Siento muchísimo tardar tanto en escribir, y escribir estos capítulos tan cortos y además parecen resúmenes, pero no tengo mucha inspiración. Lo siento, y creo que dentro de poquito se terminará la historia:( Un besín acucarachado .- cieloabierto

Siguió aporreándolo más hasta que el chico se quedo inconsciente. Le miró con desprecio, casi inconsciente en el suelo y le escupió, luego se despareció. Regresó a La Madriguera.

- Lo siento, Rose –le abrazó lo más fuerte que puedo– te prometo que no volverá a pasar.

- James, tú no tienes la culpa…

- Sí, te debí cuidar más.

- Nadie se lo esperaba –le abrazó más fuerte y volvió a derramar lágrimas.

- Tranquila –acomodó su espalda en el cabecero de la cama e indicó con la cabeza a Mique y a Lia que se marchasen de la habitación. Rose apoyó su cabeza en el pecho del chico y se fue tranquilizando mientras hablaba cosas que eran más para sí misma que para su primo.

El tiempo pasaba despacio, y se convirtió en una 'mala' costumbre, pero Rose cada noche necesitaba a su primo mayor para dormir, en él confiaba. Cada día le contaba algo más de aquel desastroso día y luego rompía a llorar hasta quedar dormida. No hablaron del tema con ningún adulto, simplemente dijeron que Rose estaba triste por haber dejado a Scor, y ellos lo entendieron. El culpable de todo aquello, les dijo a sus padres que se iba una semana con sus amigos de vacaciones, pero James se dio cuenta que en realidad lo único que quería era tiempo para hacer desaparecer todos los golpes. Josh y Mique, eran tan estables como pareja que en su relación no había ningún tipo de sobresaltos, Bill y Fleur estaban realmente encantados con aquel chico y eran felices por saber que su hija había encontrado cierta serenidad en su vida tan alocada.
James y Lia, habían tenido alguna que otra tonta discusión, pero nada que unas cuantas caricias no pudiesen solucionar.

- Pronto me tendré que ir a Hogwarts –dijo James que estaba sentado en las raíces del árbol en el que ambos adolescentes habían escrito sus iniciales.

- ¿Crees que eso no me martiriza todas las noches?

- No me lo habías dicho… –dijo el chico poniendo una cara triste algo fingida.

- No te quería preocupar –le sonrió la castaña.

- Se va a pasar súper rápido, te lo prometo.

- Ya pero allí seguro que hay muchas arpías…

- Sí, las hijas de las que juegan en ese equipo de Quidditch –rió James.

- No te rías de mi –le golpeó y luego recibió un beso.

El hijo mayor de los Potter sabía como despreocupar a la muggle, un beso, una caricia, y la chica se olvidaba de todo el mundo para crear su universo paralelo, y él no sabía porqué pero le encantaba como era, con aquella dulzura y aquella forma de actuar, cuando andaba tan torpe y él tenía que ir cerca para que no se cayese. James no era capaz de entender como Cornelia, sin poderes, sin saber hacer la poción del amor, había logrado entrar en él como ninguna otra maga había hecho antes. Le encantaba aquella chica, y era lo único que sabía y necesitaba saber.

- Perdón –se disculpó Rose y ambos se separaron del beso.

- ¿Qué pasa Rosie? –dijo James mientras le invitaba a sentarse a su otro lado. La chica se sentó.

- Parecéis tan felices.

- Tú lo serás –dijo Lia sonriéndole.

- Yo soy el chico más feliz ahora mismo –pasó los brazos alrededor de las dos niñas.

- ¿Por qué? –preguntó algo distraída la pelirroja.

- Tengo a mis dos chicas favoritas a mi lado, pero no se lo digáis a Lils –rió.

- Te quiero mucho –dijo su prima.

- Yo más –le reprochó Lia.

Y así comenzaron una pelea en la que cada una decía algo sobre le chico para demostrarle a la otra que sabía más de él, al final acabaron abrazándose y caminaron cerca del estanque para pensar en lo que pasaría en menos de dos semanas.

Syra estaba preocupada, sabía lo sensible que era Cornelia, y todo el cariño que le había cogido a James. En el momento en el que éste se marchase al colegio, sería una pequeña catástrofe en el mundo de su hija. Pero, no podía hacer nada. Recordaba como conoció a el padre de su hija, y entendía a la perfección esos sentimientos que te provocaba estar colada por alguien, se apartó la lágrima que empezó a rodarle por la mejilla, debía de ser fuerte, debía asumir que él jamás volvería.