Bueno, aqui tienes mi nuevo cap del fic, espero que les guste y perdón por el retraso, estoy demasiado liada con el trabajo...como siempre gracias a todos aquellos que lo leen tanto si dejan comentarios como sino.
Que lo disfruten
VIENTOS QUE CAMBIAN
Rukia se despertó, después de un sueño reparador sobre las siete y media de la tarde, tiempo suficiente para tomarse un baño relajante y prepararse. Se levantó ya más despejada y mucho menos cansada que esa mañana y fue directa a su bañera para llenarla de agua y sales aromáticas. Se despojó de su ropa y poco a poco entró en el agua caliente, relajándose y olvidándose incluso de su propio cuerpo.
En ese momento, comenzó a ordenar en su cabeza todos los acontecimientos que le había sucedido desde el día anterior, había muchas cosas que ordenar. El reencuentro con Ichigo, explicarle su misión, lo que él representa en ella, el viaje a ver a la gran hechicera, los hollows…Demasiadas cosas en un solo día…realmente era normal que estuviese agotada. Cerró sus ojos dejándose acunar por la sensación confortable del agua en su cuerpo y una sonrisa medio perversa apareció entonces en su rostro. Recordó que el chico que tanto había deseado durante años, esa misma mañana, estaba delante de ella totalmente desnudo, apenas separados por una fina cortina de baño. Se recriminó, en ese momento, lo tonta que había sido entonces.
Ichigo había llegado sobre las cinco y media de la tarde a su casa, él también necesitaba un buen descanso, el sillón donde durmió la noche anterior le había dejado con la espalda molida. Poco a poco se desvistió y se echó en la cama sin prestar la mínima atención a la luz parpadeante de su teléfono, hoy no quería saber nada, ni de su jefe, ni de su padre o de ese pesado de Tekedo, que tenía como amigo. Durmió tranquilamente hasta que su despertador hizo su trabajo, eran sobre las siete de la tarde. Se levantó, se desperezó con una buena taza de café muy cargado y se metió en la ducha. A las ocho de la tarde cerraba la puerta de su piso en dirección al garaje para recoger a Rukia con su coche.
Se sentía nervioso, como si fuese su primera cita con una chica, y de eso ya hacía muchos años. Pero él sabía que no era una chica cualquiera, era Rukia, su ángel. Las mariposas no dejaban de revolotear en su estómago, sentía como su pulso se aceleraba sólo de pensar en verla de nuevo. Respiró hondamente, tenía que serenarse, parecía de nuevo ese chico de quince años, que no podía controlar ni sus sentimientos, ni mostrarlos. Decidió centrarse entonces en algo importante… Zangetsu… esta noche irían a recoger su espada… se preguntaba si podría hacerlo, si tenía el derecho de volver a empuñarla y si ese ser tan espantoso volvería a dominarlo como aquella noche.
Con esos pensamientos en su cabeza llegó a la entrada de la casa de Rukia, la luces del pequeño jardín se encontraban encendidas y la verja abierta. Él sonrió, sabía que le esperaba. Se acomodó su chaqueta negra, arregló su camisa de seda granate, volvió a tomar aire profundamente para que sus nervios se templasen y tocó al timbre de la puerta. Un "ya voy" se oyó desde detrás de la puerta, acompañado por una música suave.
Rukia estaba bajando las escaleras para ir a buscar sus zapatos cuando el timbre sonó, se le había hecho tarde, eso de quedarse dormida dentro de la bañera…Mientras bajaba se iba poniendo los pendientes plateados que años antes le había regalado Michael, la verdad que para ese conjunto le venían estupendamente. Se miró por un momento en el pequeño espejo del recibidor quedando complacida con lo que veía, ni pomposo, ni poco adecuado… simplemente elegante.
