Hola. Perdón por tardar tanto. Esta vez es porque me costó describir el nivel que sigue.

¡Gracias por sus reviews!

chreisthewolf07: sí, está buena la frase aunque en español dijeron cualquier cosa. Qué bueno que te hizo reír.

Crystalchan2D: a mí también me gusta y por eso lo cambié un poco. Qué bueno que te guste.

Yuna-Tidus-Love: qué bueno que te gustó. Creo que falta para averiguarlo.

Qué bueno que ustedes tres me sigan y por eso quiero continuar la historia lo antes posible.

¡Gracias por leer!


CAPÍTULO 10

PELIGRO EN LAS ALTURAS

Dejando atrás al misterioso Fake Crash, Coco y Aku Aku siguieron con su búsqueda en medio del océano. El encuentro con dicho bandicut, secuaz del doctor Brio, les planteó a ellos dos más interrogantes aunque ahora debían concentrarse en encontrar las piedras de energía. Ambos no podían avanzar mucho ya que cada dos por tres había bombas en el agua y resultaba todo un desafío para la pobre chica el poder eludirlos.

Pese a esto, había lugares en donde no había peligro y la rubia se distraía imaginándose descansando en una de esas islas donde había algunos cerros y verdes pastos. Ella no estaba segura de lo que veía ya que podía ser por causa de tanto sol en su cabeza, pero había en la cima de una de estas elevaciones algo brillante. La bandicut miraba aquello con detenimiento hasta que concluyó a que eso era una gema o sólo un simple espejismo. Cuando su guardián le pidió que se acercara a la orilla, ella pensaba en dos opciones.

—¿Qué sucede? —preguntó la niña mientras obedecía a la máscara mágica—. ¿Acaso lo que vi era una gema o realmente necesito descansar un poco?

—Así es, Coco —respondió simplemente—. Vamos por la gema clara.

La anaranjada caminaba con cierta torpeza, al permanecer tanto tiempo sentada, por el suelo arenoso de la isla. Marchar cuesta arriba fue complicado para la asoleada chica que se sentía como si estuviera en un desierto, hasta que finalmente logró llegar a la cima. Pese al cansancio, obtener la piedra fue un estímulo para seguir con el viaje con un poco más de ánimos y, estos mejoraron aún más cuando el médico brujo dio un tiempo para descansar.

Al terminar esto último, la búsqueda estaba llevando su tiempo y ella ya comenzaba a cansarse de viajar sobre su moto de agua y de exponerse a los fuertes rayos solares. Los obstáculos que antes se enfrentaron volvían con más complejidad, así que ella debía estar bien despierta. Aparte de esto, en medio de un sector donde se asemejaba a un río, había un estante metálico y, sobre este, un asistente de laboratorio con sombrero de pirata. Al acercarse más (ya que los buscadores no tenían otra alternativa más que seguir por allí), este robot desplegó una larga cadena con un ancla al final de la misma.

Con dicha arma, el autómata de camisa con rayas blancas y rojas, comenzó a rotar y Coco sólo tenía unas pocas oportunidades para pasar sin tener que quedar atrapada. Ella esperó y, a toda velocidad, consiguió escapar de este enemigo. Sin embargo, durante el escape, la chica por poco atropella a un tiburón blanco, quien posiblemente tomaría venganza si eso sucediera. Después del susto, ambos pudieron continuar con su viaje con un poco más de calma.

La travesía continuaba con los mismos peligros pero sin rastro del cristal, y la situación empeoraba cuando el ambiente comenzó a dar paso al atardecer. Lo peor no sólo era el hecho de que estaba anocheciendo y no contaban con otro tipo de luz, sino que un volcán cercano a la zona empezaba a activarse. El tiempo parecía acelerarse para esta montaña ya que emanaba con gran rapidez una cantidad abismal de lava, la cual comenzaba a formar una especie de ríos. Esto representaba un peligro por partida doble: además que de por sí este material ardiente tenía sus riesgos, el volcán escupía rocas envueltas en llamas.

