CAPÍTULO X.- REENCUENTROS Y REVELACIONES
ADVERTENCIA.- El siguiente capítulo contiene escenas de carácter erótico, no aptas de ser leídas por menores de 13 años.
En la amplia habitación de Archie, la enfermera particular se hacía cargo de sus curaciones, cuando de repente, entró Candy.
Buenas noches Nicole, ¿podrías dejarme a solas con Archie? Yo continuaré las curaciones.
Sí, señorita. Con permiso – rápidamente salió de allí
Como te sientes? – le preguntó acercándose para darle un tierno beso en la frente
Con tu presencia ya sabes que me siento mucho mejor, gatita
Mmm no sigas porque me la voy a creer – decía graciosamente Candy mientras quitaba las gasas de las piernas de Archie
Auch! Eso duele gatita!
Lo siento, pero necesito cambiarlas – seriamente, Candy siguió con su labor
Gatita… que ocurre? Estás muy seria
Nada!
Desde hace días te noto así… dime, ocurre algo?
Debería ocurrir?
Eh… no lo sé! Dímelo tú, pues creo que la presencia se cierta persona en Chicago es lo que te tiene así…
Archie por Dios! Otra vez con los celos? – le dijo realmente molesta – aún tengo que reclamarte el hecho de que te hayas ido a Nueva York a molestar a Terry…
No lo menciones! Que no te das cuenta que lo hice porque te amo? Tú estás conmigo y el no tiene ningún derecho de estarte enviando recaditos….
Ya basta Archie! Mejor llamaré de nuevo a Nicole – se levantó y dirigió a la salida
Candy! Espera! Porque nunca me has dicho que…?
Qué? – preguntó sosteniéndose del borde de la puerta
Que me amas…
Archie… que pregunta es esa!
Porque no la respondes?
Pues… la verdad es que… es muy pronto para saber si te amo o no… te quiero muchísimo, de eso si estoy segura
Pero no me amas
Ay! Descansa y otro día hablamos! – salió de allí
Al día siguiente, Candy se levantó muy temprano, acababan de cambiar el horario de su trabajo por el turno de las mañanas. Evitó entrar a ver a Archie, así es que se dirigió por todo el corredor hacia la salida, cuando se encontró de frente con Albert. El la saludó alegremente como siempre, ella hizo lo mismo, pero se moría de ganas por preguntar.
Este… yo ya tengo que irme Albert – decía mientras permanecía de pie
Vas a trabajar tan temprano?
Sí
Entonces porque no te mueves?
Eh… sí! Yo ya me iba! – se giró lentamente – adiós
Candy!
Sí?
Pequeña – Albert la miró con una arrebatadora sonrisa – te diré lo que quieres saber, estuvo espectacular, y me preguntó por ti. Te envía muchos saludos.
Yo… este… gracias Albert – sonrió tímidamente sintiendo un agradable estremecimiento por todo su cuerpo.
De repente, se escucharon gritos y golpes en la habitación de Archie. Candy y Albert se miraron simultáneamente y muy extrañados, pero ninguno dudó en subir a ver qué ocurría.
Eres un desgraciado! – gritaba histéricamente la morena – me prometiste que te harías cargo!
Pero no quiero hacerlo! No te creo nada! El embarazo te lo estás inventando!
Como te atreves? – preguntó llorosa – jamás jugaría con algo así!
Que sucede aquí? – preguntó Albert mientras entraba sin avisar a la habitación
Tío! – Archie comenzó a sentirse muy nervioso – Annie ya estaba por retirarse… no se que le dio por visitarme todos los días tan temprano
Es cierto eso Annie? – preguntó suspicazmente Candy – y porque ni Albert ni yo estábamos enterados de eso?
Debido a que te sientes la "reina" de la casa, te responderé, Candy – le dijo Annie retadoramente – soborné a la sirvienta para que me dejara entrar todos los días, ¿de qué te sorprendes? Yo solamente vengo a ver al hombre que amo! Ese hombre que descaradamente me arrebataste al grado de venirte a vivir a la mansión para estar más cerca de él! Pero ni aún así te librarás de mi! Archie es mío! Y él tiene la obligación de estar conmigo porque estamos esperando un hijo! – le recalcó a Candy gritándole histéricamente
Cállate! – gritaba Archie desde su cama – no le creas Candy! Es una mentirosa!
Ya veo – dijo Candy con la voz temblorosa – Annie… que tristeza que te estés convirtiendo en esto… en una vil mentirosa… eres el claro ejemplo de que le has aprendido de todo a Elisa…
Ahora resulta que soy yo la mentirosa? – dijo volteando a ver a Archie – dile Archie! Diles aquí a todos lo que pasó entre nosotros! Te vas a atrever a negarlo?
Porque no te largas! – le contestó él notablemente avergonzado
Niégalo! Niega que tú y yo hicimos el amor mientras ya andabas con Candy! Anda! Atrévete!
