¿Qué estaba pasando? no entendía. ¿Por qué Endo había reaccionado así? No tenía idea. ¿Por qué… por qué estaba llorando? Más misterio para mí. Creció una angustia en mí, algo me decía que a Endo le pasaba algo grave, y yo tenía toda la maldita culpa. Sería que él de verdad… ¿Estaba enamorado de mí…?
– No puedo, quiero ver a Endo – dije soltándome del agarre.
– Quédate, no hace falta que vayas, estará bien… – me dijo enojado.
– Pero yo quiero ir igual – respondí tomando mi mochila y saliendo de la casa de Goenji a los trotes.
– Endo, Endo y Endo… – refunfuñó Kidou por lo último que dije. Hice verdadero caso omiso.
Salí corriendo directamente a la casa de Endo, de seguro iba hacia allí. Me quedé preocupado. ¿Tanto le molestó que yo saliera con Kidou? ¿De verdad estaba celoso? ¿Le dolía verme con otra persona? Mi cabeza era un revoltijo sumada a la preocupación por saber donde se encontraba Endo. Y mi corazón casi se me salía del pecho por mis suposiciones. Y no pude evitar sonreír.
Logré divisarlo a lo lejos, iba caminando con paso acelerado. Hice un esfuerzo más, alcanzándolo. Lo tomé por los hombros y le obligué a mirarme.
– ¡Endo! ¿Qué te pasa…? – pregunté, aún yo podía estar equivocado.
– Nada… – musitó. Tenía los ojos colorados, trataba de aguantar inútilmente las lágrimas.
– ¡Endo! – grité tomándolo del mentón fuertemente, lo obligué a mirarme fijamente.
– Déjame ¿Sí? Déjame a mí y mis locuras – me empujó fuerte, haciendo que casi me cayera al suelo.
– ¡No! ¡Basta! ¿Qué te pasa? ¡Dime por favor! ¡Estás actuando como un maldito malcriado! – ordené exaltado.
– ¡Que me dejes tranquilo! ¿No te entra en tu minúscula cabecita? ¡Déjame! – me gritó, levantando la mano para pegarme. Lo detuve al instante. Tomé fuertemente sus muñecas y lo atraje a mí, lo suficiente para poder hablar en susurros. Frente a frente.
– ¿Qué te pasa? – recalqué. Ya no salía lágrima alguna de sus ojos, tan solo una maldita mirada de ira que me hacía sentir el doble de culpable.
– T-E O-D-I-O – respondió como masticando cada letra.
- No te creo… – dije del mismo modo.
– Pues créeme, es la única verdad… Te odio. Te odio completamente. Te odio, te odio – me decía una y otra vez.
Me sacó de quicio, me hartó que lo dijera una y otra vez continuamente. Parecía que al único que quería convencer de eso era a él mismo. Me molestaban… me dolían esas dos palabras: Te odio.
– Tú también eres un completo imbécil – dije enojado, soltándole las muñecas – Pero eso no cambiará nada… –. "Ahora o nunca…" pensé… Si no lo hacía en ese momento era un completo imbécil realmente. – No importa si eres un imbécil, si tienes novia o si me odias con toda tu puta alma. Eso no cambiará lo que yo siento por ti…
Me acerqué rápidamente a él, sin darle tiempo a reaccionar. Lo sujeté de los hombros y planté un beso en sus labios. Eran dulces… eran ricos… eran fantásticos. No quería separarme de él por más que me estuviera empujando. Bajé mis manos hasta su cintura y lo aprisioné contra mí mejor. Quería sentirlo así siempre, entre mis brazos sin que nada nos interrumpiera. Quería estar con él, no había otra explicación.
Tan comprimido estaba en sentirme feliz por lo que estaba pasando, que casi no me di cuenta cuando Endo también me abrazó y correspondió al beso. Yo no podía pedir nada más, esto iba más allá de los sueños que algún día habré tenido. Sentir a Endo correspondiéndome de esa manera, sentirlo cálido junto a mí simplemente me encantaba. Me encantaba poder estar con él en ese preciso instante. No me importa ser repetitivo, ya que era lo que en verdad me pasaba. No había Kidou, no había Nanami, no había Fuyuka, no había sentimiento oculto ni algo extraño por confesar. Éramos Endo y yo y nada más en todo el mundo. Así fue como lo sentí. Sentí que me amaba…
Pero mis pulmones exigieron aire y tuve que separarme de Endo.
Inmediatamente sentí un gran golpe en mi cara que me tiró al suelo.
– Eres un completo imbécil, no cabe la maldita duda – me gritó dándose la vuelta y yéndose del lugar.
No lo detuve, no podía maquinar que estaba pasando, quedé sentado en el suelo como un estúpido. ¿Por qué demonios me daban tantas vueltas? ¿Por qué rayos se enojó si me respondió perfectamente el beso? ¿Por qué diablos se iba, dejándome tirado? ¡Reaccionó mal por algo que me permitió hacer al fin de cuentas!
