Hola gentezuela!! Bueno, aquí estoy de nuevo con el capítulo 9.

Como acostumbraré a pedir de aquí en adelante, ruego que no comentéis nada del libro 7, ya que aún no lo he leído.

Y sin más dilación y mucha felicidad por la vuelta de mi Musa... jeje, OS DEJO CON EL CAP!!


9. ¿Desenlace...?: En todas partes se cuecen habas.

Alice caminaba con prisa entre unos altos árboles rosáceos, alumbrando su alrededor con la varita.

Habían decidido dividirse para intentar cubrir al completo la extensión de la isla. Todos, menos James, al que habían obligado a quedarse en la tienda; Peter, que había decidido quedarse vigilando a James; Sirius, que estaba con Dinna y no se había enterado; y Frank, que estaba con George terminando de buscar sus plantas; habían salido a buscarla.

Ella había optado por ir hacia el este, sentido contrario al que habían elegido Remus y Corinne. No sabía si era allí donde estaba Frank, pero juraría haberle visto caminar hacia esa dirección cuando había ido a avisar a la profesora. Quería encontrarle y pedirle que la acompañase, no le gustaba estar sola en aquel lugar…

La vegetación de su alrededor cambió su color a otro más verde por la proximidad de la orilla. Cuando ya era capaz de sentir el rumor del agua, escuchó la voz de Frank.

Sonriente, se dirigió con decisión hasta el lugar entre los árboles del que provenía un resplandor amoratado, atribuyéndoselo al lugar del que provenían las voces. Y, efectivamente, se encontró con alguien, aunque no era Frank exactamente.

- ¡George! – exclamó acercándose al chico. El pelirrojo se levantó sonriéndola sorprendido.

- ¡Alice¿Qué haces aquí?

- Estoy buscando a Frank… - murmuró mirando hacia los lados – Tengo que decirle que Lily se ha perdido.

- ¿Qué se ha perdido?

- Sí, y hay que buscarla – explicó mirando la cesta del chico, en la que un montón del flores malvas relucían entonando una bonita aureola. - ¿Estas son las plantas que teníais que buscar?

- Sí, Malvedas ¿te gustan? – preguntó suavemente acercándose a ella.

- Son muy bonitas – admitió la castaña, dándose la vuelta para mirar al chico a los ojos, pero no pudo hacer más que mirar sus labios, los cuales se encontraban a escasos centímetros de su cara.

- Entonces, toma – dijo el pelirrojo sacando una de la cesta y acercándosela a las manos – Una flor, para otra flor. – Alice sonrió tontamente mientras cogía la Malveda.

Justo en ese instante apareció Frank cargando con su cesta y haciendo gruñidos de esfuerzo, pero al ver el momento de intimidad de sus dos amigos, se quedó quieto con sorpresa. Unos impulsos nerviosos le acuciaron a apretar los puños, y entonces se sintió como un extraño en aquel momento de intimidad. Sin si quiera darse cuenta, se dio la vuelta decidido a marcharse a otro lado a descargar su rabia.

- ¡Frank! – exclamó Alice al alertar por el rabillo del ojo como su amigo de alejaba de allí. El rubio la miró tras suspirar adoptando su conocida sonrisa de falsedad.

- Hola Alice – saludó - ¿Qué haces aquí?

- ¡Estaba buscándote! – explicó la chica acercándose a él y dejando a George con una cara de pocos amigos muy convincente.

- ¿Y eso?

- Es que Lily se ha perdido y hay que buscarla – informó sonriéndole con sinceridad – Pero como me da miedo ir sola… pues había pensado que me acompañases.

- Ah… - murmuró el rubio mirando a George, que había decidido con resignación continuar con su trabajo - ¿Y por qué no se lo pides a George? – preguntó sorprendiéndose a si mismo. ¡Acababa de mandar a Alice directamente a la boca del lobo! La castaña le miró frunciendo el ceño con contrariedad, algo que sólo consiguió hacer sonreír al rubio, que levantó la mano y acarició la blanquecina mejilla de la Gryffindor. Era su amiga y lo mejor que podía pasar era que estuviese con George, un chico en el que se podía confiar. No podía pretender tenerla, porque sabía que de esa forma sólo conseguiría alejarla de él...

- Pe… pero… - balbuceó la castaña.

- Él ya ha encontrado muchas Malvedas, pero yo aún tengo que buscar un poco. ¿Tú que opinas, George? – preguntó al pelirrojo, que le miraba de forma agradecida.

- Yo no tengo ningún problema – concedió el Ravenclaw.

- ¿Ves? – le mostró sonriendo – Venga, ir a buscar a Lily antes de que pase algo peor. Yo me quedaré aquí un rato más.

Alice suspiró preocupada y sin llegar a convencerse del todo por la actitud de su amigo. Pero ante su insistencia se alejó de él para irse por un sendero, seguida de cerca por George, que sonreía aún más ampliamente a Frank.

El rubio suspiró negando con la cabeza. Esperaba no arrepentirse de aquello jamás…

Señalando con la varita a las cestas las empequeñeció y se las guardó en el bolsillo. Se quitó los guantes y se secó el sudor de la frente, producto de un duro trabajo. Cuando se aseguró de que no se le olvidaba nada, se dio la vuelta y desapareció entre los árboles, en sentido contrario al de George y Alice.

Dejaría las cestas a los pies de McGonagall, pero luego tenía que buscar a Lily.

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Corinne canturreaba con tranquilidad mientras sonreía sin darse cuenta a todas las plantas que la rodeaban. Había decidido darse un respiro en todo lo que tenía que ver con Remus y Ari. Encontrar un Omen Corfloris no sucedía todos los días.

Había escogido rastrear el oeste de la isla, dirección contraria a la de Alice, que buscaba por el este. Ari había preferido mirar por el norte y Remus se decidió por el noroeste, entre las dos Gryffindor.

Bostezó cansada. El sol ya no se veía tras las copas de los árboles y, aunque el camino que había elegido permanecía iluminado por la luz de la casa de Ray, estaba internándose demasiado en el bosque y la oscuridad comenzaba a rodearla. Levantó la varita y murmuró un Lumos que le ayudó a vislumbrar un claro tras unas cuantas filas de árboles.

Continuó caminando hasta que llegó a la pequeña zona desarbolada iluminada parcialmente por la luna creciente. Frunció el ceño intentando distinguir una cabellera rojiza entre los árboles, pero en vez de eso, vio otra cosa.

La media melena castaña de Remus lanzaba destellos producidos por los rayos de luna que cegaban a la morena. Pensó que se habría desviado hacia el terreno del prefecto, pero entonces se olvidó de ese pensamiento al notar como el castaño gruñía de dolor. Estaba apoyado en un árbol y, al fijarse mejor, se dio cuenta de que respiraba con dificultad mientras se abría presurosamente la camisa.

Corinne sintió como el oxígeno que alimentaba su cuerpo comenzaba a disminuir y, aunque intentó mover las piernas para acercarse al prefecto, estas no respondieron.

El castaño levantó la mirada, inundada por el miedo que la supuesta falta de aire le estaba produciendo. Eso consiguió hacer reaccionar a la asustada delegada, que, primero lentamente y luego con más velocidad, comenzó a correr hacia él.

- ¡Lupin¿Qué te pasa? – preguntó nerviosa cuando llegó a su lado mientras miraba sin saber qué hacer como los patosos dedos del prefecto intentaban desabotonar su camisa.

- No… puedo… respirar… - gruñó con voz grave. Corinne le miró frunciendo el ceño.

- ¿Por qué? – preguntó asustada.

- Creo… que… que… - comenzó a murmurar mirando hacia su alrededor – que ten… tengo alergia – finalizó amagando una sonrisa.

- Puedo intentar un hechizo para abrir los conductos respiratorios – dijo la morena intentando recordar la técnica para hacerlo - ¿Crees que eso valdrá? – Remus sonrió asintiendo con la cabeza.

- Bien… - comenzó cerrando los ojos para intentar concentrarse - ¡Finite incantatem! – murmuró, haciendo que la luz de su varita se extinguiese.

A su alrededor las sombras que desdibujaban en el vacío la silueta de los árboles rodeaban a los dos Gryffindors, que contemplaban sus facciones bajo la tenue luz blanquecina de la luna. Corinne volvió a cerrar los ojos al notar como su corazón sufría una pequeña taquicardia. Los dulces ojos miel del prefecto le miraban profundamente, despertando el rubor en sus mejillas.

