Sé que muchos pensaron que no volvería, de hecho ni yo lo veía como algo posible, pero los milagros ocurren de vez en cuando XD Y bueno, ojalá toda la espera haya valido la pena. Sinceramente no sé cómo calificar este capítulo, lo que sí sé es que todo se ha complicado y nos acercamos más y más al verdadero clímax. Gracias por su paciencia y seguiré con esta historia aunque no lo parezca : D See Ya!

Capítulo 96

Shadow of the Past

La tibia sombra que el robusto roble proyectaba, el suave y apenas perceptible olor de las campanillas azules tapizando totalmente el avivado suelo del bosque y un cielo totalmente despejado, conformaban el solemne y bello escenario que brindaba la dolorosa despedida a quienes lamentablemente no habían conocido la dicha de observar un nuevo amanecer. Ese lugar tan colorido, sumido en las entrañas de tan atávico bosque, se mantendría en secreto para todos, preservado por la madre naturaleza y custodiado por las criaturas que allí vivían.

Esas tres tumbas no serían olvidadas por ninguno de esos entrenadores. En sus memorias se quedaría grabado el rostro de esas inocentes víctimas, acompañado del amargo sabor de la impotencia.

—¿Quieres poner esas flores en sus tumbas, verdad? —quizá la razón por la que esa niña se había acercado hasta allí era porque había menos gente que hace unos instantes atrás—. Son bastante hermosas. Son lantanas, ¿no es así?

—…Sí…—ese colorido racimo que llevaba entre sus brazos fue dividido y colocado con delicadeza sobre cada tumba—. ¿No sufrieron…verdad? —una simple pregunta como esa volvió un nudo sus gargantas.

—No —contestó Red para la niña que les daba la espalda y miraba detenidamente ese triste paraje.

—Shade, ¿te has sentido bien estos días, verdad? —después de saber la verdad, él no podía quedarse tranquilo. No cuando la conocía de tiempo atrás.

—A veces…no puedo dormir por las noches, pero eso…es normal —se agachó y dejó caer su pequeña cabeza sobre sus rodillas. De momento no quería irse de ese lugar—. Tal vez también tenían cuerpos débiles y enfermizos como el mío… y por eso terminaron en el mismo sitio que yo…—habló susurrante, como si temiera por su respuesta—. ¿Realmente es tan malo ser un humano…tan inservible como yo, como ellos?

—No digas una tontería como esa —la peli azul se asustó ante la altiva voz, encorvándose y temblando. Y al contemplar su reacción, se arrepintió de haber hablado.

—Red, no debes ser tan brusco con ella —Cinthia estaba en todo el derecho de reprenderlo.

—Lo que él quiso decir es que no debes pensar de esa manera de ti misma —el suave tono de Stone y las ligeras palmadas que colocó sobre la cabeza del infante, le serenaron un poco—. No eres menos que los que estamos aquí, Shade. Y para nosotros los adultos es doloroso escuchar a una niña como tú referirse a sí misma de tal modo.

—Pero yo…sólo estoy dándole problemas a Max, a Dylan, a Allen y a su mamá…—se había girado hacia el comprensivo ex campeón, secando con el dorso de su mano esas tibias lágrimas—. Todos estarían mejor si yo…—no podía decir nada más, no ante el jalón de mejilla que estaba recibiendo de la blonda.

—Si alguno de ellos te escucha decir eso, se enfadarán y se entristecerán mucho, Shade.

—…No puedo hacer nada más por ellos…que advertirles cuando esas criaturas están cerca —allí estaba intentando no ponerse a llorar de nuevo.

—Debes dejar de hacerlo —ella sintió esa carmesí mirada, regañándole silenciosamente y solamente se limitó a agachar su mirada—. Si bien es una gran ayuda, no vale la pena si está poniendo tu vida en peligro. ¿Lo entiendes? —no era el momento para ponerse a pensar en la conversación que tuvo con Ryan, sin embargo, parecía como si ahora comprendiera el sentido real de lo que último que le advirtió.

—Yo…

—Deja de ser tan testaruda y atiende a lo que los mayores te decimos —agregó el pelinegro—. Preocuparás a todos si continuas desobedeciendo.

—Ya habrá otro modo para que ayudes a Max y a tus amigos —decía Cinthia con una sonrisita.

—¿Serás una buena niña y atenderás a nuestra petición? —preguntaba Steven.

