Bueno chicos, como prometí este capítulo salió esta semana.
La ganadora del pequeño concurso que organicé fue la arquera de hielo, Ashe. Doy las gracias a los lectores que se prestaron para esta dinámica, y espero que en el futuro obtenga una mayor respuesta, y ya que tengo la oportunidad los nombraré directamente para agradecerles: Sasha9710, Waflekouhai y Gura. Gracias chicos por su atención y sin más los dejo con el disclaimer y el subsecuente capítulo.
Como bien saben, esto es una parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot Games ni asumo derechos sobre la propiedad de ninguno de los personajes aquí presentado, excepto aquellos de mi propia autoría y la historia misma. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo está historia sin importancia.
Capítulo 9: En las fauces del abismo
Bueno, allí me hallaba yo, justo frente a la plataforma de invocaciones. ¿Qué más puedo decir… aparte de esto?
Ahem.
Finalmente llegó la hora.
La espera terminó.
Este es el día.
Hoy me enfrentaré.
A miles de kilómetros de aquí.
Suspendida sobre un agujero congelado.
Nada menos que a uno de los campeones de la liga de leyendas.
Un oponente que ya se ha labrado una leyenda en Valoran. Experimentado. Fuerte. Hábil. Valiente. Poderoso. Suena espectacular.
El problema es que del otro lado del cuadrilátero estoy yo. La desgracia de la familia Fleurlebleunt, única aspirante de la historia en fallar 29 veces la prueba de la liga, famosa por su irregular ingreso, sin experiencia en combate y mala con el alcohol.
La única conclusión lógica en esta apuesta es que ningún rival será fácil para mí, la campeona novata. Las cosas no irán bien para mi sin importar a quien elija, ni que ventajas tenga, ni nada de nada… yo… yo no lo sé, no sé bien que pensar… ¡Ni siquiera estaba segura con que debía vestirme esta mañana, soy un desastre! ¡Esto es un desastre! ¡Yo…!
Vamos, Mary, respira, respira. Mantén la calma. Tal vez estoy pensando demasiado en esto. Si… solo estoy exagerando. Yo misma creo que no estoy haciendo nada más que envenenar mi propia mente con mis estúpidas inseguridades, pero he vivido demasiado tiempo siendo una desgracia como para poder salirme del papel. Temo demasiado equivocarme sin estar preparada para afrontar las consecuencias del fracaso como para poder permitirme una perspectiva más positiva.
Esa es la verdad.
—Mary—
—Oh, Fifi…—
Fiora había llegado también a la plataforma de invocación. Nos habíamos separado más temprano en la mañana, dijo que tenía algo que hacer.
—Marie Ariadvel Fleurlebleunt —La fría y espectral voz del invocador Freud, quien se encargaría de gestionar el combate, me llamó desde la distancia—. Por favor ubíquese en la plataforma de invocación—-
—Errr… Entendido— Musité.
Algo contrariada me dirigí por entre las filas de plataformas dispuestas a lo largo de la inmensa sala hasta la tarima AR4M. Mientras tanto, Fiora junto a mí, iba diciendo algo inquieta:
—Mary, ya deberías saber todo lo que necesitas…—
—Sí, Fifi…— Contesté con resignación.
—Has elegido una rival muy difícil… pero… supongo que ya lo sabías desde un principio—
—…— Me limité a asentir con sombríamente. Tal como ya había dicho, ningún rival será fácil para una novata como yo… en otras palabras, toda estrategia que haya preparado probablemente quedará sepultada en el olvido una vez ponga un pie en el campo de batalla.
—Vaya… —Suspiro Fiora al contemplar mi semblante estoico—. Mary, hay algo más que tienes que saber. Esta será mi última recomendación—
—¿Ah…? —Murmuré algo absorta. Apenas fui capaz de darle sentido a esas palabras cuando de repente apareció frente a mí el invocador Freud irrumpiendo en escena descaradamente, y nada más verme dijo tendiéndome un pañuelo:
—Muerda con fuerza, puede ser una experiencia difícil para los primerizos—
—… —No fui capaz de responder, pues mi mente aún estaba enajenada en las últimas palabras de Fiora. La busqué con la mirada y la hallé junto a un pequeño grupo de invocadores que habían llegado para asistir a Freud. Ella me sonrió débilmente y solo señaló el pañuelo que estaba entre mis manos— Espera…— Articulé en voz baja. Muy baja. Había pasado tanto tiempo pensando y pensando que había olvidado incluso el cómo hablar correctamente.
Fiora no se dio por aludida.
Dio media vuelta y se alejó de la plataforma.