Remus tragó saliva con dificultad. La piel morena de Corinne emitía suaves destellos al estar alumbrada por la mágica luz de la luna, esa luna que le tenía jurada una guerra eterna. Sonrió al intentar explicarse cómo la influencia del astro era capaz de crear maravillas y a la vez monstruos. Ese pensamiento le confundió, haciéndole recordar que no debía mirar de esa forma a la morena.

- Anapneo… - susurró Corinne rozando dulcemente el cuello del prefecto con su varita.

Remus sintió como sus pulmones se llenaban de oxígeno otra vez. Tras una bocanada de aire se separó del árbol y continuó respirando con rapidez, intentando cubrir la necesidad de su cuerpo. En ese momento Corinne volvió a invocar un Lumos y la vejez amarillenta del hechizo les alumbró.

La morena, apartando la vista hacia un lado, volvió a sentir como el rubor volvía a calentar sus mejillas al descubrir el moldeado torso del prefecto al descubierto. Remus corrió con rapidez a abrocharse la camisa mientras se disculpaba atropelladamente por el descuido, pero Corinne sólo sonrió nerviosa mientras calmaba al castaño.

- En serio, Lupin, no pasa nada – negó recuperando la dureza de su voz, que contrarrestaba a grosso modo con la sonrisa que iluminaba su cara.

Remus terminó de abrocharse el último botón y miró a la morena mientras sentía como el aire volvía a entrar débilmente en su cuerpo.

- Creo que ten…tengo que irme a mi tienda – balbuceó intentando calcular la distancia que le separaba de un techo firme mientras aireaba de su mente la imagen de la tostada piel de la delegada.

- ¿A qué tienes alergia? – preguntó la morena mirando a su alrededor. Aunque sentía como sus mejillas adquirían el color normal, decidió no mirar al prefecto.

- Pues… creo que… - Remus frunció el ceño mientras por su cabeza desfilaban multitud de nombres sin sentido – a las Campanillas Nourits, ya sabes, se abren por la noche… - explicó, cubriéndose las espaldas.

- Oh… claro, aunque yo no veo ninguna por aquí – comentó examinando su alrededor con suspicacia.

- Bueno… no sé – balbuceó el prefecto con simpatía, intentando cambiar de tema - Será mejor que me vaya…

- ¿Quieres que te acompañe? – inquirió la morena mirándole con preocupación.

- Mmmm – Remus frunció el ceño. Creía que era capaz de llegar hasta su tienda sin volver a recaer, pero prefería cubrirse las espaldas. Además, era un buen momento para hablar con la delegada de aquello que le provocaba a tratarle mal. – Sí, por favor.

Corinne se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia el lugar en el que se encontraban todas las tiendas, el cual quedaba alejado de ellos por un considerable trecho de árboles.

La morena trataba de pensar en cualquier cosa que no tuviese que ver con los marcados abdominales del castaño, pero, inevitablemente, esa impactante imagen volvía a su cabeza, haciéndola tragar saliva ruidosamente.

Remus miró la luna cubriéndose los ojos con la mano y después suspiró con nostalgia mientras seguía a la delegada.

- Creo que el Lumos no hace falta, la luna está muy brillante hoy – comentó Corinne.

- Sí… - murmuró Remus.

- Parece que está llena por la luz que da – continuó la morena mirando por el rabillo del ojo al prefecto.

- Sí… pero aún falta una semana para eso – explicó el castaño con incomodidad. Corinne susurró unas palabras y la luz de su varita se apagó, dejándoles iluminados únicamente por la luz del mágico astro.

Caminaron durante unos minutos en un incómodo silencio, hasta que Remus decidió que no podría aguantar eso por mucho más tiempo.

- Corinne… ¿He hecho algo? – preguntó suavemente. La morena se puso rígida mientras apartaba la mirada del camino y la hundía entre las sombras de los árboles.

- ¿Por qué? – preguntó escuetamente.

- No lo sé… Estás rara conmigo – explicó rascándose la nuca.

- Pues no me pasa nada…

- ¿Seguro? – inquirió el prefecto de nuevo – Hoy también he notado que contestabas mal a Ari, aunque ella me lo ha negado.

- ¿Ah, si? – preguntó molesta mientras aceleraba el paso – Pues creo que te ha engañado…Porque con ella si que me pasa algo.

- Ya lo sabía, por eso te pregunto a ti – confesó el prefecto mientras se colocaba al lado de la chica con esfuerzo debido a su entrecortada respiración.

- ¿Qué quieres sabes¿Por qué estoy enfadada con Ari o por qué estoy enfadada contigo? – preguntó con brusquedad. Remus paró y la agarró del brazo, haciendo que ella girase para quedar frente a él.

- Quiero saber qué te pasa y si tengo algo que ver en ello – confesó el castaño en un susurro.

Corinne frunció el ceño. Si estaba mucho más tiempo así, frente a él, en una penumbra casi extasiante, no aguantaría esos impulsos que su corazón le mandaba. Porque si tenía algo que reconocer, era que Remus no se parecía al resto de chicos en los que se había fijado. En esos momentos, bajo la luz de la luna y con la penetrante mirada del prefecto sobre ella, únicamente ella, era capaz de admitir con total sinceridad ante su propio orgullo que, por primera vez, estaba enamorada.

Después de confesarse la tremenda noticia todo le pareció absurdo. Cualquier plan para intentar olvidarle o para molestarle no tenía ningún sentido, porque contra el amor no hay lógica. Entonces recordó el Omen Corfloris y sonrió de medio lado. Una historia de amor… Volvió a concentrarse en los ojos azucarados del Gryffindor, que la miraban expectantes, y se imaginó por un instante rodeada por sus fuertes brazos. Entonces, algo como una chispa prendió en su interior, convenciéndola de algo en aquel mismo momento: "Será con él", se dijo a si misma con convencimiento, "Mi historia de amor será con él".

- Bueno… es que… - comenzó, sin saber qué podría decirle. No tenía intención de contarle la verdad… Pero quizás sí de saber si tenía alguna posibilidad con él. Se le ocurrió una forma de tantear el terreno, de comprobar si Ari podría resultar un impedimento. Aunque hubiese deseado molestarla, jamás se interpondría en una relación de su amiga. Jamás. Aunque no pudiese volver a dirigirle la palabra por el rencor. – Yo… hice una apuesta con Ari…- improvisó moviendo las manos con nervios, sin saber cómo desembocaría aquello – Parecerá una tontería – rió, intentando engañar a su histerismo – Pero me aposté que no se echaría novio hasta salir de Hogwarts… y bueno, como tú empezaste con ella… - murmuró, insultándose interiormente por una invención tan falta de lógica "¿Ari sin novio¡Va a pensar que quería perder esa apuesta!" pensó, pero aún así no quiso perderse un solo gesto de la cara del prefecto, que, sorprendido por la revelación de la morena, abrió la boca y los ojos por igual.

- ¿Yo con Ari? – repitió confuso.

- Sí… por eso estaba molesta contigo¡porque me hiciste perder! – exclamó divertida y satisfecha con la reacción del castaño y por el giro que había dado al asunto.

- ¡Pero si yo no tengo nada con Ari!

- ¿Ah, no? – preguntó sonriente y feliz.

- Pues claro que no ¿ella te lo dijo? – inquirió el castaño notando como sus pulmones recibían cada vez menos oxígeno y como su indignación crecía por momentos.

- No… en realidad lo supuse – negó Corinne con rapidez, intentando no meter en problemas a su amiga, por la que ahora no sentía ningún interés de venganza.

- ¿Lo supusiste? – repitió aún más confundido.

- Sí… bueno, da igual… la verdad es que ha sido una tontería… - murmuró procurando cambiar de tema. Lo había conseguido¡había logrado saber si estaban o no juntos! Podía habérselo preguntado a Ari, pero desconfiaba que le dijese la verdad…

- ¿Y por eso no me hablabas? – preguntó el prefecto sin poder creerse la absurda excusa de la delegada.

- Sí – rió Corinne mostrando su perfecta dentadura, que contrastaba tremendamente con la oscuridad que aún les rodeaba – Es que al principio, como me hiciste perder, me molesté; pero luego fue porque como querías hablar conmigo y yo no tenía motivo, ya que no era plan de contarte nuestra absurda apuesta, pues fui aplazándolo… - explicó, sorprendida por su propia inventiva.