Se acomodó el alfiler plateado que llevaba en su pelo recogido, miró de nuevo sus amplias mangas de seda y colocó en su frente algunos cabellos rebeldes. Se dirigió a la puerta y abrió… quedó sin palabras cuando recorrió con su mirada el hombre que tenía ante ella, alto, de cuerpo bien formado, con una sonrisa cautivadora y enfundado en un elegante traje de Armani negro con una camisa granate. En ese mismo momento hubiese olvidado al director del museo y sus subvenciones, con tal de que ese hombre, que tenía ante ella, le hiciese una proposición indecente.
-¿Nos vamos?- dijo él mirándola de arriba, abajo totalmente hipnotizado.
Rukia despertó de sus sueños carnales cuando oyó la voz del chico.
-Si…pero espera un momento que cojo mis zapatos y apago todas las luces- contestó ella
Ichigo pasó al interior de la casa cerrando la puerta tras él. La miraba fascinado, esa mujer que tenía delante de él lo había cautivado por completo. Nunca, ni en sus mejores sueños, podía haberse imaginado a Rukia tal como la tenía ante él. Llevaba un sencillo conjunto, blusa y pantalón de seda, del azul de sus ojos. La blusa muy parecida a un kimono, cruzada, con un elegante y discreto lazo a un lado, y al otro, un hermoso bordado en plata de un sakura en flor. Observaba cómo al caminar sus pantalones al mismo tiempo que le realzaban su hermosa silueta le daban ese toque etéreo que ella siempre desprendía. Llevaba el cabello en un simple recogido decorado con un hermoso alfiler plateado, por lo poco que la pudo ver de frente apenas se había maquillado, un maquillaje simple que realzaba aun más su hermoso rostro. La vio apagar todas las luces de la casa, luego se acercó con unas sandalias de alto tacón plateadas, se sentó delante de él y poco a poco se puso sus sandalias. Volvió a sentir esas mariposas en su estómago y esas ganas locas de besarla y no dejarla salir esa noche de la casa, pero sus pensamientos se vieron interrumpido por unos ojos que lo miraban inquisitivamente.
-Ya estoy…- dijo ella mirándole- ¿te encuentras bien?- preguntó al no encontrar ningún signo de vida en su amigo
-Si…perdona- dijo el chico sacudiendo su cabeza- es que… estas… tan hermosa- dijo el chico mirándola a los ojos
Rukia no pudo dejar de ruborizarse por ese comentario y sonriendo tomó el brazo que le ofrecía el chico para encaminarse luego hasta el coche.
De camino al Museo, Rukia le contaba de qué trataba la exposición que hoy inaugurarían. Las culturas del norte de Europa y en especial los Vikingos y su afán aventurero era el tema principal.
Después de la presentación oficial y de un breve discurso dando las gracias y poner por las nubes al alguno que otro, mandatario importante, habría un pequeño cóctel con música de ambiente en el jardín.
Llegaron al Museo después de dejar el coche en un parking cercano. La cantidad de luces en la entrada, junto con una gran pancarta publicitaria donde se podía ver un gran barco vikingo. Así como la cantidad de agentes de seguridad y las limusinas que llegaban, daban a entender que algo importante estaba sucediendo en el Museo.
Rukia e Ichigo subieron por las escaleras, ella cogida del brazo de él, y ambos con una hermosa y transparente sonrisa en sus labios. Sentía la cercanía del otro, la calidez y esa sensación de que sus cuerpos hablaban el mismo idioma sin ellos haberse puesto de acuerdo. Rukia presentó las invitaciones y entraron en el gran salón principal del Museo, donde ella comenzó a saludar a muchas personas. Después se acercó hasta el director para darle las gracias por la invitación y mostrarle sus respetos.
Ichigo la dejó ir por un momento, se mantenía a cierta distancia, observándola, como se movía, cómo hablaba con muchos de los invitados, cómo desprendía esa sutil sensualidad que a ningún hombre pasaba desapercibida. Vio a muchos de su género mirarla con deseo, otros con pura devoción, él les comprendía, sabía que él la miraba de la misma manera.
