Juicio

Hiccup se encontraba sentado en la orilla del mar pensando en la propuesta de Grandísima Berta. Se preguntaba como reaccionaria su padre cuando le dijera sobre aquella petición tan peculiar en la jefa de la tribu. Si aceptaba cambiarían muchas cosas entre las dos tribus, sin mencionar su vida.

Chimuelo surcaba el cielo sobre su cabeza, entrando en calor para lo que sería el viaje de regreso a casa. Estaban esperando solo a ver las noticias del progreso del Nadder de Astrid, una vez que todo estuviera en claro partirían. Nervios era la única sensación que recorría su cuerpo, la que erizaba los bellos de su piel. Sus ojos comenzaban a secarse por la falta de parpadeo, y labios de su boca se partían por el contante paso de la lengua. No se sentía el mismo, era como si otra persona estuviera en su cuerpo.

Una figura se acomodó a su lado, por el rabillo del ojo distinguió una melena dorada que relucía a los rayos del sol naciente. Imaginó que se trataba de Camicazi por lo que su sangre se heló de inmediato. No encontraba palabras que decirle, pero sabía que debían hablar tarde que temprano.

—Te estiman mucho en esta isla.

Hiccup se giró para encontrarse con una Astrid perdida en el horizonte anaranjado, esperando los nuevos rayos de sol que iluminarían al mundo. Su semblante lucía perdido en algo inexistente para sus ojos, pero tan real para los de ella.

—Mira que han buscado la manera de que seas parte de su tribu.

—No creo que…

No pudo terminar su oración al ver la realidad de las palabras de su compañera. Primero le habían ofrecido que pertenecieran a su tribu, pero al declinar pensaron en esa propuesta que los uniría.

—¿Aceptaras?

No contestó el castaño que se encontraba pensando en los sentimientos de Camicazi, y en como ella se mostraba reacia a casarse. En su memoria brotó el recuerdo de aquella conversación en la isla dragón, le explico su situación y por qué huyo de su casa para obtener aventuras. Nunca le reveló quien sería su prometido, pero quedaba claro que eso había cambiado cuando lo conocieron. El hijo de Estoico el Vasto, heredero al trono, el jinete del furia. Sus títulos parecían pesar para la jefa de la tribu de las Bog Burgalrs, pero lo que más importaba era la destreza que mostraba en combate. Eso lo dejo en claro Grandísima Berta cuando hablaron del tema en la reunión del día anterior.

Desde ese momento no había tenido tiempo de ver a Camicazi, como si su madre le impidiera que verlo para hablar. Pensaba que tal vez lo hacían para que la rubia no influyera en sus emociones, porque una cosa era claro para todos: ellos se veían como buenos amigos.

—Tu silencio lo dice todo —Astrid pasaba sus brazos enfrente de sus piernas dobladas—. Se ve que se llevaban muy bien, y no hacen mala pareja.

—Solo somos amigos.

—Su matrimonio vendría bien para reforzar la alianza entre las tribus —Hiccup volteo hacia Astrid que seguía perdida en algo invisible en el horizonte—. Y en estas épocas donde la hostilidad acrecienta no vendría mal.

El vikingo volvió a ver al horizonte y encontró lo que tanto miraba la rubia, un futuro difícil donde la paz corría peligro. En sus ojos se dibujaba una situación donde las dos tribus estaban unidas por más que una simple alianza, donde ambas se volvían una para regir con fuerza en los archipiélagos. Su corazón se detuvo por un momento ante aquella pintura que solo sus ojos apreciaban, porque si su padre también la pudiera ver no habría marcha atrás. Esa unión les beneficiaba ambas tribus en tantos aspectos que no veía a su padre negando la petición de matrimonio entre sus hijos.

Un largo y sonoro suspiro salió de sus labios, bajo la cabeza y se perdió en los granos de arena sobre los que estaba sentado. El como el hijo de su padre acataría la orden de casarse con la hija de la jefa de sus aliados, y lo veía como una condición para regresar a Berk. No era que le desagradara su amiga, pero no la veía con esos ojos como cuando apreciaba la figura de la rubia a su lado. Movió sus ojos a un lado para verla, esta lo miraba con atención. Buscaba algo como en el horizonte, pero ahora en su postura.

