A ver, quiero dejar clara una cosa YO NO SOY LA AUTORA. Esta magnífica historia es producto de la pluma de SEDGIE, yo solo la traduzco a nuestro idioma, así que no puedo ni crear nada ni inventarme nada. Nunca hago spoiler de las historias, pero esto no afecta a la historia de las chicas, Evelyn y Henry desarrollarán una fuerte amistad y fraternidad, pero nada más. Sería muy raro que los dos estuvieran juntos y sus madres también. Así que no, ellos no serán pareja en un futuro.
Sin más, aquí viene un nuevo capítulo. Disfrutad.
Alrededor de una copa
«Hey…¿Me puedes decir que se pone una para ir a un musical?»
Ahí estaba, esa era la cuestión desde que Emma había tenido la confirmación por parte de Regina al teléfono de que se encontrarían los cuatro al día siguiente para ir a ver Cats. Habían acordado encontrarse en Broadway en una hora y Emma se había pasado todo el día pensando en qué ponerse, sin tener la menor idea de lo que debía llevar para ir a ver un musical.
Henry ya estaba listo, y se divertía viendo cómo su madre se estresaba por nada.
«¿Es como una ópera pero menos elegante, o...algo menos serio?»
«No sé, solo tienes que vestirte normal, da igual»
«No, no da igual. No quiero que piensen que somos unos palurdos. Imagina que aparezco en vaqueros y al final todo el mundo está en traje de fiesta o algo de ese estilo…»
«Sí, claro. ¿Por qué no le preguntas a Regina?»
«Porque no quiero que se ría de mí. Ya cree que venimos de otro planeta. No deseo que se burle de nosotros»
«¿Creía que te daba igual lo que la gente podía pensar?»
«Sí, pero…En fin, ya sabes, de todas maneras deseo dar buena impresión. No he brillado por mi "primera impresión" frente a Regina. Ella es tan…en fin, ya sabes…»
«¿Diferente?»
«Eso. Bien, ¿entonces?»
«¿Por qué no te pones tu vestido rojo?»
«Porque lo tengo guardado para mis citas»
«Hace un tiempo que languidece en el armario, eh…»
«¡Cierra el pico!»
«Entonces, el negro, ya sabes, aquel con las tiras de cuero»
«Demasiado sexy»
«El azul marino, es bonito»
Emma pestañeó y sonrió
«¡Bingo!»
«Mamá, ¿estás lista?» Evelyn tocó a la puerta de la habitación de su madre «Vamos a llegar tarde»
«¡Voy, ya voy!» se dio prisa en responder Regina, mientras también ella estaba medio desnuda, delante de dos vestidos elegidos después de muchas concesiones: no demasiado corto, no demasiado escote, no muy vistoso, tampoco demasiado austero. No era una cita romántica, lejos de eso. Y ella ya había cenado con Emma a solas, así que su ansiedad y su nerviosismo no eran por volver a ver a la joven en un ambiente más neutro y menos intimo que un restaurante…
Solo que era su primera salida desde que Emma había aparecido en su despacho y se había convertido en la cara de su revista. Sí, desde ese día, Emma simbolizaba otra cosa además de una sencilla madre de familia cuyo hijo era amigo de su hija. No, ahora, algo había cambiado…Pero ella no sabría decir qué.
«¡Mamá!»
«¡Sí!» Regina suspiró y cerró los ojos antes de dar tres vueltas sobre sí misma, pararse y apuntar con su índice hacia delante. Cuando abrió los ojos, vio un conjunto de pantalón de pinzas negro y una blusa burdeos en satén. Entonces suspiró: ¡adjudicado!
Algunos minutos más tarde, finalmente salió de la habitación, para gran alivio de su hija
«¡T'has tomado tu tiempo!»
«Te. Te has tomado tu tiempo» la corrigió Regina «Estaba buscando los zapatos»
«¿Lista?»
«Lista»
«Ta…estás muy guapa» dijo la joven, con una idea en mente.
Dieciséis veces.
Dieciséis era la cantidad de veces que Regina había mirado su reloj desde que habían llegado al teatro donde se representaba Cats. Evelyn se divertía contándolas y, siempre que lo hacía, veía la cara de su madre tensarse en un rictus mezcla de estrés y malestar. Evidentemente, no se lo hizo notar, por miedo a que su madre se pusiera a la defensiva, pero su alegría apenas estaba oculta.
Comprendió que Emma y Henry acababan de aparecer entre la muchedumbre cuando el rostro de su madre se relajó para enarbolar una gran sonrisa de confianza que enmascaraba la angustia ante un plantón.
«Lo siento, el metro…Es penoso…» dijo sofocada Emma «¿No nos hemos perdido nada, no?»
«No. Pero no deberíamos retrasarnos más. Entonces, Henry, ¿contento de ver tu primer musical?»
«Curioso, sí»
Evelyn lo agarró por el brazo y lo arrastró hacia el teatro, dejando a las dos mujeres atrás
«Y usted, Emma, ¿curiosa también?»
«Bastante. Ver gatos que bailan y cantan puede ser divertido» intercambiaron una sonrisa antes de que Emma añadiera «Por cierto, bonita la blusa» antes de alcanzar a los niños, dejando a Regina atrás con las mejillas ligeramente sonrojadas.
Evelyn estaba estratégicamente colocada: había arrastrado a Henry y se había sentado a su lado, dejando los dos sitios vacíos al lado de ella, libres para su madre y Emma que no tuvieron otra opción que sentarse una al lado de la otra.
«Entonces…¿Con esto podemos picar algo o no? ¿Palomitas, helado?»
«No, Emma, nada de picoteo»
«Oh…»
«Pero…» Regina se mordió ligeramente el labio inferior, dudando si hablar o no «Si quiere, podríamos…podríamos tomar una copa, o incluso cenar en algunos de los pequeños restaurantes de la zona»
«¡Ah, claro, guay!» dijo Emma con una gran sonrisa que la joven morena apreciaba cada vez más.
A continuación, la luz bajó y de repente los murmullos cesaron, y tras algunos segundos de silencio, las primeras notas musicales resonaron. Regina lanzaba, cada cierto tiempo, miradas discretas a Emma y pudo constatar con diversión que esta última estaba totalmente obnubilada con el espectáculo que tenían enfrente. Evelyn, que estaba sentada al lado de su madre, notó la pequeña maniobra de Regina y rio divertida.
