-Creo que será una sorpresa, así será más especial, ¿no te parece?-

-has como quieras, si es contigo está perfecto-

-ya lo sé-

-¡que engreído!-

-si, pero soy tú engreído… además yo sé que estás loca por mí-

-no es verdad-

-¿ah, no?- le dijo Terry, acercándose seductoramente.

-Bueno… si, ¡y muchísimo!- dijo ella y se sonrojó, haciendo que sus pecas resaltaran.

-jajaja, jamás me cansaré de tus pecas… son especiales.

-¿especiales?-

-si… al igual que toda tú… como el cometa que pasa en la noche más estrellada, destacando por encima de todas las estrellas envidiosas de su belleza… así eres tú-

-Terry… yo…-

-En estos momentos lo único que necesito es saberte mía… para toda la eternidad… ah, Candy ¿qué me has hecho?, al analizar lo que había sido de mi vida… mi comportamiento, no entiendo cómo es que lograste cambiarme… recuerdo que me dijiste en Escocia, ya hace un par de años, que me había hechizado… ahora creo que es verdad… di que me amas, Candy, ¡anda dímelo!-

-te amo Terry, te amo, con el amor más loco que puedas imaginarte… te amo tanto que te esperaría toda la vida, y aún después de la muerte, mi querido Terry-

-Yo también te amo, Candy, me pone eufórico saber que correspondes a mi cariño… te amo tanto- y la abrazó.

-Bésame… bésame…- le suplicó Candy y Terry no esperó a que se lo repitiese.

Albert fue por segunda vez al zoológico en esa semana, y cuando la tía abuela Elroy preguntaba a donde iba siempre contestaba "ya lo sabes, tía, negocios", y en lugar de eso, se reunía en el zoológico con una bella chica, que hasta ese día aún no le decía su nombre. Antes de ir al zoo pasó por unas petunias, las flores favoritas de ella. La buscó en donde siempre y allí estaba, como todas las tardes de esa semana.

-Albert, creía que no vendrías nunca-

-perdóname princesa, pero me entretuve por unos asuntos… te los contaría, pero temo aburrirte- Albert le decía princesa, ya que no sabía su verdadero nombre. – ¿y hoy me darás tu nombre?-

-¡No!... jajaja, tal vez si te esfuerzas te lo diga-

-¿esforzarme?... ah, dime tu nombre, por favor, para que cada vez que lo pronuncie quede en mis labios el dulce sabor de la miel… te lo he dicho ya, estoy enamorado de ti…-

-¡qué cosas dices!, si sólo nos hemos visto tres días… pero a decir verdad yo también me he enamorado de ti-

-¡no sabes qué alegría me da al oír esas palabras de tus labios…! promete que alguna vez me dirás tu nombre-

-si… y tú me dirás tu apellido, Albert-

- Sí princesa- Pasaron el resto del día hablando y riendo y a las cinco Albert llevó a su casa a la muchacha. Cuando Albert se fue, ella en lugar de entrar al modesto edificio donde le había dicho a Albert que vivía, esperó cinco minutos más en la acera, hasta que un lujoso auto con el escudo familiar de los Hadward, que acababa de mudarse de Francia, pasó por ella, y la llevó hasta una gran mansión en las afueras de la ciudad.

Albert llegó a la mansión y quiso pasear un rato en el jardín, donde encontró a Candy y Terry subidos a un roble –Eh, ¡Terry!-

-¡Albert!- dijo Terry haciendo un saludo

-¡Hola Albert!- gritó Candy.

-¡bajen los dos, por favor!- Terry saltó desde la rama en la que estaba y cayó sin tambalearse. Candy tardó un poco más, porque estaba más arriba. Cuando saltó Terry la agarró y le dio una vuelta antes de bajarla.

-¿Qué pasa Albert?- preguntó Candy

-Ah, nada… esto… no quiero presionarlos, pero ¿ya han elegido fecha para su boda?-

-sí, queremos casarnos en mayo, en Lakewood- dijo Candy. –Las rosas de Anthony estarán muy bellas y serán perfectas para la ocasión-

-tienes razón, Candy-

-sabemos que es muy apresurado, pero creemos que es posible- dijo Terry.

-sí, pero no crean que se escaparán de una fiesta de presentación, con todos los magnates de Chicago, ya que viajaremos ahí porque toda la familia Ardley o al menos la mayoría vive en Chicago-

-lástima, me hubiera gustado hacerlo privado- dijo Terry

-a mí también, seguro haré el ridículo como siempre- agregó Candy.

