Disclaimer: Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP.

"Una relación extraña"

Capítulo 10.

(Sakura)

Los pequeños giros que ha tenido mi vida en las últimas semanas, podría enumerarlos con una mano. Para empezar, Takeru no ha dejado de visitarme en el restaurante en el último mes. Debo reconocer, que es un sujeto agradable cuando llegas a conocerlo. Hemos salido en plan de amigos en varias ocasiones, muchas de ellas sin premeditación alguna. Razón por la cual, he dejado de frecuentar el edificio donde vive Shaoran.

Tomoyo ha dejado de dar indicios de vida ultimadamente. La dueña del restaurante dice que anda un poco desanimada, y que la última orden que recibió de ella, fue que yo permaneciera trabajando en la cocina. Idea que para ser sincera, me parece de lo más agradable.

Aprovechando que es mi día libre, decidí que era hora de realizar el par de cambios que me faltan. El primero de ellos, es solucionar mi "problema" con Eriol; y el segundo, es hablar personalmente con Shaoran.

Entré en la cafetería donde había concertado mi cita con Eriol, y como es de suponerse, llegué un poco retrasada. Al verme, él alzó una mano para que yo siguiera el camino correcto. Me acerqué un poco vacilante a la mesa, y solo atiné a saludar con una mínima reverencia. Ambos permanecimos en silencio durante algunos minutos hasta que Eriol carraspeó un poco, y guardó el libro que se encontraba leyendo.

―Gracias. ―se animó a decir.

Ladeé la cabeza en busca de una explicación, y él me sonrió. ―Por estar aquí.

Me retiré los guantes de las manos, y jugueteé nerviosa con ellos. ―No hay de qué. Es algo que tarde o temprano teníamos que hacer.

Eriol suspiró. ―Tienes razón, pero tardamos más de lo debido, Sakura.

―La verdad, para mí fue un tiempo bastante prudencial. Si lo hubiésemos hecho cuando tu me lo pediste, créeme que no habríamos llegado a una solución coherente. Yo estaba enojada contigo por todo lo que dijiste aquel día, sin embargo, me di cuenta de que la culpa no es tuya sino mía por haber jugado de esa forma con Shaoran.

Eriol hizo a un lado su taza de café, y colocó las manos sobre la mesa. ―No seas tan injusta, Sakura. Yo me adjudico parte de la culpa también. Si yo no hubiese abierto mi boca ese día, Shaoran no habría reaccionado de una manera tan drástica e irracional.

―No tiene caso que discutamos ese asunto.

―Si lo tiene. ―interrumpió Eriol. ―La base del problema no es tu mentira, Sakura. El problema fue que Shaoran escuchó mi estúpida declaración de amor y quizás pensó que lo engañamos o peor aún, que tú sigues enamorada de mí. En pocas palabras, esta celoso. ―explicó divertido Eriol.

―No es gracioso. ―murmuré.

―Lo siento. Pero alégrate, pequeña. No todo está perdido.

―No entiendo, ¿por qué me dices todo esto? ―pregunté.

Eriol exhaló. ―Lo que sucede es que me di cuenta de que no estoy enamorado de ti. Me gustas, pero no te amo. Y por eso me siento culpable, debí aclarar mis sentimientos por ti antes de cometer semejantes estupideces. ―declaró.

Erio sonrió levemente al ver el desconcierto en mi rostro, y yo desvié la mirada un poco avergonzada. Eriol es un hombre demasiado directo para mi gusto, sin embargo, admiro esa cualidad, y el hecho de que por fin haya aclarado sus sentimientos me quita un gran peso de encima. ―Me alegra escuchar que ya no seré motivo de tu separación con Tomoyo.

―Nunca fuiste motivo, Sakura. ―contestó retirándose las gafas. Las miró como si fuesen el objeto más extraño del mundo, y continuó hablando. ―Mi relación con Tomoyo pendía de un hilo tan delgado, que al final optó por romperse. La culpa es exclusivamente de los años, de las traiciones y mentiras que hubo entre nosotros. Sinceramente, no sé quién de los dos cometió más errores en esa relación, pero eso es algo que he decidido hacer a un lado.

―Me parece muy maduro de tu parte, ¿eso significa que volverán?

―No, no sé si algún día podremos recuperar nuestra relación de pareja, sin embargo mantendremos una relación cordial y llevadera por nuestro hijo. ―explicó.