Remus se rió, incrédulo y divertido. Más tarde tendría que hablar con Ari… De pronto sintió como la última bocanada de aire no llenaba al completo sus pulmones y un tremendo dolor se extendió por todo su cuerpo como un escalofrío.

- Remus… ¿estás bien? – preguntó Corinne preocupada.

- ¿Tú que crees? – respondió bruscamente mientras se apretaba la cabeza. Corinne frunció el ceño a tiempo para que el prefecto lo viese. – Lo… siento, Corinne…

- No… no es nada. – negó la morena con desconfianza – Deberías ir ya a tu tienda…

- Sí…

La delegada le ayudó a caminar por el curvo sendero mientras se extasiaba con el varonil olor que el prefecto desprendía. El castaño agradeció la ayuda, aunque temía apoyarse del todo sobre el pequeño cuerpo de la morena. Juntos caminaron en silencio hasta dejar atrás el oscuro bosque.

Remus miró a Corinne, que, concentrada, compenetraba sus pies con los del prefecto intentando no tropezar. Suspiró y alzó la mirada al cielo, dejándose contagiar por la magia de la luna, que le recorrió el cuerpo en un espasmo de dolor. Sonrió, tentando a su destino. Sabía cuál era su puesto en aquel mundo, sabía lo que podía hacer y lo que no, pero eso no quitaba que pudiese fantasear con una vida mejor. Volvió a mirar por el rabillo del ojo a la morena, que apartaba con delicadeza un rizo de su cara. Una vida mucho mejor…

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James sacó la lengua mientras levantaba cuidadosamente la pared de su tienda y sacaba el cuerpo por debajo. Peter había cerrado los ojos hacía un rato, contagiado por el sueño que parecía disfrutar el Capitán, y James, después de haberse asegurado de que no iba a despertar, decidió escapar de allí haciendo el mínimo ruido posible, es decir, sin abrir la puerta, que tenía una alarma mágica.

Había estado pensando y había llegado a la conclusión de que no podrían encontrar a Lily sin su ayuda; y, en el caso de que lo consiguiesen, llegarían a un lugar contagiado de Inviraíces, a las que se tendrían que enfrentar sin un solo hechizo de supervivencia, ya que el Fumos no lo conocían. Así que, en medio de su cogorza y mareo por la bebida, cogió la varita y las gafas y se alejó de la tienda. Aún recordaba medianamente el camino hacia la enorme cascada donde, sin saber muy bien por qué, su intuición le decía que estaba la pelirroja. Avanzar por el bosque no le sería una tarea complicada. La encontraría y luego comenzaría su venganza.

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Lily se sentó en el suelo enfurruñada y harta de caminar en círculos. Después de intentar buscar la explicación al beso de Snape se había centrado en buscar a James. Le había dejado solo y estaba preocupada por su integridad física. Pero en lugar de eso, cada vez que emprendía su camino, terminaba en mitad de la pradera acuñada rodeada por aquella enorme cascada. Recordaba ese lugar, aunque no sabía cómo había llegado hasta allí y, de igual forma, no sabía cómo escaparse del rugido del agua, que parecía perseguirla. Era como si la tierra se hubiese reducido para ella y, caminase a donde caminase, su destino finalizara allí.

Miró al frente y descubrió la enorme seta azulada que había impregnado el ambiente de esporas. La gran Inviraíz había conseguido estabilizar su equilibrio y, rodeada por una manada de hongos de la misma especie que James no había conseguido ver, emitía un polvo plateado que ascendía hasta la cumbre de la catarata.

La pelirroja entrecerró los ojos, decidiendo descansar un rato para emprender su búsqueda más tarde, pero un ruido a sus espaldas llamó su atención.

Después de girarse con cansancio, tensó sus músculos, asustada por lo que se presentaba ante ella, aunque rápidamente recuperó su anterior expresión de absurda felicidad, síntoma de las esporas que, sin haber retirado su efecto del cuerpo de la pelirroja, volvían a arremeter contra ella al haber inundado el ambiente que se respiraba en la pradera. Un lustroso ciervo se erguía con orgullo al lado de un enorme ejemplar de encina. Con total tranquilidad, decidió observar el comportamiento del animal. Sin embargo el precioso ciervo parecía haber tomado la misma decisión que ella, ya que la miraba sin apartar la vista ni mover un ápice de su cuerpo.

Lily cogió aire profundamente y estiró su mano hacia la grupa del animal, sin saber exactamente por qué lo hacia. En ese momento, la enorme cornamenta nacarada del ciervo bajó hasta el suelo y, tras atusar sus patas, echó a correr hacia la pradera, trazando con su carrera un enorme arco que terminó de nuevo en la linde del bosque, en la que se internó sin hacer más ruido que el de una mosca al estrellarse contra un tronco.

La pelirroja frunció el ceño, esperando ver salir de nuevo al animal con su portentoso porte. Pero en lugar de eso, un nuevo rumor de ramas sonó a sus espaldas y, confiada al creer que se trataba de la misma escena vivida minutos atrás, se giró sonriente.

James se sacudía las mangas de su chaqueta sin prestar atención a la prefecta que, contrariada, miraba a su alrededor esperando ver al gran ciervo. Lily volvió a mirar al Premio Anual y entonces este le devolvió la mareada mirada.

- ¡Por fin! – exclamó colocando las manos en la cadera torpemente.

- ¿Cómo que por fin? – preguntó Lily levantándose e imitando el gesto. Al hablar se dio cuenta de que aún no estaba recuperada del efecto de las esporas y eso le produjo tal gracia que una sonrisa se asomó a sus labios.

- Te hace gracia¿eh? – comentó James frunciendo el ceño - ¡Pues a mi no! – balbuceó perdiendo el equilibrio y apoyándose en un árbol.

- ¿Estás borracho? – preguntó Lily conteniendo una carcajada. – O sea, yo aquí… buscándote y tú ¡emborrachándote! Potter¡no tienes vergüenza! – exclamó riéndose. No sabía exactamente por qué lo hacia, ya que la situación le molestaba más de lo que le divertía, pero aún así sentía unas terribles ganas de reír.

- No me hables tú de vergüenza…- murmuró James contagiándose poco a poco con la risa de la prefecta – Que más vergüenza me daría a mi andar por ahí besuqueándome con Quejicus… - Lily abrió la boca y cortó sus risas de pronto.

- ¿Nos has visto? – preguntó la pelirroja con estupefacción mientras se acercaba al moreno con paso vacilante. Ya no cabía duda: se había besado con Snape.

- Sí… pero te aseguro que preferiría no haberlo hecho…

- ¡Eres un… un…! – comenzó a decir Lily pagando con el Gryffindor su indignación mientras gesticulaba exageradamente en busca de un insulto suficientemente representativo.

- ¡Bah! Si te lías con un Slytherin, cualquier insulto que venga de tu boca debe ser un gran piropo… - balbuceó James patosamente, agarrándose a la rama de un árbol.

-¿Y a ti qué más te da con quién me líe y con quién no? – preguntó Lily apuntándole con un dedo en el pecho.

- Claro que me da igual – respondió James con su balbuceo característico, signo inequívoco del efecto del alcohol – Pero si te has liado con Snivellus me veo obligado a hacerte un brote en la pierna para que vayáis a juego. – explicó señalando la pierna de la prefecta con la mano y rozando su muslo con la yema de los dedos.

- ¿Le has hecho un brote en la pierna? – preguntó con incredulidad la pelirroja mientras agarraba la mano del moreno y la apartaba al sentir como un escalofriante cosquilleo le subía desde el muslo hasta la nuca.

- Sí¡dile que te lo enseñe! Es muy bonito… - Lily apretó los puños con impotencia y frunció el ceño mientras sentía como el suelo se movía bajo sus pies, por lo que tuvo que agarrarse al moreno.

- ¡Vale, pues házmelo a mi también si quieres! – bramó sin soltarle, admitiendo la acusación del Gryffindor – Así te demostraré que no soy una frígida…- comentó orgullosamente.

- No, ahora ya no eres frígida – la rectificó el Gryffindor divertido, caminando hacia atrás en busca de algo para agarrarse, ya que la pelirroja le empujaba sin ningún control – Ahora eres estúpida.

Más hacia el sur, otra chica que también estaba en busca de Lily y que no había tenido tanta suerte como el borracho Capitán, esquivaba raíces con descuido.