—…No prometo nada, pero…lo intentaré —tras simple confesión salió corriendo de allí.

—Hasta alguien como tú puede ser un poco suave a veces —remarcó Cinthia para ese que todos apodaban como la piedra con patas—. Te viste algo genial diciendo todo eso.

—Tsk…

—Parece ser que el entrenador leyenda se ha avergonzado por lo que acaba de hacer —expresó burlonamente Stone.

—Tal vez haya algo mucho más profundo y comprometedor tras su repentina preocupación —la rubia le siguió el juego.

—Claro que no —replicaba el oji carmín.

—Ah, bien, entonces ya no tienes que preocuparte al respecto, Steven —¿a qué se estaba refiriendo la rubia ahora?¿Qué clase de complicidad guardaban esos dos?

—Y yo creía que tendríamos una buena competencia, Red —allí estaba esa engañosa sonrisa y esa mirada amable y amistosa. Esos mismos gestos que no engañaban al de gorra; en cierto modo, Steven podía ser un tanto perverso si se lo proponía de verdad.

—Nadie dijo que te dejaría ganar —¿había sido ese competitivo lado que poseía el que lo había orillado a proclamar tal cosa o es que había sido movido por algo completamente diferente? Lo que fuere, ahora había hecho a ese par sonreír con satisfacción. Fue en ese momento en que se dio cuenta de que había caído en la treta de esos dos.

—Así es como se habla —la felicitación de Cinthia no le hacía para nada feliz. Así como tampoco esas palmaditas en su espalda; claramente se estaba metiendo con su persona.

Cuando regresaron a casa se les hizo de lo más extraño que todos se encontraran bastante movidos. Es decir, no existía absolutamente nadie que estuviera quieto; aparentemente se hallaban llenando el centro de la sala con un mundo de cajas y hasta las chicas estaban más que concentradas haciendo una gran cantidad de comida. ¿Es que se iban de viaje a alguna parte?

—¿Pero a qué se debe todo este ruido? —Red fue el primero en cuestionar a quienes permanecían ordenando las cajas de cartón.

—¿No es obvio? Nos vamos de viaje —Green fue el que respondió con una sonrisa sarcástica.

—Así que apresúrense en empacar todo lo necesario que nos vamos en un par de horas —continuaba hablando Gold.

—¿Pero a dónde se supone que iremos ahora? —interrogaba la blonda. Es que tenía una idea al respecto pero no la consideraba como viable.

—¿No es obvio? Nos dirigiremos hacia esas misteriosas islas —allí estaba Valente descendiendo desde la segunda planta con pliegos amarillentos perfectamente enrollados bajo su brazo—. Iremos en busca de Kärlek.

—¿Está seguro de eso? —hablaba de nuevo el pelinegro.

—Tiempo es lo menos que tenemos ahora, Red. Además, con el estado en que se encuentran Max y los demás, no podemos darnos el lujo de quedarnos quietos por demasiado tiempo —ciertamente con esos cuatro tenían una dificultad adicional.

—En definitiva no nos queda más remedio que arriesgarnos. De momento es lo que tenemos para vislumbrar una posibilidad de frenar a nuestros enemigos —Steven intentaba ser positivo con respecto a la situación.

—Entonces alístense que nos iremos en cuanto estén preparados —declaraba el As de Batalla.

¿Cómo pudo cambiar el soleado y tranquilo clima de una manera tan vertiginosa?¿Por qué el oleaje era lo suficientemente bravo como para impactar tan ferozmente contra el barco en un intento de voltearlo y llevarlo hasta las entrañas del mar?¿Cómo se supone que podrían avanzar cuando ese tremendo monzón se había desatado?¿Es que guardar la calma era lo único que podían hacer para atravesar semejante situación?

Ya no existía ni una sola alma en la cubierta del barco. Ahora todos se encontraban en su cómodo y tibio interior mientras el capitán de la embarcación se encargaba de surcar las endemoniadas olas; al resto únicamente le quedaba confiar en sus habilidades y rezar por salir vivos de semejante travesía.

—Este clima es del demonio… Es como si Groudon y Kyogre se hubieran puesto a pelear —fue el comentario inapropiado de cierto chico de gorra amante de las chicas—. ¿Qué? Es cierto y lo saben.

—El clima en mar abierto siempre es impredecible —indicaba Stone para el jovencito—. Aunque ciertamente luce de ese modo.

