¡Hola a todos!

Aquí vuelve una usuaria para subir un capítulo más de este fanfic, que parece que cada vez tiene más seguidores. Eso me hace muy feliz, porque quiere decir que os gusta o algo hace que os engancheis a esta historia. Quería dar las gracias a todos esos reviews que dejais y todos los que poneis esta historia en favoritos. Gracias.

Ahora si, respondo a vuestros comentarios.

alumna: de nadaaa! Hermione ya se ha pegado muchos batacazos en este fic, no puede ser que en cada capítulo se vaya cayendo xD ¿Desfibrilador? Tú no has leido nada aun... xD Besos guapa.

Satoshi-Taicho: soy mala, lo se, pero es que no tengo tiempo para escribir, y ahora que empiezo la universidad aun menos. ¿Así que te olías lo de la prisión? Esto es malo... xD Besos.

Holly90: sí, Draco la busca. Pero claro, Draco Malfoy es mucho Draco Malfoy... Lo de la ronda, lo descubrirás hoy ;) Besos.

ZarethMalfoy: hacia tiempo que no comentabas. Aquí tienes la continuación. Besos.

Natosa: gracias por pasarte y dejar un comentario. Me alegra tener otra fan :) Besos.

Venga, ya vale de escribir más. A continuación teneis el capítulo, un poco más calmado. Espero que os guste.

Cuidaros y comentad, que siempre se agradece muchísimo.

Y recordad que este fic es ÚNICO de su autora y está PROHIBIDO plagiarlo, copiarlo o cualquier otra cosa.

Para entender el fic:

* ... * son flashbacks

- .... - son conversaciones

Las cursivas son contraseñas o conjuros mágicos

Los personajes no son mios, son de JKRowling, una gran escritora.


Capítulo 10. De vuelta al principio

Después de cenar subí a mi cuarto, para reflexionar antes de la hora acordada sobre lo que tenía que hacer aquella noche y todas las siguientes: no acercarme a Draco Malfoy más de lo debido, y aclarar las malditas pintadas que me habían puesto en un compromiso con el platino. Pero no estaría pensando tanto en ese tema, ya que acabé con una minifalda y una camisa abierta casi entera, mirándome al espejo y retocándome mi cara con un poco de maquillaje, cosa que yo no hacía normalmente. Encima se me acabó de ir totalmente la cabeza en cuanto me vi con los tacones de aguja puestos, ya que empecé a dar saltos que por poco no me trastacillo y acabo con el tobillo roto y sin hacer la ronda.

De ese modo salía de la sala común, vacía aparentemente, hacia el vestíbulo donde supuestamente había quedado con el rubio oxigenado, aunque no se como se me ocurrió volverlo a nombrar de ese modo, parecía que mi barrera contra el Slytherin empezaba a actuar, aunque no sabía si iba a aguantar. Pero que digo, si que iba a aguantar, como que me llamaba Hermione Jane Granger que esto iba a volver a la normalidad y que me iba a olvidar de ese sujeto y seguir con mi vida normal, que cada vez se estaba torciendo por culpa de ese motivo. Caminé a ritmo rápido, intentando no tropezar e irme contra el suelo, aunque eso fue inevitable, ya que al llegar al vestíbulo mis pies dieron un paso en falso y todo mi cuerpo se precipitó hacia abajo. Me intenté proteger con mis dos brazos todo mi cuerpo pero fue inútil, ya que me acabé dando un planchazo contra el frío suelo de mármol. Todo mi cuerpo acabó entumecido por culpa de la humedad que reinaba en el pasillo, así que antes de que acabara durmiendo allí me incorporé y me intenté levantar, pero mi tobillo izquierdo no respondía a mis inútiles esfuerzos. Todo lo que pude hacer fue sentarme y esperar a que alguien me viera y avisara a la enfermera que no me encontraba bien. Pero parece que mi espera iba a ser cortita, ya que vislumbré a un platino que giraba por la esquina y se acercaba peligrosamente hacia mi posición.

- Vaya por donde la ratita de biblioteca ha acabado arrodillada frente a su superior.