Así que no sólo Coco y Aku Aku se tomaban el trabajo de escapar de peligros que estaban sobre la superficie del agua, sino también ellos debían estar atentos a la lluvia de dichas piedras. Ambos seguían adelante por mucho tiempo más y la joven bandicut llegó a pensar que aquellas bombas tenían mente propia cuando estas se acercaban sin razón hacia ella. Por suerte, la chica reaccionaba rápido y lograba escapar a tiempo. Sin embargo, la oscuridad avanzaba y los explosivos flotantes fácilmente se camuflaban entre el agua sombría de no ser por su clara estampa de calavera.

—Allí está el cristal, Coco —anunció Aku Aku y los dos fueron dirigiéndose hacia el volcán.

—Pero no puedo acercarme tanto. Tendrás que ir tú por él —respondió la anaranjada con cierto temor al ver que dicha piedra rosada se encontraba sobre un sector de tierra rodeada por ríos de lava.

Fue así que la máscara de madera se encaminó hacia el cristal, flotando sobre el mar y luego la lava. Cuando él pudo acercarse lo suficiente, consiguió resguardar a la fuente de energía y regresó al lado de la bandicut. Una sonrisa apareció en el rostro de la chica, ya que por fin la misión en esa zona ya estaba completa. Ahora sólo resta encontrar el portal y reunir al equipo. Luego de contactar con el tigrecito, Coco encendió su moto de agua y reemprendió el viaje sin cambiar la expresión de su rostro.

En esta ocasión, ella era quien guiaba y luego de sortear por varias dificultades más en el camino, ambos pudieron dar con el acceso a la sala principal del Time Twister. Al ser tele-transportados, el vehículo de la chica sufrió unos raspones debido al aparecer de repente sobre superficie sólida. Por el escándalo, Crash, Polar y Pura se alarmaron pero, al mismo tiempo, se alegraron al ver de nuevo a sus amigos. Ambas partes se liberaron de sus preocupaciones al saber que todos se encontraban bien.

—¡Crash! —gritó la chica, quien fue corriendo a abrazar a su hermano. Por su parte, él correspondió pese a que su hermana estaba un poco mojada todavía.

Los hermanos se mantuvieron así hasta que el felino los interrumpió, de buena manera, ofreciéndole una toalla a la rubia. Mientras que ella se quitaba el agua salada, el chico de ojos verdes fue hacia el hechicero para "conversar" sobre la siguiente búsqueda. De por sí ellos se sentían listos para seguir adelante a pesar de que aún tenían secuelas de sus viajes anteriores. Luego de un momento, Crash, Aku Aku y Polar se encaminaron hacia la plataforma trasportadora para iniciar una nueva aventura.

Cuando el bandicut sonrió y levantó el pulgar, su hermana accionó la máquina y los tres desaparecieron de su vista. Antes de que ellos abrieran sus ojos para saber dónde estaban, lo primero que sintieron fue un calor aplastante. En sí, las altas temperaturas no afectaban tanto (porque ellos vivían en una zona tropical), pero fue preocupante el hecho de que aparecieron en medio de una ciudad. Como estaban acostumbrados a la selva y al aislamiento, ver gran cantidad de casas y edificios altos fue algo que les impresionó; aún más que en el Imperio Romano.

En esta ocasión, la distancia entre casa y casa era muy poca y tan sólo había un estrecho camino a modo de calle. Lo que más llamó la atención fue que todo el ambiente (los edificios, las calles, los adornos) tenía color arena. Luego de observar todo esto, los tres decidieron que ya era tiempo para dar marcha a la búsqueda y fue así que los chicos esperaron las indicaciones del guía Aku Aku. Después de colocarse en varios lugares, como perro olfateando el rastro, el guardián ya tenía un indicio.

—Hay que ir hacia arriba; sobre los techos, precisamente —anunció e indicó un sendero.

Todo era confusión en las cabezas de los chicos y más aún cuando la máscara los llevó por un callejón sin salida. Ambos se molestaron con el ser de madera hasta que este señaló una forma de subir: unas grandes alfombras a los costados del camino sirvieron como trampolines. Al principio, al anaranjado le había costado un poco subir pero, gracias a su agilidad, él logró llegar al techo. Luego era turno del blanquecino, quien le fue peor por trasladarse en cuatro patas aunque, después de mucho intentar, consiguió llegar a la cima.

