"Mis propios héroes son los soñadores, esos hombres y mujeres que intentaron hacer del mundo un lugar mejor que el que encontraron, ya fuera de pequeñas o grandes maneras. Algunos tuvieron éxito, otros fallaron, la mayoría tuvo resultados mixtos… pero es el esfuerzo el que es heroico, tal como yo lo veo. Ganen o pierdan, admiro a esos que dieron una buena pelea." George Martin.


Capítulo 10. Manhattan.

Había tomado toda la paciencia que Ginny poseía soportar a los superiores del MACUSA lo suficiente para que ellos accedieran a dejar a sus aurores ir con ella. Se habían aparecido en Manhattan, a cuadras de la Torre Stark, cuando ella vio el gran hoyo en el cielo, de donde provenían esas bestias de metal.

- Por las barbas de Merlín…

Su celular sonó. Genial.

- Ginny! – una explosión a una cuadra - ¿dónde estás?

- Hermione, no tengo tiempo para hablar. Sólo dile a todos que los amo, ¿ok?

Ella cortó el teléfono y se dirigió a los Aurores.

- Quiero encantamientos protectores comenzando por los edificios más cercanos a las torres, ustedes tres, la policía muggle… la policía no-maj intentará evacuar a los civiles (si son lo suficientemente inteligentes), ayúdenlos, no hay mucho tiempo y sin protección mágica es más probable que mueran antes de salir por las puertas. Traten de que no los vean usar las varitas si es posible, cuando menos gente se da cuenta de lo que realmente estamos haciendo, lo más probable es que lo atribuyan a imaginaciones suyas por el desastre.

- No podremos evitar que nos vean – dijo uno de los aurores, que Ginny logró identificar como Gray.

- Tienes razón, Gray. Nos verán. Nuestro secreto probablemente sea expuesto a los No-Maj, pero si no peleamos hoy, no habrá un mundo en el cual podamos seguir viviendo. Y una cosa más: traten de mantenerse con vida.

Ginny salió corriendo en dirección a la Torre Stark, y pudo ver al Dr. Banner convirtiéndose en un enorme monstruo verde, el Hulk. Tony se elevó en el aire llevando a Ojo de Halcón consigo, y Thor también salió disparado un segundo después.

- Lamento la tardanza – dijo Ginny, mirando a Steve. – Me tomó un poco más de esfuerzo del que creí.

- Llegas a tiempo. Tú, Natasha y yo nos quedaremos en el suelo, pelearemos desde aquí. Y Hulk…

Hull miró a Steve, como si esperara por instrucciones. Eso impresionó a Ginny.

- ¡Aplasta!

Hulk sonrió y saltó a destruir un Leviatán, y Ginny apuntó su varita hacia otro que se acercaba.

- ¡REDUCTO!

Natasha, que acababa de echar abajo a uno de los Chitauri, le sonrió.

- Buen trabajo.

- Qué puedo decir – dijo ella, dirigiendo la varita hacia otro – Me gustan estos blancos grandes, es imposible que falle la puntería.


- ¡Avada Kedavra! – Steve rechazó el rayo de luz verde con su escudo, y éste rebotó en dirección al que lo lanzó, que cayó, muerto, al suelo.

- Genial, ahora no sólo Chitauris…

- ¡Crucio!

Esta vez el hechizo que se dirigía a él fue contrarrestado por otra luz blanca.

- Imperdonables aquí no, bastardo. – dijo Ginny, con furia en sus ojos.

- Nos volvemos a ver, Potter. Dime, ¿qué tal te ha tratado la vida después de la visita de Halloween?

- ¿Qué acabas de decir?

- Aunque fue una visita más bien corta, debo decir. Con tu esposo, Potter, se necesitaron 5 de los nuestros para echarlo abajo.

El rostro de Ginny se descompuso, y a Steve le hubiera gustado ayudar, pero entonces otros tres chitauris se abalanzaron sobre él. Ginny sabía cuidarse sola, se recordó.

En ese momento el resto de su equipo le necesitaba, todos estaban quedando sin fuerzas frente a aquel ejército que seguía llegando, interminable y aparentemente invencible.

Pero aun así…

- Steve, ¿qué sigues haciendo aquí? – le preguntó Ginny, rígida. – Vete, de esto me encargo yo.


Ella había esperado por ese momento desde aquel día en el que despertó en San Mungo. Se acercó al mago, quitándole la máscara.

Nunca había visto a ese mago en su vida.

- ¿Cuál es tu nombre? – preguntó, haciendo un esfuerzo supremo para que su voz no temblara.

Él le devolvió una asquerosa sonrisa torcida.

- Hill, George Hill.

- Ni siquiera eres… ¿por qué?

- ¿Por qué? Porque la magia es poder, Potter. – escupió el hombre. – Porque el mundo entero estaba preparado para seguir a Lord Voldemort en su victoria, y los demás países permanecían sin hacer nada, temerosos, hasta que Potter lo venció a él y a sus mortífagos. Él era un símbolo que debía ser eliminado. Tú deberías haber muerto también… esa extraña magia tuya te protegió…

Ella rodeó el cuello de ese hombre con sus manos, dejándolo casi si aire.

