A ESCONDIDAS X
Por Tita Calderón
Camino mirando al frente casi a paso militar. Un golpe descuidado en el brazo me obliga a detenerme. Ni siquiera lo pienso, solo giro y tomo a quien me acaba de golpear por las solapas de la camisa y lo empujo contra la pared. Maldita Sabandija.
-Lo siento – se disculpa aterrado sin saber porque está contra la pared.
-Mira Leagan – me acerco a su nariz sin importarme que todo el pasillo haya enmudecido viéndome acorralarlo – por tu bien y el mío, ¡MIRA POR DÓNDE CAMINAS!
No contesta, solo se limita a confirmar con la cabeza. Debería agradecer que no le doy un golpe como la vez anterior al Elegante, aunque buena falta que le hace. Le sacudo un poco y lo suelto, de todas maneras no tiene la culpa de mi mal humor.
Ya de por si odio a Leagan, pero en este momento, en especial, odio a todo el mundo.
Sabía que las continuas visitas del Duque, no me traerían nada bueno.
"…
-No discutiré más Terruce – dijo mi padre en el rectorado minutos antes – Mañana vendrá el chofer a buscarte a primera hora.
-¿No entiendo por qué tengo que ir? – protesté.
-Porque lo digo yo y punto.
-Le digo que tengo que estudiar.
-Tienes todo el domingo para estudiar. Además no sé porque te empeñas en esa excusa, si sabes muy bien que el lunes no tienes ninguna prueba, porque este fin de semana tiene salida todo el alumnado y ningún maestro pone tareas ni toma pruebas el lunes, es el reglamento –me mira- No creas que nací ayer Terruce.
Respiré con fuerza sintiéndome impotente. Se suponía que este fin de semana tendríamos el colegio para nosotros solos, pero no, aparece el Duque y me sale con que tengo que ir a su casa.
Maldición.
-¿Algo más? – pregunté sintiéndome perdido.
-No – contestó mirándome directo a los ojos.
-Con su permiso.
Giré y salí por la puerta sin si quiera despedirme y con ganas de dar un puntapié al mundo.
Odiaba al Duque y al mundo entero…"
Y para variar viene el idiota de Leagan y se cruza en mi camino.
Doy un portazo al cerrar la puerta de mi habitación que hace vibrar los cimientos del colegio.
¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición!
Golpeo la pared tratando de desahogar lo que siento. Este fin de semana teníamos planeado hacer un picnic y ahora todo está tirado por la borda gracias al bendito Duque.
Y yo que me sentí por un momento feliz de verle, me sale con que tengo que ir su casa.
Doy rítmicos cabezazos a la pared tratando de calmar el desasosiego emocional que siento.
Nada funciona.
Dos horas más tarde escucho las campanas para el rezo de la tarde y todo dentro de mí se paraliza.
Es hora de mi encuentro con Candy.
Salto por el balcón y cruzo a paso raudo el jardín.
Antes de llegar al bosque se me cruzan un par de chicas que están paseando despreocupadas mientras conversan, al verme se quedan estáticas como si un rayo las hubiera inmovilizado, me miran embelesadas unos instantes y hasta creo que se han sonrojado, una abre la boca para decir algo pero no le doy tiempo de pronunciar palabra alguna, las esquivo como si tuvieran la peste.
Me interno en el bosque y tomo un camino alterno para ocultar mi verdadero destino.
Cuando llego y veo a Candy esperándome, todo dentro de mí se reinicia.
Sonríe al verme y se me compone el alma.
Y me doy cuenta, en este preciso instante, que la quiero a morir.
-Llegas tarde – me reclama sin dejar de sonreír.
-Lo siento - respondo acercándome a ella.
Sin esperar a que diga una palabra más, tomo su rostro con las palmas abiertas y la beso.
La beso, la beso y la beso.
Es todo lo que necesito para borrar todo lo que me perturba.
Un encuentro a escondidas y a mí se me arregla la vida.
-¿Y cómo te fue con tu papá? – me pregunta luego de una larga sesión de besos.
-Mal – contesto –no quiero hablar de eso, mejor vuélveme a besar – le pido y ella se sonroja, pero no se deja convencer.
-Terry – toma con sus manos mi rostro para evitar que la bese - ¿Qué pasó?