La vio volver hacia donde se encontraba él contoneando su grácil cuerpo de una forma totalmente natural pero hipnótica al mismo tiempo. Su cuerpo comenzó a reaccionar antes de que él le diese permiso alguno, su pulso volvió a acelerarse como aquella mañana en el baño y su mente, haciéndole una mala jugada, volvió a recordar la imagen de ella quitándose la ropa poco a poco, su delicada y blanca piel, las formas de su cuerpo.
-Ichigo- oyó de los labios de una mujer, lo cual le hizo reaccionar al momento intentando controlar una parte de su fisonomía que estaba algo… rebelde.
-¿Te encuentras bien?- dijo Rukia mirándole a los ojos en tono preocupado
-Si… no te preocupes- respondió el con una sonrisa
-Perdona…debes de estar aburriéndote- dijo ella tomando de nuevo su brazo derecho.
-En absoluto, nunca me aburro cuando estoy…- antes de que Ichigo pudiese terminar, la voz de un hombre le interrumpió.
-Vaya, vaya… la hermosa profesora Kuchiki… por fin te dejas ver, sino te conociera diría que te estabas escondiendo de mi…
Ichigo observó como Rukia mostraba una mirada de asco que sólo él podía descifrar, se giró lentamente hacia el hombre que se encontraba tras ella y con una sonrisa lo más natural posible le saludó.
-Buenas noches Ishikata- dijo ella
-Veo que vienes bien acompañada… por eso no querías que te fuese a buscar ¿eh?- dijo el hombre en tono burlón- que calladito lo tenías Kuchiki-san.
-Ishikata Kondo, este es Kurosaki Ichigo, un buen amigo- dijo ella algo molesta por el comentario.
Su charla fue interrumpida por la voz del director del museo que comenzaba su habitual discurso dando por inaugurada la exposición. Después invitó a todos los presentes a un pequeño cóctel en el hermoso jardín. Todos los asistentes salieron, Ichigo le ofreció de nuevo su brazo a Rukia, la cuál aceptó sin ningún tipo de duda, y seguidos por el profesos Ishikata salieron al jardín.
La música era suave e invitaba a bailar, la noche cálida y llena de estrellas invitaba a perderse por aquel jardín para tener algo de intimidad. Ichigo se acercó a una de las mesas para pedir algo de beber para él y para ella.
Rukia por su parte intentaba mantener lejos al Sr. Pulpo, cosa que Ichigo observaba divertido. Un momento dado el Sr. Pulpo se acercó más de lo debido, mientras ella comenzaba a apartarlo lo más delicadamente posible, esa situación puso al chico en alerta, así que olvidó sus bebidas y comenzó a caminar con paso seguro en medio de todos los invitados hasta donde se encontraba ella. Oyó una preciosa melodía, melodía que muchas parejas comenzaban a bailar, excusa perfecta para sacar de aquella situación incómoda a Rukia.
-Disculpa Ishikata-san- oyó Rukia tras ella- pero Rukia me debe un baile y esta melodía me gusta mucho.
Rukia sintió una mano cálida y fuerte tomándola de la cintura y una voz en su oído…
" ¿Querría la mujer más hermosa de éste lugar bailar conmigo?"… Ella no dijo nada, sólo se dejó llevar por él al centro del jardín, donde todas las demás parejas estaban bailando.
Ichigo tomó a la mujer de su vida de la cintura y ella delicadamente depositó una de sus manos en la de él mientras que la otra descansaba en su hombro. La miró directamente a los ojos perdiéndose en ellos, como siempre ocurría, y se dejó llevar por la música llevándola a ella consigo. El mundo desapareció a su alrededor, sólo existían ellos moviéndose al compás de esa dulce música. Sintió su dulce aroma cuando ella apoyó su cabeza en su pecho, y la estrechó aun más contra él, deseaba eliminar todo el espacio existente entre los dos.
Rukia sintió como una ola de enorme calidez le recorría todo el cuerpo. Su mundo se reducía a él, a su aroma, a sus movimientos, a su cuerpo danzando con ella. Millones de veces había soñado con aquel momento, millones de veces lo había imaginado de distintas maneras. Pero todas su fantasías eran superadas por esa realidad que se habría paso ante ella. No existían las dudas, el temor, los miedos… sólo él…solamente ese instante que ya marcaría toda su existencia.
