Bienvenidos a un nuevo capitulo de mi fanfic.
Disfruten de la lectura.
El brillo era tal que nadie supo lo que sucedió hasta que este se disipo, el ejercito Equestriano imaginó una victoria contundente sobre los humanos, que habían desaparecido sin dejar rastro como si todo lo que hicieron fuera un mal sueño, que los elementos habían triunfado nuevamente como en ocasiones anteriores y que todo volvería a la normalidad. Pero estaban equivocados. La mirada estupefacta de los soldados, de las princesas, de los elementos, reflejaban lo ocurrido. Hoy, por primera vez en la historia, los elementos de la armonía fallaron en su cometido. Daba igual si era una explosión, un rayo, una bola multicolor gigante, nada hubiera funcionado.
Allí estaban ellos, con miradas confusas, las intercambiaban entre sus compañeros buscando heridas superficiales. Pero no tenían nada, no se sentían cansados, mareados, alterados o lastimados de alguna manera. Era obvio que el ataque de los ponis había fallado, era hora de continuar el ataque.
Luego de la impresión inicial, los ejércitos volvieron a la lucha.
—¡Preparen las granadas! —gritó el capitán humano.
—¡No bajen la guardia, sigamos avanzando! —ordenó Celestia.
El ejército de ponis se acercaba lentamente con el escudo todavía activo.
—Esperen que se acerquen y… ¡lancen!
Decenas de granadas volaron por el aire y desencadenaron una serie de explosiones que dañaban el escudo. Los unicornios hicieron un gran esfuerzo para mantener la barrera activa sin rasguños, cada vez que una granada explotaba, arreglaban el área de impacto dejándolo libre de cualquier imperfección. Los soldados ponis no se inmutaban ante las explosiones, el general pegaso esperaba ansioso algo de acción.
Mientras tanto, en la parte de atrás, los elementos trataban de descifrar porque su táctica no había funcionado.
—Debe ser una broma, ¿Cómo es que lograron sobrevivir a eso? —indagó Rainbow.
—Tal vez tienen algún dispositivo que los protegió del ataque —sugirió Applejack.
—Es imposible, no hay nada en este mundo capaz de detener a los elementos —refutó Twilight.
—Pero ellos no son de este mundo, cariño —dijo Rarity.
Fue como una revelación, algo tan simple como eso hizo que Twilight se diera cuenta de que los elementos no funcionan con seres fuera de su mundo. El arma de defensa más importante de Equestria era inútil contra ellos.
—Tal vez tengas razón Rarity —apoyó Twilight.
—¿Y qué haremos ahora? —inquirió Pinkie.
—Esperemos órdenes de la princesa.
Del otro lado, mientras mantenían el fuego, los soldados humanos preparaban los morteros para su uso. Su objetivo era derribar ese escudo antes de que se acercasen lo suficiente como para atacarlos de frente. El capitán observaba como los ponis con armaduras se acercaban con miradas de furia.
—¿Listos los morteros?
—Listos capitán.
—Apunten al escudo y… ¡Fuego!
Los proyectiles salieron disparados e impactaron en el escudo, algunos en la parte superior y otros en la base. La fuerza de las explosiones era mucho mayor al de las granadas, la barrera se quebraba, los unicornios volvían a recomponerla y otro proyectil se encargaba de romperlo nuevamente, los fragmentos caían como vidrio y desaparecían al instante.
—Princesa, no resistiremos mucho tiempo, la barrera está a punto de ceder completamente —advirtió el unicornio.
—General Electric, prepare sus pegasos para el asalto.
—¡Entendido princesa! —gritó el pegaso desde el fondo— Bien, cuando la barrera caiga será nuestro momento de brillar, quiero que salgan y luchen como si fuera la última batalla de sus vidas, por nuestra raza, por nuestra honorable alcaldesa, y por nuestras princesas soberanas. ¡¿Listos?! —gritó a sus soldados.
El aire retumbó por el grito de guerra de los pegasos al mismo tiempo que un último ataque coordinado de morteros estalló y rompió la barrera, quebrándola en mil pedazos que cayeron lentamente como los copos de nieve en invierno.
—¡Ahora! —gritó Celestia.
—¡A la carga, pegasos! —ordenó el general Electric.
—¡Guardia real, al ataque! —dirigió Luna.
Los pegasos sobrevolaron al ejército poni y descendieron en picada hacia los humanos con Electric Cloud liderándolos, para su infortunio, algunos recibieron de lleno el ataque de los morteros, fueron las primeras bajas que caían quemados y se estrellaban en el suelo. Con una mirada desafiante, el general pegaso junto a su ejército embistieron a los humanos en el centro y los hicieron dispersarse, segundos después la guardia real chocó de frente iniciando el enfrentamiento.
—¡Que los morteros retrocedan hasta la última fila y comiencen el bombardeo al ejercito poni! —gritó el capitán.
—¡Entendido!
—¡Y que se preparen los grupos que irán a través de la ciudad, necesitamos esa emboscada lo antes posible!
Los caballeros de la guardia real arremetían sus espadas contras los humanos de forma sanguinaria, casi ninguno de ellos sabia defenderse de aquellas armas medievales con algunas excepciones que usaban sus propias armas para detener el ataque, sus armaduras de metal resistían las balas humanas hasta cierto punto, pero eran tan pequeños los proyectiles que lograban colarse entre los espacios del cuello o las piernas produciendo heridas de gravedad a los ponis. Pero eso no ocurría con Electric, su armadura era completa y muy gruesa por lo que las balas era inútiles contra él, era una maquina de pelear imparable, su espada era más larga y gruesa que las comunes pero la manejaba con la misma facilidad de un cuchillo de cocina, pronto su hoja se tiño de rojo por la cantidad de veces que su filo atravesó la carne humana.
Nuevamente el ataque de los morteros cayó sobre los ponis de las líneas traseras que no tenían con que defenderse.
—Luna, dirige a los soldados del frente, yo iré atrás y pondré a salvo a los elementos.
—Entendido, hermana.
Celestia desplegó sus alas y salió volando.