No podía creer lo que escuchaba, dejé caer los guantes que sostenía y miré a Eriol con una expresión inimaginable. ―¿Estas… Diciendo que Tomoyo está… Embarazada? ―tartamudeé.

―Sí, es increíble, lo sé. A mí también me costó trabajo asimilarlo. ―reconoció Eriol.

―Pero, ¿cómo? ―pregunté para mí misma.

Eriol alzó una ceja incrédulo. ―¿De verdad no sabes cómo se hacen los bebes, Sakura?

―Por supuesto que sí. ―repliqué sonrojada. Soy inocente, pero no es para tanto.

Eriol estiró el brazo, capturó mi nariz, y la presionó sutilmente. ―Creo que mi primo tendrá mucho trabajo contigo. Para ser sincero, nunca imagine que se enamoraría de una chica como tú.

Fruncí el ceño, y aparté su mano de mi rostro. ―¿Por qué? Soy mejor que cualquiera de las mujeres con las que se ha acostado.

Eriol amplió su sonrisa. ―No he dicho lo contrario. Siempre creí que ese idiota terminaría casándose con una mujerzuela y que juntos derrocharían la fortuna Li.

Un mohín surcó mi rostro en ese momento. ―Pues, si las cosas continúan de esta manera, tu predicción será correcta.

―Creo que ambos deberíamos hablar con él, y aclararle lo sucedido. ―sugirió Eriol.

―No, tienes razón en que ambos debemos hablar con él, pero prefiero que sea por separado. Mis asuntos con Shaoran son exclusivamente sentimentales, en cambio los en los suyos hay problemas familiares involucrados y si no te molesta prefiero mantenerme al margen.

Eriol asintió y tomó un sorbo de café. ―Me parece bien, ¿quién ira primero?

―Iré yo. ―contesté mirando mi reloj. ―Es más, disculpa que te abandone en este momento, pero tengo que irme. Me dieron una cita con él a las tres de la tarde.

Eriol estuvo a punto de escupir el café. ―¿Qué?

―Sí, su secretario dijo que…

―No, no me refiero a eso. ―gritó Eriol poniéndose de pie. ―¡Son las tres de la tarde, Sakura!

―Hoe… No, apenas son las dos. ―negué mirando mi reloj. Eriol me obligó a ponerme de pie, y mi mundo se derrumbó en ese instante. El gran reloj de la cafetería indicaba las tres de la tarde. Eriol me mostró su reloj de pulsera e indicaba lo mismo. ¡Demonios! Eso me pasa por comprar las baratijas que ofrecen en los mercados callejeros.

―Vamos, yo te llevo. ―indicó mi acompañante tirando de mi brazo.

Caminé lo más rápido que pude al estacionamiento, y Eriol casi corrió para seguirme el paso. No podía perder esa cita con Shaoran. ¡Tardé una semana en obtenerla!

Nos montamos en el auto, y Eriol salió a toda prisa del estacionamiento. Si todo salía según mis cálculos, llegaríamos en… ¡veinte minutos! Para terminar de empeorar la situación, mi móvil comenzó a timbrar con insistencia. Por un momento pensé en desviar la llamada, pero todo cambió cuando vi de quien se trataba: Tomoyo.

(Tomoyo)

¡Oh, Dios mío! He de estar pagando todos los errores que cometí a lo largo de mi vida porque el embarazo me está matando. Las náuseas matutinas son horribles. Reconozco que mi humor siempre ha sido un asco, pero últimamente ni yo misma me soporto. Odio que me hablen, que me miren, odio a todo el mundo. Mis diseños son una basura, no he podido confeccionar nada que sea digno de exhibir. Y para rematar, ¡estoy engordando!

Sonomi dice que es normal que coma más de la cuenta, pero con las cantidades de comida que he consumido en estos días, nunca volveré a ser talla dos. Resoplé cansada y con nueve semanas de embarazo encima, me levanté de mi mesa de diseños. Según el médico, debo permanecer lo más relajada posible. Claro, como no es él el que tiene que soportar mis circunstancias no le cuesta trabajo abrir la boca.

Me senté frente al ordenador y revisé la página web de algunos lugares vacacionales. Decidí reservar una casa en las cercanías de la playa durante una semana. Dudo que Eriol quiera irse conmigo, y el problema es que no quiero estar sola, y todo el mundo aquí en el estudio me detesta. Podría invitar a mi asistente Maya, pero probablemente se niegue a dejar a sus hijos con su esposo.

No quedándome otra opción, resolví utilizar el último de mis recursos.

Diga.

