La Venganza de Ozai

Fandomme

Resumen: Doce años después de la batalla final, Zuko llama a Katara para que cure las víctimas de una epidemia que azota la Nación del Fuego.

Rating: T por AdolescenTe.


Zuko miró a su tío parpadeando. No has hecho nada malo, se dijo a sí mismo. El cuarto pareció más caliente, súbitamente. Algo estaba latiendo, en algún lugar, y débilmente se dio cuenta de que era su corazón. La última vez que su tío lo había mirado de esa forma, el anciano estaba atrapado en cristales brillantes y el Avatar parecía muerto. Doce años no habían hecho nada para aligerar la carga de la reprobadora mirada de su tío.

-¿Qué quieres saber? –preguntó Zuko, recostándose contra el armario.

-La verdad –contestó Iroh-. ¿Té?

-Sí, por favor –aceptó Zuko, y tomó el té que le entregaba. Se hundió en la silla más cercana. Sus almohadones marfil de seda se sentían demasiado suaves y mullidos debajo de él. Apoyó los codos en sus rodillas.

-¿Honestamente creíste que no sabía a donde conducía ese pasadizo? –Inquirió Iroh-. ¿Olvidaste que una vez tenía la intención de ser Señor del Fuego?

Zuko resistió el impulso de esconder la cara.

-No… no estaba pensando en eso.

Iroh bebió su té.

-Obviamente, tenías otras cosas en mente.

-No pasó nada –aseveró Zuko-. Nosotros… yo… no es lo que tú piensas.

-Por favor, sobrino. Infórmame de lo que pienso. Mis propios pensamientos tienden a escapar de mí a mi edad.

Zuko miró el rostro que parecía más viejo con la decepción. Tragó e intentó recordar la ira que había encabritado solo un segundo atrás. Eres un adulto. Ella es una adulta. Dile eso. Dile que no es asunto suyo.

-Piensas que no estoy haciendo lo correcto, pero no es así.

Iroh se echó hacia atrás. Retorció su taza de té entre sus dedos.

-¿Crees que es eso lo que pienso?

-Tío, ella…

Silencio!–Iroh se paró-. Creo que has deshonrado esta casa. Creo que te has aprovechado de una viuda – de la viuda de tu amigo – en la cama de tu propia madre. Y creo que yo debo ser culpado, porque tomaste mis artimañas bien intencionadas como una excusa para comportarte en una manera que ni siquiera tu padre consideraría apropiada.

-Tío, no es…

-No he terminado –cortó Iroh. Calmadamente, dejó su taza-. Cuando arreglé las cosas como las arreglé, tenía la intención de que cortejaras a Katara. ¡No tenía la intención de que te colaras en su coma para poder degustar los bienes primero!

Cállate! –Zuko salió disparado de su silla. Ésta y la taza de té tambalearon sobre el piso-. No presumas de discutir algo que no entiendes, tío.

-Oh, entiendo. Entiendo bastante. ¡Entiendo que estás a punto de arruinar lo mejor que te pudo haber pasado! –Iroh señaló hacia al armario-. Katara es la mujer más fina que te mira, y…

-¡Entonces deja de hablar sobre ella como si es una cosa! –Zuko cerró los puños-. Ella no es bienes. Yo no estoy degustando nada.

Iroh cruzó los brazos dentro de sus mangas.

-¿Entonces que estás haciendo, sobrino mío?

Zuko miró las espadas gemelas sobre su cama. Si solo los problemas pudieran ser rebanados.

-No lo sé.


Zuko se movió a través de figuras de fuego control, pero no las sentía. Fallaba por márgenes más y más grandes, sus entrenadores se fruncían el ceño los unos a los otros.

-¿Todavía está mareado, mi Señor? –averiguaron-. ¿Anoche, sintió las olas?

-¿Qué olas? –replicó Zuko.

-Lo que queremos decir es, que quizá aún no se ha acostumbrado a estar de vuelta en tierra, mi Señor.

Esa es una forma de decirlo, pensó, y dejó que lo guiaran por una aburrida serie de flexiones profundas impartidas a ellos por el Gurú Pathik años atrás.

Luego fue el desayuno, para el cual estaba tarde. Los otros ya se habían ido – sospechaba que su Tío había desayunado virulencia pura – así que comió en su oficina, cogiendo el pescado que se había enfriado mientras leía informe tras informe y dictaba la correspondencia a su mejor calígrafo, el Maestro Sho.