La música había cesado y ellos aun seguían unidos mirándose el uno al otro, sus almas hablaban a través de sus ojos, se contaban todo lo que se habían extrañado mutuamente, su anhelo por el otro, su dolor… sus almas hablaban y ellos aun no habían emitido ni una sola palabra… sus almas hablaban y ya estaba todo más que dicho…
Se separaron lentamente, como si les fuese la vida en ello, no queriendo dejar de sentir la calidez del otro en su piel. La magia pareció disiparse y el mundo volvió de nuevo a su lugar, las parejas alrededor suyo comenzaron a bailar otra melodía mientras ellos se dirigían discretamente a una de las mesas llenas de canapés.
-Gracias- dijo ella rompiendo por fin el silencio
-¿Por?- preguntó él mientras le daba una copa de vino
-Por salvarme del Sr. Pulpo- dijo ella sonriendo
-Ya te dije que podría hacerlo- contestó burlándose, llevándose un poco del rojo líquido a la boca
Ichigo pudo observar como Rukia perdía la vista en el hermoso jardín que tenían delante de ellos, su mirada era algo melancólica, tal vez echase de menos la vida en la soul society.
-¿Querrías dar una vuelta conmigo por el jardín?- preguntó el chico sacando a Rukia de sus pensamientos.
-Me encantaría- contestó sonriente
Rukia tomó de nuevo el brazo del chico mientras caminaba lentamente, debido a sus tacones, por el camino empedrado del jardín. Cuando estuvieron lejos del bullicio de la gente, decidieron sentarse en uno de los bancos de piedra, así ella descansaría sus cansados pies.
Rukia sentía esa calma perdida desde hacía años, esa tranquilidad consigo misma que desapareció desde que él se alejó de su vida. Cerró sus ojos y se llenó de la paz de la noche, de la luz de la luna, del olor de las flores y disfrutó por primera vez de todo el amor que sentía.
Él la miraba sin saber qué decir o qué hacer, su pálido y dulce rostro mirando hacia la luna, su sonrisa calmada y suave. Poco a poco se acercó hasta su cuello, recorriéndolo con su nariz a escasos centímetros de la piel. Su olor, ese que nunca pudo olvidar, ese que ansiaba por encima de todas las cosas, su inconfundible olor era el mismo. Cerró sus ojos y acercó sus labios al oído de ella… necesitaba que su alma se expresase por fin a través de las palabras.
Rukia sintió como uno de los brazos de Ichigo le rodeaba la cintura y le acercaba más a su cuerpo y entonces oyó su voz… más ronca que de costumbre, más nerviosa que de costumbre…
"Rukia…no, no te gires, ni me mires…no abras tus ojos… porque si lo haces creo que no encontraré el valor necesario para contarte todo lo que he de contarte. Sigue como estas, tranquila, mientras yo te cuento una historia que sucedió hace mucho tiempo.
Érase una vez, un chico de quince años, que cometió el mayor error de su vida, dejar marchar a alguien sin decirle lo importante que era para él. Esa persona se fue de su lado, dejando en su lugar el mayor de los vacíos… Estaba enfadado con el mundo, se había enfrentado a cruentas batallas, pero no era capaz de enfrentar sus miedos… Luego, el dolor, ocupó el lugar del vacío y una noche, la oscuridad le invadió cometiendo el peor de sus actos. Desde esa noche, sus manos siguen manchadas con la sangre de una de las personas que más ha querido.
Ese día dejó todo y se enroló en el barco del olvido, perdiendo su fuerza, sus ganas de vivir y las ganas de luchar. Pero por mucho que lo intentó, por mucho que luchó contra eso, nunca pudo olvidar un aroma, unos ojos y una voz que le atormentaban todas las noches recordándole su mayor error.
El chico aprendió de todo aquello y tomó la decisión de nunca volver a dejar que se fuese alguien de su lado sin él decir nada, al igual que intentar siempre ser sincero consigo mismo.