―¿Dónde estás? ―pregunté. La voz de Sakura sonaba sospechosa.

Es mi día libre, y en estos momentos me dirijo a la oficina de Shaoran. ―farfulló.

―¿Regresaste con él? ―Su respuesta la verdad, no es de mi incumbencia. No obstante, Shaoran dificultaría un poco las cosas.

No, yo…

―Perfecto, ¿a qué hora termina tu reunión con él?

No estoy segura, quizás tarde una hora o menos, eso dependerá de él. ―susurró.

―Bien, repórtate en mi casa a las seis de la tarde. Te comunicaré con Maya para que te de los datos, y dile a tu madre que estarás de viaje por una semana. ―indiqué apagando el ordenador.

―¿Saldremos de viaje?

―¿Eres sorda? Si, iremos de viaje. ―gruñí recogiendo mis cosas.

―¿Qué tipo de ropa debería llevar?

―¡Nada en especial! Ya deja de preguntar y apresúrate con tu cita. Ni se te ocurra llegar tarde a mi casa, de lo contrario considérate despedida. ―escuché a Sakura refunfuñar algunas cosas mientras le pasaba la llamada a Maya, pero no importa. Necesito a alguien que cuide de mi durante esos días, y aunque me duela reconocerlo, lo que más necesito es un poco de compañía. Que irónico, iré de viaje con la pequeña amante de Eriol.

(Shaoran)

―Excelente presentación, hijo. ―felicitó con una sonrisa mi madre.

―Gracias. ―contesté.

Por fin, se había llegado el día en que las industrias Li, presentarían al mundo sus nuevos productos. Para preparar dicha presentación, tuve que probar cada uno de ellos, y juro que no quiero volver a ver una taza de café en mi vida. Lanzaremos al mercado, una línea de bebidas frías en base a café bajo la marca coffee t&t.

En la presentación se encuentran nuestros más importantes consumidores y representantes de empresas asociadas. Así como también, futuros clientes.

Luego de la presentación, pasamos a la degustación de productos. Ofrecimos una variedad de entremeses para acompañar las bebidas, sin embargo, yo preferí omitir el refrigerio de mi dieta.

Mi madre tan hermosa y elegante como de costumbre, me abandonó para conversar amenamente con uno de nuestros accionistas. Mi ceño se frunció automáticamente cuando Liang Sho, deslizó su maldita mano por el brazo de mi madre. Con molestia noté el estremecimiento que el contacto causo en ella, y busqué con la mirada a Hien, quien admiraba sorprendido la escena.

Discretamente me acerqué a él, y esperé una reacción de su parte. ―¿Por qué dejaste sola a tu madre? ―preguntó.

Sonreí. Perfecto, Hien Li, ¿celoso? Ya era hora. ―Supongo que ella prefiere estar en compañía de ese sujeto. ―respondí encogiéndome de hombros.

―Ese mal nacido no ha perdido oportunidad de hablar con tu madre desde que se divorció. ―gruñó después de tomar de un trago su copa. ―Y tu madre es una coqueta de lo peor, mira cómo se ríe descaradamente con el tipo.

―Oye, a mi madre la respetas. Ella no es como tú. Ella si respeto su matrimonio durante todos estos años. Es más, no entiendo que hace contigo hasta la fecha. Tú eres tan indiferente con ella, que no me extrañaría si decide pedirte el divorcio. Y si eso llegase a suceder, créeme que cuenta con todo mi apoyo.

―¿A qué te refieres con que ella si respeto nuestro matrimonio? ―interrogó.

―No soy ningún estúpido, papá. Se perfectamente que tu engañaste a mi madre con otra mujer, y como resultado tuviste un hijo con ella. ―argumenté con una sonrisa en mi rostro.

Hien dejó su copa sobre la mesa, me tomó del brazo, y me arrastró fuera del salón. ―¿Quién te lo dijo? ―cuestionó liberándome de su agarre.

―Nadie, yo escuché cuando se lo dijiste a la abuela.

Hien se llevó una mano a la frente, y suspiró con pesadez. ―¿Se lo has dicho a tu madre?

―No, aun. ―respondí cruzándome de brazos. ―Honestamente no sé qué haces con mi madre, Hien. Si no la quieres, ¿por qué no la liberas y la dejas ser feliz con otro?

La expresión de mi padre se tensó, y me miró directamente. ―La quiero…

―¡Ah, qué bonita forma de querer! ―le interrumpí aplaudiendo ruidosamente. ―No sabía que descuidar, engañar e ignorar a una mujer, es la mejor forma de expresar amor.