—Llevamos cerca de tres días navegando y todavía no hemos avistado tierra firme —comentaba Green para todos los allí presentes. Al parecer habían empleado uno de los camarotes más grandes para llevar a cabo una reunión—. ¿Estaremos yendo por el camino correcto?

—No hay error alguno. Hemos seguido el mapa al pie de la letra —afirmaba Valente con seguridad absoluta—. Pero saben de antemano que mucho de lo que se habla sobre estas islas son meros mitos.

—Lo sabemos. Y queremos confiar en que son reales —Mirto lucía de lo más pensativo al respecto—. En este mundo hay muchos misterios que no podemos ni imaginar, por lo que todo puede ser posible.

—Aunque lo otro que es preocupante es que ninguno de ellos ha retornado a su apariencia normal —suspiraba con enorme pesar la blonda.

—No tienen que preocuparse. Porque esas islas realmente existen —ya se habían acostumbrado a su actual apariencia, pero nunca a los modos en los que aparecía ante ellos—. ¿Qué?¿Acaso les he asustado?

—¿Por qué has pasado de tener la apariencia de la madre de Max a ser una Gothitelle? —la cuestionaba Red—. Hasta te has encargado de borrarles la memoria con respecto a tu llegada con esa apariencia humana.

—Porque considero que será más efectivo para ellos no contar con ninguna figura paternal o maternal —respondió tranquilamente—. Y sobre lo otro, no existe ninguna razón en particular.

—¿Cómo es que estás completamente segura de que existen? —intervenía Plubio.

—¿Cuánto tiempo creen que llevo existiendo?¿No se pensaran que solamente me la pasé atormentando gente, cierto? —estableció con burla—. Antes de ser confinada a esa habitación, merodeé por el vasto mundo, devoré consciencias y perpetré memorias de toda clase de seres… Pokémon, humanos, para mí no existía diferencia alguna.

—De esa manera es que posees conocimientos que van más allá de nuestro entendimiento —Dianta estaba asombrada por una habilidad tan particularmente útil y escalofriante—. ¿Estamos yendo por el camino correcto?

—Ciertamente lo están haciendo. No obstante…

—¿A qué debemos tu pero ahora? —Green no despegaba su atención de ese bribón ente.

—Me pregunto si serán capaces de ganarse su permiso —esa simple oración los dejó totalmente confundidos. ¿A quiénes se estaba refiriendo?¿Y cómo es que debían tener autorización para visitar una isla que prácticamente nadie creía que existía?

—¿De qué estás hablando?

—Lo sabrán en cuanto lleguemos a la isla. Porque alguno de ellos se mostrará inevitablemente.

La luna tal vez se había escondido por miedo. Posiblemente no deseaba ser testigo de lo que fuera a ocurrir cuando aquel extraño ser de tinieblas retirara su máscara y dejara contemplar a todos el significado real de lo que era el terror. Quizá ya se encontraba harta de que todos los escenarios que eran alcanzados por él se corrompieran por el alarmante carmesí, por los llantos de pavor y sufrimiento, por el fuego implacable que se encargaba de no dejar rastro alguno; tal vez se sentía impotente y le daba tanta vergüenza que optaba por dejar de mostrarse.

Sin embargo, esos nómadas nocturnos no conocían la saciedad y mucho menos la benevolencia. Lo único que les interesaba era encargarse de adueñarse de aquel pueblo, de sus alrededores, de ese bosque en el que empezaban a perpetrar. ¿Es que existía algo realmente importante dentro de este?

Aunque lo que les recibió cuando se encontraron frente a aquella casa fue la nada, el silencio, la clara señal de que se habían escapado de sus garras en el último momento.

—Recuerdo que Blake dijo que los dejáramos en paz, Sol —espetaba Luna con una apariencia que la haría pasar desapercibida entre el mundo humano.

—No tengo ansias de terminar con todos ellos. No todavía —mencionaba mientras caminaba hasta la entrada de la abandonada casa—. Pero el rastro del último de ellos se percibe por toda esta área… Estuvo aquí por mucho tiempo.

—¿Insinúas que ha decidido aliarse con ellos? —proponía Estrella con socarronería—. Podrán haber sido humanos hace tiempo, pero no significa que sentirán empatía por todos ellos.