Doy un largo suspiro antes de empezar y la invito a sentarse para contarle con calma mientras extraigo puñados de hierba cada vez que recuerdo el autoritarismo de mi padre.
-No importa – dice Candy acariciando mi rostro.
-¿Cómo que no importa? Claro que importa – refuto – se supone que mañana la pasaríamos juntos y viene el Duque y me sale con que tengo que ir a su casa.
-También es tu casa – me recuerda suavemente.
-No es mi casa – le aclaro – es la casa de los Duques de Grandchester y de sus hijos, mía no.
-Tú también eres su hijo.
-Solo del Duque – le vuelvo a aclarar – Odio ir a esa casa – añado sin querer.
-¿Por qué?
-Porque es más fría que un mausoleo – confieso.
-Llévate una manta – sugiere con una sonrisa.
-Sabes que no me refiero a ese tipo de frío – le digo tocando su nariz – aunque si, es algo fría también – admito.
-¿No te llevas bien con tus hermanos?
-No me llevo bien con nadie, empezando por el Duque.
-Tal vez te falta poner un poquito de tu parte.
-Por favor Candy – agito la cabeza – la Duquesa Cara de Cerdo y su prole me tratan como un paria.
-¿Cara de Cerdo? – abre los ojos y rompe en sonoras carcajadas.
-Es igualita e incluso más fea, creo que más bien se parece a un ogro pero en versión enana – pienso un poco con que otro ser maligno y horripilante la puedo comparar.
-No puede estar tan mal, por algo tu padre se casó con ella.
-Créeme cuando te digo que por amor no fue.
-¿Entonces? ¿No se enamoró de ella? – insiste.
-Claro que no, lo de ellos fue un matrimonio pactado.
-Oh, pobrecitos.
-Pobre Duque, querrás decir, porque si nos ponemos a pensar fríamente él perdió más…- pienso en mi madre.
-No seas así…- guarda silencio unos instantes - ¿Y por qué crees que te traten como un paria? – pregunta luego de un momento.
-Creo que lo que más le duele es que soy el heredero del ducado y ella quería que fuera uno de sus hijos. Pero por mí, se pueden quedar con todo.
-No digas eso, tu papá te debe querer mucho para haberte nombrado su heredero.
-Soy el heredero porque soy su primogénito –le aclaro.
-En fin – exhala un suspiro- Te pidió que vayas y tienes que ir.
-Me ordenó – le aclaro.
Sonríe y me besa en la mejilla. Estamos sentados en la Segunda Colina de Pony, mejor dicho ella está sentada mientras yo opto por tenderme sobre la hierba apoyando la cabeza sobre sus piernas.
-Como sea – dice suspirando – tienes que ir – vuelve a insistir.
-No.
-No te busques problemas.
-Él me los busca – refuto.
-Solo quiere compartir contigo un sábado.
-Que comparta con sus otros hijos. Tienes varios de donde escoger, tres más, para ser exactos.
Candy sonríe resignada mientras pone los ojos en blanco y me vuelve a besar en la mejilla.
-Deja de ser tan gruñón.
-No soy gruñón, el Duque es el que me amarga la vida.
-No seas así.
-Soy lo que soy, por culpa del Duque.
Sonríe levemente con mi rabieta y me besa en los labios por un largo, larguísimo rato, que me obliga a olvidar porque estaba enojado.
-Solo es un día. – añade luego de un momento de acariciar con los dedos abiertos mi cabellera.
-No es solo un día, es todo el fin de semana – protesto dócil, anestesiado por el efecto de sus besos – el fin de semana de salida, para variar – aclaro.
-Pasará rápido.
-No, no pasará rápido. – digo ahogando un suspiro resignado – No quiero dejarte sola –admito al final.
Es por ella que no quiero ir a ningún lado que me aleje a más de medio kilómetro a la redonda de su lado. Me duele el corazón alejarme de Candy.
-No voy a estar sola, estarán las monjitas.
-Lo mismo que estar sola.
Ríe con ganas mientras agita la cabeza resignada.
Y son sus razonamientos acompañados de besos largos y pausados los que me persuaden de ir, no de buena gana, pero de ir al fin y al cabo.
Notas de la autora:
Y aquí les dejo otro suspiro de inspiración. Si me dejas un review me harás muy feliz.
Gracias por leer.
Tita
