Disclaimer: La historia y los personajes no me pertenecen, sus creadoras son Helen Brook y Stephanie Meyer respectivamente.


Capítulo 10


Su mesa para dos estaba situada en el mejor lugar, al borde de la pista de baile. El club nocturno estaba abarrotado y, evidentemente, era muy popular, pero, a los pocos minutos de su llegada, tenían ya una botella de champán junto a la mesa. Eleazar, el amigo de Jasper, fue a saludarles efusivamente y a servirles el champán.

Después de las presentaciones, Eleazar sonrió a Alice.

–He oído hablar mucho de ti –afirmó con gesto dramático–. Tú estás ayudando a Rosalie, ¿verdad? Rosalie… se parece tanto a su madre en el físico, pero tiene el espíritu de su padre. ¿A que llevo razón, Jasper?

–Desgraciadamente, sí –dijo él.

–Y ese Emmet es un buen chico –comentó Eleazar, que, evidentemente, conocía todos los detalles de lo ocurrido–. ¿Tú también lo crees, Alice? ¿Crees que cuidará bien de Rosalie?

–Sí –dijo Alice, sorprendida de que Eleazar valorara tanto su opinión–. Emmet es un buen chico. Estoy segura de que serán muy felices juntos.

–Muy bien. No me gustaría que a mi viejo amigo le salieran canas antes de tiempo, ¿eh, Jasper? Él ha sido el mejor hermano que una chica pueda tener –añadió mirando de nuevo a Alice–, pero ahora tiene que encontrar una buena mujer y tener muchos bambini que lo tengan ocupado. ¿Qué dices tú, Alice?

–Dice que no cree que mi vida privada sea de tu interés –le espetó Jasper–. Tú cuida de Carmen y de tus propios bambini y déjame a mí que me ocupe de mi propia vida.

Eleazar sonrió. Evidentemente no se había sentido ofendido.

–Hablando de lo cual, vamos a tener un nuevo miembro después de Navidad.

–¿Otro? –replicó Jasper. Entonces, se puso de pie y abrazó a su amigo antes de explicar la situación a Alice–. Ese será el bambino número siete. Me sorprende que Carmen no haya insistido en dormir en habitaciones separadas antes de esto.

–Es Carmen la que está buscando la niña –protestó Eleazar–. Lleva tres embarazos con el nombre elegido. Crista Carmen. Será muy hermosa.

–¿Tienes seis chicos? –preguntó Alice asombrada.

–Sí –respondió Eleazar muy orgulloso–. ¿Te gustan los niños, Alice? Ella asintió.

–En ese caso, Jasper debe traerte para que los conozcas muy pronto. Carmen estará encantada de conocerte.

Alice sonrió y asintió, pero, una vez más, no dijo nada. Estaba empezando a preguntarse si el amigo de Jasper se había equivocado sobre ella y sobre su relación con su carismático dueño.

Después de charlar un rato más, Eleazar se marchó. Jasper se inclinó sobre ella y le tocó la mano.

–No quiere decir nada. Es un buen amigo. Eso es todo. No te preocupes, Alice.

Ella no estaba preocupada. De hecho, había estado deseando que las cosas fueran diferentes: que aquella fuera una cita de verdad, que ella fuera la clase de mujer con la que Jasper pudiera terminar casándose. Forzó una sonrisa.

–Creo que tu amigo es encantador –dijo con sinceridad–. Evidentemente, te tiene en mucha estima.

–Hemos pasado muchas cosas buenas y malas juntos. Eleazar perdió a sus padres y a su hermano cuando era niño y vino aquí desde San Severo para vivir con sus abuelos. Sin embargo, se pasó la mayor parte del tiempo en mi casa con mi familia cuando nos hicimos amigos. Eleazar es más que un amigo. Es como un hermano y, junto con otro amigo que se llama Garrett, éramos inseparables. Creo que es bueno tener esa clase de amigos.

Garrett. Era el hombre que se había casado con la prometida de Jasper. Acababa de formular aquel pensamiento cuando notó que él se fijaba en alguien y que lanzaba una maldición.