Sucedió porque tú me provocaste!
¿Qué? Entonces es verdad? – habló Albert sorprendido – aclara de una buena vez este asunto Archie!
Albert – le dijo Candy tocando su mano pero con la mirada sorprendida sobre Archie y Annie – no creo que haya nada más que aclarar – soltó en llanto – Archie… yo de verdad pensé que pondrías todo de tu parte para que esto funcionara – sollozando se salió corriendo de esa habitación, y Albert fue detrás suyo.
Pequeña! Espera! – la alcanzó en el pasillo y con sus brazos la rodeó de la cintura – sabes que yo te apoyaré, puedes confiar en mi
Albert! Porque me hizo eso? Yo arriesgué muchas cosas para que funcionara – Candy no podía dejar de hipar – y mira como me pagó!
Odio decir esto Candy, pero yo te lo dije! Te dije claramente que esta relación era un disparate! Yo adoro a mi sobrino, pero lo conozco de sobra!
Albert… - se separó de su abrazo – quiero estar sola, discúlpame
No te preocupes pequeña, desahógate, ya sabes que puedes contar conmigo
Candy asintió con la cabeza, y salió corriendo de la mansión. De inmediato Albert, fue a tomar el teléfono para llamar al hospital y avisar que Candy no se sentía bien. Ella no le dijo a donde iba, pero Albert la conocía tan bien, que estaba seguro que iría a cualquier lugar, menos a trabajar, después de lo sucedido.
"Necesito estar sola, necesito pensar, desahogarme… Dios mío! Por qué? Acaso esto es un castigo tuyo por haberme portado tan mal con Annie?" Pensaba Candy mientras corría libremente por las calles de Chicago. Abordó un carruaje y de inmediato le ordenó al cochero que la dirigiera a las orillas del lago Míchigan. Cuando llegó, se tiró al césped, cruzó sus piernas y hundió su rostro en ellas para llorar libremente. De repente levantaba su rostro, observaba el reflejo de los árboles en el inmenso lago, era un espectáculo fenomenal, pero su estado de ánimo no congeniaba en nada a la maravillosa vista que tenía enfrente. Pasados más de veinte minutos, se levantó, suspiró y se encaminó para abordar otro carruaje que la llevara directamente a su trabajo. Llegaría con dos horas de retraso, pero ya se las arreglaría para disculparse.
Durante todo el camino, llevaba la mirada perdida a través de la ventanilla, el carruaje dio una vuelta en la siguiente curva y se topó de inmediato con un enorme afiche en el que galantemente lucía Terry, sólo, con su riguroso traje de época, con su semblante serio. Se veía irresistiblemente guapo ataviado en su ropa que representaba espectacularmente a Macbeth.
Se quedó boqui abierta, ¡diablos! lo sucedido con Archie le hizo olvidarse completamente de que Terry se encontraba en la ciudad. Sacó la cabeza de la ventanilla y le gritó al cochero.
Señor! Quiero cambiar de destino!
A donde la llevo señorita?
Al Hotel Lex!
De acuerdo señorita!
En la habitación del hotel, Terry estaba sentado frente al tocador deshaciéndose los nudos del cabello recién lavado. De repente, llamaron a su puerta. Se levantó a abrir, su visita es Karen. Se fue a sentar nuevamente y ella lo siguió, sentándose provocativamente sobre sus piernas.
Ahora no, Karen – le dijo un tanto molesto
Por qué? – preguntó melosamente ella – no me digas que aún te da nostalgia esta ciudad? Mira… estamos solos en la habitación, bien podríamos ir más allá de…
Cállate! – con increíbles fuerzas la apartó de su regazo – sal de mi habitación
Terry! Eres un grosero! No me merezco ese trato!
Y que es lo que te mereces? – se acercó y tocó su barbilla – querida Karen, parece que se te olvida nuestro acuerdo.
No, no lo olvido! – de un manotazo le quitó la suya de su cara – pero tampoco soy un objeto!
Tu misma aceptaste mis términos – se le acercó nuevamente a darle un tímido beso en los labios – ahora no te quejes, sal de mi habitación.
FLASH BACK
Era medio día, Robert les dio a sus actores tres merecidas horas de descanso. Terry, solitario como siempre, se encaminó hacia un popular bar muy cercano del teatro, pero Karen lo fue siguiendo. Lo alcanzó y lo convenció de que lo acompañara. Ya estando en el bar, Terry se bebió una botella y media de whiskey, y no porque siguiera siendo un borracho empedernido, sino porque la presencia de Karen lo irritaba de cierta manera que él sentía que el alcohol le alivianaba un poco ese sentimiento. Ya estando un poco más bebido, Karen se aprovechó para ser más cariñosa con él que de costumbre.
