Amar a un extraño


Aclaración: los personajes son del grandioso grupo de Clamp, y la historia tampoco es mía, si no de Connie Mason, yo solo tengo el papel de adaptadora con el fin de poder entretenerlos un momento.


Summary:

Con una bala alojada en la espalda y una partida de vigilantes siguiéndole el rastro, Syaoran Li se esconde en el primer sitio que encuentra antes de perder el conocimiento: un destartalado rancho en medio de la nada. Cuando se despierta está siendo atendido por una hermosa mujer. Aunque siempre ha sabido que no se puede confiar en el género femenino, cuando aquel ángel castaño le propone un matrimonio de conveniencia —por un corto plazo de tiempo, a cambio de seguir ocultándole de sus perseguidores—, él sólo puede pensar en cómo hacerla suya para siempre.

Sakura Kinomoto necesita un marido… y lo necesita rápido. De otra manera perderá su rancho a manos de un malvado banquero. El desconocido que aparece en su sótano es como un regalo caído del cielo. Aunque Syaoran le asegura que seguirá su camino después de cumplir con su papel, Sakura siente un profundo deseo en su interior cada vez que la besa y se promete a sí misma que él no se irá a ningún lado sin que ella le acompañe.


Capítulo 10

Dry Gulch, Montana

Al ver a uno de sus vaqueros cabalgando hacia la casa, Takashi Li dejó caer el martillo y corrió a su encuentro.

—¿Qué ocurre, Bill? ¿Ha pasado algo en el pueblo?

—Los vigilantes han descubierto donde se oculta Syaoran. Salieron ayer por la noche hacia el rancho Circle K, cerca de Rolling Prairie, dispuestos a lincharlo. Si Touya Amamiya lo encuentra, su hermano no llegará aquí con vida.

Takashi se puso en movimiento de inmediato.

—Bill, reúne a los hombres. Yo buscaré a Eriol. Saldremos dentro de quince minutos.

—¿Qué vamos a hacer, jefe?

—Asegurarnos de que no le ahorcan.

Quince minutos después, doce hombres armados abandonaban el rancho Li con una expresión sombría y determinada en el rostro.

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Rancho Circle K

Sakura era incapaz de concentrarse, sólo podía pensar en las últimas palabras que Syaoran había dicho: «olvídate de mí». ¿Realmente creía que podría conseguirlo? Por su parte, él podía negar sus sentimientos todo lo que quisiera, pero en lo más profundo de su alma Sakura sabía que mentía. No la rechazaba a ella en sí, sino a la institución del matrimonio. Y, de todas maneras, nada de aquello tenía importancia, porque no pensaba quedarse de brazos cruzados sabiendo que era muy probable que Syaoran jamás llegara vivo a Dry Gulch.

Había ocasiones en las que la ley de los vigilantes servía a su propósito en un pueblo sin ley, pero lo más frecuente era que fuera cruel e indigna y que pusiera en ridículo a la justicia. Touya Amamiya parecía ser un hombre vengativo y, según Syaoran, tenía razones más que suficientes para odiarle. De hecho, le había parecido que su marido se había resignado a la idea de no llegar a Dry Gulch con vida, pero Sakura estaba determinada a que sí lo hiciera, y fue aquella determinación lo que le hizo enderezar la espalda y prepararse para partir.

Una hora después de que Syaoran y los vigilantes dejaran el rancho, Sakura salió tras ellos. De camino se detuvo en el rancho Culpepper y llegó a un acuerdo con sus vecinos para que el hijo mayor se ocupara del rancho en su ausencia.

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Syaoran vibraba de furia, pero decidió que eso, después de todo, no era tan malo. Necesitaba de aquella cólera para sobrevivir. No dejaría que le mataran sin luchar. No le cabía duda de que sus probabilidades de llegar a Dry Gulch con vida eran muy escasas, ya que estaba seguro de que Touya Amamiya sólo estaba esperando a encontrar el árbol adecuado para colgarle. Aunque le hubiera gustado despedirse de sus hermanos antes de reunirse con el Creador, no creía que fuera a disponer de esa oportunidad.

