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Capítulo 10: Tregua.
El ambiente en la sala del trono estaba increíblemente tenso, Zuko, el cual había tomado el control de la nación de forma temporal, en la sala se encontraban también Iroh, los altos cargos militares y el consejo.
"Tenemos las manos atadas, al menos de momento." Afirmó uno de los consejeros del trono, el más anciano. "Mi sugerencia es esperar que ellos realicen el siguiente paso y actuar en consecuencia."
"Aunque es cierto que deberíamos ver como se desarrolla la situación, prepararnos ya para la guerra no sería tan mala idea, quizás mostrar nuestro capacidad bélica les convenciera para que se rindieran." Le respondió uno de los generales.
Las discusiones continuaban y Iroh se estaba poniendo más y más nervioso, los presentes no se ponían de acuerdo, mientras Zuko se sentaba en el trono, sumergido en sus pensamientos.
Uno de los comandantes, el encargado de las amenazas exteriores se levantó para dar su opinión
"Quizá deberíamos atacar ahora, su armamento; menguado, sus hombres; cultistas, traidores, policías y milicianos; sus dirigentes, un necio que se cree profeta, una princesa huida, además de loca y un comandante traidor. Aunque me duela decirlo, la vida del Señor del Fuego no se puede comparar al valor de nuestra nación, y decir que en un futuro se convertirán en una amenaza es un hecho, ataquemos ahora y eliminaremos la plaga antes de que aparezca."
Tras oír el discurso del comandante Iroh se levantó en el acto.
"¿No estará insinuando poner en peligro al dirigente de la Nación, Comandante Hin?"
"Solo pienso en la nación y en que un crío con un arco sigue siendo un peligro a su alrededor aunque sea un crío."
"Ella ha hecho más por esta nación que cualquiera de los que están aquí discutiendo y aún así piensas en atacar."
Zuko se puso en pie.
"No quiero discusiones en esta sala, he escuchado la opinión de todos, ahora necesito tiempo para reflexionar, levanto la reunión."
Todos los asistentes se levantaron y se dirigieron a la salida.
"Tu no, Iroh, tengo que hablar contigo."
Zuko se bajó del trono y se dirigió a su nieto
"Se que es duro, pero algún día estos hombres servirán bajo tu mando y no deberías ganarte enemistades."
Zuko le puso la mano en el hombro, sabía por lo que había pasado, sus propios hombres traicionándole, tener que huir del país, su madre secuestrada, era un peso cada vez mayor
"Tenemos que negociar con ellos" Dijo Iroh. "Iré yo mismo a preparar las negociaciones."
"No" Dijo Zuko. "Eso es lo que mi hermana quiere, te recuerdo que oficialmente, eres un general con asilo en nuestra nación, sin poder de ningún tipo, si intentas tomar el control, los otros militares pensarán en nepotismo, y puede que se sientan despreciados, ya perdiste a tus subordinados una vez, esta vez vamos a esperar vamos a esperar, estoy seguro que el Centinela querrá negociar en pocos días, al contrario que Azula creo que él querrá tomarse las cosas con calma, quien sabe puede que ya haya enviado un mensaje."
"Esta bien." Dijo Iroh. "Tendré paciencia."
Zuko no se equivocó, tres días después un mensaje llegó directo desde Ciudad República, Zuko convocó una reunión y lo abrió en la sala del trono en presencia de los integrantes de la última sesión.
El mensaje contenía tres hojas separadas: En la primera aparecía únicamente el símbolo de la espada dorada del Centinela, el mismo que había visto en el dirigible el fatídico día, el segundo era un mapa, en el aparecía un punto señalado en medio del mar, entre la Capital de la Nación del Fuego y Ciudad República, el tercero era una carta.
Al actual dirigente de la Nación de la Nación del Fuego y a sus colaboradores:
Disculpen no haberme presentado de manera más formal en Ciudad República.
Soy, como ya habrán oído, el Centinela Dorado, no considero necesario que se me llame de otra forma.
Como ya sabrán ustedes, hemos tomado el control de la República de Naciones de forma indefinida.
Además hemos retenido de forma también indefinida al Señor del Fuego.
Está en nuestros intereses mostrarles que no poseemos ninguna razón maliciosa para retenerla.
Por eso le pido que se reúnan conmigo para oír mis condiciones en el lugar que aparece marcado en el mapa adjunto
Cinco días después de la toma de la ciudad, me gustaría escribir más de mis objetivos e intereses en la carta.
