"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Lo sé. Está vez fueron SIGLOS sin actualizar y lo siento. Estuve muy ocupada este verano y con varias historias más que tenían que ser actualizadas, y algunas que aún no he podido actualizar. En algún momento (y lo admito, aunado al final de la saga en cine) también tuve un colapso inspiracional y aunque las ideas venían a mí, plasmarlas se convirtió en un verdadero calvario. Pero aquí ha quedado éste capítulo, que viene a ser el comienzo de un intenso dilema existencial para nuestra parejita.
Y cómo han podido ver por capítulos pasados, la idea de este fic es que nada sea fácil para ellos, tanto en su relación con los demás, así como entre ellos y la más importante: con ellos mismos. Habrá momentos suaves y relajados, como también los habrá tensos y estresantes mientras veamos evolucionar a los personajes.
Espero como siempre que la espera haya valido la pena y que vayan disfrutando conmigo la historia de estos dos que escribo con mucho gusto ;)
Sin más que decir, los dejo disfrutar. Y no olviden dejar un review pequeñito! Se los agradecería muchísimo.
Enjoy!
Capítulo 9°: Domingo en La Madriguera
~Harry's POV~
-Bien, creo que esto es todo…-
Recibiendo una ligera sonrisa por parte de Hermione, dejé la última maleta que llevaba conmigo en el suelo de la sala y me enderecé para mirarla.
Y sin poder evitarlo, le sonreí de igual forma.
-Harry ¿Estás seguro que no quieres quedarte en mi recámara?-
-No Herms, no es necesario-
La mera idea de dormir en la misma cama en la que había dormido Ron me provocaba aún una sensación de vacío en el estómago.
-Entonces…- pareció dudar un momento- Toma la recámara de huéspedes y yo volveré a mi recámara-
Aunque aquella sonaba como la idea más viable, sabía que Hermione aún no estaba lista para hacerlo. Dormir en la cama que había compartido con Ron parecía aterrarla, y no pensaba hacerla pasar por eso.
-Claro que no- negué con una sonrisa- Aquí estaré bien Herms, en serio-
Con una sonrisa burlona, miramos el inmenso sofá-cama que teníamos a un lado y que sería mi nuevo sitio los siguientes días. La escuché contener la risa para después adoptar una expresión compungida.
-Pero Harry…-
-Hey- la tomé por los hombros con delicadeza- Está bien- acaricié su cabello juguetón- He dormido aquí los últimos diez días, y sigo perfectamente bien ¿Lo ves?-
Hermione sonrió algo aliviada, y me miró agradecida por ayudarla a relajarse.
Al día siguiente de que mi propuesta sobre mudarme con ella fuera aceptada, había trasladado unas cuantas prendas en una mochila y me había instalado temporalmente en la sala. Había dormido ahí los últimos tres días, mientras por las tardes regresaba a mi casa en Little Whinging para empacar un poco más de ropa y volvía a la casa de Hermione en Hogsmeade pensando siempre lo mismo.
Convenciéndome a mí mismo de que aquello era lo mejor para las dos.
-De acuerdo, pero no podrás estar mucho tiempo ahí, en algún momento…- se detuvo y miró al piso- Tendrás que pasarte a la recámara de huéspedes y yo…yo volveré a mi recámara-
Mordiendo mi labio inferior algo culpable, tomé su mentón y lo subí hasta que su mirada se encontró con la mía.
-Eso será solo hasta que tu estés lista- aseguré- Así que ya deja de preocuparte por eso ¿De acuerdo?-
Satisfecho, observé cómo sus labios se curvaban en una suave sonrisa y sus ojos volvían a brillar.
-De acuerdo- asintió- Gracias Harry-
Me dijo aquello en un ataque repentino, y su tono cambió de inmediato al susurrar esas palabras. Miré sus ojos castaños y brillantes por un momento, y me di cuenta que tenía ambas manos en su rostro y acariciaba sus mejillas de manera inconsciente.
Aterrado por la extraña sensación que sentí de pronto en el pecho, la solté de inmediato y sonreí de oreja a oreja, cambiando mi expresión de inmediato.
-¿Hacemos algo de desayunar? Muero de hambre!-
Sonriendo de manera casi exagerada, di media vuelta y me dirigí a la cocina, no sin antes percatarme de la mirada extrañada y el ceño fruncido que me dedicó Hermione antes de seguirme.
~Hermione's POV~
Cortaba las frutas mientras intentaba olvidar el extraño momento que acababa de pasar en la sala con Harry. No tenía idea de que rayos le había pasado, pero ciertamente se había alejado de mí como si hubiera hecho algo para asustarlo.
Había sido solo cuestión de unos cuantos segundos, pero sin duda alguna lo había notado.
