Snape me propone realizar la regresión sin tener mi cuerpo delante, por el simple detalle de que Draco no me vea allí presente cuando vuelva a tomar consciencia de sí mismo. Al fin y al cabo, resultaría muy sospechoso verme con tanta frecuencia en el despacho de Snape.
Cuando vuelvo a mi cuerpo, a ser yo, me encuentro recostada boca arriba en una especie de diván, con un intenso dolor que me recorre cada centímetro del cuerpo y por el que soy incapaz de moverme. No tengo fuerzas ni siquiera para mantener los ojos abiertos más de dos segundos, por lo que solo me puedo concentrar en respirar. Además, noto los latidos de mi corazón de manera rítmica como un dolor punzante que me atraviesa las sienes como alfileres. Seguidamente mi boca adquiere un desagradable sabor a metal, lo que indica que me esta sangrando la nariz.
Mientras me recupero, me pongo a escuchar la conversación que se lleva a cabo entre Draco y Severus en la otra habitación.
- ¿Cómo ha pasado estos dos días, señor Malfoy?
- ¿Y a usted que le importa? - le espeta
- A lo mejor le habían dado en su círculo algún mensaje para mí.
No hay que ser un genio para saber que ese interés repentino de Snape es sólo para comprobar qué es exactamente lo que recuerda Draco y si tiene alguna laguna en su memoria de los últimos tres días.
- Más quisiera, Snape. - masculla de repente antes de añadir: - Hubo una reunión en casa pero no hay nada que yo tenga que decirle.
¡Bien! Draco no ha sido él mismo durante dos días completos pero no se ha dado cuenta de ello. Eso demuestra, tal y como Snape me había explicado, que Malfoy recuerda todo lo que yo hice siendo él, pero no se ha percatado de que era otra persona estaba tomando los mandos de sus actos.
A continuación oigo como Draco se despide de Snape farfullando y dirigiéndose a la salida. Pocos segundos después de que oiga a la escalera de piedra dejar de girar, Snape acude a la estancia donde yo me encuentro, aun sin poder moverme y con la mitad de la cara manchada de sangre que se está empezando a secar.
- Tu cuerpo ha permanecido sin moverse durante casi tres días, Luna. Además de que has estado controlando el funcionamiento de un organismo completamente distinto al tuyo, así que que no te extrañe que te cueste tanto volver a tomar el papel activo de tu propio ser.
Me cuesta hasta mantenerle la mirada a Severus, así que ni hablemos sobre contestarle con un simple "entiendo". Opto por responderle con lo único que me resulta posible en este momento: guiñarle un ojo.
Snape tuerce los labios en una media sonrisa que intenta disimular sin éxito y continúa diciéndome:
- No acabo de comprender el porqué de tus hemorragias nasales cuando realizas la regresión a tu cuerpo. Supongo que se debe a que tus funciones fisiológicas cambian bruscamente y el sangrado es resultado de ello.
Snape me yergue en el diván, pasando de estar acostada a estar sentada y ese simple movimiento hace que la cabeza me dé más vueltas. Veo como el profesor desaparece de la pequeña habitación unos segundos y vuelve a paso rápido, haciendo hondear la túnica negra, con una especie de trapo humeante en la mano. Snape procede a limpiarme la sangre de las mejillas, el mentón y la nariz, y arrugo la nariz al comprobar que huele a algún tipo extraño de vegetal. Cuando acaba de limpiarme, presiona suavemente el trapo húmedo contra mis fosas nasales.
- Esta mezcla de hierbas te cortará la hemorragia. Así no te tendré que enviar a la enfermería. - cuando parece satisfecho con el resultado, aparta el trapo a un lado y añade: - He preparado también una poción que te ayudará a recobrar fuerzas más rápidamente. Te advierto de que el sabor no es el mejor, pero la efectividad es innegable.
¿Snape preocupándose de que me recupere? Eso es nuevo e innegablemente sorprendente.
Le vuelvo a contestar guiñándole un ojo y entonces procede a levantarme del diván, pasando él un brazo mío por sus hombros, para que el propio Snape me sirva de apoyo mientras camino. Tras comprobar que ni siquiera no soy capaz de poner un pie delante del otro para caminar, opta por levantarme completamente del suelo y llevarme a la silla de su escritorio en peso.
Me hace beber a sorbos cortos la poción de la que me acaba de hablar, que huele a calcetines sucios mojados, y a los pocos minutos de dar el último trago, recobro las fuerzas completamente. Mientras él permanece agachado a mi lado, y una vez que he acabado de bebérmelo todo, me dice:
-Cuéntamelo todo.