—¡Unicornios, escuchen a su princesa, usen su magia para golpear esas bombas que lanzan los humanos y evitar que llegue aquí, yo los ayudaré desde el cielo!
—¡Entendido princesa Luna!
Los unicornios disparaban sus rayos contra los explosivos humanos haciéndolos explotar en el aire, la princesa Luna por su parte sobrevolaba el ejercito poni y hacia lo mismo.
Celestia aterrizó en donde estaban los elementos, quienes sólo podían ser espectadoras de la batalla.
—¿Se encuentran bien? —preguntó Celestia.
Todas afirmaron.
—Debo sacarlas de aquí lo antes posible.
—¡Ni lo sueñe! —exclamó Rainbow.
—¿Segura que no hay nada que los elementos de la armonía puedan hacer? —preguntó Twilight.
—Me temo que no mi fiel estudiante, ustedes ya hicieron todo lo que estaba a su alcance, voy a llevarlas a Canterlot para ponerlas a salvo.
Todas quedaron cabizbajas con una sensación de impotencia al poder ser capaces de pelear en la batalla. Celestia notó esto pero no había tiempo de tener empatía, debía llevarlas a un lugar seguro. Pero las cosas estaban a punto de empeorar, las orejas de Celestia giraron involuntariamente hacia el origen del grito que pedía su atención.
—¡Cuidado!
Era la voz de su hermana la que volaba hacia ellas lo más rápido que podía. Al girar su cabeza, pudo ver como un proyectil explosivo estaba a punto de caer donde estaban ellas. El tiempo parecía ralentizarse momentos antes de que este tocara el suelo, los elementos mostraban una cara de sorpresa por la repentina aparición del proyectil que amenazaba con volarlas en mil pedazos, pero Celestia supo reaccionar rápidamente y, estando a escasos centímetros del suelo, envolvió el proyectil en una burbuja de magia dorada, la cual absorbió la mayor parte de la explosión, evitando que los elementos y ella misma se quemaran gravemente, pero sin poder evitarlo, esta se deshizo y el resto de la energía golpeó a las ponis, separándolas y haciéndolas volar en distintas direcciones. Luna atrapó a Celestia con su magia y la trajo al suelo.
—Lo siento, lo siento mucho hermana, no pude evitar que esa llegase hacia ustedes —dijo Luna, angustiada.
—No te preocupes, estoy bien, un poco aturdida solamente —respondió Celestia poniéndose de cascos—. Voy a buscar a los elementos, sitúa a los arqueros.
—Claro hermana.
Celestia, temiendo ser un blanco fácil, decidió recorrer el pueblo por tierra en busca de los elementos. Luna, sin perder más tiempo, ordenó:
—¡Arqueros, ya escucharon a mi hermana, a sus posiciones!
XXX
El vuelo de Pinkie terminó cuando su cuerpo atravesó una ventana y cayó al suelo, por mucho era el peor dolor que había sentido en su vida hasta ahora. Trató de incorporarse pero estaba atontada por la explosión por lo que decidió quedarse en el suelo, al ver a su alrededor, supo que estaba en su habitación, reconoció su cama, su estante vació, el armario donde solía estar su cañón de fiestas y las paredes con dibujos varios hechos con pintura o crayones, algunos recientes y otros con años de antigüedad. Una sonrisa mezcla de felicidad y tristeza se hizo presente en ella, por un lado le traía recuerdos, por otro le recordaba la situación por la que pasaban.
Al recuperarse, se incorporó y sintió un dolor en varias partes de su cuerpo, llevó su casco hacia alguna de esas partes y pudo sentir como si algo la pinchara, al remover uno descubrió que era parte del vidrio que había roto previamente. Su pelaje comenzó a teñirse por las minúsculas gotas de sangre que salían de sus heridas. Corrió al baño y extrajo todos los fragmentos lo más rápido posible.
Una explosión llamó su atención y se acercó a la ventana, no muy lejos de allí, la batalla transcurría totalmente ignorante de lo que le pasó a ella o sus amigas.
—¿Cuántos de esos ponis que están peleando pudieron ser mis amigos? —se preguntó a sí misma— ¿Cuántas fiestas pude haber planeado para ellos?
La mente de Pinkie comenzó a llenarse con las miles de posibilidades de amistad que pudo haber tenido con esos ponis que estaban peleando en la batalla. Poco después, la negatividad comenzó a perjudicarla cuando imaginó el peor escenario para sus amigos de Ponyville, sus mejores amigas de la vida y por ultimo ella misma.
—¿Cuántos cumpleaños, festivales, reuniones, piyamadas, celebraciones, bodas y otras cosas van a perderse esos ponis? —inquirió con tristeza— ¿Qué seré yo de mis amigas si ellas… ellas?
No pudo pronunciar esas palabras, no le gustaba, la ponía triste pensar que todo tiene un final, desde una simple fiesta hasta la vida misma, por eso amaba pasar tiempo con sus amigos por sobre todas las cosas. Nunca imaginó que la vida podía terminar tan abruptamente y en manos de quienes antes consideraba sus amigos de otro mundo. Se sentía traicionada, engañada, estafada, y muchas cosas más.
Se recostó en el suelo y comenzó a llorar, no como acostumbraba, sino de una manera más débil, frágil y triste, nunca había llorado de esa manera, incluso tenía miedo de esta nueva sensación de debilidad. El miedo a morir se había instaurado en ella.
«Tal vez duela menos en el futuro si… me mantengo distante» pensó.
Con ojos rojos y un corazón de sensaciones apagadas, fue hasta el baño y se miró al espejo. Su melena estaba lacia nuevamente, como en aquel malentendido de su fiesta de cumpleaños. La acarició unos momentos y agarró unas tijeras olvidadas dentro del espejo, con cascos temblorosos y sin mirar dio un rápido corte a través de su melena, dejándola corta, simbolizando a todos los ponis que perdieron y perderán su vida por culpa de los humanos. Le pareció extraño al principio ya que nunca había tenido la melena de esa manera, pero no le dio mayor importancia.
Bajó las escaleras y salió de Sugarcube Corner, los humanos no había llegado hasta allí todavía. De repente, la princesa Celestia apareció galopando.