Había visto su mirada asustada, había sentido la tensión en sus manos cuando las había apartado de mi cara. Y sin embargo aquello había durado solo unos instantes y todo había vuelto a la normalidad.
-¿Herms? Herms!-
Asustada ante el grito, meneé la cabeza y volteé a mirar al lugar de donde provenía el llamado. Detrás de mí, Harry sonrió con burla y me miró con ojos brillantes.
-¿En qué planeta estás? Llevo años hablándote!-
-Yo…eh…-
Maldición, lo tenía demasiado cerca.
-Perdón, me distraje- compuse una sonrisa- ¿Qué pasa, Harry?-
Incapaz de deshacer su sonrisa, miró hacia mi mano y tomó el cuchillo que tenía agarrado fuertemente.
-Creo que será mejor que yo me haga cargo de esto-
Con una sonrisa encantadora, me hizo a un lado y siguió picando las frutas que se encontraban en la tabla mientras me las pasaba para lavarlas.
-Quería preguntarte…- se detuvo un momento- Quería preguntarte si has hablado con tus padres o con Molly-
Dudé un momento antes de contestar.
-No, no lo he hecho-
-¿Y planeas hacerlo en algún momento?-
Sabía a lo que se refería. Desde ese día había recibido infinidades de llamadas, mensajes e incluso lechuzas de parte de mis padres y de los Weasley intentando contactarme, las cuales había evitado de manera triunfal.
-Molly ha estado llamando- dijo mirando el teléfono- Y eso que ella odia los teléfonos- sonreímos- Ha enviado lechuzas y patronus, Herms, ha hecho de todo por contactarte-
-Lo sé- suspiré.
-No puedes esconderte para siempre, y lo sabes-
No contesté. Seguí mirando por la ventana de la cocina mientras lavaba las frutas distraídamente, intentando sin éxito no escuchar a Harry. Pero él tenía razón, y sabía que evitar a mis padres, mis suegros y mis cuñados era algo que tarde que temprano tenía que terminar.
Pero no sabía cómo. No sabía cómo verlos de nuevo sin recordar su cabello pelirrojo al ver el de ellos, cómo mirar a Molly a los ojos sin recordar el dolor que yo misma sentía, cómo convivir con ellos sin recordar que él era parte de esa familia, cómo acercarme a la Madriguera sin recordar que a unos cuantos metros él estaba ahí.
Enterrado.
-Hoy es domingo- se atrevió a decir, mirándome de reojo.
Hoy, como cada domingo, era la reunión familiar en La Madriguera. Toda la familia Weasley se reunía para almorzar y descansar en los jardines, y aquello nos incluía a Harry y a mí antes de que Harry se divorciara y que yo quedara viuda. ¿Nos incluía ahora?
-No sé cómo hacerlo, Harry. No sé si sea buena idea-
Volteé a mirarlo y él me devolvió una mirada anhelante. Y antes de decir algo más sus manos habían capturado las mías.
-Yo te ayudaré- sonrió de medio lado- Vamos a la Madriguera, Hermione. Molly no ha hecho más que demostrarte que cuentas con ellos y que quieren que vuelvas-
-No sé si pueda, Harry, es tan pronto-
-Iremos juntos- aseguró- Irás conmigo. Es momento de que te enfrentes a ellos-
-Pero ¿Y Ginny?- pregunté en un intento desesperado- Seguramente estará ahí y será incómodo para los dos-
Por un momento me pareció ver que su mandíbula se endurecía, pero cambió su expresión de inmediato.
-Tonterías- dijo cortante- Hace más de dos meses que nos divorciamos, y de todas maneras fui a la Madriguera después de que lo hicimos, porque Molly me lo pidió-
Lo miré unos instantes antes de suspirar. Harry estaba decidido, y aunque no quisiera admitirlo, en el fondo yo también los extrañaba.
-De acuerdo, vamos a la Madriguera-
~Harry's POV~
De pie frente a la Madriguera, enlacé mi brazo al de Hermione y comenzamos a caminar por el camino de tierra rumbo a los jardines traseros. Sonriendo de medio lado, sentí el pequeño pellizco inconsciente de Hermione en mi brazo al distinguir a las personas que estaba reunidas en la enorme mesa del jardín.
-Tranquila- susurré dulcemente- Estoy aquí-
Caminamos lentamente y sin decir palabra, cada quién pensando en lo suyo y mirando con detalle aquel paisaje que nos había acompañado por más de diez años. Todo seguía como siempre había sido, y a la vez se sentía tan distinto, tan lejano.
Tan extrañamente ajeno.
Finalmente llegamos ante la abarrotada mesa que se quedó callada en cuanto quedamos a la vista. Sentados en la mesa, alrededor de una veintena de cabezas nos miraron con una expresión de sorpresa, comprensión y alegría.