Se quedaron en silencio viéndose el uno al otro como entablando una conversación sin palabras. El viento de la mañana, fresco y suave acaricio sus mejillas y revolvió sus cabellos como una madre consolando a sus hijos.

—Lo mejor será partir a Berk, mi Nadder necesita ayuda.

—Bien.

XX

Astrid al principio dudo en montar a la furia nocturna de Hiccup, pero la ganas de estar sobre un dragón tan especial le ganaron y se montó. El vikingo le solicitó que se sujetara de él porque el viaje seria veloz, Astrid titubeo en hacer lo que se le solicitaba para el viaje, pero no le quedó más que pasar sus manos por el pecho de Hiccup y sujetarse. El contacto de la rubia hizo que el castaño irguiera su espalda por los nervios. Por primera vez estaba tan cerca de la joven que tanto le gustaba.

Emprendieron el vuelo acompañado con un grito ahogado de Astrid, que se asombró por la forma de moverse del dragón. Una Furia Nocturna era un dragón realmente veloz, por lo que era casi imposible verlo cuando surcaba los cielos.

La mayor parte del tiempo los vikingos se mantuvieron en silencio, pero eso no duro mucho. El viaje era de varias horas como para no intercambiar palabra alguna, y si no era una conversación extensa ni mucho menos amena servía para conocer el estado de ánimo del otro.

Para Hiccup el comportamiento de Astrid le resultaba peculiar y nada propio de su carácter. Deseaba preguntar porque de su silencio, de aquellas miradas furtivas que le dedicaba o de lo tenso de su cuerpo. Pero una duda mayor y de más tiempo debía escapar de su interior, porque no habría un mejor momento para preguntarlo que en el momento que atravesaban la isla dragón.

De reojo observó a su compañera mirar hacia abajo, su mente se llenaba de recuerdos y emociones. Eso le pasaba justo a él cada que miraba la isla desde el cielo, montado en su amigo.

Chimuelo se percató de la situación entre los vikingos, y sobre todo en la encrucijada que se encontraba su jinete. Con su oreja bofeteo a Hiccup para llamar su atención, el vikingo se quejó por el doloroso golpe recibido, pero al ver a su amigo entendió lo que le quería decir. Lo alentaba a que le preguntara Astrid lo que sentía, y a su vez que él fuese valiente y expresara sus propios sentimientos. Nervioso el castaño le ordeno con su mano a Chimuelo que pusiera atención a donde iba, pero ese gesto de su dragón lo había alentado y llenado de valor.

—Astrid.

—Dime.

—¿Por qué fuiste tú la que me has ido ayudar y no Patapez?

—Él fue quien quería ir a la isla dragón ayudarte —habló como si eso fuese del ayer—, me entere de sus intenciones y decidí ayudarlo.

—¿Por qué?

—Ya lo dije, porque sentía que te lo debía —desvío la mirada—. Gracias a ti conseguí a mi Nadder.

—Pudieron venir los dos.

—No, Patapez es un instructor —informó la rubia— No consiguió ser un jinete en toda la regla, por tal tiene limitado la distancia de la que puede alejarse de Berk.

—El nunca busco ser un jinete —Hiccup sonrió—. Entonces por eso fuiste tú.

—Sí, te iba a dejar una cesta de comida y ropa —confesó—, pero no conté con que me mandarían a patrullar con Patán.

—¿Iba contigo cuando…

—No, me le escapé —la rubia esbozó una sonrisa—. Él si es un completo inútil.

Hiccup y Astrid se echaron a reír como si hubieran contado un chiste, o como si no estuvieran en una difícil situación. Después de las risas el silencio volvió a reinar entre ellos, regente y dueño de sus gargantas.