– ¡Ey, Fudo! ¿Estás bien…? – llegó Goenji corriendo – Kidou me dijo que saliste corriendo detrás de Endo…
– Sí, no te preocupes, estoy perfecto. – Musité algo molesto.
Goenji me tendió la mano y me levanté del suelo. Pasó su pulgar por la comisura de mis labios.
– Vamos a mi casa… Estás sangrando. ¿Qué le hiciste…? – me dijo dándome un pañuelo para limpiarme.
– No sé, te juro que no lo sé… – dije tomando el pañuelo y comenzando a caminar hacía la casa de Goenji que quedaba más cerca que la mía, si no me ponía hielo rápido se me iba a hinchar toda la boca.
– Entonces reformulo mi pregunta – me dijo algo serio – ¿Qué pasó?
– Pues… ¿Lo besé? Sí, lo besé… y me correspondió – Admití mirando el suelo – Pero él me empezó a decir imbécil, que me odiaba, que quería que me fuera de su lado. Y quién sabe qué más pensó. – dije rabiado de tener que lidiar con alguien que parecía tener las hormonas alborotadas.
– Se enojó porque te vio con Kidou, eso lo molestó en demasía. ¿Y tú lo besas? Creo que deberías decidirte – me susurró – ¡Pero yo no te dije nada! ¿Bien?
– Gracias. – musité aún rabiado.
Pero y todo, lo que me había dicho Goenji tenía demasiada razón, yo de besarme con Kidou y decir que estoy saliendo con él, pasé a simplemente besar a la fuerza a Endo. Realmente me sentí un inepto. Pero tampoco se justificaba que me pegara de esa manera ni que se largara. Yo no beso a la gente así como así. No, claro que no… Pero eso no quitaba que yo salía con Kidou. Yo salía con Kidou y Endo me había visto perfectamente con él. Yo salía con Kidou, Endo me había visto perfectamente con él y entró en un ataque de celos que no quiso demostrar por nada del mundo, por eso su nerviosismo, su enojo y sus lágrimas. Lo conozco demasiado bien para decir que no daba más de la angustia. El que yo lo haya besado le debió de hacer terriblemente mal.
.
Llegamos a la casa de Goenji, Kidou ya no estaba para mi buena suerte. Me dio algo de hielo y lo ayudé a juntar los vidrios del suelo que nadie había juntado. Goenji no volvió a tocar el tema de Endo y Kidou, sabía que yo ya tenía demasiado desmadre en mi cabeza.
Al terminar simplemente me despedí y tomé camino a mi casa. Quería descansar, quería poder pensar en paz. Error, en mi casa tampoco podría pensar, allí estaría mi hermano tratando de arreglar la discusión del día anterior.
– Ya llegaste… – fue lo único que escuché de Takeshi al llegar a mi casa.
– Supongo ¿No? – ¿Hacía falta que me dijera que ya había llegado? ¿Acaso no me veía? Me harta cuando las personas dicen cosas demasiado obvias.
Como sea, me largué a mi cuarto. Le eché seguro a la puerta y me tiré en mi cama. Pensar, pensar… yo debía pensar en una manera de acomodar las cosas. Fácil, llamar a Kidou y pedirle terminar, nuestro noviazgo no completaría ni el día. Luego, tratar de que Endo me contestara el teléfono y hablar con él para poder aclarar las cosas. Imposible, ninguno de los dos me contestaba los celulares ni los teléfonos de línea. "Endo no se encuentra" y "El señorito Yutto no ha llegado aún". Ambas casas contestaban eso. Tiré mi celular contra la pared rabioso, rompiéndolo en pedazos. Adiós celular.
Me harté de tener un gran revuelo en mi cabeza. Ya era de noche, así que me cambié y me dormí en mi cama para tratar de no empezar a gritar y tal vez llorar de por qué me pasaba todo eso. Mi suerte es limitada, cortamente limitada… y yo ya había encontrado mi límite, no podía más.
⌠ ¿Un simple golpe ocasiona tal rendición? A eso sí que se le llama cobardía…⌡
. . .
Al día siguiente, como había sido la noche anterior, ninguno de los dos me habló. Quise entablar una conversación con Kidou e inmediatamente me dio la espalda, estaba claramente enojado conmigo. Para variar, ni siquiera podía acercarme a Endo que parecía verme e irse hacía otro lado.
– Ten paciencia amigo, es lo único que te puedo recomendar en este momento. – me dijo Goenji tocándome el hombro.
– Ni paciencia me queda – le dije masajeándome la sien.
– ¿Hace cuanto vienes lidiando con esto que sientes por Endo? – me preguntó casi en un tono de complicidad.
– Tres años, desde que le conocí – admití desplomándome en mi banco.
– Eso es bastante tiempo…
– ¿Y Endo…? ¿Hace…? – traté de preguntar.
– No te lo puedo decir, lo siento… Tengo códigos, prometí no decir nada. – inmediatamente me paró Goenji.
Era verdad, tampoco podía traicionar la confianza de Endo para simplemente ayudarme en algo como eso.
– Quiero hablar contigo…