- ¡Ni lo sueñes, Malfoy! – y le escupí contra el suelo, para demostrarle lo contrariada que estaba a su afirmación.

- ¡Ahora lo vas a tener que fregar, Granger, antes de que te vuelvas a caer por culpa de tu propia saliva! – se cachondeó el muy estúpido.

- Lo llevas claro, estúpido. Si eso que lo friegue Filch.

- Pues me parece que he oído un maullido – lo que faltaba, la gata de ese gusarajo cerca de aquí… Ahora si que podía empezar a rezar. - ¿No te piensas levantar o qué?

- Se nota que eres corto de ideas. ¡No es que no me quiera levantar, es que no puedo, so memo!

- Vale, vale. Pues a ver como lo hacemos, porque no me pienso ensuciar las manos.

- Eso, tú déjame aquí, Filch me encontrará y ya sabes lo que pasará – y le miré maliciosamente.

- Ecs – y me cogió de la mano, levantándome con energía y cargándome con sus dos brazos. Empezó a andar escaleras arriba hacia el primer piso, aunque no sabía de antemano a donde se dirigían sus pasos. No me salió ninguna palabra de mi boca, parecía que me las había tragado todas con mi saliva inexistente en ese momento. Poco a poco los pasos se hicieron más lentos y más silenciosos hasta que finalmente se pararon enfrente de un portón de madera bastante conocida por mí. Tan solo verla ya me vino una arcada que casi no puedo reprimir si no llega a ser porque tenía una mirada gélida que me empezaba a examinar. Su mano llamó a la puerta y enseguida fue abierta por la enfermera.

- ¿Pero que pasa ya? ¿Otra vez usted, señorita Granger? – exclamó al verme.

- Se ha torcido el tobillo y parece que no puede andar. ¿La podría mirar? – le dijo el rubio con suavidad, sin dejar su tono frío a un lado.

- Para eso estoy, señor Malfoy. Gracias por traerla, ahora ya se puede marchar.

- Muy bien – y dejándome en una cama y sin mirarme, cruzó la puerta y se perdió de vista.

- De nuevo aquí examinándola, señorita Granger. Me temo que su torcedura de tobillo solo es un simple esguince. Habrá que vendarlo y podrá volver a andar, con un poco de dificultad pero ya está. Esta noche la tendrá que pasar aquí, a ver como evoluciona, ya que está un poco débil. Tómese esta poción, ayudará en el dolor.

Me la bebí sin protestar y me volví a estirar en la cama, que ya empezaba a encontrar familiar. Como siguiera así, iba a ser la alumna que más frecuentaría ese lugar, superando a mi querido amigo ojiverde. Intenté cerrar mis ojos y sumergirme en sueños, pero mis intentos fueron en vano, ya que justo cuando empezaba a bostezar alguien abrió mi cortina, desvelándome ya para toda la noche.

- No es tiempo de soñar, Granger. Hemos de aclarar ciertos puntos – sonó esa voz tan arrastrada. Con la oscuridad no pude verlo del todo, pero en ese momento unos rayos de luz provenientes de la luna entraron e iluminaron un poco la sala, dejando así una visión ¿helénica? ¿Rayos, como podía pensar así? Lo mío no era normal. - ¿muda, Granger? – se burló.

De verdad que me había quedado muda, pero de asombro al verle. Su camisa estaba desbotonada, dejando al descubierto su pecho marmóreo, el pantalón negro con ese cinturón verde que le favorecía tanto… Y claro, solo faltaba mirarle a la cara para quedarse aun más embobada de lo que me encontraba en esos momentos: mechones de su pelo platino le caían sobre el rostro, dándole un aspecto más juvenil del que normalmente tenía; en su fino rostro no quedaba rastro de ningún pelo, y encima su mirada era aun más penetrante de lo que había sido hasta entonces, pero le podía detectar un toque de furia en sus ojos, como si le hubiera pasado algo que me quería comunicar.