Karen, estoy ebrio, pero no soy un estúpido. Quiero que te quede muy claro que entre tú y yo no puede haber algo serio – se acercó a darle un atrevido beso que ella lógicamente no rechazó – esto, querida, es lo que te ofrezco, un desliz cada vez que a mí se me antoje, nada de palabras de amor, nada de compromisos, y nada de sexo. Lo tomas, o lo dejas.
De acuerdo. Acepto – lo miró a los ojos desafiantemente "solo un poco más de tiempo, para que caigas rendido ante mí… Terry… mi Terry…"
Qué buena chica – le sonrió y la volvió a besar – y otra cosa… ni una palabra de esto a nadie.
Lo prometo – le dijo con un tono infalible y ahora fue ella quien lo jaló de los cabellos para arrebatarle otro apasionado beso.
En muchas ocasiones, Karen, por supuesto, intentó llevárselo a algún hotel para lograr que tuvieran relaciones sexuales, pero Terry es tan listo que siempre se olía las intenciones de la chica. También intentó que el rumor de su "romance" llegara a oídos de Susana, pero aún no sabía cómo hacérselo saber, sin armar un escándalo.
FIN DEL FLASH BACK
Terry… querido mío, aprovechemos la oportunidad de estar solos – se acercó por detrás de su espalda y le tocó provocativamente el pecho – yo deseo estar contigo – le susurró al oído.
Te he dicho que te salgas – le dijo en un tono muy enfadado
No te hagas del rogar, Terry! Acaso no me deseas? Mírame – se apartó un poco y se puso en una seductora posición para que Terry la observara – soy una mujer bella, una mujer que te puede dar todo lo que necesitas, yo no sé qué tipo de experiencias hayas tenido anteriormente respecto al sexo pero…
Cállate! Por Dios! De verdad cállate! – le dijo Terry con una expresión tímida en el rostro y un color rojo tomate encendiendo sus mejillas.
¿Por qué? Nooooooo… no me digas que tu nunca… oh Terry de verdad? Jajajajaja
Porque no te largas ya! Que te importa mi vida!
El gran rebelde y arrogante Terrence… es virgen! Jajajajajajaja – Karen no paraba de reírse burlonamente
Ya te dije – se acercó y violentamente la sacudió del brazo – que te largues! No te importa mi vida! No te entrometas!
Suéltame! – logró zafarse del agarre de Terry – tu nerviosismo dice más que mil palabras adorado… pero no te preocupes que ya no me entrometeré, pero eso sí, lucharé para lograr que vengas a mi cama… yo estaré gustosa de enseñarte todo lo que el amor tiene que ofrecer
Amor… amor? Si cómo no! Tú que sabes de amor… ya vete!
Y con los sentimientos encontrados, entre furia, nerviosismo y lujuria Karen se retiró de la habitación de Terry.
"Malditos errores de borrachos! Porque le propuse semejante estupidez a Karen? Qué bueno… tan malo no ha sido… me complace en esos pequeños detalles, esa necesidad de tener la cercanía de una mujer… aunque no sé como quitármela de encima! Dios mío… es peor que Susana! Si en estos momentos viera a mi Candy… nada me importaría, huiría con ella al fin del mundo y me olvido de todo… Candy… mi corazón aún siente una agradable calidez cuando pienso en ti… es por ti que nunca he entregado mi cuerpo y alma a nadie… porque ninguna mujer hasta ahora me ha hecho sentir el amor y la pasión que tú me provocas, mi amada pecosa…"
Con un semblante alegre en su rostro, consecuencia de pensar en Candy, salió Terry de la habitación de su hotel para bajar al restaurante a tomar un desayuno.
Posaba su mano en el barandal del pasillo del hotel, bajó la mirada y encontró lo que tanto anhelaba desde hacía más de dos años. Abrió estupefacto los ojos, su corazón comenzó a latir a mil por hora y casi sintió como se le fue la respiración.
En la recepción, estaba Candy, su rostro estaba un tanto triste. De repente giró la mirada hacia arriba y sus ojos verdes de inmediato ubicaron la silueta de Terry.
"Es ella, Dios mío no es un sueño! Ahí está ella, tan hermosa… no! Más hermosa de lo que la recordaba, ya no es una adolescente, es una mujer bellísima, mi Candy… cuanto tiempo añoré este momento y al fin ha llegado, el momento de volver a verla, de tenerla cerca… cuanta necesidad tengo de gritarle cuánto la amo, cuanto la he extrañado y cuanta falta me ha hecho, necesito abrazarla, besarla, acariciarla y hacerla sentir la mujer más dichosa del universo entero… "
"Terry! Estaré soñando… no puedo creer que estás aquí, tan cerca, a tan solo unos pasos… mi amor… estás tan guapo… como deseo correr a abrazarte, besarte y decirte cuanto te amo y cuanto te necesito… y que estoy esperando! Si tarde o temprano tendrá que ocurrir!"