-¿Mi Señor? –llamó el calígrafo.

-¿Sí?

-¿Cómo le gustaría terminar esta oración?

-¿Qué oración?

El Maestro Sho sonrió amablemente.

-La que empezó a dictar hace cinco minutos, mi Señor.

Zuko hizo una mueca.

-La terminaremos luego. Déjemoslos esperar. ¿Qué sigue en el montón?

Su secretario tercero se adelantó.

-Una carta pidiendo una audiencia, mi Señor.

-¿De parte de quién?

Su secretario frunció el ceño.

-De un grupo que se llama a sí mismo la Sociedad para la Justicia en Aprendizaje –respondió.

-Eso es creativo. ¿Qué quieren, aparte de audiencia?

Su secretario le echó una rápida leída a la carta.

-Dinero, naturalmente –levantó una ceja con reservas-. Parece que creen que hay escasez de buena educación para muchachos en la capital de la nación, y en otras partes. Sobrepoblación, dicen. Demasiados hombres volviendo a casa de la guerra para sembrar sus avenas silvestres, como dicen ellos – como si eso pudiera ser algo malo. Culpan a los recortes de los gastos militares.

-La carta –pidió Zuko.

-Oh, sí. Por supuesto, mi Señor. Han incluido aquí una propuesta para los cimientos de la construcción de una nueva escuela – como la Academia de Fuego para Chicas, dicen, solo que para niños también –el secretario hizo una mueca de desprecio-. Sospecho que esta carta fue enviada por jóvenes esperando un aula más bonita.

-Guárdalo para después. Lo miraré esta noche –miró a ambos-. ¿Dónde está el jefe del servicio? Quiero que se re-abra el cuarto para niños.

-Su Tío ya ha hecho ese pedido, mi Señor, cuando se enteró que el hermano de Lady Katara y su familia vendrán a visitarnos.

Zuko sacudió la cabeza.

-No, lo necesito antes que eso.

Su secretario se iluminó.

-Sí, mi Señor. De inmediato. Iré a entregar el mensaje yo mismo –y con eso salió disparado.

Zuko se volvió hacia el calígrafo.

-¿La familia de Sokka ha accedido a visitarnos?

-El halcón llegó esta mañana, mi Señor.

-Maestro Sho –llamó Zuko, dirigiéndose al calígrafo-, ¿qué sabe sobre elegir una niñera?


Afortunadamente, el almuerzo llego y realmente tuvo el tiempo para asistir. Toph y Ling llegaron cubiertas de ramitas – parecía que Iroh había dedicado la mañana a darles una lección en arreglos florales – y Katara le sonrió de una forma que hizo a su estómago dar volteretas por el lugar. Clamó un lugar junto a ella y fulminó a su Tío con la mirada al otro lado de la mesa.

-¿Qué es ese horrible olor? –preguntó Toph.

-Algas de mar coladas y puré de tubérculos –respondió Katara-. Es comida de bebé tradicional de la Tribu Agua.

-Apesta.

-Bueno es una suerte que tú no la estés comiendo, entonces, ¿no? –Katara intentó meter una cucharada de un poco de esa asquerosa mezcla entre los labios de Kurzu, pero el niño volvió su cabeza así y asá para evitarlo.

-Parece muy terco –observó Ling.

Toph farfulló por lo bajo.

-Como alguien que conocemos.

-Tal vez el niño tiene más paladar para la Nación del Fuego –sugirió Iroh-. ¿Tal vez le gustaría un poco de mi pato?

-Tal vez Zuko debería sostenerlo para que no pueda caerse de mi falda –repuso Katara depositando al niño en el muslo disponible de Zuko sin preguntar. Zuko tuvo que arreglárselas para mantener un agarre firme sobre él. Kurzu le dedicó una mirada lastimosa de cómo puedes dejarle hacerme esto.

-Katara – aventuró Zuko-, en el barco parecía gustarle la fruta…

-Las frutas están llenas de azúcar. Necesita vegetales.

Toph se rió por lo bajo.

-Te lo dijeron, Chispitas.

-¿Las algas son un vegetal? –Preguntó Ling-. Nunca pensé que lo fuera, pero supongo que es arbolado y verde.

-Y asqueroso –agregó Toph.