—Probablemente por Red y los otros no, pero no te olvides de esos cuatro… Aunque sigue siendo una posibilidad muy efímera.

—¿Y ese ha sido todo el motivo por el cual nos hemos trasladado hasta acá? —la fémina parecía fastidiada por ello—. Ven tú solo la próxima vez.

—Nuestro trabajo es encargarnos de esas cosas antes de que se vuelvan mucho más fuertes y sean vistas como un problema para todos nosotros —le dijo con cierta severidad.

—Luna, debes dejar de ser tan despreocupada. Estamos poniendo mucho en juego con esta importante apuesta y lo sabes.

—Después de que el Primer Alto Mando se encargara de encerrarnos de nuevo en el Yatana y se fueran de este mundo creyendo que habían logrado contenernos, resurgimos y empezamos con nuestros planes… Sin nadie que supiera sobre nosotros, las cosas fueron mucho más sencillas —versaba Sol con cierta prepotencia y orgullo—. Y aun cuando las cosas cambiaron debido a Max y los otros, continuamos adelante.

—Y se han quedado prácticamente sin opciones, más que detenernos y evitar así que las pilastras sean abiertas.

—¿Tan confiados están que no darán con las Ruinas de Sitara? —ahora era ella quien estaba recriminándoles que fueran tan ligeros.

—Nosotros mismos nos encargamos de sellarlas, Luna —habló el que simbolizaba la estrella de fuego—. Porque después de todo ese fue el lugar en el que nosotros tres nacimos… El origen mismo de nuestra existencia se resume allí… Incluso ellos también emergieron en ese instante…

¿Qué era todo ese mundo de papel que estaba bajo sus pies, a los alrededores, sobre la cama, prácticamente en cada espacio del camarote?¿Por qué razón ese grupo de niños se había emocionado tanto con el bonche de hojas y la caja de colores de madera que las chicas le dieron para que se mantuvieran quietos?¿Es que tanto les gustaba pintar?

Lo único que sabía es que se lamentaba de haber sido mandado a dejarles la cena a esos críos.

—Mmm… Esto sabe muy bien —Dylan fue el primero en dejar sus tareas y comenzar a engullir lo que estaba en su charola.

—Ciertamente han mejorado. Tal vez les faltaba experiencia —Max y sus siempre delicados y atinados comentarios—. Aunque el curry les ha quedado insípido.

—Ya les había dicho que odio los vegetales…—Allen el quisquilloso de toda la vida.

—Tú deja de dibujar y ponte a comer —si el pelinegro todavía seguía allí era porque esa niña seguía en su bola y pasaba olímpicamente de su presencia—. Ey, ¿me estás escuchando?

—Mira lo que he dibujado —la infante le mostraba su obra de arte. Una que a Red le costaba interpretar.

—¿Qué se supone que son esas dos bolas? —es que para él eran dos cosas esponjosas, redondeadas; una con el rostro de una especie de perro y el otro con algo parecido a un zorro. Eran demasiado ambiguos.

—Estoy copiando los dibujos que hizo papá en su vieja libreta —le aclaraba con una sonrisilla—. Este se supone que es un perro enorme y cuyo ladrido es capaz de congelarlo todo… Y el de acá es un zorro que es capaz de sanarlo todo —claramente alguien tenía mucha imaginación—. O algo por el estilo…

—¿Y qué son esos símbolos? —es que debajo de cada animalejo existía un pictograma muy particular.

—…Una luna y un sol. Eso es lo que son —y eso dejó un tanto confundido al campeón. ¿Será acaso que todo era una mera coincidencia o podía existir una relación entre esos dibujos y esos oscuros entes?

—¿Qué fue lo que te dijo tu padre sobre estas dos criaturas? —por ahora fingiría que se había tragado su cuento.

—…Me dijo que eran seres muy amables. Lo suficientemente bondadosos como para permanecer ocultos de todos mientras luchaban contra lo que todos tenemos dentro pero no vemos —desconcierto absoluto era lo que embarcaba su corazón. Esa clase de cosas no se le cuentan a un niño tan pequeño.

—¿Lo que está dentro de nosotros?

—Sí, sí, ya sabes…El alma, los sentimientos, los temores, cosas como esas —exponía el peli rosa para Red ya que Shade se encontraba comiendo ávidamente lo que el de gorra les trajo—. Mi madre siempre me decía que dentro del ser humano existían más cosas de las que uno pudiera imaginarse… El alma que permitía que estuviéramos vivos, los sentimientos que siempre estaban allí y la consciencia.