—Pinkie, ¿te encuentras bien?
La poni rosa asintió.
—Escúchame, ve a la salida al otro lado del pueblo y espérame ahí, iré a buscar a las demás.
—Entendido.
Con los estruendos de la batalla de fondo, Pinkie corrió hacia donde la princesa le había dicho sin mirar atrás.
XXX
Applejack no cayó sobre un colchón exactamente, pero si en la alcaldía, la cual permaneció vacía desde lo ocurrido con la alcaldesa. Su trabajado cuerpo hizo que el impacto no fuera tan duro, por lo que pudo incorporarse rápidamente, su sombrero yacía en el suelo a unos metros de distancia en la base de un estante lleno de polvo y recuerdos del pueblo. En él, habían fotografías de distintos eventos o sucesos importantes que ocurrieron en Ponyville, entre ellos se encontraban fotos de la princesa Celestia de aquella vez que ella vino por la celebración del verano, la ultima inauguración de un edificio con un gran listón rojo y una tijera de tamaño poni, la hermandad de los cascos, la noche de Nightmare, entre otros.
Pero ninguna le llamaba más la atención que aquella luego del gran rodeo donde estaba la alcaldesa, la familia Apple y varios otros ciudadanos del pueblo posando mientras Applejack mostraba, con una gran sonrisa, uno de los muchos listones del segundo puesto. Su familia lucia tan alegre en esos tiempos tan cercanos como distantes, su corazón comenzó a pesarle, una lagrima rodó por sus pecas, ¿Cómo estarán su abuela y su hermanita? ¿Qué sucedió con su hermano? ¿Qué dirán los otros Apples cuando se enteren?
Mientras bajaba las escaleras recordó el conflicto que estaba sucediendo gracias a unas explosiones que hicieron temblar la tierra. Llevaba cargando su sombrero en su lomo, al salir pisó la sangre seca de la alcaldesa que nadie había limpiado, se sentía pegajoso y el tono se había ennegrecido por el paso del tiempo, con expresión neutral se limpió el casco y se puso el sombrero.
Ella debía llorar por él. Era su hermano, uno de los seres que más amaba en el mundo. Siendo así, ¿Por qué no pudo llorar luego de llegar a Ponyville después del ataque? No quería lágrimas sueltas, no quería ser la que consuele sino aquella a quien debían contener, ¿Por qué no podía tirarse el suelo y llorar como lo haría cualquier poni normal? ¿En qué momento adquirió esa fortaleza que no le permitía desplomarse a voluntad?
No pudo seguir culpándose cuando vio a la princesa galopar a su posición.
—Applejack, ¿te encuentras bien? —inquirió preocupada.
—No se preocupe princesa, soy una de las manzanas más duras del árbol —respondió confiada.
—Me alegra escuchar eso. Debo buscar a las demás, ve a la entrada del otro lado del pueblo así puedo ponerlas a salvo, y ten cuidado.
—No diga más, iré enseguida.
Mientras la princesa se alejaba, Applejack tomó otro camino para así llegar a su destino, acompañada de sus pensamientos de tristeza.
XXX
No era la primera vez que Fluttershy olvidaba que tenia alas, pasó antes y pasará en el futuro, ahora mismo, ese olvido la llevaría a estrellarse contra el techo de una vivienda e ingresar en ella violentamente. Dolorida, sobó su cabeza mientras se incorporaba y veía a su alrededor gracias a la luz que se filtraba por el agujero, el lugar estaba lleno de cosas silvestres, pinturas, mascaras, plantas, plumas entre otras. Todo estaba amontonado, sin acomodar, como si el dueño del lugar no hubiera tenido tiempo para eso en su agenda, y en muy mal estado, por ejemplo las plantas muertas.
Buscó la puerta de salida de esa habitación, haciendo a un lado todo el desorden para abrirse paso. El olor del ambiente era invasivo, no había aire fresco que respirar ya que todo era tapado por aroma silvestre. El pasillo que daba a las escaleras estaba lleno de dibujos extraños que la pegaso no pudo identificar, mientras más recorría el lugar la duda de quien vivía allí se acrecentaba. Al bajar las escaleras pudo ver, con algo de dificultad por la oscuridad, la puerta de salida, pero algo más llamó su atención.
Era un cuadro, tal vez el más grande de todos los que vio hasta el momento, en el cual se vislumbraba un paisaje único, un cielo celeste, unas montañas de fondo con una capa de nieve en la punta, una llanura que parecía extenderse más allá de los límites del cuadro y varios animales de muchas especies jugando entre ellos, todo junto en una correcta iluminación pintado con acrílico, seguramente con pincelazos de casco y no con magia de unicornio.
Fluttershy lo había visto antes, y no sólo eso sino que conocía al artista responsable. Ella fue quien un día acudió a su casa a pedirle prestado varios de sus animales para un proyecto de pintura que tenía en mente. Recordó que, aunque no fuera una actividad peligrosa, asistió varias veces al lugar para asegurarse que nada malo sucediese.
"—¿No deberían los animales quedarse quietos para que puedas pintarlos? —preguntó Fluttershy al ver a los animales corretear y jugar por los alrededores.
—Mientras los pequeños permanezcan cerca, podré llegar a mi meta —dijo Zecora mezclando dos colores.
—¿Y así es como pintas normalmente?
—Es correcto, me gusta pintar cosas vivas como verás, no soy como otros pintores que prefieren tener a sus objetos fijos en un lugar. Yo necesito verlos actuar para poderlos correctamente retratar."
Fue una explicación que Fluttershy no entendió en ese momento o cuando terminó el cuadro. Pero ahora, estando parada frente a la pintura y con todo lo que aconteció en su vida, pudo interpretar lo que Zecora dijo en ese momento.
—Oh Ángel.
Su casco tocó el lugar en el retrato donde se encontraba Ángel quien perseguía una ardilla con una sonrisa desafiante en su rostro. Ver esa imagen de sus animales le trajo recuerdos de su sacrificio para salvarla de los humanos y las cosas que acontecieron después. Recordó como durante dos días, esperó que alguno de ellos apareciera por la puerta de la biblioteca de Twilight y la abrazara, pero ninguno se hizo presente, lo que hizo que perdiera la fe en encontrarlos con vida en el futuro.