Una vez que la respiración de los chicos volvió a la normalidad, los tres iniciaron la marcha y al poco tiempo debían cruzar por puente de madera. Esto no tenía nada de peligroso hasta que se apareció un asistente de laboratorio con un gran sable en una mano. Pese al peligro que se avecinaba, fue llamativo el modo de vestir de este androide: un sombrero extraño color rojo (que resultaba que era un turbante) y calzado puntiagudo (unas babuchas).

El autómata iba y venía por aquel puente y los buscadores aprovecharon que estaba de espaldas para atacarlo con un torbellino y topetazo. El robot salió disparado por los aires y fue a encontrarse con la pared, la cual le provocó que se deshiciera en pedazos. Una vez el camino libre, los tres siguieron hasta pasar por otro techo y, dando vuelta a una esquina, encontraron un lugar donde era necesario saltar hacia una alfombra. Ellos fueron pasando de a uno y, a otra vuelta, se toparon con otro asistente.

Esta vez, este enemigo era aún más extraño que el anterior: flotaba gracias a una alfombra. El androide vestido como el anterior, aunque con ropas claras, vigilaba el camino y los tres no sabían cómo quitarlo del mismo. Aquí no existía la posibilidad de sorprenderlo de espaldas; este los miraba todo el tiempo. Con algo de fastidio, Crash se enfrentó al esbirro de Cortex atacando con un preciso giro tornado, que fue capaz de noquear al robot.

Ahora que Crash, Aku Aku y Polar podían seguir, luego de escalar un poco más, encontraron un nuevo desafío. Esto mismo les recordó cuando ellos estaban en las oscuras alcantarillas el año pasado y, por lo menos, ya tenían un plan. Con dificultad, el oso llegó hasta arriba de la rejilla-pasamanos y el marsupial continuó el camino con ayuda de sus brazos. Esta vez no había material incandescente que lo convertiría en cenizas sino, lo que le esperaba abajo era una gran caída libre.

Luego de arrepentirse por mirar hacia abajo, que empeoró los ánimos del chico de zapatillas deportivas, él fue avanzando de a poco y tratando de concentrarse en el trayecto que tenía en frente. Sin embargo, a mitad de camino, había un curioso escorpión que hacía de guardia yendo y viniendo de izquierda a derecha. Espantar al arácnido con una mano le parecía al bandicut una idea terrible, así que esperó para buscar la parte de camino que estaba libre por ocasiones. Fue así que llegó al final del pasamanos para tocar de nuevo un techo.

Cuando bajaron a Polar, los tres continuaron y, al cambiar de dirección, hallaron un nuevo enemigo o eso parecía. Frente a ellos había alguien llevando una pila de tres grandes jarrones y, al observar detenidamente, notaron que se trataba de un mono con unos amplios pantalones (los mismos que llevaban los asistentes de laboratorio). Este simio amarronado parecía muy concentrado en mantener en equilibrio a los recipientes y, por ello, Crash había pensado en pasar por un costado por las buenas. Sin embargo, el primate se ponía justo en el camino, negándole el paso a cualquiera.

El bandicut estaba perdiendo la paciencia ya que varias veces intentaba esquivar al simio y no podía, además, tenía razones para retroceder pues parecía que el jarrón de más arriba amenazaba con caer encima de él. Fue entonces que él tomó carrera para deslizarse y empujar al enemigo con sus pies, teniendo en cuenta frenar a tiempo y evitar caer al precipicio. De esta manera, el evolucionado logró quitar del camino a ese mono.

Siguiendo por aquel improvisado camino, sorteando tablas de madera, rejillas pasamanos y hasta los techos de las viviendas, la búsqueda se tornaba cada vez más difícil ya que aparecieron más de los mencionados enemigos. Había ocasiones donde había que subir un poco más y, allí arriba, los sorprendía uno de estos rivales. Por esta razón, el trío debía estar atento en todo momento.