Y eso hago. Le cuento todo con pelos y señales desde el mismo momento en el que salí de mi cuerpo y pasé a ver el mundo a través de los ojos de Draco. Le cuento todo a cerca de la reunión, de cómo para Voldemort no pasó desapercibida mi curiosidad y de cómo le hice las preguntas a cerca de Hogwarts y de Snape en sí.
A Severus no le preocupa demasiado el hecho de que preguntara directamente a Voldemort, ya que nunca se sabe a cerca de la curiosidad de un nuevo miembro de los Mortífagos, pero sí el hecho de que enfrentara al padre de Draco tras la reunión. Según Snape, Draco nunca se dirigiría a su padre de esa forma, ya que le teme demasiado como para hacerlo.
- Malfoy siempre actúa para que sus acciones sean vistas con buenos ojos de cara a su padre. Comportarse así con él es algo que nunca se atrevería a hacer.
No me muestro arrepentida en ningún momento por lo que dije. Le explico a Snape que reaccionar de esa forma también podría haber ocurrido por parte de Draco si en algún momento perdiera el control y los nervios, tal y como me pasó a mí.
Después de contarle a Snape con detalle todo lo que pasó en los siguientes dos días, lo cual carece de tanta importancia como la reunión del viernes, vuelvo a sacar el tema de lo que dijo Voldemort sobre él en la cena:
- Nos dijo a todos que en cuanto le dejaras de ser útil se desharía de ti ¿Eso qué quiere decir exactamente?
A Snape se le paraliza la expresión y entonces se levanta de mi lado para dar vuelvas a mi alrededor con paso lento.
- Eso simplemente confirma mis sospechas. - dice, en un tono casi inaudible para mí - Quiere decir que cuando llegue el momento, Voldemort me matará.
Aunque ya me lo temía, que él lo diga en voz alta hace que mi corazón pegue un vuelco en el interior de mi pecho.
- Pero, ¿por qué?
- Él mismo te lo dijo, Luna, porque ya no le serviré para nada en un futuro.
Esa excusa es pobre hasta para tí, Severus. Tendrás que buscarte una mejor si quieres que pueda llegar a dudar de lo que ya sospecho.
- ¿Sólo por quitarte de en medio? Para eso podría mandar a cualquier otro mortífago a hacer el trabajo sucio, pero el que lo quiera hacer él personalmente me dice que hay una razón más que no me estás diciendo.
Snape sonríe de medio lado antes de pararse delante de mí, cruzarse de brazos y decir:
- Eres muy lista, Luna. - susurra
- Dímelo. Cuéntamelo de una vez. - le exijo, pero Snape me sigue mirando desafiante con una media sonrisa, así que añado: - Al fin y al cabo, me lo debes. Acabo de volver de jugarme el pellejo en casa de los Malfoy con toda la información que me pediste.
- De acuerdo. - cede finalmente
Es entonces cuando Snape me cuenta todo lo relacionado con las Reliquias de la Muerte. Severus se sorprende también de que no hubiera visto nada relacionado con eso en su mente, pero la verdad es que no tuve tanto tiempo de meter más las narices donde no me llamaban. La historia de los tres hermanos y su trato con La Muerte me parece bella y triste a partes iguales, y deja un mensaje muy importante que debe ser aprendido: tarde o temprano, todos tenemos que aceptar la realidad y enfrentarnos a lo que más tememos. Snape me confiesa entonces que él posee la varita de Sauco, que antes pertenecía a Dumbledore, y que Harry tiene la capa, heredada de su padre. No nombra el paradero de la piedra.
Snape me explica también que un mago solo se convierte en verdadero dueño de la varita de Sauco cuando ha desarmado al propietario anterior o, en el caso de Snape, cuando lo mata. Eso sirve también para aclararme mejor el porqué Dumbledore pidió a Severus que fuera él quien lo asesinara.
Ahora Voldemort busca desesperadamente la varita para tener el poder absoluto, pero la misma solo obedecerá las órdenes de Snape irremediablemente, y según las sospechas de Severus, es muy posible que Voldemort ya lo haya descubierto a estas alturas.
- Pero en el caso de que Voldemort no supiera aún, tendríamos tiempo para hacer algo mientras él da con su paradero. Podemos encontrar el modo de que no te mate a ti también.
- Lamentablemente, no podemos hacer nada para que Voldemort cambie de objetivo. Y aunque sí que pudiéramos, ni en sueños te involucraría en todo esto, Luna. Lo último que deseo es que esta historia se cobre otra vida.
El brillo que invade a sus ojos de repente me dice que seguramente Snape esté pensando en Lily con eso que ha dicho.
-Y entonces, ¿ahora qué? ¿Vuelvo a clases como si nada? ¿A estudiar y prepararme los exámenes dando la espalda al hecho de que Voldemort va a dominar el mundo y de paso te va a matar?