Con un atisbo de tristeza y amargura, marchó hacia la salida. Cada vez que pensaba haber superado la muerte de sus animalitos, la realidad se mostraba frente a ella como un golpe repentino de aire frio en un día caluroso, que se las arreglaba para dejar sus ánimos por el suelo.
La batalla, las explosiones, todo pasaba por alto cuando su mente no dejaba de pensar en ello. Si no fuera porque la princesa Celestia gritó su nombre, no se hubiera dado cuenta que se encontraba afuera de la casa de Zecora.
—Fluttershy, ¿estás bien?
—S-sí, estoy bien.
—Escucha, debes ir a la entrada al otro lado del pueblo con las demás, luego las pondré a salvo.
—Entendido princesa.
Nuevamente la princesa galopó en busca de otro elemento mientras Fluttershy caminaba desganada por el camino de tierra.
XXX
Rarity tuvo mucha suerte, si es que se le puede llamar así. Había caído de tal manera que su cuerno recibió gran parte del impacto, lo que le produjo un fuerte dolor de cabeza, quedando desorientada sin saber donde estaba, veía todo borroso.
El lugar le resultaba tremendamente familiar, desde el suelo hasta el olor, pero la oscuridad parcial dificultó su vista.
—No creí que hubiera alguien en Ponyville después de la evacuación, señor, permítame ayudarlo —dijo Rarity al ver a un poni alto parado frente a ella.
Al ver que aquel poni no le respondía, insistió.
—Señor, debo insistir, debe venir conmigo así puedo llevarlo lejos del pueblo, es muy peligroso quedarse aquí.
Pero ese poni maleducado no respondía.
—No quería ser mandona, pero nos iremos ahora mismo —dijo Rarity jalando del casco al poni.
El cuerpo del poni cayó muerto al suelo y la cabeza se separó del resto del cuerpo, lo que produjo un fuerte grito que retumbó en toda la casa. Pero no había sangre, de hecho, el poni ni siquiera tenía pelaje, melena o cola. Al notar esto, Rarity refregó sus ojos para aclarar su vista, llevándose una gran sorpresa que vino acompañado por un sonrojo de vergüenza por lo que había hecho. Aclaró su garganta y salió de su casa.
Pero algo llamó su atención, una bufanda que estaba atrapada en la rama de un árbol, una pieza de tela tejida por ella misma sin lugar a duda. Se acercó rápidamente y la acarició, la olisqueó y una renovada sensación de culpa invadió su mente. Esa era la última bufanda que Rarity le había tejido a Sweetie Belle el invierno pasado, ella sabía que su flor favorita eran los dientes de león que sólo hacían aparición en su estación favorita, verano, por eso hizo lo imposible para conseguir extracto de Taraxacum officinale, nombre científico del diente de león, y aplicarlo a la tela de tal forma que desprendiera un aroma similar. Fue el último regalo que le hizo a su hermanita, nunca podrá olvidar la sonrisa que puso al entregársela.
Y era esa misma imagen la que no podía sacarse de la mente ahora mismo. Lagrimas se hicieron presentes y lloró desconsoladamente sin nada que la detuviera de recordar el estado actual de Sweetie Belle. Secaba su liquido de tristeza en la bufanda.
Sintió un gentil toque en su hombro, al darse vuelta, vio que la princesa Celestia la observaba con mirada materna, como si todo fuera a salir bien.
—Lo siento princesa, no quería, no debí...
La explicación de Rarity fue interrumpida por otro gentil toque de casco de la princesa que limpiaba sus lagrimas.
—No hay nada de malo en llorar, Rarity —dijo Celestia sacando la bufanda del árbol y entregándola a Rarity.
—¿Estás bien?
—Ahora sí, princesa.
—Es de suma importancia que vayas a la entrada del pueblo y te reúnas con tus amigas, pronto iré allí y las llevaré a salvo a Canterlot.
—No diga más princesa, voy en camino.
Ambas se separaron. Rarity cargaba la bufanda pero no se la puso, ya que le pertenecía a Sweetie Belle y a nadie más.
XXX
Twilight, a diferencia de las demás con excepción de Rainbow Dash, cayó afuera de una casa, chocando contra la pared. Se encontraba relativamente cerca de la batalla por lo que decidió recorrer un corto tramo para llegar a donde estaba el ejercito Equestriano, lo que no sabía era que los humanos habían iniciado su táctica de emboscada, lo que movilizaba grupos de soldados a través del pueblo desde los costados por los distintos callejones y calles menores del pueblo.
—¡Miren allá, es el elemento de la magia! —gritó uno de los soldados humanos.
Twilight giró y vio como un grupo de humanos le apuntaban con sus armas al otro lado del callejón. Sin dudarlo comenzaron a dispararle pero Twilight puso un escudo de magia en frente suyo. El miedo comenzó a invadirla, miró hacia todos lados para asegurarse que no viniera otro humano y con un esfuerzo extra hizo que el escudo tuviera la suficiente magia como para que ella pudiera escapar hacia el otro lado.
Galopó rápidamente sin mirar atrás en busca de la calle principal con el objetivo de encontrar al ejercito y contarle lo que estaba sucediendo, pero tan pronto puso un pie afuera del callejón sus ojos fueron testigos de una batalla campal que se estaba llevando a cabo, se dio cuenta que era demasiado tarde para advertirles, los humanos ya habían emboscado a las fuerzas Equestrianas.
Nuevamente el miedo comenzó a hacer de las suyas. Twilight dio media vuelta y emprendió la retirada para alejarse de la batalla lo más rápido posible, no pensó en su hechizo de teletransportación por el miedo.
—¡Alto! —dijeron los humanos que salieron sorpresivamente y le apuntaron.
Detuvo su andar y dio media vuelta para correr al otro lado, pero otro grupo de humanos la acorraló sin darle lugar a escapar.
Había quedado paralizada con una expresión de temor en su rostro. Se agazapó en frente de ellos como un cachorro asustado sin quitarles la vista de encima.