Toda la familia Weasley estaba ahí.
Y nadie emitía sonido alguno.
-Ho…Hola-
Aquél susurro tímido por parte de Hermione detonó algo de manera inmediata. Victoire y Fred soltaron un grito que mezcló un "Tía Mione/Tío Harry" mientras corrían a abrazarnos, lo que me obligó a separarme de una conmovida Hermione de manera inmediata.
-Hola Fred-
-Hola tío, pensé que no vendrías!-
-¿Bromeas? No me lo perdería por nada!-
Tomé a mi sobrino en brazos -a pesar de que ya no lo era legalmente, para mí lo seguía siendo- y lo cargué hasta tenerlo a la altura de mi pecho. Con una sonrisa de oreja a oreja me miró emocionado.
-¿Jugaremos Quidditch como lo prometiste, verdad?-
-Por supuesto- repuse sonriente- Una promesa es una promesa-
Dije aquello dándole una ligera mirada significativa a Hermione, quien volteó a mirarme con ojos profundos después de darle un beso en la mejilla a Victoire.
Antes de poder decir algo más, Molly se acercó a nosotros con ojos llorosos y con una sonrisa en los labios. Se detuvo frente a Hermione quien estaba unos pasos delante de mí, y la miró durante unos instantes antes de rodearla en sus maternales brazos y darle un fuerte abrazo.
-Que alegría que estés aquí, hija- la abrazó más fuerte- Te extrañábamos-
Hermione devolvió el abrazo con fuerza, y pude escuchar como tomaba aire con fuerza mientras se sorbía la nariz sutilmente. Estaba llorando.
-Yo también los extrañaba mucho- se alejó del abrazo- Pero no sabía, no sé como…-
-Shhh- con lágrimas en los ojos, Molly la calló y la tomó de las manos- Tú siempre serás de ésta familia, querida, pase lo que pase-
Incapaz de responder, Hermione se limitó a sujetar sus manos con fuerza mientras asentía y sonreían juntas. Segundos más tarde, Molly dirigió su mirada a mí mientras Hermione se alejaba para saludar a los demás reunidos, y con una suave sonrisa se acercó hasta donde estaba mientras yo dejaba al pequeño Fred en el suelo.
Igual que con Hermione, me estrechó entre sus brazos con fuerza y me meció lentamente.
-Harry, cariño-
-Señora Weasley-
-Gracias por traerla, cielo. Sé que todo esto fue obra tuya y seguramente nada sencilla-
-La conoce, pero creo que ya lo conozco un poquito más-
-Gracias a Merlín por ello, entonces-
Se alejó de mí lo suficiente para colocar sus manos en mis brazos y me miró con una sonrisa. Detrás de ella, Arthur y George Weasley se acercaron a mí para darme un abrazo y acercarme a la mesa en donde todos se habían parado y ahora saludaban a Hermione con afecto.
La mesa se encontraba repleta de deliciosos platillos sin degustar, desde tostadas con mermelada hasta tartas de frutas, y el ambiente cálido a pesar del luto que se vivía era palpable. Sonreí al darme cuenta que aquella vieja costumbre de desayunar los domingos en La Madriguera no podría dejarla ni aunque me lo pidieran.
Mientras Hermione entraba a la casa para ayudar a Molly, Luna y Fleur a traer más cosas para el desayuno, terminé de saludar a todos los que se encontraban en la mesa hasta que finalmente unos ojos castaños quedaron frente a mí.
Y me miraron con resentimiento.
-Buenos días, Harry-
-¿Cómo estás, Ginny?-
-¿Quieres que te mienta? Estoy perfectamente bien-
-No es necesario el sarcasmo-
-¿En serio? Vaya, que bueno que lo dices!- escupió, cruzándose de brazos- Entonces puedo decirte que estoy fatal ¿verdad?-
-No tienes porque…-
-No me digas lo que tengo que hacer, Harry- me cortó- ¿Cómo rayos quieres que éste después de la muerte de mi hermano? ¿Después de lo que pasó entre nosotros?-
Dijo aquello en un tono de voz demasiado alto como para que nadie escuchara. Miré hacia la ventana de la cocina, en donde pude ver a Hermione y a Luna sacando trastes de los estantes. Y por alguna razón quise suspirar de alivio.