Las escenas se encadenaron, ofreciendo su cupo de canciones, de personajes peludos y coloridos, y las dos horas de espectáculo pasaron tan rápido que cuando el telón se bajó anunciando el final, Emma casi se sintió desilusionada. Las luces se encendieron e instantáneamente se giró hacia Regina y posó sus manos sobre las de ella, sorprendiendo a la bella morena
«¡Ha sido genial! ¡Me ha encantado! Sinceramente, le debo confesar que al principio no las tenía todas conmigo: ver tíos disfrazados de gato y bailar esas canciones tan particulares…No era lo mío. Pero ahora, he cambiado de opinión, ¡ha sido increíble!» dijo entusiasmada la joven sin soltar las manos de Regina que en absoluto podía decidirse a retirarlas.
«Yo…estoy contenta de que le haya gustado tanto»
«¡Mucho! Hey, Henry, ¿qué te ha parecido?»
«Ha estado…bah, ha estado bien» concedió él
«¡Lo ve!» dijo Emma soltando las manos de la joven mientras se levantaba de su asiento, imitada pronto por Regina
Y durante el camino que iba del teatro al primer restaurante que encontraran, Emma no ahorraba elogios para lo que acababan de ver, analizando todo, comentando cada escena.
«En serio, me compadezco de esa pobre Grizabella…Y Deuteronomio…»
«Estoy contenta ante tanto entusiasmo de su parte»
«Tampoco pensaba que me iba a gustar este tipo de espectáculo»
«¡Entonces he hecho bien en proponérselo!» dijo, orgullosamente, Evelyn «Además, justo lo han sacado para su aniversario. Este musical hace años que no se representaba»
«Qué pena porque el mensaje que tiene detrás es super fuerte» concluyó Emma, lo que sorprendió a Regina
«¿Qué quiere decir?»
«Bueno, fíjese en Grizabella: al margen de la sociedad, incomprendida, en un estado lamentable…y finalmente, es ella quien eligió a Deuteronomio para renacer. A veces no hay que fiarse de las apariencias. Macavity es un malvado que simplemente quiere que lo escuchen, a expensas de usar maneras poco ortodoxas…Encuentro esas escenas bastante imaginativas, pero muy eficaces»
Regina se sorprendió
«Muy justo»
«¡Hey, si le ha gustado este, entonces le encantará Wicked!» soltó Evelyn
«¿Wicked no es el musical sobre Oz?» preguntó Henry
«Eso es, pero se centra menos en Dorothy y más en las brujas. A lo menor podemos ir a verlo un día, ¿eh, mamá?»
«Oh, euh…Seguramente Emma tiene cosas mejores que ha…»
«Oh, no, al contrario, ¡lo encuentro divertido!»
Regina, entonces, sonrió
«Bien. ¿Vamos a comer?»
«Con mucho gusto»
La comida se desarrolló en un atmosfera cordial: entre una Emma que reinterpretaba Cats en medio del restaurante, las risas de los niños y pronto las anécdotas incómodas de la infancia de estos.
«Os lo prometo, ¡le encantaba eso!»
«¡Mamá!»
«¿Qué? No es grave, Henry. Lo importante es que hoy esa pasión por el perfume ha pasado»
El muchacho rezongó mientras que Regina se giró hacia Evelyn
«Eve también tuvo lo suyo cuando era pequeña»
«Oh, mamá, no, por favor»
«Le encantaba…» continuó Regina, simulando ignorar las súplicas de su hija «…comer la mantequilla como si fuera helado»
«Ajjjj, ¿de verdad?»
«La cogía, se sentaba a la mesa y se la zampaba. Siempre tenía que prever un dinero extra para la mantequilla con esta pequeña terremoto»
«Mamá…»
«¡Hey, es nuestro privilegio haceros pasar vergüenza!» dijo Emma, divertida «Sois demasiado perfectos. Incluso en lanzamiento de comida»
«¡Emma! No es necesario recordárselo» sermoneó Regina
«Ouh, perdónnnn….» dijo Emma levantando las manos como signo de retirada
El resto de la comida pasó en buen humor y con una ligereza que Regina no se esperaba. A veces, captaba una sonrisa o una mirada de su hija, pero no le daba ningún significado en concreto.
Cuando llegó la hora de volver, Regina insistió para llevar a Emma y a Henry, para evitarles el metro a una hora tardía, cosa que era un suicidio en esa zona de Nueva York. Emma entonces aceptó y en la entrada del inmenso edificio, mientras los niños charlaban en la acera, las dos jóvenes se despedían.
«Bien…No las invito a pasar al apartamento…Es un caos»
«Una próxima vez»
«¡Evidentemente!»
«Hablando de próxima vez…Me gustaría hablar una cosa con usted…¿quizás alrededor de una copa?»
«Oh, vale, ¿por qué no? Mañana estoy libre, solo entro a las cuatro»
«Perfecto. Nos vemos…»
«¿Se acuerda del pequeño puesto de perritos cerca del parque?»
«Sí, por supuesto»
«Nos podemos ver ahí, ¿mañana sobre las dos?»
«Perfecto» respondió Regina con una gran sonrisa «Ahora los vamos a dejar. Entonces, hasta mañana»
«Hasta mañana» respondió Emma con una cálida sonrisa
En el viaje de vuelta, Evelyn se dio cuenta de la discreta sonrisa en la comisura de sus labios, discreta, pero bien presente. Sí, definitivamente, pasaba algo con su madre, ahora hacía falta que ella misma se diera cuenta.
Y según lo acordado, Regina se tomó unas horas libres para dirigirse al centro de Nueva York, y buscar al vendedor ambulante de perritos. Tuvo la inmensa alegría de encontrase a Emma, ya pidiendo su comida.
«Siempre tan sana por lo que veo» dijo divertida Regina a las espaldas de Emma
Cuando ella se dio la vuelta, tenía en las manos dos perritos, de los cuales uno era para la bella morena
«Ketchup. ¿Me equivoco?»
Regina le sonrió antes de coger el perrito
«Sí, gracias»
«¿Un pequeño paseo por el parque?» propuso Emma
«Encantada»
Y mientras caminaban en silencio, comiendo sus perritos, Regina apreciaba esa compañía atípica.
Nunca había comido tanta comida basura antes de conocer a la bella rubia, y de repente, se imaginó enseñándole los rudimentos de la cocina sana, y haciéndole probar nuevos sabores.