Ari se desperezó. No había nada importante a su alrededor, sólo árboles y más árboles. Parecía que ni un solo conejo habitaba por aquellos lugares, únicamente había sentido un movimiento a su lado y, al fijarse mejor, se dio cuenta de que era un ciervo que corría hacia el norte.

Suspiró y salió del camino, internándose en la oscuridad del bosque. No encendió la varita porque le gustaba la oscuridad y el misterio que producía, muy parecido al que Regulus le inspiraba. Continuó avanzando a ciegas, palpando con los pies su alrededor. Entonces una risita aguda que ya había oído hacía un par de horas, llegó hasta ella provocando que arrugase la nariz.

- Oh, perfecto… - murmuró.

Siguió caminando intentando no hacer ruido y cuando llegó hasta unos arbustos de poca altura, vio un resplandor que procedía de un claro. Se acercó con cuidado y pudo ver a dos personas que, sentadas a los pies de un árbol de gran tronco, se reían y se besaban descuidadamente, mezclando aquellas caricias con entretenimiento. No le hizo falta mucho más tiempo para darse cuenta de quienes eran: Sirius y Dinna.

Bufó y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse de allí cuanto antes, pero entonces un pie se le enganchó en el arbusto y, de forma irremediable, tropezó, cayendo con todo su peso sobre el matorral y quedando su cabeza dentro del claro.

Gruñó por el dolor que las ramas más espinosas le habían producido por todo el cuerpo y comenzó a moverse intentando levantarse cuanto antes, pero en lugar de eso se hundía aún más en la fronda del matorral. No podía creer la cantidad de mala suerte que tenía. Ahora Sirius pensaría que le estaba espiando… Cuando se hallaba en mitad de su maldición contra sí misma, una sombra le tapó la luz de la azulada luna, cambiando la eterna sonrisa melancólica del astro por otra sensual repleta de egocentrismo.

- No servirías para auror, Simonds – comentó Sirius con su voz repleta de goce. Ari volvió a bufar e intensificó sus esfuerzos para de salir de allí, sin éxito - ¿Necesitas ayuda? – preguntó aún con más petulancia el moreno.

- No, gracias – respondió evitando su mirada grisácea. Decidida, apoyó la mano en el arbusto y se impulsó para levantarse, pero algo se clavó en su palma y tuvo que levantar el brazo mientras emitía una exclamación de dolor.

- ¡Vamos, Siriusin! – le llamó Dinna, que estaba de pie entre dos árboles.

- Está bien… como quieras – murmuró el moreno encogiéndose de hombros y comenzando a darse la vuelta.

- Oh, por cien mil enanos barbudos… ¡Está bien! – bramó Ari levantando las manos en señal de sumisión.

- ¿El qué está bien? – inquirió el Gryffindor divertido.

- No me hagas que lo repita… - amenazó la morena con voz grave.

- Claro que sí, me encanta – reconoció el Golpeador – Así que ya sabes. Pídemelo, ruégame. – ordenó con regocijo. Ari le miró entrecerrando los ojos con odio.

- Vete – silabeó apartando la mirada del moreno e intentando sacar su varita del pantalón. Sirius levantó una ceja sumido entre la diversión y la incredulidad.

- ¿Prefieres quedarte ahí tirada a que te ayude? – preguntó asombrado, aunque sin olvidar su faceta egocéntrica.

- Mil veces – reconoció la morena concentrada en extraer la varita. Sirius amplió su media sonrisa y se giró hacia Dinna.

Ari sintió como su furia crecía. ¡La iba a dejar ahí, entre las ramas! Comenzó a murmurar nerviosa, diciéndose a sí misma que jamás le pediría ayuda.

Sirius caminó hasta la rubia, que, cruzada de brazos, le esperaba apoyada en un árbol con una cara que se asemejaba más a la de una arpía que a la de una chica de diecisiete años.

- Dinna… ¿podrías volver tú sola? – preguntó el moreno acariciándole la espalda y pegando su cuerpo al de la chica que, sin proponérselo, abandonó su molestia y sonrió asintiendo con la cabeza. – Volveré pronto, te lo aseguro… - murmuró con picardía deslizando su mano a la parte trasera de la anatomía de la rubia - pero es que ahora tengo que buscar a… Evans. – explicó haciendo un gesto de desagrado.

Ari suspiró cuando por fin logró hacerse con su varita. La levantó y apuntó firmemente a la rama de un árbol que había por encima de su cabeza mientras murmuraba un par de palabras. Una fina cuerda dorada y casi vaporosa se extendió desde la punta de la varita y se ató al árbol.

- Está bien, Siriusin… - susurró Dinna. Sirius arrugó la nariz, pero la Ravenclaw ignoró ese gesto acercándose al moreno y atacando sus labios con salvajismo. El Golpeador se separó de ella con alarma, no porque estuviese sorprendido por la efusividad de la chica, sino porque no quería caer en la tentación de seguirla hasta su tienda. Prefería quedarse allí y emplear esa noche para algo mucho más productivo…

- Adiós – susurró con sensualidad en el oído de la rubia empujándola con suavidad hacia el sendero que se internaba en el bosque. Dinna sonrió con coquetería y emprendió su marcha volviendo la cabeza atrás de vez en cuando. Sirius la despidió con la mano y suspiró cuando por fin perdió de vista la melena de la Ravenclaw. Le encantaba que lo alabasen, pero detestaba el empalagamiento.

Se dio la vuelta y se fijó en Ari que, ignorante de que no estaba sola, continuaba concentrada en su tarea de rescate. La fina cuerda dorada ya estaba asegurada al árbol y después de agarrarse con fuerza a la varita, tiró de ella emitiendo un gruñido de esfuerzo y se impulsó hacia arriba. La fuerza que empleó al levantarse provocó que las ramas del árbol se balanceasen adelante y atrás con ímpetu hasta que algo, del tamaño de una quaffle, calló de la copa y golpeó en la cabeza a Sirius.

- ¡Auch, por Merlín, Simonds! – exclamó el Gryffindor llevándose una mano al cogote por segunda vez en el fin de semana.

- ¿Aún estás aquí? – preguntó bruscamente la morena guardándose la varita y sacudiéndose el pelo mientras aguantaba la risa por el golpe que había recibido el Gryffindor. Revisando en una rápida mirada su alrededor se dio cuenta de que Dinna ya no se encontraba en el claro y eso le provocó una media sonrisa curiosa que no pudo ocultar - ¿Y la gran Dinna¿No está? Vaya…Es una pena que se haya perdido el mejor golpe de tu carrera como Golpeador... - murmuró impulsando su melena morena hacia atrás y provocando que la frondosa cantidad de hondas que daban ese toque mágico a su cabello botasen con gracia sobre su espalda. Sirius observó ese gesto y sonrió.

- ¿Celosa de nuevo, Simonds? – preguntó con picardía mientras intentaba localizar un chichón en su cabeza. Ari bufó por la petulancia del moreno y adoptó una mirada de travesura que incitó a sonreír al Gryffindor.

- Por su puesto que no, Black – contestó en un susurro aterciopelado mientras se acercaba a él – Entiendo a la perfección que hayas preferido cambiar a la rata por la zorra. Aunque yo no sé si preferiría a Peter… él por lo menos sabe cuál es tu nombre¿no, "Siriusin"?

- Ten cuidado, Simonds, o al final perderás del todo tu oportunidad de ser mi "zorra" – respondió con travesura el moreno. Ari enarcó una ceja, sorprendida por el argumento de su enemigo, y, de improvisto, se agachó lentamente a los pies del Gryffindor provocando tal estado de confusión en él que éste solo pudo abrir la boca para volver a cerrarla.

- Luz… - pidió Ari sin levantar la cabeza para mirarle. Sirius se carcajeó con incredulidad ante una orden tan directa - ¡Luz! – bramó la morena de nuevo dándole un golpe en la rodilla. Sirius chistó con la lengua y levantó la varita pronunciando un Lumos que iluminó el claro por completo. De pronto la Gryffindor ahogó un gritó de sorpresa.

- Pero que… ¡Qué grande! – exclamó con entusiasmo. Sirius sonrió con picardía colocando las manos en su cadera.

- ¿Acaso lo dudabas? – preguntó el moreno empapando su voz con un matiz juguetón que logró hacer que Ari levantase la mirada hasta situarla en la entrepierna del Gryffindor.

