CAPÍTULO X
Minas de fortianita, gueto Goron. 7 de octubre de 2011 7:53 a.m
Casi en la desembocadura del río Zora y cerca del embarcadero de Lanayru se hallaba una de las zonas mineras más importantes de Hyrule. Parte de ellas se encontraban a cielo abierto pero la explotación más importante se internaba kilómetros bajo tierra. El principal mineral que de ahí se extraía con ahínco era la fortianita, un superconductor cuyas propiedades fueron descubiertas durante la guerra civil Hyliana, era cierto que algunas excéntricos lo venían usando anteriormente en joyería por su áurea apariencia pero aquella función se había visto relegada a un segundo plano después de aquel revolucionario descubrimiento. Ambos bandos lucharon por el control militar de aquel lugar y sus recursos pero con la implantación de la monarquía las minas se habían nacionalizado bajo la creencia de que aquello evitaría posibles abusos en un futuro, además de frenar su contrabando.
Darunia paseaba por la parte exterior, la hondonada de aquella especie de cráter en su habitual ronda de reconocimiento como jefe de seguridad de la misma. Por más que las minas estuvieran bajo control estatal aquello había sido una hábil estratagema para que la élite Hyliana metiera sus tentáculos en tan apetecible filón, el grueso de trabajadores de las mismas seguía siendo Goron, una mano de obra eficaz y barata. Eficaz por su resistencia al calor, la presión y demás condiciones extremas gracias a su piel dura y pétrea, sus espaldas anchas y su enorme fuerza física. Barata porque ellos se limitaban a conseguir la materia prima pero no decidían su destino ni el precio de la misma que estaba a cargo de las empresas que se habían hecho con el control de la cadena de producción y extracción.
-¡Jefe Darunia!-El interpelado se giró dejando a un lado sus pensamientos para encontrarse a un joven Goron corriendo hacia él con el casco amarillo bajo el brazo y una carpeta en la otra-Es Volvagia, ha detectado movimientos sísmicos sospechosos en las profundidades.-Agregó tras recobrar el aliento, pasándose una mano por la frente con evidente preocupación.
Darunia frunció el ceño mientras valoraba una solución, si le habían avisado antes de que él descendiese a hacer su reconocimiento tal vez la situación fuera más grave. Volvagia era el nombre que recibía el complejo sistema informatizado que controlaba los ascensores, las vagonetas y las distintas compuertas de la mina, además de analizar la situación de la mina y realizar mediciones como las de posibles terremotos. Recibía el nombre de un dragón, una criatura mítica que según decían vivía en las entrañas de la tierra y quizá aquello había llevado a los mineros a tomarlo como portador de la verdad absoluta profesándole un temor casi reverencial.
-¿A qué profundidad? Puede que sólo sea una bolsa de grisú, no queda mucho carbón por extraer pero sí el suficiente para dar este tipo de problemas. Además, ¿qué magnitud ha tenido el terremoto?-Inquirió el jefe Goron cruzándose de brazos mientras que el chico se colocaba el casco y abría la carpeta, rebuscaba entre aquel revoltijo de papeles balbuceando para así darle los datos concretos que el ordenador había registrado.
En cambio, un súbito temblor y un estruendo proveniente de la boca de la gruta que entraba en las minas ahogó toda explicación que el subordinado pretendía ofrecer. Darunia se quedó sin aliento mientras que se volvía en busca de la causa de todo aquello, una incipiente humareda se escapaba y el aire comenzaba a enrarecerse con el polvo.
Parecía que bajo ellos el temible dragón había despertado y con él, el infierno.
Laboratorio Deku 7 de octubre de 2011 10:22 a.m.
Los fluorescentes arrancaban pálidos y arrítmicos destellos a los relucientes y blanquecinos azulejos del aséptico espacio del laboratorio. Una chica de verdes cabellos y rostro aniñado observaba con gesto grave un par de pequeñas placas de Petri que contenían sendos cultivos. A primera vista no apreció nada sospechoso pero enseguida se dispuso a analizarlos bajo el microscopio. Pasados unos minutos y tras cambiar concienzudamente las lentes del mismo realizó unas anotaciones sobre una libreta en blanco y volvió a dejar las placas en la estantería. Esperaba poder realizar algún descubrimiento importante en el futuro aunque se tratase de una serendipia o algo totalmente inesperado, esos eran los motivos que la habían impulsado a dedicarse a la ciencia. La guerra civil Hyliana había sido horrible, incluso se habían hecho experimentos atroces con sujetos de uno y otro bando, tal vez buscaban un arma bacteriológica o hubiese fines verdaderamente éticos y respetables pese a los medios empleados. En cualquier caso, si algo bueno se podía extraer de toda aquella barbarie era que la ciencia en Hyrule había progresado y con ello había aumentado el interés del Gobierno en la misma.