Ese pensamiento voló rápidamente al escucharse la voz de Emma.
«¿Entonces? ¿Quería hablarme?»
«Oh…Sí, yo…Vera, usted le dio a mi hija un regalo de cumpleaños y, aunque ese tema parece ser sensible, quiero…me gustaría de verdad regalarle algo a Henry por su cumpleaños»
«Oh…»
«Sé que es un tema tabú para Henry, pero…»
«Es el uno de diciembre. Su cumpleaños, quiero decir…»
«Pero, ¿es en algunos días?» se asombró Regina que se dio cuenta de que casi se le pasa el día «Y supongo que no quiere hacer nada»
«Ni siquiera este año: nos hemos mudado. Aquí, nada nos recuerda a mis padres…»
«Emma, déjeme hacer algo por él»
«Me va a odiar hasta la muerte si sabe que le he contado que era su cumpleaños»
«Cargo con toda la responsabilidad. Emma, si quiere que comience de cero, y no digo que sea sencillo, debe…hacer tabla rasa»
«Lo sé, lo sé…Pero, me cuesta. Henry y yo somos…somos dos chicos perdidos en esta jungla urbana. Creo que, inconscientemente, también en cierta medida yo estoy en duelo. Hoy estamos aquí, nueva escuela, nuevo trabajo, nuevas perspectivas…Debería decirle que se levante, que mire hacia delante, pero…la verdad es que yo misma no lo logro»
Regina sentía la fragilidad de Emma, tras esa mascara de frescura y de candor que se ponía sin cesar, como esas personas que no están a gusto en su piel y prefieren mostrar un rostro sonriente, mientras que en su interior las lágrimas caen. Sin verdaderamente pensar en su gesto, Regina posó una mano en el antebrazo de la bella rubia.
«Emma, no están…ya no están solos. Yo estoy aquí, Evelyn también. No estamos obligadas a celebrar una fiesta con globos y pastel…Pero también hablo en nombre de Evelyn que quiere de verdad agradecerle a Henry por su regalo. Solo es devolver el gesto. Y si Evelyn se entera de que el cumpleaños de Henry ha pasado, me lo echará en cara»
«Ok, pero si le pido que salgamos ese día, va a sospechar de algo. No es estúpido…desgraciadamente»
«Bien…Si Henry no viene a nosotras, nosotras iremos a Henry»
«¿Huh?»
«¿No quería usted enseñarme su casa?» dijo Regina, divertida
«Ok, trato hecho»
«Oye, podrías recoger tu cuarto, ¿no?» dijo Emma a Henry que tenía la nariz metida en el bol de Cheiros
«¿Por qué?»
«Porque me gustaría poder atravesarlo para coger la ropa sucia sin tener que utilizar un GPS para encontrar el camino»
«Ok, ok…»
«Hey…» Emma se sentó frente a él y deslizó sobre la mesa un pequeño paquete plano y rectangular, de la media de un libro de bolsillo
«¿Qué es?»
«Feliz cumpleaños»
«…»
«Oye, que no quieras festejarlo, no significa que no pueda hacerte un regalo, ¿ok?»
«Ok» suspiró él
«Bien, entonces, ¿lo abres o no?» Henry reviró los ojos, abandonó su cuchara, y abrió el paquete. Sonrió débilmente al ver el contenido «¿No te gusta? Pensaba que te gustaban los juegos de coches. El vendedor me ha dicho que era lo máximo, lo último que ha salido»
«Sí, sí…Pero te has equivocado…No tengo esta consola»
«Oh…¿Estás seguro?»
«Sí, tengo el modelo anterior, este es un juego para la nueva consola. El vendedor te ha estafado»
«Mierda…La intención es lo que cuenta, ¿no?» dijo ella tímidamente haciendo una mueca
Henry no pudo sino sonreír
«Sí, por supuesto. Y…de todas maneras, pronto será Navidad»
«¡Vaya, no disparas al aire, tú, eh! Venga, acaba el desayuno y después vas a recoger esa leonera que te sirve de habitación»
«Ok, ok»
Y la mañana pasó en calma: Henry, definidamente, se había perdido en el caos de su habitación mientras que Emma preparaba en secreto un pastel, de chocolate a la canela, el preferido de Henry. Normalmente, no celebraban su cumpleaños: todo se ceñía a un regalo entregado durante la comida, cerrada con un pastel, generalmente el mismo, sobre el que ni velas había. Después el día acababa sin cantos, sin fiesta, sin excitación particular para dejar paso a la rutina del día siguiente, que hacía que Henry olvidara rápido ese día.
Y cuando Emma iba a llevarle el pastel, tocaron a la puerta
«¡Un minuto!» dijo Emma dejando la tarta en la mesa ante los ojos golosos de su hijo. Cuando Emma abrió la puerta, descubrió, sin sorpresa alguna, a Regina y a Evelyn, todo sonrisas. «¡Hey! ¡Bienvenidas!»
«Gracias, no molestamos, espero»
«En absoluto. Entren»
Cuando Henry vio a Evelyn y a Regina, suspiró
«Mamá…» gruñó
«¿Qué? Solo han venido a hacernos una visita, ¡sé educado!»
«¿Precisamente hoy?»
«Precisamente hoy»
Henry suspiró y se levantó para acoger a las Mills
«Buenos días»
«Henry…Sé que no quieres celebrar tu cumpleaños, pero…acepta este regalo como gesto de agradecimiento por el tuyo a mi hija» concluyó Regina entregándole un gran paquete.
«No hacía falta»
«¡Oh, claro que sí!»
«¡Ábrelo!» dijo entusiasmada Evelyn
Henry esbozó una sonrisa antes de sentarse en el sofá, imitado por Evelyn, y rasgó el papel plateado y negro. Cuando descubrió el contenido del paquete, sus ojos se desorbitaron de estupefacción
«Pero…¡Mamá!»
Henry enarbolaba la consola último modelo que servía para jugar al juego que su madre acababa de regalarle
«Parece que Navidad ha llegado un poco antes este año» dijo ella divertida
«¡Señora Mills no era necesario!»
Regina sonrió
«Oh, pero yo no tengo nada que ver. Ha sido idea de Evelyn. No te conozco tanto para regalarte lo que te iba a hacer ilusión»
Henry se giró hacia Evelyn
«Ahora parezco tonto con mi sencillo maletín de dibujo»
«Créeme, tu regalo vale tanto como el mío. Entonces, ¿a qué esperas? ¡Instálalo para poder darte una paliza!»