- ¿Dices que estabas preparado para seguir a Voldemort? ¿Entonces por qué aliarse con muggles? ¿Por qué aliarse incluso con Loki y sus fuerzas de otro planeta? Al lado de ellos, no hay versión de la historia en la que ustedes pudieran acabar con el poder.

Hill no habló.

- ¡Responde, maldito! – dijo, soltándolo, y él comenzó a toser secamente.

- Es un juego de poder y supervivencia. Algo mucho más grande que nosotros se acerca, y sólo los que demuestren fuerza podrán vivir en el nuevo mundo. El mundo ya no se divide simplemente entre magos y No-majs. Por eso, ciertas alianzas son necesarias.

- El nuevo mundo… - Ginny frunció el ceño. - ¿De qué hablas?

Una sonrisa de suficiencia se apareció en el rostro arrogante de ese hombre, pero ella le borró esa sonrisa con un puñetazo tan fuerte que ella misma sintió el dolor e hizo que él escupiera sangre.

- Tendrás que matarme, Potter. Aunque de todas formas las MOIRAS se encargarán de ti después.

Así que ella le apuntó con su varita.


- ¡Capitán, nunca ganaremos si no cerramos el portal! – dijo Natasha, agotada.

Él ayudó a Natasha a subir a una de las naves, y mientras seguía peleando, contactó con Tony, quien le informó que un misil nuclear estaba siendo enviado con dirección a la isla. Eso tenía que ser cosa del gobierno, ¿Es que no les importaba que hubieran millones de personas muertas como resultado? Al menos, mientras ellos siguieran de pie, intentarían acabar con los Chitauri y con Loki.

- Tenemos que hacer pasar el misil por el portal, es nuestra única oportunidad. Oye, ¿está tu novia por allí?

- ¡Ginny, puede que necesitemos tu ayuda con esto!

Pero Ginny no respondió. Estaba parada frente al cuerpo inmóvil de aquel hombre.

- No pude Steve… no pude matarlo. Es como si pudiera oír a Harry pidiéndome que no me convierta en un monstruo… simplemente no puedo.

- Todo está bien, Gin. O al menos lo estará – dijo él, acariciando su rostro. Hubo una explosión justo al lado de ellos – Pero ahora, necesitamos tu ayuda. Un misil nuclear se acerca y si llega a explotar aquí…

- ¿Dónde? – preguntó ella, de nuevo cien por ciento alerta.

- Stark acaba de alcanzar el misil y lo está encaminando hacia el portal. ¿No puedes hacerlo desaparecer?

En la distancia, vieron el misil acercarse, y Ginny levantó su varita, intentándolo. No podía, era demasiado grande para hacerlo desaparecer.

- No puedo. Sólo queda hacerlo más liviano, al menos eso podría ayudar a Tony – volvió a intentar y esta vez sintió la magia corriendo por sus dedos. - ¿Tony? ¿Ha funcionado?

- Bueno, ciertamente no es la ayuda que esperaba pero, esto al menos lo pone más fácil, pelirroja.

Ginny se estremeció cuando Steve la empujó detrás suyo protegiéndolos con el escudo, ante otro ataque. Ella volvió a blandir la varita.

- ¡Reducto! – un leviatán - ¡Bombarda máxima! – otra de las naves.

Stark atravesó el portal, y luego de un minuto, dos, no volvió a salir. Los leviatanes y soldados que quedaban en pie cayeron inanimados. Ginny suspiró. Tony realmente lo había hecho, a sabiendas de las posibles consecuencias…

- Vamos, Stark, tú puedes… - murmuró Steve. Pero Tony no volvió. Finalmente, tuvo que tomar la decisión que era mejor para todos – Nat, cierra el portal ahora.

Poco a poco, el hoyo se fue cerrando, pero no antes de que ellos lograran ver a Tony atravesarlo de vuelta.

- ¡Si, lo hizo! – exclamó Ginny.

Pero Steve y Thor, que había llegado junto a ellos, parecían preocupados.

- No está perdiendo velocidad.

Iba a estrellarse contra el suelo con tanta fuerza que no quedaría nada. Hulk saltó para recuperar a Tony, pero fue arrastrado también por la enorme fuerza de la caída.

- ¡Aresto momentum!

Y de pronto, antes de colisionar con el suelo, se detuvieron estáticos en el aire. Ginny dio un suspiro y deshizo el encantamiento, con lo que tanto Hulk como Tony cayeron al suelo sin sufrir grandes daños.

Se acercaron a Tony, quitándole la máscara de acero. Estaba inconsciente y el centro de su traje no estaba encendido.

Realmente lo había hecho, se había sacrificado a si mismo por el resto de la ciudad. Steve se sintió culpable de las palabras que le había dicho antes. Si, Tony era un ególatra y tal vez no fuera la primera persona que él elegiría para formar parte de su equipo, pero tenía el corazón donde debía estar.

Y entonces, Tony abrió los ojos inspirando profundamente.

- Por favor, díganme que ninguno de ustedes me besó. – miró a Ginny y sonrió. – Ni siquiera tú, Pepper me mataría. – miró a Hulk, a Thor y a Steve alrededor suyo. - ¿Qué paso? – preguntó.

- Ganamos – dijo Steve.

Tenía la sensación de que aquello recién empezaba, pero por el momento, habían logrado un día más de libertad.