Algo aturdida, solo pude contemplar su espalda mientras se marchaba, hasta que de repente una potente y clara voz me sacó de mis ensoñaciones rugiendo:
—¿Está lista?—
—¡Ah…! —Resollé con cara de tonta—. ¡S-Si!—
El invocador de la voz potente asintió y se apartó.
—Empezaremos a la cuenta de tres, señorita Fleurlebleunt —Dijo el invocador Freud pasando un dedo por su oreja, para entonces susurrar—. Invocador Freud solicitando activación del puerto AR4M, adelante control —Se quedó un rato callado y acto seguido hizo señas a sus asistentes tras apartarse un poco de la plataforma. Nuevamente se giró a diciendo—. Estamos listos, señorita Marie. Uno —Recordé el pañuelo y nerviosamente me puse en la boca—. Dos… ¡Tres!— Tan pronto terminó de hablar sentí que una caprichosa y poderosa descarga de energía invadió mi cuerpo. La sensación no debería distar mucho de ser alcanzado por un rayo.
—¡Niagh…!— Mordiendo con fuerza el trozo de tela, ahogué un grito abrumada por la potente descarga que recorrió mi cuerpo e inmediatamente después perdí la consciencia.
Eso es lo que ocurre cuando te invocan.
Ya había escuchado las historias sobre la transportación rúnica.
En verdad es una experiencia difícil para los principiantes, supongo que por eso Fiora me prohibió viajar a la academia por plataforma y en su lugar viajamos en una diligencia.
Según la teoría, el cuerpo se destruye por completo. Se divide en miles de millones de partículas que viajan por las líneas de ley mágicas que atraviesan Runaterra hasta llegar a su destino. Es una experiencia muy surrealista. Casi idéntica a la muerte.
Entonces recuperé la vista.
Poco a poco mis sentidos fueron reconectándome con la realidad.
La invocación se había completado satisfactoriamente.
Más o menos…
—¡Blerg…!—
Tan pronto como el ritual de invocación terminó me encogí sobre mis rodillas, puse mis manos en el suelo y acto seguido vacié mi estómago. No era capaz siquiera de mantenerme erguida, mis piernas no me respondían, me dolía la cabeza, me faltaba el aire…
Me sentía terrible.
—Ya te acostumbrarás…— Escuché a unos metros de distancia.
—¿Huh…? —Musité girando la cabeza mientras limpiaba mi boca con el brazo.
—Siempre le pasa a los primerizos, pero terminan acostumbrándose después de un tiempo —Quien se había pronunciado era un anciano forrado de pies a cabeza en una gruesa gabardina de piel tras una tosca casucha de madera. Tenía una barba larguísima, gris como el humo de una chimenea, y su espalda estaba llena de artilugios extraños—. Queso de Yak Freljordiano, ayuda a endurecer el estómago, si señor— Continuó el viejecillo.
— D-Disculpe, ¿Quién es usted?—
—Llámame Lyte. Soy un explorador del abismo, señorita —Se presentó el anciano—. Viene muy bien para los investigadores nómadas como yo aprovechar la protección de la liga, más aún en ruinas tan remotas y antiguas, ¡Llenas de tantos tesoros perdidos!— Dijo este extraño personaje, Lyte, y sus ojos resplandecieron graciosamente. Me presenté con toda la cordialidad que mis terribles nauseas me permitieron. Mis entumecidas piernas poco a poco empezaron a recuperar la movilidad, y tan pronto como recuperé la sensibilidad en el cuerpo aullé:
—¡Hiagh…!—
¡Hace mucho frío aquí!
¿Dónde está mi abrigo?
¡En serio, me estoy congelando!
—Creo que esto le pertenece, joven señorita— Dijo el viejo tendiéndome justamente el abrigo que estaba buscando—. Es una tela muy fina, si, si —Observó mientras me embalaba en mis cálidas prendas, y pronto agregó—. Pero creo que esto le ofrecerá mejor protección contra el inclemente clima del abismo —Me acercó una chalina bastante sencilla. La observé algo desilusionada, ¿Una simple bufanda realmente será capaz de combatir sola el invernal ojo del huracán freljordiano?—. Que no la engañe su apariencia, es tela solar. Muy útil para combatir el frío—
No tardé en aceptar su amable oferta y pronto me envolví en tales harapos. El resultado no decepcionó en sorprenderme, una tibia calidez pronto me envolvió y puedo afirmar con total seguridad que sería capaz de pasarme desnuda por el abismo entero sin tiritar una sola vez.
Naturalmente no tengo las agallas para hacer algo como eso.
—Esto también podría servirle —Dijo acercándome un anillo—. Es una reliquia que ayuda a los hechiceros a concentrarse durante el combate, ah, y esto— Agregó el anciano entregándome algunas galletas.
—Oh… gracias —Musité—. ¿Por qué hace esto?— Pregunté.