- Como no dices nada hablo yo. Verás, tus queridos amigos han sido pillados por los pasillos mientras yo hacía la ronda, con la excusa de ver a compañeros de mi casa haciendo pintadas extrañas en las paredes. Como comprenderás – y levantó la mano para hacerme callar – no le he hecho ni el mínimo caso, ya que no creo nada de lo que dicen y les he quitado 30 puntos a cada uno más un castigo a las seis de la mañana. ¡Ay si! También me preguntaron por ti, pero claro, fui honesto y no les dije nada.

- ¿Pero se te ha ido la cabeza o qué? – al final exploté y saqué toda mi rabia hacia fuera - ¿Cómo se te ocurre negar todo eso, quitar a Gryffindor 90 puntos y encima no decirles nada sobre mi estado a mis amigos?

- ¿Y que pasa si lo he hecho? No es ningún pecado, señorita amante de los libros, así que no me arrepiento de nada – me espetó con una sonrisa de suficiencia, como si lo hiciera a propósito para provocarme y que me desfogara con él.

- Pero sigues siendo un mentiroso, Malfoy. Ambos sabemos que esas pintadas contra alumnos de la escuela son obra de tus asquerosas serpientes, y si mis amigos los han pillado, aun tenemos más pruebas de que es cierto.

- Tú no sabes nada, sabelotodo insufrible – me volvió a gritar, cogiéndome por las muñecas. La furia lo invadía de nuevo, sin que se aplacara – ni vas a saber nada nunca más de nosotros, ¿queda claro?

- ¡Basta Malfoy, me haces daño! – me quejé, aullando de dolor ante la semejante fuerza que ejercía sobre mis muñecas.

- Me largo, no se que hago aquí – dijo soltándome de golpe y yéndose hacia la puerta. No podía dejarlo salir, maldita sea. Cogí mi varita y apunté a la puerta *Fermaportus*, así quedaba sellada. El rubio se giró hacia mi posición, con los puños cerrados y sus ojos brillantes, que desprendían hielo.

- Antes de que te vayas, queridísimo hurón, tenemos que hablar de algo, ¿no es cierto? – le espeté burlona.

- No tenemos que hablar de nada, estúpida.

- Ya lo creo que si, sino no hubieras venido aquí a verme, digo yo. ¿O es que has venido por qué estabas preocupado por mí? – y le enseñé una sonrisa de suficiencia que sabía hacer muy bien.

- ¡No es por eso! – me chilló, aun más furioso. Parecía que había dado en el clavo, y no sabía si era bueno o no, porque como me declinara hacia la felicidad, mi barrera se empezaría a derrumbar poco a poco.

- ¿Ah no? – le dije, siguiendo con mi falsa sonrisa.

- Maldita sea, Granger. Ya me estás hartando – dijo mientras volvía a mi cama y me volvía a coger de las muñecas, más fuerte si cabe que la anterior vez. No dejé que ningún lamento saliera.

- No te tengo ningún miedo, Malfoy.

- ¡Pues lo tendrías que tener, maldita sangre sucia! – me volvió a gritar.

Era imposible que no nos hubieran oído a estas alturas de la noche, pero seguro que el muy hipócrita había hecho el hechizo mufliato para que no se enterara nadie de esta conversación. Lo peor de todo es que me había vuelto a llamar de ese modo, y eso no lo consentí. Al momento le pegué una bofetada tremenda en su mejilla izquierda con todas mis fuerzas, pero fue una imprudencia mía que seguro que me iba a costar caro.

- ¡Te has atrevido a tocar mi piel, impura! – me gritó en mi cara, y me escupió.

- ¡No me escupas imbécil! – se me estaba yendo la cabeza, en serio.

- ¿Sabes lo que les hago yo a la gente como tú, ratita? – me susurró mientras se acercaba a mi cara poco a poco. Tragué pausadamente al sentir como su fragancia me estaba volviendo a hipnotizar – las calló rápidamente, pero tú pareces ser una excepción a la regla de todo.

- ¿Excepción? – me estaba quedando a cuadros, lo admito.

- Sí, Granger. Y como veo que no te voy a poder callar de la manera más fácil, no te voy a forzar, soy todo un caballero, pues acabarás cayendo a mis pies de algún otro modo – y dicho esto deshizo el hechizo de la puerta y se marchó a paso ligero de allí, dejando todo con un silencio impoluto, que solo me molestaba a mí.