Antes de que Alice pudiera volver la cabeza, notó cómo una nube de perfume muy fuerte la envolvía.

–Jasper… –susurró una mujer.

Era muy hermosa. Morena y muy italiana. Llevaba un vestido azul que se le ceñía a cada curva de su cuerpo como una segunda piel. Tenía un cuerpo fabuloso y lucía un escote muy atrevido. Alice vio cómo Jasper se ponía de pie. La mujer lo abrazó efusivamente. Entonces, Alice se percató de que iba acompañada de un hombre alto y muy guapo.

Jasper se desembarazó de ella con cortesía, pero con firmeza. Besó a la mujer fríamente en ambas mejillas y estrechó la mano del hombre con verdadera calidez.

–Garrett, ¿cómo estás? ¿Te puedo presentar a mi invitada? Esta es Alice. Se está alojando con nosotros durante un tiempo. Alice, te presento a mi buen amigo Garrett Giordano y a su esposa Maria.

Alice se lo había imaginado. De algún modo, consiguió sonreír con naturalidad y hablar tranquilamente.

–Encantada –dijo. Miró en primer lugar a Maria, que la observaba a ella con mirada hostil. Cuando la otra mujer se limitó a inclinar la cabeza, Alice se volvió a Garrett.–Entonces, ¿tú eres el tercero de los tres Mosqueteros? Jasper me ha hablado sobre ti, sobre Eleazar y sobre sí mismo.

Garrett sonrió. Entonces, tomó la mano de Alice y se la llevó a los labios.

–Me alegra mucho conocerte –dijo como si lo dijera en serio–. Jasper me contó que te estabas alojando con él mientras visitas nuestro país. Estoy segura de que Rosalie agradece tener una amiga que la ayude con todos los preparativos de la boda.

Eso significaba que Jasper seguía teniendo una relación de amistad con Garrett como para haberle hablado de la boda de Rosalie y de lo que ella estaba haciendo en su casa.

Alice sonrió.

–Me lo estoy pasando estupendamente –dijo afectuosamente. Garrett le caía bien–. Rosalie y yo nos estamos gastando el dinero de Jasper como si fuera agua y él nunca se opone.

–¿Te alojas en Casa Hale? –le preguntó Maria. Evidentemente, para ella sí era noticia– Eso no me lo habías contado, Garrett –le dijo a su esposo.

–Se me debió de olvidar –respondió Garrett. Su rostro cambió cuando miró a su esposa.

El silencio reinó entre ellos durante un instante, un incómodo silencio, pleno de tácitas acusaciones.

«Ella sigue amando a Jasper y Garrett lo sabe». Alice sintió como si le hubieran tirado por encima un cubo de agua fría, pero no tuvo tiempo de seguir pensando en su deducción porque Jasper estaba despidiéndose cordialmente de la pareja.

–Que tengáis una agradable velada –dijo, mientras volvía a sentarse sin ni siquiera mirar a Maria–. Te llamaré mañana para hablar sobre el nuevo contrato.

Su amigo asintió y, tras agarrar a Maria del brazo, tiró prácticamente de ella para que se moviera. Mientras la pareja se dirigía hacia el otro lado del restaurante, Jasper dijo:

–Garrett tiene un negocio de exportación y él y yo trabajamos juntos en algunas ocasiones.

Alice no sabía qué decir. Solo sentía ganas de llorar. Maria era todo lo que ella no era: hermosa, elegante, sofisticada y muy llamativa. En resumen, la clase de mujer con la que esperaría que estuviera Jasper. ¿Seguiría enamorado de ella? Después de todo, Maria lo había dejado a él cuando se negó a mandar a Rosalie con unos parientes. Era posible. Más que posible. ¿Sería Maria la razón por la que no había sentado la cabeza con ninguna mujer?

–Parece agradable –dijo, con una sonrisa forzada.