No hizo falta que volvieran hablar, la montaña de la isla de Berk ya se dibujaba a lo lejos marcando su destino. En una situación normal Hiccup le pediría a Chimuelo que aumentara la velocidad, pero al no haberse detenido a descansar no deseaba forzar a su amigo. Dejaron que la tarde se consumiera y la noche arribara en el cielo, manifestando esa protección que solo la obscuridad y la luna podían brindar. Conforme se acercaban a la isla, Hiccup y Astrid pudieron observar unas figuras de vikingos tallados en unas columnas de roca salientes del mar. En sus bocas abiertas y enormes un fuego abrasador iluminaba el mar. Esas figuras no solo eran decorativas, servían como puestos de vigilancia al estar ubicados en la redonda de la isla.

Astrid miró asombrada como Chimuelo paso de largo por los puestos de vigilancia sin activar la alarma, lo que indicaba que para los ojos de los guardias eran invisibles. Su sorpresa pronto fue calmada por el recuerdo de que estaba montando un furia nocturna, pero su le sorprendió como es que pasaron sobre un escuadrón de jinetes que montaba guardia cerca de Berk.

Una vez que se encontraron sobre la plaza principal del pueblo descendieron ante el asombro y cautela de los vikingos que lo miraban. Entre más descendían el número de vikingos se incrementaba, todos asombrados de ver que un dragón tan misterioso y poco visto estuviera en la isla. Cuando estuvieron en tierra firme cada hombre y mujer en la explanada se quedaron boquiabiertos al ver quién era el jinete de la furia nocturna.

—¿Hiccup?

—Es el hijo inútil de Estoico.

—¿Cómo un desterrado tiene un furia?

Los vikingos intercambiaban palabras entre ellos sin la educación de que no los pudiera oir el castaño. Hiccup bajo de su dragón y ayudo a la rubia, al estar en el suelo Astrid le sujeto fuerte de la mano que le ofreció para ayudarle a bajar. Sus ojos le dejaban en claro que se mantuviera firme, aun venia lo difícil.

—¡Hiccup!

Patapez hizo su aparición entre la multitud y corrió abrazar a su amigo, lo cargo en alto y dio una vuelta zarandeándole. Su mejor amigo no podía ocultar la gran emoción de volver a ver a su castaño amigo, su sonrisa de oreja a oreja se le contagio y ambos soltaron a reír. Por encima del hombro regordete de su amigo vio como Patán, Brutacio y Brutilda le miraban con el ceño fruncido.

—Tienes que contarme todo —hablo su mejor amigo—. Es increíble que tengas un furia.

—Amigo, tengo que hablar con mi padre.

—Oh, cierto.

Ante la desilusión de su amigo se abrió paso entre la gente seguido de Astrid, quien por su parte necesitaba la ayuda para su dragón. Pero no tuvieron que caminar mucho para encontrar al jefe de la tribu y sus dos tenientes.

Hiccup permaneció de pie frente a su padre que le miraba con el ceño fruncido, en cambio, Bocón y Alvin lo miraban con cierta alegría. Con valentía dio un paso hacia las figuras de autoridad y aclaro su garganta para poder comenzar hablar.

—Que haces aquí —se adelantó su padre—. Eres un desterrado.

—Vengo por la oportunidad de volver a ser un Hooligan.

—Eso no es posible.

—Con todo respeto, Estoico —Astrid se emparejó con Hiccup—. Hay una regla que lo permite, es el acta del perdón.

Estoico alzó una ceja al ver que la mejor vikinga de la generación recientemente graduada estuviera defendiendo a su hijo.

—Además, el merece volver hacer aceptado como uno de los nuestro —se giró con los demás vikingos para que pudieran escuchar— Hiccup es el famoso Jinete del Furia, y quien ha salvado a nuestros drakkar cuando han estado en peligro.

Un cuchicheo se extendió a lo largo y ancho de la explana, debatiendo en lo que estaba diciendo la joven vikinga. Muchos mantenían una postura reacia a creerlo, a pesar de tener a Chimuelo allí cerca de Hiccup. Otros tantos cambiaron su semblante a uno de admiración, pero los que realmente importaban no expresaban ni un atisbo de negativa o afirmación.