-Lo que pasó entre nosotros…- susurré, mirando a mi alrededor para comprobar que nadie nos escuchara- Lo que pasó entre nosotros no tuvo porque haber pasado-
-¿Y por qué? ¿Por qué tu lo dices?-
-Porque ocurrió por las razones equivocadas- murmuré pegándome a ella- Porque sabes bien que nos dejamos guiar por el dolor y la rabia que teníamos, que compartíamos-
Miré de reojo a mi izquierda al percatarme que Hermione y Fleur dejaban un pastel de calabaza en la mesa, a unos cuantos metros de nosotros. Y también pude notar la ligera mirada que nos echó antes de comenzar a acomodar los platos sobre la mesa.
-¿Y crees que por eso tenías derecho a tratarme como lo hiciste? ¿A echarme de tu casa como si fuera una cualquiera?-
-¿Quieres bajar la voz? Estas hablando demasiado alto-
Gruñí entre dientes y la tomé por el brazo, volviendo a echar una mirada de reojo que esta vez Ginny detectó perfectamente bien. Mirándome con una sonrisa algo cínica, levantó las cejas para después mirar en la misma dirección y volver de nuevo a mí.
-Vaya, ¿Te da miedo que alguien nos escuche?-
-Solo…deja el tema, Ginny- dije exasperado- No quiero pelear contigo-
-No estoy peleando contigo Harry, sólo quiero que hablemos-
Transformó su tono de voz y su mirada, y por un momento pude ver a la mujer que amaba y que estaba seguro me había amado alguna vez. Pero todo era diferente ahora.
-Tú y yo ya no tenemos nada de qué hablar, y lo mejor sería que…que a partir de ahora fuéramos amigos, por el bien de los dos-
-Lo que digas, Harry-
Y dándome una última mirada resentida, se cruzó de brazos y dando media vuelta comenzó a caminar hacia la casa.
Yo solo atiné a suspirar frustrado.
~Hermione's POV~
-Bien, creo que estos son los últimos platos, esta vez han acabado con todo!-
Sonreí ante el comentario de una muy embarazada Angelina mientras seguía lavando los trastes y miré por la ventana. Todos se preparaban para un partido de quidditch al aire libre, y miré a Harry entregar una escoba al pequeño Fred, quien con algo de esfuerzo la cargó hasta dársela a George y juntó sus manitas entusiasmado.
Y la idea de otro pelirrojo muy parecido a George pero con un hijo mío me atacó de pronto, y tuve que menear mi cabeza para alejar esos pensamientos de mi cabeza. Sin dejar de mirar por la ventana, me sequé las manos con el pañuelo que tenía a un lado.
-No entiendo cómo planean jugar quidditch cuando han comido tanto-
-El pequeño Fred se obsesionó con la idea de que jugaran- replicó Molly sonriente- Le hizo prometer a mi George y a Harry que jugarían éste domingo, y así se hará si no quieren problemas-
Junto a Angelina y a Ginny, solté una pequeña carcajada y volví a mirar hacia el jardín en donde Harry y George dejaban el baúl con las pelotas y comenzaban a repartir ambos equipos.
Y al mirar a Harry, no pude evitar dirigir una mirada de reojo a la pelirroja que se encontraba a mi lado colocando los trastes en los estantes. Una vez terminada su tarea, se recargó en la barra de la cocina y cruzándose de brazos me sonrió con ternura.
-Te extrañaba Mione-
-Yo a ti Ginny, lamento haber desaparecido-
-No te preocupes- se encogió de hombros- Yo habría hecho lo mismo, necesitabas tu tiempo-
-Supongo que sí-
Miré hacia afuera, en donde ya comenzaban a repartirse las escobas con Luna y Fleur incluidas en el pequeño grupo.
-¿Fue Harry quién te convenció de venir verdad?-
Giré mi cabeza para darme cuenta que Ginny miraba a Harry a través del ventanal mientras mi cerebro comenzaba a trabajar a mil por hora. No planeaba decirle a Ginny que Harry había estado durmiendo en mi casa la última semana y media, y nerviosa, intenté descifrar el tono con el que había hecho la pregunta.
Pero Ginny solo me miró de manera inocente mientras esperaba mi respuesta, sin ninguna señal de recelo o cinismo.
Piensa Hermione, piensa.
-Sí- escupí sin poder evitarlo- Gracias a Harry estoy aquí-
Esperaba que aquella respuesta bastara.
Pero como si Molly hubiera escuchado mis mudas plegarias, llamó a Ginny para que la ayudara a doblar los manteles que acababa de recoger de la mesa. Sin más remedio que hacer caso a la petición y entornando los ojos, me dio un apretón de manos para dirigirse a donde Molly se encontraba.
Y sin tiempo para recuperarme de aquél inocente ataque por parte de Ginny, Harry entró por la puerta del jardín y en menos de unos segundos lo tuve frente a mí.
Sonriente mientras sostenía una escoba en las manos.