-Aunque es muy nutritivo –intervino Iroh-. Conozco una receta para una máscara especial de algas para limpiar…

Katara agarró su barbilla y la dirigió hacia delante.

-Zuko. Cóncentrate. Necesito tu ayuda, aquí –Katara habló en voz baja-. Solo no dejes que Kurzu se te escape, ¿de acuerdo?

Su toque firme y directo le recordó de la noche anterior. Has sido un chico muy malo, Señor Señor del Fuego. Sonrió.

-Claro –ciñó su agarre en el niño. Kurzu todavía despreciaba la comida-. Si sigue comportándose así, jamás encontraremos una niñera para él.

Katara alzó la cabeza. Frunció el ceño.

-Pensé que estabas bromeando, antes –exclamó en un susurro, agachándose de nuevo.

Zuko se acercó a ella, inclinándose.

-No puedes cuidarlo todo el tiempo. Se supone que estás descansando –se encogió de hombros-. Tenemos que re-abrir el cuarto para niños para los hijos de Sokka pronto. Podríamos usarla nosotros también.

Katara finalmente tuvo éxito dejando un poco de comida en la boca de Kurzu, pero él de inmediato la escupió. Katara hizo un mohín.

-Supongo que será agradable dejar que alguien más se haga cargo de esto por un rato –hizo un gesto con la cuchara-. Ya sabes, tú podrías ayudarme de vez en cuando.

-Oh, sí. Será una gran adición a mi oficina. "Despreocúpense del bebé, caballeros, solo le están saliendo los dientes" –arrugó el entrecejo-. Hablando de eso, ¿Cuántos dientes tiene? –Zuko acomodó mejor a Kurzu en su regazo y lo inclinó hacia atrás. La boca de niño y sus ojos se abrieron como platos. Bien en el fondo, Zuko vio tres diminutos dientes perlados-. ¿Solo tres? ¿Eso es normal?

-Me he estado preguntando eso, yo también –admitió Katara-. Es como lo de caminar. Tiene un poquito más de un año, ahora, creo. Debería de estar caminando y hablando y teniendo más dientes –se concentró en el rostro del niño-. Digo, sé que es pequeño para su edad, y de bajo peso, pero las otras cosas… -suspiró-. Es solo que me preocupa.

-¿Crees que está enfermo?

Ella meneó la cabeza.

-No lo sé. Parece bien, solo un poquito lento.

-¿Qué es esto que oigo sobre Kurzu? –preguntó Iroh. Avanzó pesadamente sobre sus pies y rodeó la mesa. Levantó al niño de la falda de Zuko-. No te están diciendo que eres lento, ¿o sí, chiquitín?

-Los otros maestros sangre que conozco estarían preocupados si lo conocieran –contó Katara-. Hay algunas pruebas que puedo hacer, supongo. Es solo que pensé que saldrá de improviso y empezará a hablar.

Iroh levantó a Kurzu arriba y abajo.

-No hay necesidad de eso –cabeceó en dirección a Zuko-. El Señor del Fuego por allá no habló hasta que tuvo casi tres.

Zuko parpadeó.

-¿No hablé?

-No. realmente tu madre estaba bastante preocupada. Todos pensamos que había algo mal. ¡Pero después un día tú empezaste a hablar oraciones enteras! –Iroh alzó al niño de nuevo y lo acomodó sobre un hombro-. Lu Ten fue completamente opuesto. Hizo todo temprano. Caminó a los nueve meses, habló a los diez. Tu hermana lo mismo. Tu madre solía decir que Azula corrió antes de poder gatear –sus cejas se fruncieron-. Eso debió habernos dicho algo, ahora que lo pienso.

-Yo también hablé muy temprano –intervino Toph-. Mis padres solían fanfarronear de eso entre ellos. Supongo que estaban felices de que pudiera hacer algo bien.

-Eran ciegos a su propio modo también –aseguró Ling-. Después de todo, tenían un prodigio en medio de ellos y no tenían ni idea.

-Bien dicho, Ling –felicitó Iroh-. Creo que es tiempo de que Kurzu y yo vayamos a dar un recorrido por la cocina para una comida más sabrosa. ¡No se puede aprender a caminar con el estómago vacío! –y con eso, salió despacio del salón con el niño en brazos.

-Pero… yo le estaba dando de comer –protestó Katara.