Emma asintió para darle su acuerdo y ya no hizo falta nada más para que el joven se precipitara a la televisión.
«¿Quiere algo de beber?» preguntó Emma girándose hacia Regina
«Oh, con mucho gusto. Si tiene zumo de fruta, lo tomaré»
«¡Hecho!»
Ellas se sentaron alrededor de la mesa, los niños no lejos de allí, con su juego de coches.
«¿Ha sido usted quien ha hecho el pastel?» dijo Regina lanzando una ojeada hacia el pastel de chocolate
«Sí. No tengo mérito, sigo la receta de mi madre y la hago todos los años desde hace 13 años con este. He tenido tiempo de cogerle el tranquillo. Por el contrario, soy incapaz de hacer otra cosa»
«Ya veo»
«Gracias por haberse pasado y gracias por el regalo. Gracias a usted, mi nivel de interacción con mi hijo va a caer hasta el 10% ahora» Regina entonces sonrió, familiarizada cada vez más con el humor, a veces fuera de lugar, de la bella rubia «Oh, y por cierto…Gracias por la publicidad. Ahora, cada mañana cuando me levante, ¡será un himno a mi persona!»
«Yo…no comprendo»
«Dese la vuelta y mire por la ventana»
Regina así lo hizo y comprendió lo que quería decir Emma: fuera, a la altura de su apartamento, se erigía en todo su esplendor, sobre el edificio de enfrente, un enorme cartel publicitario de Elixir con la cara de Emma llevando el famoso gorro de lana.
«Oh…Supongo que su hijo adora la idea…»
«Ni se lo imagina. Lo mejor ha sido cuando se levantó, lo ha visto y bajó rápidamente a coger el autobús y vio la misma publicidad en el transporte. Se enfadó conmigo dos días»
«Lo siento»
«Oh, no es lo que cree. Está orgulloso, son sus compañeros que se han encargado de dejarle claro que su madre estaba…buena»
Ofuscada con tal lenguaje, Regina se sorprendió antes de beber un sorbo de su vaso
«¿Es…es un cumplido?»
«¡Mucho! Con 31 años, aún soy potable, ¡está bien saberlo!»
«Visto así…»
«Nunca se lo he preguntado…¿Qué edad tiene? Bueno, sé que esto no se pregunta, pero…no logro ponerle una cifra a su cara»
Regina sonrió
«Tengo 37»
«Wow…No los aparenta. En fin, ya sabe, dentro de tres años tendrá cuarenta»
«Cálculo acertado»
«Parecer ser que es a los cuarenta años cuando la mujer alcanza su plenitud. Ya me lo dirá en ese caso…» dijo ella pícaramente
«Muy divertida»
«Es usted vieja, de hecho»
«Emma…»
«Pero una vieja super bien conservada»
«¿Y eso? ¿Es un cumplido?»
Se echaron a reír, llamando la atención de Evelyn que desvió la mirada de la pantalla unos segundos
«¡BOOM! ¡Gané!»
La joven suspiró
«¿Has visto lo que pasa?»
«Bueno, sí, ¡acabo de ganarte!» dijo él todo orgulloso
«Nooooo, te hablo…de otra cosa»
«¿De qué?»
«No, nada, déjalo estar» suspiró la chica visiblemente mejor informada que Henry sobre lo que estaba pasando entre su madre y la de ella.
Finalmente, tras una cosa y la otra, las Mills se quedaron toda la tarde en casa de los Swan. Los niños divirtiéndose con la consola, y Emma y Regina charlando de cualquier cosa. El sol desapareciendo en el horizonte fue lo que incitó a Regina a dar por concluido ese agradable día.
«Hey, pueden quedarse si quieren, puedo hacer algo rápido»
«Muy amable, Emma, pero mañana hay clase y…Muy amable de su parte. Pero le cojo la palabra para otro día»
«¿Es una promesa?»
«Es una promesa» confirmó Regina
«Ok, bien. Entonces, hasta pronto» dijo Emma antes de sorprender a Regina al tomarla en su brazos y estrecharla contra ella. Ese gesto había durado unos pocos segundos, pero conmocionó a Regina, que no supo qué decir.
«Oh, yo,…sí, hasta pronto»
Cuando la puerta se cerró, Evelyn tuvo que golpear el brazo de su madre para sacarla de su ensoñación
«¿Vamos?»
«Sí»
Regina no consiguió dormir esa noche. No dejaba de darle vueltas a ese día en compañía de los Swan: ver a su hija divertirse y relajarse con Henry, verla hacer otra cosa que no fuera sus sempiternos deberes o encerrada en sus diversas actividades. Se había dado cuenta del cambio de actitud en ella: más abierta, más luminosa.
Después, pensó en la conversación con Emma. Ella, que por lo normal era tan poco expresiva, tan encerrada, y tan discreta sobre su vida, con Emma, se encontraba hablando, charlando e incluso divirtiéndose como con pocas personas de su entorno. Solo Mallie se le venía a la cabeza: solo con ella, Regina podía abrirse sin prejuicios, sin miedo. Solo con ella, podía hablar de sus pensamientos más escondidos, más íntimos. Solo Mallie conocía los secretos de Regina, los más íntimos, los más oscuros.
Pero con Emma, era otra cosa lo que compartía: una visión de la vida menos lúgubre, más jovial y festiva, más colorida a lo que ella hasta el momento estaba acostumbrada. Hasta el momento su rutina estaba delimitada por su casa y su despacho, hoy, su espacio se ensanchaba: ahora no podía sino sonreír cuando se cruzaba con un vendedor ambulante de perritos, veía la posibilidad de descansar, aunque fuera unos instantes, sentada en un banco del parque.
«¿Mamá?»
«¿Evelyn?»
La pequeña cabeza morena de su hija emergió por la puerta
«¿Puedo entrar?»
«¿Qué ocurre?»
Como toda respuesta, Evelyn se deslizó en la cama de su madre, metiéndose bajo el grueso edredón
«Solo quería estar contigo»
«¿De verdad? La última vez que te metiste así en mis sábanas debías de tener ocho años y tenías miedo de la tormenta. Así que…¿de qué quieres hablar?»