Para Hiccup el único rostro que importaba era el del jefe de la tribu, solo quería saber lo que su padre sentía y pensaba de su regreso. En verdad esperaba otra manera de haberlo recibido por parte de su padre, pero estaba consiente que ese era el comportamiento esperado en una figura de autoridad como la suya.

—Estoico, padre, he vuelto porque yo jamás he dejado de ser un Hairy Hooligan —su voz, para su propia sorpresa, sonaba ronca y firme—. No importa que me hayan desterrado, que lo vuelvan hacer porque yo nunca dejare de ser parte de esta tribu.

—Pides un juicio, ¿eh? —el que hablo fue Alvin—. Si se te concede sabrás que si se te niega el regreso ya no es el destierro lo que recibirás.

La sangre se le heló al vikingo, pero no lo demostró. Se quedó firme en su lugar sin expresar temor alguno, asintió y mantuvo la mirada en los hombres frente suya.

—Por mí que se lleve el juico, Estoico.

—Hiccup, piénsalo bien —Bocón se notaba ansioso— Puede que no salga como lo esperes.

—Soy un vikingo, nunca damos marcha atrás.

Hubo un silencio en todo la explanada, cada alma presente miraba a Estoico en la espera de su respuesta. El rostro duro del jefe de la tribu no dejaba a especulaciones, la falta de emoción en sus ojos no indicaban cual pudiera ser la respuesta que estuviera tanteando.

Hiccup permaneció parado con Astrid a su derecha y Chimuelo a su izquierda. Gracias a la presencia de ambos es que no había retrocedido ante la mirada de su padre, un vikingo que se imponía en presencia. Solo el mejor vikingo de la tribu era nombrado como jefe, y ocuparía el trono de Berk, ese hombre era su padre y no por nada había ganado el título.

—Bien, si eso es lo que deseas tendrás tu juicio.

—Se lo agradezco.

—Aun no lo agradezcas.

Con esto Estoico se retiró al igual que muchos de los presentes, Bocón y Alvin partían del lugar cuando les alcanzo el castaño. Le extendió a Bocón una carta sellada que recibió, le solicito que su padre la leyera y le menciono que se trataba de un asunto oficial. Aquella carta por parte de Grandísima Berta jugaría a su favor, aun cuando lo que contenía era algo que no deseaba llevar a cabo. Por su lado, Astrid solicitó a Alvin mandar curanderos a la isla de las Bog Burgalrs para auxiliar a su Nadder. La petición fue aceptada ya que no se podía abandonar a un dragón de jinete, Alvin le indicó que apenas el sol saliera por el horizonte partirían en auxilio de su dragón.

Patapez fue el único que permaneció en la espera de su amigo, con una mirada de ansiedad y preocupación. El vikingo se le aceró y colocó una mano en el hombro de su amigo, quería dejarle saber que no debía de que preocuparse. Con aquel gesto el vikingo gordinflón suavizo su semblante para posterior darse un fuerte abrazo con su mejor amigo que durante meses no había tenido contacto.

—Es bueno volver a verte, amigo.

—Hay mucho de que platicar.

—Ya lo creo.

Los amigos se retiraron de la plaza central para ir a su lugar favorito cerca del bosque detrás del poblado. El único lugar donde no eran juzgados por los demás vikingos, y donde ambos podían andar libres sin preocuparse por ser molestados.

XX

Aquella noche no había podido descansar, se mente estaba revoloteando en lo que sería su juicio. A diferencia de Patapez que se retiró a su casa, él se quedó en los acantilados acompañado de Chimuelo. No tenía hogar aun al que volver y no le habían dado un lugar donde pudiera descansar, seguramente porque seguía siendo un desterrado. Ese título te privaba de muchas cosas, en especial cuando osas volver a tu isla.

La luna de aquella noche estaba completa en aquel cielo nocturno, iluminada y magnifica aguardando por sus deseos. Suspiro ansioso por tener pronto su juicio, su padre había aceptado darle uno para debatir si merecía volver, pero no marcó una fecha para llevar a cabo la reunión que decidiría su destino. Se recargó en su dragón que dormía plácidamente, para Chimuelo cualquier lugar podía ser su hogar y eso era una fortuna para él. Pero para el vikingo no lo era tanto, estaba tan unido a los suyos que necesitaba volver, a pesar de que no fuese muy querido entre la tribu.

