~Tilo~

En Hong Kong se respiraba el mismo aire de siempre pero la ciudad ciertamente había cambiado y no podía evitar más que sentirse identificado con la ruina, la pobreza humana y la guerra que no acababa de borrarse. Cerró las cortinas de su carruaje para no ver aquello, no tenía moral, después de todo el se encontraba cómodo por estar bajo cobijo de los demonios extranjeros.

Por ideas de su esposa ahora no se quedaba en su antigua residencia si no en una nueva, quizás no tan espaciosa pero definitivamente más lujosa tanto que el terciopelo, el mármol y la seda se le antojaban enfermizos. El aspecto occidental de la fachada le era tétrico y sabía con toda certeza que no tendría descanso dentro de las inmaculadas paredes blancas.

Hizo lo prudente al visitar su tierra natal y comprobó el estado de salud de su padre y sus hermanas: Shan y Zhu, las únicas que residían al ser solteras pero su conversación fue por demás vergonzosa (el odio a los extranjeros iba a toda la generación menos al padre) hasta que su hermana mayor cambió el tema drásticamente:

-"¿disfrutas la vida que llevas?" –preguntó Shan exhalando una bocanada larga de su pipa casi arrojándole el humo en la cara, Rei quiso decirle que aquel gesto era impropio para una dama y obviar el tema de su vida pero ella se adelantó –"me lo imagine…"

-"Deberías dejar de fumar Shan…"- terció Rei mirando en otra dirección pero Shan tomó su rostro con brusquedad para que ambas orbes doradas; y la señal que eran hermanos, se encontraran. Como todos los Kon Shan era perceptiva y su cara le decía –"vamos escúpelo"

Sintió deseos de llorar ante ello pero la chica hizo que buscara cobijo en su prominente pecho, como cuando era un niño.

-"deberías huir…"- susurró la mujer acariciando las hebras ébano, a lo que Rei se incorporó de golpe mirándola consternado.

-"no seas ridícula Shan…"- le evitó nuevamente la mirada y ella tomó de cuenta nueva su rostro pero con suavidad.

-"¿por qué sigues en eso entonces? Nosotros sabríamos como cuidarnos, lo sabes"

Rei no supo responder y simplemente mordió sus labios e inclinó su rostro avergonzado, la verdad no estaba seguro o al menos no quería creer la razón de porque seguía con todo esto, su hermana mayor al parecer le comprendió puesto que calló, dejándole reposar en su regazo una vez más y por primera vez en meses Rei tuvo un sueño reparador.

Con una especie de alivio logró mantenerse perfectamente los días siguientes mas su mente no dejaba de repasar las palabras de su hermana: siempre tenía ese efecto de hacerle pensar lo que ella quería. ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué no huía?, aquello simplemente sonaba tentador pero su vida no era tan mala, ¿o sí?.

Sintió los tacones de Alice por el vestíbulo hasta su oficina y la chica se acercó cantarina con una caja blanca nueva: obviamente un vestido, un sombrero que hacia juego y dos boletos para la ópera china.

Parpadeó infinitamente y miró los boletos casi embobado, hacía años que no pisaba un teatro y en realidad amaba las funciones de ópera solo que Kai no tanto ya que consideraba que perdía su tiempo, se maldijo internamente, de nuevo estaba pensando en Hiwatari, por lo que miró a su esposa y le sonrió: "me encantaría ir a la ópera contigo…"- dijo besando su mano en un gesto caballeroso y debía admitir que si ella no fuese inglesa quizás consideraría quererla.

Pero que ridículo querer a alguien a estas alturas en especial bajo las razones por las que él se casó.


Hacia meses desde que no lo veía y ahora estaba allí ¡en frente de él! Con su hermoso cabello negro cayendo alrededor de su rostro, cada hebra parecía brillar con la noche y sus ojos permanecían entrecerrados en un aire entre misterioso y tímido.