—La academia hace que explorar estas ruinas sea seguro y cómodo. Es lo menos que podría hacer por sus representantes—
—Ya veo —Asentí agradeciendo por segunda vez. Gire sobre mis talones con la idea de orientarme. Entre la nieve y la ventisca conseguí distinguir en la distancia el abismo de los lamentos, al que una senda escarpada y de muy mal aspecto conducía—. A la batalla— Me dije sin parecer muy convencida yo misma.
Tal como imaginé, el camino era peligroso. Aunque se supone que el sendero había sido tallado en piedra sólida, en la práctica el hielo y la nieve lo habían sepultado durante quien sabe cuántas eras, así que caminar era una labor bastante complicada. De cuando en cuando una porción del camino se resquebrajaba y caía a las profundidades del precipicio y, naturalmente, el corazón se detenía en mi pecho cada vez que era testigo de tales derrumbes. Sin embargo, al cabo de unos 20 minutos conseguí subir la cuesta, y rendida me dejé caer sobre mis piernas al finalmente alcanzar el abismo.
No podía ni levantar la mirada.
No soy precisamente atlética.
Olviden el combate, solo subir hasta aquí es toda una hazaña.
No obstante, un ruido desconocido entre la nieve me hizo girar sobre mi espalda e incorporarme de inmediato. Mi ritmo cardíaco subió de golpe. Mis manos no tardaron en resplandecer llenas de energía, y a la menor provocación seguro que volaría en pedazos lo que se pasara por el frente… o por lo menos eso es lo que me repetía internamente. Una vez más escuché algo en la distancia, y nerviosamente reuní aún más energía en la palma de mis manos en respuesta.
—¡Kya…! —Algo suave pero helado rosó mis piernas. Para ese momento yo ya tenía la cara blanca del pánico—. ¡S-S-S-Sea quien sea n-n-no se acerque…! ¡E-E-Estoy armada, soy peligrosa…!—
En respuesta a mi advertencia, algo húmedo y cálido recorrió fugazmente el borde externo de mis pantorrillas.
—¡Aaaaahhhhh…! —Grité llena de terror. Por no hablar de recitar un solo hechizo, no fui capaz si quiera de mantenerme erguida. Resbalé veronzosamente y caí sobre mi trasero, a merced de cualesquiera fuera la bestia horrible que estaba por depredarme, pero para mi sorpresa, de entre mis tiritantes piernas todo lo que apareció fue una diminuta bola de pelo blanco de aspecto adorable. Si mi conocimiento sobre la fauna freljordiana no me falla, ¡seguramente se trata de un poro!—. ¡Que cosita tan adorable!— Exclamé estrechando la bola de pelos contra mi pecho.
—¡Ryaharg…!— Ladró el simpático poro entre mis brazos intentando liberarse.
—¿Pero, qué es lo que quieres? —Pregunté en tono meloso, frotando mi mejilla contra su pelaje tan suave—. ¿Quieres un abrazo? ¿Sí? ¿Un abrazo?—
La bolita de pelos escapo de mis brazos y empezó a dar vueltas a mi alrededor olfateando mis piernas y los bolsillos de mi abrigo. De golpe recordé las galletas que me había ofrecido el señor Lyte.
—¿Quieres esto?— Pregunté una vez más sacando una galleta de mi bolsillo.
—¡Arf…!— La criatura empezó a emocionarse y a girar sobre si misma mientras observaba el bocadillo.
—¡Toma!— Exclamé arrojándole la galleta. El poro la devoró de un solo bocado—. Oh, vaya…— Comenté extrañada al ser testigo del crecimiento más acelerado que jamás había visto. Esa cosa blanca había prácticamente duplicado su tamaño después de tragarse el bizcocho. ¿De qué están hechas estas galletas?
—¡Arf!—
—Come otra— Dije arrojándole una segunda galleta, y para mi maravillada sorpresa la criatura se hizo aún más grande. Como cabría esperar de mí, la escena estaba lejos de terminar. No tarde en darle todas las galletas que tenía conmigo, y la pequeña criaturita no tardo de ser poco más grande que un balón de futbol a tener el tamaño de una oveja—. Diablos, creces rápido— Entonces un fenómeno muy extraño se dio por obra y gracia de la biología única del animal. Explotó en varios pequeños poros que cayeron uno tras otro sobre mi—. ¡Aiya!— Exclamé encantada. Muchos pequeños poros con los que jugar.
Seguramente me hubiera pasado todo el día jugando con esas adorables criaturitas si una potente voz no hubiera resonado a lo largo del abismo.
—Campeonas, prepárense para combatir—
—Ah…— Murmuré en respuesta.
Me levanté y sacudí mi ropa.