-en verdad lo lamento, pero la tía abuela Elroy no me lo perdonaría… además creo que podrían anunciar su boda en mi presentación como cabeza de los Ardley… falta poco para que se celebre-

-¿podré invitar a la señorita Pony y a la hermana María, Tom…?-

-jajaja, ¡espera!, claro que podrás invitarlos, a todos, y sé que son bastantes- dijo Albert.

-Bueno, así la boda ya no será tan pequeña- dijo Terry.

-¿tú a quien invitaras?- le preguntó Albert.

-No sé, invitaré a Karen Claise, Steve Boot, Eleanor Baker y también al Duque… nada más-

-quien lo diría…, son muy pocas personas, considerando que eres famoso- Terry sonrió. Albert los dejó solos y fue a su habitación, pensando en su princesa.

Y así fue por una semana para todos, Candy y Terry casi no salían, preferían jugar en el jardín como chiquillos, además de que Archie y Annie se llevaban el auto siempre, y Albert decía que tenía mucho trabajo en la oficina y en lugar de ir hasta allá iba al zoo a encontrarse con su "princesa" . En la penúltima semana de abril la tía abuela Elroy llamó a Albert.

-¿de qué necesita hablarme, tía?-

-toma asiento, William- Albert se sentó frente a su tía, en el salón del tercer piso.

-¿y bien?- preguntó Albert, un poco apurado, porque se le hacía tarde para reunirse con la chica del zoo.

-Como sabes, la semana que viene es la última del mes-

-así es-

-Tu presentación se ha fijado para la primera semana de mayo, el sábado por la noche-

-me parece perfecto. Tal vez quiera anunciar el compromiso de Candy y Terrence ese día-

-¿Cuándo se casarán?-

-Candy me dijo que a mediados del mes, en Lakewood-

-sí, es una buena idea, las rosas de Anthony y Rosemary estarán muy bellas-

-Mmmm estaba pensando… ¿no podríamos invitar sólo a los O'Brien, los Britter y al duque de Grandchester?-

-te olvidas de los Leagan, la demás familia de los Ardley, los Wessex, los McHolen, los Zuber y los Hadward, además de muchos otros que no recuerdo, así que no, esta fiesta será enorme-

-sí tía. Bueno si es todo…-

-¿por qué tanta prisa, William?-

-no por nada… negocios, tía-

-Bueno, no te entretendré más-

-hasta luego tía y buenas tardes- dijo Albert y salió. Cuando la tía abuela Elroy ya no lo escuchaba echó a correr para llegar cuanto antes al zoo, ya que llegaría tarde a verla. Tomó un carruaje y llegó al zoo en menos de quince minutos. Entro corriendo y no paró hasta llegar al sitio de siempre. Ese día su princesa no llevaba un vestido como los otros, sino uno muy caro y fino.

-Albert, te has retrasado un poco-

-perdóname princesa, pero se me pasó el tiempo-

-bueno… he pensado en que ya puedo revelarte mi nombre-

-¿enserio?- preguntó Albert ilusionado.

-Sí, has demostrado que me quieres a pesar de que siempre me mostré pobre ante ti. Mi nombre es Dayanna… Dayanna Hadward-

-Entonces eres parte de la rica familia Hadward-

-Si… pero no estaba segura en decírtelo… muchos han jurado amarme y sólo se benefician a sí mismos con mi dinero. Incluso mi primer amor, un joven muy guapo y rico, del que me enamoré en el colegio hace unos seis años, sólo jugó conmigo. ¿Ahora comprendes por qué no se me facilita confiar en los hombres?, pero sé que tú, de algún modo eres diferente-

-te agradezco tus palabras Dayanna. Nos veremos el sábado entonces-

-no puedo, el sábado tengo que ir con mi familia a la presentación de la cabeza de los Ardley… mi abuelo asegura que fue un gran amigo del padre de este señor… lo cual aun no entiendo, ya que según lo que dicen el señor William es muy viejo-

-te sorprenderá saber que no lo es tanto… te veré el sábado que viene-

-¿por qué no antes?-

-será una sorpresa- dijo Albert, le plantó un beso en la mejilla y salió corriendo con un "adiós, mi amor".


HOLA!, ya las extrañaba. Mmmm aquí está como les prometí el siguiente cap, espero que lo disfruten, y dejen muchos reviews plis!

Ok, en este capítulo decidí que Albert también merece ser feliz, pero le costará bastante y me refiero a que tal vez le cueste la amistad de Terry. Sigan votando para elegir el destino de luna de miel de nuestra pareja favorita, hasta ahora gana Escocia.

Pasenla bonito este puente y cuidense, Bye!