Su furia se hizo más intensa al pensar en lo injusta que era la vida. Sabía que Cora Lee Doolittle no tenía cabeza suficiente para idear aquel complot contra él, así que tenía que ser cosa de Hal. Sin embargo, según la carta de Takashi, la joven estaba realmente embarazada y ése no era un estado al que pudiera llegar sola, aunque no recordaba que Cora Lee hubiera sido cortejada por nadie. De acuerdo, era un lío horrible, pero no era culpa suya. Había acabado siendo un cabeza de turco, y todo porque Hal quería poder poner sus zarpas sobre el dinero de los Li.

Abandonó sus meditaciones cuando se dio cuenta de que Amamiya había dado orden de detenerse. Acababan de llegar a un río y querían dar de beber a los caballos; los hombres descabalgaron y saciaron su sed, dejando a Syaoran sobre la montura.

—¡Eh! Yo también quiero beber —dijo Syaoran.

Amamiya se volvió hacia él y le brindó una falsa sonrisa.

—¿Para qué? Si no vas a necesitar agua allí donde vas.

Syaoran ignoró la amenaza y pasó la pierna por encima de la silla para deslizarse hasta el suelo y, con las manos atadas a la espalda, caminar hasta el río, donde se arrodilló y bebió. Cuando hubo saciado la sed, se levantó torpemente y regresó junto al caballo.

—Necesitaré que alguien me desate o que me ayude a montar.

Uno de los vigilantes se acercó a él. Syaoran le reconoció; aquel hombre había sido su amigo. Se llamaba Jim Haskins, y se negó a mirar a Syaoran a la cara mientras le ayudaba.

—¿Tú tampoco me crees, Jim? —le preguntó en voz baja.

—Me da pena ver a Cora Lee con el vientre hinchado y sin marido —le dijo en tono consternado.

—No soy yo quien la dejó en ese estado.

—Cora Lee dice que sí. ¿Por qué iba a mentir?

A Syaoran no se le ocurrió ninguna respuesta. Las pruebas eran tan evidentes que no era fácil refutarlas.

—Todos los habitantes del pueblo conocen tu opinión sobre el matrimonio, pero ¿por qué la golpeaste?

—Te juro que yo no lo hice —aseguró Syaoran.

—Ya basta de cháchara —les advirtió Amamiya mientras apartaba a Jim de un empujón—. Li no se librará de esto, es tan culpable como el pecado.

—Oye, Amamiya, ¿no podemos descansar un rato? —preguntó uno de los hombres, conteniendo un bostezo—. Hemos cabalgado sin parar durante toda la noche. Casi no me sostengo en la silla, estoy a punto de caerme del caballo.

Amamiya pareció considerar la petición.

—De acuerdo, yo también estoy cansado, y me parece que el prisionero no está demasiado ansioso por reunirse con el Creador. —Escupió el tabaco que mascaba en la tierra polvorienta—. ¿Recordáis ese nogal junto al que pasamos anoche? Sus ramas parecían lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de un hombre del tamaño de Li. Descansaremos aquí una hora y, luego, nos dirigiremos hacia allí; así estaremos frescos para el linchamiento.

Jim Haskins palideció y se dio la vuelta para mirar a Amamiya.

—Jamás dijiste que fuéramos a lincharle. Hablaste de que le llevaríamos de vuelta al pueblo y le daríamos la oportunidad de casarse con Cora Lee.

—Pues he cambiado de idea —dijo Amamiya. Alzó la barbilla y entrecerró los ojos peligrosamente—. ¿Me estás desafiando?

—Seguro que alguien más está de acuerdo conmigo —dijo Jim.

Amamiya se volvió hacia sus hombres, lleno de furia.

—¿Qué decís, chicos? ¿Alguien no está de acuerdo en colgar a Li? —La mayoría estuvieron incondicionalmente de acuerdo con Amamiya. El resto se removió con inquietud y clavó la mirada en el suelo, incapaz de expresar su opinión.

—Entonces, está decidido —dijo Amamiya con una amplia sonrisa—. Descansad,chicos, os lo merecéis. La próxima parada será en el árbol, para ahorcarle.