- Me ahorro mi opinión sobre el tamaño… - comentó con una mal fingida indiferencia, ya que no había logrado ocultar la ilusión que había aparecido en su rostro de forma repentina. – Aunque… - continuó con malicia mientras dirigía la vista hacia los ojos grisáceos del Gryffindor, que la miraban con incredulidad por su atrevimiento - No está mal para ser Black – finalizó agachando la vista de nuevo y aguantando la carcajada que a duras penas lograba mantener en su pecho.

Sirius abrió la boca con asombró mientras reflexionaba sobre lo que la Cazadora acababa de decir.

- ¿Co…cómo que "para ser Black"? – balbuceó con el ceño fruncido. Pero Ari ignoró su pregunta y se levantó con la cara iluminada de alegría. – Te he hecho una preg… ¿Qué es eso? – preguntó interrumpiéndose a sí mismo. Cuando pudo ver lo que Ari sujetaba entre sus brazos y lo que supuestamente le había dado en la cabeza, su asombro no cabía en sí mismo.

Un enorme bulbo grisáceo latía suavemente sobre las menudas manos de la Gryffindor. Al principio al Golpeador se le antojó feo, incluso un poco asqueroso, pero tras observarlo unos segundos se dio cuenta de que guardaba una belleza especial, casi mágica, en cada latido que expandía y contraía su volumen.

- Eso es un Omen "Colifloris"… - susurró alargando un dedo hacia la planta.

- ¡Eh! – exclamó la chica apartándolo y colocándose de espaldas al moreno – No te confíes, Black. Y no es "Colifloris" es "Corfloris" – corrigió volviendo a mirar con extasiante incredulidad el gran espécimen que soportaba entre sus manos.

- Me da igual – contestó Sirius alzando la cabeza por encima del hombro de la morena – Pero que sepas que me pertenece la mitad.

- ¿Qué? – preguntó con diversión.

- ¿A quién le ha dado en la cabeza¡A mi! Así que también es mío – explicó alargando los brazos alrededor la cintura de la chica para intentar alcanzar la planta.

- ¡Pero qué haces! – bramó Ari moviéndose con cuidado para alejarse de los tentáculos del Gryffindor. - ¡Qué no me toques con esas pezuñas! – Sirius se carcajeó viendo como la morena se retorcía frente a él con los brazos pegados al pecho, en el que yacía el Omen Corfloris. - ¿Qué te hace tanta gracia, estúpido? – gritó la Cazadora cuando por fin consiguió quedarse frente a él. Sin embargo no logró producir el efecto que esperaba con aquel insulto, ya que la cercanía del chico, que se encontraba a escasos centímetros de ella, había cortado su respiración durante unos segundos.

Sirius sonrió al sentir como el cálido aliento de la morena dejaba de golpearle la cara. La había puesto nerviosa y eso era otro tanto a su favor.

Ignorando los insultos, emprendió la táctica más delicada y sutil de todas aquellas que tenía almacenadas para molestar a la chica. En un rápido aunque elegante movimiento, intentó pegar su cuerpo al de la Gryffindor sin abandonar su media sonrisa, que en aquellos momentos había adquirido el matiz más seductor que Ari había visto jamás. No sabía cómo podría terminar eso. La probabilidad de que la morena reaccionase cruzándole la cara estaba muy latente entre las posibilidades del Gryffindor, sin embargo también contaba con su mejor carta: la sensualidad, y, por muy fría y calculadora que pudiese resultar, Sirius tenía claro que era una mujer, así que, como tal, tenía la confianza de que cayese derretida bajo sus dotes de don Juan. Pero algo obstaculizó ese acercamiento, algo de una dureza singular que, con un ritmo pausado, golpeaba su pecho con ternura, casi cariño. Sirius frunció el entrecejo sin apartar la mirada de los ojos verdosos de la Gryffindor, que le había robado la media sonrisa y la lucía con diversión.

El moreno bajó la vista hacia el nexo de unión entre su pecho y aquello que latía dulcemente, esperando encontrarse con la abultada dote de la chica pegada a él, pero en lugar de eso se topó con el Omen Corfloris, que se encontraba entre ambos, separándoles sin inmutar su cálido pulso. Entonces Ari apartó la planta lentamente, sin apartar su mirada de la del chico, y tomó la iniciativa que el Golpeador había perdido. Sin pensarlo, pegó su cuerpo al de él, cambiando la postura de la situación y provocando una súbita huelga en los pulmones del moreno.

- Empate – susurró de forma picante, acariciando el lóbulo de la oreja del moreno con la tierna piel de sus labios. Sirius sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La furia comenzó a subirle por la espina dorsal. ¡Había caído en su propia trampa! Pero aquella furia no era lo único que le contagiaba. La calidez del cuerpo moreno de la Gryffindor y el singular aroma de su pelo formaban, junto con su pícara mirada verdosa, un aura perfecta que cubría a la perfección el deseo que aquella extraña conversación repleta de odio y atracción le producía.

Antes de que pudiese ser vencido por esa mezcla que le dividía en dos, Ari se separó de él y emprendió su camino por el sendero que se encontraba a sus espaldas. Estaba orgullosa de sí misma, había conseguido ir un paso más allá. Le gustaba pelearse con Sirius, le parecía divertido, pero le gustaba aún más el juego de picante orgullo que se traían. Sin embargo ya era momento de alejarse de allí, una cosa era un ataque directo para quedar por encima, y otra muy distinta centrarse únicamente en aquella batalla. Ahora debían volver a la usual, la de los insultos inteligentes.

Cuando ya había avanzado un par de pasos recordó su tarea principal.

- ¡Ah, por cierto! Lily ha desaparecido y hay que buscarla – Sirius frunció el ceño confundido por la noticia - ¿Qué pensabas¿Qué había venido a buscarte a ti? – preguntó la morena divertida.

El moreno observó como Ari se encontraba crecida después del golpe que le había colado hacía un momento, pero sin darse por vencido, enarcó una ceja y se pasó la mano por el pelo.

- Por su puesto. Y si no es así mala suerte, porque yo voy a acompañarte, quieras o no. Tengo que vigilar la mitad de mi corazón… – informó el Golpeador acercándose a ella. Sabía que aquello le molestaría, pero tenía que recuperar su ventaja y aquello prometía, además, no tenía sueño.

- ¿Cómo? – exclamó con una carcajada la morena – No te confundas, Black. Te das la vuelta y buscas por allí. – ordenó apuntando al sendero que quedaba a la espalda del chico. – Y nada de "tú corazón", es mío. – Sirius sonrió complacido.

- Te mueres por un cuento de hadas ¿eh? – preguntó con sensualidad. Ari cogió aire intentando evitar el rubor que se extendía por sus mejillas – Está bien, quédatelo. Pero aún así no me apetece ir hacía allí, quiero ir por aquí – comentó con las manos en los bolsillos señalando con la cabeza al camino que había elegido la morena.

- Me da igual lo que te apetezca. – bramó Ari, nerviosa por las palabras del Golpeador.

- Pues entonces me tendrás que aguantar – Ari se cruzó de brazos, dispuesta a no moverse de allí – Bueno, también puedes darte la vuelta y buscar por el otro lado – apuntó el moreno señalando el sendero que anteriormente había indicado la Cazadora.

- ¡Ja! – exclamó dándose la vuelta y retomando su camino inicial.

Sirius torció la cabeza ampliando su media sonrisa. Lo cierto era que Ari le llamaba la atención. No había por qué negárselo a sí mismo. Sí, era atractiva, sin embargo no se parecía en nada al tipo de chicas con las que acostumbraba a salir. Comparando lo físico, destilaba un gran salvajismo impulsado por sus rasgos que, aunque no presumían de grandeza, se perfilaban graciosos y únicos. No era delgada, pero tampoco se podían apreciar quilos de más en sus marcadas curvas. Además su cara, de ojos alargados que contrastaban con el verdor de los iris, y la boca, continuamente en movimiento por la gran cantidad de gestos que tenía por costumbre mostrar, defendía una fuerza que, sin duda, estaba acompasada por su carácter. Éste sí denotaba cierto grado de individualismo. La inteligencia de sus frases, tan calculadas, contrastaba con la calidez que solía emitir y que él nunca había probado, ya que podía ser tan fría como un carámbano si se lo proponía y eso, quizás, era lo que más le gustaba al Gryffindor.