–Lo es –afirmó él. Entonces, dudó durante un instante–. La mujer de la que te hablé antes, con la que estuve comprometido, se casó con Garrett cuando ella y yo tomamos caminos separados.

Alice quería preguntar si le había importado, aunque sabía que era demasiado personal. Lo preguntó de todos modos.

–Eso debió de ser muy difícil para ti. –Resultó algo incómodo durante un tiempo. –Es muy hermosa.

–Sí, Maria es muy hermosa.

Otro silencio. La actitud de Jasper estaba confirmando todos los temores de Alice. De repente, el orgullo se apoderó de ella. Le hizo levantar la barbilla y tragarse las lágrimas. No iba a preguntar nada más. Evidentemente, él no quería hablar al respecto. Alice era tan solo una empleada para él. Le había dejado claro que aquellas salidas eran tan solo un pago por sus servicios.

Levantó la cabeza y miró a su alrededor.

–Es un lugar fabuloso. Evidentemente, Eleazar ha convertido este negocio en un éxito.

–Alice…

Fuera lo que fuera lo que Jasper iba a decir, se vio interrumpido por la llegada del camarero. Este charló amigablemente con Jasper y luego les dio los menús. Después, volvió a llenar las copas, aunque Jasper prácticamente no había tocado la suya.

Para darse ánimos, Alice dio un buen trago. Tenía la mala suerte de que estaba sentada frente a la mesa que ocupaban Garrett y Maria. Esta se había colocado de tal manera que tenía una vista perfecta de la mesa de Alice y Jasper. La italiana prácticamente no le había quitado los ojos de encima. Alice la miró con deliberación. Ninguna de las dos mujeres sonrió. Entonces, Maria bajó los ojos.

Era una pequeña victoria para Alice. Entonces, notó que el camarero se había marchado, seguramente para darles tiempo para pensar.

–¿Te gustaría que pidiera por ti? –preguntó él.

Alice miró el menú. Estaba en italiano y no había precios. Genial.

–Gracias.

Estaba tan nerviosa que tomó la copa y la vació de un trago. Cuando Jasper volvió a llenársela, decidió que no podía seguir bebiendo hasta que, al menos, no hubiera cenado algo. Siempre necesitaba mantener la cabeza sobre los hombros, pero en especial aquella noche.

–Tal vez cannelloni ripieni para empezar –sugirió Jasper–. Están muy buenos aquí. O parmigiano di melanzane, berenjena asada con queso y salsa de tomate. Es una especialidad de la zona. Y, de segundo, creo que langosta.

Alice asintió. No le importara lo que fueran a cenar. Desde que vio a Maria, había perdido el apetito.

El camarero reapareció con un plato de aceitunas y anchoas, pan recién hecho y un poco de aceite de oliva para que pudieran compartirlo. Después de anotar lo que iban a cenar, volvió a marcharse.

Una pequeña orquesta estaba tocando una melodiosa música en un pequeño escenario. Ya había unas parejas bailando. Todo el mundo se estaba divirtiendo mucho. De repente, Jasper se puso de pie y le ofreció la mano.

–¿Bailamos?

Ella lo miró fijamente sabiendo que no podría hacer reunir el valor para hacerlo. Ella no era italiana. No conocía la música ni los movimientos. Sin embargo, tampoco podía desairar a Jasper.

Se puso de pie e, inmediatamente, el brazo de Jasper le rodeó la cintura. La estrechó contra su cuerpo y, así, comenzaron a bailar.

–Relájate –murmuró él–. No es difícil. Solo tienes que seguirme, ¿de acuerdo?

Alice sabía que iba a hacer el ridículo, pero, de repente, el hecho de estar entre los brazos de Jasper le dio fuerzas. Sus reacciones se produjeron automáticamente, con naturalidad. El aroma y el tacto del cuerpo de Jasper la transportó a un mundo en el que las parejas que los rodeaban dejaron de existir.