Un Hairy Hooligan nunca dejaría de ser uno, eso lo sabía Hiccup que cerraba los ojos para conciliar un sueño que no sentía. La brisa acariciando su rostro lo relajaba, y el sonido lejano de unos grillos lo arrullaban hasta que sintió una tercera presencia. Medio abrió un ojo para encontrarse con la silueta sombreada de Astrid, la rubia le miraba con incertidumbre, dudando de si era bueno despertarlo.

—Astrid —la llamó antes de que partiera.

—¡Hiccup! Pensé que estaba durmiendo.

—No puedo conciliar el sueño.

—Ya somos dos.

El vikingo imaginó que la rubia estaba preocupada por su dragón, cuando la vio en los establos siendo curada por las Bog Burgalrs pudo ver un miedo que solo se siente cuando vas a perder alguien preciado. La invitó a que tomara asiento a su lado, imaginó que se negaría y preferiría seguir de pie, pero su corazón dio un vuelco cuando se sentó a un costado suyo.

—Tranquila, mañana iras con los curanderos para ayudar a tu Nadder.

—Sí, eso es bueno.

El comportamiento de Astrid no concordaba mucho al que conocía, incluso en esos días había variado mucho. Hiccup sentía que estaba en presencia de otra vikinga, y no de la aguerrida y mejor de su generación. La percibía indecisa y contrariada, no lo podía explicar en toda la regla, pero estaba seguro que algo la molestaba.

—No te he agradecido aun —soltó de pronto la rubia— Me has salvado ya dos veces, y la primera no solo mi vida.

—No tienes por qué agradecer.

—Claro que debo hacerlo, no es correcto que…

—Astrid, enserio, no hice salvo lo que debía —no quería darle más importancia de lo que se debía a lo hecho días atrás, no se sentía cómodo recibiendo las gracias.

—Te debo.

—Ya me has ayudado bastante —analizo su rostro en búsqueda de algo más—. Me has dado una oportunidad de regresar a casa.

Astrid no dijo nada ante lo último dicho por el castaño, su rostro era como el de una persona que era bombardeado por pensamientos y emociones contradictorias. Estaba seguro que algo había más aparte de darle las gracias por sus actos, pero no lograba captar en sus ojos que pudiera ser. Si algo le fascinaba de la rubia eran sus ojos que expresaban tanto y a la vez eran tan misteriosos, como la noche más obscura en presencia de una luna llena.

No le importaría quedarse toda la noche en esa posición, admirando a su compañera que se perdía en el horizonte. Bañada por la luz plateada de la luna, remarcando sus lindas facciones, observando con esos ojos azules la nada todo eso le fascinaba. No podía ver su rostro cuando la miraba, pero estaba seguro que era uno muy tonto.

Sintió la respiración agitada de su dragón, Chimuelo estaba en ese momento soñando con algo vivido aquel día. Hiccup sonrió cuando se relamió los labios como cuando estaba por degustar algún camarón y un pescado frito. Su amigo, su fiel compañero, la única familia que había tenido esos últimos meses.

—Escuche decir a Bocón que tu juicio será mañana por la tarde.

—Entre más pronto mejor.

—Hubiera deseado que fuese después —se giró y lo miró con esos enormes ojos azules—. Quería estar contigo para brindar mi apoyo, ya que soy la única testigo de lo que eres capaz de hacer.

Hiccup estaba asombrado por la reacción de la rubia, jamás en su vida hubiera imaginado que se preocuparía por él, y mucho menos ayudarlo. Quería sonreír, pero algo lo detuvo.

—Hable con Bocón y Alvin —prosiguió—. Les he contado lo que has hecho en la isla de las Bog Burgalrs, y mencione que te querían en su tribu.

—Espero que eso no me dé puntos malos.

—Mentí.

—¿Disculpa?

—Dije que te negaste desde un principio.