El laboratorio Deku tenía varios proyectos de investigación pero el más exitoso y conocido giraba en torno a los Kokiris. Se trataba de una raza similar a la Hyliana con la diferencia de que su cuerpo no envejecía o al menos no al ritmo en que el resto de razas lo hacía. Los individuos podían pasar de la veintena o la treintena y seguir aparentando estar inmersos en la niñez o la adolescencia. No obstante, no era sólo la apariencia externa la que interesaba a las compañías farmacéuticas, el organismo de los Kokiri parecía inmune a casi cualquier agente externo, no se resentían por la contaminación o el estrés, por ejemplo y aquello era una circunstancia excepcional que había suscitado un interés desmedido. Ya fuera por su modo de vida o su genética, la comunidad científica parecía resuelta a averiguar el motivo de aquella aparente eterna juventud y aplicarlo al resto de razas. Y precisamente el ser conscientes de sus ventajas respecto al resto de razas, muchos Kokiris habían entrado en el laboratorio para conocer más sobre sí mismos o tal vez para asegurarse de que no los usarían y explotarían como conejillos de indias.
La joven terminó de apuntar la evolución del cultivo y frunciendo los labios jugueteó nerviosamente con el bolígrafo entre sus dedos girándolo y accionando de forma repetida el resorte que hacía salir la punta. Se detuvo al oír que el tenue hilo musical de la radio se interrumpía para dar paso a un informativo de última hora. Una violenta explosión en las minas de fortianita había dejado atrapados a casi un centenar de mineros Goron, las causas eran desconocidas aún y la información bastante caótica y contradictoria. Suspiró, guardándose el bolígrafo en el bolsillo del pecho de la bata.
-¡Saria!-Una estridente voz la hizo volverse hacia quien la había llamado-Tengo trabajo para ti.
Un chico Kokiri como él de desgreñados cabellos rubios y ojos saltones acarreaba una gran caja de cartón aproximándose hacia ella.
-¿De qué se trata, Mido?-Respondió Saria brazos en jarras y tamborileando en el suelo con el pie.
-¿Recuerdas el virus Farore?-El chico dejó la caja sobre la mesa junto al microscopio, parecía contener papeles y dos aberturas ovaladas servían de asas. Sonrió triunfante al ver que había captado su curiosidad-Bueno, pues los de arriba quieren que revises a los infectados. Te he traído las historias, los informes… todo lo que han podido encontrar.
-Espera, ¿cómo que los de arriba? ¿Y por qué yo? ¿Qué quieren que busque?-La peliverde curvó sus labios en una mueca de recelo y ladeó la cabeza.
-Ni idea, sólo me han dicho que te traiga esto.-Mido se encogió de hombros y luego se apartó dando un paso atrás con las manos en alto y las palmas hacia fuera, desentendiéndose-Supongo que querrán que busques supervivientes. Ya, ya sé que es imposible-se adelantó ante la incredulidad de la chica que había posado una mano en la tapa de la caja-pero dicen que eso tiene prioridad y que como tú estuviste presente cuando se infectaron los niños del Árbol Deku tal vez podrías saber más del tema.-Mido fijó sus profundos ojos azules en la chica a modo de disculpa por no poder decirle nada más al respecto-En fin, yo que tú empezaba ya, tiene pinta de ser un muermo y aguantar a los moscones de los de supervisión es horrible. Que te sea leve, nos vemos en el descanso.
Tras alzar una mano a modo de despedida se alejó con andares ufanos dejando a Saria sin oportunidad de replicar. La Kokiri tomó la caja y la llevó hasta el escritorio, tomó asiento y encendió el flexo mientras que comenzaba a sacar los legajos que esta contenía. Tal y como su compañero le había explicado había documentos desorganizados y de diversa naturaleza: historias médicas, certificados de defunción, informes forenses… todo proveniente de una época convulsa como la de la guerra civil y en un momento en que nada se informatizaba de modo que antes tendría que agrupar los documentos de forma coherente.
