Hola jeje aquí Persae y pues... Continuo, si alguien todavía lee. Que claro que me espere mi mamá que me esperó nueve meses... en fin, lamento desaparecer.
En este capítulo notarán un sin fin de cortes y es que necesito retomar el hilo de mi propia historia porque soy un reverendo desastre y no recuerdo muchos de los desvaríos que escribí aquí y lo más importante el tono que llevaba. espero y me perdonen.
Sintió una especie de ardor y un velo rojo le cubrió la visión, examinó al muchacho en busca de puntos vitales y líneas de ataque, su arena comenzó a emanar directamente del hikaru. Estaba listo para matar, sin darse cuenta, como no le había pasado desde antes de ser jounin y mucho menos de ser Kazekage, estaba a punto de matar sin darse cuenta, al instante del ataque su objetivo se giró con violencia y encaró la amenaza que venía presintiendo desde hace unos momentos.
El movimiento violento que repentinamente alerto a Moremoto también obligó a Matsuri a voltear y a exaltarse con lo que vio. Su esposo se encontraba prado a una distancia considerable en una poco disimulable postura de pelea, con una posición de manos lista para llevar a cabo un ataque que ella conocía y no recordaba cuando había sido la ultima vez que vio a alguien sobrevivir al taque que conllevaba dicha postura. Se quedó pasma ante la visión y sólo atinó a sentir como las manos de su amigo la rodeaban por la cintura, la levantaban del suelo con presteza después un sonido estruendoso y una humareda a la que sólo le sobrevivía la imponente figura de su esposo y la mirada que seguía al otro chico a cada movimiento. La deposito en el suelo y le examinó el rostro, Moremoto parecía preocupado y la llamaba por su nombre mientras sostenía con ambas manos el rostro de la castaña que permanecía sentada en el suelo, quiso contestar al llamado, pero sólo atinó a decir unas palabras cortas y claras.
—Gaara-sama… — murmuró la joven entre dientes.
Al escuchar aquella voz algo le obligó a volver en sí, Matsuri lo llamaba y él no sabía que había hecho, por qué había atacado al ninja que iba con ella, por qué lo había hecho sin tomar en consideración el peligro al que estaba exponiendo a su joven alumna.
—Tranquilo solo estás celoso —dijo con serenidad Kankuro recargado sobre la esquina de un librero que se encontraba en la oficina de Gaara.
—No entiendes—murmuró pensativo.
—Gaara no hay mucho que entender sólo viste a tu esposa con alguien más, eso te puso celoso, te enojaste y ya está, lo impórtate es que ella está bien y que enviaste a tu rival de amores en una misión que tardará un tiempo— canturreó Kankuro en tono burlesco jugando con una pluma entre los dedos.
—No es normal y no es mi rival… no estoy celoso— negó en tono neutro un tanto irritado por los comentarios de su hermano que no parecían estar ayudando mucho.
—No es un delito querer a tu esposa— dijo el mayo de los Sabaku no— ¿Ella qué opina? — cuestionó ahora encaminándose a la puerta.
—Nada…— murmuró Gaara anticipando la partida de su hermano— se mantiene extrañamente feliz, como no la veía hace mucho.
—Déjalo pasar— atravesó la puerta no sin antes asomar la cabeza — y la próxima vez ve a terapia para controlar tus emociones— bromeó.
Gaara recargó la cabeza contra el respaldo de su silla, menos mal que Matsuri no parecía estar molesta con él por lo sucedido y vagaba por ahí sonriendo con tranquilidad, después del altercado él se acercó ignorando por completo al joven que lo miraba con reproche y la tomo en sus brazos dispuesto a dirigirse a casa, la apretó contra su pecho y comenzó a saltar sobre los tejados hasta llegar a su casa, ignorando los saludos se dirigió hasta la habitación principal donde la depositó sobre la cama para examinarla, ella no se había movido desde que él la había cargado, al momento de mirarla a los ojos en el recorrido por el rostro, buscando algún rastro de laceraciones o rasguños, se dio cuenta que ella estaba confundida.
— ¿Qué fue eso, Gaara-sama —preguntó dirigiendo sus ónix a los hermosos ojos ante ella.
Gaara bajó la mirada y por primera vez no supo cómo contestar, así que simplemente se limitó a externar su preocupación.
—¿Estás herida? — ante la pregunta la castaña simplemente sonrió, fue como si algo dentro de ella contestara tanto sus dudas como las de él y nuevamente fue feliz.
—No— contestó sonriendo, lo que descolocó al Kazekage pero al mismo tiempo le dio alivio.
—Bien— dijo él volviendo a la normalidad, pues parecía no estar enojada —Lo siento— terminó por disculparse.