«De nada…en concreto»
Regina suspiró y se metió un poco más entre las sábanas, imitada rápidamente por Evelyn
«Ha estado bien el día, ¿eh?»
«Sí»
«Me gusta Emma»
Regina posó su mejilla en la parte alta de la cabeza de su hija
«¿Ah sí?»
«Sí. Me gusta mucho verte con ella…»
«¿Y por qué?»
«Te hace reír» Regina entonces sonrió «Tú sabes, muy pocas veces te relajas. Siempre estás estresada o apresurada…Y hoy te he visto reír con ella. Me recuerda a la tía Mallie»
«¿Y eso?»
«Con un estilo un poco más excéntrico. Pero ella es…refrescante»
«¿Lo crees?»
«Es divertida, parece tomarse la vida con levedad. Y me gusta mucho Henry»
«Se llevan muy bien los dos, ¿verdad?»
«Sí. ¿Sabes?...Si por casualidad…tú…en fin, vosotras…se ven más a menudo, yo no estaría en contra»
Regina entonces se tensó y miró a su hija
«¿De qué hablas?»
«Bueno…Digo que si tú y Emma queréis volver a veros…»
«He comprendido esa frase, lo que no comprendo es que insinúas tras ella»
Regina sintió a Evelyn moverse un poco bajo el edredón
«No lo sé…»
«Oh, Evelyn Mills, sabes exactamente lo que querías decir»
Evelyn se mordió el labio, después suspiró pesadamente
«Me gusta mucho Henry, y aprecio enormemente a Emma, lo que te aporta, ese halo de frescura que te faltaba en esa vida sobrecargada…y me he dicho que si ella está aún más presente, eso solo nos hará bien. Ya sabes, si…ella y tú se convierten…en más que amigas»
Regina retuvo, por unos segundos, su respiración
«¿Q…qué estás diciendo?»
Evelyn se giró para mirar a su madre a la cara
«¿Nunca te has sentido atraída por las mujeres?»
Esa pregunta cayó sobre Regina como una plancha de acero. Una ola de frío la envolvió, mientras que en su cabeza resonaba un sordo repiqueteo
«Ev…Evelyn…»
«Ya sabes, no es un defecto. A menudo lo he pensado. No es que me gusten las chicas, pero sobre todo….tú. He pensado que Emma y tú formarían, es verdad, una pareja atípica, pero…una muy bonita pareja de todas maneras. ¿Qué piensas tú?»
«Es…es absurdo» balbuceó incomoda Regina
«¿Sabes? Aunque me dijeras lo contrario, no me enfadaría ni me sentía asqueada. Para ser sincera, hace tiempo que pienso en ello. Conocemos a los Swan desde hace más de dos meses, y cada vez que os veo juntas, las cosas se hacen más evidentes para mí. Evidentemente, Henry y Emma no parecen haberse dado cuenta, pero…»
«¡Stop! Evelyn, para. ¡Estás diciendo tonterías! ¿Yo atraída por una mujer? ¿Ya te has olvidado de tu padre o de Robin?»
«Por supuesto que no, pero…ya hemos visto mujeres que de repente se han sentido atraídas por otras mujeres. Algunas por curiosidad, otras por carencia y otras…porque en su interior, lo eran desde hacía tiempo, solo necesitaban encontrar a la persona adecuada»
«Parece que has reflexionado bastante en ello» dijo divertida Regina
«Sí, bastante…Y se ha vuelto evidente entre vosotras cada vez que se ven. No te das cuenta del efecto que ella tiene en ti: se suavizas, tu carácter se atempera, estás menos presionada, más relajada»
«¡También lo estoy con Mallie y no por eso deseo salir con ella!»
«Sabes muy bien de lo que hablo, porque tú también te has dado cuenta. Y Mallie no es lo mismo, la conoces desde hace una eternidad, es como tu hermana, y es por eso que la llamo tía Mallie»
«Evelyn , lo que dices es…»
«Irracional, lo sé. Pero…ciertamente es extraño escucharlo…Pero me gusta mucho Emma, Mamá, ¡le has dado la portada de tu revista! ¡Nunca has hecho esto en once años de carrera!»
«Lo he hecho porque era lo más razonable que había que hacer en ese momento. ¿Por qué había de dejar pasar tal ocasión? No es porque fuera Emma, es porque simplemente era…la persona adecuada en ese momento» Evelyn le sonrió «¿Qué?»
«¿Si la invitas a cenar?»
«¿Has escuchado lo que acabo de decir al menos?»
«Sí, sí»
«Entonces, ¿por qué insistes?»
«Porque cuanto más te escucho y más intentas defenderte, más te sonrojas»
Regina se llevó las manos a sus mejillas y sintió cómo el fuego ascendía
«Es…una tontería»
«Mamá, deberías darte una nueva oportunidad para ser feliz»
«Lo era con Robin y viste cómo acabó todo. Se marchó, como tu padre antes que él. ¿Qué te hace creer que no será lo mismo con Emma?»
«Porque ella ya he producido en ti buenos cambios. No nos escondas la verdad, si con papá no funcionó ni con Robin fue porque tú no hiciste ninguna concesión, tu trabajo pasaba antes que todo. Simplemente se cansaron de pasar a un segundo plano. Pero con Emma, ya has hecho muchas cosas a las que no estabas acostumbrada. Y estoy segura que esto seguirá así»
«Admitamos…» concedió Regina «Admitamos que siento cierta atracción por Emma, ¿qué te hace creer que a ella le pasa lo mismo?»
«Oh, mamá, por favor, ¿la has mirado bien?»
«…»
«Le gustas, es innegable. Y estoy dispuesta a apostar a que ya ha tenido aventuras con mujeres»
«No haces sino suposiciones»
«Pero, imagina si resultan ser verdaderas. A lo mejor resulta que tú le gustas y ella cree que tú no sientes nada por ella. Imagina que piensa que no es de tu tipo…»
«¡Pero yo no tengo ningún tipo!»
«Ahora sí: tienes a Emma» concluyó Evelyn con una gran sonrisa
Tras decir eso, Evelyn se acostó y apagó la lámpara de la mesilla de noche mientras que Regina se quedó quieta, intentando asimilar todo lo que le acababa de decir su hija: ¿era tan evidente que Emma la atraía? Sin embargo, nunca se hubiera imaginado que una mujer podría remover tantas cosas en ella. ¿Cómo creerlo? Había tenido a dos hombres en su vida y esos dos hombres la habían dejado. ¿Acaso sería una atracción por carencia? Si no lo conseguía con los hombres, ¿debía inclinarse hacia las mujeres?