Olvidó sus pensamientos observando como la chica continuaba con seguridad y sin mirar atrás, impulsada por el empujón que el reto del moreno le había proporcionado. No pensaba ser ella quien cediese.

- Ays, Simonds… qué previsible y divertido es tratar contigo, si no fueses tan condenadamente insoportable… - murmuró Sirius siguiendo los pasos de la morena con la varita en alto, de forma que proporcionaba luz suficiente para que Ari no tuviese que usar la suya. Entonces se dio cuenta de lo que acababa de decir ¿Si no fuese tan condenadamente insoportable qué, Sirius? Se preguntó deteniéndose un momento y bajando la varita, por lo que el hechizo se cortó y las sombras de las enormes copas de los árboles contaminaron el ambiente, haciendo que Ari tropezase con una piedra y se agarrase a algo blando y liso con el brazo que no estaba sujetando al Omen Corfloris.

- ¡Ay! – exclamó la morena. Sirius volvió a levantar la varita mientras se reía.

- Parece mentira que juegues a Quidditch. ¡Eres más patosa que Frank!... – pero el moreno se interrumpió al quedarse sin voz cuando se dio cuenta de lo que había frente a él.

Delante suya había un enorme animal purpúreo de grandes ojos marrones, fijos en ellos. En absoluta quietud mostraba sus apéndices redondeados, sin ningún arma con los que pudiese atacarles, como uñas o dientes. Sin embargo, aún sabiendo que ellos podrían hacerle más daño en caso de peligro, la impresionante altura de ese ser despertaba un miedo inconsciente en su interior.

Ari, que había notado algo extraño mucho antes que el Gryffindor, había echado a andar hacia atrás y, al fin, consiguió colocarse delante del moreno, sintiéndose inconscientemente más protegida por su cercanía.

- Simonds, tira la coliflor esa y corre a la de tres – susurró Sirius sin apartar la vista del frente. – Uno…- Ari sonrió al percibir en su voz una nota de pánico asombrado.- Dos… - continuó el moreno respirando con profundidad y, al hacerlo, olió el dulce aroma de la morena. Sin querer, cerró los ojos perdiéndose en aquel olor, creyendo que no era objeto de miradas. Pero Ari, advertida por la cuenta atrás, le miró y, al percibir el gesto de placer en su cara, abandonó su anterior sonrisa divertida para fruncir el ceño con molestia – Y…- balbuceó recuperando la compostura e ignorando la mirada de la morena - ¡tres! – gritó a la vez que comenzaba a correr hacia la linde derecha del bosque, en vano, ya que la Cazadora le había sujetado con fuerza de la camiseta y, aunque en el primer tirón le arrastró unos metros, luego no pudo continuar con su carrera. - ¡¿Qué haces?! – susurró con furia recuperando los escasos centímetro de distancia entre su cara y la de la chica. Ari no respondió, tan sólo sonrió divertida. Entonces Sirius se separó de ella un poco más y, tras carraspear en un intento de recuperar su dignidad, miró de nuevo al bicho amoratado.

- Black, me acabas de demostrar que todos estos años llevaba razón: eres imbécil – opinó - ¡Ah! Y cobarde… - determinó con una sonrisa de suficiencia.

Sirius arrugó la nariz sin apartar la mirada del animal, que aún seguía mirándoles o, como pudo comprobar, mirando a Ari.

- Simonds… este bicho es más raro de lo que creía porque creo que le gustas – dijo colocándose la camiseta, que había quedado retorcida. Entonces calló en un detalle. Aquel animal le resultaba terriblemente parecido a aquel pequeño bichito rosado que habían visto al inicio de su excursión. McGonagall le había llamado "Glounier" y, según había dicho, podía adquirir multitud de formas y colores. - ¡Eh¡Ese es el bicho que persigue a las vírgenes!

Ari, que había pensado en esa posibilidad nada más ver al animal, lo examinó con cuidado intentando comprobar si era de verdad un "Glounier", el ser que guiaba a las chicas hacia el destino que desearan, pero como no había visto nunca uno, quitando a aquel cachorro de la orilla, no pudo llegar a ninguna conclusión.

- No lo sé – confesó la morena encogiéndose de hombros.

- No te he preguntado, Simonds, te he informado – explicó Sirius – Hala, pregúntale dónde diablos está Evans.

- ¿Yo? – preguntó la morena divertida.

- No, yo, que seguramente soy una virgen guapísima… - se burló el Gryffindor.

- Según tú, más que yo seguro – comentó Ari acercándose al Glounier. Sirius chistó con impaciencia.

- Déjate de chorradas y pregúntaselo, que no es plan de pasarme toda la noche contigo por el bosque, no vaya a ser que me muerdas el cuello a la desesperada… Porque hace mucho que no tienes una nueva víctima¿no es cierto, Simonds? – tanteó el moreno con travesura. Ari sonrió mientras acercaba su mano al lomo de la criatura.

- No tanto como tú piensas, Black… - susurró Ari sensualmente, susurro que el Gryffindor escuchó a la perfección. Pero antes de que a Sirius le diese tiempo de rebatir aquel murmullo, Ari acarició al animal, que seguía sus movimientos con una tranquilidad suprema. Al contacto de sus manos con la piel suave del Glounier, ésta cambiaba su tono amoratado por otro verdoso. Entonces, decidiendo dejar atrás cualquier reto de orgullos con el moreno y así encontrar a su amiga de una vez, se acercó aún más al simpático animal y le miró directamente a los ojos. – Llévame hasta ella – le susurró de forma casi imperceptible.

Sirius no sabía si hacer caso a esa vena protectora que parecía haber aparecido de improviso y que le mandaba acercarse para interponerse entre el enorme ser y la morena, que a su lado parecía una diminuta e indefensa niñita, o quedarse al margen de aquella escena mágica que se estaba reproduciendo delante suya. Pero antes de que pudiese terminar de decidir, el animal comenzó a caminar y Ari, sonrojada, le miró y le indicó con la cabeza que le siguiese.

Sirius recuperó su media sonrisa. Así que la morena era realmente virgen… Aquel fin de semana estaba resultando muy fructífero para él.

Sin rechistar, el Gryffindor hizo por una vez lo que la chica le pedía y así, Golpeador, Cazadora y Glounier, se encaminaron hacia el norte.

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Remus llegó a su tienda y, al retirar la fina tela que ocupaba el lugar de la puerta, la alarma mágica estalló en luces y pitidos que, después de los instantes de confusión, fueron extinguidos por la varita de Corinne, la cual aún estaba al lado del prefecto.

Peter, que seguía durmiendo, ignorante de la desaparición de James, se despertó de un salto y miró a los dos Gryffindors con odio.

- Wormtail¿Y James? – preguntó Remus al ver la cama del Capitán revuelta pero vacía. El recién levantado animago miró hacia el lecho de su amigo con un ojo cerrado para protegerse de la luz y, al verla desocupada se levantó de un salto – Oh… dime que no estoy en lo cierto al pensar que se ha escapado. – pero la única respuesta que el castaño recibió a esa petición fue un encogimiento de hombros.

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Frank llamó dos veces a la puerta de la casa de Ray y, ocultando un bostezo con el dorso de la mano, esperó a que abriesen. Al cabo de unos minutos apareció el guarda por la puerta, fumando una enorme pipa verde de la que salía un humo purpúreo que olía a regaliz.

- ¡Ey! Tú eres el de las Malvedas, ¿no es cierto? – preguntó el jovial hombrecillo mientras expulsaba aquel humo por la nariz. Frank asintió con pereza – Bien, déjame ahí detrás las cestas…- señaló apuntando a una caseta de madera que había detrás de la choza - ¿Y tu compañero? – Frank, que había esperado esa pregunta, respondió con tranquilidad.

- Se ha ido ya a dormir.

- Vaya… un día agotador ¿cierto? – el rubio volvió a asentir – Bueno¡pues a descansar! – exclamó sonriendo. Frank le devolvió el gesto y se dio la vuelta para marcharse – Por cierto… ¿has visto por ahí a una compañera tuya, esa tal Lily? – inquirió el guarda adquiriendo un matiz mucho más severo.

- Eh… no – respondió con sinceridad el Gryffindor "Ojala la hubiese visto…" pensó rascándose la nuca - ¿Por qué, se ha perdido? – preguntó con disimulo.