-Creo que Iroh ha entrado completamente en el territorio del abuelo –sugirió Ling. Les dedicó una sonrisa compungida a Katara y Zuko-. Espero que ignoren eso.


Después del almuerzo, Zuko revisó el progreso del cuarto para niños. Le pidió a Katara que lo acompañara. La habitación olía a yuzu lustrado con aceite y ropa de cama nueva. Los sirvientes dejaron su trabajo y se inclinaron hasta que les pidió que se levantaran.

-¿Qué te parece? –le preguntó a Katara.

Él la miró entrar en la habitación. El cuarto era un óvalo grande, con alcobas miniaturas para ocho pequeñas camas y un juego de cortinas de gasa con campanas como las que estaban en el viejo cuarto de Zuko. Tiempo atrás, un ambicioso pintor había hecho un mapa circular de la Nación del Fuego en el techo convexo. Aunque los colores se habían opacado desde entonces, el mapa conservaba algo de su vieja grandeza. Como los cuartos más seguros del palacio, también usaba cerraduras neumáticas y no tenía puertas ni ventanas hacia el exterior. En vez de eso, una variedad de candelabros de pared colgaban por encima de la altura de un niño, enmarcados con platos de cobre abrillantado para duplicar la iluminación.

-Los niños lo adoraran –aseguró Katara. Miró alrededor-. ¿Hubo alguna vez un Señor del Fuego con ocho hijos?

-No que me acuerde. Esta habitación fue diseñada para albergar tanto a los niños de la realeza como a sus primos, o a los de los dignatarios visitantes –dormí por primera vez con Mai en esta habitación, pensó en decir. Claro que yo tenía seis, y ella dormía al otro lado del cuarto.

-Es un poquito grande para Kurzu –comentó Katara-. Pero supongo que no puede lastimarlo prepararlo para su vida en el templo. Esos cuartos son enormes.

Zuko miró el piso.

-Así que todavía estás planeando llevarlo contigo.

Katara respiró hondo.

-Tengo responsabilidades allá.

¿Qué, pensaste que duraría para siempre? Zuko asintió.

-Claro –tragó-. Bueno, si me disculpas, tengo asuntos que atender –Ignorando el ceño de Katara, salió a grandes zancadas y entró en su oficina donde se quedó hasta pasada la cena.


Zuko había resuelto no verla esa noche. Sin importar que Kurzu estuviera acomodado en el cuarto de niños con una mujer de la cocina que estaba atendiendo a un niño de la misma edad, dejando por consiguiente a Katara con esa gran cama toda para ella. No. Si esto se va a terminar, mejor que se termine antes de que Sokka llegue. Después de todo, ¿ella no le había dicho que era arrogante de su parte que lo visitara en la noche sin preguntárselo? Parecía como una directiva bastante clara para él: Mantente lejos hasta que te invite.

Él podía esperar. Nada en el comportamiento de Ozai ni en las historias de Iroh lo habían preparado para la avalancha de papeleo en la que los Señores del Fuego se veían perpetuamente ahogados. No terminaba más de leer para distraerse de su ausencia de la cama de Katara.

La Sociedad para la Justicia en Aprendizaje presenta dos hechos para considerar: primero, que la población de los niños en edad escolar de la Nación del Fuego ha crecido considerablemente en los doce años desde la guerra, y que los cambios en la política de impuestos relacionadas a los gastos militares han privado a la mitad de esos chicos de una educación significativa, y segundo que este exceso de niños sin educar tiene un impacto negativo en la sociedad de la Nación del Fuego tanto en niveles urbanos como rurales.

Dentro de este informe, por favor lea la información presentada de los más recientes censos, así como las copias de los informes de las milicias locales sobre la creciente tendencia al vandalismo, hurto, incendiarismo, y embarazo en muchachas bajo la edad de matrimonio. También se incluyen testimonios escritos de artesanos de toda la Nación del Fuego, que alegan que nadie de la mano de obra disponible es apropiado para sus profesiones. Más copias de los siguientes documentos pueden obtenerse por escrito a la Sociedad para la Justicia en Aprendizaje.