Algo extraño y enfermizo bullía dentro de sí por lo que trato de no mirarle o y obviar el hecho de que el chino sostenía la mano de su esposa con sutileza pero cariño, con una mezcla de envidia y celos se lamentó no tener esos dedos entre los suyos. Huan notó el silencio incomodo entre los dos hombre y miró a Alice:

-"eres muy amable por habernos invitado…"- dijo educada, aunque la verdad así como Kai a ella la ópera le daba igual, era irónico pensar que se llevaban tan mal si tenían tanto en común.

-"me sorprende que hayan aceptado, en realidad"- dijo Rei en una mezcla de política, hipocresía, incomodidad, expectación, tanto que una ceja de Huan se alzó: su hermano era un remolino.

-"mi hermanito, Brooklyn también estará… y reservó dos palcos solo para nosotros…dice que es un regalo para la familia"- sonrió Alice a Huan aunque en realidad analizaba su manera de vestirse –"habría estado mal no invitar a la hermanita de mi Rei"

Kai no pudo evitar sonreír ante el gesto de Rei con las palabras de Alice, "mi Rei"; sus ojos se torcieron por unos segundos más al notar que era observado, no pudo más que sonrojarse un poco al por la mirada carmesí puesta tan fijamente sobre él.

El chino maldijo a los dioses por el hecho de compartir carruaje, en realidad había sido una sorpresa de su esposa "¡mira, invite a tu hermanita!", el problema no era su hermana era su esposo y lo más que quería era evitar a Kai esos momentos ¡y lo tenía en frente!, detestaba esa mirada fija sobre él y como su corazón estaba empeñado en acelerarse, sus mejillas en colorearse y su mente nublarse en una especie de mareo enfermizo.

Salvo eso, el camino a la ópera no tuvo mayores contratiempos y por supuesto los dos balcones que había reservado Masefield eran increíbles, adicionalmente se encontraba en compañía del inglés Max Tate, de compañías americanas y Garland Siebald, la mano derecha de Masefield con sus respectivas acompañantes femeninas, claro está. Masefield saludó educadamente a los hombres presentes y elogió la belleza de las féminas, meros formalismos.

Rei quedo sentado cerca de Masefield y no pudo evitar más que sentirse incómodo y pensar irónico que hubiese preferido quedar sentado cerca de Hiwatari, al menos estaba más acostumbrado a la mirada carmesí que a la jade. Suspiró y con disimuló intentó verle desde el otro balcón.

Kai por supuesto que le observaba y además mantenía una perfecta conversación política y Rei estaba tan atrapado como él, solo que a diferencia del ruso mantener una conversación y reparo ante la vorágine de su pecho era imposible. Estaba más ahogado que de costumbre por lo que desvió su rostro y cerró los ojos con fuerza ante el pensamiento que empezaba a cruzar su cabeza.

Era demasiado para poder soportarlo por lo que pidió amablemente que le excusaran por unos segundos para fumar, se levantó y caminó por el teatro, tan perdido estaba en sus pensamientos que obvio el hecho de que pronto empezaría la función.

Hiwatari por supuesto notó la ausencia de Kon y espero un tiempo prudencial para pedir una excusa y salir también, tenía que encontrar a Kon o su mente no se lo perdonaría y las noches en vela habrían sido en vano.

Recorrió los pasillos elegantes e iluminados con candelabros sobre un océano de terciopelo escarlata y dorado, sus pasos cruzaban el umbral con prontitud mientras su mirada obviaba todo el lujo que le rodeaba pues él, en realidad buscaba una joya mucha más valiosa.

Se detuvo en seco y notó entonces escaleras que ascendían a lo que probablemente sería el tejado del teatro de donde provenía el sonido de los pasos ligeros de Kon, suspiró y luego de sopesar por unos segundos continuó en su persecución. Sus pasos dejaron de hacer eco pues era ahora la música de la opera lo que se escuchaba, no importaba ya realmente puesto que a su nariz había llegado el sublime y boscoso aroma que desprendían las hebras azabaches que tuvo entre sus dedos cada noche.