Candy corrió hacia las escaleras, Terry hizo lo mismo bajando. Se encontraron en medio de los peldaños. Se quedaron inmóviles mirándose directamente a los ojos. El primero en reaccionar fue Terry, suavemente rodeó su cintura con uno de sus brazos y hundió su rostro en los tersos rizos de Candy. Ella por su parte rodeó el cuello de Terry, en un abrazo tan vigoroso que desearía durara para siempre. Ambos permanecieron así ¿Cuánto tiempo? Es lo de menos. Disfrutaron de ese abrazo por un largo rato, pero repentinamente a Terry se le vino a la mente una palabra que resonó fastidiosamente en su memoria: Archie.
Ineludiblemente se separó lentamente del abrazo de Candy, la miró nuevamente a los ojos, le regaló una arrebatadora sonrisa y la invitó a acompañarlo.
Me acompañarías a tomar algo, Candy?
Eh… sí, vamos – con la mirada baja Candy se secaba un par de lágrimas que inevitablemente se le escabulleron.
Caminaron a un costado de la recepción del hotel, detrás había una puerta que llevaba hacía la cafetería. Entraron, se acomodaron e hicieron su pedido. Mientras esperaban, no hablaban para nada, Candy mantenía la cabeza declinada con un ligero rubor adornando sus mejillas, Terry la observaba, con esos cautivantes ojos azules no dejaba de observarla, y para su insatisfacción, notó que Candy había llorado excesivamente. Su corazón se encogió, y por ello decidió romper el silencio.
Cuéntame, como has estado, Candy?
Bien, muy bien – por primera vez desde que se sentaron, Candy alzó la mirada
Estás segura? – le preguntó mientras alzaba una ceja – Candy… no quiero parecer un entrometido, pero te veo un poco… afligida – se acercó más a ella – además… tomando en cuenta que viniste hasta aquí… dime, puedo ayudarte en algo?
Es que… Terry, yo la verdad ni sé porque vine, fue un impulso! – de repente esbozó una pequeña sonrisa – pero me alegra mucho tener estos impulsos pues tenía muchas ganas de saludarte! Dime Terry, como te ha ido a ti? Bueno, para que pregunto… ya sé que de maravilla! – todas estas palabras Candy las dijo con impresionante rapidez, que Terry no pudo evitar reírse ampliamente
Un impulso, eh? Dime Candy… porque estás triste?
Yo?
Quien más? No veo a nadie más sentado con nosotros, pecosa
Este… yo… rompí con Archie, me traicionó – esta última frase la dijo en un tono bastante bajo – y bueno, yo seguiré adelante… dejaré de pensar en ello y…
Candy – la interrumpió, los ojos de Terry destellaban odio por su antiguo rival, ¿Cómo se atrevió a traicionarla? Si hasta hace pocos meses lo fue a buscar para presumirle su relación! Pero ya tendrá tiempo más adelante para hacerlo pagar por un acto tan vil – me acompañarías a mi habitación? – le pregunto muy determinante
¿qué? – Candy se sorprendió mucho ante tal petición
Tranquila! No soy un pervertido que se quiera aprovechar para violarte! O ya olvidaste que somos viejos amigos?
No lo decía por eso Terry… es que ha pasado tanto tiempo…
Vienes? No te quitaré más de cinco minutos "aunque desearía que te quedaras toda la tarde conmigo" pensó
Está bien – le regaló otra tímida sonrisa
Terminaron de ingerir su almuerzo y se condujeron al tercer piso del hotel para ingresar a la habitación. Mientras caminaban, Terry llevaba sus manos en los bolsillos del pantalón mientras que Candy se sujetaba ambas manos delante de su vestido. A los dos les picaban las manos por sujetar las de su acompañante, pero ninguno accedió a hacerlo. Llegaron, Terry saco la llave y abrió la puerta.
Pasa, por favor – con paso lento, Candy entró volteando a ver todo a su alrededor – toma asiento, pues lo que debo decirte no será tan breve como te lo prometí hace un rato, discúlpame de antemano Candy, pero es muy importante para mí.
Está bien, no tengo ningún problema – Candy vaciló un rato pero después se decidió a tomar asiento en un pequeño diván.
Terry se dirigió hacia un pequeño maletín de mano que posaba encima del tocador, y de él sacó un papel cuidadosamente doblado. Se dio la vuelta y se lo entregó a Candy.
De esto es de lo que quiero hablarte – le dijo Terry sin dejarla de mirar fijamente a los ojos – de esta carta, que desde que llegó a mis manos la he conservado tan preciadamente
Oh Dios! – Candy se llevó una mano a la boca al ver que el papel que le dio Terry, era esa carta que años atrás ella escribió después de su rompimiento – no hay nada que decir Terry – le entregó la carta y de golpe se levantó para dirigirse a la puerta.