El virus Farore, uno de aquellos lúgubres episodios de brutal experimentación. Un grupo de niños de distintas edades, todos huérfanos o con sus padres en paradero desconocido a causa de la guerra habían servido para estudiar la evolución del mismo tras su inoculación. No se supo con certeza cómo obtuvieron el virus ni a qué cepa pertenecía o cómo había mutado, algunas hipótesis apuntaban a un trabajador Kokiri infectado de forma accidental en un laboratorio y del que se extrajo la mortífera enfermedad. Sea como fuere, los pequeños del hospicio del Árbol Deku habían sido empleados como ratas de laboratorio, sin ninguna familia que los reclamase o se preocupase de ellos eran la excusa perfecta y la moneda de cambio para mantenerlos "a salvo" en aquel lugar. Providencialmente y en un alarde de pésimo gusto habían decidido cambiar el anterior nombre del virus y renombrarlo como Farore en honor a una diosa de la antigüedad ya que su mortandad era tal que necesitarían un milagro divino para sobrevivir. No sabía exactamente qué buscaban con ello, tal vez controlarlo para poder usarlo a su favor, las teorías más modernas incluso hablaban de que fueron los primeros pasos en la investigación de la eterna juventud Kokiri.
Saria había estado destinada allí, no era su campo de investigación ni su función habitual pero la situación de emergencia había llevado a movilizar a muchos científicos y demás profesionales, ella se encargó de cuidarlos a ellos y a otros heridos de guerra. Repasando los documentos tuvo que hacer un esfuerzo para retener las lágrimas al leer los nombres y rememorar todo aquello que se había esforzado en soterrar.
Tras abrir otra carpeta de color parduzco y sacar un montón de papeles cogidos por un clip una fotografía se desprendió y aterrizó sobre su regazo. La recogió enseguida, una instantánea sepia con los bordes amarillentos y marcas de haber estado doblada. En ella se veía a todos los niños del Árbol Deku posando en el patio del hospicio junto al director del mismo, todos ellos alineados en filas por alturas o edades. Al examinarla por el reverso pudo comprobar que se había escrito la fecha exacta en que se hizo, fue entonces cuando recordó exactamente aquel día y rememoró a los distintos niños al detenerse a contemplar detenidamente sus rostros. Pero al hacer aquello también descubrió unas marcas tachando con una equis a la gran mayoría de los niños, tal vez hechas con rotulador, sin duda algo reciente. Alguien había hecho aquella criba, puede que señalando los que cayeron ante Farore. Sólo uno de los niños estaba libre de esos rayones oscuros, Saria pasó los dedos sobre su figura en la fotografía parpadeando para aclarar su vista empañada por las lágrimas como si aquello le ayudase a esclarecer lo sucedido y así pudiera adivinar su identidad. Lo que tenía claro es que alguien sabía que aquel chico había sobrevivido y ahora, por algún motivo estaban buscándolo.
La Kokiri se guardó con delicadeza la fotografía en uno de los bolsillos laterales de su bata y cerró los dossiers que ya había agrupado en pulcros montones. No estaba entre sus planes entregar a aquel niño, probablemente ya un Hyliano adulto, pero quizá podría usar la información a su favor ya que le habían encargado seguir su rastro. Pediría datos sobre el virus con el pretexto de perfilar su investigación y ya decidiría cómo manejar aquellos datos.
Área Initia, sede central de la agencia Hyliana de Inteligencia 7 de octubre de 2011 11:47 a.m
La noticia de la deflagración en el gueto Goron había pillado a gran parte de los agentes en el descanso del mediodía. En la planta baja, junto al lugar en que se alineaban las distintas máquinas expendedoras y las mesas y banquetas de plástico se había instalado un tumulto que comentaba lo sucedido mientras que removía sus cafés, los había que incluso se habían pegado a la televisión ya que las cadenas comenzaban a bombardear con detalles escabrosos y especulaciones de todos los gustos, todas habían conseguido enviar a reporteros a la zona de la catástrofe e informaban en directo.
Link apuró la infusión de frutos rojos que había estado bebiendo y se relamió la yema de los dedos cubierta de azúcar glas de una rosquilla que le había servido como tentempié. Apiló los vasos que estaban desparramados por la mesa formando una especie de castillo y resopló.
-¿Qué estás haciendo?-Midna dio un golpecito en la base de la estructura y esta se desmoronó, suerte que los vasos no eran de cristal-Rauru nos ha llamado para una reunión urgente. Está que trina.-Murmuró en tono cansado-¿No has visto el aviso en tu comunicador?
-No me lo digas, gabinete de crisis.-Link se echó una mano al bolsillo trasero del pantalón y sacó el dispositivo y esbozó un mohín de disgusto-Oh… lo tenía silenciado.-Se excusó frunciendo el ceño y volviendo a guardarlo-Pensaba volver ya al trabajo. Todo este ambiente me saca de quicio.