Llegó al tejado y le observó finalmente debajo del cielo estrellado, el viento mecía su cabello fundiéndolo con la oscuridad de la noche. A pesar de ser una noche helada en la ciudad, el no se movía.

Dio pasos en silencio, consiguiendo que el chino se girara un poco para mirarle quizás sorprendido, pero no profirió palabra ante su inesperada visita, podía ver el vaho frío saliendo de su nariz y su pecho acelerándose con cada segundo.

Se acercó más e instintivamente sus dedos viajaron hasta su pecho, abriendo el primer botón de la camisa de cuello chino y notando que la cabeza de Rei se ladeaba en deleite, rodeó el cuello con sus manos y sus labios se fueron acercando a los del otro que permanecía tranquilo.

El roce de ambos labios no se hizo esperar y las manos de Kon también viajaron hasta el cuerpo de Hiwatari, que con sus delgados dedos y afiladas uñas buscaba rasgar, sin éxito, la costosa tela que vestía el ruso, como si el gesto de intentar hacerle daño fuese totalmente necesario complementando las manos ásperas que ahora amenazaban con romper su cuello. La razón les pedía odiarse por todos los medios, por mentir, utilizar, herir, engañar pero allí estaban, cada día fue insoportable, cada noche fue en vela y todo porque esto era lo que deseaban.

La unión se intensificó y sus cuerpos se acercaron con más necesidad, uniendo sus lenguas en un desesperado beso que habían estado conteniendo esos últimos meses, donde recorrer, beber, succionar, parecía ser la única cosa cierta y que les mantendría con el poco de sanidad que les quedaba.

Las amenazas cesaron y las manos de Kai esta vez fueron hasta su cintura y glúteos, acariciándolos y sosteniéndolos para que el cuerpo de Kon se acoplara incluso mejor al suyo, mientras que Rei enredo sus dedos en la base de la nuca y su cabello no conteniendo un respingo al sentir las incursiones del otro.

Sus pies instintivamente avanzaron hasta uno de los muros, buscando un soporte al sentir como flaqueaban por los sentimientos arremolinados en sus cuerpos, más específicamente sus vientres. El aire se vio necesario y el beso fue roto para dejar que sus miradas se encontraran y se fundieran en un momento eterno bajo esa noche estrellada.

Se necesitaban, lo sabían, pero nunca lo admitirían por lo que siempre resultaba mejor dejar que sus cuerpos hablasen; sus pechos ascendían y descendían y sus mejillas se habían coloreado y estaban seguros que no era por el clima, puesto que el ambiente en realidad era increíblemente cálido.

Un sentimiento se agolpó en la garganta de Kai causándole algo parecido a nauseas y nerviosismo, en su estado febril rompió el contacto con esas orbes doradas mas en vano porque la mano de porcelana le había detenido y sostenido el rostro. Le forzó a mirarle y le forzó a que le dejara leer su rostro; sus pensamientos, escudriñarse en su vida, destruyéndola pedazo por pedazo.

¿Qué estaba haciendo en ese lugar? ¿por qué lo buscaba de esa manera tan necesitada?, ¿Por qué no podía dejar de pensar en sus labios? La flor dorada la había usado ya hace casi cuatro años ¿realmente le echaría la culpa a dicha hierba? El chino era realmente una droga que tenía que tenía dejar y todas estas acciones irracionales parecían ser causadas por una terrible abstinencia.

Una sonrisa se dibujó en los labios del chino, lejos de ser burlona o cínica era tan cálida como ese momento y consiguió que las mejillas de Hiwatari se colorearan un poco más; como si hubiese bebido un trago de exquisito vino. Su nariz tocó la del ruso y sus labios se rozaron suavemente solo saboreándose un poco, dejando a sus sentidos deleitarse con el suave tacto, el dulce aroma que sus cuerpos desprendían al estar cerca.

