Америка Линда, Little América
Holaaaaaaaa :D parece que se me está volviendo una costumbre eso de tardar siiiglos y siiglos en actualizar…*reverencia* gomen nasai…
Disclaimer: Los personajes de Hetalia no son míos… son uno con Rusia n_n
Advertencias: Rusia x Fem!USA x UK + otras parejas (España x Romano / Francia x Canadá)
Rated: T.
Notas: 1. um… muy dramático el capitulo… pero es que no siempre van a salir las cosas bien en las fiestas jeje… Muuuchas gracias a los review :D
2. lo que va entre las rayas esas en le fragmento de américa se supone que pasa antes de que Rusia deje a Alfred en la puerta y de vaya a la habitación esa sospechosa xDD lo aclaro por si hay algun desajuste temporal. :P
1. Mini diccionario:
Брат: (brat): hermano en ruso
Cестра: (sestra): hermana en ruso
Tu le sais aussi bien que moi… : lo sabes tan bien como yo (Francés)
~Capítulo 10~
Rusia se levantó lentamente, dándose la vuelta para enfrentar a la persona que acababa de entrar a la habitación.
-Tú.- dijo, encarando por primera vez a la persona causante de todo aquello.
-Sí, he sido yo.-repuso.-y ahora que lo sabes… ¿Qué piensas hacer?
-Sabia que estabas loca, Natasha, pero no tanto como esto- Rusia muró con seriedad a su hermana menor, que cerró la puerta tras ella y encendió la luz de la habitación. Sintió un leve escalofrío en la columna.
-Lo he hecho por ti, брат…-dijo Bielorrusia, acercándose a él.- solamente por ti. Ahora América es débil, puedes destruirle como siempre quisiste.
Ivan abrió mucho los ojos al escuchar las palabras de su hermana. Intentó decir algo, pero ella aún no había terminado de hablar.
-O por lo menos… eso pensé que harías.-la bielorrusa se acercó un poco más, para dedicarle una mirada helada- ¿A qué estás jugando, брат? ¿Por qué no acabas con el cerdo capitalista de una vez? En vez de eso, estás aquí, buscando el porqué.
Iván le dedicó una sonrisa infantil, que no tenía absolutamente nada que ver con la de un niño.
-Natasha… -canturreó- ¿cuántas veces tengo que decirte que no te metas en los asuntos de los mayores?
-No juegues conmigo, брат…- siseó fríamente la chica.
-Pero si tú has empezado a jugar, сестра- dijo el ruso, irguiéndose cuan alto era para mirar a la bielorrusa desde arriba- Y bien, ¿Dónde está?
-¿Dónde está el qué? –repuso la chica, retrocediendo un poco.
-Vamos, Natasha… -Iván sonrió infantilmente de nuevo, mientras metía una mano en la chaqueta de su disfraz, sacando lentamente su tubería- No me lo pongas más difícil… Sé perfectamente lo que has hecho, y también sé que tú sola no has podido haberlo hecho. Así que solo te lo preguntaré una vez más. ¿Dónde está?
-Muy listo, брат…-susurró la bielorrusa, entrecerrando los ojos. No dijo nada más, solo dirigió la mirada hacia la puerta del baño.
Dirigiéndole una última mirada a su hermana, Ivan abrió la puerta del baño, encendiendo la luz. Una persona permanecía amordazada y atada a una de las tuberías del lavabo; al oír como el ruso entraba abrió pesadamente los ojos, demasiado débil como para moverse de la incómoda posición en la que estaba. La nación se apresuró a agacharse a su lado, quitándole la mordaza y apoyando el peso del prisionero en uno de sus brazos. Este le miró, hablando con mucha dificultad.
-I-Iván… L-lo siento, aru…
-Así que dime, hermano: ¿Qué piensas hacer? -Natasha apareció en la puerta del baño, recargándose en el marco.- Ya lo sabes todo, ¿no? ¿Vas a decírselo a América?
-Claro que…-contestó Rusia sin dudar, pero Bielorrusia le interrumpió.