Syaoran se dejó llevar por el desánimo. Parecía que ninguno de los vigilantes tenía suficiente sentido común para enfrentarse a Amamiya. Gracias a Dios, sus hermanos eran capaces de cuidarse solos; su padre les había enseñado valiosas lecciones de supervivencia y las habían asimilado bien.

Luego pensó en Sakura. Saber que no volvería a verla, que no sabría cómo le iba, hizo que le diera un vuelco el corazón. Se alegró de que no estuviera allí para presenciar su ejecución. ¿Llevaría luto por él?, se preguntó. Lo más probable es que ni siquiera llegara a enterarse de que había muerto. La intención de Syaoran siempre había sido poner fin a su matrimonio, pero no de esa manera. De repente se le ocurrió que, como su esposa, Sakura debería heredar su parte del rancho. No era cierto que pensara que ella le había traicionado, pero incluso aunque lo hubiera hecho, quería que contara con los medios necesarios para que Yue Tsukishiro no pudiera hacerle daño.

—Amamiya, quiero hablar contigo —anunció Syaoran en voz alta.

Amamiya se acercó a él pavoneándose, con una expresión petulante en la cara.

—¿Qué ocurre, Li? ¿Sabes qué? Colgarte va a ser un auténtico placer. Kaho debería haber sido mi esposa. Si se hubiera casado conmigo, no habría huido como lo hizo; siempre me he preguntado qué le habrías hecho para que huyera de esa manera.

—Olvídate de Kaho. Es agua pasada y no mueve molino.

—No para mí.

—Quiero escribir mi testamento —dijo Syaoran—. Entrégaselo a mi hermano Takashi después de qué... después de... —No podía decir las palabras.

Amamiya levantó el sombrero y clavó en él una mirada llena de curiosidad.

—¿Un testamento? ¿Para qué?

—¿A ti que te importa? Es mi última voluntad.

—De acuerdo —convino Amamiya a regañadientes—. ¿Llevas lápiz y papel?

—En el bolsillo del chaleco. Tendrás que desatarme.

—¡Eh, Haskins! Ven aquí y desata a Li mientras le apunto con el arma. Quiere escribir su testamento.

Jim se acercó para soltar las ataduras de Syaoran. Cuando estuvo libre, se frotó las muñecas para hacer que la sangre volviera a circular. Luego, metió la mano en el bolsillo y sacó el lápiz y el bloc que siempre llevaba encima y escribió durante varios minutos. Cuando terminó, arrancó la hoja y se la entregó a Jim.

—Házsela llegar a Takashi en cuanto lleguéis al pueblo.

Jim asintió con la cabeza y se metió el papel en el bolsillo.

—Vuelve a atarle —ordenó Amamiya. Jim obedeció dedicando a Syaoran una mirada avergonzada.

Una hora más tarde, los vigilantes levantaron campamento y se subieron a los caballos. Cada kilómetro que recorrían le acercaba un poco más al árbol donde terminarían sus días.

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Sakura cabalgó como si le persiguiera el propio diablo. Las terribles consecuencias de no llegar a tiempo serían demasiado dolorosas para pensar en ellas siquiera. Syaoran no podía morir; no le había salvado la vida para perderle ahora. Era demasiado vital, le gustaba demasiado vivir para acabar sus días de esa manera innoble. Incluso aunque no la quisiera, no podría hacer frente a su conciencia si no intentaba salvarle de nuevo.

Sakura no tenía ni idea de cómo actuaría cuando alcanzara a los vigilantes, pero estaba dispuesta a cualquier cosa para evitar que le lincharan.

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—Ya hemos llegado —anunció Amamiya a gritos cuando divisó el árbol a un lado del camino. Detuvo el caballo justo al lado del nogal y sus hombres le imitaron—. ¿Quién tiene una soga?

—¡Yo! —dijo alguien, dándosela a Amamiya.

—Esto no está bien —dijo Jim Haskins, situando su caballo entre Syaoran y Amamiya—. ¿Qué clase de ley permite que se cuelgue a un hombre sin un juicio imparcial?

Amamiya curvó los labios en una sonrisa burlona.

—La ley de los vigilantes. Apártate, Haskins, a menos que quieras acompañar a Li. Hay sitio suficiente para los dos.

—Lo siento, Syaoran —dijo Jim, retrocediendo—. Lo he intentado.