Sé que por mi culpa has sufrido mucho, sé que estuviste buscándome durante mucho tiempo, también sé que me encontraste y por creer que era feliz no hiciste nada.
Fui un idiota al dejarte marchar y he sido ahora un idiota pensando que sólo yo era el que sufría.
Perdóname por todo Rukia"
Ichigo sintió como el pequeño cuerpo de Rukia se estremecía entre sus brazos, abrió los ojos y contempló cómo las lágrimas surcaban el hermoso rostro de Rukia, no pudo evitar recordar aquella noche, aquella noche que marcó su vida. Lentamente recorrió el rostro de ella, limpiándole las lágrimas.
"No me gusta verte llorar" oyó Rukia mientras unas cálidas manos limpiaban sus lágrimas. Cada una de las palabras que había escuchado, le había llegado al fondo del corazón, sabía que ya no habían más mascaras entre ellos, y que ahora le tocaba sincerarse a ella.
"Ichigo…"oyó el chico de los labios de ella… "no tengo nada que perdonarte… Tan sólo eras un chico de quince años… Perdóname tú por no haber estado cuando me necesitaste y por ocultarte mi vuelta"
Rukia sintió entonces las manos de él en su rostro elevándolo y cómo le pedía que abriese los ojos. Al abrirlos se encontró esos ojos avellana que tanto la habían cautivado mirándola con una nueva luz en ellos.
-Yo tampoco tengo nada que perdonarte- dijo Ichigo atragantado de su propio sentimiento- absolutamente nada.
Ambos sonrieron, no sólo son sus labios sino con los ojos, se habían sincerado el uno con el otro y se habían perdonado mutuamente. Todo lo pasado quedaba atrás, todos los temores, todo el dolor, toda la soledad… todo se veía ahora como un lejano sueño, como un sueño del que por fin se habían despertado. Y se abrazaron, como siempre habían deseado, sus cuerpos se entrelazaron formando casi un único ser. Sintieron sus respiraciones al unísono al igual que el sonido de sus corazones. Ella cerró sus ojos refugiándose en los únicos brazos que le hacía sentirse serena, en los únicos brazos en los que podía sentir que nada malo le ocurriría. Él la apretó fuertemente contra su pecho, deseando que ese esperado momento no terminase nunca, protegiendo a lo que siempre había sido su más preciado tesoro, su ángel de la muerte.
Rukia elevó su rostro y se encontró de nuevo con los ojos de él mirándola con amor, miró sus labios que tantas veces había deseado y no tuvo ningún tipo de duda, supo que era el momento adecuado. Poco a poco acercó sus labios hasta los de él mientras cerraba sus ojos y por fin sintió lo que la anciana siempre le decía…"con él sabrás cuan lejos puede llegar el universo, cuanto puede volar un ave, cuan viejo puede ser un árbol, con él conocerás todo y a la vez no conocerás nada, porque así es el poder del amor, mi querida niña"
A Ichigo le cogió de sorpresa el hecho de que fuese ella quien le besase, aunque no se quejó para nada, después de la sorpresa se dedicó a saborear aquel instante como si fuese el primero y el último. Sus labios…suaves, delicados, deliciosos… irresistibles…Se sentía como en una nube de la que no quería bajarse nunca, tantos años esperando aquello, tantos deseando que ocurriese, y por fin la tenía entre sus brazos y no la dejaría marchar nunca. La apretó más contra su cuerpo mientras liberaba su deseo, deseo que se hacía patente en los besos profundos y ardientes que ahora eran correspondidos por pequeños gemidos de ella.
Rukia sentía sed, sed de él, de sus labios, de su cuerpo…sentía como todo su cuerpo ardía y que él era lo único que podía calmarla. Se apartó ligeramente de él para tomar aire de nuevo con todo el cuerpo vibrando de deseo.
Se disponían de nuevo a comenzar la danza de sus labios cuando una energía poderosa captó su atención. Un haz de energía salía desde un punto lejano y se perdía en el cielo verticalmente y una voz profunda y lejana pronunció un nombre…
… Ichigo