—¿No crees que si llegaran a preguntarle a Grandi…

—No lo harán, y de hacerlo sé que responderá lo que yo he dicho.

—¿Cómo estas tan segura?

—Solo lo sé.

Un silencio, irrumpido por los grillos a la distancia, reino entre los vikingos que se enfrascaron en sus pensamientos. Cada uno tenía por lo que debatir, Hiccup estaba asombrado por la actitud que había tomado la rubia a con él. Era totalmente distinta a la Astrid que conocía, una dura joven vikinga que lo ignoraba la mayoría del tiempo, pero que a su vez lo defendía cuando era víctima de las burlas de sus compañeros.

No sabía cómo reaccionar ante la situación actual, pero estaba feliz por tener ese acercamiento con Astrid. Si conseguía regresar a formar parte de la tribu no volvería a permitir que hubiera distancia entre los dos, la seguiría tratando como en ese momento. Se ganaría su amistad, y si era posible y con el tiempo correspondiente su corazón. Sonrío amargamente al ver su realidad, la mirada de su padre tan alejada de lo que conocía y su carácter no correspondía a una persona que estaba dispuesta a perdonar. Sin mencionar que de volver a la tribu estaría ya comprometido.

Astrid se levantó del césped y estiro sus brazos y bostezo, el evidente cansancio se reflejaba en su postura. Se tronó hacia donde Hiccup le miraba y le sonrió para su sorpresa, y la de ella misma.

—Cuando regrese seremos compañeros jinetes —dicho esto se giró y camino de prisa.

—Astrid.

La joven se detuvo, pero no se dio la vuelta.

—Gracias por tu ayuda.

La rubia asintió y se retiró tan rápido como sus piernas le daban. El castaño no despegó su mirada de la rubia sino hasta que esta desapareció de su vista. Se volvió acomodar en su dragón y cerró los ojos, en esa ocasión el sueño llegó con suavidad y calma. Y en el último pensamiento, que tuvo antes de volar al mundo de los sueños, fue la sonrisa de Astrid antes de partir.

XX

Todo Berk se encontraba en el campo de entrenamiento de los jinetes, un coliseo subterráneo de gran tamaño donde en su circunferencia puertas de madera resguardaban a los dragones. Hiccup se encontraba en el centro siendo observado por cientos de ojos, juzgando o apoyando fuese el caso. Del lado del coliseo, donde un pedazo de montaña se erguía como el brazo de un gigante, su padre lo observaba en su trono de madera y cobre. A los costados del jefe de la tribu se encontraban sus dirigentes, siendo la primera a su derecha que se encontraba la anciana.

La anciana era la mujer con mayor edad de todo Berk, era la sabia y consejera del jefe. Se podría decir que era la segunda figura de mayor jerarquía en la tribu. Incluso su padre la respetaba y se hacía lo que decía en ciertos casos, el suyo como ejemplo. Toda la decisión reacia en la anciana y en su padre, solo que para su des fortunio debían estar ambos de acuerdo.

—Hoy nos reunimos en este recinto de poder para juzgar a un desterrado —habló Estoico, su voz gruesa atemorizante retumbo en todo el coliseo—. Se presentaran los argumentos del desterrado conocido como Hiccup Horrendo Abadejo III, posterior escucharemos a quienes gusten defenderlo —su padre pronunció aquello como una amenaza para el que se atreviera ayudar—. Una vez escuchemos lo que hayan dicho el concilio y la anciana tomaran la decisión.

Murmullos no se hicieron esperar cuando la voz de Estoico el Vasto dejo de pronunciar palabra alguna. Por la distancia en que se encontraba, Hiccup no distinguió ni una palabra de lo que decían los vikingos ubicados metros arriba. En ese momento deseo tener a Chimuelo con él, pero por orden de su padre su dragón tuvo que ser resguardado en una de las puertas que tenía enfrente.

Estoico retomo su lugar en el trono, Alvin fue quien ahora se levantaba de su asiento y caminaba al pequeño pódium que estaba frente suya. Su rostro lucia menos endurecido que el de su padre, incluso pudo sentir como este dibujaba una media sonrisa como muestra de apoyo.