- Exacto. Tendrás que seguir como si nada de las semanas anteriores hubiera ocurrido.
¿Snape pretende ahora apartarme de todo esto? ¿Que permita que en cualquier momento Voldemort venga para derramar más sangre? Además, después de todo lo que sé, Severus es el último de esta historia que merece morir.
- ¡No! - exploto - ¡No puedo quedarme de brazos cruzados! No puedo callarme y fingir que no pasa nada. No puedo apartarme a un lado cuando en realidad podría echar una mano. Cualquier día perdería la cabeza por no ayudarte con esto y entonces me llamarían "Luna la lunática" pero con razón.
Snape reacciona entonces como nunca antes lo había visto: riendo a carcajadas. Eso sirve para bajarme los humos y, a los pocos segundos de contemplar a Snape en ese estado, me descubro a mí misma riendo con él también.
Reímos juntos hasta que noto la mejillas húmedas a causa de las lágrimas de un llanto que ni yo sabía que había comenzado, y de repente me encuentro sollozando en lugar de riendo a carcajadas.
Vaya, esto me afecta más de lo que pensaba.
Ha podido conmigo el hecho de que Snape se vaya a dejar matar por esa puñetera misión sin ni siquiera intentar buscar otra solución. No es justo que después de todo lo que ha hecho durante tantos años, jugándose el pellejo por jugar a dos bandas con el único objetivo de vengar la muerte de Lily, la única mujer a la que ha amado, él también vaya a morir. Lo que también me perturba es que Severus ya tenga aceptado ese fin. ¿Cómo arrastras durante tanto tiempo la certeza de que vas a morir sin volverte completamente loco? Es como ahogarse en un vacío indescriptible.
Snape se calla cuando se da cuenta de que las lágrimas ruedan por mis mejillas.
Preocupado, se agacha de nuevo a mi lado para ponerse a mi altura y me pregunta en el mismo tono en el que lo haría mi padre:
- ¿Qué te ocurre, Luna?
Levanto la mirada del suelo para contemplar sus ojos negros, enmarcados por su pelo lacio, e ignoro el hecho de que ni en un millón de años me hubiera imaginado a Snape reaccionando así al verme llorar.
- No quiero que mueras. No puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo todo esto.
- Es que no te voy a permitir que te expongas al peligro que supone que Voldemort te descubra. - me dice con el mismo tono relajado de antes, transmitiéndome calma - Y no podrás hacer nada para que yo cambie de opinión respecto a eso.
Snape saca un pañuelo de tela de algún bolsillo oculto de su túnica y me lo tiende. Aprovecho para secarme las lágrimas de las mejillas y entonces se me ocurre una baza para negociar esa negación tan rotunda.
- Podrías enseñarme a controlar mejor mis poderes y en algún momento de ese camino encontraríamos el modo de pararle los pies a Voldemort.
- Ya te lo he dicho, no quiero que te relaciones con esto, Luna. - responde tajante - Si el Señor Oscuro descubriera que hay alguien que me importa, también iría a por él.
Me quiere proteger. Pero si protegerme significa apartarme de en medio, en la vida llegaremos a un acuerdo.
- Pero…
- Mira, ¿hacemos un trato? - me interrumpe en tono conciliador, atrayendo mi interés - A partir de ahora, empezaremos a trabajar para desarrollar tus poderes. Mañana estudiaré todo lo escrito a cerca de los Sviri para que podamos entrenar tus capacidades mentales y descubrir lo lejos que puedes llegar. Así me aseguraré de estarás preparada para enfrentarte a cualquier situación del nuevo mundo, ¿de acuerdo?
Se lo que si avecinaría si no aceptase su trato. Snape y yo dejaríamos de trabajar juntos, volvería a ser como un fantasma para mí y la incertidumbre me quitaría el sueño, el hambre y la cordura. Podría seguir llevando la rutina de las clases y los estudios durante un par de semanas, pero aún dándole la espalda, esta situación acabaría siendo más fuerte que yo.
Además, Snape pretende que no actúe como quiero mientras me mantiene ocupada aprendiendo más de mí misma. Es un movimiento muy astuto por su parte, pero también es el único modo de que lo que Snape y yo hemos construido no desaparezca. Es como que ambos nos preocupamos por el otro. Y preocuparse por alguien ajeno a sí mismo es demasiado comprometido hasta para Snape.
Encontraré el modo de no quedarme de brazos cruzados, Severus. Me encargaré personalmente de que ese final que ya has aceptado para ti mismo no se llegue a escribir, pero no te dejaré que lo sepas.
Será una certeza que ocultaré como no he hecho en mi vida con ninguna otra cosa.
Y tú no lo sabrás.
Finalmente, recobro la compostura, ya con un nuevo objetivo en mente, y respondo:
- De acuerdo.