—No importa, Jim. Amamiya me guarda rencor desde hace mucho tiempo y era imposible que consiguieras algo. Diles a mis hermanos que siento que todo haya terminado así y no te olvides de llevarles mi testamento.

Jim asintió con la cabeza, demasiado conmocionado para hablar.

Le dio la espalda al grupo y comenzó a galopar por el camino. No pensaba ser cómplice en aquella parodia de justicia. Después de hablar con Syaoran, estaba convencido de que era inocente. Y, aunque no lo fuera, aquélla era una pena demasiado severa para ese delito. Todo eso traería consecuencias, los hermanos Li querrían venganza.

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Un poco más adelante, Jim Haskins se tropezó con los hombres del rancho Li. Se detuvo en seco, al reconocer, lleno de alivio, a Takashi y a Eriol.

—Tenéis que daros prisa, están a punto de colgar a Syaoran.

A Takashi se le heló la sangre en las venas.

—¿Dónde?

—No muy lejos. Seguid el camino, a un par de kilómetros.

No le respondieron, pusieron sus caballos a galope tendido en la dirección que les había indicando, dejando a Haskins envuelto en una nube de polvo.

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A Sakura le pareció entrar de lleno en una escena robada de su peor pesadilla que recordaría durante el resto de su vida: Syaoran, inmóvil, observaba cómo Touya Amamiya le colocaba una soga alrededor del cuello. Sakura se sintió furiosa y asustada a la vez cuando vio que Amamiya lanzaba la cuerda sobre una rama del árbol y ordenaba a sus hombres que cogieran el cabo. La joven sacó rápidamente el rifle de su funda en la silla y disparó al aire justo cuando los hombres se arremolinaban alrededor del nogal.

—¡Alto! No pueden ahorcarle. Va contra la ley.

Siguió disparando sin apuntar, consiguiendo que los vigilantes se pusieran a cubierto. Antes de que pudieran reaccionar, le quitó la soga a Syaoran y la tiró al suelo, entonces cogió bruscamente las riendas del caballo de su marido. El plan era que los dos salieran de allí sin sufrir ningún daño, pero se dio cuenta de que no había pensado en qué hacer a continuación. De hecho, casi perdió el valor cuando se percató de las pocas posibilidades de éxito que tenían. Aún así, valiente hasta la médula, lo intentó de todas maneras.

Por desgracia, no lo consiguió. Amamiya, secundado por media docena de hombres, la atrapó antes de que pudiera escapar.

—Pequeña idiota —masculló Syaoran con desaliento—. ¿Por qué has venido? Ahora sí que has complicado las cosas.

Syaoran no había sabido lo que era sentir pánico de verdad hasta que vio a Sakura galopando como una loca, disparando al aire y gritando. Ninguna otra mujer intentaría tal locura. Lo único que iba a lograr era ponerse en peligro y él no tenía posibilidades de ayudarla.

—Mirad a quién tenemos aquí, chicos —dijo Amamiya, observando a Sakura con lascivia—. Es la pequeña ramera de Li. Ya le echa de menos. ¿No es una pena? Chicos, ¿por qué no le damos lo que desea?

Sakura le miró con serenidad.

—¿Qué clase de vigilante es usted? Se supone que tiene que mantener el orden público, no usar la ley para su provecho.

—Nosotros tenemos nuestra propia ley, ¿verdad, chicos? —La cogió por la pierna y la bajó con brusquedad del caballo. Ella aterrizó sobre el trasero, a los pies de Amamiya, y él la levantó sin dejar de reírse.

—¡Suéltala! —gritó Syaoran con la voz ronca por el miedo. Forcejeó con sus ataduras, pero no consiguió nada—. Cuélgame si eso es lo que quieres, pero déjala a ella en paz.

Sakura se volvió hacia él.

—¡No voy a irme a ningún sitio, Syaoran! No voy a permitirles que te hagan nada.

—¿Cómo pretende impedirlo, señora? —Amamiya sonrió burlonamente—. ¿Tiene algo que ofrecer a cambio de la vida de Li?

Sakura estaba demasiado perturbada para captar el significado de las palabras de Amamiya.