Hien desvió la mirada un momento. ―Era demasiado joven cuando me casé con ella…

―¿Y no lo era ella también?

―Ella es mujer, es diferente. ―justificó. ―Ellas se conforman con una casa propia, dinero, joyas, y un hijo con el cual jugar y entretenerse. En cambio, los hombres necesitamos divertirnos, estar en casa encerrado con la misma mujer todos los días es aburrido.

―Eres tan estúpido… ―dije soltando una carcajada. ―Mi madre continúa siendo una mujer hermosa, Hien. Bien podría buscar en este momento todo lo que tú no le diste en su juventud en brazos de otro sujeto.

―Ella no sería capaz de engañarme.

―Tienes razón, ella primero te pediría el divorcio y después sería libre de buscar su felicidad.

―Ella me ama. ―replicó molesto.

―Puede que te ame, pero tu ni siquiera se lo demuestras. ¿Estás seguro de que ella no se aburre a tu lado? Te recuerdo que ya no tiene un hijo con el cual juguetear y entretenerse, por lo tanto, ella ya no se divierte, papá. ―sonreí al ver a mi padre con esa expresión desconcertada. Debo confesar que disfruto intrigándolo.

Para completar la tortura sicológica de Hien, abrí la puerta del salón, y lo obligué a mirar en dirección a mi madre. La imagen de ella sonriéndole como un sol al anciano decrepito de Liang no me agradó en lo más mínimo, pero era justo lo que necesitaba. Coloqué mi mano en el hombro de Hien, y sentí como los músculos de su espalda y hombros se tensaban con el pasar del tiempo. Era justo que él también sufriera un poco, ¿no? Además, los hombres Li somos celosos por naturaleza, creo que esa maldición esta en nuestros genes.

El aprovechado de Liang elogió el collar de diamantes de mi madre, deslizando un dedo a lo largo de la joya. Ella dio un respingo sorprendida, y desde la distancia conseguimos percibir un ligero sonrojo de su parte.

―Ves, papá. Ahí está la prueba de lo desatendida que tienes a mi madre. Ambos somos testigos de su estremecimiento al más mínimo contacto. ¿Hace cuánto que tu no la tocas de esa manera? No es necesario que me respondas, se nota. ―Vamos, son mis padres, no necesito saberlo o más bien, no quiero.

―Ya cállate, Shaoran. ―musitó Hien.

―Solo te estoy diciendo la verdad, quiero que veas lo que hasta ahora no has querido ver. Si nuestra empresa está evolucionando, ¿por qué no nuestra familia?

Si, sorprendente. Ni yo puedo creer que dije esas palabras, sin embargo, creo que ya es tiempo de hacer a un lado viejos rencores. Pero no puedo perdonar a quien no quiere reconocer sus errores, y ese es el primer paso que debe dar Hien para ganarse nuestro perdón, y recuperar la armonía de nuestra familia.

―Este no es el momento de hablar sobre eso, pero prometo que lo haremos, pronto. ―Fueron las palabras que me dedicó mi padre antes de marcharse a defender lo suyo. Con una sonrisa observé como saludó a un mi madre con un ligero beso en los labios, y como después apuñaló con la mirada a Liang.

Satisfecho, decidí retirarme a mi oficina porque de una u otra forma, había logrado mi cometido.

Afuera de mi "recinto sagrado" se encontraba retozando perezosamente Takeru jugando con unos lápices en su escritorio. Se enderezó al percatarse de mi presencia, y fingió estar trabajando.

―Tu cita de las tres llegó. ―anunció "introduciendo unos datos en el ordenador".

―Gracias.

―Pero espera… ―gritó poniéndose abruptamente de pie.

Hice caso omiso de su alarido, y empujé la puerta de mi oficina.

―¡El infierno! ―murmuré cerrando la puerta.

Takeru me miró preocupado y comenzó a tartamudear. ―Yo quise advertírtelo, pero tu… No la saques de tu oficina sin escuchar, ¿quieres?... Dale una oportunidad.

―¿Qué dijiste? ―pregunté furioso. ―¿Qué relación tienes con ella?

Takeru tragó pesado y huyó a uno de los rincones. ―Somos amigos. ―explicó desde su escondite. ―Mi relación con ella es un poco complicada, la conozco desde hace tiempo.

―Eso significa que tu sabias que ella me engañaba y no me dijiste nada. ―acusé.