Entonces un sonrojo inundo las mejillas de la joven y su transparente personalidad le dejo saber al ninja que algo flotaba por la mente de su esposa, la cuestión era si sería capaz de externar aquello que la inquietaba.
—Gaara- Sama— murmuró la joven, por fin.
—Dime, Matsuri — la miró por un instante.
—N… nada, voy a darme un baño— murmuró ella sonriendo.
—Te dejaré sola — dijo el pelirrojo dirigiéndose a la puerta.
—¿Sensei? — llamó la joven nuevamente, mordiéndose los labios como si dudara en lo que estaba a punto de decir.
Como respuesta obtuvo la mirada de su esposo que ya se encontraba bajo el marco de la puerta.
—¿Dormirá conmigo, señor? — Soltó con el rostro enrojecido.
Después de todo eran pareja y el matrimonio estaba consumado en todos los sentidos.
—Regresaré más tarde. Duerme— el pelirrojo no se sintió avergonzado por las palabras de la chica y salió de la habitación dispuesto a adelantar un poco de trabajo antes de ir a dormir.
Cargó una caja con algunos archivos se dirigió hasta el almacén, todo se había regularizado desde que había ocurrido el incidente con su amigo Moremoto, ella se sentía muy feliz porque solo una cosa pudo haber movido a su esposo a actuar como había actuado: Celos. Sonrió para sí misma mientras colocaba unos cuantos pergaminos sobre una estantería con la leyenda "rango C". Aunque algunos de los miembros del consejo aun se empeñaban en mirarla con tristeza ella sabía que las cosas habían cambiado para bien y que en esos momentos su relación no podía ir mejor. Apoyó la caja contra sus caderas y colocó la ultima pila de pergaminos que estaban destinados al "rango B". Dentro de poco tendría que asistir a una cena en la casa del señor feudal del viento y estaba obligada a asistir como pareja y escolta, lo cual le preocupaba un poco dado que sus actividades con el genio Hyuga se habían visto interrumpidas por un par de preparativos que tenía que organizar él como encargado de la ultima etapa de los exámenes chunin que se encontraba ya en puerta. Recordó con tristeza las ultimas semanas y lo intensiva que había sido, lo estricto que se tornó todo con ella durante ese tiempo.
—¿Qué tanto piensas? — la voz de Temari la sacó de sus pensamientos.
—En la cena con el señor feudal — se mostró algo inquieta mientras balanceaba la caja sobre su cadera— me preocupa un poco decepcionar a Gaara- sama durante la velada.
La rubia rió y se dirigio hacia la sección "B" de los estantes para tomar un par de pergamino.
—Esas son tonterías, nadie se fijará en eso, Matsuri, el señor feudal tiene cuatro hijos que están convertidos en unas bestias y tienden a llevarse todas las miradas, así que tú sólo preocúpate por asistir y no hacer mucho contacto con ello— le advirtió con tono tranquilo con la finalidad de darle tranquilidad a su cuñada.
Matsuri asintió y rehízo su camino hacia la salida con dirección a los ventanales que llevaban a la oficina de su sensei.
—Debo volver, estamos en medio de una avalancha de papeles — sonrió antes de dejar la sala.
Temari le hizo una señal con la mano y se despidió de ella antes de verla abandonar el almacén. Gaara se encontraba sentado en la oficina cuando escucho los toques de la puerta, atendió a dar el pase con calma pensando que se trataba de su esposa, frente a él se materializaba un a pareja de ancianos que formaban parte del consejo.
—Buen día Kazekage- sama— saludaron ambos ancianos al unisón.
El aludido elevó el rostro y les ofreció una mirada solemne.
—¿Sí? — preguntó impertérrito.
—Disculpe que lo molestemos lord Kazekage, pero mi esposa insiste en tocar un tema importante con usted— afirmo el anciano que vestía una túnica blanca y el rostro medio cubierto por una palestina, cediendo la palabra a su esposa.
Gaara imaginó a que venía la visita y le prestó atención a la señora.
—Dígame — miró fijamente a la mujer que asentía.
—Señor, no hará falta infórmale que dentro de unos días se realizará la cena en la mansión del señor feudal de las tierras del viento, en conmemoración a la realización de los exámenes chunin de este año y como festejo por el apoyo económico que recibimos de dicha casa, está usted obligado a asistir a la cena y…
—¿Vino a informármelo de nuevo? — preguntó gaara rascándose la frente.
—No señor, hemos venido a hablar acerca de la importancia que tiene para la aldea este apoyo que recibimos por parte de….