—¿Qué es lo que quiere? ¿Dinero? Estoy segura de que los hermanos de Syaoran le pagarán lo que pida. Ponga un precio.

Syaoran gimió consternado.

—Sakura, lo que quieren es...

—Cállate, Li. Deja que la señorita se exprese por sí misma. Esto se pone cada vez más interesante. —Se volvió hacia Sakura—. ¿Y si el precio que exijo es su cuerpo? ¿Se abrirá de piernas para nosotros?

Sakura se puso pálida de repente al comprender sus intenciones.

—¿Qué? No puede ser. No es posible...

Amamiya se encogió de hombros.

—Es decisión suya, señora. —Se volvió hacia sus compañeros—. Volved a coger la soga.

—¡No, espere! Necesito pensarlo un momento.

—¡Por el amor de Dios, Sakura! ¡No hay nada que pensar! —gritó Syaoran completamente horrorizado—. Súbete al caballo y lárgate de aquí.

—¿Y dejar que te cuelguen? No... puedo.

Amamiya sonrió de oreja a oreja.

—Ya me figuraba yo que aceptaría. —La asió del brazo y la arrastró con él hacia un matorral de densos arbustos—. Cumpla el trato, señora, y puede que consiga que me lo piense.

Una sensación de angustia como no había sentido antes inundó a Syaoran.

—¡No lo hagas, Sakura! Me matará de todas maneras y es probable que a ti también.

Las cosas ocurrían con tanta rapidez, que Sakura no podía respirar y apenas podía pensar. Clavó los talones en el suelo, pero Amamiya siguió tirando de ella. Cuando llegaron a los arbustos, la tiró al suelo y se dejó caer encima.

—¡Un momento! Prométame que no colgará a Syaoran si le dejo... —Oh, Santo Dios, ¿cómo iba a hacerlo si ni siquiera podía decirlo?

—¿Qué le hace pensar que negociaré con usted? La tomaré de todas maneras. No podrá impedir que cuelgue a Li ni que la posea aquí mismo, pero ha sido divertido jugar con usted y dejar que pensara que podría influir en mi decisión.

Amamiya llevó las manos a la cinturilla de los pantalones de la joven y se los bajó hasta los muslos. Sakura comenzó a gritar cuando le sujetó las muñecas y, aunque él le ordenó que dejara de chillar, ella siguió luchando hasta que acertó con la punta de la bota en un lugar vulnerable. El vigilante emitió una maldición y la soltó. Ella se levantó de un salto e intentó escapar, pero él le agarró la pierna, arrastrándola de nuevo.

Syaoran oyó gritar a Sakura y se dejó caer del caballo. Casi había llegado a los arbustos cuando lo atraparon desde atrás y le tiraron al suelo. Una aterradora imagen de Touya Amamiya profanando el frágil cuerpo de Sakura hizo que ardiera en deseos de matarle; de hecho, si tuviera un arma a mano, dispararía a todos aquellos malditos bastardos sin sentir ningún tipo de remordimiento.

Entonces ocurrió el milagro.

Syaoran vio que más de una docena de hombres cabalgaban a toda velocidad hacia ellos. Los vigilantes estaban demasiado sorprendidos para hacer nada más que mirar cómo se acercaban aquellos jinetes armados y dispuestos a abrir fuego.

Syaoran casi lloró de alivio al reconocer a sus hermanos y a los vaqueros del rancho Li. Pero saludarlos era lo último que tenía en la mente cuando se levantó con piernas inestables y se acercó a los arbustos. Alcanzó el lugar por donde Amamiya y Sakura habían desaparecido justo a tiempo de ver aparecer a Amamiya cojeando y sujetándose la entrepierna.

El vigilante vio a los hermanos Li y soltó una maldición.

—¿Qué demonios se os ha perdido aquí?

—Hemos venido a impedir un linchamiento —dijo Eriol sin andarse con rodeos.

—Somos los representantes de la ley en esta zona —señaló Amamiya.

—Será el juez quién decida la sentencia —gruñó Takashi.

—¡Por el amor de Dios, desátame! —ordenó Syaoran a su hermano—. No sé lo que le ha hecho a Sakura. Puede que la haya herido o...