La Sociedad ofrece esta evidencia para convencer a Su Honorable Señor del Fuego Zuko que la Nación del Fuego necesita una nueva política en lo que concierne a…

Un golpe apagado sonó desde el armario de Zuko. Dejó el rollo y escuchó con atención. Por un momento, se preguntó si era una rata especialmente grande, o tal vez un perico-gorrión atrapado entre las paredes de alguna forma. Pero no, el golpe sonó de nuevo, y definitivamente sonaba como si viniera desde dentro del armario. Apresurándose, Zuko abrió el armario, y abrió la cerradura con un soplo de su aliento antes de meter a una Katara muy polvorienta y llena de telarañas.

-¿Dónde estabas? –le exigió, sacudiéndose el polvo-. La luna ya está altísima.

Él se cruzó de brazos.

-Pensé que querías que me mantuviera lejos.

-¿Cuándo dije eso?

-No recuerdo. Estaba ocupado siendo golpeado en el estómago.

Ella puso los ojos en blanco.

-Lo sé. Eres tan oprimido –miró la habitación-. ¿Una cama negra? ¿En serio? –se sacó las pantuflas de una patada y se arrodilló sobre ella. Su pijama blanco lucía terriblemente pálido e invitador contra el negro, e incluso más cuando lo dejó caer sobre el piso-. ¿No te vas a meter? –inquirió sobre el hombre.

Él ladeó la cabeza.

-¿Es esto una especie de castigo?

Ella se deslizó entre las sábanas.

-¿Qué?

-Anoche me dejé caer sin avisar, y ahora tú has hecho lo mismo.

Ella cruzó los brazos.

-Bueno, si no me quieres aquí…

-Yo no dije eso. Solo pensé… -luchó por encontrar las palabras. Pensé que esto no era muy importante para ti-. No sé lo que pensé.

Katara extendió los brazos.

-Zuko. Me cansé de esperar. Así que pensé mostrarte que no eres el único que puede usar un pasadizo secreto –ella frunció el ceño-. Aunque dado que tienen cerraduras neumáticas, supongo que sí lo eres.

Él se sentó en la cama.

-Eso no es verdad. Mi Tío también puede usarlos. El pasadizo fue puesto ahí por Señores del Fuego que querían acceso a las recámaras privadas de sus Señoras sin alertar al palacio entero. Así que cualquiera que ha sido Señor del Fuego, o fue entrenado para serlo, sabe sobre ellos –hizo una mueca-. De hecho, mi Tío estaba esperándome aquí esta mañana.

Oyó cómo caían secamente sus manos en la seda.

-¿Qué?

Él se giró.

-Estaba sentado justo en esa silla, esperando.

Katara parpadeó varias veces al tiempo que sus mejillas se enrojecían.

-Entonces él sabe.

-Él sabe.

Respiró hondo varias veces.

-¿Qué dijo?

Solo que soy una vergüenza. Nada que no haya oído antes.

-Nada por lo que tengas que hacerte problema.

-No me vengas con eso. Quiero saber.

Él suspiró.

-Bien. Me acusó de un comportamiento impropio de un Señor del Fuego. Dijo que nunca había tenido la intención de que sus artimañas tuvieran consecuencias tan vergonzosas.

Katara quedó completamente boquiabierta. Su mano se levantó para cubrirla. Por un momento sus ojos destellaron brillantes y húmedos.

-¿Iroh no me aprueba?

Un claro escalofrío envolvió la piel de Zuko. Gateó sobre la cama para sentarse al lado de ella.

-No. Lo contrario. Él te ama, lo sabes. Soy yo –suspiró-. Dijo que te estaba usando –Zuko se sentó contra la cabecera almohadonada y atrajo sus rodillas a su pecho-. Él no creo que merezca… esto. Creo que quería que esperara y te cortejara apropiadamente, antes de… bueno… -hizo un gesto entre su cuerpo desnudo y el de él.

-Pero es mi cuerpo –protestó Katara bajito-. Puedo hacer lo que quiera con él.

-Lo sé. Pero mi tío es anticuado. Creo que preferiría que te estuviera escribiendo poemas y comprándote regalos, no… -no completó la frase.

-No durmiendo conmigo –completó Katara.

-Exacto.

Ella se envolvió con las sabanas y recargó su cabeza contra las almohadas.

-Pero... yo digo, te busqué primero.

-Eso hiciste.

-Y no estaría haciendo esto si no quisiera.

-Por supuesto que no –afirmó-. Todavía tengo que conocer al hombre que pueda obligarte a hacer algo.