-Vamos a jugar, Herms-
-¿Qué?- confundida, miré a la escoba y luego su inocente sonrisa- Ah no, ni lo sueñes, Potter. Sabes que yo no juego-
Y él lo sabía perfectamente. Si alguien era torpe para montar una escoba y jugar quidditch, esa era yo.
-Vamos Herms, será divertido- dijo con aire burlón- Además nos falta un integrante para los equipos-
-Puedes decirle a Angelina! Ella es excelente jugadora!-
-¿Tú te has vuelto loca, mujer?- replicó Angelina a mi lado- Estoy embarazada!-
Ante la risa de ambos, no me quedó más remedio que entornar los ojos por la estúpida sugerencia que acababa de hacer.
-Vamos Herms, por favor- continuó Harry sereno- No es tan difícil!-
-Ya te dije que no, Harry! Sabes que apesto en el quidditch!-
-Pero yo puedo…-
Antes de continuar, Ginny llegó hasta donde estábamos con una sonrisa en los labios y nos miró divertida.
-Jugaré yo. Tengo tiempo sin hacerlo y un poco de quidditch no estaría nada mal-
A mi lado, Harry miró a Ginny sorprendido y después compuso una media sonrisa mientras le tendía la escoba, satisfecho por la repentina amabilidad. Parecía que Ginny estaba dispuesta a dejar de lado su rudeza con Harry y empezar a hacer las paces.
-Me parece buena idea-
-Perfecto! Así ya están completos y todos quedamos felices!- dije aplaudiendo levemente- Vamos afuera entonces para que empiecen y…-
Antes de poder dar dos pasos, Harry me había tomado de la mano y de un ligero tirón me había acercado a él. Extrañada, lo miré y esperé a que hablara. Demonios, de nuevo lo tenía demasiado cerca.
-¿A dónde tan deprisa señorita?- dijo juguetón- Tú jugarás de todo modos-
-¿Qué? Pero si dijiste que ya estaban completos!-
-Y lo estamos- afirmó con la cabeza- Pero eso no es impedimento para que tú juegues-
-¿Cómo pretendes que haga eso? Y de todas formas sabes que no puedo mantenerme en equilibrio en la escoba!-
Nerviosa ante la cercanía y la manera de hablarme, miré detrás de Harry para darme cuenta que Ginny nos miraba con los ojos abiertos de par en par.
-Tú sólo déjalo en mis manos, Granger, y ven conmigo-
Sin darme tiempo a replicar salió conmigo de la mano hacia el jardín trasero donde todos se encontraban preparados para comenzar el juego. Detrás de nosotros, una divertida Angelina, Molly, Arthur y una extrañada Ginny salieron al jardín y se acomodaron para la función.
-De acuerdo- gritó Harry- Los equipos se repartieron así: Luna, George, Percy y yo- dijo mirando a su derecha- Y Bill, Charlie, Fleur y Ginny-
Sentados en cómodas sillas, Molly, Arthur, Angelina, Audrey y todos mis sobrinos nos miraban entretenidos salvo el pequeño Fred, que se hallaba sentado en la escoba junto con su padre.
-Vamos, comiencen ya!-
Y mientras todos volaban ligeramente en sus escobas para acomodarse en posición, Harry montó su escoba y me tendió la mano.
-Sube-
-¿Qué? ¿Te has vuelto loco, Harry?-
-Sube, Herms-
-Pero…-
-No me hagas bajar y subirte yo mismo, Granger, porque sabes que lo haré- me miró amenazante, inclinándose hacia mí- Y déjame que por fin te ayude a quitarte el miedo por las escobas, por favor-
Cómo si me hubiera dado un golpe en la cabeza, recordé todas aquellas ocasiones en las que Ron había intentado que montara una escoba para enseñarme a volar decentemente, y como siempre yo me negaba prometiendo que en algún momento lo haría.
Y ahora Harry se estaba asegurando de que cumpliera esa promesa que él siempre me había escuchado hacerle. Sentí mis ojos humedecerse al instante.
-Sube, Hermione- me miró con intensidad.
Soltando un largo suspiro mientras meneaba la cabeza, me monté en la escoba frente a él y coloqué mis manos en el mango como él me indicaba. Harry colocó sus manos sobre las mías para sujetarse de la escoba, rodeándome entre sus brazos y pegando su pecho contra mi espalda en el proceso.
Incapaz de ignorar la descarga que recorrió mi cuerpo entero, aspiré el aroma de aquella varonil colonia y dejé que la calidez de su cuerpo alrededor del mío me envolviera.
-De acuerdo- susurró algo titubeante en mi oído- Aquí vamos-
Dio una pequeña patada en el suelo y nos elevamos unos cuantos metros del suelo mientras la snitch era liberada de su baúl y se perdía de vista entre los campos de La Madriguera. Durante unos momentos miramos el partido desde una posición más alta, observando como Ginny le arrebataba la quaffle a George con agilidad y sumaba puntos a diestra y siniestra.