Era ridículo…y aunque fuera posible, ¿cómo imaginar que Emma podía sentirse atraída por ella o incluso compartir aunque fuera una décima parte de lo que hacía que Regina se sintiera atraída por ella?
Dios mío…¿Acababa de confesar tener sentimientos por la bella rubia? Sacudió la cabeza y se deslizó bajo las sábanas, lanzando una última ojeada a su hija antes de cerrar los ojos y dejar vagar su mente hacia una cierta rubia de ojos verdes.
Regina necesitaba tiempo para reflexionar. Debía dejar todo claro: su mente, sus sentimientos…Y Emma. Desde la conversación mantenida tres días atrás con su hija en su habitación, no había dejado de pensar en la bella rubia: ¿plantearse algo con ella? ¿Formar una familia con ella y Henry? La idea era tan ridícula como agradable.
«¡Hey, belleza!»
Regina no tuvo que alzar la cabeza para ver quién acababa de hacer irrupción en su despacho sin ser anunciada.
«Mal…»
«Entonces, pequeña pervertida, no me dices nada…»
«¿De qué ha…» Mallie tiró sobre su mesa el número de diciembre de Elixir «Oh, eso…»
«Sí, eso, como tú dices. Entonces, ¿no es verdad que sientes algo por esta bella rubia, eh?»
«No tiene nada que ver»
«Oh, claro que sí, tiene todo que ver»
«No, en absoluto. Vino a mi despacho, y el fotógrafo y yo aún estábamos buscando la portada…Probamos con ella y parece ser que encajaba perfectamente en el perfil»
«Bah, claro…»
«La prueba, acabo de recibir las cifras de las primeras ventas y es el mejor comienzo de diciembre desde hace cuatro años»
«Eres tan transparente que veo a través de ti»
«¿De qué hablas?»
«¡Oh, por favor, no vengas con eso conmigo! Está magnifica en estas fotos. Incluso una mujer a la que no le gusten las mujeres debe reconocer que está sublime»
«Quizás»
«¿Quizás? ¿Por qué no quieres admitir que es magnífica? ¿De qué tienes miedo? ¡Te conozco de arriba abajo, te comprendo sin necesidad de que abras la boca!»
«¿Ah sí? Entonces, ¿en qué estoy pensando?»
«Oh, seguramente tiene que ver precisamente con mi boca…» Regina no pudo sino sonreír «Entonces, ¿fueron a ver Cats?»
«Sí»
«¿Y? ¡Venga, cuenta!»
«Nada, fuimos, después nos tomamos una copa…Estuvo bien»
«Mira que eres estrecha…No puedo ser de humanos ser tan cerrada»
«¿Qué? ¿Te gustaría verme saltar por todos lados gritando que fue genial?»
«Sí, por ejemplo»
«Pues bien, siento decepcionarte, pero no soy tan expresiva como tú. Efectivamente, me gustó esa salida y ese momento con Emma y Henry. Él se lleva bien con Evelyn, y yo, con Emma»
«Oh, ¡qué encantadora pequeña familia!» canturreó Mallie
«Para»
«Deberías cenar de nuevo con ella, solas esta vez. Me quedaré otra vez con los niños si hace falta»
«No. Me dijiste que si la primera cena no producía nada, entonces lo dejábamos estar»
«Pero…»
«Y» cortó Regina «No siento sino una amistad, que está comenzado, hacia ella. Y no pienso estropearlo todo por un capricho pasajero, llevada solo por la curiosidad de la novedad»
«Eso no lo sabes. A lo mejor van y viven la más bella historia de amor de Nueva York»
«Sueñas despierta. Además, no sabemos si quiera si las mujeres son lo…suyo»
«Pero…Hey, despiértate: ¡mira un poco su estilo! Más gay y no lo cuenta. Además, es muy sencillo, en cuento la vi por primera vez, mi gayradar se volvió loco»
«No digas tonterías…¿Y Henry qué?»
«Bah, puede ser que haya renegado de los hombres después del fiasco con el padre del chico. No es nuevo ver a mujeres abrirse a nuevos horizontes por deseo, curiosidad o sencillamente…por fantasía»
«¿Y tú crees que yo soy de esas?»
«Creo que eres de las demasiado estrecha para ver más allá de tus narices, fuera de tu burbuja que es tu despacho. Si me hubieran dicho, solo hace unos meses, que comerías perritos calientes, que saldrías de tu despacho o incluso que cederías tu portada a casi una desconocida…»
«Solo es porque la aprecio. Eso no quiere decir en absoluto que la desee más allá de como amiga»
«Estás cerrada y hermética, eso llega a ser ridículo»
«Y tú actúas como una niña completamente impulsiva e irracional»
«No te vendría mal ser un poco como yo»
«Y a ti como yo»
Regina entonces suspiró, sobrepasada y cansada
«Piénsalo, Regina…Quizás valga la pena»
«¿Ah sí? ¿Igual que valió la pena con Robin?» replicó malvadamente la bella morena, lo que sorprendió a Mallie
«Ah ya veo…Es eso entonces…» Regina desvió la mirada, una mirada que se estaba empañando con las lágrimas «No es que no sientas nada por esta Emma, solo es que tienes miedo. Tienes miedo a quemarte las alas…una vez más»
«He dado demasiado en mis relaciones para que salieran adelante, para que, al final, no llegasen a nada. Invertí muchos esfuerzos y esperanzas para que todo se evaporara»
«Si realmente hubieras puesto todo tu corazón y tus esfuerzos, esa relación hubiera funcionado»
«¡No sé de qué hablas!»
«Oh, por favor: necesitabas una secretaria personal para que te recordase que debías volver a casa para hacer acto de presencia, o para no olvidar la cena con Robin o incluso llamar para saber cómo estaba. No te volcaste de verdad en esa relación. Querías que él hiciera todo, pero se cansó, como lo hizo Daniel»
«Calla»
«¿Si no, qué? ¿De qué tienes miedo, Regina? ¿Qué finalmente te pongan la verdad frente a la cara? Nunca has sido capaz de mantener una relación estable y duradera. Y no es culpa de los hombres que has tenido: Daniel era encantador y atento, Robin era dulce y afectuoso…La verdad es que querías más tu trabajo que a ellos»
«Por favor…»
«Pero lo que veo en este momento…lo que veo es que abandonas fácilmente tu trabajo para ir a comer un simple perrito caliente, que reservas tus noches para cenas o salidas con tu hija, que dejas a un desconocida entrar en tu despacho e incluso la pones en la portada de tu revista»
«…»
«Todo esto para decir que estás haciendo con esta mujer las cosas que deberías haber hecho con Daniel o con Robin. ¿No lo encuentras extraño, eh?»