—Déjenmelo a mí, vine preparado para esto —dijo uno de los soldados.
De su bolsillo trasero sacó un cuchillo de caza, lo hizo girar en su mano y se fue acercando lentamente a Twilight, quien no podía hacer ningún hechizo posible debido al miedo, al peligro, a la sensación de muerte que le fue instaurada hace no mucho tiempo. Su mente estaba en blanco, no podía pensar en nada, sólo intercambiaba miradas entre el cuchillo y su portador que se acercaba lentamente con sonrisa malévola.
—Tu cabeza me dará honor y medallas —dijo el soldado con anhelo.
Se detuvo y apreció a su presa una última vez antes de cargar contra ella con la intención de clavarle el cuchillo en su garganta. Las pupilas de Twilight se hicieron diminutas y su boca se entreabrió al sentir que este sería su último respiro, su último momento de vida, y que nadie vendría a rescatarla.
O eso pensaba ella al no ver venir a nadie, pero hay cosas que escapan a nuestros sentidos.
El cuchillo se detuvo a un metro de su cuerpo, como si este hubiera chocado con algo. De pronto la hoja se tiñó de color escarlata y un pequeño caudal comenzó a caer de la nada, como si el arma blanca hubiera cortado algún ser vivo que ella no podía ver. Pero esa era la situación, lo supo cuando sintió caer algo pesadamente en el suelo y levantar un poco de polvo. Segundos después la figura se fue revelando, desde la cola hasta su hocico, un poni de pelaje gris con melena y cola azulada yacía agonizante con una herida profunda en el cuello que drenaba su sangre a cada segundo.
Tanto Twilight como los humanos se sorprendieron, pero la unicornio lo estaba más todavía. Allí estaba, tirado en el suelo, el unicornio que intentó advertirle sobre los peligros que venían, que pasó por muchas adversidades para hacer llegar su mensaje profético a una Equestria que se negó a escucharlo, que sufrió de maneras inimaginables para la unicornio con el objetivo de regresar y ayudarlas.
Twilight miró desconcertada al unicornio que yacía inmóvil y luego devolvió la mirada al sujeto que intentó asesinarla. Su ira sustituyó cualquier rastro de impotencia en su ser al ver las gotas de sangre que caían del cuchillo, su cuerno se encendió como respuesta y antes de que aquellos soldados se diesen cuenta, la unicornio disparó contra él, haciéndolo volar diez metros a ras del suelo antes de caer inconsciente, el cuchillo quedó clavado a pocos metros sobre la tierra.
Sin dudarlo, levantaron sus armas para dispararle, pero en ese instante, y casi como respuesta a una plegaria de vida, Celestia cayó del cielo y resguardó a su alumna de la ráfaga de balas gracias a un escudo mágico de color dorado. Cuando los humanos dejaron de disparar, Celestia levantó su cuerno y de la punta salió una descarga mágica en varias direcciones que impactó y dejó inconsciente a todos sus atacantes.
—Twilight, ¿te encuentras bien? —preguntó angustiada, deshaciendo el escudo.
Pero la mente de Twilight estaba en otro lado, en alguien más. Se incorporó y corrió hasta el cuerpo moribundo del profeta, fue en ese momento que Celestia se dio cuenta de lo sucedido.
—No. No. No. No, no, no, no —repitió Twilight al borde de las lágrimas.
—Twilight… —dijo Celestia.
—¡No! —gritó desesperada.
Antes de que Celestia pudiese hacer algo, Twilight teletransportó a Doom a un lugar seguro. Luego de razonarlo unos momentos, la monarca supo exactamente donde ir a buscarla.
No le importaba en lo más mínimo manchar su piso de madera, todo lo que quería era salvarlo como él quiso salvarlas a ellas, la unicornio revolvía en todos lados de su casa vacía en busca de algo que ayudara a detener la hemorragia, pero no hallaba nada, se maldecía por ser tan organizada y mandar todo a casa de sus padres en Canterlot. Mientras Twilight iba de un lado a otro, Doom hizo un gran esfuerzo para abrir sus ojos, y otro mayor para llamar la atención de la unicornio.
—Twilight —susurró.
Ella se volteó y acercó al profeta.
—No hables por favor, guarda tus fuerzas, voy a curarte.
—Twilight.
—Voy a escucharte, todo lo que digas, haré todo lo que tengas para decirme.
—Twilight.
—No dejaré que nada te pase.
—¡Twilight!
Luego de ese grito, hubo un silencio sepulcral, Doom estaba muy dolorido, necesitaba unos segundos para recuperarse. No necesitaban palabras, ambos sabían que era demasiado tarde.
—Lo siento —dijo Twilight derrotada y llorando—, lo siento tanto. Debí haberte escuchado cuando tuve la oportunidad, nada de esto hubiera pasado si no te hubiera tratado como un loco que quería arruinar mi investigación. Ahora no hay nada que podamos hacer, ellos van a ganar.
Lagrimas caían al suelo a medida que Twilight se desahogaba. Doom logró reunir la suficiente fuerza para decir:
—No es demasiado tarde, ustedes van a ganar, eventualmente.
Tosió un poco de sangre.
—¿Cómo lo sabes?
—Sólo… lo sé.
Twilight seguía llorando ante la inquebrantable fe del profeta que aun ante la muerte confiaba ciegamente en los ponis.
—Te perdono, Twilight.
Esas palabras sorprendieron a Twilight, su corazón sintió una mezcla de alivio y amargura.
—¿Cómo puedes confiar en mi después de todo?
—Porque… fuiste sincera con tu disculpa.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó secándose las lagrimas.
Las fuerzas comenzaban a fallarle, perdía sensibilidad en su cuerpo, le costaba respirar. Reunió lo último de fuerzas para responderle.
—Es que… las lágrimas son el desahogo de un alma torturada por la culpa, son una muestra inequívoca de sinceridad que refleja la esencia de su portador que se diferencia de aquellos que la utilizan para manipular, tenlo en cuenta la próxima vez que veas a alguien llorar.