Espera! – Terry aventó el papel a la cama y la alcanzó por detrás, impidiéndole abrir. Candy ya posaba su mano en la manija y el la detuvo de la muñeca – no te vayas aún, por favor – Candy sentía su respiración entrecortada detrás de sus orejas
Que quieres que te diga? – le preguntó con voz temblorosa
Si aún sientes lo mismo que plasmaste en ese papel – mientras se lo dijo, le tomó ambos brazos y la abrazó por la cintura
Terry, por favor…
No te dejaré ir hasta que me respondas – la aprisionó mas contra la puerta – pero dime la verdad, no quiero escuchar nada más que la verdad – le ordenó posando su rostro en la hendidura del cuello de ella, haciéndola estremecer ante el toque de su delicada respiración sobre la piel tan sensible de esa parte de su cuerpo
No hay ninguna verdad, déjame ir Terry – unas gruesas lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas, pero sintió como Terry la aprisionó aún mas
Me estás mintiendo! Y no lo entiendo Candy, viniste hasta aquí por algo, ya me hiciste saber que tu y Archie no tienen nada que ver… y eso tiene solo una explicación, Candy… y quiero que me la des tú!
Te amo – le dijo en un susurro que apenas y Terry lo alcanzó a escuchar. Debido a esto la abrazó con más fuerza y comenzó a derretirla con delicados besos por todo su cuello, nuca y hombros. Candy sentía escalofríos por todo su cuerpo haciéndole agitar más su respiración.
Quédate, por favor – le susurró cerca del oído – esta noche es mi última presentación en esta ciudad, tendré que partir mañana al medio día, por favor Candy… quédate esta tarde conmigo – ella asintió con la cabeza. Con esa acción Terry apartó las manos de su cintura para tocarle los hombros, bajó por la espalda, dándole un suave masaje mientras no dejaba de besar su cuello, fue descendiendo lentamente hasta tocar la suave curva de sus caderas, rodeándolas con ambas manos. Pero está acción hizo que Candy respingara un poco – tranquila mi amor, no haré nada que no quieras – volvió a tocar sus hombros y la hizo girarse, se miraron a los ojos y lentamente sus rostros se fueron acercando hasta que sus labios se encontraron ansiosos de un beso. Un beso que comenzó tierno, delicado… Candy se aferraba de los brazos de Terry mientras que él la abrazaba tiernamente por la espalda. El beso comenzó a tornarse más exigente, ambos intensificaron más sus caricias. Ella dejó de aferrarse a los brazos de Terry para tocar su pecho a través de la tela de su camisa. Él por su parte comenzó a descender sus manos por la menuda espalda de Candy para alcanzar a tocar sus firmes glúteos, lo hacía de manera tan sutil y delicada que ella no protestó. Terry separó sus labios de los de Candy para recorrer un camino de besos por todo su rostro y cuello, posteriormente alcanzó el delicado escote de su vestido y siguió bajando sus labios hasta donde ese escote se lo permitió. La respiración de Candy se tornaba mas agitada y de repente lanzaba discretos jadeos, que hacían estremecer a Terry hasta lo más profundo de su ser, logrando que sus caricias se intensificaran. Después de pasar un deleitable rato tocando sus glúteos, la tomó de ambos muslos cargándola y aprisionándola más contra la puerta, ella rodeó las caderas de Terry con sus piernas y con los brazos se aferró a su ancha espalda, sus labios volvieron a encontrarse para sellarlos con otro romántico e intenso beso. Aún cargándola, la dirigió hasta el borde de la cama, ella se acostó y generosamente con sus piernas atrajo el cuerpo de Terry hacia el suyo. Él la besó nuevamente a los labios, pero ella sutilmente alzó su rostro para que Terry le siguiera besando el cuello, hasta que llegó a su pecho. Aunque estaba tan emocionado y extasiado, dudó en seguir más allá, pero Candy, regalándole una sutil sonrisilla lo alentó a seguir, tomando su mano y acomodándola sobre uno de sus senos, después le posó la mano encima de los pequeños botones hallados en la parte delantera de su vestido. Esta reacción de inmediato le hizo saber a Terry que debía seguir. Delicadamente y al mismo tiempo emocionado, comenzó a desabotonarle el vestido, el cual se podía abrir hasta abajo. Terminando esta tarea lo abrió, dejando expuesta la piel blanca y tersa de Candy, después posó su mano sobre uno de sus senos cubiertos por la tela del discreto top – yo también te amo, te he extrañado tanto mi amor – le dijo mientras le cubrió nuevamente sus labios con otro beso.
