un tanto desenfocada. En el reverso, había algo escrito en ruso que Jean no fue capaz de leer.

—En fin, supongo que tendremos que mandarle de vuelta las cosas por correo. Lo llamaré cuando volvamos a casa —sentenció, algo agobiado por la idea de tener que estar moviendo más cajas de aquí para allá.

Nikolai era un hombre mayor que había conocido al verlo hablar varias veces con su padre, ya que al parecer había sido su instructor hacía tiempo atrás. Cuando era más joven, solía escucharlo hablar de las aventuras de su abuelo, un naga que al contrario de ellos había pasado una vida completa en entorno salvaje. Yuri Plisetsky había aprendido a leer y atesorar aquellos manuscritos que le había heredado gracias a un hombre llamado Viktor, aunque Jean no sabía mucho sobre él.

Claro que, era imposible saber toda la historia.

Porque Yurio nunca les había contado a sus descendientes el fuerte lazo que unía a su compañero con aquel naga con el que compartía nombre y que había aparecido de la nada para robar a Viktor del mundo.

Porque las historias de amor no eran lo suyo y cuando alguien preguntaba siempre se excusaba diciendo que lo contaría algún otro día.

Porque era triste recordar cómo después de tanto temer que Viktor se fuera de su lado, Yuuri había sido egoísta y se había desvanecido antes que él sin tener la fuerza para remediarlo. Y porque Yurio nunca hubiera podido adivinar que en sus últimos momentos el hombre había sonreído, ya que a pesar de todo, siendo acunado en los brazos de Viktor, no se le había ocurrido un mejor lugar para el final de su vida.


N/A:

Quizá sea ahora cuando debo huir o disculparme. Lo que pase primero.

Ahora sí, llegamos al último momento y agradezco a quienes hayan seguido hasta aquí.

Gracias por permitirme tener un pequeño hueco en el fandom.

¡Nos vemos!