«…»
«Te dejo que medites en ello» Mallie entonces se levantó y, en el umbral de la puerta, se giró «Por cierto, felicidades por las cifras» Después desapareció, dejando a Regina entre el desespero y la perdición.
La joven se quedó mirando entonces la portada de su revista y acarició con la yema de sus dedos el contorno del rostro de la bella rubia, parándose en los labios. ¿Sentimientos por ella? No, definitivamente no, apenas conocía a Emma y sabía tan poco de ella que cabría en un post-it. ¿Se sentía atraída por ella? Quizás. Después de todo, había que ser hipócrita o ciego para no confesar que Emma era una hermosura de mujer: era amable, deslumbrante, divertida…Ciertamente tenía todas las cualidades que un hombre buscaría.
Entonces, si así era…¿por qué estaba aún soltera? Mallie quizás tenía razón, quizás a ella le gustaban las mujeres y las pretendientes eran menos numerosas que los hombres.
Regina suspiró dejándose caer en la silla, reposando sus brazos en sus ojos. ¿Acaba de admitir que Emma le gustaba?
Estaba totalmente perdida. Ella que pensaba que solo podía hacer su vida con un hombre, más en concreto su marido…Sus sueños de familia ideal fueron arrastrados cuando él dio un portazo a la puerta de su casa. Nada ni nadie había sabido convencerla de que era la mejor elección, ni siquiera su madre que, sin dudarlo, estaba feliz con la situación. Cora nunca había escondido su disgusto cuando su hija se casó con él, porque no lo creía a la altura de las ambiciones de su hija, mucho menos cuando ella se quedó embarazada. Así que cuando Daniel decidió dejar a su mujer y a su hija, Cora no dio ánimos a su hija para que intentara recuperarlo, porque, ella lo sabía, ese hombre no podía soportar tener una mujer que triunfase en la vida cuando él se estaba hundiendo en un trabajo que no estaba a la altura de las ambiciones que ella tenía para su hija.
Con Robin las cosas fueron diferentes. Regina, sencillamente, no le había hablado de él a su madre. Ellos se habían conocido por casualidad, y enseguida habían sentido algo, una atracción. Cuando él le presentó a su hijo de cinco años, ella literalmente quedó prendada de ese amorcete y se planteó formar de nuevo una familia. Evelyn no estaba en contra, incluso la animaba a seguir por ese camino.
Así que comenzó a soñar con una nueva rutina, con una nueva vida con un hombre en la casa…Se había volcado tanto física como mentalmente…Al menos, así lo creía ella. Si Mallie decía la verdad, entonces…ella había cometido los mismos errores con Robin que con Daniel: desatenderlo, a él y sus atenciones, en favor de su trabajo. Recordaba que las primeras semanas con Robin habían sido apasionadas, agotadoras, pero enfebrecidas. Después, lentamente, todo eso se fue deteniendo poco a poco, sin darse realmente verdadera cuenta, dejando lugar de nuevo a sus viejos demonios. Pronto, comenzó a ausentarse por las noches, o demasiado cansada para una tórrida noche con su amante, respondía poco o nada a sus llamadas y solo veía a Robin rápidamente por las mañanas, al depositarle un furtivo beso antes de irse a trabajar.
Sí, ahora que lo pensaba, había desatendido a Robin, que había terminado por cansarse de tener que luchar contra una revista. La única equivocación por su parte fue la de marcharse sin luchar, sin dar explicaciones…Quizás porque pensaba que la lucha sería, de todas maneras, en vano.
Regina había creído tanto en él que cuando lo perdió, se sintió devastada. En un primer momento, no había comprendido por qué, Robin no había dado ninguna explicación a no ser «Un día comprenderás, cuando encuentras a la persona hecha para ti» Muda por la cólera, ella había negado sus errores, echando la culpa de esa partida a la inmadurez de Robin, pero finalmente, meses más tarde, empezaba a comprender que el problema no venía de él, sino de ella.
Había amado de verdad a Robin, pero ¿había sido ese amor menos fuerte que su trabajo? Parecía que así había sido…Hoy, estaba sola y Robin seguramente había encontrado el amor. Seguramente había avanzado mientras ella aún se lamía las heridas, hundida y empotrada en su frustración y su cólera por haberlo perdido. Se había refugiado en cuerpo y alma en su trabajo, descuidando a su vez a su hija. Se había dado cuenta…cuando Emma y Henry aparecieron en las vidas de las dos.
Sí, esos dos habían provocado un cambio sutil, pero muy presente en su vida, en su manera de actuar y de ver las cosas. Tan lejos como llega su memoria, nunca había dejado tan fácilmente su despacho por «solo un perrito caliente en un parque» La Regina de tan solo dos años atrás jamás hubiera elegido a una desconocida para la portad de su revista.
Se enderezó entonces y la verdad le saltó a la cara como fuegos artificiales de la noche del 4 de julio: se sentía atraída por Emma…Esa mujer le gustaba. ¿Tenía sentimientos? Aparte de los de querer volver a verla o pasar el rato con ella…Pero ¿eran realmente sentimientos? ¿Acercarse a ella, estar a su lado, querer verla e incluso…tocarla?
Cuando hacía unos días, Emma la había abrazado, un estremecimiento atravesó a Regina. Sentirla pegada a ella, sus brazos alrededor de ella y su respiración cosquilleándole en la nuca. No había sentido ese estremecimiento desde hacía mucho tiempo…Desde Robin, para ser sinceros…
«No puede ser verdad…» murmuró ella «¿Qué estás pensando Regina…?»
No, era imposible que sintiera algo por una mujer…Y mucho menos por Emma Swan. Esa mujer era la antítesis de ella: una situación menos acomodada, una educación ciertamente más laxa, maneras muchos menos educadas que las suyas, sin hablar del lenguaje más vulgar que el suyo. No, no tenían nada en común si no es el hecho de que las dos tenían un hijo.