- Eso creo yo… aún no ha llegado del bosque. – murmuró el guarda con la pipa entre los labios y exhalando una profunda calada – Bueno, ahora iré a preguntarle a su compañero… - determinó, más para él mismo que para Frank – Que pases buena noche, muchacho – le deseó cerrando la puerta, aunque lo que el rubio no vio fue la sonrisa traviesa que el guarda escondía tras la nube de humo morada.

Frank olvidó por completo su deber de dejar las cestas en la caseta de madera y se dio la vuelta para salir corriendo hacia su tienda, donde esperaba encontrar a alguien a quien avisar del plan del guarda, pero no le hizo falta, ya que cuando llegó al campamento masculino se encontró con Remus, Corinne y Peter, que salían apresurados en busca de James. Frank, a pesar de que era bastante torpe, gozaba de una gran capacidad de observación y no le hizo falta demasiado tiempo para darse cuenta de que Remus no se encontraba bien por algo, ya que la palidez destacaba en su rostro bajo la suave luz de la luna.

- Frank ¿qué pasa? – preguntó el prefecto con voz grave al notar la presura del Gryffindor.

- Vengo a avisaros de que Ray se dirige hacia aquí para hablar con… ¿Y James? – preguntó el rubio mirando hacia su tienda.

- Se ha escapado – explicó Corinne mirando a Peter con las cejas alzadas.

- ¿Qué? – preguntó Frank. - ¿Cómo que se ha escapado?

- Es una historia muy larga – comentó Remus – Pero has dicho que Ray viene hacia aquí ¿no? – preguntó. Frank asintió con nerviosismo – Vale, tenemos que encontrar a una Lily drogada y a un James borracho ¿alguna sugerencia?

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Lily bufó al sentir como el pantalón se le enganchaba en una zarza.

- Eso, cáete – comentó James, el cual iba tras ella apoyándose en los árboles a causa del mareo que el alcohol le había provocado. Lily, anestesiada bajo los efectos de las esporas, caminaba con los brazos por delante, intentando no chocarse con nada.

- Pues si yo me caigo tú vienes detrás – espetó la pelirroja con molestia. James sonrió al imaginarse la escena, pero entonces le sobrevino una arcada que le obligó a parar y sujetarse con fuerza a un árbol. Lily, al sentir como el moreno no le seguía, se dio la vuelta y suspiró con cansancio. – Potter…

- ¿Qué? – preguntó James cerrando los ojos para protegerse de la sensación vertiginosa que le acuciaba.

- ¿Sabes a caso dónde estamos?

- Mmm… no – respondió sentándose en el suelo con la cabeza entre las manos.

- Yo tampoco… - comentó la pelirroja acercándose a él y acomodándose a su lado. James la miró extrañado, pensando que algo malo estaba sucediendo para que la prefecta se acercase a él voluntariamente, pero cuando estaba a punto de hacer un comentario mordaz, otra arcada le arañó la garganta y le obligó a doblarse sobre sí mismo. - ¿Por qué estás borracho? – preguntó la prefecta al notar el malestar del moreno. No es que ella estuviese perfectamente, pero por lo menos no tenía ganas de vomitar.

- Porque he bebido – Lily le miró alzando una ceja - Es que necesitaba algo que me ayudase a olvidar la asquerosa imagen de la lengua de Quejic… - pero antes de poder terminar la elocuente frase, al fin una arcada le hizo vomitar, expulsando todo lo que le revolvía el estómago.

- ¡Arg! – exclamó la prefecta apartándose a un lado. Pero James ignoró a la pelirroja y se limpió la boca con la manga. Un sabor amargo le inundaba la garganta y, aunque estuvo a punto de realizarse un hechizo de enjuague, se dio cuenta que en aquellos momentos no recordaba cómo hacerlo. – O sea, que has bebido para olvidar… - murmuró Lily con satisfacción.

- No, yo he bebido porque me ha dado la gana – respondió el moreno con un gesto de desagrado mientras acariciaba su paladar con la lengua – Serás tú la que, cuando se te pase el efecto de la Inviraíz, bebas para olvidarlo todo…

- ¿Y por qué iba a querer olvidar yo algo? – preguntó la chica expresando una sincera intriga. James era consciente de que esa pregunta tan absurda era uno de los efectos de las esporas y Lily, a la vez, era consciente de que no podía tomarse nada de lo que dijese el chico en serio. Por lo cual, aquella conversación parecía un dialogo de besugos.

- ¿Por qué?... Por Merlín, Evans, eres realmente inocente – comentó exagerando sus gestos con una pronunciación vaga.

- ¡Deja de llamarme inocente! – se quejó la pelirroja mirándole con molestia. - ¿Por qué dices que soy inocente¿Por qué Snape me ha besado? – preguntó aún confundida – Porque si te refieres a eso, deberías saber que si me ha besado ha sido porque yo he querido – acertó a decir con orgullo a pesar de que sabía que aquello no era cierto.

- ¿Y se puede saber qué narices te ha pasado para que tu gusto se esfume de golpe¿Acaso ha dicho o te ha prometido algo que ha hecho que de pronto tu amor por él despierte de lo más profundo de tu ser? – preguntó el moreno con un sarcasmo únicamente estropeado por el zapateo de su lengua acartonada.

- Eh…pues…

- Sí, sí, tú piensa y si encuentras la respuesta me la dices – ordenó interrumpiendo el balbuceo de la prefecta – Eso es exactamente lo que me empuja a llamarte inocente…

- ¿El qué? – preguntó de nuevo con más molestia, enfadada consigo misma por no ser capaz de entender la intención del lenguaje alcoholizado del Gryffindor.

- Eres la prefecta y Premio Anual, supuestamente, más inteligente de Hogwarts, no pienso decírtelo – determinó el chico con una sonrisa de petulancia que rápidamente se vio borrada por una nueva arcada aún más agresiva. Lily volvió a apartarse de él, pensando en la respuesta del moreno, pero entonces algo que la hizo torcer la nariz en una mueca de asco le llamó la atención.

- Potter… - balbuceó sin apartar la mirada del suelo, donde todo lo comido aquel día por el Gryffindor se expandía en un espeso charco.

- ¿Qué…? – acertó a preguntar mientras se pasaba la mano por la frente para deshacerse del sudor que el esfuerzo le había ocasionado.

- ¿Qué has comido hoy? – preguntó con una voz aguda tan graciosa e inocente que provocó al moreno a abrir un ojo para mirarla.

- Lo mismo que tú – Lily tragó saliva y le miró.

- Pues yo no como cosas que se mueven – comentó con una voz aún más aguda.

James frunció el ceño extrañado y se asomó hacia el suelo para intentar comprender mejor de qué hablaba la chica y entonces vio, en mitad del charco amarillento, un bulto rojizo impregnado de aquella sustancia estomacal que se movía con un ritmo rápido pero continuo.

- ¿Qué narices es eso? – preguntó asustado mientras se tocaba el pecho.

- No lo sé… - murmuró la pelirroja colocándose al lado del chico e inclinándose hacia el suelo.

Ambos acercaron la cara a aquel extraño bulto, sin darse cuenta de que se encontraban a una distancia poco prudente y, después de varias exclamaciones y gruñidos de incertidumbre, Lily abrió los ojos.

- Es… ¡Un Omen Corfloris! – gritó levantando un brazo, que fue a parar a la barbilla de James, el cual, debido al espontáneo puñetazo, perdió el equilibrio (ya de por sí bastante afectado por el Wisky) y se agarró a ella. Lily, que tampoco gozaba de demasiada estabilidad, no pudo evitar caer hacia delante, aunque, en un intento de no aplastar aquel magnífico ejemplar, se tiró hacia James y ambos cayeron en la tierra, a escasos centímetros del Omen Corfloris.

Cuando James, mareado, golpeado, embarrado y aplastado, decidió abrir los ojos, se encontró con los esmeralda de la prefecta, que miraba con entusiasmo el trocito de tierra que lindaba con la oreja del chico, en el cual se encontraba el ejemplar bulbo.

- Has… has vomitado un Omen Corfloris… - comentó la chica con incredulidad, como si hubiese hecho un gran descubrimiento.

