El coche de la súcubo sale de la ciudad cuando comienza a hacerse de noche, y se adentra por unos caminos que llevan al bosque. Durante todo el camino la humana no hace más que quejarse.
- Solo digo que no me parece una buena idea. No hay necesidad de venir de noche a ver a un fae desconocido en medio de la nada – la morena que conduce suspira al oír sus quejas por séptima vez en todo el trayecto.
- Kenzi, ya te lo he dicho. Mañana puede ser tarde, seguro que está herida y sola en algún lugar de esta ciudad – la humana mira a su amiga cuando oye sus palabras.
- Bo, honestamente ¿te crees lo que estás diciendo? ¡Es Aife! No va a estar herida eso seguro, en cuanto se alejó lo suficiente de Tricki seguro que encontró a alguien con quien satisfacer sus necesidades. Y con respecto a lo de que está sola… ¿Cuándo no lo ha estado? Es una mujer solitaria cariño. Sabe cuidarse ella sola.
La fae no contesta a la reflexión de su amiga, aumenta la velocidad y pega un frenazo en cuanto llegan a su destino. Kenzi sale disparada pero esta vez la frena el cinturón.
- ¡Tía! Deja de hacer eso, algún día vas a hacer que salga disparada por la luna delantera – se desabrocha el cinturón y sale del coche con precaución. Mira a su alrededor aún pegada al vehículo– no me gusta para nada este sitio Boviciosa. Bo ¿me oyes? Bo – se gira para buscarla pero no la ve – Bo no tiene ninguna gracia. Aparece ya – comienza a asustarse. Se gira sobre si misma intentado encontrar a su amiga – ¡Bo! Lo digo en serio – de repente una mano agarra su brazo, la humana grita y le pega una patada. La súcubo grita y cae al suelo – ¡Bobo! – la agarra del brazo y la levanta. Cuando está de pie le pega un puñetazo en el hombro – no vuelvas a darme esos sustos.
- Perdona, pensé que necesitas relajarte un poco. Deberías haber visto tu cara – se ríe, Kenzi la mira seria - Vamos es por allí – la coge del brazo y tira de ella en dirección a la casa.
- ¿Relajarme? ¡Casi me da un infarto Bo! – se paran enfrente de una casa de madera antigua. Llama a la puerta, cuando lo hace esta se abre sola con un chirrido. La súcubo entra junto con la humana con precaución, a cada paso la madera cruje – Hola ¿hay alguien ahí? Queríamos pedirle ayuda. Esto… es importante.
La puerta se cierra de golpe lo que hace que ambas peguen un salto, las luces se encienden de repente. Hay un hombre frente a ellas, observándolas. La súcubo habla.
- Hola, Trick nos dijo que podrías ayudarnos a encontrar a una mujer – se acerca poco a poco lentamente – a través de su sangre – el fae las observa en silencio, extiende sus brazos esperando el objeto. Ambas se miran, Bo saca la daga aún envuelta en plástico y se la da. Comienza a desliarla con cuidado – la fae que busco… - duda si debe decir su nombre o no - se llama Aife – el hombre deja caer la daga antes de sacarla de la bolsa, niega con la cabeza y sale corriendo.
La súcubo mira a la humana extrañada que se encoge de hombros, sale corriendo detrás de él. La morena coge el cuchillo del suelo y los sigue. Llegan a un descampado, el fae se para y habla.
-Es un lugar sagrado para faes, los humanos no pueden pisarlo. Solo tú – señala a la súcubo. La fae mira a Kenzi y se adentra en el descampado. Lo sigue hasta una especie de capilla, se sienta y la observa en silencio - ¿por qué quieres encontrar a esa mujer? Ella… ella es mala. Intentó iniciar una guerra entra bandos.