—Valla al punto por favor— la cortó gaara —Se trata sobre mi esposa ¿Cierto? — sentenció.
La anciana vaciló ante la atinada pregunta de su superior.
—Sí señor, ¿Planea usted llevar a la señora con usted? —Soltó de golpe el anciano.
—Naturalmente, se trata de mi escolta además de mi esposa —respondió con tranquilidad el gobernante.
—Sucede que nos parece prudente que viaje usted y asista solo a esa cena — afirmó la anciana.
—No veo motivo— Gaara apretó los puños sobre la mesa.
—Contrario a lo que pueda llegar a pensar, es por el bien de la dama, puesto que se sabe que los hijos del señor feudal, que son todos hombres, tienen la fama de ser caballeros poco educados y de escasos modales por no decir cosas poco ortodoxas — informó la mujer que parecía genuinamente preocupada.
—Agradezco su preocupación, Nozomi- sama, pero mi esposa es una parte importante del protocolo, ¿No es por eso que me obligaron a casarme? Es importante también que sepan que ha tenido un entrenamiento especializado y cuenta con las suficientes capacidades para defenderse de cualquier circunstancia — La respuesta de Gaara fue más larga que ninguna durante su mandato y tan clara que cualquiera hubiese entendido.
—Lo sé Kazekage- sama, pero no todas las batallas se libran en un campo de combate —finalizó la dama antes de realizar una reverencia y proponerse abandonar la sala.
—Agradecemos su atención, Kazekage- sama— finalizó el hombre antes de seguir a su esposa.
Gaara asintió y bajó la cabeza nuevamente a sus papeles, con lo que la anciana había dicho en la mente.
La noche llegó rápidamente y las tempestades del desierto disminuyeron la temperatura a gran velocidad, él y Matsuri se encontraban trabajando en silencio dentro de la oficina, cuando una tempestiva ráfaga de aire abrió una de las ventanas circulares que se encontraban a las espaldas del Kazekage, esto provocó que algunos de los papeles volaran. Gaara se levantó del escritorio para girarse y cerrar nuevamente la venta que antes no se encontraba correctamente cerrada.
—Matsuri— la muchacha que se encontraba arrodillada en el suelo levantó la vista en dirección a su maestro— ya pasa de media noche, continuaremos mañana.
La joven asintió y se puso en pie con los papeles en la mano.
—Sabes que los exámenes están a punto de comenzar su última fase y aunque aun falta tendremos que asistir a algunas ceremonias, ¿verdad? — Gaara no sabía como empezar.
—Sí señor, lo sé ¿hay algo que le moleste? — preguntó ella notando la incomodidad del muchacho.
—No, sólo quería notificarte que algunas de esas ceremonias requieren un grado de etiqueta un poco más…formal— al mencionar esto notó como la actitud de Matsuri se tornaba de ser dócil a una inocultable molestia.
—¿Y teme que lo avergüence? — soltó ella herida.
—No — pronunció él con tacto — sólo quiero pedirte que intentes no relacionarte con ciertas personas durante estos eventos y confió en que el tiempo que has compartido con Neji Hyuga hayan sido fructuosas— sentenció.
Ese comentario produjo en Matsuri un escalofrió y su molestia fuera de aligerarse incrementó lo que provocó que su tono bajara un tono y comenzara a caminar por la habitación sin darse cuenta.
—¿Me ha estado espiando, Kazekage- sama? —pregunto con lengua bípeda.
—No— mentira, pero no se atrevería a aceptarlo —me preocupaba tu seguridad— verdad que se sentía como un crimen.
—¿Y mi seguridad sólo se consigue violentando mi privacidad? —cuestionó ella.
—No — soltó el monosílabo por segunda vez.
—¿Y puedo saber qué le hizo sentir el derecho de cometer tal falta a mi espacio? — Gaara la veía moverse seductoramente revisando las espaldas de los libros sobre las estanterías, con los brazos ligeramente cruzados.
—Han hecho un gran trabajo— Matsuri le dirigió una mirada fría como el hielo que lo atravesó donde se encontraba reclinado.
—¿Por qué me espiaba, Gaara- sama? — pregunto maquinando una pregunta con la cual pudiera hacerlo sentir incomodo — ¿Acaso planeaba atacar al invitado de la aldea de la hoja como lo hizo con Moremoto Ren? — Al mirar la expresión de Gaara se dio cuenta de que había dado en el blanco.
—¿Eso te molestaría? — preguntó sintiéndose un poco molesto.
—¿Debería? —Preguntó ella con una sonrisa.
—Sólo quédate cerca cuando yo te lo diga— Gaara se levantó del asiento y caminó hacia ella.