Ella sonrió de oreja a oreja.

-Gracias –estiró los brazos y flexionó los dedos. Él escuchó pequeños tronidos en sus hombros-. Ser una maestra agua ayuda.

-Y también ser una maestra sangre –agregó Zuko-. Podrías matarme mientras duermo con un solo toque – la miró de reojo-. ¿Estás segura que no eres una asesina?

-Me descubriste. He sido enviada aquí para vengar un error antiquísimo. Solo hago el amor contigo para darte una falsa sensación de seguridad.

Arqueó su ceja sana.

-¿Tú me haces el amor?

Ella se giró para apoyarse sobre su costado. La risa en sus ojos enviaba cálidos y atolondrados dedos directamente a su estómago.

-¿Preferirías ser violado?

-Creo que me gustaría saber la diferencia, primero.

Sus labios se curvaron.

-Bueno, eso depende. ¿Has sido bueno?

-Muy bueno –respondió, acercándose un poquito.

Ella se estiró y empezó a desanudar los botones de su camisa con una mano.

-¿Extra especial bueno?

-Extra especial bueno –confirmó, y se preguntó a dónde se le había ido la voz.

Su mano se detuvo justo sobre su ombligo.

-¿Extra especial con bayas-linterna encima?

Zuko se acostó y tiró de ella sobre él.

-Lo que tú digas.

Katara rió y se inclinó. Murmuró en su oreja quemada:

-¿Confías en mí?

-Con mi vida –respondió.

-Porque hay algo que me gustaría probar…

Él inhaló la esencia de su cabello.

-Lo que sea que es, por favor pruébalo pronto.

Al principio no notó nada – aparte de sus labios y sus manos y el cosquilleo de su cabello sobre su pecho – pero luego una presión en ciernes y repiqueteante se hizo notar. Ella había manipulado su sangre de alguna forma. No sabía que se podía hacer eso. Pero tuvo poquito tiempo para la aprehensión, porque se estaban moviendo. Y pronto descubrió que sí, que había una diferencia, y ella podía hacerlo sentirla: podía acabarlo rápidamente en un desorden de dientes apretados y sudor, o girarlo hasta que estuviera tan tenso como una cuerda falsa e inseguro de si suplicar que lo soltara o que siguiera una y otra vez. Ella se decidió por lo último y él perdió la noción del tiempo. Se movieron juntos y él observó su danza y ella dijo Nadie nunca me ha dejado hacer esto y él dijo Haz lo que quieras, soy tuyo. Su conciencia se achicó a un único punto cuando ella gritó por cuarta vez y dijo Te quiero conmigo, esta vez y él dijo Vamos. Y ella lo hizo y él también lo hizo, y su cuerpo fue solo un pulso, solo un latido, como las ondas en las aguas de un estanque después de que una piedra fuese arrojada allí dentro.

Cuando ella finalmente se apartó y él apagó las luces y cerró las cortinas con una sola mano perezosa, ella apoyó la cabeza sobre su pecho y preguntó:

-¿Alguna vez me escribirás un poema?

-Ya lo hice –replicó, y la oscuridad hizo su voz finita-. Es lo que los jóvenes hacen.

-¿Cómo era?

Él contó las sílabas, golpeando sus dedos sobre su piel desnuda.

Lluvia y nieve y hielo.

No pueden enfriar la arena del desierto.

Solo una mirada de piedad.

-Es muy triste –comentó, su voz lenta y adormilada.

-Estaba muy triste.

Sus dedos ahondaron alrededor de sus costillas y lo abrazó mas fuerte.

-Deseo… deseo haber sabido.

Él le besó el pelo.

-Yo también.

Zuko la envolvió con ambos brazos y se dejó caer profundamente en el sueño. En el borde, creyó oír a Katara decir algo. Pero estaba demasiado ido, y sus labios no se iban a mover.


A la mañana, ella había desaparecido. Se sentó en la oscuridad y apartó la cortina solo para encontrarla sentada en su escritorio, leyendo sus papeles. Estaba sentada desnuda en la silla, sus talones descalzos apoyados en su escritorio con las piernas cruzadas por los tobillos. Su cabello caía sobre el respaldo de la silla. Había papeles olvidados en el piso.

-Esta gente tiene un punto bastante bueno –indicó, sin volverse.

-Buenos días para ti también.