―Si… Este, yo… Lo siento. ―farfulló incómodo. ―Pero si le hice un espacio en tu agenda es para que hables con ella de una maldita vez, y arreglen sus asuntos.

―¿Y a ti que te importan nuestros asuntos? ―cuestioné acercándome lentamente al sujeto, como un león acechando a su presa.

―Me importan porque yo… Yo estoy enamorado de ella, y si tu no la quieres la tomare para mí. ―contestó haciéndome frente.

Demonios, lo que me faltaba. Otro idiota enamorado de Sakura. Esa mujer es el demonio encarnado, ¿qué les hace a todos los hombres para que se fijen en ella? Ahora, la pregunta difícil: ¿La quiero para mí? Si, maldición si la quiero. Joder, no es la pregunta correcta… Creo que la más adecuada es: ¿Soy capaz de perdonarla?

"¿A caso no eres tú el que habló de perdón hace un momento?"

Esa voz… ―"Cállate maldita conciencia, me has mal aconsejado toda la vida". ―mascullé mentalmente.

"Pero he madurado, y creo que escucharla será lo mejor".

―Sí, lo mejor. ―susurré dándole la espalda a mi secretario. ―No quiero que nadie nos moleste, Takeru. ―ordené empujando la puerta.

Di un suspiro profundo, y cerré la puerta. Ella se encontraba de pie junto a mi escritorio, y se giró al escuchar mis pasos. Me detuve frente a ella y no pude evitar que mis ojos se deslizaran por su cuerpo. Su cabello ha crecido un poco en las últimas semanas, y sus preciosos ojos verdes siguen brillando con la misma inocencia y timidez que los caracterizan. No puedo decir lo mismo de su vestimenta, la cual es bastante atrevida. Me consuela pensar que se puso esos vaqueros azules que abrazan perfectamente sus caderas, acompañados de una blusa blanca strapless solo para verme.

Me aclaré disimuladamente la voz, cuando sentí su mirada de fascinación sobre mi cuerpo, más bien, sobre mi vestimenta.

―Te… Te ves muy bien de traje. ―habló no muy segura.

―Gracias, tú también te ves bien. ―respondí pasando a un lado de ella para sentarme detrás del escritorio, un lugar donde me sentiría más seguro. Me acomodé en la silla y la invité a tomar asiento frente a mí. Lo hizo y colocó su bolso en el piso.

Un silencio incomodo se apoderó de la atmosfera durante algunos minutos. El reloj en mi muñeca marcaba las 3:44 pm. Y ninguno de los dos se atrevía a articular palabra.

Por fin, me animé a ser el primero en espetar una frase, al fin y al cabo, no era yo quien tenía que rendir explicaciones. ―Sakura, si no vas a decir nada, puedes irte.

Ella se enderezó rápidamente en la silla, y abrió desmesuradamente los ojos. ―No, no, yo vine a decirte que… Más bien, a dejar en claro que no tengo ni he tenido que ver nada con Eriol.

―Y… ―con un ademán le animé a continuar.

―Que… No volveré a pedirte perdón por mi engaño porque ya lo hice, expuse y justifiqué mis razones ante ti ese día. ―se puso de pie, y comenzó a rodear mi escritorio. ―He intentado hablar contigo casi todos los días durante más de un mes, y tú has respondido con evasivas o desviando mis llamadas. He montado guardia afuera de tu departamento por dos motivos: uno, para cerciorarme de que no habías vuelto a las andadas acostándote con cualquier mujerzuela; y dos, para buscar mi oportunidad de verte y hablar contigo. ―solté una exclamación al momento en que ella giró mi silla y me forzó a mirarla sosteniendo mi rostro con sus manos. ―He hecho todo lo que ha estado a mi alcance para que vuelvas conmigo, para que me des una oportunidad, ¿y sabes lo que he logrado? Nada, absolutamente nada. ¡Te envié una foto, por Dios! ¿Sabes todos los problemas que pase por ello? Mi hermana no me habla desde ese día, y tú ni siquiera me llamaste para gritarme o decir que soy la mujer más horrible del mundo. He deslizado cartas debajo de tu puerta, y no has contestado ninguna de ellas, ¡me he convertido en una maldita acosadora por tu culpa! Ahora sabes a lo que he venido, Shaoran Li. Por una respuesta, y si no me la das en este momento, juro que saldré de esta oficina y no volverás a verme.