De un seno pasó al otro, acariciándolos con ternura y determinación. Ella comenzaba a sentir una desconocida humedad en su vagina, pero era una sensación tan placentera que hizo que se relajara aún mas y se dejara llevar. El por su parte también comenzaba a notar el inevitable crecimiento que quería brotar de su pantalón, pero se apartó un poco porque no quería causarle ningún tipo de susto a Candy, pero para su sorpresa, ella no estaba nada asustada. Aun así, Terry no estaba muy seguro de que tan lejos quería llegar esa tarde.
Candy, mi amor – le dijo con la voz un poco ronca – disfrutemos nuestra juventud, nuestra relación, los momentos que podamos vivir tu y yo solos. El día en que tú y yo demos un paso tan importante como hombre y mujer será porque ya te haya desposado frente a Dios y le haya hecho saber al mundo entero que tú eres la razón de mi existencia.
Estoy de acuerdo contigo – le sonrió y le dio un beso – pero bien podríamos seguir así por un buen rato, no? – le guiñó el ojo, tomó su cabeza y lo atrajo para darle otro beso.
Esa es mi pecosa traviesa que tanto extrañaba! – se aventó encima de ella para seguirla besando, repitió nuevamente la sesión de delicados besos por todo su rostro, cuello, pecho… aún tenía el vestido desabotonado, Terry pasó por alto sus voluptuosas curvas para saltarse a besar el estómago, pero Candy lo jaló de los hombros y con una expresión dulce y pícara a la vez en su rostro, le dio entender que no esquivara ni un centímetro de su pecho. Muy gustosamente Terry accedió a la silenciosa petición, posando sus labios en las cimas que tenía enfrente. Sobre la tela del top sobresalían dos pequeños botones excitados los cuales él no tardo en acariciar, uno con su boca, y otro con sus dedos. Ella se retorcía, pero de gusto, pues el contacto de la boca de Terry sobre sus pechos la hacía estremecer hasta el grado de poder perder la cordura. Pero no estaba dispuesta a perderla. Él siguió mordisqueando suavemente, primero con uno y siguió después con el otro, dejando la tela del top humedecida y haciendo que esa humedad transparentara estimulantemente el rosado color de sus pezones que tan solo con observar esa linda imagen, Terry sintió un agradable estremecimiento en todo su cuerpo. Subió sus labios hasta el rostro de Candy para volver a atrapar los suyos mientras no dejaba de tocar sus senos. Pasados un par de minutos, esa mano comenzó a descender hacia el ombligo, para inmiscuirse traviesamente debajo de las pantaletas, pero solo se quedó ahí, sintiendo el delicado bello que cubría su pubis. Cuando sus dedos comenzaron a moverse hacia arriba, la mano de ella lo detuvo.
Tócame – le dijo determinante
No, no me hagas perder la cordura – le respondió con la respiración entre cortada
Y no la perderás, pero te he necesitado tanto… por favor – le suplicó mientras le tomó la mano y la posó justamente en el centro de su sexo.
Mi amor… estás húmeda
Es por ti – le besó nuevamente los labios
Él, queriendo hacerle notar a Candy como lo ponía también, se acercó más a ella frotando su entrepierna contra su muslo, haciendo que el deseo de ambos allí abajo se hiciera más notable. Con habilidosos dedos, él tocaba delicadamente esa parte tan sensible del cuerpo de la chica, ese botón destinado a controlar el exuberante deseo de una mujer; ante los toques recibidos, ella levantaba sus caderas para alentarlo a introducir los dedos y él, ni tardo ni perezoso cumplió a los deseos de Candy, pero no hizo solo eso, tomó una de sus pequeñas manos y la posó sobre su miembro que desde hacía minutos, ya estaba completamente erguido. Ella no vaciló ni un segundo, y con movimientos novatos pero firmes, acarició no solo su miembro, sino que esa manita inquieta bajó hasta la base de este y mas allá, sintiendo la suavidad de sus testículos mientras él sentía la agradable calidez y humedad dentro del cuerpo de ella. Pasados alrededor de diez minutos de tocarse y explorarse simultáneamente, ambos llegaron al clímax, explotando en placenteros jadeos y esparciendo físicamente su orgasmo mutuo. Terry tuvo que hacer uso de un poder sobre humano para no hacerle el amor en ese momento a Candy, pero aún así, estaba satisfecho e inmensamente feliz. Le dio un tierno beso en los labios y se levantó para cambiarse la ropa. Se apresuró bastante, volvió a acostarse junto a ella y volvió a besarla apasionadamente.
Te voy a extrañar Terry – le dijo mientras mantenía su cabeza reposando en el pecho de él
No hablemos ahorita de eso mi amor – le besó con ternura la cabeza – ahora que volvemos a estar juntos haremos muchos planes para el futuro, solo tendremos que esperar hasta que termine esta gira para hacer las cosas con más calma, si?
Lo que tu digas mi amor! De igual manera ya hemos estado tanto tiempo separados, pero dime Terry… hay algo que aún me preocupa mucho.
Qué?