-¿…o no vas a hacerlo? ¿Volverás a convertirlo en el cerdo que era?- Natasha vio la duda cruzar tras los ojos de Ivan, y decidió aprovechar esa oportunidad- ¿Ese que solo deseaba destruirte?
Ivan sentía que no era ético ni siquiera pensarlo, pero… tal vez, solo tal vez, su hermana menor tuviera razón en eso. ¿Quería que América volviera a ser el de antes? Por su cabeza cruzó una imagen que se había quedado grabada en su memoria a largo plazo desde aquella noche; la imagen de una linda chica rubia, con los ojos del azul más bonito del mundo, sonriéndole. A él.
Y después…
-Vamos, dime брат… ¿Qué harás?
xXx
América se dejó caer sobre la cama de su habitación después de tomar una ducha, todavía un poco mareada. La borrachera que llevaba encima hacia unos momentos se le había bajado en su mayor parte después de que su cuerpo recibiera el agua caliente de la ducha, y la verdad era que agradecía poder volver a pensar con claridad.
Wow. La noche había sido… rara. Bastante rara. Y extrañamente divertida y agradable, al menos en una parte…
Tras el incidente del jardín, Alfred había entrado con el ruso de vuelta a la sala, dónde –curiosamente- había vuelto a encontrar a Inglaterra siendo acosado por el francés, sin que el primero intentara quitárselo de encima. Sin saber porqué, este hecho volvió a producirle esa sensación de opresión en el pecho, pero esta vez fue algo diferente; pudo escuchar con total claridad una voz dentro de su cabeza.
Tsk. Mírale, dejándose manosear por esa rana. ¿Y le molesta? Já. Ya ves que no. ¿De qué vas a salvarle, héroe? Si Arthur no quiere ser salvado…
…esa voz le resultaba vagamente familiar, pero no sabría identificarla del todo. De cualquier manera, le hizo sentirse peor, mucho peor. Ni siquiera se dio cuenta de que se había detenido hasta que Iván se paró frente a ella.
-¿Ocurre algo?- le había dicho. Ella solo atinó a sonreír, parpadeando un par de veces para despejarse y enfocar la vista en él. Negó con la cabeza.
-No es nada- contestó, colgándose de su brazo. Házselo pagar… le había dicho la voz de su interior, y eso era exactamente lo que iba a hacer. Pasó de largo junto al ruso, dejando atrás a un sorprendido Inglaterra, y se dirigió a la mesa de las bebidas.
El resto de la noche había ido…bien. De un momento a otro se había olvidado de todo lo referente a Arthur y al francés, y se encontró a sí mismo riendo con Iván, como dos buenos amigos de toda la vida. Tal vez había sido el efecto de las bebidas, o el ambiente festivo que los rodeaba, pero en un punto de la noche había empezado a sonreírle como una tonta.
Alfred quería echarle la culpa a eso –a las bebidas, la fiesta, incluso a las hormonas- pero hasta a él le resultaba poco creíble. Y aún menos creíble sería echarle la culpa a algún otro factor externo de lo que pasó a continuación.
La fiesta ya había acabado. Alfred no podía caminar bien, añadiendo su falta de equilibrio debido a los tacones al mareo causado por el alcohol por lo que Iván se ofreció a acompañarle a su habitación. Una vez en la puerta, Iván se despidió para marcharse….
…América podría JURAR que él no había estado totalmente consciente de sus actos; de otra manera no se explicaba que clase de locura momentánea había sufrido para impedir que el ruso se marchara, echándole ambos brazos al cuello.
-Nooo… no te vayaaas ruskie- ronroneó (sí, lo hizo) Alfred, sonriendo a medias- Ahahaha… ¿me vas a dejar soloooo? ¿Al héroeeee? – hizo un puchero, cerrando más los brazos a su alrededor- Que malooooo…
Iván le dedicó una mirada de confusión, o al menos eso le pareció a la americana, que no podía enfocar muy bien la vista. ¿Desde cuándo le afectaba tanto el alcohol? Si apenas había bebido nada… ¿o sí?