Rei se separó finalmente de ese toque para mirarle una última vez antes de buscar salir del agarre del ruso y caminar lejos de allí.

Kai le detuvo y le haló hacia el sosteniéndole con fuerza: no quería que se marchara a pesar de sentirse enfermo a su lado, cuando terminara esa función de ópera no se verían, Dios sabe hasta cuándo.

-"debo irme…"- fue el chino el primero en romper en silencio, susurrando en el oído del otro. Lo sabía, pero Kai se negaba a soltarle –"estoy feliz…"

Kai también sabía que Rei era mucho más feliz ahora que no estaba con él como su esclavo y odiaba pensar que, quizás si hubiese sido más condescendiente con él, este no le odiaría tanto.

Como leyendo sus pensamientos, los dedos de Rei acariciaron su rostro –"hacía seis años"- comenzó -"desde la última vez que me miraste de esa forma"

El ruso le miró entre consternado y sorprendido, ¿Por qué su vida de adolescentes tendría algo que ver en esto?, poco importaba porque Rei se había separado nuevamente de él y caminado en dirección a las puerta. Se giró para decirle una última cosa -"creo que es inevitable…"– se atrevió a confesar sonriendo un poco –"te odiaré en la misma medida que te amo…"

Desvió la vista y se alejó finalmente, aprovechando el estado de shock en el que había dejado al ruso bajo la nieve y la noche estrellada.

Rei corrió bajo las escaleras y su corazón saldría por la boca, estaba tan agitado que no sabía si quiera si podría fingir ante el resto y sus labios se curvaban en una sonrisa que detestaba, ese beso y ese roce le hicieron evocar ese maravilloso en que se dio cuenta de sus sentimientos.

Ese momento hace seis años…


Sus manos se extendieron hasta las hermosas flores blancas, bañadas en el rocío de la mañana, haciéndolas brillar como si diminutos diamantes incrustados se tratasen, las cortó con cuidado y guardo en su bolso sonriente: aunque esa no era la planta que originalmente estaba buscando no se quejaba de tomar unas extras.

-"entonces, es una planta de una sola flor con forma peculiar…"- intentó decir Hiwatari sacándolo de sus pensamientos y cruzado de brazos porque tenía la idea de que estarían allí todo el maldito día buscando una flor en una montaña que estaba llena de estas.

-"…la reconocerás cuando la veas, es horrible…"- dijo con calma el chino y le sonrió mirándole

-"todas las flores lo son…"- terció alzando una ceja

Rei no respondió a eso simplemente reviró la vista e hizo un leve mohín por tener un compañero tan amargado, suspiró exasperado y camino en los alrededores –"¿hay algo, que no consideres horrible oh gran señor Hiwatari?"- preguntó irónico, remangándose su ropa para subir a un árbol y sacar unos frutos, Hiwatari simplemente le observaba sin responder a su pregunta no porque no quisiese si no porque en realidad no sabría que decirle

-"deberías dejar de columpiarte por la montaña como un mono y asistir a las reuniones de la sociedad"- dijo distraído, apoyándose en un árbol contrario hasta ver al chino descender con unos pomelos que guardo en su bolso.

-"sabes que la alta sociedad me aburre y además no res…"- iba a decir que no le contestó su pregunta pero por encima de la cabeza dura de Hiwatari, en una saliente rocosa y oscura estaba la horrible planta con forma de falo deforme –"¡allí está!" - se acercó con prisa a la pared rocosa y buscó estirarse un poco, pues aunque la planta en cuestión no estuviese tan alta, estaba cerca de un agujero que aseguraría una buena caída.

-"te caerás…"- dijo mirándole y sin moverse de su posición

-"ya casi, alcanzo…" –terció Rei en una posición que le hacía verse como una bailarina de ballet, lo que hizo sonreír un tanto divertido al de cabellos humo, pero optó por negar con la cabeza y acercársele finalmente

-"te caerás…"- insistió.