- ¡Yo no he vomitado ningún Omen Cor…! – pero un ruido de ramas sonó detrás de ellos e interrumpió al moreno, ya que Lily, demasiado curiosa, había mirado hacia atrás desplegando su frondosa melena pelirroja sobre la boca del chico. James apartó el pelo de su boca con la mano y al hacerlo una fragancia floral penetró por sus fosas nasales, incitándole a sonreír. Levantó imperceptiblemente la cabeza y se acercó aún más al cabello de la prefecta. De nuevo, y con gran regocijo para él, pudo percibir aquel aroma. Se sentía a gusto, aunque jamás lo hubiese creído, pero el calor que la chica desprendía, el olor de su pelo y el peso de su cuerpo sobre él le provocaban la maravillosa sensación de que estaba protegido por ella y, al mismo tiempo, un deseo irrefrenable de protegerla se hacía dueño de su ser.

- ¿Se puede saber qué está pasando aquí? – James abrió los ojos asustado y dejó de respirar, como si de esa forma pudiese pasar desapercibido ante los ojos de la persona que había hecho la pregunta.

- ¡Prongs! – pero aquella exclamación le hizo admitir que su intento era inútil. Se asomó tras la cabeza de la prefecta para ver quién más estaba observando su comprometedora postura y entonces, después de ver a una Ari con las manos sobre el estómago como si estuviese sujetando algo y las cejas alzadas en un gesto de incredulidad y a un Sirius que le miraba con la boca abierta, Lily giró de nuevo su cabeza y se encontró con la boca del moreno a milímetros de la suya.

- ¡Po…tter! – bramó levantándose con rapidez y apretando con brusquedad el estómago del moreno, que se contrajo por el dolor.

- ¡Joder, Evans! – exclamó agarrándose la tripa.

- ¿Estás bien, Lil? – preguntó Ari acercándose a su amiga y sonriéndole de forma traviesa, sin embargo su mirada parecía confundida mientras echaba rápidas ojeadas a su alrededor. El gigantesco Glounier se había perdido a pesar de que había entrado en el claro antes que ella. Ari sonrió al darse cuenta de que el simpático animal había cumplido con su deber y seguramente ya no pintaba nada allí. De pronto sus ojos se cruzaron con los de Sirius, que parecía buscar lo mismo que ella, y el moreno sonrió también. Su sonrisa parecía trasmitir una orgullosa satisfacción que tenía intención de ser demasiado petulante, sin embargo era mayor la sinceridad que inundaba al moreno que su orgullo. Ari torció la boca. Ahora el Golpeador sabía que ella no era virgen… fantástico, le salvaba la vida y, encima, se llevaba a casa el fantástico testimonio de que la más experimentada de Hogwarts no lo era tanto.

- No - murmuró la pelirroja interrumpiendo la amistosa mirada. – Estoy cansada y tengo hambre… - Sirius, después de apartar la vista de la morena e ignorando la charla de las dos chicas, se acercó a su amigo y le ayudó a levantarse.

- ¿Qué haces aquí, Prongs? – preguntó confuso.

- No lo sé…- respondió con brusquedad sacudiéndose los pantalones.

Entonces Lily vio con tremenda incredulidad lo que su amiga tenía entre los brazos y se acordó de algo. Separándose de la Cazadora se acercó al lugar en el que el vómito de James rodeaba al Omen Corfloris y, repitiendo el gesto de asco que su nariz había bautizado como propio, levantó el mimoso bulbo con dos dedos y lo extendió hacia James, que, confundido y en un intento de evitar que la planta cayese al suelo, lo cogió.

- ¿Qué haces? – preguntó mirando con repugnancia lo que tenía entre las manos.

- Es tu vómito, tú lo llevas. – explicó la chica limpiándose las manos en la camiseta.

Cuando Sirius y Ari, mal interpretando la situación, iban a hacer un comentario mal intencionado, alguien nuevo se presentó en escena.

Remus, Corinne, Peter y Frank aparecieron entre suspiros de cansancio.

- ¡Lily! – exclamó Corinne contenta - ¿Ari? – preguntó mirando a la chica y dirigiendo su vista directamente hacia sus brazos y al gigantesco Omen Corfloris que sujetaba entre ellos. Entonces, a las espaldas de la Cazadora, y como si la casualidad se hubiese aliado con ellos, una rama de helecho se apartó y aparecieron George y Alice, que caminaban sonriendo y de la mano - ¡Alice!

Remus miró por el rabillo del ojo a Frank, al cual no se le había pasado por alto el detalle de que sus dos amigos caminaban de la mano. Pero entonces volvió a sentir los anteriores síntomas y se agarró el cuello de la camisa, sintiendo como le faltaba el aire.

La morena, dentro de su alegría, atisbó por el rabillo del ojo como el prefecto comenzaba a respirar entrecortadamente y adquiría gestos de dolor.

- ¡Remus! – exclamó acercándose a él. Sirius, Peter y James le miraron preocupados y compartieron gestos cómplices que ninguna chica vio, hasta que Corinne, frenando la reacción de los demás de acercarse al prefecto para ayudarle, se incorporó sujetando al castaño y anunció con seriedad:- Bien, estamos todos. Ya podemos volver.

- Sí… mejor – murmuró James con torpeza compartiendo miradas rápidas entre sus manos, donde el Omen Corfloris latía sin disminuir su rápida pulsación, y Remus, que aumentaba el ritmo de su respiración.

Todos se giraron, sin apartar la vista de Remus, hacia el sendero por el que el castaño, Corinne, Peter y Frank habían aparecido y se chocaron con la simpática mirada del guarda de la isla.

- Vaya, chicos, me alegra veros, sin embargo sé que a vosotros no os va a alegrar tanto verme a mí…


JUSJUS!! que largo eh!!! Bueno, ya sabéis... REVIEWS!!

Y yo ahora voy a contestar a los fantásticos, fenomenales y enormes reviews que me habéis dejado!!! n.n

Alice Charsing: PE!! Joer... esta semana ha sido muy durilla para tí... y yo siento no haber sido de mayor ayuda. Pero espero que de todas formas puedas leer el cap xD no hombre, espero que se solucione todo. Me parece que lo de tu bf de :"vete con George" te lo tomaste muy enserio no?? jajajajaj a la vez que en el fic!! como molas tia, te lo tomas tan enserio... xD lo siento!!! en serio. Muchas gracias por el review. Te quiero Pe-pinilla. nn

Doritas/Trinity¡Gracias por los reviews! Ya creía que no ibas a seguir leyendo...:S Bueno, eso de ir andando por la caye y tener que cruzarte de acera porque ablan de ello... es horrible!! a mi me pasó el otro dia que me desvelaron una cosa de sopeton!! ni si kiera se como paso! no estabamos ablando de harry potter y me saltaron "sabes que...?" y yo aki NO!! pero bueno...uu Y en tu review certabas en casi todo!! que snape no es sensual ni queriendo, incluso digo algo asi como "intentando ponerse sensual" y que Lily le besa por las esporas (en este cap se ve que si dice q le besa xq quier es para molestar a James jeje) Que Corinne ha encontrado el OmenC y que a James le iban a dejar durmiendo la mona, aunque luego el mono se escape xD. Espero qe este cap te guSTE. Lo cierto es que es bastante revelador... Muchos bss!!

Musa 555: SI!!! HAS VUELTO!!! fijate que no he actualizado esta mañana porque estaba esperando tus reviews!! jeje. (POR CIERTO!! gracias por dejarme uno en cada capi!!!) Si me pusiese a comentar todo lo que me has dicho no acababa, pero si hay una cosa que debo decirte, es que el romance más romantico de momento entre Sirius y Ari irá pokito a pokito y como mucho, de momento siempre, será ún pelín más dulzon que en este cap. De todas formas entre ellos no puedo meter un empalague... no pega!! Y TU NO ME PEGUES A MI!! pero esq tenia que destacar la cualidad de encandilador de Sirius, aunque tranqui, que Dinna no va a suponer para él más que un beso con lengua xD. En cuanto a Corinne... ya la ves!! que calculadora!! aunque en este capi se ha suabizado! Ya verás como Corinne no es mala, al contrario, la chica va a ser un cielín! (un cielín celosín, pero cielín en el fondo.). Bueno wapa. Muchos bss y muchas gracias por todo! espero que te lo hayas pasado muy bien de vacaciones!!! Ilisia

Y... EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO...

10. Quien la hace, la paga : de vuelta en Hogwarts les toca pagar los platos rotos! Aunque comenzarán a compaginarse los preparativos para la fiesta de cumpleaños de... Alice y Lily¿qué les regalarán? Muchos líos por culpa de un regalo especial...

Y ya sin más, que me tnego que ir corriendo que me esperan!!!

Muchos bss y saludos...

Ilisia Brongar!!!