Qué pasará con Susana? Es decir… hace un tiempo me enteré que tu y ella ya no están juntos, pero… y si quiere recuperarte?
No me recuperará porque nunca me tuvo, mi amor… no quiero hablar de ella ahorita, solo te puedo decir que los dos estuvimos de acuerdo en terminar, ella fue muy comprensiva y me dijo que no me obligaría a nada.
De verdad? – una gran sonrisa iluminó el rostro de Candy – me alegra tanto saber eso – se giró y le dio un tierno beso en los labios.
Dieron las cinco de la tarde, acababan de terminar la comida que pidieron que les hicieran llegar hasta la habitación.
Candy, en una hora tengo que estar en el teatro para prepararme.
Está bien, entonces no queda más remedio que irme – le dijo un tanto triste
Toma – le extendió un pase preferencial para la presentación de ese día.
Oh! Terry… de verdad?
Tómalo! No quieres ir?
Ay pero claro que quiero ir! – le expresó mientras le aceptó el pase – tengo que irme a cambiar! Adiós!
Oye! No tan rápido! – la abrazó – cinco minutos más, preciosa – atrapó nuevamente sus labios en un largo y profundo beso, que odiosamente fue interrumpido por un llamado a la puerta. – mmmm como molestan… adelante! – la puerta se abrió y entró la chica castaña
Karen! – saludó Candy – hola Karen! Que gusto verte! – se acercó y la saludó con un amistoso beso en la mejilla
Hola Candy – aceptó el saludo, pero no de tan buena gana.
Que se te ofrece Karen? – le pregunto Terry pensando para sí mismo "demonios! Olvidé a la tonta de Karen! Dios mío que no haga una estupidez por favor…"
Y para su sorpresa, Karen se comportó más discreta que nunca
Solo vine a avisarte que ya está listo el coche para que nos vayamos con los demás compañeros al teatro – se giró a ver nuevamente a Candy – me dio mucho gusto verte Candy, irás a la obra? Hoy es el último día aquí en Chicago.
Sí, si va a ir – respondió Terry – Karen si me disculpas, tengo que despedir a Candy, y posteriormente tomar una ducha, en un momento bajo.
Está bien Terry, con permiso – se retiró de allí.
Como que está un poco rara, no lo crees? – pregunto ilusamente Candy
Está loca, no le hagas caso – la abrazó nuevamente – te veré al rato mi amor – selló sus labios con un beso de despedida.
Candy se retiró de allí con el corazón brincando de alegría. Se dirigió a su departamento a ponerse un atuendo adecuado para la ocasión. Debido a la belleza natural que orgullosamente posee, solo le llevó unos cuantos minutos acomodarse el cabello y ponerse su elegante vestido largo color perla, con un sencillo y coqueto escote cuadrado del cual lucían unos adornos de elegantes rosas pequeñas. Su cabello lo recogió sencillamente con unas elegantes horquillas a juego con el vestido.
Muy puntual llegó al teatro, buscó su palco y ansiosa esperó a que se abriera el telón. Durante el primer acto, Candy no pudo evitar contener unas risillas al ver a las actrices que representaban tan profesionalmente a unas brujas y posteriormente, aparece en escena Macbeth, interpretado tan majestuosamente por Terry… el corazón se le paralizó y un rubor carmesí tiñó sus mejillas al recordar los íntimos momentos que esa tarde compartieron. Terminó la obra acompañada de una gran lluvia de aplausos. Candy quería ir a ver a Terry hasta su camerino, pero pensó que no sería un momento prudente al estar conviviendo con tantas fans. En realidad, no quería ver a Terry atendiendo tan cariñosamente a cuanta fanática se le atravesara, por eso mismo decidió marcharse, y alcanzar a Terry al otro día a la estación.
Llegó a la mansión con el propósito de recoger sus pertenencias. Sí, se regresaría a su departamento, estaba muy molesta con Archie y por ahora no quería saber nada de él. Cuando llegó, corrió por los pasillos y vio la puerta del estudio de Albert abierta. Tocó sutilmente.
Se puede?
Albert reconocería esa vocecita hasta el fin del mundo
Desde luego pequeña – Candy se abrió paso y corriendo eufóricamente se colgó del cuello de Albert mientras lo besaba cariñosamente en las mejillas
Te quiero, te quiero, te quiero tonto! Estoy feliz!
Candy! Este milagro a que se debe? Mírate nada más, si pareces una princesa! Será lo que estoy pensando?
Y que estás pensando? – le preguntó coquetamente con una sonrisa que no podía quitarse del rostro
Pienso en que cierto muchachito llamado Terry y apellidado Grandchester es el que te tiene así de fascinada – le dijo graciosamente mientras le tomaba ambas manos
Ayyy siii! – Candy brincaba de felicidad y Albert la abrazó
Mi pequeña! Adoro verte así, tan feliz, tan realizada – se apartó de su abrazo para mirarla a los ojos – tienes que contarme todo! – la dirigió hacia el sofá para sentarse – muero por saber si dentro de poco Terry se convertirá en mi yerno y me darán nietos.