Takashi liberó a Syaoran con una navaja, pero antes de que Syaoran pudiera dar un paso, Sakura salió gateando de entre los arbustos. Él corrió hacia ella a toda velocidad, tomándola entre sus brazos y apretándola contra su cuerpo.

—¿Te ha hecho daño? Mataré a ese bastardo.

Sakura negó con la cabeza, incapaz de pronunciar una palabra y estremeciéndose por lo que acababa de pasar. Había sido una ingenua al pensar que podría detener a esos crueles hombres, pero había valido la pena correr el riesgo si con ello salvaba la vida de Syaoran.

—No la he tocado, Li —dijo Amamiya—. Pero incluso aunque lo hubiera hecho, tú no podrías hacer nada al respecto. Todavía estás preso. Que tus hermanos hayan impedido que te colguemos ahora, no quiere decir que no vaya a suceder finalmente; aunque ahora será el viejo juez Walters quién decida.

Un amigo de Hal Doolittle se detuvo ante Syaoran y le escupió a la cara.

—Sedujiste a la hermana de mi amigo, la dejaste embarazada y luego intentaste matarla a golpes. Pagarás por lo que has hecho, Li.

Amamiya sabía que ahora sería imposible linchar a Li. Tendría que llevarlo al pueblo y mantenerle encerrado hasta que apareciera el juez. Pero en el pueblo podría ocurrir cualquier cosa, pensó Amamiya con astucia. Los habitantes de Dry Gulch estaban lo suficientemente irritados como para asaltar la cárcel y linchar al detenido ellos mismos, y él no pensaba detenerles. Pero por otro lado, Hal Doolitde podría insistir en que Li se casara con su hermana y todo acabaría allí. Una puñetera pena.

Takashi miró a Syaoran fijamente, desconcertado por lo que estaba viendo. Su hermano jamás se había preocupado así por ninguna mujer; ésa debía de importarle de verdad.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó, muerto de curiosidad—. ¿Quién es esta mujer?

—Suéltame, Syaoran. No me caeré.

Él se apartó a regañadientes. Sakura se sostuvo en su brazo durante un momento, mientras se recomponía para conocer a los hermanos de Syaoran. Eriol también se acercó a ellos.

—Takashi, Eriol —dijo Syaoran con solemnidad—, ésta es mi mujer, Sakura. Sakura, son mis hermanos menores, Takashi y Eriol.

Sakura les tendió la mano.

—Syaoran me ha hablado mucho de vosotros. Gracias a Dios habéis llegado justo a tiempo. Unos minutos más y... —Se estremeció.

—¡Tu mujer! —exclamaron al unísono Takashi y Eriol. Finalmente, recordaron sus modales y, primero Takashi y luego Eriol, estrecharon la mano de Sakura.

—¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué...? —exclamó Takashi muy aturdido.

—Es una larga historia —dijo Syaoran.

—¿Casado? ¿Te has casado? —Ahora era Amamiya quién parecía haberse quedado tan atónito como Takashi y Eriol—. A Cora Lee y a Hal no les va a gustar nada esto. Hal ya está planeando pedir un préstamo contigo de aval como marido de Cora Lee. — Negó con la cabeza—. No creo que le guste a nadie este giro de los acontecimientos. Deberíais habernos dejado ahorcarle y acabar con todo de una vez por todas.

—Nadie va a ahorcar a mi hermano —anunció Takashi con voz autoritaria—. Será el juez quien dicte sentencia. Después de presentar las pruebas existentes, ningún juez le declarará culpable. —Ni siquiera él se creía sus palabras, pero guardó aquellas reservas para sí mismo.

—Vámonos. No pensamos perderos de vista. No le ocurrirá nada a mi hermano mientras estemos aquí para impedirlo.

Eriol le dio un codazo a Syaoran y señaló a Sakura.

—¿Qué hacemos con ella?

—Sakura se vuelve al Circle K —dijo Syaoran en un tono que no admitía discusión.

—¡Ni hablar! —dijo ella, alzando la barbilla con terquedad—. Pienso apoyarte hasta el final.

—Ya no puedes hacer nada más —continuó Syaoran— ¿Qué ocurre con tu rancho? Allí te necesitan.