Y yo era más que consciente de la fuerte presencia que tenía detrás de mí, rodeándome entre sus brazos y con su cuerpo cerca del mío. Muy cerca del mío.
Con su aroma y su calor inundando todos y cada uno de mis ahora inquietos sentidos.
Y podía afirmar, por los movimientos nerviosos del cuerpo detrás de mí, que Harry también era consciente de esa cercanía.
Por Dios, Hermione! Contrólate! Es nada más y nada menos que Harry, tu mejor amigo, tu casi hermano!. Me regañaba a mi misma mientras intentaba concentrarme en el partido y soltaba un suspiro cansado. Había olvidado la sensación de tener a Harry tan cerca, y me odiaba por seguir sintiendo lo mismo cuando lo hacía.
La snitch se había perdido casi al instante, y ahora solo patrullábamos alrededor del pequeño campo intentando encontrarla sin éxito. Escuchaba a Molly y a Arthur reír y apoyar a uno u otro equipo mientras mis sobrinos gritaban y meneaban sus manos entretenidos, sacándome una sonrisa.
-¿Ves que no es tan malo? No veo ningún hueso roto-
Dijo en un susurro, y su aliento cálido rozó mi oreja para mandar mi serenidad a volar de nuevo.
-Todavía- sonreí al escuchar la ligera risa detrás de mí.
-Sobrevivirás, Herms, de eso me encargo yo-
Y como si quisiera afianzar lo dicho, presionó sus brazos sobre mí con seguridad y acercó su cuerpo aún más al mío mientras volábamos un poco más alto. Sonreí al percatarme que Harry aún recordaba que las alturas no me gustaban.
Después de 100 puntos para cada equipo y más de media hora de partido, logré divisar la pequeña pelotita dorada a la distancia y golpeé la pierna de Harry suavemente con mi mano.
-La snitch! Ahí está Harry!-
Estuve segura de escucharlo contener una carcajada para después avanzar en la dirección que le indicaba.
Avanzamos con rapidez detrás de la pequeña pelotita con alas, recorriendo los campos de La Madriguera mientras Harry reía ante mi evidente deseo de cubrirme los ojos con las manos, presa del pánico a las alturas y a la velocidad.
-¿Planeas matarme?-
-Por supuesto que no Herms, solo confía en mí ¿Sí?-
Y antes de poder responder a su pregunta, la pequeña snitch quedó justo frente a mí y soltando un gritito exaltado me estiré lo suficiente y tomé la pelotita dorada que dejó de moverse en cuanto cerré mis dedos en torno a ella.
Ganando así el primer partido de quidditch en mi vida.
-Oh por Dios…- susurré mirando la pelotita en cuanto perdimos velocidad- Lo hice! Lo hice! Harry, atrapé la snitch!-
Detrás de mí, la risa burbujeante de Harry me llenó los oídos.
-No puedo creerlo!- giré mi cabeza de lado para mirarlo- Lo hi…-
Y mis labios quedaron a escasos centímetros de los suyos. Harry se encontraba más cerca de lo que hubiera esperado, y con su pecho y sus piernas casi pegados a mí, me miraba con ternura y con su cabeza reclinada hacía mí.
Asustada por aquél repentino cambio en el ambiente alrededor de nosotros, meneé mi cabeza ligeramente y sonreí mientras me acomodaba en la escoba mientras Harry se enderezaba y se aclaraba la garganta.
-Ganaste tu primer partido de quidditch, y como lo prometí, sin ningún hueso roto-
Sacándome una sonrisa, dio media vuelta y comenzó a dirigirse al jardín- que en algún momento había quedado muy lejos- mientras cruzábamos los campos de la Madriguera para anunciar que habíamos atrapado la snitch.
En el trayecto pude observar aquel pequeño monte en los límites de los campos en donde se encontraba la tumba que esta misma mañana había visitado.
Y no pude evitar sentirme la mujer más miserable del mundo.
Un partido ganado y varias horas más tarde, Harry y yo nos despedíamos de todos los que quedaban en La Madriguera. Mientras Harry se despedía de George y Angelina, Molly me tomó de las manos y me miró con ternura.
-Espero verte aquí entre semana, cielo- dijo maternalmente- Y cada domingo, como siempre ha sido-
Colocó sus manos en mi rostro y yo contuve las lágrimas con una larga exhalación mientras asentía. No podía ver la hora de llegar a casa y llorar hasta la inconsciencia, refugiada en mi habitación.