Acepto que Sakura siempre fue la que llevó los pantalones en nuestra relación, pero jamás la imagine con este comportamiento tan agresivo. ¡Me gritó, la mujer acababa de gritarme! No pensé que llegara a esos extremos, y ahora intentaba intimidarme con ese fuego verde que emana de sus ojos. Pero en algo tiene razón, ya ha hecho demasiadas cosas por mí y lo único que yo tengo que hacer para tenerla de nuevo a mi lado es dar mi brazo a torcer.

―¿Me amas? ―pregunté capturando su rostro.

―¿Tu qué crees? ―contestó entrecerrando los ojos.

―Que sí. ―respondí esbozando una sonrisa. Ella asintió seriamente con la cabeza, y fue lo único que necesité para saltarle encima y devorarla por competo.

(Sakura)

Dicen que las reconciliaciones son la mejor parte de una pelea, pero esto se está pasando de la raya. Si me preguntaran en este momento como terminé sobre el sillón de gamuza de la oficina de Shaoran, semi desnuda y con Shaoran encima, no sabría dar una respuesta coherente. Diría que ese hombre mal intencionado fue el que me sedujo, y… Y mi cerebro volvió a funcionar cuando sentí mis braguitas deslizarse por mis piernas. Shaoran me miró con una sonrisa pícara surcando su rostro, y mis brazos viajaron de inmediato a cubrir mis partes íntimas. Él negó con la cabeza, y besó mi frente.

―No tiene sentido que me escondas lo que ya conozco, Sakura. La fotografía, ¿recuerdas?

¡Oh, rayos! Odio a mi conciencia. Shaoran me abrazó y lo escuche reír mientras besaba mi cuello. El camino que recorrían sus labios fue ascendiendo hasta que se encontraron de nuevo con mi boca, donde Shaoran depositó un suave y rápido beso antes de ponerse de pie.

Los colores se apoderaron de mi rostro cuando Shaoran dejó caer sus pantalones al piso, y aunque no era la primera vez que lo veía desnudo, si era la primera vez que lo veía con una erección entre sus piernas. Cerré los ojos cuando advertí que iba a deslizar sus bóxer por sus caderas, pero su acción fue detenida por un alarido de su secretario.

―¡Shaoran, tu madre quiere verte!

Abrí los ojos para encontrarme con la mirada desconcertada de Shaoran. ―Mierda. ―masculló recogiendo sus pantalones. ―¡Dile que estoy ocupado! ―gritó buscando sus otras prendas.

―¡Ella insiste en verte!

Me senté rápidamente y comencé a localizar la ubicación de mi ropa. ―Ni se te ocurra vestirte. ―gruñó Shaoran abrochándose los pantalones.

―Pero tu madre no puede verme así. ―repliqué poniéndome el sujetador, la única prenda a mi alcance.

Shaoran suspiró y terminó de vestirse. ―Está bien, pero de esta noche, no pasa. ―sentenció entregándome la ropa. Abrí la boca para explicarle que saldría de viaje, pero él me dio la espalda y salió de su oficina.

Me vestí y cepillé un poco mi cabello con los dedos. Retoqué mi maquillaje, y esperé pacientemente a que Shaoran entrara de nuevo. Revisé mi móvil y tenía cinco llamadas perdidas de Tomoyo, y una de Nadeshiko. ¡Oh, no! Tomoyo me despedirá si no me apresuro.

Tomé mi bolso y me aventuré a salir de la oficina de Shaoran. Takeru estaba sentado detrás de su escritorio escribiendo algo en el ordenador, y Shaoran conversaba con su madre en el pasillo. Ambos dirigieron su atención hacia mí. Caminé lentamente hasta llegar a un lado de Shaoran, y tomé la mano que él me ofreció en ese instante.

Su madre alzó una ceja, y me inspeccionó de pies a cabeza. Hay que reconocer que su porte elegante, es realmente intimidante.

―Madre, te presento a mi novia, Sakura Kinomoto.

Tanto la señora Li como yo soltamos una exclamación. ―¿Tu novia? ―preguntamos al unísono.

Shaoran dejó escapar una risita divertido. ―Sí, acabamos de reconciliarnos. ―explicó.

Me sonrojé y la señora Li me sonrió sinceramente. ―Mucho gusto, querida. Ieran Li. ―se presentó envolviéndome en un asfixiante abrazo. ―No sabes la alegría que me da conocer a la primera novia formal de mi Shaoran. ―exclamó.

―Gracias. ―susurré.