Sus ojos se cerraron lentamente, Twilight lo agitó para despertarlo, pero no lo hizo. Esas últimas palabras quedaron grabadas en su mente y nunca las dejaría ir, si ese era el último mensaje que tenia para dar se aseguraría de darlo a conocer y utilizarlo cuando fuera necesario.
Su momento de duelo se vio interrumpido cuando Celestia ingresó a la biblioteca.
—Ahí estás, ¿Qué le sucedió al…?
Quedó inmóvil al presenciar lo ocurrido, Twilight se levantó y abrazó a Celestia, mojando su pelaje con sus lagrimas. La princesa contuvo a su estudiante el mayor tiempo posible sin olvidar que estaban en medio de una batalla.
—Twilight, debemos irnos, tus amigas te esperan.
—¿Lo vamos a dejar aquí?
—No tiene caso llevarlo con nosotras, su alma está en un mejor lugar ahora.
Twilight no quería dejarlo aquí, pero accedió a la propuesta y ambas se embarcaron a la salida del pueblo donde las demás esperaban. Pero algo repentino estaba por cambiar el curso de la batalla.
XXX
Rainbow no tuvo que hacer un gran esfuerzo para llegar a la salida del pueblo ya que la explosión la hizo volar ahí. Al incorporarse, la princesa Celestia se acercó galopando rápidamente.
—¿Te encuentras bien?
—He estado mejor, gracias por salvarnos, ¿y las demás?
—Iré a buscarlas, quédate aquí y recíbelas, esperen a que vuelva y las llevaré a Canterlot.
—Entendido, princesa.
Poco a poco, Rainbow vio llegar a sus amigas al lugar acordado, cada una con un estado de ánimo deplorable, pero la que más le partía el corazón de verla así era Applejack, su amada. Desde que llegó a Ponyville luego del ataque a su granja, Rainbow siempre estuvo para ella, para todas, pero en especial para ella. Fue el soporte de todas, incluso de Twilight, cargaba mucho peso consigo por ayudarlas de esa manera, pero no le importaba, eran sus amigas, su lealtad estaba con ellas.
Mientras tanto en el campo de batalla, los humanos lograron emboscar a los ponis por atrás y los rodearon por completo, todo era un caos que la princesa Luna trataba de remediar, pero su mente estaba tan enfocada en protegerlos que no ideaba una estrategia. Los pegasos en el frente comenzaban a ceder y tal como les habían ordenado, los herían sin llegar a matarlos para poder tomarlos como prisioneros. El general Electric no se dio cuenta de la situación ya que estaba disfrutando de la carnicería que su espada provocaba, hasta que una oportunidad única se le presentó.
Con su armadura toda abollada por los impactos de bala, se hizo paso a través de los soldados humanos hasta llegar al capitán. Sin darle oportunidad, se abalanzó contra él, pero el humano logro detener el ataque de espada con su arma, luego de unos segundos de ejercer fuerza, el pegaso hizo un movimiento rápido y golpeó al capitán con sus patas traseras, lo que lo hizo retroceder. El humano rápidamente disparó una ráfaga de balas contra el general, pero estas impactaban sin penetrar su armadura, aprovechando esto, Electric corrió y lo embistió, tirándolo al suelo y clavándole su espada en el pecho. El humano intentó detenerlo pero el pegaso lo golpeó un par de veces dando fin a su resistencia.
—Es inútil —dijo el capitán con una sonrisa que era acompañada por un hilo de sangre.
El pegaso se sorprendió de poder entender lo que decía.
—No lo es, sentirás como tu sangre se derrama sobre la tierra hasta que tu corazón deje de latir.
—Tal vez, pero nosotros ganamos, mira a tu alrededor, ¿Sabes donde están tus tropas? —inquirió agonizante.
—Están enterrando sus espadas en el cuerpo de tus caballeros —dijo con convicción.
—Mira otra vez.
El general vio a su alrededor, confirmando que faltaban soldados a su lado, pero cuyos cuerpos tampoco estaban en el suelo en señal de derrota. Alzó vuelo hasta tomar la altura suficiente para ver la parte trasera del pelotón humano y ver sorprendido como estos se llevaban a los pegasos en redes y les despojaban de sus armaduras.
Como un rayo, cayó al suelo y retiró la espada del pecho del capitán, apuntándole con la misma.
—¡Dime a donde llevan a mis tropas, ahora! —amenazó.
—E-es demasiado tarde. Mientras los pegasos sigan en el campo de batalla, serán capturados y enviados a la Tierra como prisioneros.
—¡¿Y por qué sólo ellos?
—Realmente no tienes nada debajo del casco, pensé que la princesa te lo había contado —tosió sangre antes de seguir—. Ustedes son lo que buscamos, son uno de los tesoros más preciados que vinimos a buscar y tú me los entregas en bandeja de plata.
Y fue cuando se dio cuenta que todo esto era una trampa para atrapar la mayor cantidad de pegasos posibles, dentro suyo se preguntaba porque la princesa no le había contado nada. Su misión estaba clara, debía proteger a su pueblo, aun si eso significaba ir en contra de las princesas.
Tomó altura para que todos sus camaradas escucharan el mensaje que tenia para ellos.
—¡Pegasos, retirada!
Todos dudaron, incluso los guardias reales que peleaban a su lado.
—¡No lo diré tres veces, retirada! ¡Vuelvan a Cloudsdale y avísenle a la alcalde que declare estado de emergencia y que ningún pegaso debe salir de la ciudad, es mi última voluntad!
—¡Si, señor! —gritaron los pegasos.
De un segundo a otro, los pegasos alzaron vuelo y abandonaron el campo de batalla hacia su ciudad en el cielo. El general agarró a uno de sus caballeros y le dijo:
—Dile a la alcalde que ellos vienen por nosotros.
—Entendido.
Mientras observaba a su tropa retirarse del campo de batalla, el general nuevamente descendió y peleó contra los humanos para darles tiempo de escapar. Su espada desgarraba la carne de sus enemigos de un modo casi artístico, los soldados intentaban en vano frenarlo porque sus balas seguían siendo inútiles. Esquivaba y estocada, golpe y cortada, salto, giro y estocada. Cuando toda su tropa se había marchado, este se acercó al capitán que estaba a punto de morir para tener una última charla antes de morir.