A lo que la joven respondió sonriendo, había ganado, pero aún se sentía ofendida. Se dirigeron ambos a casa donde Nana los recibió con la cena preparada, puesto que sólo faltaban ellos, gaara agradeció y despidió a la mujer, para que así pudiera ir a dormir.
—Déjanos, Nana— ordenó y la mujer asintió retirándose de la cocina.
—Matsuri — murmuró mirando a su esposa que cenaba con las rodillas cruzadas sobre la silla.
Ella lo miró con esos enormes ojos negros que lograban ablandar hasta la más dura fibra de su ser, aunque él intentará negarlo y ocultarlo.
—Lamento haberte seguido— dijo humildemente el pelirrojo.
La chica se sacó de balance sorprendida por la actitud sumisa que no era común en su esposo.
—Yo no quiero regresar a lo de antes ¿sabes? —el chico siguió sin voltear a ver a Matsuri.
—No entiendo sensei— lo interrumpió la joven — ¿cuál es la diferencia entre antes y ahora?
—A verte triste y enojada todo el tiempo— pauso— me gustaba cuando sonreías y me preguntabas tonterías— un ligero sonrojo tiñó las mejillas de Gaara que no acostumbraba a externar ese tipo de información.
Matsuri sonrió sin pronunciar palabra, continuo con la cena, de algún modo saber que sus actitudes lo afectaban, le hacia sentirse bien, diferente al trato que su esposo tenía con los demás y aunque sintiera ganas de abrazarlo no se atrevería a hacerlo puesto que aún no se acostumbraba a la nueva situación en la que ella suponía estaba bien tocarlo.
La mañana era inusualmente fresca y el sonido del despertador le taladraba la cabeza, extendió una mano y se dispuso a apagarlo, al girar el rostro en busca de la parte más emocionante del día, lo encontró allí recostado boca abajo, los mechones rojos le cubrían la frente de manera despeinada, emocionada hizo un recorrido desde el flameante cabello, el hermoso rostro completamente relajado, sus parpados cerrados con esas pestañas que hacían un poco de sombra por la luz que entraba por la ventana, su nariz pequeña y afilada, la boca cerrada, su cuello extendido y un brazo que hacía ángulo para perder una mano bajo la almohada, su espalda se encontraba descubierta y se descubrió a ella misma delineando pervertidamente cada detalle de la espalda perfectamente trabajada, pasando por los anchos hombros, los omoplatos que sobresalían un poco, formó pequeños círculos sobre los trapecios que eran firmes pero suaves a la vez y un surco que partía en dos los músculos de su espalda para finalmente llegar a la parte baja y encontrarse con un par de hoyuelos que adornaban esa parte de la anatomía de su esposo. Matsuri sonrió como tonta y después se mordió el labio, con mano temblorosa la extendió hasta tocar con un dedo el hueco que se formaba sobre la espina dorsal y delicadamente recorrerlo con el dedo, de ahí brincó a los hoyuelos y posteriormente rehízo su camino por toda la espalda del pelirrojo. Estaba tan absorta en su travesía que no se dio cuenta que un par de ojos profundos como el mar la miraban fijamente.
—¿Qué estás haciendo? — la voz ronca de su esposo la sobresaltó y la hizo retirar el dedo de la piel ajena.
Dirigió la mirada de manera desesperada hacia los ojos de su esposo y se dio cuenta que él la había estado observando hacer todo aquello digno de un pervertido, se sintió tan avergonzada que solo atino a cubrir su rostro con las sabanas.
—Ga…Gaara- sensei, lo siento mucho— hablo atropelladamente — no… yo no me di cuenta de lo que estaba haciendo— pauso— es decir, sí me di cuenta, pero no lo hice— apretó las sabanas contra su rostro — digo, sí, bueno, yo sólo…
Se interrumpió al sentir como su esposo se movía y se enderezaba entre las sabanas, de un momento a otro las sabanas le fueron retiradas con delicadeza del rostro y se sintió tan apenada que no supo que hacer. Se sorprendió cuando las manos de su esposo tomaron la suyas y las dirigieron hasta colocarlas sobre uno de sus pectorales. Su rostro ardió en llamas.
—Sacia tu curiosidad— sentencio la voz fuerte de su esposo.
Bueno si alguien aún sigue ahí les pido una disculpa y les informo que la historia sufrirá algunas remodelaciones en cuanto a la exención, ya que antes la mantenía de ocho paginas por capítulo y el largo ahora será de seis o siete páginas, porque soy idiota y pasé mucho tiempo escribiendo ensayos y ahora se me dificulta un poco extenderme.
Los ama.- Persae. z(°3°)Z