―Tienes que visitarme en la casa más seguido para conocernos, estoy segura que la abuela de Shaoran también estará feliz de conocerte. Ya era hora que mi hijo sentara cabeza con una mujer decente.

―Por favor, mamá. No es para tanto. ―reclamó avergonzado mi novio.

―Por supuesto que lo es. ―rebatió la señora Li juntando sus manos. ―Toda la vida has sido un cabezotas para escoger mujeres, pero esta niña esta divina. ¿Dónde la conociste?

Shaoran se llevó una mano a la barbilla y pensó su respuesta. ―Bueno, la conocí siendo un hombre, pero ahora que es mujer podemos estar juntos.

―¡¿Qué dijiste? ―gritó horrorizada la señora Li. ―Significa que esta cosa… Es en realidad un hombre. ―aseveró señalándome despectivamente.

―¡No, soy mujer! Puedo demostrarlo. ―aseguré buscando mi identificación. La señora Li me la arrebató de las manos, y su rostro de desencajó por completo al estudiarla.

―Pues, dice que eres mujer. Sin embargo, en la fotografía pareces hombre. ―refunfuñó devolviéndomela.

Shaoran esbozó una mueca socarrona, y colocó sus brazos alrededor de mi cintura. ―No te preocupes, madre. Acabo de confirmar que si es una mujer autentica, tiene todas sus partes en su sitio.

La señora Ieran se masajeó las sienes y suspiró exhausta. ―Tu no cambias, hijo. De igual forma, si piensas casarte con mi hijo, visitaremos a un médico que confirme que naciste mujer y que todo eso no es obra de cirugías.

―No es necesario, madre. Ya te dije que si lo es. ―alegó apoyando su barbilla en mi cabeza.

―Eso lo veremos. ―se despidió Ieran, alzó una mano en señal de despedida y se marchó.

Me solté furiosa de agarre de Shaoran, y me volteé para enfrentarlo. ―¡Ves lo que hiciste, ahora tu madre me odia! ―reclamé dándole golpecitos en el pecho.

Shaoran sonrió y forcejeó un poco para conseguir abrazarme. ―No te odia, pero no creerás que te perdonaría tan fácil, ese es tu castigo por haberte portado tan mal conmigo.

―No me porte mal. ―rebatí en medio de un puchero. ―Todo fue un mal entendido. Además, tu eres un despistado de lo peor.

―Si, tal vez. Sin embargo, lo baboso se me quito en día que me enviaste esa maldita fotografía. No sabes las noches de tortura que he pasado por tu culpa. Eres mala, muy mala… Pero estoy dispuesto a darte el castigo que te mereces. ―decía arrastrándome al elevador.

―¿Adónde me llevas?

―A mi departamento, creo que no saldrás de ahí hasta la próxima semana. ―declaró presionando el botón que nos llevaría al estacionamiento.

¡Oh, no! ¿Ahora como se lo digo?... Me separé de él, abracé mi bolso, y cerré los ojos. ―Shaoran… ―llamé con un hilo de voz.

―Hmm.

―Tengo que salir de viaje por una semana. ―susurré.

Shaoran rió. ―Es una excusa perfecta podrías decirle eso a tu madre, así nadie nos molestara. ―analizó emocionado.

―No, me iré de viaje con Tomoyo por una semana. ―farfullé abriendo un ojo para observar su reacción.

―Estas bromeando, ¿cierto? ―musitó fulminándome con la mirada.

Negué enérgicamente con la cabeza, y Shaoran resopló desajustándose la corbata. ―¡¿Y por qué escogiste este maldito día para hablar conmigo? ―gritó de repente.

―Es que yo… No lo sabía… Tomoyo me llamó esta tarde cuando venía para acá, pero Eriol dijo que no…

―¿Eriol? ¿Y tú qué demonios hacías con ese sujeto? ―gruñó sujetándome del brazo.

―Nada, solo aclaramos las cosas entre nosotros, no es para que te comportes de esta manera. ― sollocé enojada.

―Ah, no. No te atrevas a llorar, ¿por qué siempre que te grito haces lo mismo? ―cuestionó cruzándose de brazos.

―Es que no me gusta que me grites… Tampoco me gusta que estés enojado conmigo. ―confesé enrollando mis brazos maliciosamente a su cuello.

Shaoran trató de hacerse el indiferente hasta que el elevador se detuvo. ―Está bien, pero cuando regreses tendrás que dormir conmigo toda una semana. ―bufó saliendo del ascensor conmigo en brazos. Ambos sonreímos mientras el abría la puerta del automóvil y me depositaba delicadamente en el asiento del copiloto. Aproveché el momento en que el rodeó el automóvil para llamar a Nadeshiko.