—He contratado al chico de los Culpepper para que se ocupe de todo hasta que regrese Cully con los hombres.

—Es preferible que vuelvas a tu casa. Has puesto en peligro tu vida al seguirme. ¿Te das cuenta de lo que ha estado a punto de pasar? Amamiya y sus hombres te hubieran violado sin darle la mayor importancia. No hay manera legal de impedir que hagan lo que quieran.

Takashi escuchó el diálogo entre Syaoran y su esposa y no supo qué pensar. La idea de que Syaoran estuviera casado era abrumadora ya de por sí. Se moría de impaciencia por saber cómo un hombre que odiaba el matrimonio con todas sus fuerzas había acabado casado.

—No te preocupes por Sakura, Syaoran. Si quiere venir a Dry Gulch, Eriol y yo nos ocuparemos de que no sufra ningún daño.

—Gracias —dijo Syaoran secamente. No tenía ninguna posibilidad de disuadir a Sakura de que fuera con él a Dry Gulch si sus hermanos parecían tan dispuestos a que les acompañara.

—Entonces, estamos de acuerdo —dijo Sakura con aire satisfecho—. No te desharás de mí tan fácilmente, Syaoran Li; no hasta que se resuelva todo este lío y limpiemos tu nombre. Ayudaré a tus hermanos a encontrar al hombre responsable del estado de Cora Lee.

Syaoran le lanzó una mirada llena de cólera; de repente recordó las palabras de Tsukishiro.

—¿Por qué estás tan empeñada en liberarme después de todo lo que le has contado a Tsukishiro sobre mí?

La expresión de Sakura fue de absoluta sorpresa.

—¡No puedes creer eso!

Syaoran sabía que Sakura no era la responsable de su captura, sobre todo después de ver la manera en que había arriesgado la vida para salvarle, pero quería que regresara al Circle K, donde estaría a salvo. No tenía intención de arrastrarla en su desgracia.

Amamiya se acercó a Syaoran con una cuerda en las manos; parecía tener la clara intención de atarle las manos.

—No es necesario atarme, Amamiya, no voy a escapar —dijo Syaoran—. Estoy tan ansioso como tú de encontrar al responsable de los problemas de Cora Lee.

—Yo ya he encontrado a ese hombre —se burló Amamiya. Pero dejó que Syaoran mantuviera las manos libres. Teniendo a su alrededor a los hermanos Li y a los vaqueros de su rancho, no le quedó más remedio que renunciar a sus deseos.

Sakura meditó durante un buen rato sobre las crueles palabras de Syaoran mientras cabalgaba a su lado. No sabía por qué él pensaba que le había traicionado. ¿La consideraría realmente capaz de tal traición después de haber hecho el amor con él?

Era cierto que le había amenazado con ello, pero se trataba de un farol. Aquellas acusaciones le habían dolido mucho, aunque intentó ignorar el malestar. Syaoran estaba sometido a mucha presión y había estado a punto de ser linchado de una manera injusta; ella se estremecía sólo de pensarlo.

—¿Te encuentras bien, Sakura? —preguntó Takashi, acercando el caballo a su lado.

—Sí, Takashi. Pero estoy preocupada por ese obstinado hermano tuyo.

Takashi se rió entre dientes.

—Syaoran es terco como una mula. —Le lanzó una dura mirada—. Me muero de curiosidad por conocer los detalles de vuestra boda. Syaoran no es... Quiero decir que...

—Prefiero que sea Syaoran quién te explique todo. —Sakura sabía que los hechos la condenaban, pero prefería que los hermanos Li oyeran su versión después de haber escuchado la de Syaoran.

Se detuvieron a pasar la noche cuando ya había anochecido por completo.

Tomaron cecina y galletas secas, y a Sakura, perdida en sus pensamientos, no le supieron a nada. A Syaoran no le permitieron acercarse a ellos, y Amamiya llegó a poner un guardia para asegurarse de que el cowboy no trataba de escapar por la noche con la ayuda de sus hombres.

