La historia de Dohko y la de Shion es muy triste, pero es imposible no amar a este par de amigos que supera todo.
Ojalá esté bueno. Siempre termino todo a último momento pero hice mi mayor esfuerzo. Sobre todo espero que Daena, fan acérrima del borrego hermoso, no lo odie jaja
Saludos
Disclaimer: Saint Seiya no me... bla bla bla NADA ES MÍO.
Dohko: 20 de Octubre
Hasta que nos volvamos a ver
"Dohko, de ser posible desearía seguir hablando contigo"
"No te preocupes, pronto volveremos a vernos"
"Tienes razón. Esperamos doscientos cuarenta y tres años… un poco más no significa mucho. Podríamos esperar un poco más"
Hasta que nos volvemos a ver. Adiós amigo…"
¿Cuántas veces tendrían que despedirse?, ¿cuánto más sentir el dolor, la pérdida, las lágrimas?
Se dice que los Santos son los hombres más fuertes del mundo, del Universo entero, por que tienen la fuerza de este dentro suyo, pero esa fuerza monumental que les permite estrellas su puño contra la tierra y las estrellas no les protege los sentimientos, las dolencias y las pérdidas más profundas. ¿Hasta cuando este mundo va a seguir siendo tan malvado?, ¿hasta cuando van a morir compañeros y van a llorar guerreros?
Dohko estaba sentando en las ruinas del pequeño coliseo donde entrenaban. Su ropa sucia y media rota de siempre lo acompañaba. Sus manos vendadas en los puños, cubriendo heridas viejas y tratando de preservarlas de las nuevas. Había entrenado muy duro y estaba tomándose un tiempo para descansar antes de arremeter de nuevo con el entrenamiento. Una sombra lo cubrió y se dio vuelta en seguida, no por que pensara que era un enemigo, hacía años que se había acostumbrado a esa sombra y que la conocía como amiga. Sonrió levemente al verlo y esperó que se siente a su lado.
Shion también tenía la ropa de entrenamiento, solo que un poco más pulcra y menos rota. Sus poderes psíquicos requerían otro tipo de entrenamiento, pero aún así tenía que practicar la lucha cuerpo a cuerpo como cualquier otro Santo.
—Te vas —dijo Dohko, como saludo. No era una pregunta, sabía que era verdad.
—Tengo que entrenar —Fue el comentario de Shion como respuesta—. Sabes que mi lugar de entrenamiento no es Grecia.
—Lo sé, no he dicho lo contrario. —acotó moviendo la cabeza en negación—. ¿Vienes a desperdirte de tu amigo? —preguntó mirándolo a los ojos con una pequeña sonrisa, un tanto melancólica.
—Venía a comentártelo pero parece que todo lo sabes.
Shion también sonrió un poco. Habían sido amigos desde que llegaron al Santuario, aún desconocían las razones, pero su amistad sobrevivió a las distancias de entrenamiento y las peleas.
—Justo cuando llego de los Cinco Picos. —comentó Dohko, pensando que quizá la vida de Santo no permitía hacer amistades cuando los entrenamientos eran tan lejanos y tan duros.
—En algún momento voy a volver.
Dohko rió, no porque fuera gracioso sino porque era irónico. Shion debía saber mejor que nadie que cuando él volviera de Jamir, Dohko estaría yéndose de nuevo a los Cinco Picos. Sabía que nunca podrían ser amigos normales, tampoco le interesaba, pero a veces le gustaría tener más tiempo con quién creció a la par durante esos años.
— ¿Siempre vamos a vivir despidiéndonos? —preguntó Shion mirando el cielo. Se había despejado de una tormenta que hubo la noche anterior y ahora podía ver el color azul y el blanco de las nubes sin lluvia
Dohko lo miró de soslayo y rió un poco.
—La vida de un Santo es despedirse de todo. —comentó acompañando su mirada y sonriendo melancólicamente—. Es irónico que cuando podamos estar más tiempo juntos sea cuando vayamos a morir. —reflexionó pensando en la Guerra Santa—. Al menos moriremos juntos.
—Tenemos poco tiempo por delante. —No tenía pensando lanzar un discurso de aprovechar el tiempo que les quedaba, porque bien sabía él que el tiempo restante debía ser usado en prepararse militarmente, pero… saber que los días estaban contados le daba una perspectiva más amplia sobre lo que estaba por perder con la muerte.
Dohko se levantó dejando atrás a su amigo y sonrió de lado.
—Hasta que nos volvamos a ver. —mencionó despacio para que lo oyera—. Adiós amigo.
Quizá no esperaban sobrevivir a esa Guerra Santa y menos siendo los únicos, habiendo vivido gracias al sacrificio de tantos compañeros. Era imposible nombrarlos a todos, pero también era imposible olvidarlos. Estarían siempre en sus mentes, todos los días de todo el resto de su vida en sus cabezas, porque sin las victorias y muertes de sus compañeros la Tierra no estaría a salvo y ellos no estarían vivos. El Universo tenía otros planes para ellos y de nuevo los separaba. Pero esta vez, la separación era optimista. Ya no les parecía tan grave no poder verse, ya no les parecía tan trágico vivir con tanta distancia. Habían crecido y sabían lo que era verdaderamente grave y trágico.
La separación física solo era una barrera de sus cuerpos mortales, pero sus espíritus siempre iban a estar entrelazados.
"Nosotros que sobrevivimos tenemos un deber que cumplir. Yo como Patriarca debo reconstruir el Santuario deshabitado. Y tú debes hacerte cargo de aquel rosario donde fueron sellados por Athena. Vigilando la torre donde el ejército de Hades, las 108 estrellas malignas, fueron selladas"
"Así es amigo de batallas. Es posible que durante largos años que se aproximan no nos veamos. Tenemos que vivir por la memoria de nuestros compañeros caídos. Aún separados nuestros corazones serán uno"
No sabían cuando se iban a volver a ver, pero eso ya no era un problema. Dohoko siguió su camino, con el optimismo de un futuro mejor y con la nostalgia de una vida llena de despedidas. No podía saber que no volvería a ver a Shion durante doscientos cuarenta y tres años. No podía saber que cuando volviera a verlo, lo vería como espectro de Hades. Lo único que sabía, era que aún separados, aún lejos, aún en bandos contrarios o con ideas contradictorias, la distancia nuca sería un problema. Ni en la muerte ni en la vida. Ni como Santo ni como Espectro. No hay distancia en la amistad. No hay despedidas en espíritus tan conectados.
"Hasta que nos volvamos a ver…"