-"ya casi…"- y dio un ligero salto, tomando la flor desde el tallo y prácticamente arrancándola, lo que, en su entusiasmo no previno es que la tierra andaba algo húmeda por la insistente lluvia de ayer por lo que con ese movimiento no hizo más que resbalarse torciendo su pie y que su cuerpo se precipitara colina abajo.

Como si el tiempo se hubiese detenido para el ruso, observo a Rei cayendo en cámara lenta y sin entender cómo o porqué se precipitó hacia él, estirando sus brazos y abrazándole: procurando que fuese él quien recibiese el impacto.

Se miraron por unos segundos más sorprendidos que otra cosa antes de que todo se tornase negro pues habían dado con el suelo y rodado colina abajo, por fortuna el mullido pasto había suavizado la caída.

Lo único que lograba escuchar Kai al recuperar la conciencia era el sonido del agua corriendo y al abrir sus ojos enfocó el cielo por encima de las copas de los árboles, mas todo aquello se fue apagando a su alrededor puesto que solo necesito unos microsegundos para reparar que aún abrazaba al chino encima de él y que por encima de todo lo que existía los latidos de su corazón eran claros y rítmicos, el cabello de este, que rozaba su nariz era más suave que la seda y su aroma más sublime que la montaña.

Luego le escuchó reír. Una risa más relajante que ese riachuelo a lo lejos.

-"¡la tengo!"- dijo triunfante el chino alzando su rostro por encima del pecho del ruso y mirándole con una sonrisa de oreja a oreja

-"…."- Kai le miró enojado, no solo porque había arriesgado sus vidas estúpidamente si no porque esa sonrisa le inyectaba un nerviosismo que no comprendía y sin embargo no conseguía quitarlo de encima –"casi nos matas, Kon…" – lo quitó de encima de golpe y se levantó algo adolorido para comenzar a caminar lejos de allí a lo que intuía era la salida de la montaña.

Una vez le quito de encima Rei pudo reparar por fin que en realidad le dolía un poco el tobillo pero no le dio importancia –" gracias por protegerme, Kai"- dijo intentando levantarse pero cayó al suelo profiriendo un quejido de dolor –"…rayos"

Hiwatari se giró y a regañadientes atinó por acercarse –"solo causas problemas…"

-"quizás solo es una esguince"-dijo con calma aunque la mueca de dolor no desaparecía de su rostro, el ruso simplemente giró la vista y extendió sus brazos hacía el causando que el chino abriera los ojos como platos.

Kai le cargó como si se tratase de una pluma, pasando su brazo por debajo de las rodillas y haciendo que el chino rodeara su cuello con sus manos. Kon ni se quejó pero tenía una expresión que era indescifrable.

-"oye Kai…bájame"- susurró mirando en otra dirección –"podría intentar enderezar el hueso…o no sé"- trastabilló incoherencias que el otro ignoró.

-"Haz silencio, te llevaré con un doctor de verdad…"-le calló caminando bajo la montaña solo mirándole por un segundo y sonriendo un poco por las incoherencias que decía consiguiendo un sonrojo del chino y en su lugar la sonrisa del otro se borro –"Kon, maldita sea…espero que no tengas fiebre…" –declaró enojado pero en realidad estaba algo preocupado.

Rei negó enérgicamente con la cabeza y simplemente ocultó el rostro, no todos los días se estaba en los brazos de Kai Hiwatari –"… has crecido demasiado"- dijo cambiando el tema y reparando en la anchura de su pecho, la fuerza de sus brazos y el aroma atrayente a nivel de su nuca.

-"eso es porque no comía tantas golosinas…"

Rei rió y asintió volviendo a girar su vista hasta él, mirándole con cuidado casi embobado –"debí haberte hecho caso…"

-"deberías hacerme caso siempre…"

-"lo consideraré…"- sonrió aún más nervioso y esperaba que esa sensación remitiese aunque no negaría que era de lo más agradable tanto que el dolor se había ido y rezaba porque el momento no se terminara.

Nunca.