—Juro que traeré a los demás.
—No jures en vano, general. Y otra cosa, no somos caballeros, somos soldados —susurró.
Sin previo aviso, dos soldados taclearon al poni y lo sometieron en el suelo, otros se acercaron y comenzaron a patearlo, algunos aplastaron sus alas, arrancándole las plumas. Después, uno de ellos se las ingenió para quitarle el casco, también lo golpearon ahí hasta casi perder el conocimiento. Como toque final, agarraron un par de granadas y las metieron dentro de la armadura de Electric, sellando su destino mientras corrían a cubrirse de la explosión.
Usando lo último que le restaba de lucidez mental antes de su inminente final, y mientras veía a los humanos alejarse de él, cerró sus ojos y se dijo a sí mismo.
—Luché haciendo lo mejor para mi pueblo.
La pesada armadura de metal no pudo contener las dos explosiones, esta se separó en mil pedazos al igual que el cuerpo del pegaso que se regó por todo el lugar.
Con su capitán caído y una sorpresiva ventaja numérica, los humanos tomaron la iniciativa y comenzaron a empujar a los ponis, haciéndolos retroceder. Implacables, los ponis no pudieron detener el avance humano, los explosivos diezmaban sus filas, las balas atravesaban a la guardia y algunos de ellos eran capturados sin que pudieran evitarlo.
Al otro lado del pueblo, las chicas veían como los pegasos escapaban del lugar. De entre todas, Rainbow era la única enojada por ello, se suponía que su raza era la guerrera, la que era capaz de poner el alma y el corazón en la batalla y dar todo de sí.
—Vuelvan… —dijo Rainbow.
—¿Qué dijiste, Rainbow? —inquirió Applejack.
—¡Vuelvan aquí, cobardes! —gritó lanzándose al cielo a perseguirlos.
Nadie esperaba esa reacción de la pegaso arcoíris quien se lanzó a la caza de los soldados de Cloudsdale. Rainbow alcanzó a uno de los últimos pegasos de la línea y lo detuvo.
—¡¿Qué están haciendo?! ¡Vuelvan allí y peleen!
—Se nos ordenó la retirada y decirle a la alcaldesa que declare el estado de emergencia, ningún pegaso puede salir de allí.
—¡Esto es increíble! ¡¿Cómo puede dejar que los humanos ganen?!
—¡Ellos nos quieren a nosotros! ¡¿Acaso no lo entiendes?!—gritó aquel pegaso que ansiaba escapar.
Rainbow quedó en silencio por unos momentos.
—De hecho, creo que usted debería venir con nosotros, no es seguro permanecer fuera de Cloudsdale.
—Si ellos ganan, no habrá sitio seguro para nadie —dijo Rainbow antes de irse.
Por esto Rainbow llegó a odiar a su propia especie quedando con un profundo resentimiento, ¿los Wonderbolts hubieran hecho lo mismo? Ahora mismo, su respuesta era confusa, no lo sabía. Pero no podía permitirse mostrar debilidad, mucho menos ahora que era la última de su especie en el campo de batalla.
Al llegar al suelo, todas vieron su cara de decepción y decidieron no preguntarle lo sucedido. Para su suerte, Celestia se acercaba con Twilight, lo que significaba que era hora de irse. Pero las malas noticias no dejaban de llegar.
Al reencontrarse, las seis se abrazaron.
De pronto, un pegaso mensajero rodeado por un escudo mágico de color violeta llegó hasta donde estaba la princesa.
—¡Princesa Celestia, tengo un comunicado urgente del capitán Shining Armor!
—¿Qué sucede?
Las chicas no pudieron escuchar el mensaje, pero la cara de desconcierto de Celestia les dejó en claro que no era nada bueno. Sin dar explicaciones, Celestia alzó vuelo y dejó a los elementos y al mensajero atrás para encontrar a la princesa Luna, quien se encontraba en el cielo guiando a los soldados.
—¡Luna!
—¿Qué pasa hermana?
—Algo pasó en Canterlot, debemos retirarnos de Ponyville y reagruparnos allá.
—Hermana, tu tono me desconcierta, ¿Qué sucedió?
—Te explicaré todo cuando lleguemos, por favor, ayúdame.
Luna vio a la guardia que retrocedía y a los humanos que avanzaban cada vez más y entendió que una retirada era la mejor estrategia.
—Está bien, tu lleva a los guardias hasta la salida del pueblo, yo te daré tiempo —dijo Luna.
—No Luna, debemos hacer esto juntas —respondió Celestia.
—Deja de tratarme como si aun fuera una potrilla hermana mía, puedo defenderme sola y estos guardias no podrán lograrlo por su cuenta.
—A veces olvido que eres toda una yegua. Te veré del otro lado —dijo Celestia luego de razonar la situación.
—Gracias hermana, daré lo mejor.
Con su lanza siendo sostenida por su magia de color azul oscuro, Luna descendió y, casi con el mismo espíritu guerrero que el general Electric, comenzó a pelear contra los humanos cuerpo y cuerpo, mientras manipulaba su lanza con su magia mantenía un hechizo que le daba un escudo que absorbía el impacto de las balas y a veces, disparaba rayos de magia.
—¡Guardias, retirada! —ordenó Celestia— ¡Síganme, los guiare a un lugar seguro!
Los guardias obedecieron y siguieron a la princesa del sol, algunos cargaban a sus compañeros heridos para que los trataran una vez se pongan a salvo. Los explosivos de los morteros volaban e impactaban en los edificios cercanos, destruyéndolos y prendiéndoles fuego, algunos lograban alcanzar a los guardias sin que Celestia pudiera evitarlo.
Pronto la salida del pueblo se llenó con lo que quedaba del ejercito Equestriano que esperaban a que los demás llegaran para poder irse del lugar, alaridos se escuchaban constantemente mientras los soldados se reagrupaban. Los elementos se apartaron de ellos.