—Vamos, chicos, tenemos que apurarnos —pidió Aku Aku mientras que Crash iba colgándose por el enrejado metálico.

"¿Por qué tanto apuro? Si vamos a un buen ritmo", se preguntaba Crash algo enfadado con su guardián, ya que lo estaba sacando de su concentración. Polar también no parecía estar de acuerdo con la máscara vudú.

—Porque esto es un desierto. Si anochece, habrá un frío terrible.

"¿Frío?", repitió el anaranjado en su cabeza por varias veces y, en un instante, aparecieron sus recuerdos acerca de esto. Cuando estuvo en esa zona llena de nieve y hielo (que resultaba ser parte de la isla N. Sanity y la otra tierra cercana), cuando la lluvia lo golpeaba sin piedad en varias ocasiones, y recientemente cuando tuvo que enfrentarse a Dingodile. Las bajas temperaturas no concordaban con el bandicut de ambiente tropical y, por esta razón, él apresuró su marcha.

Por su parte, al blanquecino no le importaba mucho los grados bajo cero por obvias razones y, sin embargo, él también movió más rápido sus patas para no atrasar al equipo. Luego de un tiempo, el trío dejó atrás al enrejado y continuó subiendo hacia un techo, donde les esperaba otro simio con jarrones. Rápidamente lograron sacarlo del camino y, al divisar un nuevo puente de madera, ellos vieron que había dos personas que se asomaban por las ventanas de una casa cercana.

Al principio, esto no era nada novedoso ya que anteriormente se encontraron con alguna que otra persona sorprendida, pero estas dos se trataban de enemigos cuando lanzaron unas bombas que incendiaron una parte de la madera. Los tres no tenían otra opción más que ir hacia ese puente ahora en llamas y no sabían qué hacer para cruzar. Afortunadamente, un fuerte viento apareció repentinamente que hizo apagar el fuego y los buscadores aprovecharon ese momento para pasar.

Pero no sólo ellos reaccionaron fugazmente: aquellas dos personas, quienes estaban casi totalmente cubiertas por telas color moradas, vieron cómo avanzaban sus rivales y se dispusieron a lanzar más material inflamable. Los tres frenaron a tiempo antes de quedar incendiados y ahora no podían retroceder ya que el fuego reapareció justo detrás de ellos. Las llamas alcanzaban o incluso superaban el alto del bandicut y al estar rodeados por estas hizo desesperar a los chicos que con urgencia buscaban salir de allí.

El calor se acercaba aún más y el equipo pudo salvarse gracias a otra ráfaga de viento que extinguió las llamas; justo a tiempo en el momento que comenzaba a achicharrarse un poco del pelaje de los jóvenes. Al tener esta oportunidad, los buscadores de piedras emprendieron el escape a toda velocidad pero, a la vuelta de la esquina, tuvieron que detenerse ya que otro desafío tenían en frente. Un asistente de laboratorio vestido casi igual de quien tenía el sable los esperaba a un par de metros y con un recipiente con muchas de estas espadas.

Cuando Crash quiso dar un paso adelante, el androide le arrojó un sable, el cual impactó y se quedó clavada en la pared puesto que el anaranjado logró esquivarlo. Ante semejante agresión que por suerte sólo cortó parte de sus pantalones de jeans azules, el evolucionado volvió al lado de sus aliados e intentó idear un plan. Luego de pensar y poniendo las caras más extrañas para eso, al marsupial se le ocurrió algo.

"Aku Aku, ¿puedes darme una wumpa ahora?", pidió el bandicut con gestos.

—¿No crees que este no es buen momento para comer? —preguntó el flotante totalmente extrañado por el pedido.

Ante eso, el chico de ojos verdes dudó si realmente su guardián escuchaba los pensamientos como decía y, con una cara de pocos amigos, le fue explicando (como podía) su plan de ataque al ser de madera. Después de asentir, demostrando que estaba de acuerdo, Aku Aku hizo aparecer la fruta pedida y Crash la tomó y sonrió siniestramente.