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―Sakura, saca las maletas de la camioneta. ―ordenó Tomoyo.

Eran las primeras palabras que me dedicaba la mujer desde que llegamos a su casa, ya que simplemente le ordenó a Shaoran que acomodara sus maletas en el auto, me arrastró a la camioneta, y cerró la puerta. Ni siquiera me dio tiempo de despedirme de Shaoran, y yo no tenía idea de hacia dónde nos dirigíamos, hasta que reconocí la playa.

Tomé las maletas de Tomoyo, y enterré los tacones en la arena para no perder el equilibrio. Creo que el embarazo físicamente le sienta de maravillas a Tomoyo, se ve reluciente, y más preciosa de lo que ya es. Pero su humor ha empeorado desde la última vez que trate con ella.

Entré en la casa, y casi se me cae la mandíbula al piso. Es fantástica, en el lado izquierdo se encuentra el comedor, un mini bar, y una mesa de billar enorme. A la derecha, se encuentra la sala con un hechizante centro de entretenimiento, y una espectacular chimenea que invita a sentarse unas horas frente a ella. Caminé entre el pasillo que dividía ambas habitaciones, y me detuve frente a la primer puerta abierta que encontré. Tomoyo estaba sentada sobre su cama, mirando hacia un punto inexistente en la habitación.

Me indicó que dejara las maletas junto al armario, y cuando estaba a punto de retirarme ella me llamó.

―Sakura…

―¿Si? ―contesté sonriente. La verdad, estaba feliz de estar en un lugar tan bonito como este.

―Siéntate.

Asentí y me senté en el piso a un lado de su cama.

―¿Tu qué piensas de mí? ―preguntó en un susurro.

―Ah, bueno… Creo que eres una gran diseñadora. ―respondí vacilante. No me sentía preparada para sostener este tipo de conversaciones con ella, sobre todo porque no la considero una persona que entregue algún tipo de confianza tan fácilmente.

―No me refiero a eso. ¿Qué opinas de mí como persona? ―cuestionó abrazando sus piernas sobre la cama.

―La verdad, yo creo que… No soy la más indicada para responder eso.

―No mientas, tú crees que soy mala, ¿verdad? ―suspiró.

―¡No! ―corregí poniéndome de rodillas. Me incliné un poco sobre la cama, y me atreví a sostener una de sus manos. Ella me miró incrédula, pero no rechazó mi contacto. ―Creo que nuestra relación no ha sido la mejor de todas, pero en el fondo te aprecio, Tomoyo. Tú me diste la oportunidad de prosperar al momento en que me diste trabajo, me enseñaste que puedo ser una mujer bonita y segura de mi misma. Me ayudaste a convencerme que puedo ser alguien en la vida, y no simplemente el muchachito feo al que todos menospreciaban y pisoteaban simplemente porque se dejaban llevar por las apariencias.

―¿De verdad hice todo eso? ―sollozó presionando mi mano.

―Sí, si lo hiciste. ―afirmé regalándole una sonrisa consoladora.

Tomoyo comenzó a hipar y dejó escapar algunas lágrimas. ―Yo creí que… Solo servía para destruir a las personas que amo.

―Todos cometemos errores, Tomoyo. ―dije sentándome a su lado.

―Pero yo he cometido más errores que cualquiera… ―se lamentó escondiendo el rostro entre sus piernas. ―Ya no quiero estar sola… Toda mi infancia lo estuve, y cuando crecí me propuse estar siempre rodeada de personas que me apreciaran por lo que soy, sin embargo, ahora me doy cuenta que con mis actitudes y comportamientos alejé a la única persona que realmente me quería.

―Tomoyo…

―Dime Sakura, ¿de verdad no tuviste nada que ver con Eriol? ―me interrumpió.

―No, Tomoyo. ―aseguré. ―No tengo, ni he tenido nada que ver con él.

Tomoyo me miró apartando algunas lágrimas de su rostro. ―Está bien, creeré en su palabra. ―dijo sonriendo ligeramente.

―Me alegra escucharlo.

Tomoyo se puso de pie, y sacó un pijama de su maleta. ―Sakura, ¿puedo pedirte un favor?

―Sí, lo que quieras.

―Prepara algo de comer. ―murmuró acariciando su estómago.

―Por supuesto.

**Continuara**