- Ella es mi madre, así que vas a ayudarme a encontrarla tanto si te gusta como si no – se levanta y va corriendo a por la daga. La humana en cuanto la ve intenta ir con ella, le cuesta unos diez minutos convencerla de que no. Vuelve junto al fae y le entrega la daga - ¿puedes saber el sitio exacto dónde está? ¿una dirección? ¿qué?
- No puedo saber el sitio con exactitud, solo puedo decirte lo que veo cerca de dónde ella está o lo que veo a su alrededor – el hombre coge el cuchillo entre sus manos, lo acerca y huele la sangre. Cierra los ojos intentando ver dónde se encuentra la otra súcubo – está dentro de la ciudad. Veo… veo un edificio alto, parecen unas oficinas pero ella no está allí. Hay hombres y mujeres posando, fotos por todas partes – la fae lo mira con atención, inmediatamente piensa en la Morrigan.
- ¿Qué más ve?¿está encerrada en algún sitio? ¿está herida? ¿Ve a la Morrigan? – la súcubo no para de hacer preguntas mientras el fae sigue en sus pensamientos.
- No, no está herida. Ella… - intenta ver más – ella está bien, no está herida. Veo una cama, una puerta cerrada con cerrojos y a dos mujeres en la habitación. Una de ellas es tu madre.
- ¿Y la otra? ¿Es Evony? – la súcubo interrumpe bruscamente, el fae niega con la cabeza.
- No consigo verlo. La comunicación se ha roto. Te he dicho todo lo que te podía decir.
La súcubo se levanta, le quita la daga y se dispone a salir corriendo. Para, se gira y le lanza un saco lleno de monedas de plata. Se da la vuelta y corre de nuevo. Llega a dónde está Kenzi.
- Sí que habéis tardado ¿qué estabais jugando al mus?
- Kenzi, mi madre está encerrada en algún lugar del edificio de Evony, tenemos que encontrarla - no añade nada más y comienza a andar hacia el coche.
- Estás bromeando ¿no? ¿de verdad pretendes que vayamos al edificio de la Morrigan después de que intentara matarte? Bo… sabes que en el fondo de mi corazón quiero a tu madre y quiero que la encuentres pero no creo que debamos jugarnos la vida por ella – la fae se para en seco, y eso hace que Kenzi se choque con ella.
- Ella dio su vida por mí. Dos veces, no puedo dejarla allí Kenzi. Ella me protegió y ahora yo tengo que protegerla a ella. Y no te preocupes por encontrarnos a Evony. Vamos a ir ahora.
La súcubo continua andando como si nada, llega al coche y entra. La humana la imita.
- ¿Cómo qué ahora? ¿Sabes que es de noche, que probablemente tendrá guardias?
- Es el mejor momento. Voy a hacerlo con tu ayuda o sin ella, así que como prefieras – la humana suspira y se abrocha el cinturón.
- Sé que me arrepentiré de esto, pero no pienso dejarte sola. Así que adelante.
La fae arranca el coche y se dirigen de vuelta a la ciudad, con dirección al edificio de La Morrigan.
Dyson y Hale juegan al billar en el Dal, la puerta se abre. Una mujer rubia entra corriendo y se abalanza sobre el lobo dándole un abrazo.
- ¡Hola! Os he echado de menos – la chica rubia sonríe, se separa del lobo y abraza al sireno. He estado llamando a mi pequeña mami ladrona pero no tiene cobertura. ¿Sabéis dónde está?
El lobo mira al otro fae dudando si debería decírselo o no.
- Verás… ella ha ido con Bo a buscar a su madre, Aife. No sé cuándo volverán pero seguro que no tardarán en hacerlo. Un fae les dirá dónde está e irán a por ella – la chica rubia los mira con los ojos abiertos.
- ¿A Aife? Ese nombre… lo he oído antes – la fae intenta recordar, coge la botella de vodka que hay encima de la mesa y bebe. De repente recuerda, y lo que viene a su mente hace que se le caiga la botella – ellos la cogieron, la llevaron al despacho. Aife está aliada con Morrigan.