—Entonces…—indudablemente esos niños eran mucho más listos de lo que a simple vista parecían. Y lo más curioso del caso es que parecía que sus padres les habían hablado sobre cuestiones delicadas por una razón.

—Papá lo dijo una vez… ¿Qué pasaría si la oscuridad y la luz pudieran ser separadas?¿Qué ocurriría con el ser al que le han privado de esos dos atributos?

—No quedaría absolutamente nada —concluía Red con cierto asombro—. Porque en teoría todas sus emociones se irían…Tanto las autodestructivas como las buenas…—¿por qué pensó inmediatamente en Ryan?¿Es que eso era lo que había ocurrido con él?¿Su naturaleza surgió a través de un proceso como ese?

—Aunque no comprendo por qué papá hizo una pregunta como esa… Y cuando quise una respuesta él solamente sonrió y cambió de tema —Shade parecía tan perpleja como el oji carmín.

Sus padres en verdad les decían cosas inquietantes.

—Oye, ¿no tienes la cara muy roja? —fue lo que preguntaba el rubio a la peli azul en cuanto contempló que empezaba a llenarse de pequeñas ronchas en el rostro.

—…Qué raro…—se miró las manos con esas manchitas rojas que hasta ese momento no tenía.

—No me digas que eres alérgica…—más le valía al entrenador llevarse a esa niña a la enfermería o podría terminar en algo peor que ser tapizada por esas enormes ronchas.

—Ahora entiendo por qué nunca me dejaron comer nueces. Igual no saben muy buenas que digamos —sí, porque el postre consistía en una rebanada de pastel de nuez.

La respuesta inmediata de Red permitió que la pequeña terminara recostada en la cama de enfermería tras haber recibido un poco de ungüento para la comezón y los medicamentos necesarios para controlar la respuesta inmunológica de su cuerpo.

—Cuidar niños es una tarea difícil, ¿verdad? —Valente se encontraba haciéndole compañía al campeón de Kanto—. Especialmente si se trata de ellos.

—Ahora creo totalmente en el hecho de que no volverán a la normalidad hasta que resuelvan sus asuntos pendientes —de su bolsillo trasero sacó una hoja doblada.

—¿Y eso?

—Es algo que ella dibujó —la peli azul se había quedado dormida en cuanto le quitaron la mirada de encima—. Tal vez suena descabellado, pero creo que podrían existir otras criaturas además de Sol, Luna y Estrella.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Llámalo simplemente intuición.

Su conversación cesó en cuanto todo el barco tembló garrafalmente, como si hubiera chocado despiadadamente contra alguna formación rocosa, como si el capitán se hubiera quedado dormido el tiempo suficiente como para errar de esa manera y llevar a todos al peligro.

Reaccionaron de inmediato y se dirigieron hasta la cubierta para apreciar lo que había ocurrido y ver qué tan severos serían los daños causados por el impacto. Y al parecer no fueron los únicos en tener esa idea.

—¿Contra qué se supone que hemos chocado? La niebla es demasiado densa que no deja ver lo que hay frente a nosotros.

—Hemos arribado a una isla —mencionaba Steven que usaba aquel faro de niebla para perpetrar esa gruesa cortina blancuzca y lograr apreciar lo que estaba prácticamente ante sus narices.

—No sé qué sea lo más raro, que hayamos chocado contra su costa o que la penetrante niebla empiece a despejarse presurosamente —a Blue le parecía un hecho bastante fuera de lo normal—. No sé ustedes, pero el sitio comienza a darme cierta mala espina.

El cielo de la tarde con sus naranjas y amarillentos tonos, el sol vislumbrándose a la distancia, hundiéndose en las tranquilas aguas saladas y el casco de su nave completamente encallado entre las finas arenas y rocas, eran distractores que pasaron súbitamente a segundo plano en cuanto contemplaban aquella isla rocosa piramidal. Esa misma que despertaba un creciente interés en todos aquellos que se dedicaran a apreciar cuidadosamente su topografía, que se percataran que existía un amplio mundo de vegetación alrededor buscando proteger lo que pudiera albergarse en las entrañas de ese mundo de piedra.

Sin embargo, existía algo que notablemente les dejó con un mutismo abrumador.