-Tengo que irme, pequeña capitalista- sonrió el ruso, separando los brazos de su cuello por las muñecas- Es muy tarde, y tú deberías dormir.
-No quieeeeero…- se quejó, dando una patada al suelo.
El ruso no pudo evitar reír un poco, se veía tan adorablemente ridículo haciendo eso…
-Venga, Alfred…
-¡No me llames Alfred, comunistaaa! –le recriminó América, enfadada de pronto, agarrándole de la camisa. Ivan se sobresaltó, y debió poner una cara graciosa, porque Alfred se echó a reir- ¡Aahahahahahaha! ¡Deberías haber visto tu cara, commieee! –Repentinamente le abrazó, apretándole fuerte.- How cuteeee~!
-¿C-cute? –repitió el ruso, ligeramente sonrojado, sin necesidad de entender el significado de aquella frase. Sonrió con el ceño fruncido- Mejor te vas ya a dormir, ¿da?
-¡Ahahahaha…!- la risa de la americana fue bajando de volumen conforme se separaba del ruso aun sin soltarle, quedando finalmente colgada de su cuello.-Ahaha…Al final no eres tan malo, Rusia…-Alfred le sonrió inocentemente, para después quedarse en silencio un momento…
…el cual se fue haciendo más y más largo.
Alfred no parecía dispuesto a moverse de donde estaba, mirando fijamente los ojos del ruso. Este estaba sintiendo un extraño nerviosismo subiéndole por la espalda hasta el cuello, del cual estaba colgada la americana, y solo deseaba que pasara algo, lo que fuese, que hiciera que esa situación de tensión terminara.
-Dame un beso, Iván.
…kol?
Alfred se retorció sobre la cama, ahogando un grito sobre a almohada. Why! ¡¿Por qué demonios le había dicho eso al ruso comunista?
…no, enserio que no lo sabía. Simplemente había sentido la necesidad de decirlo, como si alguien más hablara por ell…por él. Quería decir por él. Porque él seguía siendo un hombre después de todo, y absolutamente no estaba enamorándose del comunista.
…por lo menos, no había que lamentar males mayores. América suspiró, con cierto alivio, al recordar que el ruso no había tenido mucho en cuenta su petición, alegando entre ¿tartamudeos? que estaba muy borracha, y que él no debería…y nosequé de hacerse uno con él… ¡Bah! Qué más da, se alegraba de que no hubiera pasado nada entre ellos, si no se arrepentiría toda su vida.
…¿verdad?
xXx
Era una tontería aclararlo, pero por si nadie se había dado cuenta hasta ahora, nada en esa fiesta salió como se esperaba, y Francia se sentía un tanto culpable por ello. Pero más que culpable, esa mañana el francés estaba enfadado. Muy enfadado. Como pocas veces se le había visto.
La noche anterior, después de que la fiesta acabara, no había pegado ojo por varias razones, aunque la principal tenia nombre canadiense. Y por la mañana no había mejorado nada, todo lo contrario; no había logrado dar con Mathew, parecía haberse esfumado como solo él sabía, pero a quien sí encontró fue a un absolutamente deprimido Inglaterra, que parecía perdido entre todas las demás alegres naciones que se despedían del francés repitiéndole lo maravillosa que había sido la fiesta; por lo menos, no había sido un completo desastre para todo el mundo. Arthur buscaba con la mirada a América, eso era obvio, pero no iba a encontrarla, porque el francés había visto a la nación americana marcharse demasiado temprano como para no resultar sospechoso.
Cuando se lo dijo, el inglés solo asintió, comprendiendo, masculló una despedida y se fue.
Un poco más desanimado de lo que estaba –tras despedir a las naciones restantes y prácticamente huir de un Rusia con un aura a su alrededor que echaba para atrás- Francia subió a la zona de las habitaciones a revisar que todo estuviera en orden.
Una puerta entreabierta al fondo del pasillo llamó su atención, y Francia se acercó al notar que había alguien todavía dentro. Sonrió a medida que se acercaba, al darse cuenta de que la persona que había dentro era su querido amigo español.