Pero me es imposible, por lo que hablaremos en las negociaciones.
Codirigente de la República Unida de Naciones y Protector de Shila.
El Centinela Dorado
Zuko leyó la carta una y otra vez, pero cada vez se formulaban más preguntas en la cabeza. ¿Quién era Shila? ¿Qué buscaban realmente?¿Por qué una carta tan críptica? y otras más, Zuko miró a los presentes y vio en sus caras que ellos estaban tan confusos como él.
Su siguiente paso estaba claro, ir a donde el Centinela pedía para negociar, en esta ocasión nadie se opuso, aunque a la mayoría les costara aceptarlo la curiosidad sobre que planeaba ese joven les inquietaba, dio la orden de preparar el mayor número posible de barcos en dos días y zarpó al punto de reunión acordado con veinte barcos como escolta.
Aunque se había retrasado, el Centinela y su escolta de doce barcos seguía allí, un barco estaba adelantado, por lo que supuso que era ese en el que se realizaría la reunión.
Se puso paralelo al barco y de el otro barco se desplegó una enorme pasarela que unió a ambos frentes. Mientras las tripulaciones de ambos bandos se apuntaban mutuamente, preparados por si algo saliera mal.
Del barco de la República Unida de Naciones apareció el Centinela Dorado en persona, llevaba la corona, la capa y la espada que lo identificaban. Al verlo aparecer Zuko hizo acto de presencia al otro lado de la pasarela. Ambos hombres se encontraban cara a cara.
"Hola Zuko, dijo el Centinela. "No te preocupes por el retraso, este lugar es difícil de encontrar."
"¿Cómo está mi hija?" El Centinela esbozó una sonrisa, tras la cual hizo una señal con la cabeza a uno de sus hombres en cubierta, el cual entró corriendo dentro, en un minuto el hombre que entró salió acompañado de otros dos, los cuales iban atados con grilletes, cada uno en una mano a una mano de la hija de Zuko.
"¡Padre!" Gritó el Señor del Fuego. Zuko quiso correr hacia ella pero el Centinela hizo una señal para que se parara en el acto, Zuko querría sumergirle en llamas allí mismo, pero sabía que tendría que ser paciente
"Está bien." Zuko se tranquilizó ¿Qué es lo que buscas?"
"En este mundo Zuko, vivimos con miedo al cambio, mi objetivo, es probar una teoría, una hipótesis, creo que los espíritus nos atan, Zuko, creo que no hay nada más glorioso que la humanidad y que esta ha de desarrollarse más allá que los límites impuestos. ¿Quieres saber que te pido? Te pido doscientos días, Zuko, doscientos días para probar una hipótesis, si en doscientos días tú o ninguno de tus barcos van más allá de esta línea, liberaré al Señor del Fuego. Esa es mi única condición, tiempo para demostrar la validez de mi hipótesis."
Zuko lo pensó durante unos segundos, no sabía que planeaban o si lo que decían era verdad pero de momento el único camino que daría buenos resultados es dar su palabra.
"Está bien, acepto." Declaró Zuko al final.
"Perfecto." Dijo el Centinela. "Espero con ansiedad a que veas los resultados, no van a dejar a nadie indiferente."
El Centinela volvió al barco el cual zarpó inmediatamente a Ciudad República.
Una vez en palacio Zuko pudo hablar con Iroh, el cual estaba en uno de los barcos escolta.
"¿Pudiste analizar los barcos?" Le preguntó Zuko
Iroh asintió.
"Reconocí dos de los ataque con cañones, estaban prácticamente intactos, el resto eran parte de la reserva para defensa interior, más uno de patrulla, creo que además de eses, deben tener al menos otros veinte en Ciudad República." Informó Iroh.
"Muy bien, prepararé todo para la guerra en doscientos días, ellos harán lo mismo."
"Además." Dijo Iroh. "He hablado con Mako, he organizado todo para que viaje a Omashu, y desde allí podrá entrar en Ciudad República sin que los del culto del Centinela le detecten, si todo va bien podrá seguir siendo policía, dándonos información desde dentro."
Zuko suspiró.
"Van a ser doscientos días muy largos." Dijo Iroh.
"No lo dudes ni durante un segundo." Respondió Zuko.
200 días para el fin de la tregua.