-Si el destino de Hyrule dependiese de ti estaríamos perdidos…-Protestó en tono de reproche, la chica suspiró echando a andar rumbo al ascensor para dirigirse a la sala de reuniones, que estaba en una de las plantas más altas del edificio.
Al llegar, los sillones de la larga mesa rectangular se hallaban casi todos ocupados, Link y Midna se acomodaron en una de las esquinas de la mesa y Rauru no tardó en llegar para presidirla, paseando una mirada inquisitiva y autoritaria con las manos entrelazadas sobre una carpeta.
-No voy a andarme con rodeos, la situación es muy grave. Como saben, su Majestad tenía pensado realizar una visita oficial a las minas justo hoy. Esto es una amenaza a su seguridad.-Sentenció de manera tajante-Por suerte el personal de la casa real tenía prevista su llegada horas más tarde, de lo contrario habría sido una catástrofe…
-Lo dice como si no fuera una catástrofe ya de por sí, ¿o es que las vidas Goron valen menos que las Hylianas?-Apuntó Link inclinándose para destacar entre la hilera de agentes y así observarle directamente
-Agente, le sugiero que baje el tono.-Le recomendó Rauru con una sonrisa heladora y nada cordial-La información es confusa y en cualquier caso nos están apremiando para ofrecer una versión oficial que no tenemos.
-Las casualidades existen, señor.-Continuó Link sin variar la postura. Había encontrado una forma de señalarle la hipocresía de su comportamiento hacia él días atrás con respecto a sus argumentos actuales y no iba a desaprovecharla-Creía que nos hallábamos en una sociedad democrática y tolerante en la que los intentos de subversión estaban totalmente desterrados, ¿o vamos a ceder a la paranoia y a la histeria colectiva? ¿Insinúa que es un atentado?
-Todas las posibilidades están abiertas, agente, y hemos de descartar algunas cuanto antes.-Contestó Rauru taladrándole con la mirada.
-Señor, si se ha producido un fallo en el sistema informático de la mina o alguien lo ha alterado, podremos averiguarlo.-Intervino Midna para apaciguar el ambiente dándole un codazo en el costado al rubio a su lado.
-Propongo acudir a interrogar a los trabajadores y los jefes de seguridad de la empresa minera, señor. Si hay algún infiltrado o alguno de ellos es sospechoso podría ser un buen punto de partida.-Expuso un corpulento chico pelirrojo sentado hacia el centro de la mesa.
-Espléndido.-Rauru dio una palmada y seguidamente hizo un gesto con las manos a la par que se levantaba, alentando a los agentes-Midna, Malton, os dejo al mando de la operación, escoged a un grupo de agentes y centraos en desarrollar vuestros planes.
Link se levantó de mala gana y cruzó una mirada con Malton que echaba chispas entre ellos, su rivalidad era bien conocida, siempre habían competido desde la academia por las mejores marcas en las distintas pruebas y por aportar las mejores ideas. Sin embargo, Link sabía cómo volver a labrarse una victoria personal o al menos cómo evitar que sus caminos se entrecruzaran otra vez, por el bien de todos.
-Vamos, Mid… no me dejes con ese estúpido, sabes que tú y yo formamos un equipo excepcional.-Le susurró peligrosamente cerca de su oído y tomándola por la cintura, tenía que ponerse de puntillas porque la altura no era una de sus cualidades y además la chica usaba tacones como de costumbre pero no le importó, tenía sus propias armas para contrarrestarlo. Compuso una sonrisa que pretendía mostrar su determinación pero ladeada, con cierto aire seductor y la autosuficiencia de quien se cree irresistible. El chico aprovechó aquella leve cercanía para deleitarse con el embriagador perfume de la piel y los cabellos de su compañera.
-Déjame en paz.-Farfulló como respuesta separándose bruscamente-Eres…-Apretó los puños y los relajó, subiendo sus manos hasta su melena para ahuecarla y poder relajarse momentáneamente-Eres un cretino, Link. Búscate a alguien a quien le merezca la pena cubrirte las espaldas.-La chica bufó y se giró sobre los talones para marchar pasillo adelante.
Malton no tardó en situarse junto a ella, pavoneándose ante la oportunidad de ser jefe de la misión, y por supuesto, ante la oportunidad de compartir liderazgo con Midna. Link se crujió los nudillos mientras los veía marchar. Primero Rauru y ahora Midna acompañada por su acérrimo rival, si creían que con ello iban a conseguir hundirlo para que se rindiese estaban muy equivocados.