Alcé la vista y me topé con un hipnótico resplandor a lo lejos, que supuse acertadamente sería mi nexo. Me dirigí deprisa al núcleo mágico de cristal que me correspondía defender, una colosal masa de energía rúnica protegido por pilares de roca congelados. Dos colosales estatuas lo defendían.
Tragué saliva.
—Campeonas, preséntense en el centro del abismo—
Obedientemente abandoné el nexo y me dirigí al centro del viejo puente, pasando numerosas estructuras que, siendo honesta, no sabía exactamente para que servían.
El antiguo paso del abismo de los lamentos.
Realmente era espectacular.
Miles de toneladas de piedra tallada se suspendían a miles de metros de altura sobre un precipicio que parecía no tener fin, y a lo lejos podían apreciase los blancos picos de los montes Freljordianos. Tan sobrecogedor y magnifico como pueda sonar, no pude evitar sentirme muy pequeña.
Finalmente llegué al centro del abismo.
Era más grande de lo que me esperaba.
Y allí estaba ella.
Tan hermosa que parecía tallada en cristal.
Sosteniendo su espléndido arco de hielo.
La heredera de Avarosa, reina de Freljord, hija del hielo.
Apelativos no faltan para describirla.
Ashe, la arquera de hielo.
Justo frente a mí.
Una vez más, trague saliva.
—Es un gusto conocerte—
—Ah… —No fui capaz de responder correctamente—. E-Es un gusto, señora… no, reina de… erm…—
—Con Ashe es suficiente. Aquí las dos somos iguales— Contestó con refrescante cordialidad la arquera de hielo. Era sorprendentemente humilde para una persona en su posición.
—S-Si señora— Respondí bajando la cabeza.
Ashe hizo una reverencia tras soltar una silenciosa risita, y acto seguido me señalo el cielo sobre nuestras cabezas, donde embobada me quede observando una esfera de luz gigante que flotaba sobre el abismo.
—Campeonas de Valoran. Será un combate uno contra uno, sin límite de tiempo. La vencedora será la primera en llegar al nexo enemigo. Se aplicarán las normas estándar de combate de la liga. Por lo demás, no contarán con ninguna asistencia la liga, incluyendo la asesoría de invocadores o hechizos externos. Todo acto o maniobra dentro del combate que afecte las normas aquí pronunciadas implicarán juicio marcial. Todo dicho, el combate dará inicio en 30 segundos. Pueden retirarse—
Ashe asintió.
Decidí imitarla.
—Marie —Dijo Ashe tendiéndome la mano—, te deseo suerte—
—Gracias…— Respondí con timidez. Entonces, de repente, su rostro se oscureció, y con gravedad pronunció:
—No te contengas. Ven por mí con la intención de matarme, porque yo haré lo mismo—
Tras decir estas palabras se retiró.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Un combate de la liga.
Uno real.
—Los súbditos emergerán en 20 segundos—
Pronunció la poderosa voz celestial.
—Los súbditos emergerán en 10 segundos—
Me apresuré a ocultarme tras unos arbustos.
—Los súbditos emergerán en…—
Saqué mi cabeza por entre la hierba.
—5…—
Estoy aterrada.
—4…—
Tengo el corazón en la mano.
—3…—
Con cada segundo que pasa.
—2…—
Siento que es insoportable.
—1…—
Siento que…
—¡La batalla del abismo… acaba de comenzar!—
El suelo bajo mis pies empezó a temblar. Un diminuto ejercito de criaturas encapuchadas de aspecto turbio llegó marchando acompasadamente al centro del puente, acercándose a un ejercito de aspecto similar. Cada criatura era como de metro y medio. Los famosos súbditos.
Al verlos decidí salir de mi escondite para intentar mezclarme entre ellos.
Pero entonces sentí un dolor muy agudo justo entre mis ojos.
Mis extremidades se volvieron muy pesadas.
Todo se oscureció.
Apenas pude levantar la vista, solo para toparme con la silueta de una implacable Ashe, que tensaba su arco con despiadada habilidad.
Y lo último que alcancé a escuchar mientras caía, justo antes de desvanecerme, fue:
—¡…PRIMERA SANGRE…!—
Bueno, eso es lo que hay por ahora. En el siguiente capítulo desarrollaremos en detalle el combate entre estas dos señoritas y... nada más que agregar. Como siempre, cualquier duda o inquietud, en los comentarios bienvenidos serán, y por lo pronto diganme, ¿Que tal les pareció el capítulo de hoy? ¿Digno de hacerlos esperar por el siguiente?
Si es así, no se preocupen, tal como el presente capítulo actualizaré rápidamente, tal vez con suerte para el fin de semana.
Siendo eso todo, agradezco una vez más su atención y tengan un buen día o una buena noche.