-Está bien- sonreí- Gracias por todo, Molly-
Todos los presentes reanudaron sus conversaciones y yo aproveché el momento para cruzar la sala y encontrarme con mi amiga rubia que desde hacía varios minutos me miraba ensimismada.
-Me alegra que hayas decidido salir de tu casa por fin, Herms-
-En algún momento tenía que hacerlo- dudé un momento- Y en realidad es por Harry que estoy aquí, él me convenció de hacerlo-
Sin poder evitarlo, dirigí una mirada cariñosa a donde se encontraba.
-Lo sé, de hecho tardó mucho en hacerlo, y eso que…-
Se calló al instante y me miró con una sonrisa inocente, como si hubiera estado a punto de decir algo de lo que se podía arrepentir. Yo la miré con una ceja alzada y me crucé de brazos, esperando a que continuara. Había notado el tono en el que Luna me había dicho aquello, y su mirada traviesa me dictaba que sabía algo más.
Algo que nadie más presente sabía y que no planeaba revelar.
-Y eso que ¿Qué, Luna?-
-Herms, yo ya sé qué…-
En ese momento, Ginny y Fleur pasaron por nuestro lado y Luna se calló al instante. Y aquello terminó por convencerme que no alucinaba. Luna sabía.
-Hablaremos mañana ¿De acuerdo? Te buscaré en tu casa o en el Ministerio-
Sin más remedio que asentir, la miré con ceño mientras ella me devolvía una sonrisa inocente.
~Harry's POV~
Esa noche en casa de Hermione, cenamos algo ligero y sentado a la mesa, leía el periódico mientras Hermione acomodaba los platos y cubiertos que yo había lavado.
-Demonios-
Por encima del periódico, miré a Hermione estirada frente a un alto estante, intentando alcanzar sin éxito un tarro de dulces de regaliz que siempre le encantaba comer después de la cena. Sonreí de medio lado al mirarla en aquella posición, y me obligué con todas mis fuerzas a no bajar la mirada a lo que quedaba de sus piernas desnudas, sobresaliendo de la bata que llevaba encima del camisón.
Esos benditos camisones que usaba todas las noches.
Caminé hacia ella y bajé el tarro que con tanto ahínco intentaba alcanzar hasta que lo puse frente a ella.
-Ya te he dicho miles de veces que si quieres bajar algo muy alto me digas a mí, Herms-
-No quería molestarte, estabas muy concentrado leyendo el periódico-
Sonriendo con ganas, dio media vuelta para quedar de frente a mí. Y demasiado cerca. No me había dado cuenta que al ayudarla a alcanzar el maldito tarro me había colocado más cerca de lo que había pensado.
-Ya te he dicho que no importa lo que esté haciendo-
Hermione ladeó la cabeza y me miró con una sonrisa que yo devolví. Por unos cuantos segundos, no dijimos nada y nos limitamos a mirarnos hasta que su sonrisa desapareció y por fin logró articular palabra.
-Gracias por lo que has hecho por mí, Harry. Sin ti estoy segura que no…-
-Habrías ido Herms, yo lo sé- sonreí- Sólo necesitabas algo de presión para hacerlo hoy-
Hermione me devolvió la sonrisa y ofreciéndome un dulce a mí mientras ella tomaba otro, se sentó en una silla y se reclinó cansada. Yo la seguí y me senté frente a ella, tomando el periódico para retomar la lectura.
-Harry…- me llamó, yo dejé el periódico en la mesa- Luna…¿Sabe algo? ¿Le dijiste que estas…- dudó un poco- viviendo conmigo?-
Por un momento dudé en decirle la verdad. Sabía que Hermione era muy perceptiva y Luna lo suficientemente honesta para haberse delatado al instante. Además las había visto intercambiar algunas palabras antes de irnos de la Madriguera, y estaba seguro que habían estado hablando sobre mí.
Y que Luna diera entender que sabía el pequeño secreto era algo que sabía que iba a pasar.
-Sí, lo sabe- admití con un suspiro.
-¿Y cómo es que…-
-Después de salir de tu oficina ese día que discutimos, la busqué a ella para decirle que te había ido a buscar y que habíamos discutido-
Hermione abrió la boca confundida, pero la interrumpí antes de que dijera algo.
-Ese día antes de ir a buscarte a tu oficina, vine a buscarte a tu casa pero no estabas- continué- Pero Luna estaba aquí. Ella fue la que me dijo dónde estabas- Hermione me miraba atenta- Cuando te negaste a mudarte conmigo, la busqué a ella para decirle lo que te había propuesto, y fue ella quien me puso en mi lugar, por cierto-
Entorné los ojos, y Hermione me devolvió una sonrisa encantadora.