-No, lo digo en serio. Realmente han hecho su investigación.

-¿La Sociedad para la Justicia en Aprendizaje?

Ella asintió.

-Creo que están en algo. Los números no mienten.

Zuko volvió a acostarse sobre las almohadas.

-Eso es verdad, no mienten. Por eso es que voy a concederles una audiencia, y decirles que no.

Katara dejó caer sus piernas.

-¿No? ¿Por qué no?

-No hay dinero. Así de simple.

Katara sacudió una mano para abarcar la riqueza que los rodeaba.

-Podías haberme engañado.

-Eso es para gastos menores. Es diferente. No es riqueza real. No es tierra o un recurso primario como oro o madera. Esas son las cosas que construyen imperios, no montones de esculturas de jade.

-Pero tú no podrías pagar ese jade sin oro.

-Cierto. Pero este palacio no ha gastado nada de dinero en renovación desde al menos la época de mi abuela. Ni Azulon ni mi Padre se interesaban por la estética, y yo solo gastó en mantenimiento. Lo que vacía el presupuesto de esta casa no son las escultura, es la comida y el jabón y las telas. Despedí a la mitad del personal después de que Ozai murió, solo para ahorrar dinero. Seguro, no los hizo muy felices, pero… -se encogió de hombros-. Aprendí a dirigir un barco limitado mientras estuve fuera.

Ella sonrió.

-Siempre fuiste bueno con el dinero. Incluso entonces, siempre sabías como conseguir el mejor trato –señaló el pergamino-. ¡Por lo cual sé que puedes mover algo de dinero del presupuesto nacional para construir esta escuela!

Zuko puso los ojos en blanco.

-Me niego a discutir esto hasta después del desayuno.

-Oh, buena idea. Me muero de hambre.

-Seguro que sí. Me agotaste

Ella soltó una risita.

-Soy culpable. Quiero huevos.

Zuko ya tenía un caftán(1) atado alrededor de su cintura cuando se le ocurrió algo.

-Parecerá sospechoso si ordeno doble porción y ambos nos salteamos el desayuno.

Katara levantó los ojos del pergamino.

-Iroh ya sabe.

-Pero Toph y Ling no. El palacio no sabe. Mi gente no sabe. Aún –se pasó una mano por el cabello-. No podemos seguir así.

Ella frunció el ceño.

-Si es tan importante para ti, simplemente regresaré por el pasadizo.

-Por supuesto que es importante para mí. Es una cuestión de honor.

Su ceño se agudizó y dejó el pergamino sobre el escritorio. Sus ojos se habían vuelto de piedra. Resistió el impulso de adoptar una postura defensiva. Ella se puso de pie.

-Zuko, si tienes un problema con que el resto del mundo sepa que te gusta dormir con una sucia campesina de la Tribu Agua, entonces necesitamos tener una charla seria.

-No es eso.

-¿Entonces que es?

Por todos los dioses, una repetición de su conversación con Iroh.

-Pensé que no querías que nadie supiera –contestó-. Esa tarde en el jardín cuando se me escapó, me miraste mal. Pensé que querías mantenerlo en… secreto.

-Quiero. No me hace exactamente ninguna gracia que Toph, Ling, Iroh y mi hermano me pregunten con quién estoy durmiendo. Pero si lo hacen, no voy a mentirle a mi familia solo porque te preocupa tu preciosa reputación. No nos escondimos en ese barco, así que es un poquito tarde ahora para empezar a intentarlo.

-¡No es mi reputación la que me preocupa, es la tuya!

-Oh, ¿Porque tú estás tan lejos de la opinión pública?

-¡No! ¡Porque gente estúpida te llamará una caza-fortuna y una puta y los dioses saben que más! ¡Porque este mundo esta lleno de tarados que dejarán de donar a tu orfanato si se enteran que tú eres algo más que una perfecta viuda suspirante que no puede esperar para unirse a Aang en el Mundo de los Espíritus! –la observó abrir la boca, luego cerrarla. Ella intentó hablar pero él la paró-: Y dado que insistes en volver allá, me disculparás por intentar tratar de mantener vivo el lugar.

Las manos de Katara se levantaron para cubrir su boca. Sus ojos parecían platos.

-Oh –exclamó a través de sus dedos-. Oh, Zuko.

-¿Qué?

-Estás enamorado de mí.