—El desterrado tendrá un par de minutos para dar su argumento del porque debe regresar a nuestra tribu —sus ojos centellaron por el recuerdo de algo—. Recuerda que esto es un evento que no se ha dado en muchos años, y el ultimo tiene registro de sentencia de muerte… da tu mejor golpe, muchacho.

Si momentos antes lo había relajado con su actitud de apoyo ahora lo tenía nervioso con esa amenazaba, pero estaba consciente de que era parte de lo que debía hacer. En ese momento se preguntó si su padre también estaba en su papel, y si en verdad deseaba que volviera. Con eso en mente tomo aire y se dispuso a empezar con su explicación sobre porque debía volver, pero un tumulto en las gradas lo hizo detenerse.

Hiccup observó como su padre se levantaba con rostro desencajado de su trono, su dirigente de igual manera lo imitaron, y hasta la anciana se levantó con su bastón más alto que ella para observar algo a su espalda. Varios vikingos miraban al cielo y apuntaban a un punto determinado.

Con la curiosidad a tope se dio media vuelta para observar lo que tenía a todos estupefactos. Cuando sus ojos se clavaron en dos puntos en el cielo entendió la reacción de todos, y con unas campanadas retumbando a lo lejos todo quedo más evidente.

En el cielo un dragón y su jinete volaban en dirección al coliseo, pero lo alarmante era el estado en que se encontraban ambos. El pesadilla monstruosa tenía sus alas perforadas y chamuscadas, su pecho rasgado y sangrante, no estaba de más pensar que ese sería su último vuelo. El jinete por otra parte no se apreciaba del todo bien, pero al ir recostado en el lomo del dragón no era buena señal.

Por el cuerpo de Hiccup una adrenalina recorrió su cuerpo, la llegada de aquel jinete de dragón solo indicaba una sola cosa. ¡Guerra!


Un nuevo capitulo que no se hizo esperar tanto como el anterior jajaja. ¿Que tal les ha parecido? En verdad que estoy muy animado por esta historia, y tengo muchas ideas de lo que será un futuro. En verdad que espero que lo estén disfrutando tanto como yo, y se emocionen por lo que vayan leyendo. Bueno, con el tiempo corto paso a lo siguiente:

Jorge 4: Primero que nada quiero agradecer tu apoyo, eres de los que han estado desde el principio y siempre de los primeros en comentar. Ojala que este capitulo te haya gustado. Como ya habrás leído el juicio no será como tal, ya en el siguiente capitulo lo podrás leer, y espero que esta nueva charla entre Astrid e Hiccup te agradara, poco a poco se irán acercando más. Luchare por mantenerme en tus historias favoritas jajaja.

Navid: Gracias por tus palabras, quiero agradecerte por estar atento a mi historia desde que comenzó, en verdad muchas gracias. Y bueno, pronto veremos en mayor acción Astrid, eso lo aseguro. Ojala que no te asuste lo que fue la petición de la jefa de las Burgalrs ajajaja

KatnissSakura: No temas por Tormenta, es dura y pronto regresara con mayor fuerza. El dragón representa mucho para Astrid, sabes la razón ¿verdad? jajaja

Flame n' Shadows: Gracias, ojala este nuevo capitulo también te gustara.

videl.S.S: Es bueno saber que te gusto, pero no te preocupes que habrá romance y si lo hago bien será del bueno ajajajaj solo tenme un poco de paciencia. Entre tanto goza de los acercamientos de Astrid e Hiccup jajajaja

UnbreakableWarrior: Gracias por tus palabras, en verdad me encantaría poder dejar capitulo más largos, pero ahorita estoy un poco más enfocado en una historia que tengo de Harry Potter. Por tal, y que es más antiguo, le doy un poco de preferencia, aunque creo que el contenido de los capítulos están bien para hacer más fluida la historia jejeje

Bueno, espero que disfrutaran de la lectura y ansió mucho leer sus comentarios, lo cuales son el motor que impulsa a que continué escribiendo esta historia ajajaja.

Sin más por decir

Au Revoir.