—¿Esa entrada estaba allí? —Green creía que un acceso tan conveniente no había estado presente cuando la nieva se disipó. Podría decirse que los estrechos árboles se torcieron de una manera tal que crearon esa abertura; pero algo como eso sería imposible, ¿no?

—¡Claro que no estaba! —gritó con chillido incluido Gold.

—¿Por qué siento como si estuvieran invitándonos a pasar? —agregaba Plubio con cierta mesura. No es que fuera un cobarde, pero lo que estaba pasando era ciertamente desconcertante.

—Es porque es de ese modo —allí estaba de nuevo ese ente, pero ahora era un esplendoroso Vulpix—. Esta isla no ha sido encontrada porque su acceso sea difícil o se halle demasiado lejos que sea imposible llegar hasta ella. Sino más bien porque se han encargado de mantenerla en secreto.

—¡Ahhh!¡¿Pero qué demonios es eso?! —Misty pegó un alarido tal que logró asustar a todos por igual. ¿Qué había visto que el resto no que le ocasionó reaccionar así?

—¿Qué sucede?¿Qué viste? —Cinthia intentaba encontrar lo que se encontrara fuera de lugar pero únicamente veía a todos sus compañeros. Nada fuera de lo normal.

—¿De pronto ha empezado a hacer frío, no lo creen? —Yellow estaba tiritando, como si de repente todo estuviera a menos cero.

—¡Ahí está, ahí está! —vociferó de nuevo la líder de gimnasio mientras su dedo índice señalaba lo que estaba arriba de la cabina del capitán.

¿Cómo podía la neblina contraerse de tal modo para permanecer únicamente dentro de un área delimitada sin extenderse?¿Por qué esta parecía tener vida propia hasta el punto de hallarse en constante movimiento, como si fuera una espira?¿Qué eran esas dos azules luces que se apreciaban en el centro, como si fueran redondos ojos que estaban mirándoles con detenimiento?¿Pero no era mejor que esa cosa se mantuviera estática?

Se movía entre cada uno de ellos, como una serpiente que está buscando la presa indicada. Y tras su paso dejaba una estela de endeble niebla y un escalofrío que les llevaba a abrazarse a sí mismos para darse un poco de calor.

Y entonces, rugió tan ruidosamente que les obligó a todos a cubrirse sus oídos, a protegerse de un sonido tan punzante que les había provocado un ligero desequilibrio.

¿Qué era?¿Por qué estaba frente a ellos, flotando en medio de la nada sin apartar su atención?¿Por qué aun cuando su apariencia era vaga y fuera de este mundo, no les daba miedo? Es decir, lo único que les despertaba era confusión; simplemente estaban extrañados por lo que era y nada más.

—¿Qué eres y por qué razón te has aparecido frente a nosotros? —ciertamente alguien tenía suficiente valor para encarar a ese albo ente.

El espectro comenzó a girar sobre su propio eje una vez más y a revolotear por los alrededores, como si de repente estuviera experimentando desesperación o como si se encontrara buscando algo y no supiera por dónde empezar a hacerlo.

—¡Ha entrado! —exclamaba Mirto en cuanto vio a la escurridiza criatura meterse por la puerta que les había llevado hasta allí.

No obstante, no tuvieron tiempo de siquiera seguirle la pista. Porque para cuando reaccionaron el extraño ser ya se encontraba de nuevo con todos ellos, pero con una particularidad a cuestas.

¿Cuándo pensarían que ese estado gaseoso podría ser suficiente para sostener algo sólido y de semejante peso?¿Por qué explícitamente había ido por esos cuatro niños y los había atrapado en su interior mientras se mantenían inconscientes?

Sí, ese podría haber sido su objetivo desde el inicio o de caso contrario no hubiera escapado velozmente hacia el interior de aquella entrada.

—No se queden ahí parados, tenemos que ir por ellos —Valente descendió del barco más que dispuesto a atravesar la entrada que todavía se mantenía accesible para ellos; incluso después de que esa rara cosa escapara por allí—. Puede que estaba buscándolos a ellos o los ha usado de señuelo para que nosotros le sigamos.

—Tú sabes lo que era esa cosa, ¿no es verdad? —sus carmesí pupilas veían con inquisición al falso pokémon de fuego—. Dinos a qué estamos a punto de enfrentarnos.

—…A Razius…El pokémon guardián del reino etéreo…