Lo hizo sonar como algo terrible, como un grave error de criterio. Miró el piso. Sus pies descalzos parecían extrañamente desconectados de él, como si no fuera realmente él el que estaba parado allí sino alguien más.

-¿Crees que estaría haciendo esto de no ser así?

Katara se agachó y cogió su pijama. Se lo puso y se abrazó los brazos.

-No lo sé, Zuko. Eso es lo que pasa. No lo sé.

-¿Qué crees que soy, Katara? –presionó sus uñas en sus palmas-. ¿Te di la impresión de ser la clase de persona que se toma estas cosas a la ligera?

Ella suspiró.

-No… no sé. No sé con cuánta gente has estado. No es como si alguna vez respondieras mis cartas.

-¡Porque temía sentir algo que no tenía derecho de sentir!

-¿Incluso después de que Aang murió?

Especialmente después de que Aang murió! ¿Preferirías que hubiera hecho un movimiento cuando estabas más vulnerable? ¿Es esa la clase de hombres que quieres?

-¡No te detuvo en el barco!

-Tú misma lo dijiste: tú me buscaste. Pensé que era a mí a quién querías –apretó los dientes-. Aparentemente me equivoqué.

Quedó boquiabierta.

-No digas eso.

-Creo que ya hemos pasado el punto de que me digas que hacer. Hay bastantes hombres en el templo, y si te sentías sola podrías haber…

La distancia que los separaba le permitió ver la mano de Katara antes de que conectara con su rostro. Pudo haberla detenido, pero eligió no hacerlo. Tuvo ganas de decir cosas feas. Si ella quería castigarlo por eso, estaba en su derecho. Ella quedó tambaleándose frente a él, su mano izquierda todavía a medias levantada.

-No vuelvas a decir eso jamás –clamó-. Yo tampoco me tomo estas cosas a la ligera.

-Pudiste haberme engañado –replicó.

Ella palideció hasta los labios.

-¿Por qué, Zuko? ¿Por qué insisto en cumplir con mis responsabilidades? ¿Por qué no estoy lista para renunciar al orfanato por algo de sexo maravilloso y un hombre que ni siquiera admitirá como se siente? ¡Lo siento, pero mis compromisos significan un poquito más para mí que eso!

-Oh, así que ahora que lo sacaste de tu sistema, zarparás hacia la inclusión –Zuko meneó la cabeza-. Tú misma lo dijiste: es como contener un océano en un barril. Odias estar ahí. Odias no ver el mar, odias no ver tu familia, y ahora te odiarás por no tener lo que tuvimos anoche en esta habitación.

Katara levantó la barbilla y cuadró los hombros.

-Te sobrevaloras demasiado, Señor del Fuego.

Sintió un hueco abriéndose en el estómago, pero decidió ignorarlo.

-Quizás –contestó con una voz tan baja que apenas la reconoció-. Pero pregúntale a la mujer que lloró en mis brazos. Te dirá otra cosa.

Zuko se apartó. Se dirigió al baño. Sin cerrar la puerta, disparó fuego por los tubos neumáticos. El agua llegó chorreando por el extraño aparato que el Mecánico había instalado como regalo cuando la guerra terminó. Sintió los ojos de Katara sobre él. Rehusándose a girarse, agarró la barra de jabón más cercana. Llevó bastante tiempo, pero finalmente oyó su puerta cerrarse.


No tengo perdón. No he estado pasando un buen momento, jaja, y ya no podía más con la culpa de no actualizar. Lo siento mucho de verdad. Espero que les haya gustado :) A mí me encantó, especialmente el final. Alguien tenía que ponerle los puntos sobre las íes a Katara y no hay nadie mejor para eso que Zuko. Procuraré agarrar ritmo de ahora en más ^^

GRACIAS: Nadiakiara (Gracias por leer, últimamente no encuentro el tiempo para hacerlo, jaja, pero ya ves, acá están tres nuevos Cáps, que los disfrutes =D) Lolipop91, Rashel Shiru, Rena Spicer, Laydi Shaden, VaneCullen, mire-can (gracias por leer =D, espero que te hayas mejorado y sigas bien), youweon, BlueEyesPrincess y Patousky.

(1) Un caftán (del persa خفتان) es una túnica de algodón o seda abotonada por delante, con mangas, que llega hasta los tobillos y que se viste con una faja.