No, era imposible que tal pareja funcionara. Era imposible que ellas salieran un día como pareja tangible y segura. No, estaba segura…A continuación su teléfono vibró y sus certitudes se esfumaron cuando vio el nombre de Emma Swan en la pantalla, su corazón se saltó un latido y una ligera sonrisa se dibujó en sus labios sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
Cuando abrió el mensaje, su sonrisa no dejó de agrandarse
«Hey, ¿cita el parque este mediodía? ¡Tengo algo que decirle!»
Regina respondió enseguida antes de echar una ojeada al reloj: en una hora. Pero si realmente no sentía nada por Emma, ¿por qué contaba ya los minutos que la separaban de ella?
Regina parecía conocer el camino de memoria, cuando realmente solo habían sido dos veces. Cuando reconoció el pequeño carrito de los perritos de Julio, sonrió. Después, cuando divisó una cabellera rubia sobresalir por un lado, su sonrisa se amplió. Emma la vio y le hizo una señal con la mano, acompañada de una sonrisa franca y deslumbrante.
En ese momento preciso, Regina lo supo. Supo enseguida que Emma Swan le gustaba. Supo que quería pasar más tiempo con ella, que quería conocer más cosas de ella, que quería ver la vida a su lado. Quería todo eso. Ahora, se daba cuento de ello.
«¡Hey, hola!»
«Buenos días»
«Espero no haberla sacado de una tarea crucial en su despacho» dijo divertida Emma
«No, si así fuera, no me hubiera tomado el tiempo de venir»
«¡O es que no podía resistirse a verme!» rio Emma, lo que crispó un poco a Regina
«Oh…Euh, a decir verdad…»
«Relax, bromeaba. ¿Caminamos?»
Regina pidió su perrito y la dos, una al lado de la otra, comenzaron a pasear por el parque.
«¿Quería contarme algo importante?»
«¡Ah, sí! ¡No se va a creer lo que me ha pasado esta mañana!»
«Pues no»
Emma la detuvo y se puso delante de ella, posando una de sus manos en el antebrazo de la bella morena
«¡Esta mañana firmé mi primer autógrafo! ¿No es de locos?» dijo excitada Emma
Excitación contagiosa, pues Regina no pudo sino sonreír a su vez al ver la cara de pícara y de niña que Emma tenía
«¿De verdad?»
«Sí. Una niña, de unos doce años, llegó con la revista en las manos. Se sentó en la barra y me preguntó si era yo la de la portada. Cuando se lo aseguré, me la dio para que la firmara. Es guay, ¿no?»
«El comienzo de la gloria, en suma. Quizás se le suba a la cabeza»
«Oh, no, no lo creo. No soy de las de posar mecánicamente para las fotos, o menos aún comer una hoja de lechuga al día para ir corriendo a vomitarla…»
«Muy glamurosa la imagen que tiene de las modelos»
«Bueno, es verdad, no es una generalidad, pero…no soy de las de hacer eso»
«Pero lo ha hecho por mí»
«Sí, pero porque era usted. No lo haría por cualquiera» dijo ella con un guiñó que desestabilizó un poco a Regina
«Sí, sí, cierto» dijo ella colocándose de forma mecánica un mechón de sus negros cabellos tras la oreja, escondiendo con ese gesto el sonrojo de sus mejillas.
Se pusieron a caminar de nuevo bajo un pesado silencio, demasiado pesado para Regina. Si de verdad no se sentía atraída por Emma, ¿por qué su corazón, cada vez que sus miradas se cruzaban, palpitaba al galope? Lo peor era: ¿y si Emma era totalmente indiferente hacia Regina? Después de todo, si ella era lesbiana, o supuesta como decía Mallie, no tenía por qué saber que Regina podría sentir también cierta atracción por las mujeres….Entonces, ¿debía darle ciertas pistas? ¿Sugerir algo por palabras o comportamiento que llevara a pensar que ella no le era indiferente?
«Emma» «Regina»
Las dos mujeres habían hablado al mismo tiempo, lo que hizo nacer una sonrisa en ambas bocas.
«Oh, lo siento, usted primero»
«No, usted» insistió Regina
«Ok…¿Podemos sentarnos?»
Regina frunció el ceño antes de asentir y se sentaron en el primer banco que se les cruzó en el camino. Emma, que acababa de terminar su perrito, adoptó una postura que Regina aún no le conocía: espalda recta, manos juntas en sus rodillas, parecía sería, o al menos lista para decir algo serio. Después de algunos segundos de silencio, Regina lo rompió
«¿Emma? ¿Todo bien?»
«Oh, euh, sí, lo siento, yo…De hecho…Bueno, esto le va a parecer extraño, eh…Y no crea que le digo esto a todo el mundo…solo es que con usted yo…siento como…no lo sé, como una conexión…¿Sabe? No, es una tontería, lo sé»
«No, no, yo…siento lo mismo» dijo Regina conteniendo la respiración «Quiero decir, esa conexión, ese lazo»
«Sí, nos conocemos poco, pero…siento que puedo confiar en usted, abrirme, ¿sabe?»
«Ya veo» respondió Regina con una gran sonrisa. Quizás, finalmente, no iba a necesitar lanzarse ella. Emma lo haría antes…Su corazón latía a toda prisa, tanto que pensaba que podría romper su blusa.
«Bueno…lo que quería decir es…como ahora somos cercanas, como amigas, ya sabe, yo…tengo una cosa que contarle…pedirle. En fin. No se sorprenda porque, ya sabe, no confío fácilmente en la gente y no me abro tan rápidamente a ellos, así que…usted es la primera que conozco aquí y…»
«Emma, respire» dijo ella posando sus manos en las de Emma, juntas en sus rodillas, ejerciendo cierta presión para darle ánimos.
La bella rubia sonrió ampliamente y expulsó aire ruidosamente
«Ok. Entonces allá va…Usted…Yo…»
«¿Sí?» se impacientó Regina
«No llevo aquí mucho tiempo, pero…hace unos días ya…en fin, no es la primera vez, pero…Yo quería decírselo…No estoy segura…»
Regina frunció el ceño
«¿Emma?»
«Ok…» Ella inspiró antes de soltar una frase que golpeó a Regina en pleno corazón «He conocido a alguien»
No se quejen. Este capítulo ha sido largo.