Albert! Jajaja bueno… pues me dijo que esperaremos a que termine su gira y haremos planes a futuro… ay Albert estoy tan contenta!
Me alegro tanto pequeña… y dime, como es que lo viste? Lo buscaste?
Ehm… - se sonrojó un poco – sí, yo lo busqué – y poco a poco fue relatándole a su padre adoptivo como es que se decidió a ir al hotel y se lo encontró allí. Claro, omitió ciertos detalles.
Después de charlar larga y amenamente con Albert fue a recoger sus pertenencias y rápidamente se fue a su departamento. Esa noche, tardó horas en conciliar el sueño, pero cuando lo logró durmió como no lo había hecho en años.
Dando las ocho de la mañana, su fiel acompañante Clin, la despertó con su característico cariñito y ella felizmente se levantó, se duchó, se vistió y más tarde se dispuso a alcanzar a Terry a la estación. No le preocupaba del todo su empleo en ese momento pues en la noche Albert le hizo saber que se comunicó al hospital para avisar sobre su ausencia y que su estado de salud no se encontraba de la mejor manera, por lo que el director del hospital cedió en darle dos días de reposo.
A las once de la mañana abordó un carruaje rumbo a la estación, y cuando llegó no pudo ubicar de inmediato a Terry, había tanta gente. Cinco minutos más tarde lo vio a lo lejos acompañado de Karen y Robert, se acercaron más y ella alzando su brazo le hizo saber que estaba allí. Terry no dudó en correr hacia ella, cuando estuvieron cerca se abrazaron con frenesí y continuaron con un tierno beso en los labios.
Mi amor, aun no te marchas y ya te extraño
Yo también preciosa… pero me voy con una gran satisfacción al saberte ya a mi lado
A donde irás ahora?
A St. Louis, pero ya quedan pocas ciudades… habrá un mes más de presentaciones en Broadway y terminará la temporada.
Uf! Vaya que tienes bastante trabajo!
Y me encanta mi trabajo! Pero nunca antes había estado tan desesperado por que terminara una temporada como ahora… mi amor… ya quiero volver por ti y llevarte conmigo! – se volvieron a besar y se alcanzó a escuchar el pitido del tren que anunciaba que ya se pondría en marcha.
Recuerda que te amo, que te estaré esperando…
Tu también recuérdalo mi amor… vendré por ti, te lo prometo – le dijo mientras le tocaba las sonrosadas mejillas
Terry! – le habló Robert – odio interrumpirte Terry, pero hay que abordar, buenos días señorita.
Candice White – le extendió la mano
Un placer señorita, con su permiso – palmeó el hombro de Terry y subió al tren.
Karen, ya adentro, observaba desde la ventanilla con un odio inconfundible destellando de sus ojos la escena de Candy y Terry despidiéndose tan románticamente. Candy ni siquiera se dio cuenta, ella estaba feliz al lado de Terry y cualquier cosa que pasara a su alrededor, para ella era irrelevante.
Muy obligadamente a abordar, Terry no tuvo más remedio que emprender su viaje. Ya tendrían suficiente tiempo más delante de estar juntos, de casarse, de ser felices…
Continuará…
Heeeey Hola! Muchísimas gracias por seguir la historia! Espero que este capítulo les haya encantado tanto como a mi mientras escribí! Me disculpo anticipadamente si esperaban sexo seguro… pero según yo, aún no era el momento de que lo tuvieran, debido a la época en la que está basada la historia, ustedes sabrán que tener relaciones antes de casarse era visto como lo mas pecaminoso del mundo, además, no olvidemos que aún no existían los famosos preservativos… razón por la cual, Terry (adoptando la actitud madura con la cual lo plasmé en este fic) toma una decisión inteligente al no querer aún "embarazarse"
Bueno… espero hayan entendido mi punto, no me queda más que agradecerles nuevamente e invitarlas a que me dejen sus comentarios. Nos leemos en el siguiente capítulo!
Gema: a mí también Candy me paree odiosa, pero que tal en este capítulo? La redacté un poco mas inteligente no crees? Jeje saludos y gracias!
Litac: Ay es que la tonta de Annie ya no sabe ni que hacer para retener al pobre de Archie… espero te haya gustado este capítulo. Saludos y Gracias!
Klaudya: como vez, Candy ya recapacitó! Espero te haya agradado. Gracias y saludos!
Luisa: Gracias por seguir hasta ahora mi historia. A mí también me molesta la actitud de Candy, pero ya era justo que recapacitara y en este capítulo lo hizo muy bien, claro… solo por que se enteró de lo de Archie pero aún así hay que darle sus méritos. Saludos y gracias!