-Espagne~-canturreó, abriendo la puerta y entrando en el cuarto. El aludido estaba recogiendo sus pertenencias con lentitud, sin mirar mucho en qué orden iban cayendo en su bolsa. Ni siquiera se volvió a ver.- Oee, Espagne.-lo volvió a llamar Francia, un poco más fuerte.
El moreno se dio la vuelta, sonriendo como siempre.
-Ah, Francia, hola.-le saludó, para luego darse la vuelta y empezar a cerrar su bolsa.
Um… vale, algo fallaba allí, y Francia se había dado cuenta. No le había saltado con un "¡Buenos días, amigo mío!", ni nada por el estilo, y no lo había llamado Francisco, o cualquiera de sus formas españolas de llamarle. No le hacía falta ser un genio para saber que España no estaba animado esa mañana.
-Vale, mon ami. Ahora vas a decirme qué te pasa.- dijo el galo, cruzándose de brazos.
Antonio se dio la vuelta con la mejor de sus –falsas- sonrisas.
-¿Qué dices? Si no me pasa nada.-contestó, lo que hizo que el francés frunciera el ceño.
-Sabes que se te nota a la legua, Antoine.-repuso Francis, avanzando un par de pasos hacia él.- No sé porqué aun intentas ocultarle estas cosas a tu hermano mayor.
-Pero si no…-comenzó de nuevo Antonio, pero se cayó ante la mirada incrédula de su amigo. Suspiró, sonriendo con pesadez, mientras se dejaba caer sentado en el filo de la cama.-Es…bueno, es por Lovino.
-Siempre ha sido por ese pequeño italiano, mon ami.-el francés sacudió la cabeza- Solo dime, ¿por qué esta vez?
Antonio tomó aire y le contó lo sucedido la noche anterior. Al terminar, el galo no entendía el porqué de tanto drama si las cosas habían ido medianamente bien.
-Si solo fuera lo de anoche seria el hombre más feliz de la tierra.- sonrió con tristeza el moreno- Pero es que esta mañana, cuando he ido a su habitación…
-¡Vete ya, che palle!-le susurraba enfadado y mortalmente sonrojado Lovino a un chico de pelo blanco y ojos rojos, mientras este salía llevando el mismo disfraz de la noche anterior- ¡Y que nadie te vea, maledizione!
-¡Vale, vale!-el albino sonrió con socarronería, mientras se volvía de nuevo hacia el italiano.- ¿No le das un besito de despedida al increíble yo?
-¡Largo de aquí, joder!- le gritó en voz baja (?) cerrando la puerta con un golpe sordo. Gilbert se encogió de hombros y se alejó riendo en voz baja por el pasillo, afortunadamente en la dirección contraria en la que se encontraba el español.
España, por su parte estaba… comprendiendo muchas cosas. Todo lo que nunca había encajado de las reacciones de Romano hacia su persona se aclaraban si le añadías a una tercera persona a la mezcla. Lo único que le extrañaba –y dolía, dolía a horrores- era que esa tercera persona fuese Gilbert, su amigo.
Pero todo tenía tanta lógica…
Antonio no supo cuanto tiempo estuvo en ese mismo pasillo, recargado contra la pared, perdido en sus propios pensamientos, en su propio dolor. Porque nunca había tenido ninguna posibilidad de estar con la persona que amaba, y en el fondo lo había sabido siempre. Porque anoche, Romano no necesitaba su atención, si no la de alguien más, y él le había valido como sustituto. Ese sentimiento…era…insoportable.
-¿B-bastardo?
El moreno levantó la mirada para encontrarse cara a cara con el objeto de sus pensamientos, perfectamente vestido y preparado para marcharse. Cuando sus ojos se toparon con los de él, el italiano bajó la mirada.