Sakura se envolvió en una manta e intentó dormir. Cerró los ojos, pero la imagen de Syaoran haciéndole el amor, compartiendo con ella el más íntimo de los actos, parpadeaba en su mente. Entonces la había amado con una ternura tan evidente, que encontraba difícil no creer que su afecto no fuera genuino aunque, evidentemente, no lo había sido. Mientras la besaba y la acariciaba, pensaba lo peor de ella. Cada vez que derramaba su semilla en su interior, odiaba aquel matrimonio. Y, a pesar de saber todo eso, Sakura se había enamorado de él.

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Levantaron el campamento al amanecer. Sakura no había sido capaz de pegar ojo y se sentía tan mal como aparentaba; se preguntó si Syaoran estaría en las mismas condiciones. Buscó sus ojos, pero él esquivó su mirada, demostrándole lo que ella ya sabía: que estaba enfadado por haberse negado a regresar al Circle K; pero no le importaba. Al menos estaba vivo. Si ella no hubiera llegado cuando lo hizo, ya estaría muerto; sus hermanos habrían llegado demasiado tarde para salvarle.

Syaoran quería mirar a Sakura, pero no se atrevía. No sabía cómo acabaría todo aquello, y no quería que ella presenciara su ejecución. Tenía claro que si Touya Amamiya se salía con la suya, él no viviría para subirse al estrado. Además, el viejo juez Walters era conocido en todo el territorio como el Juez de la Horca. Se preguntó qué posibilidades tenía de obtener un juicio imparcial. Si no estuviera ya casado, la salida más fácil hubiera sido casarse con Cora Lee, algo que habría encantado a Hal Doolittle.

Pero aunque ésa ya no era una opción, no lo habría hecho bajo ninguna circunstancia. Syaoran podía ver la mano sibilina de Hal detrás de todo aquello. Doolittle necesitaba dinero desesperadamente y Syaoran lo tenía. Se preguntó quién habría dejado embarazada a Cora Lee; en el momento en que lo supiera, encajarían todas las piezas.

El grupo entró al galope en Dry Gulch cuando el sol estaba en lo alto. Algunas personas salieron de las tiendas y las casas para mirarlos. Cuando llegaron al pequeño cobertizo que hacía las veces de cárcel, les seguía una multitud, entre la que se encontraba Hal Doolittle, que caminó pavoneándose hasta Syaoran.

—¡Li, has convertido a mi hermana en una fulana! —le gritó, lanzándole a la cara su fétido aliento de borracho—. Ha llegado el momento de que aceptes tu responsabilidad y te cases con ella.

—No soy el hombre que buscas, Doolittle —sostuvo Syaoran.

Hal entrecerró los ojos.

—Como no confieses tus crímenes y hagas lo correcto con ella, te lincharemos.

—Cállate, Hal —advirtió Amamiya—. Tengo malas noticias para ti.

Hal le lanzó una hosca mirada.

—¿Qué quieres decir?

—Syaoran Li ya está casado. —Señaló a Sakura—. Esa dama es su esposa.

Hal enrojeció de ira. Al enterarse del embarazo de Cora Lee se había puesto furioso, pero a pesar de aquellas adversas circunstancias se le había ocurrido una idea genial, una que estaba seguro de que funcionaría. Cora Lee conseguiría un marido y él tendría acceso ilimitado al dinero de los Li. No le gustaba nada que sus planes se hubieran visto frustrados.

Los Li pagarían por ello, y pagarían bien.

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Continued…


Notas: Buenos Días/Tardes/Noches (dependiendo en que momento estén leyendo esto)! ¿Que les pareció? A mi en lo personal me gusto ya que en este capitulo Sakura esta admitiendo que esta enamorada de Syaoran, ahora solo falta que Syaoran admita sus sentimientos, aunque la verdad eso lo veo difícil.

Ahora, pasando a otro tema, quiero agradecer a theMagnoliaNet, por haberme escrito en un review que en octavo y sexto capitulo aparecía un tal Pierce. Lo mas seguro es que hubo mas personas que se dieron cuenta de eso y también creo que se percataron de quien es el tal Pierce, y para los que no, pues es Syaoran, por decirlo de alguna manera, en la versión original de esta historia.

Como no cuento con mucho tiempo, seré breve en los agradecimientos. ¡Gracias a los que me dejan review y agregan a favoritos o alertas!

¡Saludos & Cuídense!