-Así que ella sabe que mi plan era ese, y creo que el hecho de que llegáramos juntos hoy solo comprobó sus sospechas-
-Luna puede ser muy perceptiva en ocasiones- dijo Hermione sonriente, y su mirada brilló con cariño al recordar a nuestra amiga rubia.
-Y aterradoramente sabia- reprimí un escalofrío y Hermione rio- No por nada es una Ravenclaw-
-Tienes razón-
La observé reprimir un bostezo mientras se tapaba la boca con la mano, y sonriente, me levanté y le di un beso en la frente con ternura.
-Será mejor que vayamos a dormir- susurré contra su frente- Buenas noches, Herms-
Comencé a caminar hacia la sala, en donde se encontraba mi improvisada habitación de los últimos días y me detuve al escuchar el llamado de Hermione detrás de mí.
-Harry…-
Di media vuelta para mirar como Hermione se acercaba a mí hasta quedar a unos pasos de distancia.
-Duerme en la habitación de huéspedes, no puedo permitir que sigas durmiendo en ese incómodo sofá-
-Pero…- la miré sorprendido-¿Tú dónde dormirás?-
-En mi habitación…- dijo conteniendo el aliento- En mi antigua habitación-
Llevaba fácil una media hora mirando el techo de la habitación oscura. Soltando un largo suspiro, di media vuelta para mirar el reloj a mi izquierda y volví a tenderme de espaldas sobre el colchón.
Un remolino de ideas se había instalado en mi cabeza y me impedía dormir, transformándose de tanto en tanto. Desde que había pegado mi cabeza a la almohada dispuesto a dormir, no dejaba de pensar en La Madriguera, en el partido de quidditch más extraño de mi vida, en mi discusión con Ginny, en mi nueva habitación, y en Hermione.
Dormida en la habitación que había compartido con Ron. Con mi mejor amigo que, hasta donde yo sabía, seguía muerto y no volvería nunca más.
-Duérmete con un demonio, Harry-
Susurré para mí mismo y di media vuelta en el colchón, golpeando la almohada con el puño cerrado.
-NO! RON, NO!-
El grito de Hermione tronó en mis oídos con fuerza, y en menos de un santiamén salté de la cama y corrí hacia la habitación a mi lado. Y en medio de la oscuridad, pude ver su silueta retorciéndose debajo de las sábanas con fuerza, presa de una pesadilla.
-NO! NO!-
-Hermione, Hermione…- susurré contra su rostro- Despierta- inclinado sobre ella en la cama, la tomé por los hombros y la zarandeé despacio.
-NO, BASTA!-
-Hermione soy yo, Harry! Despierta!-
Abrió los ojos de par en par, y con la frente perlada por el sudor y su pecho subiendo y bajando con velocidad mientras respiraba con fuerza, me miró de hito en hito.
-Ha…Harry…- se aferró a mis brazos que aún la sujetaban- Harry…-
-Tranquila, tranquila, estoy aquí-
Susurrando aquello con ternura, me senté en la cama y la acurruqué contra mi regazo para calmarla, mientras las lágrimas de ella comenzaban a rodar por sus mejillas sin control.
Maldito fuera por haber aceptado su propuesta de dormir en su antigua habitación.
-Harry, tengo…tengo tanto miedo-
-Shh, tranquila preciosa- susurré contra su frente, pegándola con fuerza a mi pecho- Fue solo un mal sueño-
En medio de la oscuridad de su habitación, y entre frases tranquilizadoras, abrazos desesperados y lágrimas, pasó el tiempo. Hermione seguía aferrada a mí con fuerza, y aunque había dejado de llorar, su cara seguía escondida entre mis brazos sin la intención de moverse un poco. Cansados de estar casi sentados sobre la cama, me había metido entre las sábanas con ella y nos habíamos acostado hasta que ella se había calmado.
Y aquello me recordó a una situación exactamente igual más de dos semanas atrás, pero con una diferencia que me hacía sentir aún peor. Estábamos en esa habitación, en su habitación, en SU cama.
-Será…- susurré en su oído mientras me separaba de ella- Será mejor que regrese a mi habitación, ya estás…-
-No- Hermione me miró por fin- No te atrevas a dejarme, Harry-
Dijo aquello con voz quebrada, mirándome con sus ojos aguados y aferrándose a mis brazos con fuerza. Y pude ver de nuevo aquella vulnerabilidad que casi nunca veía y que me hacía sentir tan impotente, tan inútil.
-Por favor Harry, quédate conmigo-
Incapaz de negarme, me limité a abrazarla con fuerza contra mi pecho hasta que se quedó dormida. No miré nada a mi alrededor, intentando pensar que aquella habitación era otra y que la mujer que dormía entre mis brazos era otra, sin éxito.
Y no pude evitar sentirme el hombre más miserable del mundo.
¿Review?