Sí, se me hacía muy pesada esa calma, que sinceramente no se aplicaba en mí caso. Por culpa del ojigris, mi ritmo cardíaco se había acelerado hasta un punto alarmante, ya que pensaba que tenía principios de taquicardia. De verdad que tenía que acabar con esto como fuera, pero parecía que el destino se empeñaba en que cada vez se me fuera complicando más la cosa, y sabía por propia experiencia que si no lo paraba en ese momento, llegaría a un punto sin retorno.

Intenté reflexionar entre todo lo que había pasado pero no llegaba a encontrar nada claro. A ver, le había intentado picar y eso lo había puesto muy furioso, pero además no creo que me hubiera venido a ver para decirme algo sobre las rondas, si nos veíamos casi las 24 horas del día. Y además estaba otra parte de la conversación, la de que me iba a hacer callar de algún modo pero que como era todo un señor no lo hacía ahora… Y que volvería a caer como todas… ¿A qué se refería? ¿Qué táctica iba a poner en práctica? ¿Qué iba a hacer? Espero que no se a que yo vuelva a… No Hermione, mejor ni lo pienses, me dije a mi misma interiormente.

Intenté desechar esa idea de mi mente y centrarme en lo que realmente tenía que haber hecho esa noche: la ronda. Por culpa de mi tobillo y ahora mis muñecas no le había dicho que tenía supuestas sospechas de sus compañeros de casa sobre esas pintadas, además de los sucesos que ocurrían en el mundo mágico. Pero él lo negó todo, hasta lo que vieron mis amigos, cosa que tendría que preguntarles mañana para aclarar mis sospechas. Más me valía no pensar en todo esto e intentar desconectar para volver a reencontrarme con mis sueños. Poco a poco empecé a cerrar mis ojos hasta que no vi nada y la oscuridad me consumió por completo.

Es increíble como desperté la mañana siguiente, toda despeinada y con unas ojeras terribles. Por más que había intentado conciliar el sueño me fue imposible, creía que solo había dormido unas dos horas y precisamente valía más haberme quedado despierta para empezar a soñar pesadillas agitadas sobre figuras negras que atacaban a la gente sin parar… y al final de todo mi sueño había cambiado totalmente y no sabía si catalogarlo como pesadilla o fantasía, ya que en él salía el chico platino que últimamente me perseguía a todos los lugares de ese colegio. Valía más no recordar ese sueño, ya que podía ser muy malo para mí salud…

Con mucha suerte llegué a la primera clase del día y así poco a poco estos fueron pasando, lentamente, entre estudios y rondas que no iban a ningún lado, ya que aunque le hubiera dicho mil veces al otro delegado mis sospechas y las continuas pruebas que iban apareciendo por todo el castillo, él me ignoraba a más no poder. Los estudiantes se me estaban echando al cuello por culpa de todas esas amenazas y yo no podía hacer nada más que intentar calmarlos y mandar a los prefectos que patrullaran más por los pasillos, pero todo era en vano. Para acabar de redondear todo, ya habían empezado a haber asesinatos en la calle y casi toda la población mágica se encontraba en alerta por culpa de los actos de esos malditos seguidores del último descendiente de Salazar Slytherin.

Lentamente diciembre cayó sobre el cielo de Hogwarts, y con ello los preparativos de una Navidad que según la mayoría de alumnos de séptimo decían, prometía. No sabía si eso era cierto o no, lo que si sabía es que tenía una reunión con la directora aquél mismo miércoles y no me temía nada bueno dada mi experiencia como prefecta.


¿Qué es esa amenaza por parte de Draco a Hermione, de que caerá de algun modo a sus pies como todas? ¿Qué les dirá la directora a los prefectos y Premios Anuales sobre la Navidad? ¿Descubrirán quienes son los causantes de esas pintadas y esos asesinatos indiscriminados?

Esperad a la próxima actualización, que prometo que no pasará más de un mes, pero no me metais prisaaa!

Besos.

Sabía que lo podía hacer, porque ya lo había hecho... ¿No es absurdo?