-O-oye, bastardo… lo de anoche, yo no…
-No te preocupes, Romano.-sonrió alegremente el español- Lo entiendo, ¿sabes? Ya sospechaba algo así, jeje.-Italia del Sur le miró, confuso, pero España no se dio cuenta de esta mirada. Le dio unas palmaditas en el hombro- Todo está bien, Romano, ayer bebiste mucho así que no lo tendré en cuenta, pero que no pase más ¿eh? O si no Gilbert se enfadará jajaja…Seguimos siendo amigos, ¿sí?-Antonio sintió que no podría sostener esa sonrisa mucho tempo más, así que se apresuró a despedirse con un jovial "¡Nos vemos, Italia!" y marcharse del lugar, dejando a Lovino plantado en medio del pasillo.
Y por eso Francia estaba tan horriblemente enfadado. Con el albino, con el italiano ese, con el mundo… pero en ese momento tenía que controlar su rabia por el bien de Antonio, el cual no había levantado la cabeza desde que había terminado de contarle lo de esa mañana. Hacía años que no lo veía tan hundido.
-No vale la pena lamentarse, España. No te hace ningún bien. –dijo Francia, sentándose a su lado. El aludido no levantó la vista, y el francés suspiró.- Te mereces algo mucho mejor, y lo sabes.
-…pero yo le quiero a él.- musito apenas. Porque era su niño, su Romano, y nadie podría siquiera tapar un poco los recuerdos de todos esos años juntos.
-Lo sé. Yo… te entiendo, tanto a ti como a l'Anglaterre, os entiendo a los dos.- Francis ladeó un poco la cabeza y sonrió con un poco de amargura.-Sé… que es repasar mentalmente todos los recuerdos de cuando son pequeños, y lo que tenían en ese entonces, y cómo se ha estropeado con el tiempo. Y también sé que se siente al querer volver a verlos en aquellos días, pero no se puede. No se puede recuperar algo tan puro, Espagne.- y aun así, tanto Inglaterra como ellos dos lo intentaban. Eran penosos.
-Ya…por eso intenté…ya sabes, que me quisiera.-contestó Antonio, con una leve sonrisa. Y tanto que lo intentó.- Pero supongo que no se puede tener todo en la vida, ¿no?
El francés le miró frunciendo el ceño un momento, antes de pegarle al español un golpe fuerte en la cabeza.
-¡Auch!- España se sobó la zona del golpe, mirando a Francis entre asustado, sorprendido y enfadado.- ¡¿Pero qué te pasa? ¿A qué ha venido eso?
-¡Qué te pasa a ti!- le devolvió Francia, enfadado también.- ¡Pensaba que éramos amigos!
-¡Y-y lo somos! ¿A qué viene…?
-¿Entonces porqué sigues aguantándote las ganas de llorar delante de mí?-le cortó el francés, y Antonio abrió mucho los ojos, sorprendido.- Te lo he dicho millones de veces, Antonio: puedes llorar. "Hermanito mayor" Francia te consuela.
El moreno se quedó mirando a su amigo durante un momento antes de bajar la mirada y sacudir la cabeza. El francés sonrió con tristeza, acercándose para poner una mano sobre la cabeza de Antonio, pero antes de que pudiera alcanzar su objetivo recibió un puñetazo en la mejilla.
Francis retrocedió alarmado, sobándose la mejilla, alerta para prevenir otro posible golpe, pero lo único que obtuvo por parte del español fue un sollozo ahogado.
-…aun así no tenias porqué pegarme, gabacho de mierda.-dijo, medio riendo, y levantó la vista hacia Francia. Las lágrimas corrían avariciosas por sus mejillas, perdiéndose en su sonrisa rota.
Francia cruzó a zancadas la distancia que los separaba y abrazo a su amigo. El español lloró con más fuerza, devolviéndole el abrazo débilmente, y en ese justo momento Francia comenzó a odiar de verdad a Romano.
-No merece la pena, Antonio.-repitió el francés- No merece la pena que sufras tanto por ese niño. Tu le sais aussi bien que moi…
Fin del capi 10
En general un mal capítulo para el amor
No me odiéis, por favor. y dejadme un review *_* pliz...Graciaaas :D