Jasper bailaba muy bien. Ninguna mujer podría quedar mal con él como pareja. Seguir sus pasos era lo más fácil del mundo. Él la estrechó aún más contra su cuerpo. Alice acomodó el rostro bajo la barbilla de él y le rodeó el cuello con los brazos. Parecía respirarlo. La cercanía de él la embriagaba, y no el champán. Le pareció que podría quedarse así para siempre.

Sintió el inconfundible endurecimiento de su cuerpo y supo que él estaba tan excitado como ella. Sin embargo, el control que Jasper ejercía sobre sí mismo era absoluto. Fue ella la que, cuando volvieron a sentarse, se sentía como si tuviera las piernas de gelatina.

El primer plato los estaba esperando. Sin embargo, Alice observó la berenjena prácticamente sin verla. Tenía aún la respiración acelerada y el cuerpo ardiéndole de deseo.

¿Cómo podía inspirar aquel hombre tales sensaciones solo teniéndola entre sus brazos? No habían hecho más que bailar y sin embargo…

–Pruébalo. Está muy bueno.

Alice lo miró y vio que él parecía estar comiendo con toda normalidad. Allí estaba ella, a punto de desmoronarse y, por el contrario, Jasper estaba comiendo como si no hubiera ocurrido nada.

Entonces, él la miró y Alice pudo ver un apetito dibujado en aquellos ojos grises que nada tenía que ver con la comida. La deseaba. Simplemente, se le daba mucho mejor ocultar lo que sentía. Alice no supo si esto le hacía sentirse mejor o peor.

La langosta que tomaron a continuación estaba igual de deliciosa que el primer plato. El postre, una tarta de crema, mermelada y almendras, parecía deshacérsele en la boca. Alice notó que la comida la había ido relajando y porque Jasper tenía la capacidad de que pareciera que eran las dos únicas personas en el restaurante. Alice ni siquiera volvió a mirar a Maria.

Mientras se tomaba el expreso con el que redondearon la comida, ella suspiró de satisfacción.

–Creo que acabo de comer más de lo que había comido antes en toda mi vida. Creo que no voy a poder levantarme de la silla.

Como respuesta, él se levantó y la hizo levantarse.

–Baila conmigo. Quiero volver a sentirte entre mis brazos.

Ella no discutió. Había estado deseando que se produjera aquel momento. Vio que Garrett y Maria también estaban en la pista de baile, pero no se encontraron.

Justo después de medianoche, Alice se dirigió al tocador. Allí, se encontró con Maria, tal y como ella había supuesto.

Alice salió de uno de los cubículos y se encontró a Maria sentada frente a un espejo, aplicándose un carmín rojo. Inmediatamente, sintió que el estómago le daba un vuelco. Sabía sin duda que Maria había querido que se encontraran sin que los hombres estuvieran delante.

Maria la observó con altanería a través del espejo antes de volverse para mirarla. Tenía una fría sonrisa en los labios.

Ciao –dijo–. ¿Estás disfrutando de la velada?

–Sí, gracias. Eleazar tiene un hermoso restaurante.

–Así es. Gracias a Jasper. ¿Sabías que Jasper le dio a Eleazar el dinero para que montara todo esto? Claro que no. Seguramente hay muchas cosas que no sabes sobre Jasper.

Alice mantuvo la sonrisa con un gran esfuerzo.

–Sí, supongo que sí –respondió deseando que entrara alguien para que las dos no estuvieran solas.

–Eres amiga de Rosalie, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo hace que conoces a la hermana de Jasper?

–Algún tiempo –replicó. Siete días para ser exacta.

–Y vienes para ayudarla a preparar la boda. Creo que esta boda es muy repentina – comentó. Evidentemente, Garrett no había comentado todo lo que sabía con su esposa.

–Rosalie y Emmet se conocen de toda la vida. Yo no diría que es repentino.

–¿No? ¿Y a Jasper le parece bien que su hermana se case con ese… galán? Pensaba que Rosalie iba a seguir estudiando. Eso era lo que Jasper quería para ella.

–Eso no lo sé –mintió Alice mientras se arreglaba el cabello en el espejo.