Pronto ya no quedaron guardias que esperar, los ponis se impacientaban y comenzaron a preguntar porque no se iban. Celestia hacia oídos sordos, sus ojos estaban concentrados en un punto fijo no muy lejos de allí donde su hermana todavía estaba peleando.
—Iré por Luna —dijo Celestia.
Los ponis asintieron y la monarca partió a su encuentro, al llegar vio como su hermana estaba inmersa en la batalla, su armadura presentaba serios daños y tenía heridas superficiales producto de su magia que a veces fallaba. Celestia se cubrió con un escudo y se acercó, sabía que no tenía mucho tiempo así que debía actuar rápido.
—¡Luna, todos están a salvo, debemos irnos!
—¡No estaremos a salvo hasta que haya vencido a los humanos!
—¡Tu sola no podrás contra ellos, debemos reagruparnos!
El ensordecedor ruido de los humanos hacia muy difícil su comunicación.
—¡Debo hacerlo por ellos!
—¡Ellos no quieren perder a su gobernante otra vez, ven conmigo Luna!
—¡No me iré, un líder no se rinde jamás!
—¡No me dejas otra opción más que ayudarte, Luna!
—¡Entonces deja de hablar y ayúdame!
Pero la definición de ayuda de Celestia era otra. Con una lagrima volvió hasta donde estaban los demás.
—Chicas, necesito ayuda de los elementos de la armonía.
—Pero no funcionaron la ultima vez —recalcó Twilight.
—Necesito que confíen, Luna está cegada por su sed de defender Equestria y sólo hay un modo de salvarla de los humanos, lancen su poder sobre mí y yo haré el resto.
—Pero...
—¡Háganlo!
Sin más, los elementos se pusieron en posición y nuevamente un brillo las rodeó, los ojos de Twilight se pusieron de blanco y los collares y corona brillaron de su correspondiente color. Celestia se puso en posición mirando hacia donde estaban Luna y los humanos y les dio la señal a las chicas para que lo hicieran.
El arcoíris salió directamente de los elementos y golpeó a Celestia, rodeándole con su magia.
«Ha pasado mil años desde la última vez que tuve esta sensación de poder» pensó mientras era envuelta por completo por el arcoíris.
Luego de unos segundos, los elementos regresaron a la normalidad, pero la magia seguía rodeando a Celestia, que meditaba la forma correcta de lanzar un hechizo que hace siglos no realizaba. Momentos después, la magia comenzó a juntarse en la punta del cuerno de Celestia y tomó forma de rombo multicolor, luego apuntó hacia donde se libraba la batalla, más específicamente a Luna y disparó un rayo multicolor que viajó a toda velocidad hasta impactar en la princesa de la noche, quien rápidamente se vio envuelta por la magia de los elementos justo como en aquella fatídica noche de su destierro.
Luna giró para ver a su hermana a lo lejos con una cara de sorpresa.
«Prefiero que quedes atrapada en la Luna a quedar esclavizada por los humanos, o algo peor, no te preocupes, iré por ti tan pronto la situación se aclare» dijo Celestia telepáticamente a Luna a través de los elementos «Lo siento, de verdad».
—¡Celestia! —gritó desgarradoramente Luna antes que la magia de los elementos se la llevara consigo a la luna.
Los humanos quedaron sorprendidos por lo sucedido, al parecer los ponis se encargaron de aquella poni alta, dejándoles libre de amenazas que obstaculicen la captura del pueblo.
Luego del despliegue, Celestia vio como sus súbditos la miraban como caras varias, entre decepción, sorpresa, entre otras.
—No se preocupen mis queridos ponis, Luna va a volver, esto fue algo necesario para asegurar nuestro escape sin dejar a nadie atrás.
No hubo tiempo a replica cuando un explosivo cayó cerca de ellos.
—¡Agrúpense, voy a llevarlos a Canterlot!
Celestia levantó un escudo de gran altura que les dio suficiente tiempo para juntarse y desaparecer en una haz de luz, retirándose de la misma manera que llegaron.
Los humanos celebraron su victoria y comenzaron a traer materiales para armar su nueva base, también se encargarían de limpiar el lugar de los cadáveres ponis y llevar los suyos a la Tierra donde serian velados.
Ponyville había caído con importantes bajas, pero la cosa estaba lejos de terminar para ellos.
XXX
Todos aparecieron en el mismo lugar de donde partieron, los cuarteles de los guardias, pero en menor cantidad, los heridos fueron trasladados a primeros auxilios.
—Princesa Celestia, que bueno que logró regresar —dijo Shining Armor.
—Muéstrame.
—¿Dónde está la princesa Luna?
—Te lo diré en el camino, muéstrame lo que mandaste con el mensajero.
—Entendido.
La mirada de Celestia era fría, quería ocultar su preocupación por todo lo sucedido para que la población no entrara en pánico. Pero era demasiado tarde, todos en Canterlot se encontraban en la locura, corriendo de un lado a otro con sus bienes más preciados para encontrar refugio en el castillo.
Shining guió a la princesa Celestia hasta lo más alto del cuartel, en un balcón había un telescopio apuntando a las afueras de la capital.
—Mire usted misma —dijo Shining Armor.
Con su magia atrajo el aparato hasta su ojo. Luego lo soltó, inexpresiva.
En las afueras de Canterlot, listos para atacar, se encontraban los humanos.
Y hasta aquí llegó el capitulo señores, espero que les haya gustado.
La batalla de Ponyville concluyó y el ataque a Canterlot está a punto de empezar. El proximo capitulo es el final de esta precuela, no se lo pierdan.
Es hora de dar las gracias a los reviews en el capitulo anterior por parte de:
Linkwarriorx0: Si, las historias comienzan a enlazarse, en la proxima se realiza la conexion definitiva.
Junior VB: Sabremos mas de Sweetie Belle en otro fanfic, gracias por el comentario.
Recuerden, si les gustó el capitulo dejen un review, si tienen alguna duda o consulta pueden mandarme un MP, no muerdo, tambien pueden darle like a la pagina de facebook "exelion fanficion" para estar enterados de avances y otras cosas, links en mi perfil o pueden buscarlo por FB.
Hasta la proxima, se despide, Exelion.