–Claro. ¿Por qué ibas a saberlo tú? Tú no eres nada para él. Ni siquiera eres italiana. Jasper tiene muchas mujeres, hermosas mujeres italianas, pero ninguna puede mantener su atención durante mucho tiempo. Así es él.

–La vida privada de Jasper no me interesa –replicó Alice. Su voz era ya tan fría como la de Maria.

–¡Ja! A mí no me vas a engañar, inglesita –dijo Maria. Se puso de pie y se volvió a mirarla–. Sé qué es lo que quieres y te llevarás una desilusión, como les ha pasado a muchas antes que a ti. Jasper es la clase de hombre que solo entrega su corazón una vez. Eres tonta si no lo sabes. Y entregó su corazón hace muchos años –añadió. No tenía que añadir a quién se refería–. Tal vez seas amiga de su hermana, pero no conseguirás ocupar un lugar en su vida durante mucho tiempo.

Alice vio que aquella mujer era tan mala como su hermana, peor quizá. Decidió utilizar la misma estrategia que había utilizado con Heidi toda su vida.

–En ese caso, no tienes de qué preocuparte, ¿verdad, Maria?

Antes de que la italiana pudiera responder, Alice salió del tocador y volvió rápidamente junto a Jasper.

El resto de la velada fue una pesadilla. Alice sabía que se había retirado al vacío emocional que había perfeccionado a lo largo de los años de sufrimiento con su familia. Era su protección. Cuando estuviera a solas, sabía que se echaría a llorar, pero, por el momento, el orgullo dictaba que mostrara que no le importaba.

Bailó y conversó con Jasper, pero él no hacía más que mirarla con perplejidad.

Después de un tiempo adecuado, dijo que estaba cansada y le preguntó si se podían marchar. Por suerte, Jasper no quiso ir a despedirse de Garrett y Maria. Simplemente se despidió de su amigo con la mano.

Cuando llegaron al coche, ella fingió quedarse dormida. Al llegar a la casa, él la agarró por el brazo y la acompañó al vestíbulo.

–¿Te ocurre algo? ¿Acaso he hecho algo para ofenderte?

–Por supuesto que no. Simplemente estoy cansada, pero me he divertido mucho. Gracias por una velada maravillosa, pero ahora me gustaría marcharme a la cama.

–No –dijo él, agarrándola del brazo cuando Alice hacía ademán de marcharse–. Ha ocurrido algo. Lo sé. Me lo estás ocultando.

–¿Que te lo estoy ocultando? –replicó ella. Aquello fue la gota que colmó el vaso–. ¿Has oído lo que has dicho, Jasper? ¿Por qué crees que tienes derecho a cuestionarme de esta manera? Accedí a quedarme para ayudar a Rosalie. Eso es todo. Ahora, te ruego que me sueltes.

–No hasta que me digas por qué te estás comportando de este modo.

–En ese caso, estaremos aquí toda la noche.

¿Cómo se atrevía él a dar por sentado que tenía una especie de licencia divina para pasar por encima de los sentimientos y los pensamientos de la gente? Había dicho que Maria era muy hermosa, lo que era cierto, pero en su interior era una mujer vengativa y malevolente. Si él no veía cómo era por dentro, era un necio. Desgraciadamente, el amor convertía en necios a mucha gente.

Aquel pensamiento la golpeó con fuerza. Flotaba en su pensamiento una verdad que no estaba preparada para reconocer.

–Te ruego que me sueltes –susurró, con voz temblorosa.

Jasper lanzó una maldición, pero la soltó. Alice salió corriendo por el vestíbulo y subió las escaleras para llegar a su dormitorio. Abrió la puerta y, cuando estuvo a salvo en su interior la cerró de nuevo y echó el pestillo.

Las piernas cedieron por fin. Fue deslizándose poco a poco hasta el suelo. Allí, se cubrió el rostro con las manos y se preguntó si él la seguiría y trataría de hablar con ella.

Solo encontró silencio.


Capitulo 10 Finalizado

XOXO